MODELL

Modelo

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Symbol / Kultur / Logik / Kalkül / Wissenschaftstheorie und Linguistik / Axiom / Theorem / Kalkül

 

Modell und Symbol

Der Begriff «Modell» hat zwei Bedeutungen – die Bedeutung «Modell von etwas» und die Bedeutung «Modell für etwas» –, und obwohl beide nur verschiedene Aspekte ein und desselben Grundbegriffs sind, empfiehlt es sich, sie zum Zweck der Analyse auseinander zuhalten. In der ersten Bedeutung liegt die Betonung auf der Manipulation von Symbolstrukturen: sie werden so konstruiert, dass sie das vorgegebene nichtsymbolische System möglichst genau abbilden, etwa wenn wir uns das Prinzip, nach dem Dämme funktionieren, mit Hilfe einer Theorie der Hydraulik oder eines Flussdiagramms begreiflich machen. Die Theorie oder das Diagramm führt die physikalischen Verhältnisse in einem Modell vor, indem sie nämlich deren Struktur in synoptischer Form ausdrücken, um sie verständlich zu machen. Es sind Modelle von «Wirklichkeit». In der zweiten Bedeutung liegt die Betonung auf der Manipulation nichtsymbolischer Systeme nach Maßgabe der Beziehungen, die in den symbolischen zum Ausdruck kommen. Das geschieht z.B. dann, wenn wir einen Damm nach den Bauvorschriften errichten, die wir aus einer Theorie der Hydraulik oder aus einem Flussdiagramm gewonnen haben. Hier ist die Theorie ein Modell, nach dessen Vorbild die physikalischen Beziehungen organisiert werden: sie ist ein Modell für «Wirklichkeit». Psychologische und soziale Systeme wie auch kulturelle Modelle, die wir gemeinhin nicht als «Theorien», sondern als «Lehren», «Melodien» oder «Riten» bezeichnen, unterscheiden sich hiervon überhaupt nicht. Im Unterschied zu den Genen und anderen nichtsymbolischen Informationsquellen, die nur Modelle für etwas und keine Modelle von etwas sind, enthalten Kulturmuster einen doppelten Aspekt: Sie verleihen der sozialen und psychologischen Wirklichkeit Bedeutung, d.h. in Vorstellungen objektivierte Form, indem sie sich auf diese Wirklichkeit ausrichten und zugleich die Wirklichkeit auf sich ausrichten.

Es ist gerade dieser doppelte Aspekt, wodurch sich die echten Symbole von anderen Bedeutungsträgern unterscheiden. Modelle für etwas lassen sich, wie das Gen-Beispiel zeigt, überall in der Natur finden: wo immer ein Muster übermittelt werden soll, sind derartige Programme ganz einfach nötig.”

[Geertz, Clifford: Dichte Beschreibung. Beiträge zum Verstehen kultureller Systeme. Frankfurt a. M.: Suhrkamp. 1987, S. 49-53]

Construcción lógica que simula, caracteriza y explica por analogía la estructura y comportamiento regular de un fenómeno complejo observable. Cada gramática es, pues, un modelo particular o representación abstracta de unos pocos aspectos del comportamiento lingüístico que los hablantes reales son capaces de desplegar, ya que se limita a examinar los textos explícitos y omite factores tan decisivos para la producción e interpretación real de enunciados como las deficiencias ocasionales de la competencia lingüística, el estilo, los propósitos prácticos de la conducta, así como las referencias al entorno concreto de enunciación, las presuposiciones culturales, el material ya acumulado en el universo del discurso, etc., etc.

Modelo:

(a)     La noción de modelo (que puede traducir de manera útil el inglés pattern) es compleja y desborda la lingüística. Se puede decir que modelo es un corolario de la noción de estructura; se podría definir como una representación de la estructura con fines puramente prácticos sin que en ningún caso la pueda sustituir. Así, se puede construir un modelo del sistema fonológico de una lengua, o de las posibles distribuciones de sus unidades significativas. Pero un modelo es, asimismo, un esquema para la descripción de la gramática.

