KONDITIONAL

Condicional

(Recop.) Justo Fernández López

 

„El condicional es un tiempo que se crea en latín tardío tanto desde un punto de vista formal como funcional. Al igual que el futuro es una perífrasis verbal formada por el infinitivo del verbo que se conjuga más el imperfecto de indicativo del auxiliar «haber» en su forma contracta.

La perífrasis que se creó para expresar este tiempo significaba en su origen la obligación en el pasado de realizar la acción designada por el infinitivo, por ejemplo: «sabía que no se la negaría» (Quijote), donde «negaría» equivale al moderno «había de negar». Pero tras el sentido de la obligación, pasó a expresar acción futura en relación con el pasado, que le sirve de punto de partida (es el futuro del pasado), por ejemplo: «dijo que asistiría a la reunión». No obstante, como se trata de un tiempo imperfectivo, aspecto que proviene del imperfecto originario «había», queda indeterminado el término de la acción, la cual medida desde el momento en que hablamos puede ser pasada, presente o futura, por ejemplo: «prometió que me escribiría» (y recibí su carta – pasada; o bien, y ahora recibo su carta – presente; o bien, y espero que recibirás pronto mi carta – futura). Así pues, la relación del condicional con el presente es indeterminada y variable, mientras que la relación con el pretérito es fija.

Al igual que el imperfecto, la forma en -ría se puede usar también como independiente y desprovista de su valor temporal expresando: La probabilidad referida al pasado o al futuro. El condicional de cortesía o modestia. Con el condicional se refuerza la modestia de la expresión y se hace más patente aún, que con el imperfecto de cortesía, nuestra sumisión a la voluntad del interlocutor. Con los verbos querer y poder se hace visible el eufemismo y a veces la ironía. Los verbos querer, deber y poder admiten también con este significado el pretérito imperfecto de subjuntivo en -ra, por ejemplo: «Juan pudiera ser más discreto».

Esta es la primera equivalencia entre las formas -ra y -ría, equivalencia explicable a causa del carácter dubitativo que deliberadamente damos a tales oraciones. La mayor o menor intensidad de la duda que aparentemente regula la preferencia por el subjuntivo o por el indicativo:

«Debieras, deberías, debías trabajar»

Con la forma plenamente subjuntivo «debieses» tendríamos que emplear necesariamente un adverbio de duda. Por esto «debieras» se halla aquí en una zona indeterminada entre el subjuntivo y el indicativo, del cual históricamente procede.

Son también equivalentes las formas -ra y -ría en la apódosis de las oraciones condicionales, por ejemplo: «Si quisieran (o quisiesen) escucharme, les diría (o dijera) la verdad de lo ocurrido».

La forma en -ra raras veces se emplea fuera del estilo literario. No obstante, parece ser que el uso de una u otra forma era indiferente para los escritores clásicos. Esta equivalencia se explica fácilmente si se tiene en cuenta que -ra es en ella indicativo, supervivenvia del modo al que históricamente perteneció, como lo prueba el hecho de no poderse sustituir, como en la prótasis, por la forma -se, históricamente subjuntiva. A medida que -ra ha ido afianzando en la evolución del idioma su nuevo valor subjuntivo en las oraciones subordinadas, y alejándose del indicativo originario, se hace cada vez más raro su empleo en la apódosis. Así hoy en la lengua hablada corriente ha sido eliminado y sustituido por -ría.“

[Urrutia Cárdenas, H. / Álvarez Álvarez, M.: Esquema de morfosintaxis histórica del español. Bilbao: Publicaciones de la Universidad de Deusto, ²1988, p. 262-263]

„En todas las lenguas romances el uso del subjuntivo disminuyó con la aparición del condicional. Así, en las oraciones condicionales, mientras que el latín usaba el imperfecto de subjuntivo, las lenguas románicas prefieren el condicional. No obstante, algunas de ellas, como el español, conservan el subjuntivo (por ejemplo, «si le dijéramos esto cometeríamos un error imperdonable», donde el imperfecto de subjuntivo tiene el valor de ‘condicional hipotético’).

