PERIPHRASE

Perífrasis

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Aspekt / Aktionsart / Paraphrase / Umschreibung

 

Periphrase [gr. períphrasis ‘das Herum-Reden’]. Allgemeinste Form eines rhetorischen Tropus: umschreibender Ersatz eines Wortes durch eine andere, meist erweiternde und bildhafte Bezeichnung in unterschiedlicher Form und Funktion, z. B. zum Zweck der sprachlichen Variation, Beschönigung, Hervorhebung, Erklärung, Konkretisierung u. a., z. B. Zweitfrisur  = Perücke, der Komponist der ‘Zauberflöte’ = Mozart. Eine spezielle Form der Periphrase ist die Definition.“ [Bußmann, H., S. 569]

«Periphrastische Konjugation

Bezeichnung der lat. Grammatik für umschreibende Konjugation, wie sie z. B. vorliegt bei der Bildung des Supinum (laudaturus sum ‘ich bin im Begriffe zu loben’) und des Gerundivs (laborandum est ‘man muss arbeiten’). Viele dt. Verbformen sind in diesem Sinne periphrastisch, so das Futur, Perfekt, Plusquamperfekt und Passiv.» [Bußmann, H., S. 569]

Periphrase: umschreibende Form, ¹ Paraphrase

Manche grammatischen Formen werden nicht rein morphematisch, sondern lexematisch markiert, z.B. /il va venir/ (Futur proche).“ [Heupel, C., S. 170]

„Wir haben gesehen, dass die eigentlichen Aspekte in den romanischen Sprachen durch Verbalperiphrasen ausgedrückt werden, dass sie neben dem Grundsystem der einfachen Zeitformen als ein sekundäres oder sogar als ein tertiäres System des romanischen Verbs eintreten. Diese Verbalperiphrasen gehören zur Grammatik, weil sie prinzipiell für alle Verben möglich sind und sie sind „Periphrasen“, weil sie einfache Bedeutungen haben, also Bedeutungen, die nicht völlig ihren bildenden Gliedern entsprechen und die in Oppositionen mit einfachen Formen eintreten.

Eine „Periphrase“ ist im eigentlichen Sinn ein sprachliches materiell mehrgliedriges Zeichen, das eine einheitliche, eingliedrige Bedeutung, d. h. ein gegliedertes „Signifiant“, dem aber ein einfaches „Signifié“ entspricht.

[...] In einer lexikalischer Periphrase verlieren die Glieder der Periphrase selbst ihre eigene Bedeutung; es gibt so etwas wie eine Verschiebung der Bedeutung der Glieder. In einer „grammatischer Periphrase“ dagegen bewahrt ein Glied seine eigene lexikalische Bedeutung, während das andere oder die anderen ihre lexikalische Bedeutung verlieren, indem sie zu „Morphemem“, zu grammatischen Hilfselement werden.

[...] In diesem Sinne können wir sagen, das die Bedeutung unserer Verbalperiphrasen von der Bedeutung ihrer Glieder abhängt, und zwar von der lexikalischen Bedeutung des Hilfsverbs, die aber zu einer bloßen grammatischen Kraft geworden ist, und von der grammatischen Bedeutung der in den Periphrasen erscheinenden Formen des Hauptverbs; in j’ai chanté z. B. von der grammatikalisierten Bedeutung  von avoir  und von der Bedeutung des Partizips.

Die Bedeutung der Verbalperiphrasen hängt also von der Bedeutung ihrer Glieder ab. Diese Glieder sind normalerweise bei den romanischen Verbalperiphrasen zwei: ein flektiertes Hilfsverb und eine Form des Verbs, dessen Aspekt periphrastisch bestimmt wird. In gewissen Fällen tritt auch ein drittes Glied ein, ein Verbindungswort zwischen Hilfsverb und Hauptverb (Präposition oder Konjunktion).

Die Struktur dieser Verbalperiphrasen in den romanischen Sprachen zeigt offensichtlich eine große Ähnlichkeit. Das erste Glied, das Hilfsverb, ist normalerweise eines der folgenden:

a)    habere, bzw. tenere, oder diese beiden Verben, mit zum Teil gleichen Gebrauch, oder mit verschiedenen Anwendungen, wie im Spanischen;

b)   ein Bewegungsverb (ire, venire usw.);

c)    das Verb stare (manchmal auch sedere, wie im Rumänischen);

d)   ein Verb, das an sich (also lexikalisch) eine ingressive [im Begriff sein, et. zu tun], inzeptive [Anfangspunkt], kontinuative [fortfahren, et. zu tun], konklusive [Abschluss der Handlung] oder egressive [Handlung nach ihrem Abschluss] Bedeutung hat: „nehmen“, „anfassen“, „sich legen“, „sich setzen“, „folgen“, „beenden“ usw.

e)    Das Hauptverb kann seinerseits in einer der folgenden Formen erscheinen:

       -   Partizip [sp. tengo escrito, llevo hecho]

       - Infinitiv [sp. voy a escribir, acabó por escribirle una carta]

       - Gerundium [sp. está escribiendo, lleva escribiendo toda la noche]

       -   eine flektierte Form in derselben Zeitstufe wie das Hilfsverb [sp. cogió y se fue]  

Die strukturelle (und auch die materielle) Ähnlichkeit der Verbalperiphrasen ist in den romanischen Sprachen so groß, dass sie notwendigerweise eine gemeinsame Herkunft einschließt. Da die meisten dieser Periphrasen im klassischen Latein nicht existierten, stellt sich das Problem ihrer Entstehung im Vulgärlatein. Unserer Meinung nach ist zumindest eine Reihe dieser Periphrasen im Vulgärlatein unter griechischen Einfluss entstanden.

[Coseriu, E.: Das romanische Verbalsystem. Tübingen: Gunter Narr, 1976, S. 119-123]

Perífrasis

Rodeo que se emplea para expresar un concepto único. Puede ser de varios tipos:

A)    Perífrasis gramatical, que procede de la falta de una voz única para expresar un concepto único. Las más importantes, dentro de este tipo, son las perífrasis verbales o conjugaciones perifrásticas, en las que se unen un verbo auxiliar y el infinitivo, el gerundio o el participio del verbo auxiliado. Con ellas se logran precisiones de tiempo, modo y aspecto inexpresables con los recursos de la conjugación no perifrástica: acaba de llegar, anda preocupándose de todo, tengo que irme, se echó a llorar. El verbo auxiliar suele estar total o parcialmente gramaticalizado.

B)     Perífrasis tabú. Sirve para aludir a personas o cosas que no deben ser designadas por su nombre (vid. Tabú).

C)    Perífrasis literaria, que se practica para evitar la palabra (elisión) con fines eufemísticos, embellecedores, o simplemente como alarde de ingenio. Por ejemplo, Calderón llama al cielo, perifrástica y metafóricamente, mentira azul de las gentes. Un tipo especial de perífrasis literaria es la alusión, usada abundantemente por Góngora, mediante la cual se «pone en contacto una noción real con un sistema fijo de referencias ...; lo normal es que una palabra como álamo se vea siempre acompañada por una misma alusión mitológica (los álamos, plantas en que fueron convertidas las hermanas de Faetón» (Dámaso Alonso).”

[Lázaro Carreter, F.: Diccionario de términos filológicos. Madrid: Gredos, 51981, p. 319]

perífrasis. (Del lat. periphrăsis, y este del gr. περφρασις).

1. f. Ret. circunlocución.

perífrasis verbal.

1. f. Gram. Unidad verbal constituida por un verbo en forma personal y otro en forma no personal; p. ej., Vengo observando su conducta. [DRAE]

circunlocución. (Del lat. circumlocutĭo, -ōnis).

1. f. Ret. Figura que consiste en expresar por medio de un rodeo de palabras algo que hubiera podido decirse con menos o con una sola, pero no tan bella, enérgica o hábilmente. [DRAE]

«Perífrasis verbales – conjugación perifrástica:

Perífrasis significa rodeo que se emplea para expresar un concepto único. Se compone de un verbo auxiliar y de una forma personal, unidos, a veces, por una preposición.

