ORACIÓN  

Satz

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Satz / Enunciado / Completiva (oración) / Phrase / Text / Clause / Proposición / Teilsatz / Nexus / Konnektor / Parágrafo / Discurso / Oración simple, compuesta, compleja / Satzarten im Deutschen / Satzarten im Spanischen      

 

«Oración gramatical:

a) Semánticamente, la oración es la menor unidad del habla que comunica un sentido completo. También la palabra tiene significado completo. La diferencia entre «oración» y «palabra» está en el verbo comunica. Un vocablo como azúcar posee un significado, pero para que tal palabra comunique algo, debe incluirse en una oración.

Veo el campo de fútbol.

Azúcar.

El azúcar está húmedo; ponme más azúcar.

b) Desde el punto de vista fónico (pausas, pronunciación, entonación), la oración es una unidad entre pausas.

He comprado tres libros.

c)  Sintácticamente, es toda forma lingüística que no está incluida en otra más amplia. En este sentido, la oración es independiente.

Luis estudia.»

[Alonso Marcos, A.: Glosario de la terminología gramatical. Unificada por el Ministerio de Educación y Ciencia. Madrid: Magisterio Español, 1985, p. 186]

«La oración se distingue de la frase por la presencia de un verbo en forma personal. La oración más breve consta de una sola palabra que obligatoriamente ha de ser un verbo en forma personal (Llueve). Define a la frase la ausencia de verbo en forma personal. Pueden aparecer infinitivos o gerundios (Prohibido fumar).»

[Alcina Franch, Juan: „Spanisch: Syntax“. In: In: Holtus, Gunter (ed.); Metzeltin, Michael (ed.); Schmitt, Christian (ed.). Lexikon der Romanistischen Linguistik (LRL), Tübingen : Niemeyer, 1992, vol. VI, p. 160] 

«J. M. Lope Blanch (1979) renueva el uso de cláusula como «unidad de manifestación» ... «expresión autónoma desde el punto de vista de la elocución» sin forma gramatical determinada y entre dos pausas. Gramaticalmente reserva el nombre de oración para el segmento entre cuyos elementos se establece una relación predicativa y el de frase para la expresión constituida por uno o más morfemas no organizados de acuerdo con la estructura Sujeto y Predicado. Fija asimismo el sentido de período para la expresión de dos o más oraciones o frases relacionadas entre sí por hipotaxis o parataxis. Su teoría la ha aplicado con indudable fortuna al análisis gramatical de textos orales y escritos, populares y cultos.

G. Rojo (1978 x 1983) define objetivamente a partir del morfema, por su particular estructuración interna, las unidades palabra, frase, cláusula y oración. Independientemente de su estructuración interna pueden constituir enunciado cuando consiguen autosuficiencia semántica e independencia sintáctica. La cláusula designa la tradicional oración simple y la llamada compuesta por cuanto sus componentes aparecen agrupados con el verbo (predicado) repitiendo determinados esquemas. Descarta las condicionales, concesivas, etc. que con las coordinadas adversativa constituirán la oración bipolar con conexión de interordinación. Denomina oraciones también a la coordinación de dos o más cláusulas.»

[Alcina Franch, Juan: „Spanisch: Syntax“. In: In: Holtus, Gunter (ed.); Metzeltin, Michael (ed.); Schmitt, Christian (ed.). Lexikon der Romanistischen Linguistik (LRL), Tübingen : Niemeyer, 1992, vol. VI, p. 161] 

«Desde el punto de vista de la estructura sintáctica son conectores de texto los elementos que establecen relaciones entre oraciones componentes de la unidad sintáctica llamada texto. 

El texto, es, pues, una secuencia de una o más oraciones que se caracteriza sintácticamente, en el caso de la existencia de más de una oración, por marcas de cohesión. Entre las marcas figuran como especialmente explícitos los conectores textuales. Como en el caso de la cláusula, que puede carecer de sintagmas nominales relacionados con el núcleo verbal (‘Está lloviendo’), hay ejemplos de texto constituidos por una sola oración, como en ‘Prohibido fumar’. Se entiende aquí por oración la unidad sintáctica provista de modalidad, es decir, con cierta marca entonativa y eventualmente otras marcas que permiten determinar el tipo, declarativo, interrogativo, imperativo, etc. de la expresión como un todo. La oración puede tener estructura de cláusula (o de varias cláusulas interrelacionadas), pero no necesariamente. Consideraré la modalidad declarativa como la no marcada, aunque desde el punto de vista verbal sea el imperativo el modo no marcado, y, como marca de modalidad, haga pensar en que sea la modalidad imperativa la no marcada.

El modo más general de ver estas unidades consiste en concebir la lengua como un conjunto de procedimientos disponibles que permiten, por una parte, estructurar semánticamente unidades de información de naturaleza cognoscitiva, y, por otra, procedimientos que permiten estructurar sintácticamente el conjunto de marcas que representan dicha información. La unidad básica desde el punto de vista comunicativo es el texto; desde el punto de vista cognoscitivo sobresale la unidad léxica como tablero de conexión entre pensamiento y lengua.

La interpretación de cada oración se integra en un modelo cognoscitivo del texto, construido a partir de un esquema de conocimiento acerca de cómo tiene lugar un procedimiento judicial.»

[Garrido, Joaquín:  „Operadores epistémicos y conectores contextuales“. In: Haverkate, Henk (ed.); Hengeveld, Kees (ed.); Mulder, Gijs (ed.); Berniell, Silvia (ed.). Aproximaciones pragmalingüísticas al español. Amsterdam: Rodopi, 1993. pp. 5-7]

«La unidad mínima es el enunciado, no la oración, entendiendo por ello lo siguiente: oración es el constructo abstracto (estructura de predicación: sintagma nominal + sintagma verbal la más frecuente), objeto de estudio de la gramática, y el enunciado la mínima manifestación con sentido de un hablante a un oyente en una situación concreta de comunicación. Es, por tanto, una unidad del habla, del discurso, de la realización (vid. G. Rojo: 1978, O. Ducrot: 1980) que no puede analizarse fuera de su contexto comunicativo. Puede estar formado por una oración: El tren ha llegado con retraso o varias: El tren ha llegado con retraso aunque habían anunciado lo contrario, por un sintagma: El café o una palabra: ¡Fuego! Esto supone que el hablante elige conscientemente la estructura gramatical de su enunciado de acuerdo con su intención comunicativa. Y esto no debe olvidarse en todo análisis supraoracional.»

[Fuentes Rodríguez, C.: La sintaxis de los relacionantes supraoracionales. Madrid: Arco Libros, 1996, p. 11]

«La oración: La intención del hablante divide la elocución en unidades de sentido completo en sí mismas llamadas oraciones. Tener sentido completo en sí mismas quiere decir que contienen una enunciación (afirmativa o negativa), una pregunta, un deseo o un mandato.

