REFLEXIVITÄT

Reflexividad

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Verbos pronominales / Cuasi-refleja / Passiv  / Medialkonstruktionen / Voz Media

 

«Reflexivität [Auch: Rückbezüglichkeit]

(1)  Eigenschaft sprachlicher Konstruktionen, bei denen sich zwei Mitspieler einer durch ein Prädikat beschriebenen Handlung auf dasselbe Element beziehen. R. kann durch ein Reflexivpronomen oder auch durch Verbaffixe ausgedrückt werden.

(2)  Zu Reflexivität in der Logik siehe Reflexive Relation.» [Bußmann, H., S. 634]

«Das Reflexivpronomen wird bei den reflexiven Verben verschieden behandelt. Als Aktant gilt nur das Reflexivpronomen in der reflexiven Konstruktion, das durch ein Substantiv (im Akkusativ oder Dativ) substituierbar ist (z.B. Er wäscht sich / das Kind). Ist eine Substituierbarkeit des Reflexivpronomens nicht möglich, ist also die Besetzung der entsprechenden Stelle nicht variable (wie z.B.: Er schämt sich), so gehört es zum Verb und ist lexikalischer Prädikatsteil.»

[Helbig, G. / Buscha, J.: Deutsche Grammatik. Ein Handbuch für den Ausländerunterricht. Berlin:  Langenscheidt, 141991, S. 624]

«Reflexividad

Uno de los procesos típicos que conduce a la intransitividad es el de la reflexividad. La situación reflexiva típica es aquella en la que el sujeto y el objeto son referencialmente idénticos; ello hace que la predicación sea semánticamente intransitiva a pesar de que posee en principio dos argumentos.

Fórmula lógica de la reflexividad

Pred (x, x) = PR (x)

Es decir, cuando tenemos un predicado bivalente cuyos dos argumentos son la misma entidad, esto es equivalente a un nuevo predicado reflexivo que es de un solo argumento.»

[Moreno Cabrera, Juan Carlos: Curso universitario de lingüística general. Tomo I: Teoría de la gramática y sintaxis general. Madrid: Síntesis, 1991, p. 499-500]

«Reflexividad

¿Qué tipo semántico de reflexividad encontramos en las siguientes oraciones castellanas?

a.      Se comió la tarde de dos bocados.

b.      Se están cargando la casa.

[Estas dos oraciones presentan una reflexividad del tipo que hemos llamado intensivo. En ambos casos se nos dice que el objeto de la acción se ve afectado en su totalidad y no sólo en parte o en cierta medida.]

c.       Se torció un pie subiendo la escalera.

d.      Se hizo la cama.

[Estas dos oraciones representan el uso del reflexivo que hemos denominado transitivo afectivo: se trata de giros transitivos en el que el “se” denota un individuo que se ve beneficiado o perjudicado por una acción.]

e.      Esta marca se corresponde con aquella otra.

[Es un caso claro de uso inverso de la reflexividad.]

f.        Juan se levantó de la silla.

[Es un ejemplo claro de uso autocausativo de la reflexividad.]

g.      Juan se ha quitado el bigote.

[Es el uso que hemos denominado de objeto partitivo ya que puede denotarse una acción en la que un individuo se afecte directamente a parte de sí mismo (en este caso a la parte de sí mismo denominada habitualmente “bigote”).

h.      Aquí se entregan los impresos.

[Es claramente un ejemplo de uso pasivo de la reflexividad.]

i.        Estas fotos no se ven bien.

[Ilustra la utilización que hemos denominado cuasipasiva ya que más que especificarse que alguien no ve las fotos, lo que se quiere decir es que las fotos no son nítidas; es decir, se denota una propiedad del sujeto. Esto no ocurre en (h.) en donde no se predica propiedad alguna del sujeto.]»

[Moreno Cabrera, Juan Carlos: Curso universitario de lingüística general. Tomo I: Teoría de la gramática y sintaxis general. Madrid: Síntesis, 1991, p. 531-532]

«Los pronombres personales reflejos

El concepto de reflejo, según la Academia, no debe entenderse sólo como el proceso que consiste en dirigir hacia uno mismo el acto que normalmente se dirige a los demás:

La madre lava al niño,

La madre se lava,

aunque este significado sea el origen del término reflejo. Gramaticalmente, el término reflexivo o reflejo tiene como único presupuesto el que ya hemos indicado: identidad de persona y número entre el verbo y su complemento pronominal. Estas condiciones se dan bien en las construcciones propiamente reflexivas,

Yo me afeito,

bien con verbos que no conocen otra forma que la reflexiva,

Tú te arrepientes,

bien con verbos intransitivos:

María se va a su pueblo

[Onieva Morales, Juan Luis: La gramática de la Real Academia Española (Resumida y aclarada). Madrid: Playor, 1993, p. 119]

«Personalismo

El español es esencialmente personalista. No se pierde en vaguedades colectivas, ni confunde el mundo material e inanimado con el protagonismo personal y trascendente sobre el que se centra la acción. No es un hecho casual que falten en español pronombres indefinidos a semejanza del alemán y del francés. Ha faltado interés por ocultar el sujeto o por prescindir de él, y en caso de necesidad se han estimado suficientes viejos procedimientos latinos.

Causas del personalismo:

La explicación de esta agudo personalismo ha sido buscada en las circunstancias históricas de la vida española, sujeta al choque continuo con pueblos y culturas muy opuestos. Influida durante siglos por árabes y judíos, y más tarde por sus vecinos europeos, hubo de formarse un modo personal e incorruptible en esta constante oposición con sus rivales europeos y africanos. Antecedentes árabes parecen existir en la extraña personificación de la Naturaleza que revelan frases como:

amanecer pobre y anochecer rico

amanecerá Dios y medraremos

inexistentes fuera de las lenguas ibéricas. Extraños, asimismo, al modo de pensar europeo son los falsos reflexivos españoles, que parecen animar los objetos más inertes e incluso añaden un matiz recíproco, como en el conocido ejemplo de Cervantes:

No parecerían sino dos pedazos de cristal, que entre las otras piedras del arroyo se habían nacido (Don Quijote, I, 28).»

[Criado del Val, M.: Fisionomía del español y lenguas modernas. Madrid: Saeta, 1972, 270-271]

«Construcciones pronominales:

Construcciones pronominales con sentido reflexivo

Observemos estas dos frases:

Pedro se lava después del trabajo.

[se complemento directo]

Pedro se lava las manos antes de comer.

[se complemento indirecto]

Decir Pedro le lava es decir que lava a otro, a un ser que no es Pedro; mientras que decir Pedro se lava es decir que el ser lavado es el propio Pedro, esto es, el mismo que hace la acción. Este pronombre se que representa al mismo representado en el sujeto, se dice que tiene un sentido reflexivo. Este se vale para la tercera persona y para las formas de cortesía. Para las otras personas no existe una forma especial para el uso reflexivo; se emplea sencillamente el pronombre átono (complemento directo e indirecto) correspondiente a la misma persona que actúa como sujeto: me lavo, nos lavamos, te lavas, os laváis.

Todas estas construcciones en que el pronombre átono designa al mismo ser designado en el sujeto se llaman pronominales. Pero pueden encerrar una serie de sentidos distintos del reflexivo.

Construcciones pronominales con sentido recíproco

Puede ocurrir que la “idea reflexiva” de estas construcciones tome un sentido recíproco:

Los dos hermanos se ven en una situación difícil.

Los dos hermanos se ven a menudo.

En la primera oración, los hermanos, conjuntamente, se ven a sí mismo; en la segunda también se ven a sí mismos, pero de otra manera: “cada uno” de los dos ve “al otro”.

Uso de construcciones pronominales con sentido expresivo

Hay ocasiones en que se emplea la construcción pronominal sin que la presencia del pronombre átono cambie el significado de la oración. Entre decir

Pablo se bebió una botella;

Pablo se cayó por la escalera;

Pablo se murió,

y decir

Pablo bebió una botella;

Pablo cayó por la escalera;

Pablo murió,

no hay diferencia objetiva de significado: los mensajes transmitidos son los mismos (en cambio, sí habría diferencia entre decir Pablo se lava; Pablo lava.

El pronombre se en estos ejemplos es un complemento indirecto innecesario; solamente hace más expresiva la comunicación. Otros ejemplos de este complemento indirecto son:

Me subí al piso quinto.

¿Os tomasteis toda la tarta?

Construcciones pronominales con sentido incoativo

En otros casos, el pronombre átono no es ya un complemento directo ni indirecto, sino que es un elemento que transforma la significación del verbo indicando comienzo de la acción. Comparemos estas dos frases:

El niño se ha dormido (significa que “ha empezado a dormir”);

El niño ha dormido (significa que “ha terminado de dormir”).

La misma diferencia hallamos entre

Me voy a casa (“empiezo a ir a casa”) y

Voy a casa (“estoy yendo a casa”). Esto solo ocurre con unos pocos verbos.

Construcciones pronominales obligadas

Se habla de construcciones exclusivamente pronominales cuando se emplea la construcción pronominal por pura exigencia de ciertos verbos que no pueden usarse sino en esa forma: suicidarse, arrepentirse, jactarse.

En estos casos, a diferencia de los anteriores, no hay posibilidad de alternancia entre la forma pronominal y la no pronominal.

Construcción pronominal media

Veamos estas dos oraciones:

El nadador se ha ahogado;

El puente se ha hundido,

y comparémoslas con

Pedro se lava después del trabajo.

Las tres son, sin duda, pronominales, puesto que en las tres el pronombre átono se designa al mismo ser mencionado en el sujeto. De la oración

Pedro se lava después del trabajo

dijimos que en ella el pronombre se indicaba que el ser levado era el mismo (Pedro) que hacía la acción, o sea, que Pedro lavaba al mismo Pedro; llamábamos a esto sentido reflexivo. ¿Podríamos decir lo mismo de las oraciones

El nadador se ha ahogado;

El puente se ha hundido?

Evidentemente, no: en ellas no decimos ni que el nadador ha ahogado al mismo nadador, ni que el puente ha sido el que ha hundido el puente. Aquí la forma pronominal tiene un sentido diferente del reflexivo; dice que al nadador y al puente, sin que ellos hicieran nada para ello, sin que tampoco se piense en un causante de la acción, “les ocurrió” algo. Este uso de la construcción pronominal se llama construcción pronominal media. Observemos que puede presentarse en todas las personas: No me ahogaré si nado por esta parte; Os habéis hundido en la pobreza.