La Gramática de la Real Academia Española en su edición de 1931 habla de los siguientes modos: infinitivo, indicativo, potencial, subjuntivo e imperativo. El modo infinitivo denota la significación del verbo en abstracto. El modo indicativo expresa un hecho como real y objetivo. El modo potencial expresa el hecho no como real sino como posible. El modo imperativo expresa el hecho como un mandato. El modo subjuntivo expresa el hecho como un deseo o como dependiente y subordinado a otro hecho indicado por uno cualquiera de los otros tres modos.

En posteriores revisiones de su Gramática la Real Academia ha ido modificando esta clasificación. Así, en el Esbozo de una Nueva Gramática de la Lengua Española (1973) se sustituye la división de las formas verbales en cinco grupos llamados modos, por otra división en dos grupos fundamentales: Formas no personales: infinitivo, gerundio y participio. Y formas personales, que se distribuyen en tres modos: indicativo o modo de la realidad, subjuntivo o modo de la irrealidad, imperativo que expresa exhortación y mandato. El condicional es considerado por la Real Academia en la última edición de su Gramática como un tiempo del modo indicativo.

Pottier nos habla de tres modos: infinitivo, indicativo y subjuntivo. El imperativo es el modo del discurso directo, es como el vocativo en el nominal, por tanto forma parte de la sintaxis exclamativa, de ahí que no pueda estudiarse al mismo nivel que los otros modos. Para Pottier no existe el modo condicional. Las formas verbales que reciben este nombre, las considera tiempos del modo indicativo: cantaría futuro imperfecto respecto de un pasado, cantaré futuro imperfecto respecto de un presente.

Según Alarcos la primera división que podemos operar en el sistema de la conjugación constituye la siguiente correlación: formas no personales / formas personales. Las primeras serían el infinitivo, gerundio y participio, las cuales tienen como cualidades comunes el no indicar la persona gramatical, el no indicar el tiempo en el que la acción se sitúa y el poder funcionar, saliendo del plano verbal, como «nombre», entendiendo por éste el sustantivo, el adjetivo y el adverbio. Las restantes formas verbales se reúnen en dos únicos modos: Indicativo, formas que no indican irrealidad, y subjuntivo, formas que indican irrealidad de la acción. De acuerdo con esto, formas como cantaré (futuro respecto de un presente) y cantaría (futuro respecto de un pasado) formarían parte del modo indicativo. Otras veces este autor nos habla de tres modos: indicativo, modo de la realidad; subjuntivo, modo de la irrealidad; posibilidad-posterioridad: modo constituido por formas como cantaré y cantaría, las cuales no expresarían no seguridad ni inseguridad completa; además, al hablar de pos-terioridad significan respecto del tiempo.  Así pues, sería un modo complejo, ya que se mezcla el modo y el tiempo.

De este modo se llegaría a un sistema verbal muy simétrico, en el que se diferencia solamente presente y pasado: Indicativo: presente / pasado; Subjuntivo: presente / pasado; Posibilidad-posterioridad: presente (cantaré) / pasado (cantaría). Para Alarcos estos dos tiempos, cantaré y cantaría tienen características suficientemente propias respecto del indicativo, como para formar un modo independiente o darles un tratamiento aparte dentro de este modo; lo esencial es que deben estudiarse juntos. Respecto del modo imperativo, este autor opina que hay que separarlo de todas las demás formas de la conjugación, aunque presente formas personales, ya que pertenece a un plano especial de la lengua, al plano apelativo o de llamada al interlocutor.“ 

[Urrutia Cárdenas, H. / Álvarez Álvarez, M.: Esquema de morfosintaxis histórica del español. Bilbao: Publicaciones de la Universidad de Deusto, ²1988, p. 208-210]

«Futuro hipotético

‘Futuro hipotético’ es el término que algunas gramáticas del español (cf por ejemplo Hernández Alonso, 1984; Gili Gaya, 1961) utilizan para referirse al tiempo verbal – cuyo estatus en el sistema de la conjugación española resulta bastante controvertido – en el que se incluyen formas como escribirían, tendría, llegaríamos.