Al indagar las unidades sintácticas que el hablante establece en su elocución, hallamos como unidad intencional de primer plano la oración, que ya puede ser definida del modo siguiente: la oración es la unidad más pequeña de sentido completo en sí misma en que se divide el habla real. Las oraciones se van sucediendo en el discurso; pero cada una de ellas es autosuficiente para decir que enunciamos, preguntamos, deseamos o mandamos algo. La unidad de intención con que se produce cada oración tiene además signos exteriores que la aseguran para el hablante y para el oyente. Tales son: las inflexiones de la entonación; la trabazón que la concordancia indica entre las palabras que la componen; el enlace que señalan las partículas; el orden fijo o libre con que se suceden las palabras y las frases. Fuera de los límites de la oración no funcionan ya estos recursos expresivos de su unidad interna: la curva melódica es otra; desaparece la concordancia (salvo en referencias anafóricas), y no actúan ya ni el régimen de las preposiciones ni el enlace conjuntivo, excepto en algunas conjunciones continuativas. Estos factores indican en todos los casos los límites de una oración. Al definirla como la menos unidad sintáctica del habla no debe pensarse en su extensión: hay oraciones cortas que contienen una sola palabra y otras, largas, que comprenden muchas palabras y frases. Lo que importa es que cada una de ellas tenga sentido completo en sí misma y exprese una enunciación, una pregunta, un deseo o un mandato.» [Esbozo ..., p. 349-350]

«Las oraciones bimembres son las que principalmente han servido y sirven de patrón para el análisis sintáctico, en cuanto establecen una relación formal entre los dos términos del juicio lógico: sujeto y predicado. Cada uno de ellos puede llevar complementos propios que lo determinan y desarrollan, y que se articulan en torno al sujeto o en torno al predicado, como núcleos esenciales de la oración gramatical. Con este criterio podemos definir la oración como forma sintáctica que expresa la relación entre sujeto y predicado.

No olvidemos que definíamos la oración como unidad del habla real con sentido completo en sí misma. Cada una de estas unidades puede contener un solo juicio (oración simple) o más de uno (oración compuesta). ... para la práctica del análisis sintáctico, donde hay un verbo hay una oración simple; donde haya dos o más verbos trabados entre sí, tenemos una oración compuesta. Naturalmente, ciertas perífrasis con un verbo auxiliar cuentan como un solo verbo.» [Esbozo ..., p. 352]

«Denominamos oración simple a la que tiene como núcleo del predicado un solo verbo en forma personal. La oración simple puede ser muy breve( ¡Callad!; Luis volverá) o muy larga. Lo que caracteriza a la oración simple no es su tamaño, sino el hecho de que el núcleo de su predicado sea un solo verbo en forma personal. Puede haber oraciones simples con verbos en forma no personal, cundo no hay otro verbo en la oración: ¡A callar!; ¿Por dónde empezar?; ¡Andando!; Los novios entrando en la iglesia (al pie de una foto).»

[Lázaro, F./ Tusón, V.: Lengua española. Madrid: Anaya, 1989, p. 90]

Oración: Unidad sintáctica básica integrada por unidades lingüísticas menores (palabras, morfemas, fonemas), pero no integrable en unidades superiores a ella misma.

Su definición es problemática. Algunos distinguen entre oración  y frase, o entre oración y  proposición. Se dice entonces que en la coordinación se relacionan oraciones, mientras que en la subordinación existe una oración principal a la que se subordina una o más proposiciones.               

Para la gramática generativa es oración cualquier estructura superficial que no sea agramatical.

«El concepto de oración:

Ya J. Ries citaba 139 definiciones de oración. No nos parece objetivo tan indispensable lograr una definición, que siempre pecará de incompleta o de extensa, como obtener un concepto suficientemente preciso de oración. Antes de entrar en él, nos permitiremos una ordenación de las más notables definiciones que se han dado de oración. Distinguimos por un lado:

I.       Definiciones que atienden a la forma de expresión.

II.     Definiciones que atienden al contenido.

III.   Definiciones que atienden a las funciones.

I.       Entre las del primer grupo podemos reconocer

          a)           las que se fijan en los segmentos de la unidad:

1) las que definen la oración como la expresión de un verbo, regido por un nombre.

2) las que aceptan otra versión: „expresión de sujeto y predicado“.

3)      las que creen necesario, para que exista una oración, un verbo conjugado.

          b) las que se ciñen a los suprasegmentos.

II.     En el segundo grupo de definiciones están las que atienden al contenido de la oración.

          Unas se centran 

a)      en la autosuficiencia semántica: „palabra o reunión de palabras con sentido completo“ (Amado Alonso y Henríquez Ureña), „expresión completa e independiente“ (Jespersen).

b)      en la capacidad de emitir un mensaje inteligible: „palabra o conjunto de palabras con propósito inteligible“ (Gardiner), „conjunto de representaciones anímicas que pretenden repetirse en el alma del oyente“ (Paul).

c)      unas terceras refrendan que la oración expresa un juicio: „expresión oral de un pensamiento

          o juicio“ (Bally, RAE).

d)      y, por fin, las últimas siguen un criterio psicológico, la oración como unidad intencionalmente diferenciada: „descomposición intencional de una representación en sus elementos  lógicamente relacionados“ (Wundt).

III.   Entre las definiciones que tienen en cuenta la función de la oración está la de Bloomfield, que  la juzga „forma lingüística independiente no incluida, en virtud de ninguna construcción gramatical, en ninguna forma lingüística superior“; es decir que para este autor se trata de „una forma lingüística en posición absoluta“, definición que sigue muy de cerca Hockett.

El concepto de oración:

La oración es un todo unitario, es una unidad lingüística con estructura propia; pero al mismo tiempo que unidad gramatical es unidad textual o de enunciado, compuesta, generalmente pero no necesariamente, por nexus y formante de parágrafos, que posee autonomía semántica, independencia gramatical y unidad fónica.

La autonomía semántica que atribuimos a la oración no quiere decir que „tenga sentido completo“, sino que para transmitir su mensaje, que será comprensible, no necesita apoyarse en ningún elemento lingüístico. Es decir, que semánticamente es independiente y capaz de transmitir un mensaje.

Posee independencia gramatical en cuanto que sus componentes guardan una relación dentro de la oración y configuran una estructura interna; y que dicha unidad no necesita apoyarse sintácticamente en ninguna otra para emitir un mensaje, ni es componente, en principio, de otra unidad de su mismo rango o de nivel inferior. Es decir, que sus elementos no guardan en general relaciones sintácticas con elementos externos a la propia oración. Pero algunos de ellos pueden guardar relación de anáfora o catáfora con elementos de otra oración. Las llamadas „subordinadas“ por una larga tradición gramatical no son en modo alguno oraciones. Es verdadera unidad gramatical con estructura propia; pero ésta no es la del „sujeto-predicado“ o „sintagma nominal-sintagma verbal“, que corresponde a otra unidad que llamamos nexus.

La unidad fónica debe interpretarse en el sentido de que creemos que esta unidad consta de una „Base segmental + suprasegmentos“; que la base, por sí, sería suficiente en ocasiones para transmitir el contenido, sobre el sistema fónico de la lengua; y que se suman a ella suprasegmentos, pertenecientes a códigos diferentes, en simbiosis con el segmental. Esos suprasegmentos son los tonemas, los acentos, el ritmo, las pausas. Es decir, que en una oración tenemos una cadena segmental entre dos pausas, con una melodía organizada en unidades tonales, significativa, con un determinado ritmo elocutivo capaz de manifestar una acusada expresividad, de modificar el mensaje segmental y aun de anularlo.

Oración - Nexus

Hoy va siendo general distinguir la oración del nexus o proposición. Llamaremos nexus, siguiendo a Jespersen y al fin de evitar las ambigüedades y polisemias de los términos proposición y cláusula, a la estructura gramatical /SN + SV/.»

[Hernández Alonso, César: Gramática funcional del español. Madrid: Gredos, ²1986, pp. 52-59]

«Tradicionalmente se habla de tres posibilidades de definición de la oración:

Desde el punto de vista psicológico, la oración se caracteriza por su unidad intencional: el hablante quiere transmitir algo, quiere comunicar algo.

Desde el punto de vista lógico, la oración corresponde a la proposición lógica, es la expresión verbal de un juicio: se compone así de un sujeto y un predicado.

Desde el punto de vista gramatical, la estructura profunda de una oración consta de una frase nominal y una frase verbal (sintagma nominal y sintagma predicativo); tradicionalmente estos dos constituyentes oracionales toman sus nombres de la lógica y se llaman sujeto y predicado. En la estructura superficial puede faltar uno de estos elementos: ¡Arriba, canes, arriba!

