VARIACIÓN LINGÜÍSTICA

(Recop.) Justo Fernández López

 

«La investigación de la variación lingüística tiene como objetivo de estudio la variación como fenómeno inherente al lenguaje natural y las implicaciones de esta variabilidad para la comprensión de diferentes dimensiones lingüísticas (contacto de lenguas, teoría del discurso y argumentación, semántica y pragmática y su interrelación con la morfosintaxis, y finalmente la fonología) y para la consecución de diversos objetivos en la mejora del diseño de aplicaciones lingüísticas. El lenguaje natural proporciona al hablante la posibilidad de utilizar dos o más formas equivalentes o casi equivalentes para expresar una información o conseguir un objetivo comunicativo determinado.  Esta caracterización variable del lenguaje humano afecta a todos los niveles lingüísticos y a reglas que condicionan el comportamiento lingüístico y la interacción comunicativa.

El carácter teórico, generalista y multidisciplinar de la línea de investigación de variación lingüística permite incorporar cualquier lengua como objeto de estudio.

La teoría de la variación lingüística identifica

a.      una variación internamente motivada, que puede conducir al cambio lingüístico y que explicaría la variación y el cambio en lenguas relativamente aisladas y

b.      una variación externamente motivada que se fundamenta en la aceptación que las lenguas no están únicamente estructuradas por los universales de la cognición, la memoria y la lógica humanas, sino también por el uso que los hablantes hacen de ellas en la comunidad de habla propia.

La línea de investigación de la variación tiene como campos de trabajo:

(1) la variación semántica y pragmática en contexto,

(2) la variación en el discurso y la argumentación,

(3) la variación morfosintáctica y semántica verbal,

(4) la dialectología y variación fonológica, y

(5) la variación y el contacto de lenguas.

[Quelle: http://www.iula.upf.es/urvles.htm]

«Variación lingüística:

Lo que en realidad sucede en este caso es que, en el sistema de la lengua, no hay complementos directos e indirectos (que no son más que nociones tributarias de la estructura de la lengua latina y, en particular, de los tipos de interpretación gramatical que la tradición ha hecho de ella), sino, en esta ocasión, dos clases de pronombres, lo y le (con sus variantes respectivas), opuestos entre sí, no por una diferencia de caso o algo similar, como suele pensarse, sino por un contraste semántico que pertenece a la naturaleza propia de estas partículas complementarias: mientras que el primero afecta al aspecto interno del significado verbal, el segundo se sale de él, individualizándose. En el sistema, es decir, en la gramática, no hay más que eso: ‘complementación interna’ / ‘complementación externa’. En el uso, por el contrario, todo depende de como se vea “culturalmente” (es decir, de como “se acostumbre” a ver), la relación verbo-complemento, de manera que unos dirán “los prefiere”, aproximadamente como si dijeran “prefiere los amigos”, y otros, “les prefiere”, de una manera semejante – no igual – a lo que significaría con “prefiere a los amigos”, expresiones éstas de significado diferente (1) por tal razón, ya que lo, totalmente integrado en el ámbito semántico del verbo, “sugiere” una segunda complementación (como si se hubiese pensado “prefiere los amigos a los colegas), en tanto que le, que significa la complementación externa e individualizada, señala el término más lejano (2), o, si se prefiere, aleja la intuición del referente. Las diferencias de uso (de norma) nada tienen que ver con la gramática, aunque sólo se podrán explicar desde la gramática, ya que, cualquiera que sea el capricho “sociolingüístico” que prive, los hablantes habrán partido siempre del código básico: no hay, pues, variación en el ámbito de la lengua, sino en las maneras de ser y de sentir de los miembros de una comunidad lingüística dada. Debe, pues, de tenerse en cuenta que si no se parte del sistema, de la gramática en sentido estricto, no se podrá dar jamás una explicación satisfactoria de hechos de esta clase; es decir, una explicación que no confunda nuestros lo y nuestros le con los acusativos y dativos latinos o con los calcos que los representan en nuestros manuales de gramática, bajo nombre diversos y totalmente inútiles, ya que son los nombres de objetos que ni siquiera poseen existencia real.

Nota:

(1)  Los sociolingüistas tienen una notable propensión a interpretar hechos de esta clase como casos de “variación”, sin percatarse de que no varía nada en la lengua, en la que le y lo mantienen invariablemente sus significados propios y siempre diferentes. Habría variación si, por ejemplo, le llegara a significar lo mismo que lo, cosa que no sucede ni parece que vaya a suceder jamás. Una cosa es que los hablantes, o determinados hablantes, renuncien, consciente o inconscientemente, a la diferencia y, otra muy distinta, que esa diferencia haya desaparecido, igualándose así los dos pronombres.»

[Trujillo, Ramón: Principios de semántica textual. Los fundamentos semánticos del análisis lingüístico. Madrid: Arco Libros 1996, p. 46-47]

Variación lingüística

«En “es bueno que has venido” no nos hallamos ante un ejemplo de “indicativo por subjuntivo”, como le gustaría afirmar a más de un sociolingüista, sino ante un indicativo que significa una opción semántica diferente de la del subjuntivo hayas venido. Sólo la ceguera de los que confunden interpretación semántica con significado puede llevar a semejante confusión. Una cosa es que alguien “entienda” lo mismo, o que “quiera decir” lo mismo, con “es bueno que has venido” y con “es bueno que hayas venido”, y, otra, que ambas signifiquen los mismo. “Querer decir” o “entender” son conceptos que se refieren a la performance, es decir, a las cosas o a las situaciones que son objeto de la comunicación lingüística; “significar”, por el contrario, sólo tiene que ver con las formas idiomáticas en que consiste esa comunicación. El hecho de que, a efectos prácticos, pueda “dar lo mismo” has venido que hayas venido no significa que estas formas sean sinónimas, sino que el hablante renuncia a hacer uso de las diferencias. Tropezamos una vez más con la cuestión de los sinónimos, que son infinitos cuando la referencia son las cosas significadas, y que parecen dejar de existir cuando la referencia son las unidades lingüísticas sensu stricto. Por eso, debe distinguirse cuidadosamente entre la sinonimia lingüística, o identidad de significados, que probablemente no existe, y la sinonimia “contextual” o identidad de referentes, que se corresponde siempre con lo que los hablantes “quieren decir” (no con lo que dicen), y que, por tanto, es infinita. EN el contraste “es bueno que has / hayas venido” no existe, ni puede existir, sinonimia lingüística, pero sí es naturalmente posible la sinonimia contextual. Y no existiría sinonimia lingüística, ni, por tanto, variación, mientras que has venido siga significando, como significa, algo diferente de hayas venido. La variación, que sin duda es un fenómeno lingüístico común, implica la igualación funcional de los términos en cuestión, como sucede, por ejemplo, con las diversas realizaciones de la vocal /e/ en español.»

[Trujillo, Ramón: “Sobre el uso metafórico de los modos en español”. En: Wotjak (ed.): El verbo español. Aspectos morfosintácticos, sociolingüísticos y lexicogenéticos. Frankfurt am Main: Vervuert, 1996, p. 14-15]