MODUS und DICTUM

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Modus / Modalität / Modus und Modalität / Satzmodi

 

«Bei der Modalität geht es nicht um Zeitangabe. Es geht auch nicht um die Kategorie des Aspekts. Bei der Modalität geht es vielmehr um Subjektives. Es geht bei der Modalität um Einstellung des Sprechenden oder des Angesprochenen oder eines Dritten zu einem (wirklichen oder unwirklichen) Sachverhalt.

So ist unser Begriff „Modalität“ einerseits weiter, insofern wir ihn nicht an der Alternative Wirklichkeit/Unwirklichkeit („Wahrheit“, „Geltung“, „factual status“ etc.) festmachen, sondern auf „subjektive Einstellung“ beziehen, andererseits ist er sehr viel enger, denn wir verstehen unter „Modalität“ nicht allgemein die zur Sachverhaltsaussage (diktum) hinzukommende Aussage (Illokution, auch „Modus“ genannt), die sagt, als was,  als welche Art von Sprechakt, eine Äußerung zu gelten habe, nämlich als Deklaration, als Interrogation oder als Exhortation („Sagen, Fragen, Heischen“). Letzteres ist etwas ganz anderes. [...] Interrogation, Negation, Exhortation und das, was wir unter „Modalität“ zusammenfassen, bilden sich klar voneinander absetzende, ziemlich einheitliche Ausdrucksbereiche. [...] Scharf zu trennen sind natürlich, innerhalb dieses Ansatzes, die Begriffe „Modalität“ und „Modus“. Modus ist ein Element der Sprache, eine formal-inhaltliche Ausprägung beim Verb (Indikativ, Konjunktiv, Imperativ), eine „Werkzeugstruktur“, wie Wandruszka sagt. Modalität hingegen ist eine rein inhaltliche  Kategorie: ein mögliches Element dessen, was wir auszudrücken beabsichtigen und für welches im Sprachbesitz „objektivierte“ Formen bereitliegen. Modus ist eine der mehreren Ausdrucksformen der Modalität.

Modalität wird in verschiedener Weise ausgedrückt:

1. durch die Formen des Konjunktivs,

2. durch einige indikativische Formen des Tempus (sp.: imperfecto, futuro, presente),

3. spanisch durch den Konditional,

4. durch Modalverben,

5. durch verbale Periphrasen,

6. durch Modalverben oder modale adverbiale Ausdrücke, also durch lexikalische Mittel,

7. durch Intonation,

8. durch parasprachliche Mittel wie Gestik und Mimik.

Zu den Modalverben: sie können praktisch, modal (oder temporal) differenzierend mit jedem Verb verbunden werden. Es handelt sich um die folgenden sechs Verben: wollen, dürfen, sollen, mögen, müssen, können.  Sie können - im Spanischen ist dies ganz ausgeschlossen - auch ohne Verb mit bloßer Richtungsangabe gebraucht werden: Ich will weg. Ich darf raus.  [...]

Hinsichtlich des Modaladverbs ist zu beachten, dass es sich nicht auf das Verb, sondern auf den ganzen Satz bezieht (Satzadverbien). ; es kann auch den ganzen Satz vertreten und hat diesen Zug mit der Negations- und Affirmationspartikeln gemein:

Bsp.: Kommst du morgen? - Sicher.  Gehst du schon? - Nein.

Man vergleiche, was den Satz- oder Verbbezug angeht:

Bsp.:   Sicher ist er inzwischen angekommen. Er ist inzwischen sicher angekommen.

Der letzte Satz ist zweideutig:  Er ist sicher = ohne Schaden - sin novedad, wie die Spanier sagen - angekommen oder aber Ich bin sicher, dass ... Modal ist das Adverb  sicher  natürlich nur im zweiten Fall.

Der Konjunktiv: Unter den genannten materiellen Mittel, die Modalität (oder Modalitäten) ausdrücken, ist nun ohne Zweifel, im Spanischen mehr noch als im Deutschen, der Konjunktiv privilegiert.» [Cartagena / Gauger,  Bd. 2, S. 472-474]

«Manche Autoren unterscheiden zwischen Diktum und Aussage (so z. B. Charles Bally). Das Diktum komme zustande durch den Zusammentritt von Argument und Prädikat: Peter schläft. Eine Aussage ergibt sich aus einem Diktum erst dadurch, dass ein Modus hinzutritt. Dieser Modus kann sein: affirmativ, negativ, interrogativ, imperativ. Also Argument plus Prädikat gleich Diktum; Diktum plus Modus gleich Aussage.