Los estructuralistas tienen grandes problemas a la hora de definir la oración, puesta que, en superficie, la variedad formal de las oraciones es enorme. Knud Togeby ha realizado una revisión crítica de las definiciones de oración clasificadas en tres grupos, a las que añade un cuarto tipo:

Definiciones caracterizadas por la independencia de esta unidad. El criterio funcional hace abstracción de las conjunciones de subordinación, por lo que trata las principales y las subordinadas como unidades independientes.

Las definiciones morfológicas se apoyan en la presencia de un verbo en forma personal. Se pueden criticar al dejar fuera las frases de un solo miembro, como interjecciones, o sintagmas nominales como cher ami.

Las definiciones sintácticas, que atienden a la construcción, componen el tercer tipo: relación con el juicio lógico, como su expresión, de ahí la consideración de su estructura binaria de sujeto + predicado (Sapir, Bloomfield, Sechenhaye).

Togeby se plantea la necesidad de una cuarta definición, una definición operativa, necesaria para satisfacer los requisitos de las subordinadas, las atributivas sin cópula expresa y las frases de un solo miembro. Este criterio incluye, frente a Alarcos, las construcciones absolutas de todas clases (comida hecha, 1, compañía deshecha).

Recientemente, Guillermo Rojo, en su libro Cláusulas y oraciones, ha llamado la atención sobre la dispersión terminológica, tratando de contenerla. El autor, como nosotros, está de acuerdo en que la gramática generativa ha dejado claro que la oración pertenece a la competencia lingüística del hablante, y no a la actuación. Lo que discute es que la regla O => FN, FV sea suficiente. Respecto a la diferencia entre oración y proposición ... el mencionado autor arranca de la diferencia terminológica que existen en otras lenguas (francés: proposicion-phrase, inglés: clause/sentence, si bien habría que decir que esa diferencia terminológica, en la práctica, dista mucho de ser rigurosa. Su propuesta es que cláusula se emplee como unidad inmediatamente inferior a la oración, que es la más alta de la escala. Así, «el segundo elemento de las dos parejas [phrase, sentence, oración] es utilizado para designar la secuencia en la que contraen relaciones dos o más de las secuencias designadas con el primer término (aunque se reconoce también la posibilidad de que el elemento de nivel superior esté formado por un único elemento de nivel inferior, en este caso tenemos, respectivamente, una phrase simple y una simple sentence [y una oración simple, tendríamos que añadir]» (p. 46).

Por nuestra parte, recurriremos habitualmente a los términos oración simple (aquella cuyo indicador sintagmático o demarcador de frase sólo contiene un nudo O o P) y oración compleja (aquella cuyo indicador sintagmático contiene más de un nudo O o P): Los burros vuelan para la oración simple, y Los burros que he visto vuelan para la compleja. Llamaremos suboraciones a las que dependen de esos nudos  O  dependientes de otro nudo O superior: Los burros que he visto vuelan consta de dos suboraciones: los burros vuelan / que he visto.

En algún caso podremos utilizar el término proposición, tan tradicional, definido como «miembro de oración con forma de oración», aunque sin dependencias teóricas.» [Marcos Marín, F.: Curso ..., pp. 165-168]

«La oración es una unidad autónoma, cuyos elementos se agrupan en torno a un sujeto y un predicado. Cuando la oración sólo tiene un sujeto y un predicado se trata de una oración simple, cuando hay varios predicados con uno o varios sujetos, la oración es compuesta. Llamaremos oración sólo a las independientes. A las dependientes las llamaremos proposiciones, subordinaciones o elementos de oraciones complejas, y también, en su caso, cláusulas.» [Marcos Marín, F.: Curso ..., p. 335]

Oración simple es la que tiene un solo predicado.                               

Oración compuesta es la que tiene dos o más predicados. 

·     Semánticamente (según la actitud del hablante) las oraciones se clasifican en enunciativas, interrogativas, exclamativas, dubitativas, optativas o desiderativas, exhortativas  y  de posibilidad.           

·     Sintácticamente se clasifican en simples, con una sola estructura sujeto / predicado, y pueden ser copulativas o predicativas;  y compuestas, que constan de más de una estructura sujeto / predicado. Cada una de estas estructuras se denomina proposición. Las compuestas  pueden ser coordinadas  o subordinadas. 

«En la última elaboración de su modelo, Chomsky se acerca, al menos parcialmente, a algunos de los postulados de la lingüística europea (sobre todo de la Escuela de Praga), al admitir la estructura superficial (las manifestaciones lingüísticas reales) como definidora, en parte, del contenido semántico de la oración. En efecto, la distinción entre foco y presuposición de las estructuras superficiales se acerca, auque sólo parcialmente, a los conceptos tema y rema, puntos centrales del análisis establecido por los teóricos de la Escuela de Praga en el dinamismo lineal del discurso. En este nivel, la unidad de análisis es la expresión textual desde el punto de vista de su perspectiva funcional, y, por tanto, este estudio no puede ser confundido con el establecimiento de los esquemas sintáctico-semánticos, que son independientes de toda inserción textual.

No obstante, este avance queda en parte invalidado por la persistencia de N. Chomsky que se repite desde su primer modelo: la existencia de un mecanismo formal autónomo (componente sintáctico) al que se adhieren dos componentes subsidiarios e interpretativos: la semántica y la interpretación fonológica.

De este modo, las construcciones sintácticas, sus diagramas ramificados y el conjunto de transformaciones, no están en función de un contenido semántico, sino prácticamente al contrario. Esto no es sino una prueba más del automatismo absoluto que los representantes de la gramática generativa han querido insertar en el estudio de las lenguas humanas. Así como un sistema lógico o algebraico no tiene, en sí y por sí mismo, ningún contenido semántico, sino que el significado de sus estructuras, por muy complejas que éstas sean, se obtiene partiendo de las unidades mínimas establecidas para las variables y los predicados de tales sistemas, el generativismo ha querido construir gramáticas del mismo modo. Naturalmente, mientras que el estudio estaba dirigido única y exclusivamente a formalizar las reglas combinatorias formales, las contradicciones internas de este unilateral acercamiento al signo lingüístico no eran fáciles de determinar; sin embargo, desde el momento en que se pretendió dotar a estos diagramas ramificados de una interpretación semántica meramente combinatoria, comenzaron las dificultades. En efecto, si la representación sintáctica (sobre todo el llamado subcomponente base, conseguido a través de un conjunto de reglas sintagmáticas) no está motivado semánticamente, ¿cómo es que determinadas unidades significativas pueden entrar en ciertos indicadores sintagmáticos y en otros no? La única posibilidad es admitir la oración, no simplemente como sintagma, sino como un paradigma complejo que debe ser definido atendiendo a sus elementos obligatorios y al conjunto de elementos que, sin serlo dentro de un paradigma oracional particular, diferencian éste de los demás.

Este estudio, naturalmente, será más difícil, ya que a priori no sabemos cuáles son las marcas que constituyen los esquemas oraciones en oposición. Una vez establecidos los esquemas sintáctico-semánticos de la oración, se podrá estudiar su inserción textual, esto es, su conversión en expresiones dentro del discurso y las diferentes perspectivas que adquieren estos esquemas o configuraciones de marcas, cuando son insertados dentro del dinamismo lineal de la comunicación.

En la línea estructural de la Nueva Escuela de Praga, parto de la base de que la oración no puede ser entendida sólo como una unidad sintagmática - principio sostenido por el estructuralismo americano y gran parte del europeo -, sino que este concepto ha de interpretarse como una configuración de marcas distintivas, esto es, como una unidad paradigmática de las lenguas naturales. Los resultados obtenidos hasta ahora han sido, en mi opinión, positivos; sin embargo, el campo de investigación es aún colosal. Se trata de identificar todos los predicados verbales existentes en una lengua natural, formar con ellos esquemas sintácticos mínimos y establecer, más tarde, todas las sustituciones formales posibles, dependientes de estos predicados. Una vez realizada esta operación, será el momento de discernir con toda certeza si se puede hablar o no de paradigmas oracionales en oposición, al menos en el ámbito de una lengua particular.»

