NEBRIJA, Antonio de

(Recop.) Justo Fernández López 

 

 

Nebrija, Antonio de (1441-1522)

Filólogo y humanista español nacido en Lebrija, Sevilla, hacia 1441 y muerto en Alcalá de  Henares (1522). De su lugar de nacimiento fue también conocido por Lebrija, y aun por Elio Antonio, de Aelius, prenombre que tomó a imitación de los latinos. En su juventud pasó diez años en Italia y en 1475 entró a enseñar en la Universidad de Salamanca, donde pronto obtuvo una cátedra de gramática. Allí inicia su obra con las Introductiones latinae (1481) que traduce al castellano (Introducciones latinas, 1485) a instancias de Isabel la Católica.

Entre 1487 y 1502 aprovecha la protección del cardenal sevillano D. Juan de Zúñiga para escribir, exonerado de sus obligaciones docentes, lo más abundante y significativo de su obra gramatical y lexicográfica. En 1502 interviene como latinista en la Biblia Políglota Complutense, auspiciada por el cardenal Cisneros, pero sus diferencias con los teólogos sobre la fijación textual que propone, contraria a la Vulgata, le hace abandonar el proyecto. Regresa a la Universidad de Salamanca en 1505, pero su ímpetu dialéctico le crea graves enfrentamientos con sus colegas.

Tras un breve periodo de suspensión, en 1509 obtiene la cátedra de retórica, pero ante el fracaso en su intento de recuperar la de gramática, opta por trasladarse a Sevilla hasta que Cisneros le concede la cátedra de retórica en la recién fundada Universidad Complutense, en Alcalá de Henares, con el famoso privilegio de percibir sueldo sin obligación de enseñar.

Al margen de obras menores sobre pedagogía, pesas, medidas y numeraciones o sobre astronomía, lo más destacado como filólogo se halla en su Diccionario latino-español (1495) y las Reglas de orthografía en la lengua castellana (1523), que constituyen, sobre todo la Gramática, auténticas innovaciones en su género, con muchos años de diferencia frente a cualquier otra réplica en lengua vulgar, y con las que ejerció una secular influencia por todo el mundo universitario y erudito de Europa. Con él se afirma el humanismo hispánico y se reanudan con asombrosa originalidad los estudios gramaticales sobre las lenguas vivas a partir del legado imponente de la tradición clásica. Intuyó que el castellano provenía de un latín corrompido, especialmente por los godos, aun cuando se hallaba en una etapa de florecimiento, en consonancia con la hegemonía de Castilla, a la que trataba de contribuir con su propia labor filológica.“ 

[Diccionario de Lingüística, ANAYA, 205-206]

Antonio de Nebrija (1444-1522)

Criterios lingüísticos del Renacimiento

Escribe Menéndez Pidal: „Complemento y apoyo del criterio toledano es en el toledano Valdés el criterio de naturalidad, apoyado en una de las ideas fundamentales del Renacimiento. Castiglione había sostenido que el escribir debía ser igual que el hablar, y lo mismo afirma Valdés sin haber leído a Castiglione ni a su traductor Boscán: „El estilo que tengo – dice – me es natural, y sin afetación ninguna escribo como hablo; solamente tengo cuidado de usar vocablos que signifiquen bien lo que quiero dezir, y dígolo cuanto más llanamente puedo, porque a mi parecer en ninguna lengua están bien la afetación“. ¡La afectación!, latinismo ya muy usado por Castiglione y que entonces también se propagaba por Francia; voz nueva del defecto vitando, del escollo peligrosísimo en que naufragaba toda la elegancia y cortesía. No es enrubiendo los cabellos y pelándose las cejas – dice Castiglione –, no es cubriéndose el rostro de afeites y colores como las mujeres parecen más hermosas, porque descubren la afectación, esto es, el desordenado deseo de pareder mejor. Para el Renacimiento tan altamente sentido por Castiglione la belleza suprema es la natural y no la que depende del esfuerzo: a cada paso se loa „aquella descuidada sencillez gratísima a los ojos y a los entendimientos humanos, los cuales siempre temen ser engañados por el arte“.

