KOGNITIVE SEMANTIK

Semántica cognitiva

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Kognitive Sprachwissenschaft / Funktionalistische Sprachwissenschaft / Kognitive Grammatik / Metapher / Metonymie / Denotation / Repräsentation / Denotative Bedeutung / Funktionale Grammatik / Behaviorismus / Funktionalismus / Chomsky / Kognition / Konnektionismus / Digital vs. Analog / Piaget, Jean / Begriff / Idee / Eidetisch / Bild / Gehirn und Computer  / Gehirn und Sprache

 

«La semántica cognitiva: imaginación y significado

La lingüística cognitiva no es un corpus doctrinal cerrado, sino la reunión de diferentes aproximaciones (categorización, subjetivación ...) que de una manera dinámica están constituyendo y articulando una nueva forma de ver el lenguaje. Ese carácter abierto del nuevo paradigma da lugar a que podamos pensar en una serie de autores como precursores involuntarios, tales como Michel Bréal, que ilustra con ejemplos de la lengua latina sus “leyes intelectuales del lenguaje”, Antoine Meillet, que puede considerarse como el fundador de los estudios modernos sobre gramaticalización, y, mucho más cercano en el tiempo y a los criterios concretos de la lingüística cognitiva, John Lyons, quien apunta a consideraciones de carácter cognitivo en su estudio sobre los verbos griegos del conocimiento en su libro titulado Structural Semantics. An Analysis of Part of the Vocabulary of Plato (1969). Si bien encontramos una compatibilidad bastante grande con los métodos precedentes, la cortapisa metodológica más seria viene dada por el uso exclusivo que los cultivadores del cognitivismo hacen de una semántica bipolar, es decir, una semántica donde no se distinguen las relaciones de significación [Bedeutung] de las de designación [Bezeichnung]. Coseriu (1990) ha puesto de manifiesto esta circunstancia como contrapartida fundamental de la semántic de prototipos, que sería más bien una semántica de las cosas, pero no de verdaderos hechos lingüísticos de significación. En nuestra opinión, de la misma manera que hemos visto la posibilidad de entender como complementarias la semántica bipolar y la tripolar, creemos que esta posibilidad abre laspuertas a la incorporación de elementos propios de la semántica tripolar en los análisis cognitivos. [...]

Uno de los aspectos básicos del cognitivismo lingüístico es el estudio de la conceptualización de realidades abstractas por medio de las expresiones propias de la experiencia sensible. En este sentido, la reciente lingüística cognitiva ha aportado un método suficientemente articulado que nos permite revisar globalmente, en todos los niveles del lenguaje, los fundamentos empíricos de la cognición tal y como en él se reflejan. Sucintamente, los principios fundamentales que más nos han servido para plantear una semántica cognitiva pueden reunirse en:

1.    La CATEGORIZACIÓN mediante los datos de la experiencia, frente a las categorías clásicas y cerradas (de formulación aristotélica). Las nuevas clases o categorías resultantes son abiertas y difusas (Lamíquiz 1998), y presentan dentro de ellas elementos especialmente representativos, también llamados PROTOTÍPICOS (Kleiber 1995). Estas categorías se organizan gracias a los llamados “modelos cognitivos idealizados” (M.C.I.), que son los que ordenan, a su vez, nuestro espacio mental (Lakoff 1987, 68-76).

2.    La ICONICIDAD, o la capacidad que el lenguaje tiene de imitar la realidad mediante los espacios mentales. Veremos cómo la etimología antigua se nos presenta como un excelente ejemplo precientífico de esta concepción del lenguaje que quedó fundada, aunque irónicamente, en el Crátilo de Platón.

3.    La GRAMÁTICA EMERGENTE, que estudia la tendencia de las unidades del léxico a convertirse en elementos gramaticales sistemáticos (p. e., del latín homo al francés on). Por su parte, la SUBJETIVACIÓN analiza cómo el cambio lingüístico se debe atribuir a la implicación constante del emisor en le gramática, dando lugar a las implicaciones valorativas y connotativas de los mensajes.

4.    Las “METÁFORAS DE LA VIDA COTIDIANA” (“Metaphors we live by”) (Lakoff 1987; Lakoff y Johnson 1991), que utilizan la experiencia de la realidad tangible para expresar una idea abstracta, son excelentes emjemplos de estos M.C.I. En ellos, partimos de un “Dominio de Origen” (“Source Domain”), p. e., el espacio vertical (arriba/debajo), para expresar, a partir de él, aspectos como la “cantidad” o la “valoración” positiva o negativa de algo (“Dominio de Destino”, o “Target Domain”) (Lakoff 1987, 274-280).»