Decir que en estos casos no se piensa en un “agente” no significa que no se pueda pensar en una “causa”. La construcción seguirá siendo media si, en lugar de decir

El puente se ha hundido,

decimos

El puente se ha hundido con (o por) la carga excesiva;

esto es, “a consecuencia de la carga excesiva”. Aquí se ha expresado causa y no agente.

La diferencia entre la noción de causa y agente, aunque se trate de nociones vecinas, puede apreciarse cotejando estos dos ejemplos de estructura similar:

1.    La corrida fue suspendida por la lluvia.

2.    El valle fue anegado por las aguas.

Ambas construcciones pasivas. Pero en la oración 1 se quiere decir que “la corrida fue suspendida a consecuencia de la lluvia” (y no que “la lluvia suspendió la corrida”); y en la oración 2 lo que se quiere decir es que “las aguas anegaron el valle” (y no que “el valle fue anegado como consecuencia de las aguas”). En el primer caso tenemos un complemento de causa, por la lluvia, y en el segundo, un complemento agente, por las aguas. Así como la oración 1 podría transformarse en una oración pronominal media:

La corrida se suspendió por la lluvia,

la oración 2 no admitiría tal transformación, al menos sin alterar el sentido.

Construcciones pronominales pasivas

Otro uso particular de la construcción pronominal presenta cierta semejanza con la construcción pronominal media que acabamos de ver. Es el que hallamos en estos ejemplos:

Se alquila piso.

Tres mil toneladas se han exportado en los últimos seis meses.

El teatro se inauguró en 1920.

En las tres oraciones el sujeto no se hace la acción a sí propio: ni el piso se vende a sí mismo, ni las toneladas se han exportado por sí solas, ni el teatro se inauguró por su cuenta. El sujeto no designa un ser que “hace” algo, sino al que “le ocurre” algo. En esto coinciden los tres ejemplos con el caso anterior [construcción pronominal media]. Pero se diferencian de él:

(1) en que pueden transformarse en construcciones pasivas equivalentes: Un piso es alquilado; Tres mil toneladas han sido exportadas en los últimos meses; El teatro fue inaugurado en 1920;

(2) en que el sujeto es siempre un nombre de cosa, o persona cosificada, como ocurre en este ejemplo: Se necesitan empleadas de ambos sexos;

(3) en que no podrían construirse en primera o segunda persona sin cambiar de sentido (sería tal vez posible decir Me alquilo, Te has exportado, pero estas frases no serían equivalentes a “soy alquilado” y “has sido exportado”, puesto que su sentido sería realmente reflexivo). Las construcciones pronominales que –como Se alquila un piso, etc.- son transformables en construcciones pasivas y solo pueden usarse en tercera persona se llaman pronominales pasivas. Las gramáticas suelen llamarse “pasivas reflejas”, es decir, pasivas reflexivas; pero ya vemos que no son reflexivas precisamente.

Construcciones pronominales impersonales

En las construcciones pronominales pasivas, como en las medias, el sujeto de la oración designa el “tema”, que no es aquí el ser que realiza la acción. En realidad, en estos casos el que habla no piensa en quién realiza la acción, o porque no lo sabe o porque no le parece necesario concretarlo.

Esta indiferencia hacia el realizador de la acción es también característica de unas construcciones con se que no tienen sujeto alguno:

Se vive bien aquí.

Se acoge a todo el mundo.

Estas construcciones pronominales impersonales se distinguen de las pronominales pasivas no solo en que no tienen sujeto, sino en que emplean el verbo únicamente en la forma correspondiente a la persona “él” (no se podría decir “Se viven bien aquí”; mientras que junto a Se alquila un piso –pronominal pasivo– habríamos de decir Se alquilan dos pisos. Pueden, además, llevar, como vemos en el ejemplo

Se acoge a todo el mundo,

un complemento directo con a

[Seco, Manuel: Gramática esencial del español. Madrid: Espasa-Calpe, ²1989, pp. 115-120]

«En principio, se es un pronombre reflexivo, que indica que la acción realizada por el sujeto le revierte. Para que se sea un pronombre reflexivo de objeto directo la acción debe salir al exterior, debe exteriorizarse. En Juan se lava la acción empieza y termina en el mismo personaje; hay además una exteriorización de la acción. Lo mismo sucede en Juan se peina o en Juan se viste.

Cuando la acción del sujeto no recae sobre el propio sujeto, sino sólo sobre una parte, se es objeto indirecto, así en

Juan se lava las manos.

En la oración anterior se es objeto indirecto. El objeto directo es manos.

Cuando la acción del sujeto recae sobre el sujeto, pero sin salir al exterior del mismo, sin exteriorizarse, o sin relacionarse con el mundo exterior para ocurrir, se es un complemento ético o de interés, un tipo de objeto indirecto, pero no es objeto directo. Esto sucede en los verbos llamados reflexivos formales.

En Juan se levanta la acción no sale del propio Juan, lo mismo sucede en Juan se duerme o en Juan se enfada. En todos estos casos el proceso es interno, aunque se manifieste externamente por el cambio de postura, por el estado de sueño o por los signos externos que acompañan al estado enfadado. En todos estos casos se es un objeto indirecto [formal o falso] y el verbo es intransitivo por ello. Estos verbos pueden usarse como transitivos (i. e. pueden llevar objeto directo) cuando pierden su forma reflexiva: p. ej. Juan levanta a su hermano, Juan duerme al niño o Juan enfada a sus amigos.»

[Marcos Marín, Francisco: Curso de gramática española. Madrid: Cincel, 1980, § 11.2.1]

«Clasificación gramatical de los verbos:

TRANSITIVOS: Necesitan un Objeto Directo para completar su significado: Juan come pan.

INTRANSITIVOS: No necesitan Objeto Directo. Tienen significado completo. Más que de verbos transitivos o intransitivos debe hablarse de oraciones, es decir, de realizaciones: El niño nació.

REFLEXIVOS: Llevan como Objeto Directo un pronombre de la misma persona que el sujeto. Son transitivos: Juan se lava.

REFLEXIVOS FORMALES O GRAMATICALES: Se trata de las construcciones cuasi-reflejas de Bello. Son reflexivos formales, pues en su forma aparece un pronombre reflejo, pero no por el sentido. Se dividen en dos grupos, aunque la interacción sea muy grande. En todos ellos hay que considerar el pronombre reflejo como un falso Objeto Indirecto o un falso Objeto Directo: alegrarse, emocionarse, acordarse, olvidarse, imaginarse, creerse... [...]

RECÍPROCOS: Se construyen con el pronombre en uso recíproco. Su sentido es a veces dudoso. Son transitivos: Juan y Luis se escriben.

Nota a todos los reflexivos o para-reflexivos: Los gramáticos discuten si en los casos en que aparece un objeto directo expreso distinto al reflexivo o recíproco se debe hablar de doble objeto directo o si el reflexivo sería entonces un objeto indirecto. Siempre por razones pedagógicas creemos que el alumbo debe tener muy claro que en los reflexivos formales el pronombre es siempre Objeto Indirecto, y que en el reflexivo propio o en el recíproco el pronombre átono es Objeto Directo a no ser que haya otro objeto directo en el texto: Juan se lava; se es objeto directo. Juan se lava las manos, se es objeto indirecto y las manos objeto directo. En el caso del recíproco Juan y Luis se escriben; se es objeto directo. En Juan y Luis se escriben cartas; se es objeto indirecto y cartas directo.»

[Marcos Marín, Francisco: Curso de gramática española. Madrid: Cincel, 1980, § 13.8]

«Los verbos reflexivos y sus matices:

Hay una fuerte inclinación entre muchos gramáticos a considerar el reflexivo como pervivencia de la voz media indoeuropea. Quizá no sea prudente generalizar demasiado en esta cuestión: hay otros gramáticos, como Roca Pons, que no se muestran muy de acuerdo con el mismo concepto de ‘voz media’, para lo que se basan en poderosas razones. De todos modos, no hemos de olvidar que determinadas manifestaciones de estas construcciones entroncan claramente con los verbos deponentes latinos. Para el francés, se ha hablado recientemente de voix pronominale, y no es descaminado hablar de una verdadera voz para las construcciones reflexivas. Se trata de una cuestión importante, por la frecuencia de estas construcciones, y por la multiplicidad de matices que ofrecen.

Ciertamente, la forma reflexiva incorpora valores de los deponentes y semideponentes latinos, éstos sí heredados de la voz media indoeuropea. Así, MIRO, MIRATUS SUM equivalen a me admiro; AUDEO, AUSUS SUM a me atreveo; GAUDEO, GAVISSUS SUM a me alegro. Incluso en ocasiones  en que el deponente no ha generado un reflexivo, éste sigue siendo posible: como heredero de NASCOR, NATUS SUM podemos ver “agua Frida / que en el mançanar se naçia”. Y también MORIOR, MORTUUS SUM equivale a morir o a morirse.

Esto explica que hasta el español clásico alterne la construcción reflexiva con la de ser + participio: en ambos modos el sujeto experimenta una acción que se desarrolla en él, pero que él no provoca. Así alternaban pagarse y ser pagado (=”estar contento de/con”), me maravillaré y seré maravillado. En Berceo “como yo so creido” equivale a “como yo (me) creo”, ser denodado a “atreverse”; y en Juan Ruiz “el que aquí es casado” significa “se casa”. En algunos textos abundan las construcciones pasivas con sentido reflexivo, debido al deseo de facilitar la rima por medio de los participios (es lo que ocurre en las Mocedades de Rodrigo, de finales del XIV). Este valor de ser + participio aún puede encontrarse en Feijoo: “... éste es perdido por los perros” (= “se pierde por...”).

La construcción reflexiva propiamente dicha es aquella en que el significado del verbo es el mismo que cuando el verbo es transitivo y de “acción”, y en la que el objeto directo se refiere al mismo ser o cosa que el sujeto. Así, no varía el sentido del lexema verbal entre desatarse y “desatar a otro”, matarse y “matar a otro“, lavarse y “lavar algo”, mirarse y “mirar a otro”, etc. Este reflexivo puede reforzarse con a mí mismo, a ti mismo, etc., refuerzo que nos ayudará a distinguirlo.

Hay otras construcciones, llamadas “cuasi-reflexivas” por Bello, y que podría calificar de “reflejo interior”, que son aquellas en que el verbo en forma reflexiva presenta un sentido distinto al que tiene cuando es transitivo.