[Báez San José, Valerio: Introducción crítica a la gramática generativa. Barcelona: Planeta, 1975, pp. 318-320]

«En este nuevo modelo, Chomsky no ha intentado explicar aquel grave problema que se planteaba en Aspects: el de determinar la relación entre paráfrasis para él semánticamente equivalentes, como I like the music / The music pleases me, pero de las que no podía dar cuenta, según su propia afirmación, el modelo generativo-transformacional. Piénsese, además, que el ejemplo dado por Chomsky no es un caso aislado: Yo me alegro de que vengas / Me alegra que vengas / Me da alegría que vengas ... (He podido comprobar más de doscientos casos con verbos diferentes).

Dado que éste es un hecho empíricamente demostrado, sólo es verdadero uno de estos términos: o bien a) Chomsky identifica como paráfrasis semánticamente equivalentes dos expresiones semánticamente distintas, pero que atañen a una referencia idéntica y, por lo tanto, su último modelo generativo transformacional no es apto para la descripción del significado lingüístico, sino todo lo más intenta ser única y exclusivamente un lenguaje artificial más allá de todo lenguaje particular, lo cual contradice sus mismos proyectos teóricos; o bien b) el concepto de oración, tal como se describe operacionalmente en la obra de Noam Chomsky, no puede corresponder a las manifestaciones lingüísticas de las lenguas naturales.»

[Báez San José, Valerio: Introducción crítica a la gramática generativa. Barcelona: Planeta, 1975, p. 311-312]

«El enunciado y la oración

El enunciado puede estar constituido por una palabra o una secuencia de palabras, y presenta las siguientes características:

§     Está delimitado por pausas mayores (por ejemplo, la del punto y el silencio).

§     Tiene capacidad comunicativa por sí mismo y comunica bien dentro de un texto (el discurso) bien en una situación.

§     Está envuelto por una curva de entonación determinada.

§     Es sintácticamente autosuficiente.

El enunciado es la unidad mínima de comunicación, mientras que el texto es la unidad máxima.

Hay dos clases de enunciados: los no oracionales y los oracionales.

Enunciados oracionales: son enunciados constituidos por una palabra o un conjunto de palabras sin estructura oracional: ¡Silencio!, ¡Fuego!, Buenos días, ¡Adiós!

Las interjecciones y las locuciones interjectivas constituyen enunciados por sí mismas.

Enunciados oracionales: estos enunciados (la mayoría) presentan estructura oracional y pueden constar de una oración o agrupar a más de una oración: Guarden silencio; Si viene Juan, me lo dices. Algunos enunciados pueden no tener el verbo expreso y, sin embargo, ser enunciados oracionales. Son casos de elipsis, como el de las respuestas a preguntas: -¿Dónde has estado? (enunciado 1). - En casa (enunciado 2).

Los enunciados también se clasifican atendiendo a la actitud del hablante ante el enunciado:

§     Enunciativos: se enuncia como real un hecho afirmándolo o negándolo: Ha llovido hoy; No ha llovido hoy.

§     Interrogativos: se pregunta por algo o alguien. Pueden ser totales o parciales. Totales: se pregunta por el contenido total del enunciado. Las respuestas sí, no, quizá, etc.: -¿Vas a venir al cine? -¿No ha venido el profesor? Parciales: se pregunta por una parte del enunciado mediante pronombres o adverbios interrogativos o mediante grupos nominales introducidos por un determinado interrogativo. Las respuestas no pueden ser ni ni no: -¿Qué estudias? -Matemáticas (no se puede responder: *sí / *no).

§     Imperativos: se dan órdenes a alguien. Los enunciados imperativos se manifiestan en diversas maneras: Con imperativos morfológicos o sintácticos: Estate quieto; Váyase de aquí. Con subjuntivo precedido de la conjunción que o del adverbio no (estos últimos son negativos): Que os calléis; No salgáis. Con sustantivo, gerundios o adverbios y con entonación exclamativa, y con algunas interjecciones: ¡Silencio!; ¡Andando!; ¡Arriba!; ¡Aúpa! Con el modo indicativo pero con entonación exclamativa: ¡Tú te callas!; ¡Ya os estáis yendo!

§     Desiderativos: se expresa un deseo del hablante. Poseen entonación exclamativa y van introducidos por adverbios de modalidad (ojalá, así) o la conjunción que y van en subjuntivo: ¡Ojalá llueva!; ¡Así te caigas!; ¡Que llueva!

§     Dubitativos: se expresa una duda o posibilidad por parte del hablante. Sus recursos son los adverbios de modalidad (quizá, tal vez) y el subjuntivo, o la locución a lo mejor y el indicativo: Quizá llueva; A lo mejor llueve.

Cualquier enunciado es exclamativo si está envuelto en una entonación exclamativa: ¡Ven aquí!; ¡No te lo consiento!

Enunciados y oraciones

Es importante distinguir el enunciado de la oración:

§     Enunciado: es una unidad de comunicación, o sea, una unidad pragmática. En tanto que unidad de comunicación, debe tener sentido completo dentro de la situación en que se produce.

§     Oración: es una unidad sintáctica que se corresponde con la estructura gramatical constituida básicamente por un sujeto y un predicado. No importa si esa estructura tiene sentido completo o no: Juan ha venido [oración]. Me dijo que no vinieras [oración] (que = nexo; no vinieras = oración).»

[Gómez Torrego, Leonardo: Gramática didáctica del español. Madrid: sm, 2000, p. 256-258]

«Lo que aquí se llama conjunto oracional, en otras gramáticas se denomina oración compuesta.

Sin embargo, para algunos gramáticos la oración compuesta se opone a la oración simple y abarca tanto las oraciones complejas como los conjuntos oracionales, mientras que para otros la oración compuesta abarca sólo la coordinación oracional, o sea, lo que aquí se llama conjunto oracional por coordinación, y mantiene el término de oración compleja para todos los demás casos en que haya más de un predicado.

Las oraciones subordinadas y coordinadas se conocen también con los términos de proposiciones (subordinadas o coordinadas), cláusulas y suboraciones.

Algunos gramáticos entienden las oraciones yuxtapuestas, coordinadas y subordinadas como tres clases diferentes. Otros gramáticos consideran que la yuxtaposición es una variante no sólo de la coordinación sino también de la subordinación. Según estos, habría oraciones coordinadas con nexo y oraciones subordinadas yuxtapuestas (sin nexo), y oraciones subordinadas con nexo y oraciones subordinadas yuxtapuestas (sin nexo), como el estilo directo u oraciones del tipo te ruego me disculpes

[Gómez Torrego, Leonardo: Gramática didáctica del español. Madrid: sm, 2000, p. 255]

«Oraciones independientes, dependientes (subordinadas) y coordinadas

Atendiendo a la relación que una oración puede establecer con otra oración o con algún elemento de otra oración, las oraciones se clasifican en:

§     Independientes: no guardan relación de ningún tipo con otra oración ni con elemento alguno de otra oración: El niño no ha entendido la lección.

§     Dependientes o subordinadas: dependen de algún elemento de otra oración en la que se integran o bien de otra oración a la que complementan: El libro que me dejaste ya lo he leído [que me dejaste está subordinada al antecedente libro]; Si vienes, te lo agradezco [si vienes es una oración subordinada a la oración principal te lo agradezco].