Acado de terminar este libro.

El verbo auxiliar suele estar total o parcialmente gramaticalizado.

Voy a contestar a tu carta.

(El verbo ir ha perdido su sentido de movimiento en perífrasis verbal.)

Las perífrasis expresan matices de aspecto y modo de los verbos (perífrasis aspectuales, modales, temporales.

Hemos jugado.

Hemos de jugar.

Perífrasis temporales:

Las perífrasis temporales indican una acción que ha terminado o que va a comenzar. Se construyen de diferentes maneras.

Acaba de salir.

Lleva leídos seis libros.

Voy a escribir una carta.

Perífrasis modales:

Las perífrasis modales indican la manera con que el sujeto presenta la acción del verbo.

Pueden ser de obligación o de duda.

Tengo que contestar.

(matiz de obligación)

El autobús debe de pasar a las cuatro.

(matiz de duda)

Perífrasis aspectuales

Tienen diversos sentidos:

Perfectivas: indican una acción acabada ya.

Acabo de terminar el trabajo.

Imperfectivas: indican acciones no terminadas. Pueden ser:

Incoativas: expresan una acción a punto de comenzar.

Voy a estudiar.

Durativas: indican una acción en el transcurso de su desarrollo.

Sigue hablando en casa.

Está lloviendo a cántaros.

No siempre resulta fácil distinguir las perífrasis temporales de las aspectuales.»

[Alonso Marcos, A.: Glosario de la terminología gramatical. Unificada por el Ministerio de Educación y Ciencia. Madrid: Magisterio Español, 1986, p. 235-236]

«Perífrasis verbal:

El término ‘perífrasis verbal’ aluda a una unidad constituida por dos verbos que, conjuntamente, funcionan como núcleo de un sintagma verbal. Uno, al que se denomina verbo auxiliar, aporta las marcas flexivas de tiempo, modo, aspecto, número y persona, necesarias para la existencia de una predicación autónoma, e introduce, asimismo, determinados matices de carácter modal o aspectual; pero no constituye el núcleo semántico del predicado. El otro verbo, al que se llama auxiliado o principal, no se halla en forma personal (puede ser un infinitivo, un gerundio o un participio) pero conlleva los rasgos semánticos específicos de la predicación.

En

El abuelo va a estornudar de un momento a otro,

Lisardo ha vuelto a guiñarme el ojo,

Luis está revisando cuidadosamente los planos,

las unidades destacadas en cursiva constituyen ‘perífrasis verbales’.

(1) Va, ha vuelto, está son los verbos auxiliares. Puesto que están en forma personal, indican el tiempo, la persona, y las restantes categorías asociadas a los morfemas del verbo. Pero no determinan por sí solos los rasgos semánticos de la predicación. Antes bien, suele destacarse como característica de los verbos auxiliares que, con respecto a otros usos no perifrásticos, se han desemantizado, se han vaciado de significado léxico, han modificado, en consecuencia, su capacidad para seleccionar argumentos, y han pasado a significar sólo matices modales o aspectuales no expresados por la flexión verbal.

Ir, volver, cuando no forman parte de una perífrasis, son verbos de desplazamiento que requieren, por su significado, una complementación de “lugar dónde”, alusiva al término hacia el que se efectúa el desplazamiento:

El abuelo va al bar todas las tardes.

Lisardo ha vuelto a casa por Navidad.

Sin embargo, cuando actúan como verbos auxiliares, ya no denotan un desplazamiento ni, por tanto, implican ese tipo de complemento. Simplemente aportan al predicado una significación aspectual:

El abuelo va a estornudar de un momento a otro,

Lisardo ha vuelto a guiñarme el ojo

no presuponen que el sujeto se desplace a un lugar; sólo indican que la acción de “estornudar” está a punto de realizarse o que “guiñarme un ojo” es una acción que se repite, significados ambos clasificables como aspectuales.

(2) Estornudar, guiñarme, revisando, son los verbos principales o auxiliados. Puesto que están en infinitivo o gerundio, necesitan al auxiliar para formar predicación, pero constituyen el núcleo semántico del sintagma verbal: aportan el significado léxico específico y determinan, por ejemplo, el papel semántico del sujeto.

Va a estornudar,

Ha vuelto a guiñarme,

Está revisando

requieren un sujeto humano porque “estornudar”, “guiñar”, “revisar” implican un agente humano:

*El televisor va a estornudar de un momento a otro,

*La piedra ha vuelto a guiñarme un ojo,

*La mesa está revisando cuidadosamente los planos.

“Va”, “ha vuelto”, “está”, en cambio, puesto que no constituyen el núcleo semántico, no asignan al sujeto ningún papel ni exigen, en consecuencia, ningún rasgo semántico:

El televisor va a explotar de un momento a otro,

La piedra ha vuelto a desprenderse,

La mesa está perdiendo color

Perífrasis aspectual

Se clasifican como ‘aspectuales’ las perífrasis verbales en las que el sentido aportado por el verbo auxiliar, juntamente con la forma no personal (infinitivo, gerundio, participio) del verbo auxiliado o principal, se relaciona con la categoría aspecto: se destaca una determinada fase o perspectiva temporal (el inicio, el final, la reiteración, la continuidad) del proceso al que alude el verbo auxiliado.

Se ha puesto a llover,

Ha vuelto a llover,

Está lloviendo,

Acaba de llover,

son ‘perífrasis verbales aspectuales’. Destacan el comienzo (se ha puesto a llover), la reiteración (ha vuelto a llover), el discurrir (está lloviendo), la finalización (acaba de llover) de un mismo proceso: el designado por el verbo llover.

Perífrasis frecuentativa:

Es la perífrasis verbal en la que el verbo auxiliar expresa que lo denotado por el verbo auxiliado o principal es una acción o proceso que se reitera de forma frecuente o habitual. Las construcciones con el verbo soler seguido de un verbo en infinitivo constituyen ‘perífrasis frecuentativas’:

Suele contar historias de guerra.

El párroco suele venir los lunes.

Según Gómez Torrego (1988: 116), las ‘perífrasis frecuentativas’ pueden considerarse una subclase de las ‘perífrasis reiterativas’.

Perífrasis incoativa:

Es la perífrasis verbal en la que el significado aportado por el verbo auxiliar, junto con la forma no personal del verbo auxiliado o principal (un infinitivo), consiste en destacar, bien la fase inicial, bien la inmediatamente previa al inicio del proceso al que alude el verbo principal.

Va a llover

Se puesto a llover,

Se ha echado a llorar,

por ejemplo, son ‘perífrasis incoativas’. Las ‘perífrasis incoativas’ suelen incluirse en la clase más extensa de las perífrasis aspectuales.

Perífrasis modal:

Es la perífrasis verbal en la que el significado aportado por el verbo auxiliar se relaciona con la categoría modalidad: el proceso al que alude el verbo auxiliado o principal se presenta como una obligación, una posibilidad, una necesidad.

Tengo que salir,

Debo ayudarle,

Puedo defenderme,

Debe de tener la gripe,

por ejemplo, son ‘perífrasis modales’.

Perífrasis obligativa:

Se denominan ‘obligativas’ las perífrasis verbales en las que la acción o el proceso al que alude el verbo auxiliado o principal se presenta como una obligación o una necesidad ineludible. Son ‘obligativas’, por ejemplo, las perífrasis verbales destacadas en los siguientes enunciados:

Tengo que limpiar la casa.

Debes pagar la renta.

He de regresar antes de que se despierte.

Las ‘perífrasis obligativas’ se incluyen en la clase de más amplia de las perífrasis modales.

Perífrasis reiterativa:

Perífrasis verbal en la que el verbo auxiliar expresa la reiteración del proceso al que alude el verbo auxiliado o principal.