[García Jurado, Francisco: Introducción a la semántica latina. De la semántica tradicional al cognitivismo. Madrid: Servicio de Publicaciones de la Universidad Complutense. Cuadernos de Filología clásica - Estudios latinos. Serie de monografías. 2003, Anejo I, p. 85-86]

«Chomsky considera que el objeto de estudio de la lingüística es la forma lingüística pura, sin consideraciones subjetivas y reducida a reglas de tipo matemático. Propone la supremacía y la autonomía de la sintaxis, que en su visión carece de significado. Mi propia postura –que es la postura funcional y cognitiva– constituye la visión opuesta, es decir, que el lenguaje no puede estudiarse aisladamente de otros fenómenos mentales; que no existe en el lenguaje la forma sin contenido y que el lenguaje es uso y por tanto el objeto de estudio es el lenguaje en uso y no la lengua idealizada de un hablante idealizado. El término “significado” es equivalente a “conceptualización” y las distintas formas lingüísticas son simbólicas de distintas conceptualizaciones, pero no tiene cabida en esta visión la idea de transformación (ni de dos estructuras, una profunda y una superficial).»

[Fernández, Susana S.: La voz pasiva en español: un análisis discursivo. Frankfurt a. M.: Peter Lang, 2007, p. 18 n. 12]

«Nuestro conocimiento de las cosas determina nuestra comprensión de fenómenos más abstractos y su expresión lingüística, siendo esa conexión –en buena parte– de naturaleza metafórica o metonímica, entendiendo la metáfora y la metonimia en el sentido que dan a estos términos Lakoff y Jonson (1980): compren lo abstracto en términos de lo concreto.

La importancia de la metáfora y la metonimia en la semántica en general y en el cambio semántico en particular es un hecho que no ha pasado desapercibido a los investigadores, aunque quizás no se haya aprovechado al máximo su potencial explicativo. Por no remontarnos demasiado en el tiempo, podemos citar el parecer de Ullmann (1960: 240): “la metáfora están tan estrechamente entretejida con la textura misma del habla humana que ya hemos encontrado bajo varios aspectos: como un factor capital de la motivación, como un artificio expresivo, como una fuente de sinonimia y de polisemia, como un escape para las emociones intensas, como un medio para llenar lagunas en el vocabulario, y en otros diversos cometidos”. Recordemos, asimismo, que es un problema planteado en las lenguas más diversas, con importantes repercusiones para la traducción, como indicaba en 1535, Juan de Valdés:

Porque, siendo assí que la mayor parte de la gracia y gentileza de la lengua castellana consiste en hablar por metáforas, atándose el que traduze, tiene grandísima dificultad en dar al castellano la gracia y lustre que, scriviendo de su cabeça, le daría. (DL, 167)

Puede resultar más controvertido que buena parte de nuestro sistema conceptual –y, por tanto, del lenguaje que lo expresa– es de naturaleza metafórica y que conceptos semánticos tan básicos como el de acción son de esta naturaleza.»

[Santos Domínguez, Luis Antonio y Espinosa Elorza, Rosa María: Manual de semántica histórica. Madrid: Síntesis, 1996, pp. 14-15]

«Es posible abordar el estudio del significado en general y de su evolución histórica en particular partiendo de una concepción distinta del significado que no hace tanto hincapié en un sistema lingüístico que, en la práctica, tiende a hacer desaparecer el papel que desempeña el ser humano en la concepción de ese significado. Como recuerdan Lakoff (1987) y Jonson (1967), no hay que perder de vista el hecho de que nuestra mente está encarnada en un cuerpo, es decir incorporada en su sentido etimológico. Jonson (1987) señala que el cuerpo ha sido ignorado porque se considera que el pensamiento es de naturaleza abstracta y transcendente y no está atado en modo alguno a los aspectos corporales de la comprensión humana. Es el hecho de que a través de nuestro cuerpo podamos relacionarnos con nuestro entorno gracias a la manipulación de objetos, a nuestra percepción visual y a la percepción del espacio y del movimiento, lo que permite que algo sea significativo para el ser humano y, por tanto, también el significado lingüístico. De esta manera, podemos abordar el estudio del significado desde unos presupuestos que podemos resumir en los siguientes puntos:

1)     El lenguaje es parte integral de la cognición general humana y utiliza mecanismos cognitivos generales. Si queremos explicar las estructuras lingüísticas debemos ponerlas en relación con lo que sabemos de la cognición humana.

2)     La función primaria del lenguaje –si es que hay alguna función primaria– es la de significar. Por lo tanto, debe intentar mostrarse del modo más directo posible cómo se unen forma y significado.

3)     No tiene sentido la distinción entre semántica y pragmática, o entre significado estrictamente lingüístico y lo que quiere significar el hablante atendiendo a sus intenciones comunicativas, creencias, contextos, etc.

4)     El significado de una entidad lingüística se hace equivalente a conceptualización en sentido amplio. Los significados pueden caracterizarse en relación a estructuras de conocimiento de tipo “enciclopédico” (modelos cognitivos idealizados).

5)     Los significados de una construcción gramatical no son computables ni predecibles mediante reglas generales a partir del significado de las partes, sino que están motivados por el significado de éstas.»