§     Coordinadas: no establecen relación de dependencia sintáctica con otra u otras, sino que todas se encuentran en el mismo nivel sintáctico dentro de un único enunciado. Pueden ser

§     copulativas: se unen con las conjunciones y locuciones coordinantes copulativas: Juan vino a casa y me trajo un regalo.

§     disyuntivas: se unen con las conjunciones y locuciones coordinantes disyuntivas: O vienes o te quedas.

§     adversativas: se unen con las conjunciones coordinantes adversativas: Ana fue al cina (mas) pero no le gustó la película.

§     explicativas: se unen con nexos como o sea, es decir, esto es: Pienso, es decir, dudo.

§     yuxtapuestas: la yuxtaposición es la coordinación (y la subordinación, según algunos autores) pero sin nexos (en la escritura, los componentes yuxtapuestos se separan con una coma o, a veces, con un punto y coma): Es guapo, simpático, amable; Lee libros, pinta, hace deporte.

Conjunto oracional

Un conjunto oracional es la unión de dos o más oraciones dentro de un enunciado sin que ninguna de las oraciones sea complemento sólo de una palabra. Puede ser de dos tipos: a) Conjunto oracional por coordinación: Todos los días entreno, pero no jugaré el partido; b) Conjunto oracional por subordinación: una oración principal y otra subordinada o dependiente de toda la principal: Si vienes a casa, te doy el regalo.

Conjunto compleja

Las oraciones complejas con aquellas que contienen en su interior una oración subordinada a un elemento de ellas (sustantivo, adjetivo, verbo, adverbio o pronombre). En las oraciones complejas, por tanto, alguno de los complementos o el sujeto es otra oración: El libro que me trajiste [que me trajiste es una oración subordinada al sustantivo libro]; Querría que me felicitaras [que me felicitaras es una oración subordinada al verbo querría]. En una oración compleja no hay oración principal, pues la oración en ella integrada se subordina siempre a un elemento de la oración y no a otra oración. Sólo cabe llamar oración principal a aquella que, dentro de un conjunto oracional, está complementada por otra oración: Iré al campo aunque haga frío [iré al campo es la oración principal; aunque haga frío, la subordinada].»

[Gómez Torrego, Leonardo: Gramática didáctica del español. Madrid: sm, 2000, p. 255]

Oraciones complejas y Grupos oracionales

«Se ha caracterizado la oración por estos rasgos:

1.  Como enunciado que es, está delimitada entre dos pausas (inicial y final) y va acompañada de un contorno melódico o curva de entonación, a veces interrumpida por pausas intermedias de menor duración.

2.  Como todo enunciado, la oración transmite una comunicación de sentido cabal en cada situación de habla concreta.

3.  Frente a otro tipo de enunciados, las oraciones contienen una palabra, el verbo, en que se hace patente la relación predicativa, y por ello, este puede por sí solo constituir oración.

4.  La relación predicativa consiste en la fusión dentro de una sola palabra (el verbo) de un signo léxico y otro morfológico, con lo cual, en el contenido, queda asociado el significado de la raíz verbal con un morfema o accidente de persona (aparte de que se combinen con él otros morfemas).

Existen enunciados de aspecto oracional en que aparece más de un verbo. Se han designado como oraciones compuestas. Considérense los ejemplos siguientes:

  1. Me gustaría que Juan tuviese éxito.
  2. Pretenden que dimita el presidente.
  3. Nos preocupaba la opinión que expuso el delegado.
  4. Cuando se decidió, ya era tarde.
  5. Aunque hacía sol, el frío era intenso.
  6. Si cumple su promesa quedará tranquilo.
  7. Leyeron el informe y se aquietaron.
  8. Ganaron mucho, pero hoy están arruinados.

En cada uno de los ejemplos 1 a 6, se disciernen dos núcleos verbales (con sus correspondientes adyacentes) que no todos serían susceptibles de aparecen independientemente como oraciones. Pueden concebirse situaciones que permitan decir sin más: Me gustaría, Nos preocupaba, Ya era tarde, El frío era intenso, Quedará tranquilo. Pero otros segmentos requieren para su aparición un contexto previo. Por ejemplo: Que Juan tuviese éxito, Que dimita el presidente, Cuando se decidió serían enunciados posibles solo como respuestas a ciertas preguntas (¿Qué te gustaría?, ¿Qué pretenden?, ¿Cuándo era tarde?). No son oraciones, sino estructuras que unitariamente desempeñan determinada función dentro de otra oración.

Claro es que esos segmentos, segregados del contexto en que se encuentran (y con ciertas modificaciones), volverían a constituir oraciones independientes: Juan tendrá éxito, Dimitirá el presidente, La expuso el delegado, Se decidió, Hacía sol, Cumple su promesa. Pero en los ejemplos propuestos, han dejado de funcionar como oraciones, están degradadas y desempeñan por transposición el oficio propio de los sustantivos, de los adjetivos o de los adverbios (o segmentos equivalentes), como se observa cotejándolos con estos otros:

1.      Me gustaría el éxito de Juan.

2.      Pretenden la dimisión del presidente.

3.      Nos preocupaba la opinión expuesta por el delegado.

4.      Al decidirse, ya era tarde.

5.      A pesar del sol, el frío era intenso.

6.      Cumpliendo su promesa, quedará tranquilo.

En los ejemplos número 1, tanto Que Juan tuviese éxito como El éxito de Juan funcionan como sujeto explícito del núcleo gustaría. En los número 2, Que dimita el presidente y La dimisión del presidente son objetos directos del núcleo pretenden. En los números 3, Que expuso el delegado y Expuesta por el delegado funcionan como adyacentes del núcleo nominal la opinión. En los números 4, 5 y 6, las oraciones degradadas Cuando se decidió, Aunque hacía sol y Si cumple su promesa cumplen todas como adyacentes circunstanciales del mismo modo que las locuciones adverbiales Al decidirse, A pesar del sol, Cumpliendo su promesa.

Por lo tanto, estos enunciados 1 a 6 no deben en realidad denominarse oraciones compuestas, ni siquiera ser considerados como combinación de oraciones. En ellos no hay más que un núcleo oracional del que dependen los demás adyacentes, por complejos que sean en su estructura interna. Las primitivas oraciones están ahora subordinadas al núcleo verbal (o nominal en el número 3); funcionan como equivalentes de los sustantivos, los adjetivos o los adverbios; no son ya oraciones. La única particularidad diferencial de estos enunciados respecto del esquema propio de la oración simple consiste en que uno (o varios) de los términos adyacentes, en lugar de estar desempeñado por palabras de la categoría oportuna (sustantivo, adjetivo, adverbio), aparece cubierto por un segmento unitario que originariamente era también una oración. Es, pues, más exacto llamar a estos enunciados «oraciones con términos adyacentes complejo» o, más brevemente, oraciones complejas.

Frente a los últimos enunciados, los ejemplos número 7 y 8 de antes sí son resultado de la combinación de dos oraciones. Ambos componentes podrían proferirse con independencia uno del otro en sendos actos de habla: Leyeron el informe; Se aquietaron; Ganaron mucho; Hoy están arruinados. Las dos oraciones de cada enunciado están enlazadas entre sí mediante unidades que llamamos conjunciones (en los ejemplos, y, pero). La conjunción no modifica el valor referencial de las oraciones así reunidas en enunciado único, sino que sirve solo para indicar qué tipo de relación semántica establece el hablante entre los contenidos de una y otra. Se trata del mismo papel que desempeñan estas conjunciones conectoras cuando reúnen en una sola unidad funcional varias palabras de la misma categoría. Los sustantivos perro, gato en las oraciones Tiene perro, Tiene gato desempeñan el oficio de objeto directo; lo mismo ocurre si la conjunción los unifica en bloque: Tiene perro y gato. Así, también, los adjetivos en función de atributo de las oraciones El maestro es pobre y El maestro es honrado pueden fundirse en atributo único diciendo El maestro es pobre pero honrado. Pues de este modo, dos oraciones pueden unificarse en un solo enunciado, como los distados 7 y 8. Estos enunciados constituidos por la reunión de varias oraciones, cada una de las cuales podría usarse independientemente de las demás, serán llamados grupos oracionales

[Alarcos Llorach, E.: Gramática de la lengua española. Madrid, 1994, p. 313-315]

«Nexus

En la terminología utilizada por Jespersen, ‘nexus’ (también adaptado al español como nexo) hacía referencia a una unidad sintáctica en la que se expresaba una relación de predicación, tanto si dicha unidad constituía una oración independiente

El perro ladra

como si formaba parte de otra unidad sintáctica más amplia:

Cuando el perro ladra se me acelera el corazón.

