LEXIKON

Léxico

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Semantik / Polysemie

 

«Beschreibungsebene, die den Wortschatz einer Sprache insoweit kodifiziert, als seine Formen und Bedeutungen nicht aus allgemeinen Regularitäten des Sprachsystems ableitbar sind.

In der generativen Transformationsgrammatik Teil der Basiskomponente der Grammatik in Form einer ungeordneten Liste aller Lexikalischen Formative. Die Lexikoneinträge bestehen aus einer phonetisch-phonologischen Beschreibung in Form einer Matrix Distinktiver Merkmale, der eine Auswahl spezifizierter syntaktischer Merkmale zugeordnet ist.

Das Lexikon in der Generativen Semantik dagegen setzt sich aus syntaktisch strukturierten Komplexen von kleinsten semantischen Bausteinen (Atomares Prädikat) zusammen, denen entsprechende phonologische Realisierungen zugeordnet sind.» [Bußmann, H., S. 456]

Vgl. „Lexikalische vs. Transformationalistische Hypothese“, in: Bußmann, H. S, 452-453.

«Lexikalisches Formativ

Terminus der TG für das Stammmorphem in der Strukturalen Grammatik, z.B. /lauf-, + Verb, - transitiv, + belebtes Subjekt/. Die lexikalischen Formative werden unter der Zitierform (Infinitiv beim Verb, Nominativ beim Substantiv) im Lexikon zusammengefasst.» [Heupel, Carl, S. 135]

«Lexikon (Zeichenvorrat)

Liste der lexikalischen Formative, nach einem Alphabet geordnet. Als solche eine realisierte Teilmenge einer potentiell weitaus größeren Anzahl von lexikalischen Möglichkeiten.» [Heupel, Carl, S. 135]

«Modalitäts-Pro-Form

Bei manchen Derivationen gehen die Suffixe der Oberfläche auf Modalitäts-Pro-Formen zurück; z.B. bei Verfolgung. Diese Pro-Form ist Konstituente einer NO des Matrixsatzes, die später durch das Suffix –ung ersetzt wird.

Man nimmt an, dass es in der Grammatik zwei Lexika gibt. Das erste ist das Grundlexikon, das alle Stammmorpheme verzeichnet. Dieses Lexikon liefert die Einträge der Tiefenstruktur. Im zweiten Lexikon sind Morpheme enthalten, die in der Tiefenstruktur lediglich durch Pro-Formen repräsentiert werden. Hierher gehören Pronomina, Wortbildungsmorpheme, Kasus-, Tempusmorpheme usw. Diese Morpheme werden also während des transformationellen Ableitungsganges für Pro-Formen eingesetzt. (Funkkolleg 6, 1971: 95, 103)» [Abraham, W., S. 489]

«Léxico:

a) El conjunto de los morfemas base y de las posibles formas de derivación de una lengua, considerados sobre todo desde el punto de vista de su significado y no desde aquel de sus funciones morfosintácticas.

b) El instrumento material que recoge el léxico de una lengua o de un autor.

Léxico fundamental o de base: ... muchos lingüistas soviéticos y de la Europa Oriental han expresado la convicción de que en cada lengua existe un léxico fundamental que se modifica y es sustituido por un ritmo más lento que aquél al que es sometido el resto del vocabulario; dado que es intuitivo, este léxico es el que recoge los signos de mayor relevancia cognoscitiva y cultural de una sociedad.

Léxico latente activo y pasivo: El léxico no documentado como tal pero que se presupone a partir de otras formaciones, por ejemplo en italiano bambino ‘niño’, bambola ‘muñeca’, presuponen un *bambo que ha caído en desuso.» [Cardona, G. R., p. 169]

«El léxico se considera como un nivel de representación constituido por unidades cuyas propiedades son fundamentales en la elaboración y procesamiento de las unidades de otros niveles; al mismo tiempo, estas propiedades están relacionadas en el nivel léxico por reglas que abarcan información tanto morfológica y sintáctica como semántica. De ello se deduce la necesidad de que la enseñanza recoja estas relaciones de manera adecuada, principalmente concibiendo la adquisición del vocabulario como un proceso que afecta tanto a las propiedades sintácticas de unidades más amplias que la unidad léxica como a los fenómenos comunicativos que se producen en el nivel del texto.»