He vuelto a recordarlo,

por ejemplo, es una ‘perífrasis reiterativa’. En contraste con

Lo he recordado,

He vuelto a recordarlo

indica que el proceso de “recordarlo” ya se había producido en otro u otros momentos y es, por tanto, un proceso que se repite. Las ‘perífrasis reiterativas’ pueden incluirse en la clase más amplia de las perífrasis aspectuales.

Perífrasis terminativa:

Perífrasis verbal cuyo significado específico consiste en presentar el proceso al que alude el verbo auxiliado o principal en su conclusión o en una fase próxima a su terminación.

He dejado de fumar,

por ejemplo, es una ‘perífrasis terminativa’. Con ella se indica, según Gómez Torrego (1988: 119), “el fin o la interrupción de una acción o un estado que venía siendo habitual”. Igualmente es ‘terminativa’

Acabo de recogerlo,

pues con esta perífrasis se expresa que “la acción que refleja el infinitivo ha ocurrido recientemente” (Gómez Torrego, 1988: 120). Las ‘perífrasis terminativas’ pertenecen a la clase de las perífrasis aspectuales.»

[Alcaraz Varó, Enrique / Martínez Linares, María Antonia: Diccionario de lingüística moderna. Barcelona: Editorial Ariel, 1997, p. 435-437]

El concepto de perífrasis verbal

«La perífrasis verbal, núcleo del predicado.

Una perífrasis verbal es la unión de dos o más verbos que constituyen un solo ‘núcleo’ del predicado. El primer verbo, llamado ‘auxiliar’, comporta las informaciones morfológicas de número y persona, y se conjuga en todas (o en parte de) las formas o tiempos de la conjugación. El segundo verbo, llamado ‘principal’ o ‘auxiliado’, debe aparecer en infinitivo, gerundio o participio, es decir, en una forma no personal. Según se trate de una u otras formas, hablamos de perífrasis verbales de infinitivo, de gerundio y de participio.

Cuando decimos “constituyen un solo núcleo del predicado”, queremos dejar claro que ninguno de los verbos desempeña función complementaria o coordinadora con respecto al otro. Lo único posible en una perífrasis verbal es la segmentación en componentes ‘auxiliar’ y ‘auxiliado’. Se trata de la misma segmentación que haríamos con un tiempo compuesto de la conjugación (habría + venido).

Así, una oración como Los alumnos tienen que estudiar dos lecciones más, la secuencia tienen que estudiar no es segmentable en componentes que contraigan entre sí funciones sintácticas de subordinación o coordinación. Toda ella es una unidad nuclear. Eso quiere decir que, aunque haya dos verbos (tener y estudiar), sólo existe un único predicado verbal. Como consecuencia, las oraciones como la que comentamos son siempre simples y no complejas, ya que las que contienen oraciones subordinadas suponen dos o más núcleos de predicación. Obsérvese la diferencia entre las dos oraciones siguientes

Esto viene a costar unas mil pesetas.

[viene a costar: núcleo del predicado]

Juan viene a estudiar a mi casa todos los días.

[viene: núcleo del predicado (principal)
estudiar: núcleo de predicado (subordinado)]

La primera oración es simple; la segunda, compleja. Este mismo comportamiento sintáctico se da en las perífrasis de infinitivo, gerundio y participio.

Ahora bien, el hecho de que los verbos de una perífrasis constituyan un solo núcleo del predicado, no implica que entre ellos no pueden introducirse otros elementos. Así, por ejemplo, en la mayoría de los casos se pueden intercalar adverbios, locuciones adverbiales o secuencias nominales de complemento circunstancial,

No podemos en absoluto establecer diferencias,

Tuvimos el otro día que marcharnos con urgencia,

Empezó de repente a llover,

o bien incisos varios

Debes, si puedes, intentarlo,

Acaban, hace un momento, de llamar a la puerta,

Deja ya, si es que puedes, de decir tonterías,

o bien el sujeto

¿Puede alguien decirnos lo que pasó?

Debemos nosotros preguntarnos qué fue lo que pasó.

Todo esto quiere decir que en la mayoría de las perífrasis el grado de conexión entre ‘auxiliar’ y ‘auxiliado’ no es tan fuerte como el que se da en los tiempos compuestos. De todas formas, algunas perífrasis con el auxiliar fuertemente gramaticalizado no permiten sin violencia incrustar tales elementos. Así, no se dice

*Hemos pronto de marcharnos de aquí,

*Debe el árbol de haber florecido

(con valor de posibilidad),

*??Acaba tu hermano de colgar;

aunque no parecen agramaticales otras oraciones como

Tenemos todos que ayudar a Juan.

He tenido, a pesar de todo, que quedarme en casa.»

[Gómez Torrego, Leonardo: “Los verbos auxiliares. Las perífrasis verbales de infinitivo”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe. 1999, t. 2, § 51.1.1]

Kritik von Marcial Morera an die traditionelle Auffassung der spanischen Verbalperiphrasen:

[Macial Morera gehört mit Ramón Trujillo zur „Escuela Semántica de la Unversidad de La Laguna“, Canarias]

1. El planteamiento tradicional.

Según la doctrina admitida tanto por los viejos gramáticos como por los nuevos lingüistas, la perífrasis verbal es un giro idiomático constituido por un verbo auxiliar y una forma verbal infinitiva, unidos o no por un término de enlace. Se trata de un segmento lingüístico que significa en bloque, como una unidad más de la conjugación de su segundo verbo. Es el caso, por ejemplo, de las construcciones hay que estudiar, estuvo por salir, estaba comiendo, deben de ser las cinco, fue derribado, tengo estudiado, ha salido, etc. Estas frases no pueden ser analizadas considerando que el primer verbo funciona en ellas como núcleo sintáctico y el segundo como adyacente, sino que hay que tomarlas como formas lingüísticas especiales, en las que el verdadero núcleo de la construcción lo aporta la forma infinitiva, en tanto que el primer verbo se limita a agregar una mera matización instrumental al mencionado concepto principal. [...] Tenemos así que la flexión de un verbo no contiene solamente formas simples o sintéticas, del tipo amaba, amaría, sino que también dispone de formas compuestas o analíticas, del tipo de hube amado, que constituyen su llamada conjugación perifrástica. [...] La única diferencia que hay entre los elementos simples y los elementos compuestos de la conjugación de un verbo radica en el plano del significante: los primeros son formas sintéticas; los segundos, formas analíticas. En el plano del significado no existe ni la más mínima diferencia: tanto significado gramatical aporta, por ejemplo, el morfema -aba o -ía del co-pretérito, como el auxiliar ir de la construcción van a ser las cinco. [...] Una de las consecuencias más inmediatas del planteamiento tradicional de las perífrasis verbales es que un mismo verbo puede tener dos significados radicalmente distintos: uno perifrástico o gramatical y otro predicativo o léxico. [...] Por eso distingue la gramática tradicional entre verbos auxiliares o vacíos de significado y verbos predicativos o conceptualmente llenos. [...]

