RELACIONANTES SUPRAORACIONALES

ENLACES SUPRAORACIONALES

NEXOS SUPRAORACIONALES

Satzübergreifende Verbindungen

(Recop.) Justo Fernández López

 

Los relacionantes supraoracionales

«E. Alarcos en su Gramática de la lengua española habla de las unidades de relación como aquellos signos no autónomos, generalmente átonos, que presuponen a las palabras autónomas (sustantivo, adjetivo, verbo, adverbio) y marcan las relaciones mantenidas entre ellas (p. 214). Incluye, aquí, las preposiciones y las conjunciones. Las primeras son “índices explícitos de las funciones que tales palabras cumplen bien en la oración, bien en el grupo unitario nominal” (p. 214). Son signos de función, y marcan una relación dentro de la oración. Además, según Alarcos, comportan un valor léxico. En

“Se marchó a Valencia”

a indica la función de complemento locativo de “Valencia”, y un contenido sémico de dirección en este contexto.

Por su parte, las conjunciones, son “unidades lingüísticas que permiten incluir oraciones dentro de un mismo enunciado” (p. 227). Entre ellas se distinguen las de coordinación y las de subordinación. Las primeras son conectores entre dos segmentos (pueden ser oraciones o no), y no tienen ninguna otra función dentro de su estructura. Son meros relacionantes: A <> B.

“Están abiertos los restaurantes, pero hay poca gente en el pueblo”

Las de subordinación, sin embargo, actúan como transpositores, degradan la oración en que se insertan a un rango inferior. Estas conjunciones son índices de esa función trasladada, y pueden aparecer, junto con su oración, antepuestas a la llamada “oración principal”. Es decir, es posible <> A, B:

Puesto que te has enfadado, me iré solo”

El primer segmento funciona como complemento causal de la “oración principal”.

Éste es el análisis tradicional, que tenía como marco la oración. Sin embargo, ya S. Gili Gaya aludía a los elementos de relación discursiva, más allá de la oración, los “enlaces extraoracionales”. Dentro de ellos incluía muchos de los mecanismos que luego se han llamado “elementos cohesivos” (M. A. K. Hallyday-R. Hasan). Entre estos hay unidades que desempeñan esta función además de ocupar un hueco funcional dentro de la oración: deícticos, pronombres, elementos léxicos en relación de repetición: sinonimia, antonimia, ..., elipsis... Pero también hay unidades específicas para marcar la relación. Estos son los “marcadores del discurso”, “enlaces conjuntivos”, “ordenadores de la materia discursiva”, o “conectores”. Coinciden con las llamadas “expresiones adverbiales”, “locuciones conjuntivas”, de la Gramática tradicional, pero las superan. [...]

... entre los enunciados existen unos elementos que los conectan, y aportan un contenido a la globalidad. No sólo “hilan”, “hilvanan” el discurso, para que no se vea como algo incoherente, deslavazado, sino que aportan unos valores, unas orientaciones de contenido. Así, además añade otra información considerada más importante. Entonces ordena las informaciones de forma secuencial, y retoma una narración dejada antes. O sea tiene un valor explicativo y conclusivo. [...]

Son, pues, signos que tienen significante y significado, aunque éste en el plano relacional, basándose en las presuposiciones de contenido entre los segmentos que unen. Pero, además, hay que establecer una caracterización sintáctica de los mismos. No entran en las clases de palabras tradicionales. Por ello hay que estudiarlos separadamente.

Características sintácticas

Estos elementos o enlaces conjuntivos, como lo llamamos en nuestra obra Enlaces extraoracionales (Afar, 1987), tienen las siguientes características:

Pertenecen, generalmente, a la clase de los adverbios o expresiones adverbiales, aunque su función no coincide con la descrita para estas unidades. Forman un subsistema propio dentro de los conectores:

1)     Son elementos necesarios en toda comunicación y de uso muy frecuente en todas las lenguas. Su misión específica es conectar dos enunciados o grupos de enunciados indicando el sentido de la conexión. [...]

2)     Frente a otros adverbios que tienen contenido designativo (como bien, amablemente...),

a)    estos relacionantes no modifican a ningún elemento de la estructura oracional, no tienen una función dentro de la oración. Ninguno de los elementos citados pueden analizarse como complemento circunstancial del verbo.

b)    No pueden ser focalizados (es decir, destacados como la información más importante de toda la oración): “*Es además que ese año malo ha sido el último”.

c)     Tampoco pueden ser respuesta a una interrogación parcial: “¿Por qué el balance deportivo de su carrera es bueno? *Así pues.

3)     Se sitúan en el margen oracional. Aparecen generalmente entre pausas, formando un grupo entonativo aparte.

4)     Pueden varias su posición. Tienen movilidad dentro del enunciado que sigue, sin perder el valor conector. [...]

5)     Pueden combinarse con conjunciones, o entre ellos. [...]

Como vemos, presentan características propias, no compartidas por ninguna otra categoría. Las conjunciones no tienen movilidad, no van entre pausas, y no pueden combinarse. No podemos decir: Y pero... . Sí una coordinada con una subordinada porque tienen ámbitos distintos: “Y como estaba cansada, se marchó”.

Y conecta todo el enunciado a uno anterior. Como introduce la subordinada causal que funciona como un elemento del sintagma principal “se marchó”.

Por tanto, forman un grupo homogéneo, una categoría con características sintácticas propias, y contenidos significativos más amplios que los de las conjunciones. Todo ello, porque se mueve en el plano extraoracional, en la conexión discursiva, dentro del texto, donde los contenidos son más amplios.

En resumen, categorialmente pertenecen a los llamados adverbios o expresiones adverbiales, pero a un grupo de ellos: los relacionantes supraoracionales, que son aquellos cuya misión es conectar dos unidades textuales, sean dos enunciados, dos parágrafos... Como conectores que son, están aislados del contenido proposicional que se comunica, y su misión es establecer una orientación semántica sobre el contenido de los segmentos que enlazan. Y, como cualquier conector también, establecen unas relaciones fóricas entre lo que viene antes y lo que prosigue. No tienen contenido semántico designativo propio, y no pueden rematizarse (destacarse) ni ser afectados por la negación, o cualquier medio de formulación oracional. [...]

El tipo de relación que marcan estas unidades ha sido también objeto de polémica. Es más, se ha admitido generalmente que estamos ante una yuxtaposición de enunciados u oraciones, en la que el “adverbio” marca un contenido semántico añadido. [...]

Pero en el análisis de estos conectores no suele hablarse propiamente de dicotomía subordinación-coordinación, porque esta perspectiva de análisis tiene como marco la oración. Hablar de subordinación/coordinación significa establecer una relación de dependencia/no depedencia, de integración dentro de la estructura de la oración. Pero estos conectores enlazan unidades superiores de discurso. Se necesita, pues, un criterio más amplio de relación supraoracional o discursiva.

En este sentido ha aparecido la noción de cohesión, basada en una presuposición o relación fórica. Los elementos en el discurso reenvían unos a otros, tienen una relación de mutua presuposición que no tiene nada que ver con la jerarquía funcional de la oración. [...]

Todo lo más, tendremos que establecer dicha jerarquía desde el punto de vista informativo o argumentativo.»

[Fuentes Rodríguez, Catalina: La sintaxis de los relacionantes supraoracionales. Madrid: Arco Libros, 1996, pp. 9-15]