(Recop.) Justo
Fernández López
«Perfecto simple y perfecto compuesto
La oposición
constituida por el perfecto simple y compuesto de indicativo, la delimitación
de sus valores comunes y distinguidores, constituye uno de los aspectos más
debatidos de la morfosintaxis del verbo español. Nos encontramos ante una
oposición gramatical que se mantiene con plena vigencia en el español actual,
frente a lo sucedido en otras lenguas de la Romania, como el italiano o el
francés, en las que tal oposición ha experimentado una reducción en favor de la
forma compuesta, que, siendo de uso general, se utiliza para designar toda
acción pasada, frente a la simple, que ha quedado relegada a la lengua
literaria. Posiblemente sea esta circunstancia la que, especialmente en el caso
de algunos estudiosos de origen extranjero, haya impedido reconocer la
especificidad del caso español, donde ambos perfectos disponen de valores
diferenciados, y haya dado lugar a consideraciones como la de F. Hanssen
(1945), quien sostiene que tal oposición ha sido creada artificiosamente por la
gramática teórica pues el uso popular no la refleja. [...]
Junto a la
caracterización fundamental de esta oposición, según la cual la forma compuesta
se distingue por una marca de relación con el presente
que la convierte en el término marcado o de menor amplitud semántica, frente al
indefinido, que indica pasado sin mayor precisión significativa,
es posible constatar que, desde el año 1555,
tales paradigmas verbales han sido entendidos como representativos de la oposición determinación / indeterminación temporal,
aunque en un principio fue el compuesto el considerado portador de esta
determinación, mientras que, más adelante, tal consideración recayó sobre el
simple. [...]
La Gramática general y razonada de Port Royal
(1660: 97) destaca la oposición indefinido / preciso y, con ello, esa
precisión que caracteriza al compuesto se define, teniendo en cuenta las
delimitaciones temporales aparecidas en los ejemplos (esta mañana y esta
noche), por su proximidad al presente, a diferencia del indefinido, que:
sólo se dice de un tiempo que esté alejado por lo menos un día del momento
en que se habla, pues se dice correctamente, por ejemplo, escribí ayer,
pero no escribí esta mañana ni escribí esta noche, sino que debe
decirse he escrito esta mañana y he escrito esta noche.
A juicio de la
escuela de Port Royal, las lenguas vulgares mantienen esta diferencia sin
excepciones, sin bien, a veces, en español y en italiano se confunde,
injustificadamente, ambos pretéritos.
Poco después de
su fundación, en 1771, la Real Academia Española publica su primera Gramática de la lengua castellana (RAE,
1771: 182-184), en la que, tras calificar ambos paradigmas como perfectivos,
los caracteriza explícitamente, mediante una combinación de los dos criterios
esenciales a la hora de marcar diferencias entre ellos: la cercanía al
presente, mayor en la forma compuesta –como expresión del pasado próximo– y
menor en la simple –como expresión del pasado remoto– y la determinación e
indeterminación temporal, asociadas respectivamente con el indefinido y con el
antepresente. En esta edición académica se señala –en
sentido contrario al de la Gramática general y razonada de Port Royal
(1660: 97) y al de la Útil (1555: 41)– que el
valor de indeterminación característico del perfecto explica que esta forma
exprese tiempo remoto en secuencias carentes de modificador temporal (He
visto al Emperador y He viajado mucho).
Para A. Bello (1847: 400-425) la diferencia
fundamental entre estos dos tiempos se basa en la marca de relación con el
presente: así, el pretérito “significa la anterioridad
del atributo al acto de la palabra” a diferencia del antepresente, que
se utiliza “siempre que va envuelta en el verbo alguna
relación a lo presente”, relación que,
según señala implícitamente, puede ser real o afectiva:
“He vivido muchos años en Inglaterra dirá propiamente el que todavía
vive allí o el que alude a este hecho como una circunstancia notable en su
vida”. A. Bello apunta también el uso poético del
pretérito con valor de antepresente “como elegante arcaísmo, en que la
lengua castellana restablece el valor de la forma latina original que abrazaba
los dos significados de pretérito y de antepresente”.
La Gramática de la RAE
(1895: 66), respetando la caracterización fundamental del compuesto como
portador de una marca de relación con el presente establecida en 1771,
contempla también ese otro rasgo definidor –que desaparecerá de las posteriores
ediciones de la Academia– aplicando a la forma simple el valor de determinación
temporal, que la hace figurar en secuencias como El mes pasado estuve en El
Escorial, en las que se señala un periodo de tiempo conocido y ya
finalizado, frente a la compuesta, que se utiliza cuando no se determina el
periodo temporal, como sucede en Pedro ha estado en Roma, o, en el caso
de que se fije, cuando este aún no haya finalizado: Este año ha sido escaso
en cereales.
R.