Decimos que un verbo desempeña la función de auxiliar cuando, al encabezar una perífrasis verbal, pierde total o parcialmente su significado propio. (Esbozo ..., p. 444)

Desde un punto de vista diacrónico, pues, todo verbo auxiliar empieza siendo, en su origen, un signo léxico cuyo significado nocional se va perdiendo paulatinamente en el uso, hasta quedar convertido en un puro instrumento gramatical. A partir de este momento, dicho elemento aportará exclusivamente un significado morfemático de tiempo, modo, aspecto o diátesis. [...] Así, para Amado Alonso:

Dentro de estos giros, hay unos, como va a empezar la función, en donde el verbo de movimiento tiene un oficio puramente formal, estando la significación entera en el infinitivo empezar.   Ir  es  aquí una palabra g r a m a t i c a l i z a d a. En otros giros, en cambio, como en anda preocupado, el muchacho salió listo, el verbo es todavía un soporte de significación, aunque ya no con su significado primero de movimiento físico. En todos estos verbos se ha cumplido un cambio semántico. (En: Estudios lingüísticos. Madrid, 1976, p. 194)

La desemantización es, pues, un problema de grado. [...] Otro de los problemas que se plantea en muchos casos es saber si el signo en cuestión está usado en sentido metafórico o ha sufrido un verdadero cambio semántico. Como nos dice el mencionado lingüista español:

Aunque los límites entre el uso metafórico y el cambio semántico de los verbos de movimiento son a veces inseguros, hay que esforzarse por trazarlos. Se en el verbo salir: en salió del trance humillado, salir de apuros, hay un uso metafórico, no un cambio semántico. La significación de salir ‘pasar de dentro afuera’ o ‘irse’ es todavía valedera; sólo el recinto del que se sale es metafórico. (Op. cit.. p. 197)

La dificultad para establecer el grado de desemantización que debe alcanzar un verbo para que pueda ser considerado como auxiliar o perifrástico es la causante de que haya tantas discrepancias entre los gramáticos respecto del inventario de los verbos auxiliares y, consecuentemente, respecto de las perífrasis verbales. [...] No falta, además, quien piense que, en realidad, puede hablarse de dos tipos de verbos auxiliares: unos que, en ciertos contextos, actúan sistemáticamente como tales (pertenecen, por tanto, al sistema de la lengua) y otros que sólo adquieren esa función esporádicamente (pertenecen, por tanto, al habla). Este es el parecer de Wolf Dietrich. [...] Por tanto, teóricamente, parece posible distinguir entre el valor predicativo o léxico de un verbo y sus valor perifrástico o gramatical. Así, venir presenta significación léxica en la frase vino tarde a casa y significación gramatical en la frase viene a costar unas cien pesetas. Según esto, tendríamos en español dos signos venir: un venir1  o semánticamente lleno y un venir2 o morfema verbal. En la práctica, sin embargo, la oposición mencionada se muestra en muchas ocasiones inoperante, porque la desemantización del auxiliar no aparece con claridad.

Precisamente por ello, muchos lingüistas modernos, empezando por los generativistas, han optado por definir las perífrasis verbales desde un punto de vista transformacional y funcional. Desde esta perspectiva, algunos de los rasgos que caracterizan a las secuencias idiomáticas que estudiamos serían las siguientes:

a) Como el núcleo predicativo de la construcción es la forma nominal del verbo (infinitivo, gerundio o participio), sobre ella, y no sobre el verbo auxiliar, inciden el sujeto y los complementos de la oración. [...]

b) El verbo auxiliado no admite transformaciones nominales, adverbiales o adjetivas. Así, pues, en tanto que el infinitivo de una frase como me gusta vestir bien puede ser perfectamente nominalizado o pronominalizado (me gusta eso), el infinitivo de una construcción perifrástica como he de estudiar no admite tales transformaciones.

c)  El verbo auxiliar no admite transformaciones de pasiva.

b) La perífrasis verbal repugna transformaciones interrogativas del tipo viene cansado ® ¿cómo viene? Así, serían inviables las transformaciones lo anda diciendo por ahí ® ¿cómo lo anda por ahí?

El criterio transformacional tampoco ha resuelto, sin embargo, el problema. Siempre queda fuera gran número de giros sintácticos que, aunque cumplen algunos de estos requisitos formales, no son considerados perífrasis verbales. O, a la inversa. [...]

Lo mismo que en el terreno del auxiliar, algunos estudiosos han querido ver en el caso del conector perifrástico [preposición] distintos grados de desemantización. De todas formas, para la mayor parte de los estudiosos que han tratado este asunto, siempre será posible distinguir entre la preposición de significación plena (va a Madrid) y la preposición vacío de significado (voy a salir). El concepto que se tiene de los términos de enlace de las perífrasis verbales es, pues, ligeramente distinto del que se tiene de los verbos auxiliares: éstos transforman su significación; aquéllos la pierden.

El análisis tradicional que hemos repasado hasta aquí pondría claramente de manifiesto que el valor de las perífrasis verbales no resulta de la suma de los significados individuales de los elementos simples que las forman, sino que se trata de una función semántica nueva en la que todos estos elementos presentarían valora distintos de los habituales. [...]

Desde el punto de vista de la supuesta significación gramatical que aporta el verbo auxiliar, las frases verbales que nos ocupan suelen clasificarse en perífrasis de modo, perífrasis de aspecto, perífrasis de tiempo y perífrasis de voz. Veamos la definición que suele dársele a cada uno de estos grupos:

a) Las perífrasis verbales de modo son aquellas cuyo verbo auxiliar „expresa una actitud determinada de la persona que habla ante la acción significada por el verbo“. Así, por ejemplo, el verbo haber de la frase he de estudiar presenta la significación del verbo estudia como obligada. [...]

Al contrario que Gili Gaya, que se inclina por considerar los verbos modales como un recurso léxico del idioma, hay muchos estudiosos que no albergan ninguna duda sobre su naturaleza estrictamente gramatical, siendo así que los consideran como auténticos verbos auxiliares, desprovistos de toda significación léxica. [...]

Más recientemente, el lingüista Wolf Dietrich se ha ocupado también del problema de los verbos modales (a los que llama verba adiecta), considerándolos, igualmente, como verdaderos instrumentos gramaticales.

b) Las perífrasis verbales de aspecto son aquellas cuyo verbo auxiliar expresa una fase objetiva (principio, desarrollo o fin) de la acción significada por el segundo verbo: v. gr., el verbo empezar de la frase empezó a trabajar presenta el proceso verbal trabajar en su fase inicial; el verbo auxiliar acabar de la frase acabó de estudiar presenta la acción verbal significada por el infinitivo estudiar en su fase final. La noción que más frecuentemente han empleado los gramáticos y los lingüistas para clasificar las perífrasis verbales es precisamente la de aspecto.

Por poner sólo un ejemplo, según Eugenio Coseriu, las perífrasis de gerundio del español forman un sistema aspectual perfectamente estructurado, en el que estar  +  gerundio expresa „la consideración estática de la acción entre dos puntos“, andar + gerundio expresa „la consideración de la acción entre dos puntos (también), pero, además, „acompaña“ dinámicamente a ésta en varios momentos de su desarrollo“, venir + gerundio „considera la acción retrospectivamente, desde un punto anterior, indefinido, hasta el momento en el que se considera la acción“, ir + gerundio „considera la acción entre el momento en que se sitúa y un punto ulterior indefinido“ y, por último, seguir + gerundio „es una combinación de retrospectivo y prospectivo“.

Estos valores perifrásticos son representados gráficamente por el lingüista rumano citado de la siguiente manera:

(Coseriu, E.: „El aspecto verbal perifrástico en griego antiguo (y sus reflejos románicos“, en Estudios de lingüística románica. Madrid, 1977, pp. 231-263)

Dentro de este apartado, según la particular significación del verbo auxiliar y el valor gramatical general (infinitivo, gerundio o participio) del verbo auxiliado, las perífrasis verbales de aspecto suelen subclasificarse en perífrasis cursivas, terminativas, iterativas, incoativas, etc.

c)  Las perífrasis verbales de tiempo son aquellas cuyo auxiliar expresa la ubicación del verbo auxiliado en un punto determinado del devenir temporal. Así, por ejemplo, el verbo ir de la frase voy a estudiar medicina sitúa el proceso significado por el verbo estudiar en un momento futuro medido desde el lapso temporal en que se sitúa el hablante. Dentro de este grupo se habla, a su vez, de perífrasis de presente, perífrasis de futuro y perífrasis de pretérito.

d) Las perífrasis de voz son aquellas cuyo verbo auxiliar expresa algún tipo de relación particular entre el sujeto y el predicado verbal. Por ejemplo, el verbo ser de la frase la ciudad fue destruida presente el proceso verbal significado por el verbo destruir como sufrido, no como realizado por el sujeto. Se trata de giros perifrásticos que suelen clasificarse en perífrasis de voz pasiva, perífrasis de voz causativa, etc.