Es scheint uns nicht angemessen zu sein, in dieser Weise vier Modi der Äußerung zu unterscheiden. Die Unterscheidungen von Deklaration, Interrogation, Exhortation einerseits und Affirmation und Negation andererseits liegen auf einer verschiedenen Ebene.

Es erscheint uns als entschieden angemessener, zunächst einmal jene drei von der Intention her verschiedenen Typen der Äußerung zu unterscheiden, also Deklaration, Interrogation und Exhortation und sodann innerhalb dieser Typen die affirmierenden von den negierenden Formen zu trennen.»

[Cartagena / Gauger: Vergleichende Grammatik ... Bd. 2, S. 563-564]

«Dictum: Conjunto de representaciones y procesos que intervienen en una oración. La relación que los liga constituye el modus. Así en la oración ¿quién ha venido?, desconocemos una parte del dictum, representada por el pronombre interrogativo quién. En la frase ¿se ha roto el vaso? conocemos todos los elementos del dictum, y nuestra pregunta recae sobre el modus: inquirimos si la relación que hemos establecido entre ellos es correcta. El modus recibe también el nombre de modalidad. „La modalidad es el alma de la frase; al igual que el pensamiento, está constituida esencialmente por la operación activa del sujeto hablante. No se puede, pues, atribuir el valor de oración a un enunciado en tanto no se haya descubierto la expresión, cualquiera que ésta sea, de la modalidad.“ (Bally).»

[Lázaro Carreter, Fernando: Diccionario de términos filológicos, p. 142]

«Dictum (lat. ‘dicho’): Contenido proposiocional de un enunciado. ¹ „modus“.» [Cardona, G. R., p. 82]

«En el análisis de cualquier oración debemos distinguir entre el contenido de la representación psíquica, lo que en ella se dice, y la actitud del que habla con respecto a dicho contenido. [...] El contenido objetivo de la representación psíquica es el mismo en todas estas oraciones; pero es diferente en cada una la actitud del hablante al enunciarlo. Llamamos dictum al contenido representativo, a lo que se dice en cada oración; y llamamos modus a la actitud subjetiva. El modus, o manera de decir, puede hallarse implícito y deducirse del contexto o de la situación; o puede hallarse explícito en el gesto, las variaciones fonéticas, o los signos léxicos y gramaticales que la lengua posee, entre ellos los modos del verbo, que por eso se llamaron así. La actitud del hablante es, pues, un criterio para clasificar las oraciones.» [RAE: Esbozo..., p. 353]

«Fue Charles Bally (Linguistique générale et linguistique française, 1932) el primero en fundamentar una teoría rigurosa de las “modalidades” de la frase, estableciendo la distinción entre: a) la “representación recibida por los sentidos, la memoria o la imaginación”, a la cual, siguiendo el ejemplo de los lógicos, llamó dictum (“lo dicho”, “lo que se dice”), y b) la “operación psíquica” que hablante aplica al dictum, es decir, la modalidad, cuya expresión constituye el modus (“modo”).

En todo enunciado puede distinguirse, por una parte, lo que se dice (dictum) y, por otra, el modo de decirlo. El dictum es el contenido del enunciado: el modo de decirlo expresa la actitud psíquica del hablante con relación al dictum. Entre los medios gramaticales que indican la actitud del hablante con relación a lo que dice figuran las diversas formas que adopta el verbo a las que se da tradicionalmente el nombre de modos.

Al enunciar una acción mediante un verbo, el hablante puede considerarla como una realidad objetiva, o bien como producto de un acto anímico suyo. Si alguien dice: Juan estudia mucho, Pedro llegó ayer, Antonio se irá mañana, considera estos hechos como una realidad presente, pasada o futura, y se limita a mostrarlos o “indicarlos”; usa para ello el modo verbal llamado indicativo. Pero si dice: Deseo que Juan estudie mucho, Dudo que Pedro llegase ayer, Temo que Antonio se vaya mañana, no se refiere a las acciones de Juan, Pedro y Antonio como realidades; no las afirma ni niega como tales, no las “indica”; se limita a presentarlas como objeto de un deseo, de una duda, de un temor. Lo único que el hablante afirma o “indica” es su deseo, su duda, su temor (por eso los verbos que expresan stos estados anímicos del hablante van en indicativo). Pero las acciones de Juan, Pedro y Antonio sólo se enuncian como dependientes de la actitud anímica del hablante, subordinadas a dicha actitud: el modo que las enuncia es el subjuntivo (del lat. subiuctivus, derivado de subiungo “someter”, “subordinar”.