Partiendo del sentido dado por Jespersen al término, en algunas gramáticas del español (cf Hernández Alonso, 1984; 1995) se denomina ‘nexus’ a la unidad gramatical cuya estructura responde al esquema SN-SV (sintagma nominal-sintagma verbal), sea cual sea su papel en el enunciado. Así, en

Si Paco ha venido a verte será porque quiere algo,

En cuanto a Juan su padre lo ha desheredado

todas las unidades destacadas en cursiva son ‘nexus’ en este sentido del término, todas responden al esquema SN-SV.

En los textos en los que se introduce esta denominación, ‘nexus’ se diferencia como categoría sintáctica de oración, término que se reserva en este caso, para la unidad de comunicación autónoma desde un punto de vista sintáctico y semántico. Cf Proposition, cláusula, oración.»

[Alcaraz Varó, Enrique / Martínez Linares, María Antonia: Diccionario de lingüística moderna. Barcelona: Editorial Ariel, 1997, p. 372-373]

«Oración y enunciado

El término enunciado, aunque venía siendo utilizado por ciertas corrientes filosóficas, especialmente en la Filosofía Analítica, como ‘unidad de sentido’, ‘unidad pragmática de comunicación’, ha entrado en el panorama más reciente de la lingüística como una nueva unidad.

En 1978, G. Rojo, tras analizar los puntos de vista de O. Jespersen, S. Stati y L. Zawadowski, propone distinguir los conceptos de oración y enunciado, caracterizando a este último por su carácter predicativo o comunicativo, por carecer de relaciones sintagmáticas exteriores y por ser semánticamente completo. En este sentido, constituir o no un enunciado es independiente de la cadena en cuestión, pudiendo haber palabras, oraciones o frases que no son enunciado y palabras, oraciones o frases que lo son (24-26).

En el mismo año, S. Gutiérrez Ordóñez, teniendo en cuenta la teoría de B. Pottier y, sobre todo la de Emilio Alarcos, define el enunciado como “unidad mínima de comunicación” (260), lo caracteriza finalmente como “el segmento de secuencia abrazado por un contorno melódico, i. e., comprendido entre una pausa inicial y una pausa final” (ibíd.), y lo describe como la conjunción, no suma, de dos tipos de signos, la formulación y el esquema sintagmático (ibíd.).

Este mismo autor, en publicaciones posteriores, ha defendido, como resume en su trabajo de 1984, que: a) el enunciado es una unidad lingüística por poseer una función propia, la comunicativa, y estar formalmente caracterizado; b) es la unidad superior de que se ocupa nuestra disciplina (de la que se parte para desgajar, mediante el análisis, los elementos menores); c) está compuesto de dos signos interrelacionados, el signo enunciativo o formulación y el esquema sintagmático (el primero tiene como significante el contorno melódico pertinente, la entonación, y como significado la modalidad, y el segundo consiste en un signo articulado, simple o –más frecuentemente– complejo, ordenado en secuencia); d) algunos de los rasgos formales y semánticos con que tradicionalmente se caracterizaba a la oración son propiedades del enunciado (la entonación y las pausas pertenecen al significante del signo enunciativo, y los criterios de independencia y completud semántica son consecuencias del cierre efectuado por el signo enunciativo, que configura el enunciado como mensaje autónomo) (252-253).

La ordenación del esquema sintáctico que, en 1978, propone S. Gutiérrez Ordóñez es ésta: a) monádico: a1) oracional: “El niño estudia”, a2) frástico: sustantivo: “La colmena”, adjetivo: “Azul”, adverbial: “Aquí”; b) diádico: “Es cierto que todo estaba preparado” (260-261).

Aunque el signo enunciativo pueda tener influencias sobre el esquema sintagmático, el terreno propio de la sintaxis no es el enunciado, sino el esquema sintagmático.»

[Hernando Cuadrado, Luis Alberto: Introducción a la teoría y estructura del lenguaje. Madrid: Editorial Verbum, 1995, p. 66-67]

«Oración, enunciado, proposición:

Son tres los tipos de definición de la oración más frecuentes en los libros de texto:

(a) Algunos autores definen la oración según criterios exclusivamente sintácticos o formales, como son su estructura de sujeto y predicado o la presencia de un verbo en forma personal.

(b) Otros autores recurren a criterios nocionales del tipo de "unidad o conjunto de palabras que poseen sentido completo", asimilando de este modo oración a 'enunciado'.

(c) Hay quien utiliza, además, criterios distribucionales y emplea definiciones basadas en la independencia y la autonomía, del tipo de "forma lingüística no incluida en una construcción más amplia". [...]

Las definiciones puramente nocionales plantean problemas de difícil solución. [...] Quizá el problema más grave que presenten las aproximaciones nocionales es el de definir la idea de 'sentido completo', un concepto que a veces se relaciona con la independencia y la capacidad de la oración de ser emitida aisladamente y en otras ocasiones tiene más que ver con llevar a cabo ciertos actos de habla o con contener cierta modalidad o incluso presentar determinados rasgos entonativos. [...]

La noción de sentido completo conviene no al concepto de oración sino al de 'enunciado', que se define como la realización de una expresión lingüística por parte de un hablante en una situación concreta y con una intención determinada. Un enunciado, así concebido, puede corresponder a una, o más de una o a ninguna oración; puede ser una estructura tan compleja como un párrafo de un texto escrito o puede ser lo que se llama un 'fragmento', esto es, un solo sintagma, como por ejemplo En el coche, dicho en respuesta a la pregunta ¿Dónde está la maleta? [...]

Conviene, pues, utilizar criterios puramente formales para definir la oración con precisión.

La oración es la unidad mayor del análisis gramatical y puede muy bien ser considerada como la unidad central de la sintaxis. La característica fundamental de la oración es la de ser bimembre, la de estar integrada por un sujeto y un predicado. Es también un rasgo central de la oración el de contener un verbo conjugado. Estas son las propiedades canónicas de las oraciones y tales los requisitos que debe cumplir una secuencia de palabras para ser una oración. Si una determinada secuencia (con sentido completo o no) los cumple solo en parte, o no cumple alguno de ellos, será solo parcialmente oracional y recibirá, generalmente, una denominación específica, que hará referencia a dicha carencia.

Así tenemos las llamadas por algunos 'oraciones unimembres', porque supuestamente no manifiestan los dos elementos propios de la predicación. Se trata de estructuras en las que a primera vista no hay sujeto: las oraciones impersonales. En segundo lugar están las secuencias que contienen un predicado no verbal (nominal, adjetival, adverbial...); son las llamadas 'oraciones nominales', como

El asesino más buscado de Filipinas, por fin entre rejas.

¡Excelente trabajo!

Aprendiz de mucho, oficial de nada.

Dentro de cien años, todos calvos.

Además, si la propiedad particular es la de carecer de un verbo en forma personal, tenemos las llamadas oraciones de infinitivo o las construcciones absolutas de gerundio o participio, que se caracterizan por ser siempre estructuras dependientes o subordinadas. En estos tres casos o se pone en cuestión el carácter oracional de las estructuras o se añaden calificativos que matizan esa caracterización. [...]

