PHILOSOPHIE

Filosofía

(Recop.) Justo Fernández López

 

Man macht der Philosophie den Vorwurf, sie sei nicht imstande,

einen Hund hinter dem Ofen hervorzulocken; das ist zwar vollkommen richtig,

aber das ist auch nicht ihre Aufgabe.

(G. W. F. Hegel)

Yo no estoy muy seguro de que lo que yo digo tenga gran importancia, pero sí indicaré

que si a alguien le interesa lo que digo, ha tenido y tiene que oírme entero.

¡Porque se trata de toda una canción!

(José Ortega y Gasset)

Wenn die Philosophen ihre Resultate nicht populär machen,

 so werden die Pfaffen und Finsterlinge schon Sorge tragen,

  dieselben dem Volke auf eine Art zu übersetzen,

   welche in ihren Kram dient. 

(Gottfried Keller)

Glaube denen, die die Wahrheit suchen und zweifle an denen, die sie gefunden haben.

(André Gide)

Nur wenn man noch viel verrückter denkt, als die Philosophen, kann man ihre Probleme lösen.

(Ludwig Wittgenstein: Vermischte Bemerkungen 1948)

Die Frage: "was ist ..." bezieht sich nicht auf einen besonderen - praktischen - Fall,

sondern wir fragen sie von unserem Schreibtisch aus.

(Ludwig Wittgenstein)

Philosophieren ist: falsche Argumente zurückweisen.

(Ludwig Wittgenstein)

Der Philosoph trachtet, das erlösende Wort zu finden, das ist das Wort, das uns endlich erlaubt,

das zu fassen, was bis jetzt / dahin / immer, ungreifbar, unser Bewusstsein belastet hat.

(Es ist, wie wenn man ein Haar auf der Zunge liegen hat, man spürt es,

aber kann es nicht fassen /ergreifen/ und darum nicht loswerden.

(Ludwig Wittgenstein)

Der Philosoph liefert uns das Wort, womit man /ich/ die Sache ausdrücken und unschädlich machen kann.

(Ludwig Wittgenstein)

Die Denkbewegung in meinem Philosophieren müsste sich in der Geschichte meines Geistes, seiner Moralbegriffe und dem Verständnis meiner Lage wiederfinden lassen.

(Ludwig Wittgenstein: "Denkbewegungen". Tagebücher 1930-32, 1936-37)

La definición es la caricia del filósofo.

(José Ortega y Gasset)

so

viel

vieh

so

o

so

vieh

o

sophie

viel

o

o

sophie.

[Ernst Jandl]

Seinem griechischen Ursprung nach bedeutet das Wort Philosophie Weisheits- oder Wissenslehre. Der Begriff geht auf Heraklit und Herodot zurück. Nach Heraklit soll Pythagoras sich als philosophos bezeichnet haben (Diog. Laërtes, Prooem. 12. VIII 1, 8).

Heute bezeichnet man als Philosophie jede theoretisch begründete Anschauung vom Weltganzen, der Stellung des Menschen im Weltganzen, der Werte, der Erkenntnis- und Handlungsmöglichkeiten des Menschen sowie seiner Rechte und Pflichten.

«Warum zählen so verschiedenartige Denker und Autoren wie etwa PLATON oder Charles S. PEIRCE, Ludwig WITTGENSTEIN oder THOMAS VON AQUIN, Rudolf CARNAP oder Martin HEIDEGGER, Pavel TICHY oder Rosa LUXEMBURG, Karl (oder auch Wolfgang) MARX oder HILDEGARD VON BINGEN, Gottfried Wilhelm LEIBNIZ oder Hannah ARENDT, Umberto ECO oder Willard van Orman QUINE, Aurelius AUGUSTINUS oder Jürgen HABERMAS, etc. etc., als Philosophen? Ich meine, es verblüfft ein wenig, dass man das unter einen Hut bringt (der Hut ist etwas zu groß für manchen armen Kopf). Damit soll auch nicht gesagt sein, dass es nicht auch Menschen mit dem Etikett „Philosoph“ (etwa im akademischen bzw. universitären Bereich) gibt, die nicht dem einen oder anderen von den hier Aufgezählten oder auch sonst gemeinhin mit dem Etikett „Philosoph“ Belegten abstritten, Philosoph zu sein. Ja es gibt sogar gewisse Zeiten, wo eine Person paradigmatisch zum Philosophen schlechthin wird und man sonst kaum jemanden als solchen betrachtet zu haben scheint, was man für bestimmte Epochen von Leuten wie Georg Wilhelm Friedrich HEGEL oder ARISTOTELES vielleicht zu sagen geneigt ist (oder zumindest dann und wann jemand zu sagen geneigt war). Und andere werden vielleicht etwa gerade deshalb als Philosophen anerkannt, weil sie eine solche Vorrangstellung anderer stürzten, was für gewisse Leute mitunter den Flair von René DESCARTES auszumachen scheint. Offenbar wird das Prädikat „x ist ein Philosoph“ aus unterschiedlichsten Motiven verliehen, bestritten, verteidigt, abgelegt, übertragen und vergessen; man könnte fragen, ob der Form und Struktur des Denkens all dieser Personen, die irgendwann einmal von irgendwem als „Philosoph“ gesehen und bezeichnet wurden, etwas gemeinsam ist. Denn unter der einfachen, klaren Annahme, dass „Philosophieren“ dasjenige ist, was Philosophen als solche tun, ob sie das nun im Denken, im Tun, im Leben vollziehen und repräsentieren, könnte man ein Verständnis und vielleicht sogar eine Definition dessen zu gewinnen trachten, was Philosophie ist, indem man das Gemeinsame und Essentielle am Denken, Tun und Leben dieser verschiedenen Personen herauszufinden versucht. Man fragt sozusagen nach dem „Wesen der Philosophie“, vielleicht mit einem leisen Unterton des Bewusstseins, dass man mit der Formulierung dieser Frage eigentlich schon eine bestimmte Form von Philosophie bevorzugt hat (eine Form von Philosophie, die für die metaphilosophische Philosophieren keineswegs eine zwangsläufige ist).»