A estos dos modos suelen añadirse el imperativo, que expresa, con relación a la acción enunciada, una actitud de imposición o mandato (“sal de aquí ahora mismo”) o de exhortación o ruego (“ayúdame, por favor”), y el potencial, llamado también condicional, que presenta la acción como simplemente posible (“pensó que llegaría a tiempo”) o como dependiente de una condición (“si madrugaras más, tendrías tiempo para estudiar”).

La gramática tradicional incluía entre los modos las formas nominales del verbo: el infinitivo, que expresa la acción verbal pura, y el participio, que es al mismo tiempo verbo y adjetivo. Ambos pueden sustantivarse. El verbo indoeuropeo tenía, además, el modo optativo, que, como indica su nombre (derivado del lat. optare “desear”), expresaba el deseo. Se mantuvo este modo en indo-iranio, en tocario y en griego clásico. En latín absorbió sus funciones el subjuntivo, que las conserva también en las lenguas románicas.

Modernamente no suelen considerarse auténticos modos el infinitivo y el participio, y algunos gramáticos adscriben el potencial o condicional al indicativo. Quedarían así los modos reducidos a tres: indicativo (modo de la realidad), subjuntivo (modo de la no realidad) e imperativo (modo del mandato, de la exhortación, del ruego). [...] No todas las lenguas tienen los mismos modos verbales (el latín, p. ej., sólo tenía el subjuntivo frente al subjuntivo y el optativo del griego clásico), ni siquiera puede decirse que todas tengan modos verbales: carecen de ellos las que, como el chino, no tienen conjugación.»

[García Yebra, V.: Teoría y práctica de la traducción. Madrid: Gredos, 1984, vol. 1, p 186 ss.]

«La atención prestada a la modalidad por la filosofía es muy anterior al interés que ha mostrado la lingüística. Aristóteles diferenciaba ya los juicios que llamaba ‘apofánticos’ o aseverativos de los denominados ‘semánticos’, que, aunque considerados plenamente significativos, no poseen un valor de verdad determinable. Siguiendo al Estaginta, los lógicos escolásticos distinguían entre proposiciones inesse y proposiciones ‘modales’. Las primeras son las simplemente atributivas. En ellas se afirma o niega que un predicado P sea atribuido a un sujeto S. En cambio, en las proposiciones modales no se realiza simplemente la atribución de P a S, sino que se informa también de cómo tiene lugar la unión de P y S: de la misma manera que es posible establecer determinaciones del sujeto (El hombre es hermoso) o del predicado (Sócrates es un hombre hermoso), también resulta posible modificar o determinar la ‘composición’, esto, es la relación entre sujcto y predicado (Es posible que Sócrates sea un hombre). Este último ejemplo constituye una proposición modal o modalizada. Según los lógicos escolásticos en toda proposición cabe distinguir el modus y el dictum. Mientras que el dictum viene dado por la relación existente entre S y P, el modus consiste en una determinación que afecta a la cópula modificándola con respecto a la verdad o falsedad.

Kant contribuyó decisivamente al estudio de la modalidad al considerar que los juicios ‘asertóricos’ (que según los escolásticos eran no modales) están caracterizados también por una modalidad precisa, junto con los juicios de contingencia (o ‘problemáticos’) y los de necesidad (o ‘apodícticos’). Todo juicio, por tanto, posee una determinada modalidad.

A partir de Kant, en la concepción filosófica de la modalidad predomina una interpretación epistemológica: la modalidad viene a representar la expresión del grdo de certeza del hablante sobre lo enunciado. [...]

Con frecuencia se ha propuesto que en toda oración debe reconocerse algún componente que responda al contenido de modalidad. Charles Bally planteaba ya explícititmente esta necesidad. Para este autor, en el contenido sobre el que recae la comunicación lingüística es posible separar «la  répresentation reçue para les sens, la mémoire ou l’imagination, et l’operation psychique que le sujet opère sur elle» [«la representación recibida por los sentidos, la memoria o la imaginación, y la operación psíquica que el sujeto realiza sobre ella»] (Bally 1944). Empleando una terminología tomada de los lógicos escolasticos, consideraba que en toda oración hay que distinguir dos elementos: a) el dictum, correlato del proceso que constituye la representación, y b) el modus, la expresión de la modalidad, correlativa a la operación de formulación del dictum por parte del sujeto hablante.