Esto puede darse con verbo de acción física: me levanto indica adoptar una postura diferente a la de “sentado”, frente a “levanto un peso” (= “elevo, alzo algo”). Me lanzo no refiere la misma acción que “lanzar una piedra”, por ejemplo. En casos como éstos puede darse la equivalencia con intransitivos: junto a levarse hubo levar intransitivo en español antiguo (por ejemplo, en el Poema del Cid), o también: “cayendo o levantando” (Santa Teresa, Vida, en Keniston, § 27.363), donde levantar es intransitivo. Aquí ya no se admite el refuerzo con a mí mismo, etc., sino que el posible refuerzo es de otra forma: “me levanto yo mismo” (no “... a mí mismo”).

Lo mismo ocurre con verbos de tipo psíquico: alegrarse, enfadarse, avergonzarse, jactarse, burlarse, en los que se diferencia claramente el valor de la construcción reflexiva (donde el sujeto experimenta la acción, no la provoca en sí mismo) del valor causativo de la construcción transitiva (“alegrar a alguien”); el sujeto no es activo, como el de “yo me lavo”, ni siquiera como el de “yo me siento”, sino afectado por un proceso psíquico, asiento de éste. Hay también en estos casos alternancia con intransitivos: “el leon, quando lo vio, así envergonço” (Cid, v. 2298), “¿Burláis conmigo?” / No me burlo” (Romance de Gerineldo). En estos casos se continúa el uso deponente y semideponente latino (el de GAUDEO, MIROR, etc.). Naturalmente, tampoco en estos verbos es posible el refuerzo con a mí mismo, etc.

Hay otros verbos originariamente intransitivos, pero que se pueden construir con pronombre, para dar el valor de “reflejo interior”. En unos casos hay alternancia: sonreírse / sonreír. Pero en otros no: dignarse, jactarse, atreverse. Estos verbos son diferentes a los dos grupos anteriores, en primer lugar porque no pueden oponerse a una construcción transitiva, y en segundo lugar porque tampoco es posible la alternancia con intransitivos. Tampoco en ellos es posible el refuerzo con a mí mismo, etc.

La construcción reflexiva puede llevar un pronombre que represente al sujeto, pero no como objeto directo sino como indirecto. El primero tipo es el reflexivo de interés: “comerse – beberse algo”, “permitirse una licencia”, etc. Con alguno de estos verbos puede haber refuerzo con a mí mismo: “se permitió a sí mismo ciertas libertades”, pero ello no es posible con otros (en general, con la mayoría), por ejemplo con comerse o beberse no existe la combinación con a sí mismo.

Este reflexivo “de interés” se emplea con mayor frecuencia cuanto más afectivo sea el lenguaje utilizado. Así, se encuentra más en el lenguaje medieval y en el habla coloquial.

El reflexivo de interés nos lleva a otro uso del reflexivo llamado dativo ético, con el que se muestra la intervención personal del sujeto, su voluntad consciente de participar en la acción: “me temo que...”, “me pienso que...”, “me figuro que...”, “me digo que...”, etc. En algunos casos hay posibilidad de refuerzo con a mí mismo y en otros no: “me digo a mí mismo” / *”me temo a mí mismo”, *”me figuro a mí mismo”. En casos como éstos lo que se acentúa es la interioridad del proceso: desde el punto de vista lógico, el reflexivo es innecesario, pero no desde el punto de vista expresivo. En otras ocasiones se refuerza la personalidad o intervención propia del sujeto. Serse y estarse eran expresiones muy frecuentes en época antigua, con las que se expresaba la interioridad, la experiencia de la propia vida por el sujeto: “Yo me era mora Moraima” (Romance de la mora Moraima); hoy serse no existe, aunque sí estarse: “te estás tan tranquilo”, pero hoy un serse cargado de sentido en la obra de Unamuno.

Ciertas construcciones latinas formadas por EN (del verbo EMERE, “tomar”), o ECCE, y TIBI o SIBI se tradujeron en español por expresiones reflexivas como hete y afevos (ese he procede del árabe , sin relación ninguna, pues, con haber). También este empleo del reflexivo para el dativo commodi-incommodi tenía antecedentes latinos: “quid sibi vult?” (= “¿qué quiere para sí?”, “¿qué se quiere?”).

El reflexivo puede tener también sentido posesivo en aquellos casos en que el objeto indirecto de la construcción reflexiva (que consiste, pues, en verbo transitivo) indica algo perteneciente al sujeto, o que forma parte de él; el reflexivo funciona en estos casos como objeto indirecto, aunque desde una perspectiva psicológica pueda decirse que refiere a quien recibe directamente la acción (si bien ésta es una apreciación extragramatical). Es lo que ocurre en “mancharse el traje”, “herirse el pie” o “cortarse la mano”, expresiones en las que parece posible el refuerzo con a sí mismo, etc. (en otras lenguas se usa la construcción transitiva y la indicación de la relación por medio del posesivo: en inglés “he broke his head”). En estas construcciones es posible un valor “causativo” para el reflexivo: “voy a cortarme el pelo”, “hoy me examinaré de Química” (también cuando el reflexivo es objeto directo: “aquí me enterraré”, etc.); no es decisivo que la acción no la realice el mismo sujeto, sino que lo que importa es la voluntad, pues el autor material de la acción será un simple instrumento de la voluntad, como puede serlo un objeto mecánico.

Por otra parte, la construcción reflexiva puede indicar acontecimientos “fortuitos” o “no proyectados”. Es lo que se halla en “se me rompió la silla, frente a “rompí la silla”, “se me sube la sangre a la cabeza”, “se me asomaban las lágrimas”, “se le cortó la voz”, “la garganta se le quedó seca”, “el mundo se le venía encima”.

Tiene valor de reflejo dinámico el empleo del reflexivo con verbos intransitivos de movimiento o de estado. Se documenta ya en latín tardío: “vadent se unusquisque ad hospitium summ...”, junto a otros casos. En castellano se encuentra desde los primeros textos: “salios de la red e desatos el león” (Cid, v. 2282), y formas como irse, estarse, quedarse, marcharse, etc., han sido generales en la historia del idioma.

En ocasiones, el verbo incrementado con pronombre reflexivo tiene un matiz significativo especial: indica una mayor intervención personal. Pero en otros casos sus matices de sentido son claramente “aspectuales”: es lo que ocurre en “yo voy” frente a “yo me voy”, pues irse manifiesta un valor incoativo que no tiene ir. Lo mismo se da en marcharse frente a marchar; o en dormir (durativo), opuesto a dormirse (incoativo), donde se diferencia claramente el distinto modo de acción. En volver frente a volverse la diferencia semántica es también clara. Pero en ocasiones la diferencia aspectual no está tan clara: morir frente a morirse.

En construcciones como “súbete aquí”, “éntrate allí”, se ha hablado de la existencia de matiz resultativo; mejor que eso, quizá se trate de diferencias de expresividad frente al verbo simple.

En las construcciones reflexivas con valor recíproco es frecuente que haya una indicación del otro agente que interviene en la acción recíproca, aunque formalmente no aparezca como sujeto, sino en forma de complemento introducido por con. Así, por ejemplo: “Pedro no se saluda con Juan”, distinta de “Pedro y Juan no se saludan”, muestra a uno de los agentes como sujeto y al otro como término de la preposición con.

Se trata de un esquema que ya aparece en el Poema del Cid: “con el se aconsejavan” (v. 841). Desde el español antiguo es habitual hablarse con, y modernamente también escribirse con, etc.

Finalmente, señalaremos algunas construcciones especiales con se, en las que el verbo varía su significación respecto de la forma simple de maneras muy particulares. Es lo que se encuentra en frases como “el barril se sale” o “la casa se llueve”: los sujetos de salirse y lloverse no podrían serlo desde una perspectiva estrictamente semántica, pero sí constituyen el tema acerca del cual se “comenta” algo; en último término, barril o casa son en estas expresiones un tipo de sujeto “afectado”, por lo que el empleo de se es razonable.»

[Lapesa, Rafael: Estudios de morfosintaxis histórica del español. Madrid: Gredos, 2000, pp. 817-823]

«Oraciones reflexivas

Son un grupo perteneciente a la construcción transitiva, en el cual el objeto se identifica con el sujeto. Vienen a ser la consecuencia de un desdoblamiento del sujeto.

En una auténtica reflexiva ha de haber reflexión y forma. La primera es el movimiento por el que el sujeto actúa y la acción vuelve o repercute en la primera persona.

Si el sujeto actúa y recibe la acción, provocará el doble valor activo y pasivo; con lo que tendremos una construcción muy rica de significado y apta para sustituir a la pasiva.

La forma de la reflexiva es la conocida yo-me, tú-te, él-se, nosotros-nos, vosotros-os, ellos-se, que se basa en la identidad de personas.

Vistas así las reflexivas, sólo entendemos por tales las que contengan reflexión y forma reflexiva. Sin embargo, ésta se ha extendido o permanecido en muchos verbos y construcciones que no contienen la noción reflexiva. Y así tenemos numerosas frases y verbos con esta forma, pero con naturaleza distinta (transitiva, intransitiva, etc.).

En seguida entraremos a estudiarlas, pero antes debemos clasificar a las reflexivas. Las dividiremos en los dos grupos tradicionales:

directas

cuando la segunda parte de la forma reflexiva (me, te, se...) tiene la función de complemento objeto directo (Luis se lava);

indirectas

en las indirectas esa segunda forma es un complemento indirecto (Luis se lava las manos).

Construcciones con forma reflexiva:

1. Entre las construcciones reflejas que se dan en los diversos matices de su gramaticalización encontramos aquellas en que el pronombre marca el interés del sujeto en el enunciado. Viene a ser como el simpatético (Este niño no me come), pero en forma reflexiva.

Estas construcciones (tales como Mis padres se permiten estos lujos) suponen un primer paso en la atenuación del valor reflexivo pronominal, en pro de una matización semántica, en la que distinguimos los siguientes valores:

a) Propiamente de interés: ¿Quién no se puede aprovechar de esto...?; Luis se bebió dos copas.

b) Ético. Mientras las frases anteriores marcaban preferentemente el interés, este grupo nos indica de manera más acusada la participación o intervención personal del sujeto en la acción. En la lógica de la construcción el pronombre no es necesario, pero da un matiz de intensidad, y aun expresa afectividad profunda: Ya se lo temía el capitán; Me lo figuro; Me temo que... o ¿Me lo tumbo, padre? son frases de este tipo.

c) Posesivo. Las frases en que aparece este valor son la derivación más directa de la construcción clásica reflexiva, que reforzaba su idea con un adjetivo o pronombre posesivo (Luis se ha roto una pierna). En todos estos casos el pronombre es equivalente al adjetivo posesivo correspondiente, o mejor, suple su ausencia.