(b)    En el sentido de forma tomada como modelo de una lengua, o de lengua modelo; el modelo del español perro caliente es el ingl. hot dog.“ [Cardona, G. R., p. 184-185]

Modelo lingüístico

En la investigación lingüística, como en la de las demás ciencias o disciplinas, existe la tendencia a construir ‘modelos’ a fin de analizar el comportamiento de los datos lingüísticos en diversas circunstancias. En líneas generales un ‘modelo’ es un esquema coherente, o sea, una estructura operativa definida, formada por componentes relacionados entre sí, que se emplea para tratar, representar, explicar, definir y justificar un concepto simple, un problema, o un sistema complejo, en suma, cualquier cuestión investigadora o aspecto de la misma. Como la naturaleza del lenguaje es compleja, heteróclita en palabras de Saussure, los ‘modelos’ tienden a simplificarla de una forma operativa y práctica para entenderla mejor, ofreciendo fragmentos de la misma que representan los aspectos más esenciales o los que se juzgan más pertinentes de la investigación que se lleva a cabo de forma precisa y bien delimitada.

El término ‘modelo lingüística’, desde la década de los años cincuenta, forma parte del instrumental teórico de la lingüística, así como de las demás disciplinas y ciencias modernas, ya que la investigación actual, como afirma M. Bunge, se hace planteando cuestiones claras e imaginando modelos conceptuales de las cosas (Bunge, M., 1985). Los ‘modelos lingüísticos’ son, por tanto, representaciones de un fragmento de la realidad lingüística construidas con una finalidad determinada, es decir, son esquemas precisos, funcionales, operativos y plausibles utilizados en la teorización, en la descripción o en la explicación. Sin embargo, el término ‘modelo lingüístico’ no es unívoco; en lingüística tiene, al menos, cinco acepciones, algunas de las cuales poseen muchos elementos en común:

(a)              la acepción en la que equivale a PARADIGMA, por ser similar a perspectiva investigadora, por ejemplo se puede hablar del modelo estructuralista en vez de paradigma estructuralista.

(b)              la que es intercambiable con TEORÍA; con frecuencia se confunden los ámbitos y los significados de los términos teoría y ‘modelo’. Chomsky (1965: 25) en ocasiones utiliza estos términos como sinónimos, aunque casi siempre reserva el término teoría para las formulaciones más generales o abstractas.

(c)               la de modelo teórico o modelo formal, equivalente a una de las muchas interpretaciones de una teoría, muy vinculado al paradigma generativista (Potts, T., 1975), ya que la investigación dentro de él da como resultado modelos audaces, los cuales puedan explicar el funcionamiento de los fenómenos lingüísticos. Estos modelos constituyen los marcos ideales que deben permitir la verificación de las hipótesis deductivas en que se basan, es decir, los modelos sirven, además, para experimentar y para verificar. Por tanto, en la raíz de todo modelo teorético hay una teoría explicativa o una serie de hipótesis, y la elección de un modelo o de otro se hará no sólo en función del determinado aspecto que se considera más importante, sino también de su capacidad explicativa. Cf verificación de los modelos.

(d)              la de modelo hipotético, acepción que, junto a la anterior, es probablemente la más utilizada en lingüística; algunos de estos modelos, aun corriendo el riesgo de ser efímeros, son muy audaces. No obstante, algunos de estos modelos se han consolidado, y en su denominación conservan el nombre de hipótesis como hipótesis de Sapir-Whorf (Whorf, B. L., 1974), etc. Cf modelo lingüístico.

(e)              la de modelo descriptivo, equivalente esquema, diseño o bosquejo, con finalidad taxonómica o clasificatoria, muy vinculado a los postulados del estructuralismo.

(f)                la de modelo funcional. Aunque la mayoría de los modelos lingüísticos son formales, no son escasos los ‘modelos funcionales’, que consideran las funciones y metafunciones del lenguaje. Cf funcionalismo.