[Garrido Medina, Joaquín: Elementos de análisis lingüístico. Madrid: Fundamentos, 1991, p. 44-45]

«Del análisis lingüístico desarrollado hasta aquí, podemos extraer, entre otras menos importantes, las siguientes conclusiones más o menos generales:

a) El significado léxico no es una propiedad de un determinado tipo de palabras (de las palabras que tienen capacidad designativa), sino un modo de significar indirecto que encontramos implicado en funciones semánticas diversas, que abarcan desde la expresión de nociones o denotaciones hasta la expresión de distintas relaciones gramaticales, en preposiciones, morfemas derivativos, etc.

b) El significado léxico o descriptivo no tiene absolutamente nada que ver con las referencias y las denotaciones que se expresan con las palabras, sino que se trata de una forma semántica pura que resulta de la conjunción de distintos trazos geométricos o cuantitativos simples o figuras semánticas.

c) La referencia y la denotación no son efectos del significado léxico (que en sí mismo y por sí mismo carece de capacidad designativa), sino efectos del significado categorial que lo acompaña habitualmente. Por eso cuando se estudian las referencias o el campo de usos de una palabra, no se está estudiando el significado léxico de esa palabra, sino un efecto de la significación categorial que lo acompaña.

d) Por lo general, la significación léxica no puede existir de forma independiente, sino que necesita de un marco gramatical que le sirva de soporte. Por lo tanto, las llamadas palabras léxicas no contienen en realidad solamente información léxica, sino que contienen también información gramatical. Es decir, sensu strictu, no existen palabras 1éxicas puras ‑ si dejamos al margen las interjecciones propias ‑, sino palabras que, entre otros ingredientes semánticos, poseen significación léxica o descriptiva. Por eso, carece de todo fundamento idiomático decir que:

da)   palabras como noche, feliz, ir, etc., son signos léxicos simples, signos léxicos pertenecientes a determinados campos semánticos. Se trata en realidad de palabras complejas que resultan de la conjunción de una determinada intuición semántica descriptiva con una determinada significación categorial.

db) palabras derivadas como relojero, felicidad, sillón, mantequilla, saltear, etc., son signos léxicos simples, signos léxicos pertenecientes a determinados campos semánticos. Se trata en realidad de palabras complejas que resultan de la conjunción de cierta significación léxica con determinación categorial y cierta significación morfológica ulterior.

dc)   palabras compuestas como pisapapeles, regresar, contraponer, presentar, bocacalle, etc., son signos léxicos simples, signos léxicos pertenecientes a determinados campos semánticos. Se trata en realidad de palabras complejas que resultan de la conjunción de determinados contenidos léxicos con revestimiento categorial ordenados según ciertos procedimientos sintácticos.

e) En toda palabra con significación léxica, la significación categorial y mostrativa (cuando la hay) es siempre primaria o estructural, en tanto que la significación descriptiva es meramente complementaria de esa información gramatical, al contrario de lo que se suele creer habitualmente. Esto quiere decir que el significado léxico no constituye un plano semántico autónomo, sino un plano semántico subordinado a la significación gramatical. Las lenguas naturales son básicamente gramática.