Al menos desde el punto de vista estrictamente gramatical, tampoco se puede afirmar que las oraciones con verbos impersonales carezcan de sujeto. En efecto, parece más adecuado sostener que estas estructuras contienen un sujeto tácito (como ocurre frecuentemente en español), eso sí, sin referencia ni valor semántico. En lenguas como el inglés (It rains) o el francés (Il pleut), entre otras muchas, este sujeto aparece de modo explícito, en forma de pronombre (it, il). En español antiguo, el neutro ello funcionaba también como 'sujeto impersonal'.

De hecho, en muchos libros de texto se precisa que en las oraciones impersonales, si bien no aparece un sujeto léxico, sí hay un sujeto gramatical (de tercera persona del singular). Se puede concluir, por tanto, que las impersonales son también oraciones.

Otro conflicto terminológico es el uso del término 'proposición'.

Una proposición, en su acepción habitual en los estudios de semántica, es un objeto abstracto que describe un estado de cosas y tiene un determinado valor de verdad: es la denotación de una oración [Dictum] excepción hecha de la modalidad oracional [Modus]. Sin embargo, en nuestra tradición gramatical se considera también que una 'proposición' es una estructura (o grupo de palabras) bimembre para la que no sirve la definición de oración según criterios semánticos (no tiene sentido completo) o distribucionales (carece de autonomía sintáctica). Dicho con otras palabras, se trata de un término que algunos autores reservan para la 'oración subordinada'. Hay, así, libros de texto en los que se habla de proposiciones (y no de oraciones subordinadas) adjetivas, sustantivas y adverbiales. Una definición de proposición bastante común también en los textos es la de "unidad lingüística con estructura oracional que contribuye a formar una oración completa". En este caso, además de las subordinadas, reciben también el nombre de proposiciones las oraciones coordinadas.

Con esta segunda acepción (en sus dos variantes), el término 'proposición' contribuye a engrosar la ya considerable lista de denominaciones gramaticales sin que su uso introduzca, en nuestra opinión, ninguna distinción nocional relevante. Si la oración se define desde un punto de vista estrictamente sintáctico como la estructura formada por un sujeto y un predicado, las subordinadas y las coordinadas son también oraciones, unas oraciones que, simplemente, presentan la particularidad de que forman parte de oraciones complejas.»

[Eguren, Luis / Fernández Soriano, Olga: La terminología gramatical. Madrid: Gredos, 2006, p. 41-45]

«Sintagma:

Unidad lingüística compuesta por una palabra (el núcleo del sintagma) y por todos los elementos que la modifican o complementan que desempeñan de manera unitaria una determinada función en la estructura de la que forma parte.

Dependiendo de la categoría de su núcleo, los sintagmas pueden ser:

(a) adjetivos o adjetivales: muy aficionado al fútbol,

(b) adverbiales: bastante lejos de Madrid,

(c) nominales: unos diseñadores famosos,

(d) preposicionales: incluso en Almería,

(e) verbales: no come bastante

[Eguren, Luis / Fernández Soriano, Olga: La terminología gramatical. Madrid: Gredos, 2006, p. 97]

«Frase:

Enunciado que carece de verbo en forma personal: ¡Tres cervezas, por favor!»

[Eguren, Luis / Fernández Soriano, Olga: La terminología gramatical. Madrid: Gredos, 2006, p. 97]

«Oración:

Unidad mayor de análisis sintáctico, que está constituida por un sujeto y un predicado y contiene un verbo conjugado. (Cf. Enunciado, Proposición).»

[Eguren, Luis / Fernández Soriano, Olga: La terminología gramatical. Madrid: Gredos, 2006, p. 84]

«Oración nominal:

Oración cuyo predicado no es de carácter verbal, sino nominal, adjetival o adverbial.

Las secuencias que contienen un predicado no verbal (nominal, adjetival, adverbial) son las llamadas 'oraciones nominales', como las que aparecen generalmente en titulares de prensa, exclamaciones, refranes o sentencias:

El asesino más buscado de Filipinas, por fin entre rejas.

¡Excelente trabajo!

Aprendiz de mucho, oficial de nada.

Dentro de cien años, todos calvos.»

[Eguren, Luis / Fernández Soriano, Olga: La terminología gramatical. Madrid: Gredos, 2006, p. 85 y 43]

«Oración

La oración es la unidad superior de análisis gramatical y el punto de partida del análisis sintáctico. Los elementos que la integran se organizan en dos unidades, una con función de sujeto, tradicionalmente entendido como “aquello de que se dice algo”, y otra con función de predicado, “lo que se dice del sujeto”.

El núcleo de la oración es el verbo, lo que implica que este es un elemento sin el cual no hay oración, si bien otros elementos pueden precisar y limitar su significado. [...]

Aunque la estructura sintáctica de la oración se constituye sobre la base sujeto-predicado (SN-SV), basta con la presencia de un verbo para que haya oración. [...]

El sintagma verbal que funciona en la oración como predicado está constituido por el verbo, como elemento imprescindible, y los complementos o adyacentes verbales.

Hay dos tipos de complementos: los argumentales y los no argumentales. Los complementos argumentales (exigidos o seleccionados por determinados verbos, en virtud de su significado léxico) son: el complemento directo (CD), muchos complementos indirectos (CI) y el complemento de régimen preposicional (CRP).

Los complementos circunstanciales (CC) son complementos no argumentales: su presencia no depende necesariamente de la exigencia léxica del verbo, y son muy heterogéneos tanto desde el punto de vista semánticos como formal.

En una oración no puede haber más de un CD, ni más de un CI, ni más de un CRP, pero sí puede haber más de un CC.»

[Gómez Manzano, Pilar / Cuesta Martínez, Paloma / García-Page Sánchez, Mario / Estévez Rodríguez, Ángeles: Ejercicios de gramática y de expresión. Con nociones teóricas. Madrid: Editorial Centro de Estudios Ramón Areces, 2006, pp. 8-10]

«Frase:

Ling. Expresión acuñada constituida generalmente por dos o más palabras cuyo significado conjunto no se deduce de los elementos que la componen.» [DRAE]

«Frase:

Conjunto de palabras dotado de sentido propio, que puede constituir o no una oración:

El autor utiliza un estilo conciso, de frases cortas.

Frase hecha:

Frase de uso común, que tiene forma fija y sentido figurado:

Su discurso está lleno de latiguillos y frases hechas.»

[Real Academia Española: Diccionario del estudiante. Madrid: Santillana, 2005, p. 667]

«Oración (S x P) / Frase

El mantenimiento de la relación sujeto-predicado como criterio definitorio de la oración (o de la proposición o de la cláusula, según los autores) es un tributo secular que los gramáticos venimos pagando a la Lógica. Poco a poco la Gramática se ha ido desprendiendo de escorias logicistas, pero en el concepto de oración se han mantenido hasta hoy, de forma subrepticia e inconsciente, algunas características no justificables ni deseables. Podríamos esquematizar este proceso en los siguientes pasos:

1)    En un principio, tanto la oración como el juicio lógico (el lóogos apophantikós aristotélico) se definen de igual forma: como la unión de un nombre y de un verbo. Esta es la concepción que se mantiene en nuestros gramáticos clásicos.

2)    En el Racionalismo, con la subordinación total de la Gramática a la Lógica, la oración pasa a ser concebida como la “expresión de un juicio lógico”. Como en el juicio hay dos elementos necesarios, tales componentes habrán de aparecer necesariamente en la oración: el sujeto y el predicado.

3)    Se elimina la definición logicista de la oración, pero se sigue manteniendo su organización interna en sujeto y predicado, definidos en términos logicistas: “el predicado es lo que se afirma o se niega del sujeto” y viceversa. En algunos casos estas definiciones se han mantenido hasta nuestros días.