En otro lugar ilustra también don Ramón: „El pensamiento de una gramática de lengua vulgar era cosa tan inaudita que cuando hacia fines de 1486 Nebrija presentó muestra de su obra en Salamanca a la Reina Católica ella, tan estudiosa en la gramática latina del mismo Nebrija, preguntó para qué podía aprovechar un Arte de la lengua vulgar [...]. El Renacimiento, avivando la conciencia de los fines particulares de cada pueblo, inducía a mirar la lengua propia de cada una como definidora de la nación y como instrumento del dominio y del imperio nacional, a diferencia del latín propio del imperio universal de la cristiandad que la Edad Media había concebido“.

[Abad, Francisco: Diccionario de lingüística de la escuela española. Madrid: Gredos, 1986, p. 205-206]

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„En justicia, hay que reconocer a Nebrija una más fina indagación en la propiedad del castellano frente al latín que sus detractores. Admite que éste aventaja en el número de tiempos propios, ya que para cada uno existe una forma sintética independiente. Pero advierte que el castellano, en compensación, para esos tiempos en es aventajado, emplea formas propias “por rodeo”.

La búsqueda de la propiedad lingüística del castellano frente al latín es constante en la investigación gramatical de Nebrija, desde la traducción de la gramática latina hasta la composición de la castellana. En ésta son ya muy frecuentes las ocasiones en que Nebrija, inequívocamente, señala la diferencia entre el latín y el castellano, y predomina una valoración positiva, extremada sin duda, sobre el propio idioma.

Concluida la traducción de la gramática latina, Nebrija decidirá dedicarse a la elaboración de un completo estudio gramatical del castellano, o mejor, a la construcción de un vasto edificio gramatical en el que la lengua vulgar tiene también un lugar preeminente. De este magno proyecto nos da cuenta en la dedicatoria de su Vocabulario de romance en latín (Salamanca, 1495). En ella habla de “cinco obras de gramática”. Una de esas obras, la quita, fue precisamente la Gramática castellana.

Para la construcción de este edificio gramatical, el tiempo y el sosiego que al parecer no le permitían sus ocupaciones académicas en Salamanca, de lo que en varios lugares se lamenta, se lo va a brindar la corte del maestre de Alcántara, don Juan de Zúñiga, en Extremadura. A ella, en sus aposentos de Gata y Zalamea, hubo de incorporarse Nebrija en los últimos meses de 1485.

A fines de la Edad Media, no fue raro que maestres y comendadores de órdenes militares, al ir concluyendo la misión guerrera para la que éstas habían sido creadas, sustituyeran las armas por el estudio. Alguno de ellos, como don Juan de Zúñiga, fundaba además bajo su protección una corte de estudiosos donde podían encontrar lugar apropiado las inquisiciones humanísticas. Ésta del maestre de Alcántara fue una verdadera corte renacentista, como la ha descrito Américo Castro: “He aquí lo que podría llamarse una corte del Renacimiento, en donde, muy a la española, se mezclaban los teólogos de la Orden dominicana con astrónomos hebreos y con humanistas formados en Italia. Esa convivencia pacífica de cristianos, moros y judíos fue siempre habitual en torno a la figura de don Juan de Zúñiga.”

En su corte, reuniría el maestre un abigarrado grupo de “hombres insignes” dedicados al estudio. A ella, a los asentamientos de Zalamea y Villanueva de la Serena, se retiraría don Juan, prácticamente de manera definitiva, para dedicarse al estudio de las letras y de la religión, en 1494, tras la renuncia a su maestrazgo, acordada con los Reyes Católicos. De Nebrija recibía la enseñanza del latín, pero su verdadera pasión eran las lecciones de astronomía del judío Abraham Zacut.