Cuando los modelos pasan por una fase posterior de perfeccionamiento en su formulación o encuentran mayor cimentación o fundamentación conceptual se convierten, a su vez, en teorías sustantivas, como le sucede al modelo comunicativo de Jakobson (cf funciones del lenguaje). Y dentro de él, el desarrollo de la función poética de este modelo se ha constituido en una teoría sustantiva, la poética lingüística. En resumen, se puede decir que gran parte de la lingüística moderna es lingüística de modelos.”

[Alcaraz Varó, Enrique / Martínez Linares, María Antonia: Diccionario de lingüística moderna. Barcelona: Editorial Ariel, 1997, p. 355-356]

Pinturas y modelos

Hay muy diversos modos como algo, x, puede sustituir, reemplazar, fungir, estar en lugar, hacer las veces de, otra cosa, y, y abundan los términos para nombrar lo que en tales casos se supone que puede ser x: una pintura, un retrato, un bosquejo, un esquema, un diagrama, un mapa, una efigie, una figura, una pauta, un patrón, una imagen, una representación, un boceto, una muestra, un ejemplar, un signo, un símbolo, un modelo, etc. de y. Lejos de ayudarnos, esta abundancia de vocablos nos confunde: si bien un examen un poco circunstanciado de los usos de cada uno de dichos términos podría ilustrarnos sobre modos de relación de x con y que a menudo pasan desapercibidos, lo más probable es que tal examen nos llevaría demasiado lejos de las cuestiones de la relación de x con y que son de especial inter6s para la metodología de la ciencia. Tendr6 que cortar, pues, por lo sano, y atenerme únicamente a dos modos de relación entre x e y que se pueda razonablemente explorar en un espacio-tiempo plausiblemente limitado.

Éstos son los dos modos de relación que llamaré pintura y modelo. Hay muchos modos como x puede ser una pintura de y, y como x puede ser un modelo de y, pero en todos los casos se ajustan a ciertas condiciones según las cuales xRy es una relación donde «R» se lee «es una pintura de» o «es un modelo de». […]

Los verbos «sustituir», «reemplazar», «estar en lugar de» y «hacer las veces de» introducidos al principio pueden ahora ceder el paso a expresiones mas precisas y a la vez más neutrales. Aunque en algunos casos x hace las veces de y, «hacer las veces de» no describe con suficiente pulcritud la función de x. Por otro lado, en muchos otros casos es inapropiado decir que x hace las veces de y. Introduciré en lugar de los citados verbos las expresiones «pintar» y «modelar. «x pinta (o pinta a) y» expresa cualquiera de los modos como x puede representar y ‑incluyendo ser una «pintura», retrato, bosquejo, esquema, diagrama, etcétera de y. «x modela (o modela a) y» es (en español) una expresión un tanto forzada o torpe. En su sentido literal, «modelar» quiere decir formar una figura o presentar con relieve una figura, y en su acepción figurada es ajustarse a un modelo. En el sentido en que lo tomo aquí «modelar» equivale, en cambio, a «servir de modelo», siendo este «servir de modelo» lo que se trata justamente de dilucidar.

Consideremos, por lo pronto, la noción de pintura. x puede pintar y de varios modos, de los que destacaré dos.

x pinta y con similaridad pictórica (o pinta «propiamente» y) cuando x reproduce rasgos de y de suerte que la percepción normal de x, sin otras convenciones que las que comporta semejante percepción, permite identificar a y como siendo representado por x. Como los actos de percepción poseen modos de registro muy diversos, no cabe concluir que haya correlación exacta entre el gra­do de identificabilidad de lo pintado y el grado de fidelidad (o supuesto tal) de la pintura. Los procesos de identificación aludidos son función de la cantidad de información procesada por la actividad neural.