Lenz en La oración y
sus partes (1920: 452-454), junto a la caracterización habitual de la
relación con el momento del habla propia de la forma compuesta –que expresa una
acción que puede ser lejana, pero cuyos resultados son importantes para el
sujeto en el momento del habla–, presenta la novedad de contemplar el pretérito
como expresión de una acción momentánea y puntual, herencia del aoristo
indoeuropeo; de igual modo, atribuye valor objetivo a la forma simple y
subjetivo a la compuesta, de manera que “la decisión
depende mucho más de la apreciación del que habla que del carácter de hecho
pasado” (R. Lenz, 1920: 452).
La Gramática de la RAE
(1928: 296) supone una ruptura con la caracterización aspectual del indefinido
presente en las anteriores ediciones: aunque con una serie de puntualizaciones
ambiguas y contradictorias, el indefinido, tradicionalmente concebido como
perfectivo, figura ahora en el paradigma de los tiempos imperfectos, es decir,
los que “expresan la acción como no terminada”. S. Gili Gaya (1942: 149)
refutará esta caracterización aspectual del indefinido al afirmar que “se
confunde la perfección de un acto con su terminación en el tiempo” y censurará la
escasa claridad del texto académico. [...] Por su parte, el pretérito perfecto,
en oposición al indefinido, se mantiene en el inventario de los tiempos
perfectivos, “tiempos que expresan la acción como terminada”, y se
define como “el presente de la acción terminada”, al que se le atribuyen dos
usos fundamentales: la expresión de “un hecho que se acaba de verificar en el
momento en que hablamos: He dicho”, y la expresión de “un hecho cuyos
resultados o consecuencias subsisten en el tiempo en que lo enunciamos: España
ha producido grandes hombres en armas y en letras; Este año ha sido
escaso en cereales”, donde la unidad de tiempo, este año, aún no ha
finalizado.
Frente a las
versiones anteriores, ya no hay en la gramática académica de 1928 –como tampoco
lo habrá en la de 1931 y 1973– rasgo alguno del criterio de la determinación
o indeterminación temporal, utilizado por la Real Academia Española
en las ediciones anteriores para asignar a estos tiempos verbales funciones
que, sin embargo, consideramos de plena vigencia en el español actual. En
nuestra opinión es el grado de precisión o determinación semántica –y no solo
temporal– el factor que, en ciertos contextos, repercute sobre la elección de
una u otra forma verbal: así, el indefinido
manifiesta una clara preferencia por secuencias lingüísticas rodeadas de un
mayor grado de precisión significativa mientras que el perfecto compuesto
prefiere secuencias que disponen de contenidos semánticos más indeterminados e
imprecisos. Una caracterización completa de estos perfectos requiere la
incorporación de estas apreciaciones a la hora de asignarles valores pues solo
así podremos justificar la preferencia del español actual por la forma
compuesta para la expresión de acciones pasadas y remotas –frente a la consideración
general de esta forma como indicadora del pasado próximo– en contextos desprovistos de modificadores temporales
extraverbales.
S.
Fernández Ramírez (1986:
252) da una definición aspectual de los dos perfectos. El perfecto compuesto es
caracterizado como “un tiempo de naturaleza aspectual durativa”, que puede
referirse a acciones o estados continuados, desarrollados sin interrupción
durante un cierto tiempo (Ha llorado mucho su falta frente a Lloró
mucho su falta); a acontecimientos cíclicos o iterativos que han tenido
lugar en un cierto espacio de tiempo, o bien a acciones únicas o semelfactivas
que han finalizado en el momento del discurso o cuyas consecuencias “nos
parecen relevantes en el momento en que hablamos y o nos referimos a ellas”. S.
Fernández Ramírez coincide con otros autores en el valor
afectivo asignado a la forma compuesta. Por el contrario, el indefinido
expresa acciones de aspecto puntual y “únicas [...] con un principio y un fin”,
en enunciados como Mi madre se casó de segundas, y aunque en
determinadas circunstancias pueda indicar acción durativa, “no la describe en
su transcurso, sino que nos hace percibirla en su globalidad como un hecho
puntual”: Un señor que seguía mi juego ganó un dineral. Este autor
recoge también ese otro criterio que se ha venido utilizando para distinguir
ambos perfectos en el mismo sentido que lo había hecho ya la RAE en sus dos
primeras ediciones, y en que lo hará V. García de Diego (1951), al singularizar a la forma compuesta por la imprecisión
temporal que supone en enunciados como En las capas ligníferas se he
encontrado una interesante fauna de mamíferos de época pontiense. Recordemos
que tanto el anónimo autor de la útil como la escuela de Port Royal hacen uso de este mismo criterio pero en sentido inverso.
Ch.