Como una misma expresión perifrástica puede tener más de un sentido textual, en muchos casos no queda otro remedio que clasificar algunas de estas secuencias idiomáticas en varios grupos a la vez. Así, por ejemplo, la construcción ir a + infinitivo se clasifica, en unos contextos, como perífrasis de futuro inmediato, y, en otros, como perífrasis de modalidad intencional; la frase haber de + infinitivo se cataloga, en unos casos, como perífrasis de modalidad obligativa, y, en otros, como perífrasis de modalidad hipotética.

A veces, incluso, el contenido de la perífrasis no cabe enteramente en ninguno de los grupos citados. Es el caso, por ejemplo, de la frase romper a + infinitivo, que, además de su contenido aspectual initivo, presenta un matiz de brusquedad. Para resolver este no pequeño inconveniente se suele hablar de „matices estilísticos“ de las perífrasis verbales.

2. El planteamiento semántico lingüístico.

Esta doctrina tradicional de las perífrasis verbales es inadecuada porque, situando el análisis en el plano extralingüístico, como la mayor parte de la gramática y de la lexicología que se ha hecho hasta hoy, confunde:

a.      el significado inherente a cada una de las unidades del idioma con la sustancia conceptual denotada;

b.      el significado morfológico con vagas ideas referenciales de tiempo cronológico, realidad e irrealidad, punto de vista del hablante, actividad y pasividad, etc.;

c.       el significado primario del signo (sea simbólico o mostrativo), con el significado categorial;

d.      el significado sintáctico, con las relaciones designativas más vagas de la lógica aristotélica.

Hay que hacerse una idea clara de las unidades del plano del contenido de los idiomas. El único significado constante que verdaderamente aporta un signo lingüístico es una reacción psíquica, un impulso semántico interno al individuo hablante, que nada tiene que ver con las ideas que poseemos de las cosas ni con las relaciones lógico-designativas que nos imaginamos entre ellas. Así, por ejemplo, el signo ir significa única y exclusivamente una significación simbólica o léxica invariante que, para entendernos1, podríamos definir como ‘movimiento de orientación ablativa’, y una significación categorial verbo, que, también para entendernos, podríamos definir como ‘proceso’.

Esta forma de contenido interna al idioma, que es una operación psíquica muy concreta y totalmente independiente de cualquier uso real de parole, adquiere en el ejercicio práctico del hablar orientaciones contextuales muy diversas, según la naturaleza de las experiencias designada y nuestras ideas acerca de ellas. Así, por ejemplo, en la frase esta tarde iré a tu casa, el significado ‘movimiento con orientación ablativa’ del verbo ir se carga de sentido contextual ‘movimiento físico de alejamiento del hablante’, por el carácter locativo del término preposicional; en la frase el tiempo va a mejorar, adquiere dicho significado el sentido contextual ‘está cambiando’, por el carácter nocional, o mejor, categorial verbo, del régimen de la preposición; en la frase le irá bien descansar una semana, adquiere el sentido contextual ‘sentar’, por naturaleza también nocional de su complemento; etc.

En todos estos casos, estamos ante matices de sentido externos al idioma, que no se confunden nunca con el valor invariante propiamente idiomático del signo. ático del signo.  Y a pesar de la aparente evidencia de estas denotaciones (que es lo único que se impone en la reflexión, en la actividad de conceptualizar), sin embargo, lo que efectivamente se percibe en todas y cada una de las actualizaciones de parole del verbo ir es el valor-vivencia que, por razones teóricas, hemos llamado ‘movimiento con orientación ablativa’ formalizado en el texto como proceso. Todo lo demás son heterogéneos efectos de sentido, más o menos fijados en la norma, que se subordinan a este procedimiento semántico constante.

Es evidente, pues, que el significado interno del signo es el único instrumento semántico que nos permite formalizar sustancia de contenido, conceptualizar o inventarnos el mundo, sin que se confunda nunca con él. Este plano esencial de los idiomas no está configurado en una sola dimensión, sino que contiene varios niveles, teóricamente independientes. Veamos cada uno de ellos por separado:

1.  El significado primario.

Constituye el nivel de las intuiciones semánticas básicas, independientes del valor categorial. Estas intuiciones pueden ser tanto descriptivas o simbólicas como mostrativas, tal y como planteó Karl Bühler. Las primeras significan simbolizando, ofreciendo una serie de notas descriptivas. Son el objeto de estudio de la lexicología. Las segundas significan ubicando en el universo del discurso y organizan el campo de la mostración de las lenguas. Constituyen el objeto de estudio de la gramática. La diferencia esencial entre lo léxico y lo gramatical no puede formularse bien diciendo, como suele hacerse, que las unidades léxicas pertenecen a clases abiertas y las gramaticales a clases cerradas; y, menos todavía, diciendo que los signos léxicos gramaticales solamente significación instrumental. La diferencia entre la significación léxica y la significación gramatical reside exclusivamente en el modo de significar: los signos léxicos significan describiendo en abstracto; los signos gramaticales significan formalizando instancias del universo del discurso.

El modo de significar de cada una de estas instancias semánticas es radicalmente distinto. Sintácticamente, tanto unos signos como los otros pueden actuar de núcleo, de término primario de las relaciones, aunque eso es un problema que depende de la significación categorial de que aparezcan revestidos. Hay que eliminar de los estudios del lenguaje la creencia de que los únicos signos que tienen verdadero significado son los signos simbólicos o léxicos. La realidad es que los signos mostrativos están tan llenos de significado lingüístico como los signos descriptivos.

Todas las unidades que encontramos en el ámbito de la morfología de las lenguas son de naturaleza mostrativa.

2.  El significado categorial.

El significado categorial constituye el nivel de los moldes semánticos que dan determinada forma existencial al significado primario (sea mostrativo o simbólico), para que pueda desempeñar una determinada función sintáctica en el enunciado. Se trata del único tipo de significado que, por tener existencia por encima de los signos individuales, organiza la verdadera sintaxis de los idiomas. Los contenidos léxicos de los signos no intervienen  para nada en las  relaciones  sintácticas  invarianantes.

En una frase como habíamos estudiado, lo único que sabemos desde el punto de vista gramatical es que hay dos procesos (haber y estudiar), una significación sustantiva de primera persona plural, que controla ambas acciones, un contenido mostrativo de determinación (modo indicativo), un contenido adverbial mostrativo-temporal que nos sitúa lo predicado por el primer verbos en un punto del universo del discurso anterior al presente y un contenido aspectual de conclusión o cierre del segundo proceso verbal. La relación sintáctica de atribución de este segundo proceso al sujeto del primero, pero pasando a través de él, completa el inventario de contenidos gramaticales que encontramos en la mencionada frase. No hay, pues, ninguna justificación gramatical para decir que el primer signo carece de autonomía semántica y que es un mero morfema del segundo, que es quien desempeña la función de núcleo del predicado.

3.  El significado sintáctico.

El significado sintáctico es el valor relacional constante que se da en el texto entre dos contenidos categoriales concretos. Tampoco intervienen aquí para nada los significados primarios de los signos, ni, por supuesto, sus denotaciones. La misma relación sintáctica hay entre los elementos de la frase venir de casa que entre los elementos de las frases disfrutar de la paga, estar de frente, hablar de otro asunto, llegar de mañana, amado de sus padres, etc. Lo que varía en cada una de estas oraciones no es el significado invariante de la relación, que es exactamente el mismo en todos los casos (relación indirecta de ‘origen’ entre el verbo y el sustantivo), sino el particular significado léxico de cada uno de los signos que la forman y los sentidos más o menos estables que les haya atribuido la comunidad hablante a lo largo de la historia del idioma.

Descritos los niveles semánticos de las lenguas naturales, conviene que nos hagamos ahora la siguiente pregunta: ¿pierde el verbo auxiliar de las frases perifrásticas su significación léxica inherente, su calor categorial y su función sintáctica originarios y pasa a funcionar como un mero signo gramatical, como quiere la doctrina tradicional? Nosotros estamos firmemente convencidos de que no. La significación lingüística primaria, el valor categorial y la relación sintáctica del primer signo de las perífrasis verbales se mantienen, como no podría ser de otro forma, constantes, sin ningún tipo de alteraciones lingüísticas, ni siquiera en los casos considerados más claramente desemantizados, que son los llamados tiempos compuestos del verbo y las formas de voz pasiva.

