ROMANIA  

Romania

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Romanisch

 

Romania

Las historia nos dice cómo, desde finales del siglo III a.C. hasta principios del siglo II p.C., los romanos conquistaron un extenso territorio. Se trata de un gran proceso de integración: las legiones romanas incorporaron a su lengua y a su cultura casi todo el dominio de tierras conquistadas. Llamamos Romania a toda esa superficie romanizada cuyos límites pueden establecerse así: por el norte, el curso del Rin y del Danubio; por el sur, una línea norteafricana, paralela a la costa que va desde el golfo de Túnez hasta el Atlántico.

En la Romania existieron dos tipos de latín: el literario y el vulgar, hablado o popular, que corresponden a una diferencia paralela sociocultural y sociolingüística. Si el primero, por ser escrito, se mantuvo cristalizado, el latín vulgar, en su condición de hablado, se fue diferenciando geográfica y socialmente. Con la influencia, más o menos fuerte, del sustrato de las lenguas indígenas, tuvo lugar un proceso de desintegración. El norte de la Romania se deslatinizó y el norte de África sufrió gran influencia árabe. En el resto, el latín vulgar dio origen a las distintas lenguas románicas siguientes:

A)     Balcanorrománico: rumano y dálmata.

B)      Italorrománico: italiano y sardo.

C)      Retorrománico.

D)     Galorrománico: francés, francoprovenzal, provenzal y gascón.

E)      Iberorrománico: catalán, castellano y gallegoportugués.

No todas estas lenguas han tenido la misma fortuna. Así, el dálmata se ha extinguido al morir en 1898 el último de sus hablantes. Sin embargo, el retorrománico ha sido elevado por plebiscito, en 1938, a la categoría de idioma oficial de Suiza, junto al francés, alemán e italiano. El gallegoportugués, que tanta riqueza lírica produjo en la Edad Media, fue una sola lengua hasta el siglo XVI. Con la independencia de Portugal y a causa de diferentes influencias exteriores, el gallego y el portugués se han diferenciado. El catalán sigue hablándose a uno y otro lado de la frontera francoespañola establecida en 1659. Razones políticas e históricas hicieron que el castellano se extendiera por los dominios españoles de Galicia y Cataluña, así como por toda Hispanoamérica y Filipinas. Hoy emplean el castellano más de 300 millones de hablantes.

La muestra más antigua de un texto escrito en lengua románica corresponde a los «Juramentos de Strasbourg», en francés que ya no es latín vulgar. En lo que respecta al español, el texto más antiguo encontrado está en un códice del Monasterio de San Millán, al oeste de Logroño. Se trata de las llamadas «Glosas Emilianenses» de la mitad del siglo X: son unas añadiduras en castellano puestas a mano sobre algunas de las palabras del códice en latín, obra de algún clérigo, que se convirtieron en la primera manifestación documentada de español. De finales del mismo siglo X son las «Glosas Silenses», parecidas añadiduras sobre un códice del Monasterio de Silos.

En paralelismo con los hechos históricos de la reconquista española, el romance hispánico evoluciona en variedad diferenciada. Al compás de los avatares políticos se conforman tres dialectos romances importantes: en el centro, como eje, el castellano, al este el aragonés y al oeste el asturiano-leonés, con zonas de dialectos en transición. Y en los extremos occidental y oriental perviven dos lenguas románicas: respectivamente, el gallego-portugués y el catalán. El centro norte sigue ocupado por el vascuence, lengua no románica.

El último tercio del siglo XI es clave. Progresa la hegemonía política castellana en fuerte empuje militar hasta Toledo, que se prolonga poco más tarde por el interior de Andalucía. Castilla se impone política y culturalmente; lingüísticamente, en potente fuerza centrípeta, supera al leonés y al aragonés.

En el siglo XV se contempla el panorama lingüístico peninsular que hay pervive. El castellano, habla modélica desde Alfonso el Sabio, se instaura como lengua nacional y lengua del imperio poco después con Carlos V. El leonés y el aragonés pasar a ser dialectos. El gallego pervive como lengua y el portugués, a causa de la independencia política de Portugal, se diferencia de él. El catalán continúa como lengua y, en su expansión, se diversifica a su vez en varios dialectos. En Andalucía se extiende el andaluz o castellano dialectalizado por características lingüísticas propias, fonológicas y léxicas principalmente.”

[Lamiquiz, Vidal: Lengua española. Método y estructuras lingüísticas. Barcelona: Ariel, ²1989, pp. 71-74]

 

[Lamiquiz, Vidal: Lengua española. Método y estructuras lingüísticas. Barcelona: Ariel, ²1989, p. 72-73]

[Diccionario de lingüística, ANAYA, S. 256]

 

[Fuente: http://www.proel.org/index.php?pagina=mundo]