El diccionario no constituye el verdadero inventario de los signos léxicos o descriptivos de un idioma. Se trata más exactamente de un repertorio que recoge algunas de las palabras (generalmente, las más comunes) que se han confeccionado con los recursos semántico‑gramaticales y semántico-descriptivos de la lengua de que se trata. Como tales, no solamente recogen significación léxica, sino que recogen también significación gramatical y significación denotativa o cultural, que es enteramente ajena al sistema de la lengua.

g) Los campos léxicos de la semántica estructural absolutamente nada tienen que ver con la verdadera organización léxica o descriptiva de las lenguas naturales. Se trata más bien de agrupaciones de palabras (que entre sus componentes semánticos poseen algún rasgo descriptivo) hechas siguiendo criterios referenciales o denotativos. No son campos lingüísticos, sino campos denotativos o referenciales, como han señalado ya los críticos del método.

h) Las lenguas naturales no son códigos de signos constituidos por una gramática (repertorio de reglas y palabras instrumentales) y un diccionario o lexicón (repertorio de palabras llenas), como se suele decir habitualmente, sino conjuntos de procedimientos formales y semánticos de distintos niveles (significación primaria (mostrativa y descriptiva), significación categorial, significación morfológica, significación sintáctica y significación óntica) que permiten crear un número infinito de palabras, oraciones y textos, que son hechos de parole. Como señala Coseriu, "la descripción de una lengua, si quiere ser verdaderamente adecuada a su objeto, debe presentar la lengua misma como sistema para crear, como sistema de producción, no simplemente como producto" (EI hombre y su lenguaje, Madrid, 1977, p. 23). El diccionario y la gramática normativa no son obras lingüísticas, sino obras culturales.»

[Morera, Marcial (Univ. de La Laguna): „La naturaleza del significado léxico“. In: Wotjak, Gerd (coord.): Teoría del campo y semántica léxica / Théorie des champs et sémantique lexicale. Frankfurt am Main: Lang, 1998, pp. 154‑156]

«Predicados y argumentos

Muchas de las propiedades combinatorias que se dan entre las piezas que conforman una oración están determinadas por el contenido semántico de aquellas. De este contenido semántico depende, por ejemplo, el número de SSNN que coaparecen con un núcleo verbal dentro de su proyección sintagmática. Así, en el caso de un verbo transitivo como pintar, sabemos que se construye con dos SSNN: el que pinta y lo pintado. Por el contrario, un verbo intransitivo del tipo de reír, sólo se construye con un SN: el que representa al que ríe. Este tipo de información parece estar contenida en el nivel léxico, previo a la estructura sintáctica.

En los últimos años se han producido importantes avances en el estudio de la información contenida en el léxico. Sabemos que en este nivel no sólo se encuentran almacenadas las categorías léxicas y funcionales, sino que, además, éstas aparecen caracterizadas por medio de un entorno sintáctico. […] En cuanto a las piezas léxicas, el léxico contiene información acerca de su categoría gramatical y de la llamada “relación predicado-argumento”.

Un predicado es todo aquel elemento léxico que denota una acción, proceso o estado y que selecciona un conjunto o de argumentos en función de su propio significado léxico. Por su parte un argumento se puede definir como el participante de una acción, proceso o estado imprescindible para que este se pueda llevar a cabo. El ejemplo típico de predicado es el verbo, mientras que los argumentos suelen ser siempre SSNN. Volviendo al verbo pintar, este actúa como un predicado que debe construirse con dos SSNN, los que representan al que pinta y al pintado, que van a ser sus argumentos. Una manera de formalizar esta idea es mediante paréntesis angulares del modo siguiente: Pintar <1, 2>. El conjunto de argumentos seleccionados por un predicado constituye su estructura argumental o estructura de predicado-argumento.

También pueden ser predicados los adjetivos, las preposiciones y ciertos nombres y adverbios (Demonte 1989). [...]

Los predicados asignan un valor semántico a los argumentos que seleccionan. Este valor es el llamado “papel temático”. Así, tomando de nuevo el verbo pintar, el argumento que realiza la acción consciente y deliberadamente recibirá el papel temático de agente, mientras que el objeto que la padece y se ve afectado por dicha acción de manera diversa se etiquetará con el papel temático de paciente.