Lo que verdaderamente sucede en una construcción como, por ejemplo, van a ser las cinco no es que el signo ir pierda su significación léxica primaria ‘movimiento con orientación ablativa’, su valor categorial de ‘proceso’ y su función sintáctica de ‘término primario de la relación’ o ‘elemento regente’ y que haya adquirido un valor gramatical temporal de ‘inminencia’.

Lo que sucede realmente es que el mencionado verbo no orienta su valor semántico invariante, el impulso semántico interno que lo define, hacia el mundo de los fenómenos externos al hombre, sino que lo orienta hacia el plano interno del discurso: digamos que adquiere función designativa textual, no función designativa física o material. Esto es lo que ocurre en todo el llamado discurso repetido: en él, el significado de los signos no apunta hacia la realidad física exterior al texto, sino que presenta su valor en estado puro o apuntando a un plano nocional, a partir del cual todo el segmento puede adquirir sentidos particulares.

Ahora bien, estos sentidos (que los lingüistas y los lexicógrafos suelen llamar el nuevo significado de la expresión) se basan siempre en los significados idiomáticos inherentes a los signos que forman la construcción. Una expresión como untar el carro a alguien no significa ‘sobornar’, como indican los diccionarios al uso. Este contenido es un matiz de sentido que se le atribuye desde fuera al significado invariante de todo el segmento, que depende del valor particular de cada uno de los signos que lo forman y de sus particulares relaciones sintácticas.

Siendo esto así, no hay ninguna justificación lingüística para conmutar las expresiones hechas por signos simples. Conmutaciones como en un santiamén / lentamente, etc., que maneja Eugenio Coseriu en sus Lecciones de lingüística general (Madrid, 1981, p. 300), se hacen sobre los contenidos designativos expresados por los valores lingüísticos de esas expresiones, no sobre sus significados invariantes. Desde una perspectiva estrictamente idiomática, en un santiamén y lentamente no pueden conmutar, porque tienen estructuras semánticas totalmente distintas: i. e., carecen de base de comparación. 

[Morera, Marcial: Diccionario crítico de las perífrasis verbales del español. Pt°. del Rosario, 1991, pp. 16-36]

Anotaciones críticas al concepto de 'gramaticalización o desemantización':

„El concepto de desemantización que maneja la lingüística es enteramente designativo. Se ha partido del supuesto de que la significación invariante de un signo es el primer sentido (que generalmente suele ser material) que adquiere en la historia de los textos de una lengua y que todos los usos posteriores son, bien cambios de significado o desviaciones de ese significado (metáfora, metonimia), bien desemantizaciones. Estamos ante un planteamiento historicista decimonónico, que no se compadece ni con la naturaleza semántica de los signos ni con el modo de funcionar de las lenguas naturales.

La verdad es que, sincrónicamente, el signo tiene siempre un solo valor interno (intuición, impulso instintivo, vivencia psíquica) que se mantiene constante en todos los contextos del hablar en que aparece. Esta potencia semántica, que puede usarse para designar todo lo que se quiera (la relación entre significado y designación es tan arbitraria como la que existe entre significante y significado), es el único valor primario (aunque ahora primario no en el sentido histórico, sino sincrónico) del signo.

Todo lo demás son usos, con mayor o menor grado de estabilidad en la norma. Del hecho de que una unidad semántica deje de usarse en determinados sentidos o de que se emplee en contextos distintos de los habituales, no puede sacarse la conclusión de que haya cambiado de significado. El significado, como intuición del hablante que es, se mantiene siempre constante. Por ello precisamente es por lo que se le puede atribuir a la lengua categoría de código.

Por tanto, desde la perspectiva sincrónica (único punto de vista que permite dar cuenta de la verdadera estructura de los idiomas), el mismo valor léxico invariante, el mismo significado categorial y la misma función sintáctica presenta el verbo ir en la frase ir a California que el verbo ir de la frase ir bien vestido o el de la construcción perifrástica vas a caerte.

Las diferencias que se aprecian entre todos estos usos del verbo ir son externas al idioma, dependen del contexto. No hay ninguna razón para negar que, en todos los casos señalados, y en cualquier otro que aparezca, el verbo ir pueda conmutar con cualquier otro verbo de la lengua española. Así, por ejemplo, el ir de la frase vamos sabiendo más, no solamente puede conmutar con los verbos considerados auxiliares estar, seguir, quedar, andar, etc., sino también con cualquier otro verbo predicativo, como vivir, morir, llegar, salir, etc.

El hecho de que aquéllos no aporten contenido referencial y éstos sí, se debe a razones puramente contextuales o designativas. En unos casos hay función designativa física y en los otros no. Llegamos así a la conclusión de que los supuestos valores gramaticales de aspecto, modo, tiempo y voz perifrásticos no son otra cosa que heterogéneos sentidos nocionales que adquieren ciertos verbos en determinados contextos, sentidos nocionales que, como hechos de sustancia que son, se sustentan siempre sobre significados invariantes particulares.

No responden, pues,  formas lingüísticas concretas, razón por la cual hay tantas discrepancias entre las clasificaciones que los distintos estudiosos han hecho de las perífrasis verbales. Tiempo, modo, aspecto y voz morfológicos, por una parte, y tiempo, modo, aspecto y voz perifrásticos, por otra, se diferencian en que los primeros son de naturaleza mostrativa, en tanto que los segundos consisten en efectos de sentido emanados de determinados valores léxicos.

Precisamente porque el verbo auxiliar no apunta hacia la realidad externa al discurso es por lo que se dice que el verdadero núcleo predicativo del segmento perifrástico es el verbo auxiliado, mientras que aquél actúa como simple signo instrumental. No debe olvidarse, sin embargo, que eso que solemos llamar función predicativa de un signo es un hecho estrictamente conceptual: depende de la circunstancia contextual de que adquiera función designativa externa al texto, cosa que, como es obvio, no afecta para nada a las verdaderas funciones semántico-lingüísticas.

Estos argumentos lógico-conceptuales no sirven, pues, para sustentar la hipótesis de que el verbo auxiliar pierde su condición sintáctica de término primario de la relación. Lingüísticamente, la falta de función conceptual no incapacita a un signo para desempeñar el papel de término primario o regente de otro signo.

La carencia de contenido lógico-conceptual del auxiliar y no un significado lingüístico particular es, por otra parte, lo que determina las especiales posibilidades transformacionales de las perífrasis verbales. Hoy se sabe que las transformaciones no demuestras igualdades ni desigualdades lingüísticas, puesto que se basan en los sentidos contextuales de los signos, y no en sus significados internos. Tampoco, pues, este argumento puede aducirse como prueba para demostrar la existencia de funciones perifrásticas invariantes en la gramática de las lenguas.

El hecho de que la construcción llegar a casa pueda ser transformada en la expresión interrogativa ¿adónde llega? mientras que la construcción llegar a insultarlo repugna tal transformación depende más de circunstancias designativas que de verdaderas diferencias gramaticales entre ambas oraciones.“

[Morera, Marcial: Diccionario crítico de las perífrasis verbales del español. Pt°. del Rosario, 1991, pp. 36-38]

„Sin duda, la dificultad para delimitar la función perifrástica de un signo se plantea porque se trata de un problema pragmático de uso. No hay límites tajantes entre las variantes perifrásticas y las variantes no perifrásticas de los signos. Todo depende del contexto.

Este carácter variante de las construcciones que solemos llamar perifrásticas ha determinado los siguiente hechos:

Primero, que los lingüistas se hayan visto obligados a hablar de casos fronterizos o de semiperífrasis.

Segundo, que cada gramático elabore su propia lista de verbos auxiliares y de perífrasis verbales.

Nunca podrá haber acuerdo absoluto entre los estudiosos porque en el terreno del uso no hay límites precisos, sino que se trata de un continuo conceptual.