Sobre esta clasificación se monta una cadena de frases con muy variados matices, que vienen marcados especialmente por la significación del verbo y por la voluntariedad del sujeto; pero todas ellas con ese carácter reflejo y de interés. Y desde ese punto de vista significativo, de la participación del sujeto en la acción del verbo, podemos entender.

a) Las de participación activa, en que el sujeto es ejecutor.

b) Las de participación pasiva, donde el sujeto es receptor de la acción o proceso en que se ve implicado.

2. Un segundo y gran grupo de estas construcciones son aquellas en que el pronombre funciona como complemento intrínseco. Es un paso más en esa gramaticalización.

Se trata del mismo reflexivo, cuya significación se va haciendo menos acusada ante las de los verbos acompañantes, o de las estabilización de una forma refleja, testigo del cambio semántico del sintagma verbal. La reflexión se atenúa de forma que el pronombre ya no es complemento directo ni indirecto, sino un mero signo que indica vagamente participación en la acción, aproximándose a una función instrumental, casi morfemática facultativa, de construcciones intransitivas.

Alonso Cortés define el intrínseco como “signo de una acción continuada e intensa que se produce dentro del sujeto o entrando en él”. En efecto, ese matiz de acción interna al sujeto, o cuando menos su relación con él, es lo básico en el intrínseco. Puede haber voluntariedad o no en la participación del agente, pero la acción no sale de él, y viene a ser una retracción del sujeto a su interior. En estas circunstancias es evidente que el valor reflexivo queda muy lejos, y que la doble significación que encierra éste, activa y pasiva, no se mantiene por igual. Podemos dividir los valores del intrínseco, al igual que hacíamos con el de interés, en dos grupos; uno, a) de frases en que el sujeto toma parte activa en la acción; y b) un segundo que significativamente encierra todos los casos en que el sujeto participa pasivamente de ella.

Estamos ante frases que conllevan solamente lo material de la forma refleja, las que Bello llama cuasi-reflexivas y que, como él mismo dice, “gramaticalmente parece que el sujeto obra en sí, pero es una imagen que inmediatamente desapare”.

Aún entendemos dentro del valor intrínseco los siguientes grupos de frases:

1) Reflejo interior, o propiamente intrínseco. Dentro de este apartado distinguimos, con Lenz, el interior físico y el interior psíquico, a los que añadimos el subgrupo de los verbos pronominales.

El interior físico se da con verbos cuya acción se realiza dentro del sujeto, por lo que corresponde a una situación intransitiva en construcción refleja y cuyo significado es distinto al del mismo verbo en otro tipo de frases. Recordemos la diferencia entre levantar a alguien y levantarse: el reflejo señala la resultante de un proceso corporal, mientras el transitivo indica una acción que se proyecta.

El reflejo interior psíquico nos indica la participación del sujeto en un estado anímico, con preferencia afectiva. Alegrarse de algo es una expresión de una idea intransitiva, experimentar alegría, mientras que alegrar a otro supone un hecho externo y transitivo, causar esa alegría.

Próximos a éstos, los verbos pronominales, con expresión pronominal obligatoria en el estado actual del idioma, como

antojarse, arrepentirse, atreverse, desvergonzarse, dignarse, dolerse, jactarse, quejarse, reírse, vanagloriarse

A pesar de esta forma, nunca les acompaña la idea reflexiva, sino que se refieren a procesos interiores, psíquicos, inmanentes.

II) Un segundo grupo de reflejos intrínsecos es el reflejo dinámico, en el que distinguimos las construcciones con verbos de movimiento y con los estativos. Agrupa una seria de frases reflejas en las que predomina, junto al sentido de participación, la idea de movimiento o su contraria:

Él volvió a casa > Él se volvió a casa (reflejo dinámico).

Luis quedó preocupado > Luis se quedó preocupado (reflejo estativo).

Es indudable que aquí no hay reflexión posible, y que el pronombre da únicamente los matices que ya hemos señalado.

III) Incluimos en un último grupo de reflejos intrínsecos, los llamados de aspecto inceptivo. En ellos lo predominante es el matiz incoativo o inceptivo de la expresión. El se denota en tales frases el comienzo de una acción, su progresión inicial, o la frase previa ingresiva: Ya no espero más; me voy

[Hernández Alonso, César: Sintaxis española. Valladolid, 21971, pp. 69-73]

Reflexividad

«La reflexividad supone la identificación de dos argumentos: el sujeto y el objeto directo

Juan defiende a Juan > Juan se defiende

o el sujeto y el objeto indirecto

Juan concede un premio a Juan > Juan se concede un premio,

por lo que en ambos casos se pierde un argumento en la estructura argumental. Para que la reflexividad pueda producirse, el verbo debe seleccionar al menos dos argumentos y estos deben ser correferentes. La reflexividad puede expresarse en español también a través de un procedimiento morfológico: la prefijación de auto- a una base verbal.

El prefijo auto- se añade a verbos reflexivos marcados con el pronombre se

autodestruirse

autoprotegerse

autoabastecerse,

de modo que, en estos casos, el prefijo no es más que una marca que refuerza el significado reflexivo del verbo. Esto explica que el prefijo excluya la extensión semántica del pronombre mediante el sintagma preposicional a sí mismo:

*Juan se autodestruye a sí mismo,

puesto que ambos realizan las mismas funciones de reforzamiento de la reflexividad. El prefijo auto- sirve además para forzar la lectura reflexiva en una construcción ambigua:

Los ingleses se denominan británicos

permite dos interpretaciones: una pasiva (“Los ingleses son llamados británicos”) y otra reflexiva (“Los ingleses se llaman a sí mismos británicos”). La prefijación con auto- sólo selecciona la segunda interpretación:

Los ingleses se autodenominan británicos.

Al igual que los verbos reflexivos, las formaciones con auto- presentan correferencialidad bien entre el sujeto y el objeto directo

El enfermo se automedica,

bien entre el sujeto y el objeto indirecto

El enfermo se autoinyecta la insulina.

No obstante, la prefijación de auto- es posible también, aunque no se dé la igualdad de referentes, cuando el objeto directo es una parte alienable del referente sujeto

La mujer se autoexplora {su/el} pecho.

En estas estructuras sintácticas, la correferencia se establece entre el sujeto y el posesivo o el artículo definido que acompaña al objeto directo.

En su condición de verbos reflexivos, los verbos seleccionados por auto- son verbos transitivos cuyo objeto es un agente

Juan se autoinvitó a la fiesta

o un instrumento capaz de realizar la acción

El generador se autoabastece de energía.

Esta especialización de auto- explica que no pueda aparecer en las construcciones medias, dado que tales estructuras sintácticas son intransitivas y, en consecuencia, no se da en ella la relación de reflexividad exigida por el prefijo. Así, un verbo como autocurarse es posible en una estructura transitiva

Yo me curo la herida > Yo me autocuro la herica,

pero no es aceptable en una estructura media

La herida se cura > *La herida se autocura. Del mismo modo, quedan excluidos de la prefijación con auto- ciertos verbos psicológicos que no se construyen con un sujeto agente (*autodivertirse, *autoaburrirse, *autoasustarse) y, en cambio, son aceptables los verbos psicológicos con sujeto agente (autocomplacerse, autoaceptarse).»

[Varela, Soledad / Martín García, Josefa: “La prefijación”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, § 76.5.5.4]

reflexivas – inacusativas - inergativas

«Una de las cuestiones que requieren respuesta es la de si las construcciones extrínsecamente reflexivas tienen que ser analizadas como intransitivas y, si la respuesta es afirmativa, si tienen que ser analizadas como inacusativas o inergativas. Son cláusulas inacusativas las que carecen de caso acusativo (el caso del objeto directo en las lenguas no ergativas como el latín o el castellano [§ 25]) y cláusulas inergativas o intransitivas puras las que carecen de objeto directo (el caso ‘inergativo’ es el caso del sujeto subyacente de por lo menos las cláusulas transitivas en las lenguas ergativas [§ 24.4]).

Una de las propuestas más prominentes entre las defendidas en los últimos veinte años analiza la reflexividad como una reducción en valencia o poliadicidad que convierte a un predicado transitivo en un predicado intransitivo, y para algunos estudiosos, inacusativo [§ 25.2.1.1]. La defensa quizá más rigurosamente argumentada de la tesis de que las construcciones reflexivas son inacusativas se debe a Sportiche (1990).

Bajo este análisis, una frase como

Juan se autovendó

es una frase sintácticamente intransitiva, lo cual tiene cierto sentido. Lo que no parece tener tanto sentido es que sea inacusativa, y si

Juan se autovendó

no es una frase inacusativa, no es inmediatamente obvio que

Juan se vendó (a sí mismo)

lo sea. El contraste siguiente proyecta luz sobre las dos cuestiones:

(a) Juan se cortó el dedo.

(b) Juan se cortó el dedo a sí mismo.

(c) Juan se autocortó el dedo.

La secuencia (a) es susceptible de dos interpretaciones: en una Juan se corta intencionadamente (es un agente), en la otra, accidentalmente. Por otra parte, las dos frases que le siguen son ambiguas: Juan es el agente en los dos casos. Si Juan no puede ser menos de ser el sujeto en (b) y (c), ya que la posición del objeto directo está ocupada por el dedo, parece lógico concluir que al menos cuando la frase reflexiva es un objeto indirecto la tesis de la inacusatividad no es defendible. Por lo demás, la comparación de las dos cláusulas (b) y (c) sugiere que auto- tiene bastante de equivalente no sintáctico de sí mismo. En cuanto a autocortar, evidentemente en (c) es un verbo no menos transitivo que cortar en (b).

En términos generales, una de las conclusiones con la que todos los estudios de las relaciones temáticas parecen estar de acuerdo es que una frase con papel de agente ocupa por derecho propio una posición prominente en la frase, si no la prominente. El contraste entre los ejemplos que acabamos de examinar y una frase a la que sin duda no corresponde el papel de agente es completo: tenemos

La taza se rompió,

pero no

El dedo se autocortó.

Comparar:

Juan rompió la taza,

Juan se autocortó el dedo.

