SUBSTRAT

Sustrato

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Adstrat / Superstrat / Vulgärlatein / Vorrömische Sprachen in der Iberischen Halbinsel

 

Substrat, Superstrat, Adstrat

Termini der diachronischen Sprachwissenschaft; bedeuten, entsprechen den Präfixen, die gegenseitige Beeinflussung von Sprachen, die räumlich + zeitlich in Berührung kamen.“ [Heupel, C., S. 233]

Substrat [lat. stratum ‘Schicht’]

Im Rahmen von Sprachkontakt bzw. -mischung sowohl die bodenständige (ursprüngliche) Sprache eines unterlegenen Volkes, die von der Sprache der Eroberer überlagert wird, als auch ihr Einfluss auf die dominierende Sprache der Eroberer; vgl. die keltischen Relikte in roman. Sprachen oder der Einfluss des Nddt. in Berlin.“ [Bußmann, H., S. 754]

„Der Begriff des Substrats, Superstrats und Adstrats

a)    Substrat (su(b)strato

Unter einem Substrat versteht man eine besondere Form des historischen Sprachkontakts. Er besteht darin, dass eine in einer bestimmten Gegend autochthone Bevölkerung die Sprache eines Eroberungsvolkes, meist aus Gründen des größeren Prestiges dieser neuen Sprache, annimmt und nach einer Epoche der Zweisprachigkeit die eigene, als historische Schicht unter der neuen liegende Sprache, eben das Substrat, aufgibt.

In Munde der einheimischen Sprecher wirkt sich deren alte Sprache, das Substrat, nun so aus, dass sie Sprechgewohnheiten in die neue Sprache übernehmen und diese so verändern. Solche Veränderungen betreffen im allgemeinen die Lautung (Aussprache), den Wortschatz und die Namen (Ortsnamen, Flussnamen usw.), seltener auch Morphologie und Syntax.

Im Falle des Spanischen handelt es sich um die Kontakteinflüsse zwischen dem Latein der Eroberer und den verschiedenen im antiken Hispanien ansässigen Völkerschaften.

b)   Superstrat (superstrato)

Er bezeichnet ein Kontaktverhältnis, bei dem die Sprache der Invasoren in einem bestimmten Gebiet sich aus machtpolitischen Gründen ebenfalls über eine einheimische Sprache legt, jedoch wegen geringeren Prestiges von der alteingesessenen Bevölkerung nicht im ganzen angenommen wird, sondern mit der Zeit selbst von den Eroberern aufgegeben wird.

c)    Adstrat

Man spricht in der Linguistik von Adstrat, wenn zwei Sprachen sich gegenseitig oder die eine die andere einseitig beeinflusst. Dieser Begriff setzt nicht voraus, dass eine Sprache siegreich bleibt und die andere untergeht, wie es bei Substrat und Superstrat der Fall ist.

Man sollte also von Adstrat sprechen, wenn eine Berührung und Beeinflussung nicht zu einem Dominanzverhältnis wird, bei dem die eine Sprache mit der Zeit aufgegeben wird.“

[Dietrich/Geckeler: Einführung in die sp. Sprachwissenschaft. Berlin, 1990, S. 138-140]

Sustrato

Por analogía con las capas geológicas, se da este nombre a la lengua que, a consecuencia de una invasión de cualquier tipo, queda sumergida, sustituida por otra. La lengua invadida no desaparece sin dejar teñida a la invasora de algunos rasgos: palabras que sobrenadan en el hundimiento, hábitos fonéticos, de entonación, gramaticales, etc. Fueron A. Schleiermacher y Graziadio Isaia Ascoli (s. XIX) los primeros en señalar el influjo del sustrato. Muchos fenómenos en la Romania se atribuyen a este influjo; así, por ejemplo, la pérdida de f-inicial en castellano, atribuida a sustrato vasco, o el paso ct > it (cast. ch), que parece motivado por sustrato celta.“

[Lázaro Carreter, F.: Diccionario de términos filológicos. Madrid: Gredos, 1981, p. 386]

Sustrato (lat. substratum ‘extendido debajo’, algo así como ‘estrato subyacente’)