En esta sociedad abierta y llena de inquietudes culturales, Nebrija hubo de encontrar las horas y la tranquilidad que, al parecer, le negaba Salamanca. Y aquí compuso la mayor parte de su obra gramatical, los diccionarios, la recognitio de su gramática latina y prácticamente en su totalidad la Gramática castellana:

Y porque toda la cuenta destos siete años, después de que comencé a ser vuestro, vos sea manifiesta, hezimos cuatro obras diversas en una mesma obra (...) Añadimos también la quinta obra, en que apretamos debaxo de reglas e preceptos la lengua castellana, que andava suelta de las leyes del arte.

La primera redacción de ésta huno de tener lugar entre la fecha de terminación de las Introducciones latinas (fines de 1485 o comienzos de 1486) y la presentación de la “muestra” a la reina Isabel, en noviembre de 1486, cuando ya llevaba algunos meses en la corte del maestre. De la “muestra” habla Nebrija en el prólogo de la Gramática: “que cuando en Salamanca di la muestra de aquesta obra a vuestra real majestad”. La fecha de esta entrevista, en la que le acompañaba el obispo de Ávila y confesor de la reina, Fray Hernando de Talavera, fue correctamente establecida por Galindo Romero y Ortiz Muñoz en noviembre de 1486, con ocasión del viaje de los Reyes a Galicia. No sabemos ciertamente cuál era el contenido de aquella “muestra”, pro sin duda debía de tratarse de un primer boceto gramatical, algo muy esquemático, posiblemente la mera exposición de las declinaciones y conjugaciones, cuyas particularidades había revelado la traducción de la gramática latina y que eran además los dos pilares más recios de la estructura gramatical, a los que estaba dedicado todo el libro primero de las Introducciones.

Tal y como cuenta Nebrija en el prólogo de su Gramática, no parece que la Reina mostrara gran entusiasmo por el proyecto, sino que con alguna reticencia “preguntó para qué podía aprovechar”. Un tanto embarazado y sorprendido el gramático, no tuvo la respuesta pronta y fue el obispo quien acertó a contestar:

el muy venerado padre Obispo de Ávila me arrebató la respuesta: e, respondiendo por mí, dixo que después que vuestra Alteza metiese debaxo de su iugo muchos pueblos bárbaros e naciones de peregrinas lenguas, e con el vencimiento aquéllos ternian necesidad de recebir las leies quel vencedor pone al vencido, e con ellas nuestra lengua, entonces, po esta mi Arte, podrían venir en el conocimiento della, como agora nos otros deprendemos el arte de la gramática latina para deprender el latín (GC, pról, pp. 113-114)

No es verosímil, sin embargo, que en aquel momento fuera aquella la respuesta. No debe olvidarse que esas palabras las escribe Nebrija en el prólogo de su Gramática  en 1492, cuando ya se ha producido el “vencimiento” de las “naciones de peregrinas lenguas” y ha sido conquistada Granada en enero de ese año. Pero la escena ocurría seis años atrás, cuando todavía no se veía tan inminente el final de la guerra de Granada ni el florecimiento allí de las “artes de la paz”, entre las cuales “es aquella que nos enseña la lengua” (GC, pról., p. 112). Sea como fuere, Nebrija regresó a la corte de Alcántara y allí continuó su investigación gramatical. Hasta 1492 completaría la redacción de sus diccionarios, de las anotaciones a su gramática latina y ultimaría la de la gramática castellana, en espera de la ocasión más propicia para sacarla a la luz.

Esa ocasión hubo de presentarse en el mencionado 1492, a raíz de la conquista de Granada. Desde el primero momento preocupó a los Reyes Católicos el aprendizaje de la lengua por parte de los vencidos:

Menos se olvidaron de la enseñanza y dotrina de los muchachos, hijos de los moros conuertidos, que llamaron Gualetos; para ellso dedicaron casa particular donde aprendiesen a leer y escriuir Gramática y Artes, la dotrina Christiana y lengua Castellana.