Tercero, que, a la vista de tantas dificultades, muchos lingüistas hayan rechazado la teoría de la desemantización del verbo auxiliar y hayan optado por los criterios transformacionales.

Dice Gómez Torrego:

Se suele decir que un verbo para ser auxiliar debe estar total o parcialmente gramaticalizado, esto es, debe haber perdido todo o parte de su significado originario. Sin embargo, este criterio no es fiable por varias razones:

a)  Existen perífrasis verbales cuyos verbos auxiliares mantienen su significado originario y pleno (...)

b) No es fácil saber sincrónicamente cuándo un verbo empieza a desemantizarse. Piénsese que en los diccionarios una entrada léxica cualquiera presenta diversas acepciones sin que ello nos obligue a preguntarnos cuál es la originaria.

c) Hay construcciones con infinitivo y participio en las que el verbo precedente está usado metafóricamente o aparece claramente desemantizado, y no por eso hay que hablar de perífrasis verbales. 

                                                            (Gómez Torrego, L.: Perífrasis verbales. Sintaxis, semántica y estilística. Madrid, 1988, pp. 12-13)

En efecto, así es. La doctrina de la desemantización parte de una concepción designativa del significado y, como, desde este punto de vista, no hay regularidad en los idiomas, las dificultades para montar sobre él una teoría coherente son enormes. No obstante, las transformaciones plantean el mismo problema que la desemantización. Cada uso concreto presenta sus propias aptitudes transformacionales, porque éstas dependen del sentido contextual que haya adquirido la unidad lingüística, no de equivalencias semánticas o de relaciones estructurales. [...]

Está claro, pues, que en los contextos que estudiamos ni el auxiliar ni el elemento de relación que puede haber entre ambos verbos se vacían verdaderamente de su significación lingüística interna por el hecho de que no presenten función designativa física. [...]

Si para la gramática tradicional esto no estuvo claro, fue porque partía de un concepto equivocado de significado. Confundía el valor interno al signo, su impulso semántico, con uno de sus sentidos, con la designación física. Desde el momento en que no aparecía ese matiz contextual, se sacaba la conclusión de que, o bien había desviación, sentido figurado, o cambio de significado, o bien había desemantización. Pero esto es una falsa visión del problema, como muy bien ha señalado Michel Launay:

Pero cuando se habla de „pérdida de significado“ a propósito de los auxiliares, ni siquiera es eso a lo que se hace referencia: en realidad, se toma uno de los valores discursivos (¿el más frecuente?) de la forma considerada y se le da título de „sentido pleno“ o „sentido fundamental“, lo cual permite hablar después, en presencia de otros empleos del mismo verbo, de „cambio“ o de „pérdida“ del significado arbitrariamente considerado como „propio“. 

(„Acerca de los auxiliares y frases verbales“, LEA, II (1980), pp. 43-44)

Tanto el sentido predicativo como el sentido perifrástico de un verbo son meras variantes del uso de su valor fundamental. El planteamiento historicista decimonónico que acabamos de comentar llega incluso a suponer que las variantes intermedias son fases de transición en que todavía la lengua no ha llegado a su estado ideal. Se ignora así que, en todas las etapas de su existencia, el idioma presenta una situación perfecta.

Siendo el tema de las perífrasis verbales más un problema de comentario de texto que un problema de gramática, no queda otro remedio que determinar, en primer lugar, los valores particulares de los signos que les sirven de base y las funciones sintácticas que desempeñan en el conjunto, para, posteriormente, estudiar los sentidos que han actualizado en la norma.

Los problemas que tiene que abordar un planteamiento rigurosamente lingüístico de las perífrasis verbales son, pues, los siguientes:

1.  El significado léxico particular del primer término de relación o regente sintáctico. Es decir, el significado simbólico inherente al tradicionalmente llamado verbo auxiliar.

2.  El significado gramatical particular, aunque también el significado léxico, del segundo término de relación o forma no personal del verbo: infinitivo, gerundio o participio.

3.  El significado invariante particular del elemento de relación (pronombre relativo o preposición) que puede haber entre verbo auxiliar y verbo auxiliado.

4.  El significado de la particular relación sintáctica que hay entre el primer término de la relación y el segundo.

Es a partir de estos valores semánticos particulares de donde surgen los distintos matices contextuales perifrásticos que muchos estudiosos llaman gramaticales. [...] El supuesto contenido gramatical que les atribuyen los gramáticos a las frases en cuestión es un mero efecto de sentido contextual, una mera orientación interpretativa de los contenidos básicos mencionados. No estamos, pues, ante valores autónomos, formalizados en el idioma, como los contenidos de tiempo verbal, voz verbal, aspecto verbal, modo verbal, etc., sino ante hecho de parole.

No podemos estar de acuerdo con Guillermo Rojo cuando escribe:

Hemos de reconocer inmediatamente que la significación total de ten [tiene] que mirar, por ejemplo, es algo diferente de la suma de las significaciones parciales de ter [tener] y mirar. Lo mismo sucede en los otros tres casos. En este tipo de complejos, no se trata ya de la suma de dos conjuntos de semas. El resultado es algo nuevo, que no existía en ninguno de los dos elementos aisladamente considerados.  (Rojo, G.: Perífrasis verbales en el gallego actual. Santiago de Compostela, 1974, p. 61)

Para nosotros, las cosas son justamente al revés: tengo que mirar es una construcción lingüística en la que todos sus elementos presentan vivos sus valores idiomáticos particulares, igual que en la frase tengo qué mirar. La única diferencia existente entre ambas oraciones radica en el distinto sentido óntico que presenta el relativo que en cada caso.

Para la clasificación de las perífrasis verbales del español seguiremos el criterio de la naturaleza gramatical del verbo auxiliado, naturaleza gramatical que ofrece una orientación semántica determinada a la frase, y que nos permite hablar de perífrasis de infinitivo, perífrasis de gerundio y perífrasis de participio.

Dentro de cada uno de estos apartados nos centraremos en el significado léxico particular del primer verbo y en el tipo de construcción sintáctica (si es preposicional o no). Como la clasificación onomasiológica tradicional es más confundidora que esclarecedora, por cuanto que los conceptos que maneja son muy imprecisos e inducen a inexistentes polisemias y sinonimias, renunciamos a ella y ordenaremos el material según un riguroso criterio alfabético dentro de cada apartado general.“

[Morera, Marcial: Diccionario crítico de las perífrasis verbales del español. Pt°. del Rosario, 1991, pp. 40-46]

Resumen:

„Regidas por otro verbo, las formas no personales del verbo español (infinitivo, gerundio y participio) dan lugar a los tres esquemas bipredicativos invariantes siguientes: verbo (preposición o pronombre relativo) + infinitivo, verbo + gerundio y verbo + participio.

1. En la actualización de parole de estos tres esquemas sintácticos, pueden ocurrir dos cosas:

A) que el primer lexema verbal y el elemento de relación (si lo hubiera) adquieran función designativa física, apuntando a algún hecho de la realidad externa al discurso: v. g., mandó cerrar la puerta, llegar cantando, etc. En estos casos se produce una suerte de fijación designativa. Es lo que la gramática tradicional suele llamar función predicativa del primer verbo de la construcción.

B) que el primer lexema verbal y el elemento de relación (si lo hubiera) no adquieran función designativa física, sino que presenten función designativa nocional, apuntando hacia la realidad interna al texto: v. gr., llevamos matriculados veinte alumnos, hemos de levantarnos temprano. No hay aquí fijación designativa. Es lo que la gramática tradicional suele llamar construcciones perifrásticas.