Tiene, pues, sentido decir que

La taza se rompió

es una frase inacusativa, pero no parece tener el mismo sentido decir que

Juan se vendó

lo es. [...]

De manera que es razonable concluir, como en la tradición, que

Juan se vendó (a sí mismo)

es una frase transitiva análoga a

La enfermera vendó a Juan.»

[Peregrín Otero, Carlos: “Pronombres reflexivos y recíprocos”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, § 23.3.2.1, p. 1464]

«Hay construcciones aparentemente reflexivas que no admiten elementos pronominales no clíticos. Estas construcciones con verbos ‘inherentemente reflexivos’ o ‘pronominales’, es decir, con formas verbales acompañadas siempre de un clítico como requisito léxico, son el tema de esta subapartado.

La propiedad definitoria de la reflexividad desde el punto de vista sintáctico es que el argumento reflexivo puede ser ligado por un antecedente local. Como las construcciones con verbos como suicidarse o referirse

Blas se suicidó,

Blas se resfrió

contienen un verbo sintácticamente intransitivo se caracterizan pues por carecer de argumento reflexivo; es evidente que, por lo tanto, no pueden ser reflexivas en sentido sintáctico. De ahí que la reflexividad implícita en la significación de estas construcciones con verbos inherentemente reflexivos deba calificarse de ‘intrínseca’, en oposición a la reflexividad ‘extrínseca’, o de naturaleza puramente sintáctica. Más precisamente, estos verbos son reflexivos, no en el sentido de que un antecedente liga a un pronombre reflexivo, sino en el de que su único argumento es como portador de dos papeles temáticos o semánticos distintos, de modo que una sola frase nominal, Blas en nuestro ejemplo, es entendida a la vez como sujeto agente (x) y como objeto paciente (y), con lo que, invariablemente, agente = paciente (x = y).

Esta diferencia fundamental entre una construcción sintácticamente reflexiva (con o [se (...sí)]) y una construcción de verbo inherentemente reflexivo permite usar la frase a sí mism- como diagnóstico para discriminar fácilmente (al menos en algunos casos) entre los dos tipos de construcción, como podemos ver en los ejemplos:

El capataz contuvo su furia.

El capataz se contuvo con dificultad (*a sí mismo).

El capataz no tardó en manifestar su impaciencia.

Su impaciencia no tardó en manifestarse visiblemente (*a sí misma).

En

Juan puede elogiarse (a sí mismo). [se no inherente]

Juan puede resfriarse (*a sí mismo). [se inherente]

Juan puede suicidarse (*a sí mismo). [se inherente]

tenemos ejemplos de se reflexivo no inherente e inherente. [...]

No es una idea nueva que la reflexividad inherente y la inacusatividad son perfectamente compatibles; después de todo existen muchas parejas como atascar y atascarse

Atascaron la tubería

frente a

La tubería se atascó.

No tiene, pues, nada de sorprendente que algunos verbos inherentemente reflexivos hayan sido analizados como verbos causativos inherentemente reflexivos. En algunos casos la relación es clara y explícita, como en

El submarino hundió el acorazado.

El acorazado fue hundido (por el submarino).

El acorazado se hundió (por sí mismo).

En otros casos la relación es menos obvia, como en

Mataron al soldado.

El soldado fue matado en la batalla.

El soldado fue muerto en la batalla.

El soldado (se) murió (por sí mismo).

El análisis de un reflexivo inherente como inacusativo implica que el factor causante de la acción en un verbo puede ser de dos tipos: en uno de ellos entendemos que el evento es efectuado por el causante

El submarino hundió el acorazado

y en la alternativa

El acorazado fue hundido (por el submarino),

donde el submarino causa el evento del hundimiento del acorazado.

En el otro entendemos que lo que causa evento es un cierto estado del acorazado

El acorazado se hundió (por sí mismo).

Paralelamente, en

Mataron al soldado,

El soldado fue matado en la batalla,.

El soldado fue muerto en la batalla,

alguien causa la muerte del soldado, mientras que en

El soldado se murió (por sí mismo),

El soldado murió,

un cierto estado del soldado conduce a su (propia) muerte, tanto en la expresión con se como en la expresión sin se. [...]

Conviene tener bien presente, sin embargo, que la pareja transitiva de un verbo inacusativo permite construir genuinamente transitivas, distintas de las cláusulas inacusativas, compatibles con por sí mism-. Obsérvese que la aserción

El acorazado no se hundió a sí mismo (siguiendo las instrucciones de su programa informático, para no caer en manos del enemigo), sino que se hundió por sí mismo, sin poder evitarlo no es contradictoria.»

[Peregrín Otero, Carlos: “Pronombres reflexivos y recíprocos”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, § 23.3.2.2]

«Podemos presentar las seis clases de construcciones juntas, indicando esquemáticamente y sin demasiado rigor sus propiedades cruciales:

(a) El submarino se hundió (por sí mismo).

(se-REFLEXIVO INTRÍNSECO)

(b) El submarino se hundió [-] (a sí mismo).

(se-REFLEXIVO EXTRÍNSECO)

(c) El submarino se hundió dos acorazados enemigos.

(se-ASPECTUAL)

(d) El submarino se hunde [-] fácilmente.

(se-MEDIO)

(e) El submarino se hundió.

(se-PASIVO)

(f) [INDEF] se hundió el submarino.

(se-INDEFINIDO)

La construcción (a) con se-inherentemente reflexivo es la única construcción en la que la presencia del clítico se debe a una operación léxica y la única que carece de un objeto directo sintáctico subyacente (expreso o sobrentendido)m de ahí que el por entre paréntesis pueda ser reemplazado por a; además, cuando es inacusativa, como en este caso, carece de un controlador en potencia, expreso o implícito, para una frase de infinitivo (no se podría completar diciendo para poner a salvo el honor de la tripulación). [...]

Cualquiera de las seis construcciones puede ser difícil de distinguir de cualquiera de las otras en ciertos contextos, no sólo al ritmo del habla, sino también bajo un examen relativamente demorado, a pesar de las radicales diferencias subyacentes que median entre ellas, a menudo no fáciles de aprehender sobre la base de sus formas superficiales.»

[Peregrín Otero, Carlos: “Pronombres reflexivos y recíprocos”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, § 23.3.2.3]

Construcciones inacusativas y reflexivas

«La significación que a menudo se atribuye a las construcciones inacusativas de la alternancia causativa: expresan algo que sucede de forma espontánea, sin la intervención de una causa externa. Sin embargo, hay autores que defienden que en oraciones como

La puerta se abrió,

El barco se hundió,

no se predica únicamente un evento resultativo que afecta al objeto nocional o tema, sino que la puerta y el barco son a la vez tema [paciente] y causa del evento que expresa el predicado. De acuerdo con esta interpretación, estas construcciones inacusativas se asemejarían en gran parte  las construcciones reflexivas como

Juan se odia,

María se plagió,

en cuanto a su significado, además de compartir con ellas características morfosintácticas: ambos tipos de oraciones se construyen con el pronombre clítico se (y sus correspondientes de 1a y 2a persona que se manifiestan sobre todo en las reflexivas). Si en las inacusativas el sujeto se interpreta como causa y tema [paciente], en las reflexivas también parecen los sujetos tener una doble función semántica: Juan como experimentante y tema y María como agente y tema, en las oraciones recién mencionadas.

Hay, sin embargo, importantes diferencias de significación entre ambos tipos de oraciones que se manifiestan en el tipo de sintagmas adjuntos con los que se combinan: las construcciones inacusativas aparecen con adjuntos del tipo por sí solo/a, mientras que las construcciones reflexivas toman típicamente adjutos del tipo a sí mismo/a. En los ejemplos

La puerta se abrió {por sí sola/*a sí misma}

El barco se hundió {por sí solo/*a sí mismo}

Juan se odia {a sí mismo/*por sí solo}

María se plagió {a sí misma/*por sí sola}

se muestra que estos adjuntos no son intercambiables.

En las oraciones reflexivas el factor causativo se entiende como una acción que lleva a cabo un agente (o un experimentante) sobre sí mismo; se trata de una causatividad ‘dinámica’. Por el contrario, en las oraciones inacusativas el factor causativo se entiende como una propiedad o estado del sujeto sintáctico; se trata de una causatividad ‘estativa’, que es incompatible con la existencia de un agente, es decir, el factor causativo no aparece identificado con una entidad que lleve a cabo una acción sino que es una propiedad o estado del elemento que, a su vez, sufre la acción que denota el verbo. El adjunto por sí solo/a indica que el sujeto sintáctico se debe interpretar como el único causante (estativo) del evento que denota el predicado. De acuerdo con esta explicación, en las oraciones inacusativas que participan en la alternancia causativa se expresa tanto el subevento causativo (estativo) como el subevento resultativo, con el sujeto sintáctico como tema y causa a la vez.

Es importante subrayar la necesidad de establecer una diferencia entre lo que son los eventos en el mundo real y la forma en la que aparecen codificados en la lengua. En el mundo real, la apertura de una puerta o el hundimiento de un barco son hechos que no suceden de forma espontánea sino que casi siempre se les puede atribuir una causa externa: el viento, una ola, etc. En la lengua, sin embargo, es posible olvidar la existencia de esa causa externa utilizando una construcción inacusativa en la que aparecen identificados el factor causativo y el elemento que sufre la acción que denota el predicado. Esta posibilidad se da sólo para ciertos verbos causativos: aquellos en los que el subevento causativo aparece sin especificar.»

[Mendikoetxea, Amaya: “Construcciones inacusativas y pasivas”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, § 25.2.1.1, p. 1592-1593]

«Las nociones de 'estado' y 'evento' se refieren a la clasificación aspectual o Aktionsart de los verbos. Se distinguen tres tipos de eventualidades, siguiendo el análisis de Vendler (1967):

a)  eventos estativos o estados: saber, amar, ser inteligente,

b)  actividades o procesos que, siendo dinámicos, no hacen referencia al punto final de la eventualidad: reír, llorar, nadar, y

c)   actuaciones o transiciones (que, a su vez, se dividen en logros y realizaciones) también denominadas en sentido genérico 'eventos', que expresan el cumplimiento o finalización de la eventualidad: llegar, morir, florecer, pintar, construir, romper.