Diversos autores han establecido una jerarquía dentro de la lista de papeles temáticos. La estructura argumental está dispuesta por un conjunto de argumentos dispuestos según un orden de prominencia (Williams 1982). El argumento externo agente, identificado en ocasiones notacionalmente con el subrayado, es el más prominente y se proyectará en la posición de sujeto: por eso se le denomina “argumento externo”; mientras que el argumento tema o paciente, el menos prominente, recibe el nombre de “argumento interno”. [...]

La idea que subyace a la teoría de los papeles temáticos es que todos los argumentos, por el hecho mismo de depender de un predicado, reciben su interpretación semántica de este. [...] La conclusión es que no puede haber ni más ni menos argumentos de los exigidos por el predicado. Esta generalización, que recibe el nombre de “Criterio temático” (Chomsky 1981), predice correctamente que una oración como *Juan bebió el vino el agua es agramatical, puesto que beber no selecciona dos objetos del mismo modo. *Juan entregó también es agramatical, puesto que no se han proyectado los argumentos necesarios para entender el significado del verbo entregar.

Se podría pensar que la noción de papel temático está incluida en la de función; de hecho, tradicionalmente, las funciones sintácticas han recibido una definición basada en nociones semánticas: el sujeto es el que realiza la acción, mientras que el objeto es lo realizado. Sin embargo, esto no siempre es así. [...] Así en El director rodó la película y en La película fue rodada por el director, la película sigue siendo el paciente, pues, semánticamente, establece la misma relación con el verbo, a pesar de que la función sintáctica que desempeña en cada oración es distinta. [...]

Por último, si bien pueden coincidir, es preciso mantener separadas las nociones de función sintáctica y de papel temático.»

[Rodríguez Ramalle, Teresa María: Manual de sintaxis del español. Madrid: Editorial Castalia, 2005, § 1.2.1.1]

«Sintaxis, léxico y semántica

Las restricciones semánticas que intervienen en la construcción de cualquier secuencia se encuentran codificadas en un especie de diccionario interiorizado, conocido con el nombre de “léxico” o “lexicón”, que contiene junto con el inventario de las piezas léxicas la información semántica relevante para construir una oración, por ejemplo, la relativa a las exigencias semánticas que impone un verbo a los sintagmas que coaparecen con él.

Las categorías funcionales también se encuentra almacenadas en el léxico interno de los hablantes. En este caso, no se organizan según exigencias semánticas, sino mediante los rasgos formales que poseen. [...]

El adverbio afortunadamente que encabeza la oración

Afortunadamente, todos decidieron comprarle un regalo a María

no está exigido semánticamente por ninguno de los verbos. Además, presente rasgos especiales que determinan que vaya entre pausas y que pueda, cumpliendo este requisito, situarse en diferentes posiciones de la oración:

Todos decidieron, afortunadamente, comprarle un regalo a María;

Todo decidieron comprarle un regalo a María, afortunadamente.

Para explicar este comportamiento tenemos que tener en cuenta aspectos fonológicos relacionados con la presencia de unas pausas y de una entonación que advierten de la existencia de una estructura especial: los incisos. El nivel fonológico o “Forma Fonética” es el que se encarga de asignar rasgos fonológicos a una secuencia como esta; tales rasgos luego se convertirán, al ser enviados al cerebro, en instrucciones par la actuación de los órganos articulatorios.

Por último, toda oración debe ser interpretada. Con este fin, existe un componente especializado, el semántico-interpretativo, también llamado “Forma Lógica”, encargado de dar cuenta del significado composicional de las oraciones, esto es, del significado de las unidades en sus combinaciones sintácticas. Este nivel también tiene en cuenta la presencia de ciertas palabras, como, por ejemplo, en la oración compuesta, los determinantes todos y un, categorías que contribuyen a establecer los diferentes significados que puede tener una oración.