La denominación ‘futuro hipotético’ parece estar fundamentada en que, según indica Hernández Alonso, por ejemplo, son dos los valores significativos que se asocian a las formas correspondientes a este tiempo: la futuridad o posterioridad con respecto a un pasado, y la hipótesis o probabilidad referida al futuro o al pasado. Así, por ejemplo, en Me aseguraron que escribirían, Le dijo que llegaríamos a tiempo, escribirían, llegaríamos expresan, de conformidad con Hernández Alonso o Gili Gaya, futuro con respecto a un pasado: ambas formas sitúan la realización del evento a que hace referencia el verbo en un espacio temporal posterior a otro evento (aseguraron, dijo) ya pasado en el instante del habla.

En cambio, en Tendría entonces cincuenta años, tendría expresa, según Gili Gaya, fundamentalmente probabilidad, en este caso referida al pasado.

Pospretérito, condicional, potencial (simple) son otras denominaciones utilizadas para estas mismas formas verbales.

También se ha dado el nombre de ‘futuro hipotético’ (simple) (cf Gili Gaya, 1961) al tiempo del modo subjuntivo al que corresponden formas como tuviere, fueres, vinieren

[Alcaraz Varó, Enrique / Martínez Linares, María Antonia: Diccionario de lingüística moderna. Barcelona: Editorial Ariel, 1997, p. 264]

 


Los modos verbales y la modalidad del enunciado

Ver(bal)modi und die Satzmodi

 

«Se suele distinguir entre el dictum (o contenido de lo que se comunica) y el modus (o manera de presentarlo según nuestra actitud psíquica. Los procedimientos gramaticales que denotan la actitud del hablante respecto de lo dicho, constituyen las variaciones morfemáticas del verbo conocidas como modos [verbales]. De lo expuesto previamente se deduce que los derivados verbales infinitivo, gerundio y participio, que no pueden ser núcleo oracional, carecen de tal variación y no pueden ser llamados modos.

Antes de examinar los morfemas de modo, hay que señalar la relación que mantienen cada una de las modalidades del enunciado que quedan distinguidas por el contorno de entonación. Este, en especial por su tonema final, separa los significados de aserción [Aussagesatz], interrogación [Fragesatz] y apelación [Aufforderungssatz]. No se menciona el contenido de exclamación (reflejo del sentimiento del hablante) por cuanto puede asociarse a cualquiera de los otros tres; por ejemplo, se observa aserto exclamativo en ¡Qué mal lo pasamos!, interrogación exclamativa en Pero ¡qué dices!, apelación exclamativa en ¡Dilo ahora mismo!

Las variaciones del verbo no son todas compatibles con las tres modalidades del enunciado [Aussage]. Con la interrogación, no pueden aparecer las formas verbales del subjuntivo. Sería incorrecto decir ¿Cuándo vengas?, ¿Quién viniese?, ¿Cómo vinieras?, ¿Dónde estuvieres?, ¿Qué cantad? (aunque pueden aparecer dependiendo de otro núcleo verbal, como en ¿No te han dicho que vengas?, ¿Quién dijo que viniese?, ¿Cómo pensó que vinieras?, etc.). Con modalidad apelativa no se encuentran las formas del indicativo. En fin, con la modalidad asertiva son compatibles todas las variaciones morfemáticas del verbo, salvo una, la del llamado modo imperativo, cuyo uso se restringe a la modalidad apelativa: Canta, Comed, Vivid. [...]

Descontado el imperativo, el resto de las formas verbales se reparte en dos grupos dependiendo de su compatibilidad con las modalidades del enunciado. Uno reúne las formas posibles con entonación interrogativa, como cantas, cantabas, cantaste, cantarás, cantarías. El otro engloba las que carecen de esta posibilidad: cantes, cantases, cantaras, cantares. [...] Se trata de los modos denominados indicativo (las forams del primer conjunto) y subjuntivo (las demás). Ambos términos son válidos como tales, aunque imprecisos y heterogéneos: en manera de designar, el indicativo “indica“, señala una determinada noción; el subjuntivo alude a un comportamiento sintáctico (se subordina a algo). [...]