[Zentren der Variation. Eine metaphilosophische Betrachtung von Gerhard GELBMANN]

«En Grecia, la palabra filosofía no significa lo que ahora: con ella se denominaban todas las ciencias. Pero el gran patrón de mi gremio, Aristóteles, buscaba una ciencia – la que hoy llamamos especialmente filosofía – que era un conocimiento más radical, más integral, más depurado que todas las demás ciencias, una ciencia sublime que, no habiendo ya cómo nombrarla, Aristóteles concluyó dándole el nombre conmovedor – conmovedor y no cursi, como es el nombre “filosofía”: a esa ciencia sublime, hacia la cual va su afán, la llama sencillamente ἡ ζητουμὴνε, la buscada. Es decir, que de esa ciencia tan perfecta y suprema no se sabe más, no se tiene sino eso: el hecho de que el hombre la busca.»

[Ortega y Gasset, J.: “Meditación de la criolla” (1939). En: Obras Completas. Madrid: Revista de Occidente, 1962, vol. VIII, p. 421]

«En El libro de los Estados, decía don Juan Manuel: «Todos los Estados del mundo se encierran en tres: al uno llaman defensores, et al otro oradores, et al otro labradores». ¡Perón, Infante; el mundo así resultaría incompleto! Yo pido en él un margen para el estado que llaman de los espectadores. El nombre lo encontró Platón. En su República concede una misión especial a lo que él denomina philotheamónes – amigos del mirar. Son los especulativos, y al frente de ellos los filósofos, los teorizadores –, que quiere decir los contemplativos».

[José Ortega y Gasset: Obras Competas, t. II, p. 16-17]

«El placer sexual parece consistir en una súbita descarga de energía nerviosa. La fruición estética es una súbita descarga de emociones alusivas. Análogamente es la filosofía como una súbita descarga de intelección.»

[Ortega y Gasset, J.: „Meditaciones del Quijote“ (1914). En: Obras Completas. Madrid: Revista de Occidente, 1963, vol. 1, p. 317]

«Sería la ambición postrera de la filosofía llegar a una sola proposición en que dijera toda la verdad. Así, las mil y doscientas páginas de la Lógica de Hegel son sólo preparación para poder pronunciar, con toda la plenitud de su significado, esta frase: “La idea es lo absoluto“. Esta frase, en apariencia pobre, tiene en realidad un sentido literalmente infinito. Y al pensarla debidamente, todo este tesoro de significación explota de un golpe, y de un golpe vemos esclarecida la enorme perspectiva del mundo.»

[Ortega y Gasset, J.: „Meditaciones del Quijote“ (1914). En: Obras Completas. Madrid: Revista de Occidente, 1963, vol. 1, p. 317]

«Cuando se repite la frase “los árboles no nos dejan ver el bosque“, tal vez no se entienda su significado. Los árboles no dejan ver el bosque, y gracias a que así es, em efecto, el bosque existe. La misión de los árboles patentes es hacer latente el resto de ellos, y sólo cuando nos damos perfecta cuenta de que el paisaje visible está ocultando otros paisajes invisibles nos sentimos dentro de un bosque.

La invisibilidad, el hallarse oculto no es un carácter meramente negativo, sino una cualidad positiva que, al verterse sobre una cosa, la transforma, hace de ella una cosa nueva. En este sentido es absurdo – como la frase susodicha declara – pretender ver el bosque. El bosque es lo latente en cuanto tal. [...]

Algunos hombres se niegan a reconocer la profundidad de algo porque exigen de lo profundo que se manifieste como lo superficial. No aceptando que haya especies de claridad, se atiende exclusivamente a la peculiar claridad de las superficies. No advierten que es a lo profundo esencial el ocultarse detrás de la superficie y presentarse sólo a través de ella, latiendo bajo ella. [...]

Porque aún hay gentes las cuales exigen que les hagamos ver todo tan claro como ven esta naranja delante de sus ojos. Y es el caso que, si por ver se entiende, como ellos entienden, una función meramente sensitiva, ni ellos ni nadie ha visto jamás una naranja. Es éste un cuerpo esférico, por tanto, con anverso y reverso. ¿Pretenderán tener delante a la vez el anverso y el reverso de la naranja? Con los ojos vemos una parte de la naranja, pero el fruto entero no se nos da nunca en forma sensible: la mayor porción del cuerpo de la naranza se halla latente a nuestras miradas.»