No existe una relación directa entre la pertenencia de un verbo a una de las tres clases aspectuales y su clasificación como transitivo o intransitivo. Así, aunque muchos de los verbos transitivos denotan eventos en sentido genérico, también los verbos transitivos denotan estados y entre los eventos encontramos verbos típicamente intransitivos como llegar, morir y florecer. Entre los verbos que denotan actividades o procesos se encuentran principalmente los verbos intransitivos. Sin embargo, hay verbos transitivos que dependiendo de la determinación de su objeto se clasifican bien como actividades (comer pizza, construir casas), bien como eventos o actuaciones (comer(se) una pizza, construir la casa). Una vez distinguidas dos clases de verbos intransitivos (inacusativos e inergativos) es posible establecer una relación más directa entre significado aspectual y clase verbal.» 

[Mendikoetxea, Amaya: “Construcciones inacusativas y pasivas”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, § 25.1.1.1, p. 1578]

«Oración reflexiva:

Las ‘oraciones reflexivas’ canónicas, las que comúnmente se describen como ejemplares típicos de la clase, son oraciones integradas por un verbo transitivo, en las que, bien mediante formas específicas en el objeto, bien mediante afijos en el predicado, se expresa que el agente o experimentador representado por el sujeto de la oración y el paciente o el receptor del evento denotado por el verbo son una misma entidad, que ambos papeles los asume, pongamos por caso, una misma persona.

En español, las ‘oraciones reflexivas’ canónicas son construcciones pronominales del tipo de las siguientes:

Julián sólo se quiere a sí mismo.

Felipe se felicita por el éxito obtenido.

Yo siempre me peino antes de salir. [...]

Aunque estas construcciones pronominales constituyen el tipo canónico de ‘oración reflexiva’ en español, tal denominación se hace también extensiva a oraciones como las siguientes:

Ana ya no confía en sí misma.

Yo ya estoy harta de mí misma.

No son, evidentemente, construcciones similares a las anteriores, en las que la reflexividad venía expresada por medio del clítico, pero también en ellas las formas pronominales tónicas, con el refuerzo de mismo (sí mismo, mí misma) determinan un sentido reflexivo: es una misma entidad humana (“Juan”, “Ana”, “Yo”) la que asume los dos papeles, las dos funciones semánticas implicadas en la predicación.»

[Alcaraz Varó, Enrique / Martínez Linares, María Antonia: Diccionario de lingüística moderna. Barcelona: Editorial Ariel, 1997, p. 410-4711]

«Construcción pronominal:

Con la denominación ‘construcción pronominal’ se alude, generalmente, a oraciones como las que se incluyen en los siguientes enunciados:

Yo no me arrepiento de nada.

Las modelos se maquillan cuidadosamente.

Las flores se han marchitado.

Tú te asustas enseguida.

Se vive muy bien aquí.

El rasgo sintáctico que comparten todas ellas, el que justifica el hecho de que se denominen ‘construcciones pronominales’, consiste en la presencia, junto al verbo, de una forma pronominal átona (me, te, se), un clítico de carácter reflejo que, como tal, concuerda en los rasgos de persona con el sujeto, en caso de que éste se halle presente en el esquema oracional:

Tú te asustas,

Yo no me arrepiento,

y adopta la forma específicamente refleja se cuando el clítico que requiere la construcción es el correspondiente a la tercera persona:

Las flores se han marchitado,

Las modelos se maquillan cuidadosamente,

Se vive muy bien aquí.

Aunque coinciden en ese rasgo común, las ‘construcciones pronominales’ constituyen, no obstante, un conjunto heterogéneo de esquemas oracionales en el que habitualmente se diferencian varias clases. Cf. oración reflexiva, media, pasivo-refleja, impersonal refleja, verbo pronominal.»

[Alcaraz Varó, Enrique / Martínez Linares, María Antonia: Diccionario de lingüística moderna. Barcelona: Editorial Ariel, 1997, p. 143]

«Oración pasivo-refleja:

Con esta denominación se identifica a una de las clases de oraciones habitualmente diferenciadas en el conjunto de las construcciones pronominales. Pertenecen a la clase de las ‘oraciones pasivo-reflejas’, por ejemplo, las siguientes:

Se han escrito varios libros sobre ese escándalo,

Esta semana se han debatido las dos enmiendas.

Al margen de la utilización de la forma átona se, común a las construcciones pronominales, de la que proviene su calificación como ‘reflejas’. [...] Están construidas con verbos básicamente transitivos. [...] El tema o paciente pasa a realizarse sintácticamente como sujeto: es el sintagma nominal concordante con el verbo.»

[Alcaraz Varó, Enrique / Martínez Linares, María Antonia: Diccionario de lingüística moderna. Barcelona: Editorial Ariel, 1997, p. 143]

«Oración media:

(1) Se dice que una oración es ‘media’ o está en voz ‘media’ cuando, con respecto a la construcción activa, el verbo ha perdido un argumento, el correspondiente a la causa u originador del proceso, y se destaca como sujeto la entidad afectada por ese proceso. Pueden considerarse medias, según este sentido del término, las oraciones

María se ha emocionado,

La rama se ha partido.

Los verbos emocionar, partir, en las oraciones activas

La música emocionó a María,

El viento partió la rama,

implican argumentos: la causa o el agente, que aparece como sujeto (la música, el viento) y la entidad afectada, representada por el objeto directo (a María, la rama). En la construcción ‘media’, por el contrario, hay una sola función sintáctica, el sujeto (María, la rama), que, desde el punto de vista semántico, es la entidad afectada por el proceso denotado por el verbo. No se presupone la existencia de una causa o un agente externo como originador de ese proceso. Simplemente se indica que ‘al sujeto le ocurre algo’.

(2) Se dice que un verbo está en voz ‘media’ cuando presenta una forma reflexiva, distinta de la activa, que indica que la oración es ‘media’ en el sentido anterior. Según ejemplo tomado de García Miguel (1995b), en griego phaino (mostrar) es una forma correspondiente a la voz activa, en tanto que phaínomai (mostrarse) es la que forma ‘media’, la que adopta el verbo en una oración de sentido medio.»

[Alcaraz Varó, Enrique / Martínez Linares, María Antonia: Diccionario de lingüística moderna. Barcelona: Editorial Ariel, 1997, p. 601]

«Oración impersonal refleja:

Una de las clases de oraciones habitualmente diferenciadas, tanto en el conjunto de las construcciones pronominales como en el de las genéricamente llamadas oraciones impersonales. Son ‘impersonales reflejas’, por ejemplo, las oraciones siguientes

Se ha condenado a un inocente,

Se habló bastante del libro durante la cena.

Coinciden con el resto de las construcciones pronominales en el empleo de la forma átona se, rasgo del que proviene su calificación como ‘reflejas’. [...]

En contraste con las oraciones pasivas reflejas, con las que coinciden en esa interpretación indefinida o genérica del agente o experimentador, ningún otro argumento pasa a realizarse como sujeto, como sintagma nominal concordante con el verbo: en

Se ha condenado a dos inocentes,

“dos inocentes” sigue siendo el objeto directo. Son pues oraciones sin sujeto. De ahí su calificación como ‘impersonales’.»

[Alcaraz Varó, Enrique / Martínez Linares, María Antonia: Diccionario de lingüística moderna. Barcelona: Editorial Ariel, 1997, p. 405-406]

«Reflexivo. F. Réflechi

1. Verbo reflexivo o reflejo. Es aquel cuya acción vuelve a recaer sobre el mismo sujeto que la produce: yo me peino. Existen verbos reflexivos por naturaleza (propios los llama la GRAE), como arrepentirse, atreverse, y otros accidentalmente reflexivos, como lavarse, cuidarse.

2. Pronombre reflexivo. Es el pronombre que reproduce como complemento directo o indirecto a la persona que ejerce de sujeto de un verbo reflexivo: me, te y se, respectivamente, en yo me alegro, tú te lavas, él se cuida.

3. Oración reflexiva. Es aquella cuyo verbo es reflexivo. Es directa cuando el pronombre reflexivo hace el oficio de complemento directo: tú te lavas; indirecta, cuando dicho pronombre ejerce la función de complemento indirecto: tú te lavas las manos.»

[Lázaro Carreter, F.: Diccionario de términos filológicos. Madrid: Gredos, 1968, p. 347]

«Cuasi-refleja

Así llama A. Bello a la oración “en que la reflexividad no pasa de lo material de la forma, ni ofrece al espíritu más que una sombra débil y oscura”: Yo me alegro, tú te irritas, ella se enfada. Incluye en la construcción cuasi-refleja la pasiva refleja. Vid. Verbos pronominales

[Lázaro Carreter, F.: Diccionario de términos filológicos. Madrid: Gredos, 1968, p. 123-124]

«En las oraciones de verbo reflexivo, el sujeto es a la vez agente y paciente. En la oración Yo me lavo, el pronombre me es complemento directo del verbo lavo. En Yo me lavo las manos, el complemento directo es las manos, y me es complemento indirecto. Por esto las oraciones de verbo reflexivo suelen llamarse directas o indirectas según que el pronombre átono ejerza en ellas la función de uno u otro complemento: Luisa se ha peinado, es reflexiva directa. Luisa se ha puesto un sombrero, es indirecta.

Los ejemplos anteriores representan el tipo reflexivo puro o primario, porque la acción vuelve de un modo u otro sobre el sujeto que la realiza. Pero con los verbos causativos el sujeto no es propiamente agente, sino que interviene o influye en la acción que otro ejecuta: Tú te haces un traje; Me construí una casa, indican únicamente que el sujeto encarga, ordena o costea la acción, sin que él la realice por sí mismo.

De un modo análogo la reflexión del acto puede atenuarse de tal manera que los pronombres no sean ya complemento directo o indirecto, sino que indiquen, con más o menos vaguedad, una participación, relación o interés en la acción producida.

Las gradaciones que atenúan y aun llegan a borrar el carácter reflexivo primario del pronombre son muy numerosas y frecuentes. Van desde los llamados dativos éticos y de interés (Ella se tomó el café; Se le hundió el mundo; No te me vayas), hasta las expresiones con verbos intransitivos, que se llaman seudorreflejas por sentirse ya muy distantes del significado propiamente dicho, como: Me voy; Nos estamos en casa; Mi vecino se ha muerto; Me salí del despacho. En estos ejemplos, el leve matiz de percepción o participación, que el pronombre denota, distingue con claridad estas oraciones de las activas o de estado que se obtendrían suprimiendo el pronombre: Voy; Estamos en casa; Mi vecino ha muerto; Salí del despacho.

En ciertos casos se llega a tal distancia del sentido reflexivo, que para dar a entender que el agua sale de la bañera o la lluvia atraviesa el tejado, decimos que La bañera se sale o El tejado se llueve.