Por tanto, existen tres modos, con significantes diferentes y que evocan significados diversos:

1.  El indicativo. Es el modo de mayor amplitud de uso; designa la “no ficción“ de lo denotado por la raíz léxica del verbo, esto es, todo lo que el hablante estima real o cuya realidad o irrealidad cuestiona.

2.  El condicionado (llamado por lo común potencial o condicional), que incluye las formas cantarás y cantarías y que designa los hechos aludidos por la raíz verbal como sometidos a factores que los harán posibles.
También se ha empleado el término de potencial o condicional para denominar el modo particular de la forma cantarías. Pero si su comportamiento combinatorio es análogo a las formas del indicativo, y  si sus peculiaridades son compartidas por la forma cantarás, también incluida en el indicativo, convendría o dejar las dos dentro de este modo, o bien segregarlas como un modo especial intermedio entre indicativo y subjuntivo.

3.  El subjuntivo. Es el modo de menor capacidad de aplicación y señala el carácter ficticio, no real, de lo que denota el significado de la raíz verbal.

Las oposiciones modales así establecidas (cuyos rasgos semánticos diferenciales se basan en la actitud del hablante ante los hechos que comunica) se corresponden con su comportamiento respecto de las modalidades del enunciado. Así, la modalidad interrogativa solo tiene sentido para inquirir la realidad de los hechos y no cabe aplicarla para lo que ya se estima como ficticio. Si, por ejemplo, se dice ¿Quién canta?, el morfema del indicativo que contiene la forma verbal implica la realidad de lo denotado (la noción “canta“); no tendría sentido preguntar ¿Quién cante?, inquiriendo sobre el actor de una actividad a que ya el morfema de subjuntivo declara ficticia. Ocurre también que las diferencias modales se suprimen en beneficio de la más general (la marcada por el indicativo) cuando el contenido manifiesta ya algún elemento que presupone la no realidad de lo comunicado. Por ejemplo, la unidad si (cuyo contenido implica un condicionamiento) elimina en ciertos casos la posibilidad de variación modal: se dice siempre Si llueve, nos quedaremos en casa y no Si lloverá ni Si llueva, con independencia de que el hablante enfoque la noción de “llover“ como real, posible o ficticia.

En ciertos casos, el criterio de dependencia sintáctica impone el uso de uno u otro modo en la forma verbal de la oración traspuesta [subordinada], sin que haya posibilidad de elección diversificadora. Por ejemplo, el verbo subordinado a otro como creer, que presupone referencia a algo no ficticio, no puede adoptar los morfemas de ficción anejos al subjuntivo: se dirá Creo que viene, Creí que venía, etc., y no Creo que venga, Creí que viniese, etc. En cambio, verbos cuyo signo léxico denote nociones inseguras, no reales, ficticias, exigirán en la forma verbal dependiente morfemas propios de la ficción: Espero que vengas, Dudó de que viniese, Temíamos que vinieras (no son posibles Espero que viene, Dudó de que venía, Temíamos que vino).

En la clasificación modal propuesta, queda por aclarar si es adecuado reunir cantarás y cantarías como poseedores en común del morfema condicionado. Es normal asignar a las dos formas un contenido referente a la posteridad de lo que denota su raíz respecto a un punto de partida temporal donde está situado el hablante: el momento en que se habla o uno previo a este. De ahí los términos con que se designan: futuro para cantarás y (como sugirió Bello) pospretérito para cantarías. Sin embargo, a veces ambas formas no denotan posterioridad al punto temporal en que se estiman posibles o probables en el momento dado pero cuya realidad se ignora: Serán las diez, “puede que sean las diez“; Serían las cuatro cuando salió de casa, “probablemente eran las cuatro“. En estos ejemplos, los valores comunes de cantarás y cantarías son modales. Cada forma, dentro de su perspectiva, se refiere a hechos cuya realidad está condicionada al paso del tiempo o al cumplimiento de factores ignorados o supuestos.»

[Alarcos Llorach, Emilio: Gramática de la lengua española. Madrid: Espasa-Calpe, 1994, pp. 149-150 y 152-155]