SPRACHVARIANTEN  

Variación lingüística

(Recop.) Justo Fernández López

 

El concepto de variación lingüística es legítimo porque se funda en el hecho de que las unidades de una lengua dada se manifiestan siempre a través de variantes. Pero no deben confundirse estos hechos de confluencia o diferenciación de variantes con el de las posibles confluencias de unidades que sí son diferentes entre sí (es decir, que no son variantes), ni con la posible diversificación de cualquier unidad en dos o más unidades diferentes, ya que entonces, tanto en un supuesto como en el otro, estaríamos ante casos de cambio lingüístico (diferentes de los casos de «funcionamiento» lingüístico de variantes, que constituyen el primer supuesto).

Es cierto, sin duda, que dos o más unidades distintas pueden llegar a transformarse en variantes de una sola y, en consecuencia, dar lugar a la desaparición de una de las formas, que resultaría desechada (o que quedaría como variante peculiar de una zona determinada o de un grupo social también determinado). Es ésta, sin duda, una posibilidad idiomática que ha estado tras una gran parte de los cambios sufridos por cada lengua a lo largo de su evolución fonética. Pero el problema que se plantea con muchos de los resultados de la sociolingüística es el de que, cada vez con mayor frecuencia, se hala de variación, no para referirse a la distribución, aparición o igualación de variantes, sino en relación con supuestas igualaciones de unidades que, sin embargo y a pesar de todo, siguen siendo diferentes. NO SON CASOS DE VARIACIÓN, por ejemplo:

  1. El hecho de que, en una zona dada, se «sustituya» el futuro por la perífrasis ‘ir a + infinitivo’, si no se da al mismo tiempo la condición necesaria de que vamos a estudiar se transforme en sinónimo absoluto de estudiaremos, porque una cosa es la frecuencia de un uso, su valoración subjetiva, o su conveniencia pragmática, y otra muy distinta la transformación de un uso en una forma nueva. 
  2. El que determinados grupos sociales prefieran el copretérito al pospretérito e, incluso, al copretérito de subjuntivo, en la apódosis de las condicionales («si tuviera dinero compraba, compraría comprara el coche»). El que el hablante renuncie a las diferencias que la gramática le ofrece no significa que éstas no pertenezcan a su competencia lingüística, sino que poseen diferente valoración en el código simbólico.
  3. Las «sustituciones» que algunos gramáticos creen ver en ciertas alternancias modales, particularmente en las cláusulas dependientes de verbos de comentario, no son casos de indicativo por subjuntivo, es decir, de variación modal, pues, como ya se ha dicho, con independencia de que el hablante pueda o no renunciar a las diferencias, los contenidos siguen oponiéndose semánticamente, como se ve si examinamos los respectivos contextos implícitos: «Es una lástima <el ser posible> que venga <con esa ropa>» / «es una lástima <el ser un hecho> que viene <con esa ropa>»."

[Trujillo, Ramón: Principios de semántica textual. Madrid: Arco, 1996, pág. 241, n. 12]