También desde el comienzo se encontró allí, al frente de la organización administrativa y evangelizadora, el antiguo profesor de la Reina y obispo de Ávila, Fray Hernando de Talavera, a quien ya hemos visto compartir con Nebrija inquietudes gramaticales. Fray Hernando emprendió una evangelización pacífica, tratando de que los moros vencidos se asimilaran por convicción a la fe católica y a los destinos de Castilla. Una de sus innovaciones fue precisamente la de impulsar una mayor expansión de la lengua romance, implantando su uso en las ceremonias eclesiásticas.

Dadas estas circunstancias y conocida la preocupación lingüística en la política de conquista granadina que comparten los Reyes y Fray Hernando, no sería mucho buscar una relación de todo ello con la Gramática de Nebrija. Cabe sospechar que Frau Hernando, una vez acometida su empresa granadina, en mayo de 1492, apremiase a Nebrija en la redacción definitiva de su Gramática castellana. Ésta salía, efectivamente, a luz en las prensas de Salamanca el 18 de agosto de 1492. Posiblemente Nenrija sólo tuviera que hacer una revisión de su obra y añadirle el prólogo y el libro V. En el primero, en respuesta a aquella conversación de 1486 con la Reina, podía presentar ahora una explicación convincente de su experimento gramatical:

Cuando bien comigo pienso, mui esclarecida Reina (...), una cosa hallo e saco por conclusión mui cierta; que siempre la lengua fue compañera del imperio; e de tal manero lo siguió, que junta mente començaron, crecieron e florecieron, e después junta fue la caída de entrambos. (GC, pról., p. 109)

En el libro V, que lleva el significativo título “De las introducciones de la lengua castellana para los que de extraña lengua querrán deprender [aprenderla].”, ofrecía una gramática sucinta del castellano, que ponía al alcance de quienes lo desconocieses los “primeros rudimentos e principios” de la lengua.

Nebrija, al adherirse al topos de “la lengua compañera del imperio”, como ha dicho Eugenio Asensio, “inserta la lengua en el juego de fuerzas cósmicas que rigen los imperios”. Pero ésta no parece que fuese la idea primera de que surgió la Gramática. Al proclamarla ahora, al calor de los acontecimientos de Granada de la amistad con Fray Hernando, no hace sino justificar su obra tratando de armonizarla con los ideales y necesidades más urgentes de la sociedad en que aparece, y también de poner a salvo su propia honra y “opinión”, que nunca había dejado de preocuparle:

Y así, después que io deliberé, con gran peligro de aquella opinión que muchos de mí tienen, sacar la novedad desta mi obra de la sombra e tinieblas escolásticas a la luz de vuestra corte, a ninguno más justa mente pude consagrar este mi trabajo que a aquélla en cuia mano e poder, no menos está el momento de la lengua que el arbitrio de todas nuestras cosas. (GC, pról., p. 114) “

[Pérez Priego, Miguel Ángel: “Sobre la composición de la Gramática Castellana de Nebrija”. En: Bartol Hernández, J. A. / García Santos, J. F. / Santiago Guervós, J. de (ed.): Estudios filológicos en homenaje a Eugenio de Bustos Tovar, Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 1992, p. 764-770]

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Nebrija (1444-1522)

Antonio de Nebrija, famoso personaje de la época de los Reyes Católicos y de los primeros años del reinado de Carlos V, fue quien primero escribió una Gramática española. También escribió una Gramática latina. Explicó Elocuencia en las universidades de Sevilla, Salamanca y Alcalá. Y consiguió de una manera genial calcular con exactitud la longitud de un grado del meridiano terrestre.”

[Nueva enciclopedia escolar H. S. R.Iniciación profesional. Burgos: Hijos de Santiago Rodríguez, 231974, p. 147]