Ejemplos de pinturas con similaridad pictórica son los dibujos, los retratos, las fotografías y, en general, cualesquiera imágenes que exhiban un número de rasgos suficientes para establecer una correlación perceptual entre x e y. Hay un número crecido (posiblemente infinito) de posibles pinturas con similaridad pictórica de cualquier y, incluyendo pinturas extremadamente esquematizadas. Aun en este último caso, sin embargo, es menester que x contenga los rasgos suficientes para que sea una pintura de tal determinado y. Es obvio que cuanto más esquematizada esté una pintura, más numerosas serán las condiciones extraperceptuales (por ejemplo, convenciones culturales) necesarias para identificar a y como estando representado por x.

x pinta y sin similaridad pictórica cuando por lo menos algunos de los elementos de x no son homomórficos con algunos de los de y. Así, un mapa puede, y suele, contener círculos que representan ciudades, las cuales no son (necesariamente) circulares, o líneas quebradas que representan líneas ferroviarias, las cuales no son (ni, en las condiciones que conocemos, pueden ser) quebradas, etc. Lo que podría parecer similaridad pictórica ‑el que, por ejemplo, una ciudad grande se halle representada en el mapa por un círculo de cierto tamaño, y una ciudad pequeña por un círculo de tamaño menor‑ es simplemente un aspecto del isomorfismo que se revela también, y sobre todo, en la correspondencia de posiciones. Tanto si x pinta y con similaridad pictórica como no, es menester que x sea isomórfico con y; sólo cuando la pintura ofrece similaridad pictórica es menester, además, que x sea homomórfico con y.

El isomorfismo, sea o no homomórfico, requiere que x no alcance nunca a ser y. En un pasaje de Bruno y Sylvia, de Lewis Carroll, se discute sobre la confección de mapas de países. Puesto que hay mapas a escalas diversas, y puesto que los detalles que contiene un mapa y, por tanto, sus posibilidades representativas son generalmente función de la escala usada, se plantea el problema de si no podría haber un mapa a escala tal que reprodujera exactamente todos los detalles del país del cual fuese mapa. La escala 1: 1 no sería aún suficiente al efecto, porque tal mapa seguiría siendo bidimensional; sólo el propio país usado como mapa reuniría todos los requisitos necesarios. Ahora bien, aunque un mapa y, en general, una pintura es «algo usado como mapa o como pintura», lo representado por el mapa o por la pintura no puede ser él mismo mapa o pintura por faltarle la condición de correlatividad. Un perro no es la pintura de si mismo, porque no hay ninguna correlación entre el perro y él mismo.

En vista de ello se ha dicho a veces que las pinturas, homomórficas o no, son deficientes con respecto a lo pintado por ellas. Si con esto se quiere “dar a entender solamente que x no es y, no hay

nada que objetar.  Tampoco hay nada que objetar a la afirmación de que y tiene algo que x no tiene. En cambio, hay mucho que objetar a la idea de que y es como un modelo (en el sentido platónico de «modelo») al que x trata de aproximarse sin conseguirlo, como si x fuese una copia (en la acepción también platónica de «copia») y remedo de y ‑y con la única salvedad, con respecto a Platón, de que y sería a su vez una copia o reme­do de la idea o forma de y, de suerte que x sería la «copia de una copia». Aquí no puede tratarse de copias o remedos en los sentidos apuntados, ni tampoco, por tanto, de «deficiencias», porque x no se relaciona con y en la forma de una imitación; «pintar» no equivale a «imitar», sino a «re­presentar». A lo sumo puede decirse que x es de­ficiente sólo con respecto a algún otro x (siendo ambos x pinturas de y) que posea, por así decirlo, más poder representativo. Desde este punto de vista puede afirmarse que hay x que son mejores (más aceptables, más completos, más circunstan­ciados, etc.) que otros, pero aun entonces es me­nester especificar este «ser mejor que»; en efecto, una pintura, xa, de y, es mejor que otra pintura, xb, de y en ciertos determinados respectos, pudien­do ser peor (menos aceptable, completa, circunstanciada, etc.) en otros.

Comúnmente se llaman «modelos» a muchos, si no todos, los ejemplos que se dan de pinturas; los modelos son presentados a menudo come pinturas tridimensionales. Este uso corriente no es, sin embargo, muy convincente o apropiado en metodología científica. En ciencia se hace uso extenso de pinturas, pero en la gran mayoría de los casos se trata de ilustraciones o «representaciones» más o menos «intuitivas». Cabe hacer uso también de modelos en la acepción ordinaria de este vocablo con propósitos ilustrativos ‑y, en particular, pedagógicos. La cuestión aquí es saber si lo que se liama «modelo» en ciencia puede distinguirse de una pintura. Creo que sí, y ello por diversas razones.