Hay verbos que actualmente no admiten más formas de expresión que la pronominal. Tales son arrepentirse, atreverse, quejarse, jactarse.

El Diccionario de la Real Academia Española califica como pronominal a todo verbo o acepción que se construya en todas sus formas con pronombres reflexivos. “Hay verbos exclusivamente pronominales, como arrepentirse. Otros adoptan determinados matices significativos o expresivos en las formas reflexivas: caerse, morirse, frente a las formas no reflexivas: caer, morir”. La calificación de reflexivos, que el mismo Diccionario aplicaba antes uniformemente a estos verbos, no era propia para todos estos matices significativos o expresivos. En cambio, la de pronominal, aunque atiende únicamente a la forma, abarca los significados reflexivos y los que no lo son.

En el habla corriente y popular existe fuerte tendencia a construir como pronominales muchos verbos, transitivos e intransitivos, que no suelen usarse así en el habla culta y literaria: Ya se murió, frente a Ya murió. En los novelistas hispanoamericanos hallamos abundantes ejemplos que reproducen el lenguaje coloquialn de los medios populares: Enseguida se regresó a la Casa Grande (R. Gallegos, Pobre negro: El Santo más allá del límite); ¿Y si nos juyéramos de aquí? )F. L. Urquizo, Tropa vieja: Los montados; Veo a su hija en peligro, y solo se me ocurre gritarle que no se robe las nueces (J. Lezama Lima, Paradiso, cap. III).»

[RAE: Esbozo de una nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa-Calpe, 1977, § 3.5.4]

«La reflexividad supone la identificación de dos argumentos: el sujeto y el objeto directo (Juan defiende a Juan > Juan se defiende) o el sujeto y el objeto indirecto (Juan concede un premio a Juan > Juan se concede un premio). Para que la reflexividad pueda producirse, el verbo debe seleccionar al menos dos argumentos y estos deben ser correferentes. La reflexividad puede expresarse en español también a través de un procedimiento morfológico: la prefijación auto- a una base verbal. El prefijo auto- se añade a verbos reflexivos marcados con el pronombre se (autodestruirse, autoprotegerse, autoabastecerse), de modo que, en estos casos, el prefijo no es más que una marca que refuerza el significado reflexivo del verbo.»

[Varela, Soledad: “La prefijación”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, § 76.5.5.4]

«Verbo transitivo

Es aquel cuya acción pasa a una persona o cosa distinta del sujeto que la ejecuta.

Da lugar a oraciones transitivas, que son aquellas cuyo verbo transitivo lleva complemento directo.

Los verbos transitivos necesitan un objeto directo para completar su significado. (Los intransitivos no lo necesitan.)

Los verbos transitivos pueden usarse en forma reflexiva y en forma recíproca

[Alonso Marcos, Antonio: Glosario de la terminología gramatical. Unificada por el Ministerio de Educación y Ciencia. Madrid: Editorial Magisterio, 1986, § 153]

«Los términos como reflexivos y recíprocos según expresan acción que se cumple en el mismo sujeto que la ejecuta o acción que se intercambia entre los varios agentes que constituyen el sujeto, se han considerado rasgos irrelevantes para una clasificación del verbo por su significado y parcialmente interesantes para la descripción de construcciones de un mismo verbo.»

[Alcina Franch, J. / Blecua, J. M.: Gramática española. Barcelona: Ariel, 1975, § 5.5]

Guillermo Rojo: Breve historia de las Gramáticas de 1771 y 1796

«Dado lo que sabemos acerca del largo período de gestación de la obra y la existencia de un gran número de disertaciones de orientación diversa, la primera hipótesis que surge es, naturalmente, la de considerar que no se da nombre a esa parte precisamente para evitar tomar decisiones en un tema con respecto al cual probablemente había divisiones entre los académicos, línea en la que parece moverse Sarmiento (1984: 48-49). Sin embargo, en los casos de conflicto, conceptual o simplemente terminológico, el texto académico tiende habitualmente a extenderse en la exposición del problema y la justificación de la solución adoptada, como sucede con el número de partes de la oración, aludido en el prólogo, o en lo que puede verse acerca de los verbos llamados reflexivos o recíprocos:

Tras señalar que "el verbo se divide en activo, neutro, y recíproco", el texto de 1771 se introduce en una interesante discusión acerca de las implicaciones del uso de cada término en la que, salvo en la solución final, muestra una postura muy acorde con lo que podríamos decir en la actualidad: "Recíprocos, o reflexivos llaman á los verbos, cuya significación no solo no pasa á otra cosa, sino que retrocede por medio de algún pronombre personal, a la que da acción o movimiento al verbo, como: amañarse, arrepentirse, abroquelarse [...]. Estos verbos que nunca se usan sin pronombres personales, no debieran llamarse recíprocos, ni reflexivos, sino pronominales. Recíprocos serían los que por sí solos expresasen la acción reciproca entre dos, ó mas personas, como si en esta oración: ámanse los hombres, se pudiese entender sin ambigüedad de sentido, que los hombres se aman unos á otros [...]. Reflexivos serían aquellos verbos que significasen la acción de dos agentes, de los cuales el uno fuese solamente móvil de ella, y el otro la recibiese, y al punto la rechazase, ó despidiese de sí [...]. No siendo, pues, estos verbos ni recíprocos, ni reflexivos, debiera aplicárseles otra denominación, y ninguna les convendría mas que la de pronominales, porque no pueden usarse sin pronombres.

No obstante estas razones ha prevalecido el uso de llamarlos recíprocos; y entendido así no hay inconveniente en usar de esta denominación, pues por verbos recíprocos entenderemos lo mismo que por verbos pronominales" (GRAE-1771: 58-61).»

[Guillermo Rojo: "El lugar de la Sintaxis en las primeras Gramáticas de la Academia", en: RAE – Publicaciones – Discursos de ingreso]

«Cuando el pronombre personal átono desempeña función de objeto directo o indirecto, con valor reflexivo, no debe hablarse de verbo pronominal:

Juan se lavó.

Juan se puso el abrigo.

En estos casos se trata de los verbos lavar y poner y no de lavarse y ponerse, pues los pronombres correspondiente actúan como objeto directo en el primer caso y objeto indirecto en el segundo. Funcionalmente son estructuras equivalentes a las de

Juan lavó a Juan.

Juan puso el abrigo a Juan

[Gómez Torrego, L.: Manual de español correcto. 2 vols. Madrid: Arco/Libros, 1991, pp. 89-90]

«Pronombre reflexivo

Pronombre de objeto directo o indirecto que se refieren a otro sintagma de la oración, generalmente el sujeto, y reproduce sus rasgos de género, número y persona:

Juan se quiere a sí mismo.

Oración reflexiva

Oración que contiene un verbo con un pronombre reflexivo:

Juan se lavó (las manos)

[Eguren, Luis / Fernández Soriano, Olga: La terminología gramatical. Madrid: Gredos, 2006, p. 92 y 86]

«reflexivo -va. Se dice de la oración que expresa una acción que recae sobre la misma entidad designada por el sujeto: Ayer me lavé el pelo; El culpable se suicidó. Son reflexivos o tienen valor reflexivo los elementos lingüísticos que aportan este sentido a la oración, como los pronombres personales que, funcionando como complementos del verbo, tienen como antecedente al sujeto de la oración (pronombre, 7): Se lavó las manos antes de comer; Me sumergí en el río; Piensas demasiado en ti mismo.»

[Real Academia Española: Diccionario Panhispánico de Dudas. Madrid: Santillana, 2005, p. 769]

«Algunos gramáticos tradicionales añadían al paradigma de los tipos de oraciones que se distinguen en función de la naturaleza del predicado las oraciones REFLEXIVAS. No obstante, estas oraciones pueden ser

transitivas

Se cuida a sí mismo,

intransitivas

Solo confía en sí mismo

y copulativas

Siempre es igual a sí mismo,

en lo que coinciden con las recíprocas.

Así pues, no constituyen una clase distinta, sino clasificaciones cruzadas de los tipos anteriores [transitivas, intransitivas y copulativas]. En general, predomina en la actualidad la opinión de que las propiedades específicas de algunos componentes de las oraciones no determinan necesariamente TIPOS ORACIONALES: la presencia de una negación, la ausencia de un sujeto léxico o la de un complemento directo, la relación entre un pronombre y su antecedente, la presencia de un cuantificador comparativo, etc., son sin duda rasgos sintácticos relevantes, y deben analizarse de manera exhaustiva en relación con los demás componentes de esas estructuras. Sin embargo, no constituyen características gramaticales que hayan de definir de manera obligatoria un PARADIGMA ORACIONAL.»

[RAE: Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2009, § 1.13.k]

«Los pronombres recíprocos pueden considerarse un subgrupo de los reflexivos (y, por tanto, de los personales), pero su significado es más complejo. En efecto, la oración reflexiva Ella se cuida designa una situación en que la persona que cuida es a la vez la persona cuidada.»

[RAE: Nueva gramática de la lengua española. Manual. Madrid: Espasa Libros, 2010, § 16.2.3a]

«El español deja a menudo abierta la elección entre la interpretación media y la reflexiva de muchas oraciones construidas con verbos pronominales. La elección entre una y otra es relevante, pero ha de hacerse a partir del contexto o la situación.

Es clásica en la gramática tradicional española la polémica acerca de si Me lavo (frente a Me lavo a mí mismo) debe analizarse como oración intransitiva, de forma que me sería la marca del verbo pronominal lavarse, o bien como transitiva y, en tal caso, me constituiría el complemento directo reflexivo del verbo lavar. El hecho de que varios verbos que designan acciones relativas al aseo personal se usaran como deponentes en la voz pasiva latina (lavāri ‘lavarse’, tondēri ‘rasurarse’, vestīre ‘vestirse’) da a entender que se concebían como procesos que afectan al que los realiza, más que como acciones que lleva a cabo sobre sí mismo. Este es uno de los argumento que se han presentado para defender la primera opción y por tanto para defender su carácter intransitivo. Otros autores no comporten este punto de vista y entienden que –fuera cual fuera la situación en latín– en el español actual Me lavo es una oración transitiva en la que el pronombre me designa el complemento directo. De este modo, se distinguen claramente en castellano el uso pronominal del verbo llamar (Así es como me llamo) y el transitivo (Se llama a sí mismo Campeón). Como en otros muchos casos, el primer uso alterna en la lengua clásica con la pasiva de participio (Así es como soy llamado).»