Kanny (1963: 199)
describe el uso que el español moderno hace de estos tiempos de modo que no
difiere considerablemente de lo ya establecido por otros autores: el indefinido
expresa una acción pasada y perfecta, y el pretérito perfecto, una acción
también pasada pero cuyos efectos perduran en el presente. Sin embargo,
reconoce que la extensión geográfica de tal uso es muy reducida (Navarra,
Aragón y parte de Castilla la Vieja), de manera que en la mayoría de los
territorios de habla española situados a ambos lados del Atlántico esta
oposición verbal adquiere características especiales. [...]
M.
Criado de Val (1969:
23-80) realiza un análisis diacrónico del significado de estos tiempos verbales
y lo perfila del siguiente modo: el pretérito, temporalmente, “pasado
más o menos remoto” y, aspectualmente, posee valor “puntual o momentáneo”,
similar al aoristo indoeuropeo; el perfecto, temporalmente indica
“pasado próximo, antepresente” y posee un valor aspectual “perfectivo”. [...]
E.
Alarcos (1970a: 32-33)
considera que estos tiempos no se distinguen por su valor aspectual, pues ambos
son perfectivos, sino por su significado temporal: “el perfecto compuesto nos
da la idea de un presente ampliado hacia al pasado” y, “por el contrario, la
forma simple nos indica una acción producida en un punto o línea excluidos del
que llamamos presente ampliado”. Desde esta perspectiva, establece el
valor de estas formas atendiendo a un factor contextual como es la presencia o
ausencia de modificadores temporales. [...] Reconoce, igualmente, el empleo del
compuesto como expresión del resultado presente de una acción pasada, y señala la posible neutralización de estos paradigmas por
razones afectivas o subjetivas, según se considere la acción “como
producida en el pasado opuesto al presente, o como acaecida en el presente
ampliado”: –¿Y por qué no hablaste con claridad a vuestro padre? –¿Que no he
hablado con claridad, dices? (E. Alarcos, 1970: 33). [...]
La RAE en su Esbozo de 1973 describe los perfectos de un
modo que difiere sustancialmente de lo establecido en 1928 en lo que respecta
al valor aspectual del indefinido, puesto que lo califica de perfectivo, tal y
como había hecho la doctrina académica anterior a 1928. Basa la diferencia en
la marca de relación con el presente que distingue al perfecto compuesto y que
puede ser entendida como expresión del “pasado
inmediato”; por ejemplo, un orador suele terminan su discurso con la
frase he dicho”; en segundo lugar, como “el hecho ocurrido en un lapso
de tiempo que no ha terminado todavía: Hoy me he levantado a las siete;
Durante el siglo actual se han escrito innumerables novelas”; y, en último
lugar, como “acciones alejadas del presente, cuyas
consecuencias, reales o afectivas, duran todavía. Decir La industria
ha prosperado mucho significa que ahora están patentes los efectos de
aquella prosperidad, que puede continuar”. Se completa esta caracterización con
una referencia a la variación diatópico (RAE,
1973: 466). Aun reconociendo que “en España se conserva bien en el habla oral y
literaria el uso que hemos descrito”, Galicia y Asturias prefieren el uso de canté
al de he cantado, frente al habla vulgar madrileña, que muestra cierta
inclinación a favor de he cantado. El Esbozo alude también a las
peculiaridades que esta pareja verbal adquiere en gran parte de Hispanoamérica
–con excepción de las provincias andinas de la República Argentina–, donde
“predomina absolutamente canté sobre he cantado en el habla
usual, aunque entre los escritores convivan la forma simple y la compuesta en
proporción variable”. Ya no es posible rastrear en el Esbozo huella
alguna del criterio de determinación e indeterminación
temporal, aparecido en las gramáticas que la RAE publica en los siglos
XVIII y XIX. [...]
Recapitulación
Los estudios
gramaticales, que, desde mediados del siglo XVI, reconocen la existencia de
rasgos diferenciadores entre el indefinido y el antepresente, han basado esta
oposición verbal en dos criterios esenciales: junto a la caracterización
fundamental, según la cual la forma compuesta se distingue por una marca de relación con el presente que la convierte
en el término marcado o de menor amplitud semántica, frente al indefinido, que indica pasado sin mayor precisión significativa,
tales paradigmas verbales han sido entendidos también como representativos de
la oposición determinación / indeterminación
temporal, aunque en un principio fue el
compuesto el considerado portador de esa determinación, mientras que, más
adelante, tal consideración recayó sobre el simple. No obstante, en 1951 este
último criterio desaparece definitivamente de los estudios gramaticales
posteriores, que únicamente basan esta oposición verbal en la primera de las
marcas citadas, esto es, en la relación con el presente propia del compuesto.»
[Piñero Piñero,
Gracia: Perfecto simple y perfecto compuesto en la norma culta de Las Palmas
de Gran Canaria. Madrid: Iberoamericana, 2000, p. 21-32 y 36]