4)    Por último, se sustituye la definición logicista de los términos sujeto y predicado por una caracterización formal (concordancia, orden, etc.); pero se sigue manteniendo intocable la composición binaria de la oración (y esto a pesar de que son muchos los gramáticos que tras definir así la oración, reconocen, contradictoriamente, que el elemento nuclear es el verbo).

Existían y existen oraciones que no sólo no llevan sujeto, sino que –y esto es lo más importante– no pueden llevarlo. Para tales casos se crea un conjunto especial de oraciones (las impersonales) que constituyen en sí una contradicción interna con el concepto de oración de que se parte: por un lado, se exige a la oración la presencia de sujeto y de predicado y, por otro, se habla de oraciones que no pueden tener sujeto. Si se concluye que las impersonales son oraciones y que no llevan sujeto, esto implica necesariamente una revisión del concepto mismo de oración. [...]

Existen autores que niegan la existencia de sujeto en los verbos atmosféricos. Si la estructura sujeto-predicado tenía razones logicistas, también desde posiciones logicistas se ha llegado a rechazar la necesidad de que los juicios (y, por consecuencia, también las oraciones) posean obligatoriamente una estructura bimembre. Franz Brentano advirtió la existencia de juicios unimembres, juicios téticos (del tipo: llueve, nieva, etc.) frente a los juicios categóricos (del tipo El niño estudia). Esta teoría ha sido seguida por A. Marty y reivindicada no hace muchos años por Kuroda.

Desde el fenomenologismo, L. P. Piccardo afirmaba también: “Llueve, truena... traducen una apercepción fenomenista, reflejan un hecho puro y simple, sin referencia a un objeto sujeto”. En términos semejantes se ha manifestado C. Hernández: en las “oraciones cuyo verbo, por sí solo, significa un fenómeno meteorológico... el hablante centra toda su atención en el proceso, en el fenómeno –en el predicado verbal– sin preocuparse en absoluto del agente que lo provoque”. [...]

Existen, por último, teorías que se apartan de la concepción binarista de la oración. Se sostiene que hay un elemento nodular: el verbo finito o conjugado. [...] L. Tesnière pensaba que el esfuerzo de mantener en un mismo nivel sujeto y predicado se debía a la secular influencia de la Lógica sobre la Gramática: “En ninguna lengua, ningún hecho propiamente lingüístico invita a oponer el sujeto al predicado”. El sujeto estaría subordinado al verbo como el complemento directo o el complemento indirecto. [...]

La unidad oración, definida como la unión interdependiente de sujeto y de predicado, es innecesaria en la descripción lingüística. ¿Se puede seguir hablando de oraciones? Se puede, siempre y cuando se tenga conciencia de que este término es equivalente o variante contextual de frase verbal. Son una misma cosa y de ambas se pueden decir las mismas cosas.[...]

Esta solución, en la que la categoría oración deja de ser distinta a la de verbo o frase verbal, otorgaría mayor simplicidad al tratamiento de algunos adyacentes del infinitivo y del gerundio. En secuencias

Al salir el sol,

Saliendo el sol,

se dice que el sintagma el sol no puede ser sujeto porque no concuerda con el verbo. Este hecho es fácilmente explicable: no se da concordancia porque hay un hecho formal que lo impide (infinitivo y gerundio son invariables a la marca de número y de persona). [...] Los llamados adyacentes temáticos pueden ser sustituidos por un referente tónico del paradigma de los pronombres sujeto /yo, tú, él-ella-ello, nosotros-as, vosotros-as, ellos-as/. Si esto es así hemos de concluir que lo que realmente pesaba para no considerarlos sujeto era esta argumentación:

a)    El sujeto es uno de los constituyentes esenciales de la oración.

b)    Si decimos que sintagmas como el sol son sujeto, se habría de concluir que la secuencia Al salir el sol es una oración, pues si se da sujeto también existiría predicado.

Desde nuestra perspectiva, hablar de sujeto no implica necesariamente afirmar la existencia de oración, ya que el sujeto es un elemento subordinado al verbo como lo son el implemento, el complemento, etc. Y si el infinitivo y el gerundio pueden llevar implemento, complemento, etc. no vemos obstáculo alguno para que no puedan tener un elemento subordinado llamado sujeto.

En consecuencia, no necesitamos dos designaciones para denotar a una misma relación sintáctica: el adyacente temático no es otra cosa que un sujeto

[Gutiérrez Ordóñez, Salvador: La oración y sus funciones. Madrid: Arco Libros, 1997, p. 56 sigs.]

«Oración y frase

El mantenimiento de la relación sujeto-predicado como criterio definitorio de la oración (o de la proposición o la cláusula, según los autores) es un tributo que los gramáticos han venido pagando a la lógica.

La existencia de las oraciones impersonales pone en entredicho el concepto mismo de oración, en cuanto unión de un sujeto y un predicado. El sujeto, de elemento necesario y situado en el mismo nivel jerárquico que el predicado, pasa a ser una función subordinada al verbo.

La idea de que en la oración ha de haber un elemento nuclear, un verbo conjugado, está presente en la mayor parte de los gramáticos, quienes, de forma contradictoria, lo hacen compatible con la definición de esta unidad como la unión de un sujeto y un predicado.

En este sendito, S. Gili Gaya, por ejemplo, concibe la oración como el conjunto formado por “un verbo personal, con todos los elementos que directa o indirectamente se relacionan con él”, y, de forma más explícita, declara que “en una elocución habrá, por consiguiente, tantas oraciones gramaticales como verbos en forma finita contenga” (14),

L. Tesnière, por su parte, opina que “en ninguna lengua, ningún hecho propiamente lingüístico invita a oponer el sujeto al predicado” (1944: 172). El sujeto estaría subordinado al verbo como el complemento directo y el complemento indirecto. Los argumentos que aporta son éstos:

a)    mientras que el sujeto puede faltar, el predicado es obligatorio;

b)    dentro de la oración, existen otros elementos cuya naturaleza es comparable a la del sujeto (objeto directo y objeto indirecto);

c)     oponer el sujeto al predicado oculta el carácter intercambiable de los actantes, que está en la base del mecanismo que une las construcciones activas y las pasivas;

d)    la posición tradicionalista oscurece la teoría de los actantes y de la valencia de los verbos;

e)    igualmente, oscurece la teoría de la junción y de la traslación, que se presentan claras cuando se considera al verbo como núcleo de la oración (172-174).

Los argumentos del lingüista francés son sólidos, pero sigue hablando de oración por un lado, y de frase, por otro. Sin embargo, como observa S. Gutiérrez Ordóñez, si se define la frase como una secuencia caracterizada por la presencia de un elemento más, opcionalmente, la de sus términos subordinados, no hay diferencia cualitativa que permite seguir oponiendo la frase a la oración. Por ello, este autor, en 1984, reformula el esquema de 1978 de esta manera: enunciado = signo enunciativo + esquema sintagmático: a) monádico: a1) verbal: “El niño estudia”, a2) sustantivo: “Guerra en Nicaragua”, a3) adjetivo; “¡Estupendo!”, a4) adverbial: “¡Bien!”; b) diádico: “Sin duda que todo es una farsa”.

Con esta solución, según S. Gutiérrez Ordóñez, entre otras cosas: a) se abandona el influjo del logicismo sobre la gramática; b) se explican todos los casos de lo que tradicionalmente se denominaba oración sin incurrir en contradicciones internas, y c) se ofrece una interpretación más sencilla del mecanismo de la transposición (268).»

[Hernando Cuadrado, Luis Alberto: Introducción a la teoría y estructura del lenguaje. Madrid: Editorial Verbum, 1995, p. 69-70]