Bally, sin embargo, no concibe el modus como una simple característica léxica del dictum, sino que incluye en él todo elemento indicador de algún tipo de expresividad del hablante, con independencia del procedimiento que se emplee en su formación. De esta manera cree que existe una modalidad implícita y otra explícita. Esta última es la que resulta cuando se emplean en su expresión instrumentos léxicos y no estrictamente gramaticales:

(2)

a.

Je voudrais croire que l’accusé est innocente.

 

b.

Me gustaría creer que el acusado es inocente.

Cabe apuntar que en estos enunciados con modalidad explícita existe también una modalización que afecta al predicado superior (me gustaría) y que puede ser diferenciada de la que atañe exclusivamente a la proposición subordinada. Por esta razón parece más conveniente entender por modalidad o modus simplemente el reflejo de la elección que hace el hablante para formular los enunciados bien como una aseveración, bien como una pregunta o bien como un deseo, un mandato, etc.»

[Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, § 49.1.1-49.1.3]

«Dictum = Contenido proposicional. Significado de una oración excluida la modalidad oracional o Modus.

Modus = Modalidad oracional. Especificación de cómo debe entenderse el contenido proposicional. La modalidad oracional es declarativa o enunciativa si se presenta el contenido proposicional como algo que se afirma (Tengo hambre), de posibilidad, si se presenta como algo posible (Quizá sea pronto), dubitativa, si se presenta como no seguro (No sé si lloverá) y desiderativa u optativa, si se presenta como deseable (Ojalá venga pronto). Otras modalidades oracionales son la exhortativa o imperativa (Ven acá), la interrogativa (¿Ya habéis cenado?) y la exclamativa (¡Qué alto es Juan!).»

[Eguren, Luis / Fernández Soriano, Olga: La terminología gramatical. Madrid: Gredos, 2006, p. 80]

Los modos verbales y la modalidad del enunciado

Ver(bal)modi und die Satzmodi

 

«Se suele distinguir entre el dictum (o contenido de lo que se comunica) y el modus (o manera de presentarlo según nuestra actitud psíquica. Los procedimientos gramaticales que denotan la actitud del hablante respecto de lo dicho, constituyen las variaciones morfemáticas del verbo conocidas como modos [verbales]. De lo expuesto previamente se deduce que los derivados verbales infinitivo, gerundio y participio, que no pueden ser núcleo oracional, carecen de tal variación y no pueden ser llamados modos.

Antes de examinar los morfemas de modo, hay que señalar la relación que mantienen cada una de las modalidades del enunciado que quedan distinguidas por el contorno de entonación. Este, en especial por su tonema final, separa los significados de aserción [Aussagesatz], interrogación [Fragesatz] y apelación [Aufforderungssatz]. No se menciona el contenido de exclamación (reflejo del sentimiento del hablante) por cuanto puede asociarse a cualquiera de los otros tres; por ejemplo, se observa aserto exclamativo en ¡Qué mal lo pasamos!, interrogación exclamativa en Pero ¡qué dices!, apelación exclamativa en ¡Dilo ahora mismo!

Las variaciones del verbo no son todas compatibles con las tres modalidades del enunciado [Aussage]. Con la interrogación, no pueden aparecer las formas verbales del subjuntivo. Sería incorrecto decir ¿Cuándo vengas?, ¿Quién viniese?, ¿Cómo vinieras?, ¿Dónde estuvieres?, ¿Qué cantad? (aunque pueden aparecer dependiendo de otro núcleo verbal, como en ¿No te han dicho que vengas?, ¿Quién dijo que viniese?, ¿Cómo pensó que vinieras?, etc.). Con modalidad apelativa no se encuentran las formas del indicativo. En fin, con la modalidad asertiva son compatibles todas las variaciones morfemáticas del verbo, salvo una, la del llamado modo imperativo, cuyo uso se restringe a la modalidad apelativa: Canta, Comed, Vivid. [...]

Descontado el imperativo, el resto de las formas verbales se reparte en dos grupos dependiendo de su compatibilidad con las modalidades del enunciado. Uno reúne las formas posibles con entonación interrogativa, como cantas, cantabas, cantaste, cantarás, cantarías. El otro engloba las que carecen de esta posibilidad: cantes, cantases, cantaras, cantares. [...] Se trata de los modos denominados indicativo (las formas del primer conjunto) y subjuntivo (las demás). Ambos términos son válidos como tales, aunque imprecisos y heterogéneos: en manera de designar, el indicativo “indica“, señala una determinada noción; el subjuntivo alude a un comportamiento sintáctico (se subordina a algo). [...]