Una de ellas ‑discutible, pero en la mayor parte de los casos operativa‑ es que la relación pictórica, homomórfica o no, de x con y, es la relaciónentre xa, xb, xc, etc., y un y que resulta ser un y determinado. Una maqueta del edificio y se llama comúnmente «un modelo de y», pero es, en rigor, una pintura de y. En cambio, la llamada «pintura de una clase de objetos C, de la cual y sea miembro» ejerce la función de modelo de cualesquiera miembros de C y es, por tanto, un modelo de C. Estimo que la razón aducida es operativa, bien que discutible, porque hay casos en los que no queda nada claro si una pintura, x, de una clase de objetos, C, funciona, propiamente hablando, como un modelo. Así, por ejemplo, el dibujo de un perro como pintura reconocible de cualesquiera perros ‑un «esquema de perro» es algo así como un intermedio entre una pintura y un modelo. Por un lado, hay correspondencia homomórfica entre algunos (digamos, los «esenciales») rasgos de la pintura reconocible de un perro y cualquier perro. Por otro lado, mediante semejante correspondencia se tiene un modelo de la estructura ‑cuando menos de la «estructura exterior» o «apariencia»‑ de cualquier perro.

Una aparente excepción la constituye la noción de «esquema trascendental» kantiano. Sin embargo, si se sigue la opinión de T. D. Weldon en su Kant’s «Critique of Pure Reason» (2a. ed., Oxford, 1958), págs. 161‑170 y la en muchos respectos similar de Jonathan Bennett en su Kant’s Analytic (Cambridge, 1966), págs. 141‑152, de las que se desprende que el esquema trascendental es como una regla o conjunto de reglas según las cuales se produce (mediante la imaginación) un «esquema» o «figura», se puede concluir que el «esquema trascendental» cumple con la condición señalada ad finem de constituirse mediante reglas –aunque diversos tipos de reglas- todas las pinturas y todos los modelos. […]

Estas apresuradas consideraciones dejan fuera muchos más problemas de los que quedan dentro. Uno de ellos es el del grado de «neutralidad» de los modelos ‑un problema que depende, entre otras cosas, de lo que se entienda por «neutralidad». En una obra sobre el concepto de modelo, Alain Badiou ha criticado a fondo la noción estructuralista de modelo por alegar que esta noción, lejos de ser, como se pretende, «neutral» y «formal», deriva de una previa conceptuación que es, a su vez, reflejo de una determinada ideología. No estoy seguro de que las cosas sean tan claras como dicho autor las describe, pero le asiste la razón en un punto: en que, para ser aceptable, la noción de modelo tiene que fundarse en un examen de la actividad científica. Ahora bien, esto es justamente lo que han hecho la mayor parte de filósofos de la ciencia que se han ocupado de este problema; en este sentido, sus opiniones no son «neutrales». Al mismo tiempo, sin embargo, pueden seguir siendo «formales», de modo que, contrariamente a lo que propone Badiou, no es legítimo equiparar «formal» con «neutral» ‑o, lo que equivale a lo mismo, no es legítimo entender «neutral» como si significara «independiente de la concreta actividad científica»

La única conclusión que me parece razonable alcanzar ahora es la «hipótesis» con la que se empezó: la de que hay una diferencia apreciable entre pinturas y modelos. Esta diferencia no elimina posibles concordancias, tales como, por ejemplo,  la de que tanto si x pinta y, como si x modela y, tiene que haber un conjunto de reglas segun las cuales se da (o conforma) la relación xRy. Es posible (y muy probable), sin embargo, que el tipo de reglas usado en cada caso sea distinto, de modo que entonces la cuestión de la diferencia entre pinturas y modelos equivale a la cuestión de la diferencia entre diversos sistemas de reglas.

[Ferrater Mora, José: Las palabras y los hombres. Barcelona: Península, 1972, pp. 139ss.]