La interacción de los componentes que hemos visto: el léxico, la estructura sintáctica, el componente fonológico, el morfológico y el semántico conforman nuestro conocimiento o competencia lingüística. [...] La teoría gramatical ha evolucionado desde los primeros momentos de la Gramática Generativa con el objetivo de alcanzar la mayor adecuación explicativa posible. El enfoque minimalista actual propone un modelo de la competencia lingüística en el que los diferentes niveles de análisis gramatical se organizan del siguiente modo (Chomsky 1995):

 

Lexicón

Sistema computacional

Forma Morfológica

 

Forma fonética

(Sistema Articulatorio-perceptual)

Forma Lógica

(Sistema Conceptual-intencional)

 

Partimos del léxicón o diccionario interior que contiene todas las categorías léxicas y funcionales, así como los afijos derivativos, tanto unas como otros con sus rasgos de selección. Del lexicón se extraen las piezas con las que se construyen los sintagmas y las oraciones en el sistema computacional, identificado con el nivel sintáctico de creación de estructuras. Aquí se construyen las secuencias mediante la fusión o unión de dos piezas simples. Esta fusión está constreñida desde el comienzo por las exigencias léxicas, así como por los requisitos de las categorías funcionales. [...]

Del sistema computacional parten dos ramas, una se dirige hacia el nivel fonológico y la otra hacia el interpretativo. El componente o “Forma Morfológica” se sitúa en el camino entre la sintaxis y el nivel de la Forma Fonética. Aquí tienen lugar procesos de reajuste de rasgos formales que obedecen a razones exclusivamente morfológicas y que permiten dar cuenta del orden final que adoptan, por ejemplo, las secuencias de clíticos del español: se me cayó, se lo entregó. Estos reajustes deben ser previos a la materialización de la secuencia en la Forma Fonética, puesto que tienen su reflejo en la estructura material de la oración. Por último, el componente de la Forma Lógica, haciendo uso de un vocabulario formal específico, recoge la interpretación de una oración, teniendo en cuenta no sólo la información sintáctica contenida en la estructura, sino también los procesos que se pueden producir en el propio nivel interpretativo.»

[Rodríguez Ramalle, Teresa María: Manual de sintaxis del español. Madrid: Editorial Castalia, 2005, § 1.2]

 

P. No habrá ningún diccionario que recoja todas las palabras y acepciones.

R. No, claro. Los diccionarios tienen que ser selectivos. La cuestión está en los criterios de selección. Muchos españoles creen que el diccionario de la RAE es el mejor que hay, pues bien, es exactamente el peor. Es peor comparado con el equivalente francés, italiano, portugués, alemán inglés no así la gramática ni la base de datos de la RAE, que son probablemente mejores que las equivalentes de otros países, o al menos equiparables

P. ¿Es pública la base de datos de la RAE?

R. Sí. En ella hay unos 90 millones de registros distintos y se puede consultar por Internet. En realidad son dos bases de datos CORDE, que es histórica, y Crea (Corpus de referencia del espacial actual). La Academia viene haciendo el Crea desde hace tiempo con financiación pública y un equipo de lexicógrafos e informáticos excelentes, así que con esta base podría hacer un diccionario extraordinario. Sin embargo, sigue rehaciendo continuamente el diccionario del siglo XVIII.

P. Si una persona utiliza en un examen la acepción de la palabra marrón que recoge el diccionario de Seco pero no el de la RAE, ¿cabe considerar que no es castellano correcto?

R. Es un vicio contra el que vengo luchando desde hace años. Explico en el libro que si alguien va por el campo, ve una hierba, consulta un libro de botánica y no viene, no se le ocurre decir que esa hierba no existe, sino que esa hierba no está en su libro de botánica. Nadie puede decir a un hispanoparlante "esta palabra no existe". Se puede decir que no está en el diccionario, pero la culpa no la tengo yo por usar la palabra sino el diccionario por no reflejar bien el léxico. Mucha gente cree que el diccionario de la RAE es como los mandamientos de la ley mosaica y que si los incumples vas al infierno. [Entrevista con JAVIER LÓPEZ FACAL, Filólogo e investigador del CSIC, en El País – 07.03.2011]