Las consecuencias lógico-conceptuales de esta circunstancia contextual son las siguientes:

a) La idea aportada por la forma no personal del verbo (infinitivo, gerundio o participio) se entiende como núcleo conceptual de la construcción.

b) El significado léxico aportado por el primer lexema verbal o regente sintáctico se entiende ahora, desprovisto de contenido conceptual, como una precisión secundaria del mencionado núcleo nocional. Las características de esta precisión secundaria son las siguientes:

a’)   Cada lexema aporta un contenido descriptivo particular, que no se confunde nunca con el contenido descriptivo de otro lexema verbal que pueda aparecer en la misma posición. No se puede hablar, por lo tanto, de variantes de registro, diferentes estilísticas o sinonimia entre dos o más giros perifrásticos que apunten hacia una misma designación.

b’)  Se trata de un contenido léxico, simbólico, que nada tiene que ver con los contenidos gramaticales de modo, tiempo, aspecto y voz, que son valores mostrativos. Por tanto no se puede confundir tiempo, modo, aspecto y voz perifrásticos con tiempo, modo, aspecto y voz morfológicos.

c’)   Dependiendo del contexto, estos valores léxicos invariantes pueden adquirir interpretaciones conceptuales distintas, que, obviamente, no son autónomas, sino que se sustentan sobre aquéllos.

c)  El agente y los complementos lógicos de la frase actúan ahora sobre la idea aportada por la forma nominal del verbo y no sobre el primer lexema verbal.

d) Esta organización lógico-designativa hace cambiar las aptitudes transformacionales del enunciado: no son posibles las transformaciones de pasiva, las transformaciones interrogativas, etc         

2.    La falta de función designativa física en el auxiliar no se da solamente cuando éste se combina con una forma no personal del verbo, sino que puede aparecer también cuando se combina con un sustantivo, un adjetivo, un adverbio, etc.

3.    La falta de función designativa física no es una característica exclusiva de los verbos auxiliares, sino que se da en todo el llamado discurso repetido: modismos, preposiciones régimen de verbos, etc.

4.    Dado que el verbo auxiliar no pierde ni su significación léxica ni su significación categorial, ni la preposición pierde su valor relacional invariante, no puede hablarse de imposibilidad de conmutación de estas unidades.

5.    La distinción verbo con función designativa física (o predicativa) / verbo sin función designativa física (o auxiliar) no debe hacer creer que se trata de una oposición formalizada en el idioma. Antes al contrario: estamos ante una distinción impresionista que hacemos en el terreno caótico de la variación. Esta vaguedad conceptual es la que determina:

a) que sea casi imposible distinguir entre significado o sentido perifrástico y significado o sentido metafórico.

b) que haya ciertos verbos de significación léxica particular (deber, pensar, soler) que, a pesar de que presentan función designativa externa, sean considerados auxiliares por la tradición. Son los llamados verbos modales.

c)  que los estudiosos hablen de casos fronterizos, semiperífrasis o grados distintos de desemantización en aquellas frases en las que la ausencia de designación física no es absoluta.

d) que no haya acuerdo entre los gramáticos ni en el significado de determinadas construcciones ni en el número exacto de verbos auxiliares que hay en nuestra lengua.

6.    Según todo esto, es obvio que las perífrasis verbales son más un problema de comentario de texto que un problema de gramática sensu stricto.“

[Morera, Marcial: Diccionario crítico de las perífrasis verbales del español. Pt°. del Rosario, 1991, pp. 315-319]

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1       Las descripciones de los signos léxicos que damos a lo largo de este trabajo son necesariamente aproximativas, porque las intuiciones semánticas, como cualquier otra criatura de la realidad, no pueden definirse con palabras.

Las perífrasis verbales:

Las perífrasis verbales son unidades semántico-funcionales constituidas por un núcleo binario indisoluble (aun cuando ambos constituyentes mantengan la posibilidad de funcionar, en otras circunstancias, como verbos plenos), formadas por una forma no personal del verbo y un auxiliar o verbo que ha experimentado un proceso de deslexicalización. En tales perífrasis o frases verbales se dan dos modificaciones formales respecto a las que hemos visto hasta ahora (los tiempos compuestos de la conjugación, que originariamente eran perífrasis verbales y las perífrasis en función del aspecto):

1.  Posibilidad formal de verbo auxiliar más verbo principal en infinitivo, gerundio y participio.

2.  Los verbos auxiliares que dan lugar a estas construcciones son: estar, ser, haber y tener, que en esta función están enteramente gramaticalizados, es decir, pierden total o parcialmente su significado propio. Además de éstos, existen en español una larga serie de verbos que se pueden utilizar como auxiliares y que para ello han sufrido paulatinamente procesos de gramaticalización más o menos profundos.

Así pues, hay tendencias a que cualquier verbo en español pueda funcionar como auxiliar.

Como todos los verbos (a excepción de «haber») conservan en la lengua moderna su significado propio, habrá que decidir en cada oración, si su significado se ha perdido u oscurecido en grado suficiente como para estimarlos verbos auxiliares.

Clasificación de las perífrasis verbales:

1.  Verbo auxiliar + infinitivo

Las perífrasis formadas por un verbo auxiliar seguido de infinitivo dan a la acción carácter orientado relativamente hacia el futuro. La acción expresada por el verbo en infinitivo es siempre futura aunque la totalidad del concepto verbal sea presente, pasado o futuro.

Ejemplos:

El tren va a llegar.

No llegó a comprender.

Tengo que irme.

La unión del verbo auxiliar con el infinitivo se hace mediante «que» o alguna preposición.

2.  Verbo auxiliar + gerundio

El gerundio mira hacia el presente y comunica a la acción carácter durativo. Con verbos de acción no momentánea «estar + gerundio» realza unas veces la noción durativa con referencia a un acto único, por ejemplo: «la gente estaba mirando el desfile» (frente a «la gente miraba el desfile»), y otras veces denota el progreso de una acción habitual, por ejemplo: «María está cantando muy bien» (frente a «María canta muy bien»). Con verbos de acción momentánea la perífrasis introduce sentido reiterativo, por ejemplo «el cazador está disparando la escopeta», acción reiterada, ya que la prolongación de un acto perfectivo momentáneo supone su repetición; por ello, sería absurdo decir «el soldado estuvo disparando un tiro», puesto que es una acción momentánea incompatible con la duración del gerundio.

3.  Verbo auxiliar + participio

El participio precedido de verbo auxiliar forma perífrasis de significación perfectiva.

Con un verbo auxiliar que no sea «haber» (pues, como ya queda dicho, éste forma los tiempos compuestos de la conjugación, en los que el participio se inmoviliza en su forma masculina del singular) el participio mantiene la concordancia con el complemento o con el sujeto. En concreto, con los verbos ir, andar, seguir el participio concuerda en género y número con el sujeto de la oración y con los verbos llevar, tener, traer y dar concuerda en género y número con el objeto directo.

Ejemplos:

Van jugadas sólo diez partidas.

Siempre andaba metido en líos.

Tu reloj sigue atrasado.

     En la etapa medieval no hay coincidencias completas con el español de hoy. Así, podemos encontrar perífrasis de infinitivo en las que no se antepone a éste alguna preposición, mientras que actualmente se exige.

Ejemplos:

Vayamos los ferir (hoy: «vayamos a herirlos»)

Saliolos reçibir (hoy: «salió a recibirlos»).“

[Urrutia Cárdenas, H. / Álvarez Álvarez, M.: Esquema de morfosintaxis histórica del español. Bilbao: Publicaciones de la Universidad de Deusto, ²1988, p. 286-287]

«Perífrasis verbal

Unión de un verbo auxiliar y un verbo léxico en forma de infinitivo, gerundio o participio para expresar nociones aspectuales o de modalidad. Entre las perífrasis aspectuales están las perífrasis

perfectivas: acabar de comer,

incorativas: echar a correr,

iterativas: volver a empezar,

frecuentativas: venir diciendo,

durativas: seguir estudiando,

progresivas: estar escribiendo.

La perífrasis modales se dividen, a su vez, en perífrasis

de obligación o necesidad: tener que trabajar,

de posibilidad o probabilidad: poder llegar,

aproximativas: venir a costar

[Eguren, Luis / Fernández Soriano, Olga: La terminología gramatical. Madrid: Gredos, 2006, p. 89-90]