[Ortega y Gasset, J.: „Meditaciones del Quijote“ (1914). En: Obras Completas. Madrid: Revista de Occidente, 1963, vol. 1, p. 331 ss.]

«Cuando dice el hombre de mucha fe que ve a Dios en la campiña florecida y en la faz combada de la noche, no se expresa más metafóricamente que si hablara de haber visto una naranja. Si no hubiera más que un ver pasivo quedaría el mundo reducido a un caos de puntos luminosos. Pero hay sobre el pasivo ver un ver activo, que interpreta viendo y ve interpretando; un ver que es un mirar. Platón supo hallar para estas visiones que son miradas una palabra divina: las llamó ideas. Pues bien, la tercera dimensión de la naranja no es más que una idea, y Dios es la última dimensión de la campiña.

No hay en esto mayor cantidad de misticismo que cuando decimos estar viendo un color desteñido. ¿Qué color vemos cuando vemos un color desteñido? El azul que tenemos delante lo vemos como habiendo sido otro azul más intenso y este mirar el color actual con el pasado, a través del que fue, es una visión activa que no existe para un espejo, es una idea

[Ortega y Gasset, J.: „Meditaciones del Quijote“ (1914). En: Obras Completas. Madrid: Revista de Occidente, 1963, vol. 1, p. 336]

«La profesionalidad filosófica es cosa nada más y nada menos que de "estilo de vida" o, dicho de otro modo, de connaturalidad general con el viejo modelo griego de "vida teórica" como íntima unión de teoría y praxis o de filosofía y vida: la vida como testimonio de la verdad y la verdad como búsqueda perpetua de sí misma: una vida plenamente dedicada a la búsqueda de la verdad y una verdad sabida de antemano inexistente, inalcanzable porque se identifica con la vida misma. Una vida, como su verdad, completamente inmanente, encerrada en su propio proceso natural de verdad o consciencia. (Como es natural, hablamos de simple profesionalidad, no de santerías de ningún tipo.) Es cosa de decencia o veracidad intelectual, a la par que de genio. Porque de los enunciados filosóficos y de su verdad no responde otra realidad que la ético-estética de la propia conciencia, de la propia vida. Otra cosa es la ciencia y sus supuestos criterios objetivos, desde los que sí se puede probar, mal que bien, algo. En todas estas páginas, excusado es decirlo, hablamos sólo de "filosofía"».

[Isidoro Reguera,  Universidad de Extremadura, Cáceres]

«No es que no sea verdad que lo diáfano puede producir clarividencias y ser fuente de evidencias. Lo que no está dicho es que la metafísica sea algo clarividente, pues en efecto, no se trata de una clarividencia, no se trata de una visión clara, sino de algo mucho más difícil: de tener una visión de la claridad. No es la clarividencia, sino la videncia de la claridad. Esto es precisamente lo que constituye la dificultad de la metafísica: la videncia de la claridad misma. Es lo diáfano en este sentido algo constitutivo de las cosas; es la claridad misma que tienen las cosas. ¿En qué dimensión? Lo tenemos que averiguar.

De este momento de claridad decimos que es transcendental. Transcendental en dos dimensiones. En primer lugar, porque está allende las cosas obvias. No allende porque va a "otra cosa", sino precisamente porque es aquello que, estando inmerso en las cosas y permitiendo verlas, precisamente por su diafanidad nos aparece como imperceptible. Es transcendental en esta dimensión. Pero hay una segunda dimensión. Porque la diafanidad propia de una cosa no es distinta de la diafanidad propia de otras. Y, por consiguiente, lo diáfano de una cosa a su modo envuelve todas las demás. Es transcendental en esta segunda dimensión. Tomadas a una, como transcendental dentro de cada cosa y como envolvente de todas ellas, lo diáfano es constitutiva y formalmente transcendental. Dia-janeia, diafanidad es justamente transcendentalidad.

Pues bien, ir a lo diáfano es la marcha de la filosofía: es la marcha hacia lo transcendental, en el sentido referido. Y esto es la metafísica. Decía que la metafísica es la definición de la filosofía. Ahora decimos: la transcendentalidad es la definición de la metafísica. Son los tres conceptos de filosofía, metafísica y transcendentalidad; cada uno define el anterior y lo apresa con todo rigor.

Esta visión de lo diáfano, esta visión de lo transcendental es enormemente violenta. Es la violencia de la claridad, la violencia de la percepción y de lo diáfano. Ahora bien, ¿de qué violencia se trata? Aparece aquí una cierta ambivalencia. Porque la dificultad de ir a lo diáfano está en parte en nosotros, que vamos más a las cosas que a lo diáfano; pero está también en las cosas mismas, en la medida en que todas ellas envuelven esta dimensión de diafanidad.»

[Zubiri, Xavier: Los problemas fundamentales de la metafísica occidental. Madrid: Alianza Editorial, 1994, pp. 21-22]