[Santos Domínguez, Luis Antonio y Espinosa Elorza, Rosa María: Manual de semántica histórica. Madrid: Síntesis, 1996, pp. 20]

«Nivel conceptual y nivel léxico

Un planteamiento como éste supone la necesidad de reconocer un nivel metateórico fundamental, el nivel conceptual, en el que es posible representar conceptos léxicos independientes de su incardinación en signos lingüísticos, o conceptos funcionales, independientes en este caso de la dimensión sintáctico-oracional de una lengua natural. Junto a ese nivel conceptual deberemos establecer un nivel lingüístico, determinado por la gramática de una lengua concreta, que es plasmación del anterior, y en el que pueden venir dados independientemente los distintos elementos aislados conceptualmente, o pueden venir condensados en una sola forma. Este planteamiento podría basarse en la dualidad estructuralista sustancia del contenido y forma del contenido, pero teniendo claro que una neta separación, en el nivel objetual lingüístico, no está justificada. Forma y sustancia son términos relativos, no absolutos (Hjelmslev, 1972: 63), la sustancia debe considerarse formalizada y la forma debe tener atributos sustanciales: la sustancia lingüística es forma semiótica.

Según Helmslev (1974: 73-108), es equívoca la consideración saussureana de la sustancia independiente de la forma, ya que la sustancia sólo puede aparecer como consecuencia de una forma previa. En Saussure, esa sustancia amorfa en la que las lenguas practican cortes arbitrarios es también la sustancia mediante la cual se manifiestan las formas lingüísticas, tanto de la expresión como del contenido. Según esto, la sustancia es a la vez independiente de la forma y previa a ella, por un lado, y consecuencia de la forma y, por tanto, posterior ella, por otro. Es independiente y anterior al presentarla como masa amorfa segmentable de modo arbitrario por las lenguas; es dependiente y posterior en tanto que realización de las formas lingüísticas. Para deshacer esa duplicidad, Hjelmslev introduce el “sentido”, que es el equivalente de la sustancia saussureana entendida como masa amorfa previa a la segmentación que en ella realizan las lenguas; es, pues, indiferente a la conformación semiótica. La sustancia de Hjelmslev será la manifestación de una forma, la proyección de la forma sobre la materia. Así pues, la sustancia está semióticamente conformada y depende de la forma de que es proyección. Sustancia quiere decir sustancia semiótica, es una sustancia semióticamente formada (Hjelmslev, 1972: 65).

En esta perspectiva, según Rojo (1983: 87 y ss.), las funciones semánticas pertenecen a la forma del significado siempre que lo que encontremos en el significante nos autorice a ello. Los elementos que hay en la sustancia del significado son del mismo tipo; la diferencia radica en que en la sustancia del contenido tendrán que estar todas las funciones semánticas, mientras que en la forma del contenido podremos considerar únicamente a aquellas que tengan un correlato en plano significante.

Por tanto, y siguiendo el parecer de Ramón Trives (1979: 73-75), la realidad nos viene dada por medio de unas determinadas formas que filtran la sustancia extraconceptual según los intereses y posibilidades de la colectividad, convirtiéndose así en contenido de comunicación. Es por ello que Trives afirme tajantemente que la “semántica lingüística” debe estudiar la sustancia del contenido lingüístico o la sustancia lingüística de contenido, no la lingüisticidad de ese contenido, que sería el estudio de la forma pura, como las sintaxis ultraformalizadas. De esta manera, el significado es concebido como sustancia sensitivo-conceptual formalizada, en el sentido de que toda su sustancia conceptual, o parte de la misma, es apoyada por la expresión, realizándose una segunda selección formal de la sustancia, esta vez, ya no aformalizada, debido a la canalización comunicativo-lingüística de la colectividad. Esta definición de la significación es equiparable a la propuesta por la Gramática Cognitiva.

Así pues, la conceptualización filtra la realidad objetiva, y la verbalización selecciona la realidad conceptualizada de acuerdo con los distintos grados epistemológicos, en consonancia con las propuestas de Matoré de que la palabra socializa y racionaliza el concepto, permitiéndole sobrepasar el estudio individual y afectivo, al igual que clasifica, posibilita distinciones, generaliza o abstracciones (Ramón TRives, 1990: 1192-1193).

Por tanto, lo conceptual es algo central, siendo imprescindible saber qué otros son omitidos, cuáles aparecen condicionados por la dinámica paradigmática léxico-gramémica y qué otros son ofrecidos por los esquemas de distribución léxico-gramémica; pero no todo lo cognoscible es filtrado por la lengua, a menudo ésta queda abierta a lo imprevisible de la situación (Ramón Trives, 1979: 86-88).»

[Cifuentes Honrubia, José Luis: Sintaxis y semántica del movimiento. Aspectos de Gramática Cognitiva. Alicante: Instituto de Cultura “Juan Gil-Albert”, 1999, p. 123 sigs.]

Con la semántica cognitiva se asocian nombres como

George Lakoff, Ronald Langacker, Mark Jonson, Leonard Talmy, Charles Filmore y, en parte, Ray Jackendoff.