[RAE: Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2009, § 41.13.g]

«Las funciones sintácticas adscritas a cada verbo permiten distinguir entre los TRANSITIVOS (preparar), los INTRANSITIVOS (bostezar) y los COPULATIVOS (ser). Pueden ser, a su vez, PRONOMINALES muchos del segundo grupo (enamorarse) y algunos del primero (creerse una historia). Unos pocos verbos intransitivos son o no pronominales en función de factores geográficos (enfermarse ~ enfermar).

Teniendo en cuenta su naturaleza nuclear o subsidiaria respecto de otra categoría, se distingue entre los VERBOS PLENOS y los AUXILIARES, estos últimos divididos a su vez en varios grupos, según el tipo de perífrasis a que den lugar.

Las clases semánticas de verbos se agrupan en dos grandes bloques: clases aspectuales y clases nocionales. Las CLASES ASPECTUALES de verbos se llaman también CLASES EVENTIVAS porque se establecen en función de los tipos de eventos o sucesos (acciones, estados o procesos) que designan. Así pues, tales agrupaciones, que tienen numerosas consecuencias sintácticas, se establecen a partir del modo de acción de los verbos o de los predicados verbales. Se distinguen asimismo varias CLASES NOCIONALES de verbos. Estas clases agrupan los predicados verbales de acuerdo con numerosos criterios semánticos: verbos de percepción, de voluntad, de pensamiento, de movimiento, de lengua, de reacción afectiva, etc.»

[RAE: Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2009, § 1.9k]

«Es habitual en la tradición extender a las oraciones ciertas propiedades sintácticas del verbo con el que se construyen. De acuerdo con este criterio clásico, que se acepta aquí, las oraciones suelen dividirse en TRANSITIVAS (Los pájaros sobrevuelan los campos), INTRANSITIVAS (Su segundo hijo nació ayer) y COPULATIVAS (El día está fresco).

Las primeras se forman con verbos transitivos; las segundas, con intransitivos, y las terceras, con verbos copulativos. Algunos gramáticos entienden que es posible reducir las copulativas a las intransitivas, puesto que los verbos copulativos no tienen complemento directo. Se añaden a veces otras clases a este paradigma, pero suele aceptarse que esos nuevos grupos establecen en realidad subdivisiones de los anteriores, o bien que introducen clases formadas con criterios que se cruzan con los señalados. Así, las oraciones PASIVAS (El escándalo fue difundido por la prensa) se pueden asimilar a las intransitivas y, en parte –piensan algunos gramáticos–, también a las copulativas. Es importante resaltar que el análisis de los tipos de oraciones en función de la naturaleza del predicado se convierte a menudo en el estudio del predicado mismo. Así, los verbos que se construyen con complementos de régimen pueden ser intransitivos (Confío en ti) o transitivos (Te invito a cenar). La necesaria distinción entre unos y otros no afecta a la clasificación oracional, pero es pertinente para el análisis de las clases de predicados verbales que se distinguen en español.

Algunos gramáticos tradicionales añadían al paradigma de los tipos de oraciones que se distinguen en función de la naturaleza del predicado las oraciones REFLEXIVAS. No obstante, estas oraciones pueden ser transitivas (Se cuida a sí mismo), intransitivas (Solo confía en sí mismo) y copulativas (Siempre es igual a sí mismo), en lo que coinciden con las recíprocas. Así pues, no constituyen una clase distinta, sino clasificaciones cruzadas de los tipos anteriores.

En general, predomina en la actualidad la opinión de que las propiedades específicas de algunos componentes de las oraciones no determinan necesariamente TIPOS ORACIONALES: la presencia de una negación, la ausencia de un sujeto léxico o la de un complemento directo, la relación entre un pronombre y su antecedente, la presencia de un cuantificador comparativo, etc., no son sin duda rasgos sintácticos relevantes, y deben analizarse de manera exhaustiva en relación con los demás componentes de esas estructuras. Sin embargo, no constituyen características gramaticales que hayan de definir de manera obligatoria un PARADIGMA ORACIONAL.»

[RAE: Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2009, § 1.13j-k]

VERBOS CON VALOR REFLEXIVO y VERBOS PRONOMINALES - Resumen

Ya las Gramáticas de la RAE de 1771 y 1796 proponían llamar pronominales a los verbos que se conjugan con los pronombres personales átonos (clíticos) sin que el sujeto y el complemento directo sean referentes (reflexivos): «Los verbos que nunca se usan sin pronombres personales, no debieran llamarse recíprocos, ni reflexivos, sino pronominales

Desde la publicación de la Gramática de la lengua castellana (1847) de Andrés Bello se habla de verbos reflexivos y cuasireflexivos o pseudoreflexivos. Andrés Bello introdujo el término de construcción cuasi-refleja para hacer referencia a las oraciones que, si bien no tienen un sentido inequívocamente reflexivo, se asemejan a las oraciones reflexivas. El término abarca, a todas las construcciones pronominales de carácter no reflexivo: medias o anticausativas (La pobre mujer se emocionó al recibir el ramo), pasivo-reflejas (Se registraron todas las habitaciones), impersonales-reflejas (Se come muy bien en este restaurante), así como oraciones constituidas por un verbo inherentemente pronominal (Este chico se queja de todo).

La Gramática de Alcina Franch / Blecua (1975: § 5.5) ya advertía que la reflexividad no es un rasgo relevante para clasificar un verbo por su significado.

El Esbozo de una nueva gramática de la lengua española (Madrid, 1977: § 3.5.4) hace notar que el DRAE califica como pronominal a todo verbo o acepción que se construya en todas sus formas con pronombres reflexivos: «La calificación de reflexivos, que el mismo Diccionario aplicaba antes uniformemente a estos verbos, no era propia para todos estos matices significativos o expresivos. En cambio, la de pronominal, aunque atiende únicamente a la forma, abarca los significados reflexivos y los que no lo son.»

El Diccionario de la lengua española de la RAE, a partir de la decimonovena edición (1970), ya no califica el verbo lavarse ni alegrarse como reflexivo, sino como pronominal. Y todos los verbos que se pueden conjugar con los pronombres reflexivos (clíticos), tengan sentido reflexivo puro o no, llevan la abreviatura: U. t. c. prnl. (= usado también como pronominal).

A pesar del cambio de nomenclatura de la RAE, algunos gramáticos, como Marcos Marín (1980: § 13.8) siguieron clasificando los verbos como transitivos, intransitivos, reflexivos, reflexivos formales o gramaticales y recíprocos.

En el Glosario de la terminología gramatical. Unificada por el Ministerio de Educación y Ciencia. Madrid, 1986, § 153, publicada por Alonso Marcos, se define el verbo transitivo como “aquel cuya acción pasa a una persona o cosa distinta del sujeto que la ejecuta”. Para Alonso Marcos, “los verbos transitivos pueden usarse en forma reflexiva y en forma recíproca”. De modo que los así llamados verbos reflexivos son simplemente verbos transitivos en los que el objeto directo tiene el mismo referente que el sujeto.

Gómez Torrego (Manual de español correcto, Madrid, 1991, pp. 89-90) es más explícito: El verbo con valor reflexivo no es un verbo pronominal, sino un verbo transitivo con el que los pronombres átonos actúan como objeto directo o indirecto.

Para Rafael Lapesa (Estudios de morfosintaxis histórica del español. Madrid, 2000, pp. 817 ss.), los así llamados “verbos reflexivos” propiamente dichos son simplemente verbos transitivos en los que el significado del verbo “reflexivo” es el mismo que cuando es transitivo o de acción, solo que su complemento directo tiene el mismo referente que el sujeto de la acción. Sin embargo, para las otras construcciones en las que no hay un objeto directo correferente con el sujeto, Lapesa cita la calificación de “cuasi-reflexivos” de Andrés Bello, y los denomina “reflexivos interiores” porque presentan en forma “reflexiva” (pronominal) un sentido distinto al que cuando son transitivos, cosa que no ocurre con los “reflejos” propiamente dichos.

Finalmente, la RAE, en la Nueva gramática de la lengua española (2009), clasifica los verbos, según sus funciones sintácticas, en transitivos, intransitivos y copulativos. Algunos transitivos y muchos intransitivos puede ser, a su vez, pronominales. Los así llamados verbos “reflexivos” no forman ninguna clase especial, son simplemente verbos transitivos cuyo objeto tiene el mismo referente que el sujeto. Desde el punto de vista semántico, los verbos se pueden agrupar en dos grandes clases semánticas: clases aspectuales y clases nocionales.

«El morfema pronominal átono que caracteriza a los verbos pronominales no es argumental, por lo que no le corresponde propiamente una función sintáctica. Así, el morfema se no constituye el complemento directo de despertar en El niño se despertó, sino un segmento que forma parte de la constitución léxica del verbo despertarse. Los mismos pronombres pueden ser también reflexivos, y en tal caso se interpretan como argumentos.» (RAE: NGLE 2009, § 41.7.1c)

Extendiendo las propiedades sintácticas del verbo a las oraciones, se pueden dividir estas en transitivas, intransitivas y copulativas. Las llamadas “oraciones reflexivas” pueden ser transitivas, intransitivas y copulativas, en lo que coinciden con las recíprocas. No constituyen, pues, una clase distinta, sino clasificaciones cruzadas de los tipos anteriores.

Un mismo verbo puede ser:

  1. transitivo no reflexivo: Pedro golpea a Juan.

  2. transitivo de acción refleja: Pedro se golpea (a sí mismo).

  3. transitivo de acción recíproca: Pedro y Juan se golpean el uno al otro.

  4. pronominal intransitivo no reflexivo: Pedro se golpeó en un brazo al caer.

  5. pronominal transitivo: Pedro se golpeó la cabeza contra la pared.

 

 

 

 

 

 

 

 

verbo

transitivo

con complemento directo: Come algo antes de salir.

transitivo con valor reflexivo

complemento y sujeto tienen el mismo referente: Me afeito.

transitivo con valor recíproco

interacción entre dos personas: Se aman y se admiran mutuamente.

transitivo pronominal

No me creo esa historia.

intransitivo

sin complemento directo: No comas tan de prisa.

intransitivo pronominal

Esas manchas solo se van con lejía.

pronominal inherente

Arrepentirse de un pecado.

pronominal con un dativo expresivo de interés

El pulgón se ha comido el rosal.

La luz se está comiendo el color de los muebles.