Noción introducida por Ascoli (substrato, de 1867) para indicar un estrato lingüístico preexistente a otro. En la visión ascoliana, después tradicional en la lingüística histórica, un nuevo oleaje lingüístico se extiende sobre un estrato lingüístico precedente que intenta reaccionar y en ocasiones remerge en este o aquel fenómeno. Por ejemplo, el latín se ha difundido también en áreas de lengua celta; las lenguas celtas han desaparecido, pero alguno de sus rasgos ha emergido como hecho de sustrato en el latín y, por lo tanto, en las lenguas románicas que han derivado de él; serían fenómenos de sustrato el paso del lat. [u] > fr. [y] o la lenición de las consonantes intervocálicas en francés y español (fr. aigu, esp. agudo, pero it. acuto del lat. acutus); en las lenguas indoeuropeas habladas en torno al Mediterráneo volverá a florecer un buen número de términos del s. mediterráneo, propios de las lenguas habladas durante la época de los embates indoeuropeos, etc. Según el mismo principio se ha distinguido posteriormente entre un superstrato (un estrato lingüístico que se sobrepone, como el elemento árabe en el siciliano), un adstrato y un parastrato que son, en cambio, elementos lingüísticos que se añaden lateralmente, por así decirlo, al elemento principal. Los fenómenos de s. se han vuelto a formular en nuestros días según la teoría de las lenguas en contacto, utilizando los conceptos de mayor o menos prestigio, bilingüismo, interferencia, etc.“ [Cardona, G. R., p. 269-270]

Sustrato [lat. substratus < substerno, esparcir por el suelo]

Conjunto de características lingüísticas que una lengua deja en forma residual sobre otra lengua de más reciente  asentamiento. A menudo se trata de hábitos fonéticos, que pueden dar lugar a estructuras fonológicas especiales, y a préstamos léxicos, sobre todo en la toponimia; p.ej. la reducción del vocalismo del latín vulgar de siete miembros a cinco se atribuye a la influencia del sustrato vasco. Por extensión, dícese de la misma lengua desaparecida como tal tras un periodo de coexistencia con otra; p. ej. el ibero o el celta con respecto al latín hispánico.“ [Diccionario de lingüística, Anaya, p. 277]

Substrato

«Cuando un pueblo – se preguntaba Menéndez Pidal – abandona su idioma primitivo y adopta otro nuevo que se le impone por cualquier circunstancia histórica, ¿en qué medida la lengua antigua influye sobre la nueva? La cuestión es de muy general importancia, ya que apenas habrá pueblo sobre la tierra que no haya mudado de idioma una o más veces en el curso de su historia. En el período de aprendizaje de la lengua adoptiva, en el período de convivencia equiparada de la lengua propia con la nueva, y en el período de olvido de la lengua antigua, el pueblo que cambia de idioma transporta inevitablemente a la lengua adoptiva ciertos hábitos de su idioma primero [...] Para suplir nuestra carencia de datos durante varios siglos no pensemos en una acción diferida, no en una fuerza latente inactiva cuya operación sólo reaparece muy tarde; pensamos sólo en un estado de actividad latente, un uso lingüístico propio del idioma socialmente desconsiderado, uso que primero se introduce subrepticiamente en la lengua adoptiva como un bajo defecto rechazado en absoluto por todo hablante culto, uso que después va ganando poco a poco el gusto de las generaciones sucesivas a través de los siglos en reacciones de llaneza y desafectación, llegando a ser tolerado entre la gente culta hasta que al fin se hace preponderante y aun exclusivo».

García de Diego escribe: «La influencia del substrato en la evolución de la lengua adoptada ha de admitirse como probable. Los hábitos fonéticos y las condiciones peculiares del pueblo adoptante hacen que una misma lengua recibida evolucione de distinto modo en regiones o pueblos cuya predisposición lingüística es diferente. No es fácil determinar cuáles serían las condiciones lingüísticas de las zonas peninsulares a la adopción del latín; pero esta inicial diferenciación tuvo que influir en el diferente trato de unas mismas formas. Lo mismo que el substrato prelatino hubo de influir en la suerte diferente del latín, así el substrato latino, o sea las diferencias que el latín de algunas regiones españolas debió tener ya por diferencias cronológicas ya por variantes dialectales de sus colonizadores, hubieron de ser base en algunas ocasiones de las diferencias que hoy notamos en algunos de nuestros dialectos». Y en otra ocasión también apunta: «Tiene importancia en la historia de una lengua la ley de la tradición diomática de Ovidio. Los hábitos lingüísticos de un pueblo actúan sobre todo en la adopción de un nuevo idioma, en el que imprimen algunos de sus rasgos. En general la mezcla de lenguas es un factor importante de deformación».

«El substratum –dice, en fin, Amado Alonso–, especialmente el fonético, no actúa en la lengua nueva como un sustrato, esto es, como una capa estabilizada sobre la cual descansa la capa superior, sino como algo ya constitutivo de la lengua nueva y que evoluciona con ella [...] El substratum morfológico y sintáctico es exclusivo de las regiones todavía bilingües».”

[Abad, Francisco: Diccionario de lingüística de la escuela española. Madrid: Gredos, 1986, p. 223-224]