Por tanto, existen tres modos, con significantes diferentes y que evocan significados diversos:

1.  El indicativo. Es el modo de mayor amplitud de uso; designa la “no ficción“ de lo denotado por la raíz léxica del verbo, esto es, todo lo que el hablante estima real o cuya realidad o irrealidad cuestiona.

2.      El condicionado (llamado por lo común potencial o condicional), que incluye las formas cantarás y cantarías y que designa los hechos aludidos por la raíz verbal como sometidos a factores que los harán posibles.

3.      También se ha empleado el término de potencial o condicional para denominar el modo particular de la forma cantarías. Pero si su comportamiento combinatorio es análogo a las formas del indicativo, y  si sus peculiaridades son compartidas por la forma cantarás, también incluida en el indicativo, convendría o dejar las dos dentro de este modo, o bien segregarlas como un modo especial intermedio entre indicativo y subjuntivo.

3.  El subjuntivo. Es el modo de menor capacidad de aplicación y señala el carácter ficticio, no real, de lo que denota el significado de la raíz verbal.

Las oposiciones modales así establecidas (cuyos rasgos semánticos diferenciales se basan en la actitud del hablante ante los hechos que comunidad) se corresponden con su comportamiento respecto de las modalidades del enunciado. Así, la modalidad interrogativa solo tiene sentido para inquirir la realidad de los hechos y no caba aplicarla para lo que ya se estima como ficticio. Si, por ejemplo, se dice ¿Quién canta?, el morfema del indicativo que contiene la forma verbal implica la realidad de lo denotado (la noción “canta“); no tendría sentido preguntar ¿Quién cante?, inquiriendo sobre el actor de una actividad que ya el morfema de subjuntivo declara ficticia. Ocurre también que las diferencias modales se suprimen en beneficio de la más general (la marcada por el indicativo) cuando el contenido manifiesta ya algún elemento que presupone la no realidad de lo comunicado. Por ejemplo, la unidad si (cuyo contenido implica un condicionamiento) elimina en ciertos casos la posibilidad de variación modal: se dice siempre Si llueve, nos quedaremos en casa y no Si lloverá ni Si llueva, con independencia de que el hablante enfoque la noción de “llover“ como real, posible o ficticia.

En ciertos casos, el criterio de dependencia sintáctica impone el uso de uno u otro modo en la forma verbal de la oración traspuesta [subordinada], sin que haya posibilidad de elección diversificadora. Por ejemplo, el verbo subordinado a otro como creer, que presupone referencia a algo no ficticio, no puede adoptar los morfemas de ficción anejos al subjuntivo: se dirá Creo que viene, Creí que venía, etc., y no Creo que venga, Creí que viniese, etc. En cambio, verbos cuyo signo léxico denote nociones inseguras, no reales, ficticias, exigirán en la forma verbal dependiente morfemas propios de la ficción: Espero que vengas, Dudó de que viniese, Temíamos que vinieras (no son posibles Espero que viene, Dudó de que venía, Temíamos que vino).

En la clasificación modal propuesta, queda por aclarar si es adecuado reunir cantarás y cantarías como poseedores en común del morfema condicionado. Es normal asignar a las dos formas un contenido referente a la posteridad de lo que denota su raíz respecto a un punto de partida temporal donde está situado el hablante: el momento en que se habla o uno previo a este. De ahí los términos con que se designan: futuro para cantarás y (como sugirió Bello) pospretérito para cantarías. Sin embargo, a veces ambas formas no denotan posterioridad al punto temporal en que se estiman posibles o probables en el momento dado pero cuya realidad se ignora: Serán las diez, “puede que sean las diez“; Serían las cuatro cuando salió de casa, “probablemente eran las cuatro“. En estos ejemplos, los valores comunes de cantarás y cantarías son modales. Cada forma, dentro de su perspectiva, se refiere a hechos cuya realidad está condicionada al paso del tiempo o al cumplimiento de factores ignorados o supuestos.»

[Alarcos Llorach, Emilio: Gramática de la lengua española. Madrid: Espasa-Calpe, 1994, pp. 149-150 y 152-155]