SIGNAL

Señal

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Zeichen / Symbol / Pragmatismus / Bedeutung-Sinn / Ikon / Semiotik / Bild / Repräsentation / Referenz

 

“Wenn ein Code die Elemente eines übermittelnden Systems den Elementen eines übermittelten Systems zuordnet, so wird das erste zum Ausdruck des zweiten und das zweite zum Inhalt des ersten. Eine Zeichen‑Funktion entsteht, wenn ein Ausdruck einem Inhalt korreliert wird, wobei die beiden korrelierten Elemente die Funktoren einer solchen Korrelation sind.

Wir sind jetzt in der Lage, den Unterschied zwischen einem Signal und einem Zeichen zu erkennen. Ein Signal ist eine relevante Einheit eines Systems, das ein einem Inhalt zugeordnetes Ausdruckssystem, aber ebenso auch ein (dann von der Informationstheorie in engerem Sinn als solches untersuchtes) rein physikalisches System ohne jeden semiotischen Zweck sein kann; ein Signal kann ein Reiz sein, der nichts bedeutet, aber etwas bewirkt; es kann aber, wenn es als erkanntes Vorgängiges zu einem vorhergesehenen Nachfolgendem benutzt wird, als Zeichen betrachtet werden, insofern es (für den Sender oder den Empfänger) für sein Nachfolgendes steht. Ein Zeichen korreliert immer Elemente einer Ausdrucksebene mit Elementen einer Inhaltsebene.

[Eco, Umberto: Semiotik. Ein Entwurf einer Theorie der Zeichen. München: Wilhelm Fink Verlag, 2., korrigierte Ausgabe 1991, S. 76]

“Es manifiesto que hablamos y usamos las palabras sin parar mientes en ellas como signos que nos permiten ocuparnos de las cosas. Sólo en casos excepcionales, cuando hemos equivocado la palabra, o cuando ésta no entra en juego oportunamente (cuando no damos con la palabra que conviene utilizar en un momento determinado), cuando utilizamos un idioma que no nos es familiar o cuando operamos como filólogos, la palabra se deja ver. De lo contrario, en la práctica normal del lenguaje, las palabras disimulan discretamente su presencia como signos lingüísticos, se hacen transparentes o translúcidas para dejar paso a la presencia del objeto o de la situación hablada. Heidegger (Ser y tiempo § 17) ya hizo notar la diferencia que media entre el uso de una palabra y el de una señal de tráfico: cuando miramos un semáforo que nos deja paso libre con su luz verde, la presencia de este signo no se disimula en ningún momento a sí misma; el conductor debe atenderlo claramente como tal señal que, evidentemente, no se confunde en ningún momento con la acción de pasar, aunque la haga posible. Para el buen conductor las señales de tráfico no pueden pasar desapercibidas, sino que deben destacarse como señales en medio de las calles y de los vehículos que por ellas transitan. En cambio, un orador no tiene por qué tener presentes las palabras que usa como un signo diferenciable de aquello que expone. Su habilidad se manifiesta más bien por el hecho de que su atención se vuelca plenamente sobre los temas de que habla, olvidando la existencia de las palabras salvo en los casos excepcionales en que busca algún vocablo o giro que tengan una especial eficacia.

Con todo esto, apelando a la trascendentalidad y la transparencia del lenguaje, estamos intentando plantear nuestra presunción de que no es posible estudiar el lenguaje prescindiendo del análisis de las situaciones objetivas habladas. Nuestra insistencia podría ser injustificada si no hubiera mediado la tendencia a centrar la Filosofía del lenguaje en el análisis de las palabras y del uso de que ellas hacemos en la medida en que es posible detectarlo por un mero examen de sus enlaces sintácticos. El «nominalismo» es un fenómeno lo suficientemente extendido entre los círculos semánticos contemporáneos como para dar por bueno sin más que el objeto debe quedar incluido en el examen de lo que sea el lenguaje. Todo esto nos compromete en la tarea de intentar superar de alguna manera la crisis de la teoría de la objetividad que ha cundido entre las filosofías de nuestro siglo. [...] Con todo esto estamos entrando en el problema de la referencia objetiva del lenguaje.”

[Montero, Fernando: Objetos y palabras. Valencia: Fernando Torres, 1976, pp. 39-42]

1. La función referencial, también llamada denotativa y cognitiva es la más importante de toda la comunicación, define las relaciones entre el mensaje y el objeto al que se refiere.

2. La función expresiva o emotiva define las relaciones entre el lenguaje y el emisor. Tiende a dar la impresión de una cierta emoción.

Denotación y connotación. Estas funciones nos obligan a abrir un paréntesis para establecer la distinción entre denotación y connotación. La denotación está constituida por el significado concebido objetivamente y como tal, mientras que la connotación expresa valores subjetivos, añadidos al signo. La denotación es propia de un código científico; la connotación de los códigos estéticos. Un uniforme, por ejemplo, denota un grado o función; y connota el prestigio y la autoridad que le son inherentes.

3. La función conativa  o injuntiva: define las relaciones entre el mensaje y el receptor, considerando a éste como fin del mensaje. Esta función puede ser cognitiva o subjetiva si se dirige al aspecto afectivo del receptor. La expresión más pura de esta función se encuentra en el vocativo y en el imperativo, que desde el punto de vista sintáctico, morfológico, e incluso fonológico se separan de las otras categorías verbales.

Estas tres funciones constituyen el modelo tradicional del lenguaje y son las que consideró Karl Bühler. Según él, para el que habla, el acto de habla es un síntoma, una expresión de lo que piensa; para el que oye es una señal que lo mueve a hacer algo; para la comunicación en sí misma es un símbolo, un signo que representa lo que intenta expresar el que habla.

Estos tres elementos corresponden a la primera persona (el emisor), a la segunda (el receptor) y a la „tercera persona“ (a alguien o a algo sobre lo que se habla).