JUNGGRAMMATIKER

Neogramáticos

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.: Neolinguistik / Idealistische Sprachwissenschaft / Indoeuropäisch / Indogermanisch / Dialekt

 

Junggrammatiker [engl. neogrammarians. - Auch: Leipziger Schule].

In den 70er Jahren des 19. Jh. in Leipzig entstandene Gruppe von Sprachwissenschaftlern, deren positivistische Sprachauffassung sich gegen die metaphysischen und biologistischen Sprachauffassung der vorausgehenden Epoche richtete. Führende Vertreter dieser Richtung waren K. Brugmann, H. Osthoff, H. Delbrück, E. Sievers, K. Verner, A. Leskien, H. Paul, O. Behagel. Die Arbeiten der J. lassen sich durch folgende Aspekte charakterisieren:

(a)  Untersuchungsgegenstand des Sprachwissenschaftlers ist nicht das Sprachsystem, sondern die im einzelnen Individuum lokalisierte und somit unmittelbar beobachtbare Sprache (Idiolekt), die als eine sowohl psychische als auch physische Tätigkeit angesehen wird.

(b)  Autonomie der Lautebene als wichtigste Beschreibungsebene.

(c)  Historismus: Hauptziel sprachwiss. Untersuchung ist die Beschreibung des geschichtlichen Wandels der Sprache. Fast ausschließliches diachronisches Interesse an der Entwicklung von Sprache.

(d)  Ausnahmslosigkeit der Lautgesetze.

(e)  Analogie: Wo die Prämisse der Ausnahmslosigkeit der Lautgesetze scheinbar versagt, wird Analogie als Erklärungshilfe angesetzt.“ [Bußmann, H., S. 363]

«Junggramatiker:

Leipziger Schule von Sprachwissenschaftlern (wie H. Paul, W. Braune, E. Sievers, O. Behaghel, F.de Saussure in seiner frühesten Phase), die Ende des 19. Jhs. in Anlehnung an naturwissenschaftliche Methoden historische Sprachwissenschaft betrieben (vor allen den Lautwandel mir ausnahmslos wirkenden Lautgesetzen beschrieben); Ergebnis z. B. die noch heute benutzten Grammatiken des Got., Ahd., Mhd. von Paul und Braune; Abkehr von Methoden der J. beim späteren Saussure und dem Strukturalismus (Betonung der Synchronie, Gegenwartssprache, Systemcharakter der Sprache) sowie bei der Inhaltsbezogenen Sprachwissenschaft (statt lautbezogener inhaltliche Untersuchungen).» [Ulrich, Winfried, S. 53]

«Neogramático. Dícese del método o actitud analítica propia de los Neogramáticos (alem. Junggrammatiker), un grupo de lingüistas alemanes que se dieron a conocer en Leipzip en torno a los años ochenta del siglo pasado; parten del supuesto de que el lenguaje está sometido a cambios regulares que son susceptibles de ser formulados según „leyes“ inexorables, estudian exclusivamente los fenómenos diacrónicos de la lengua con exclusión de los sincrónicos y los aspectos internos de la lengua, excluyendo aquellos externos o sociales.» [Cardona, G. R., p. 193]

«Neogramáticos [A. Junggrammatiker; I. Neo-Grammarians; F. Néo-grammairiens]

Se da este nombre a una serie de lingüistas, en su mayor parte alemanes, que se adhirieron a los postulados teóricos de Brugmann y Osthoff. Estos, antiguos discípulos de Curtius, contra el que reaccionaron, publicaron juntos sus Morphologische Untersuchungen (Leipzig, 1878-1910), en cuyo prólogo se lee: "Todo cambio fonético se realiza de acuerdo con leyes que no reconocen excepción". Esta idea no era nueva: había sido ya apuntada por Verner (1872), Schleicher (1873), Leskien (1876) y otros; pero el carácter polémico contra Curtius que le dieron Osthoff y Brugmann la convirtió en bandera de los lingüistas de la Universidad de Leipzig, contra los lingüistas de Berlín y Gotinga (J. Schmidt, A. Bezzenberger, etc.). Son neogramáticos H. Paul, B. Delbrück, Braune, Sievers, etc. Aparte su fundamental actitud ante las leyes fonéticas, estos lingüistas mantienen en general las siguientes posturas teóricas: preocupación exclusiva por los estudios diacrónicos; escaso interés por la intervención de los realia en los fenómenos evolutivos; concepción de las lenguas como unidades, con descuido de las fluctuaciones, variaciones y fuerzas diversas que operan en un momento dado de la lengua; creencia en las fronteras lingüísticas como límites rigurosos, sin reconocer la existencia de zonas de transición; escaso interés por los fenómenos de préstamo, atención exclusiva a las palabras heredadas; olvido del papel desempeñado por el significado en la evolución del significante; ausencia de toda consideración geográfica en sus investigaciones; estudio de los fenómenos lingüísticos como hechos aislados, sin atender al conjunto, al sistema de la lengua, etc. (Bonfante).»

[Lázaro Carreter, F.: Diccionario de términos filológicos, p. 290-291]

«Neogramática [del alemán Junggrammatiker, gramáticos jóvenes, en el sentido de 'bisoños']

Movimiento lingüístico que ejerció un enorme influjo en las concepciones teóricas de la filología europea durante el último cuarto del siglo XIX y primer tercio del XX. Aunque existió en forma larvada desde antes, la neogramática se dio a conocer en 1876 en la Universidad de Leipzig a través de un artículo firmado por Herman Osthoff (1814-1909) y Karl Brugmann (1849-1919). Tras mostrar su disconformidad con los métodos y los objetivos del comparatismo al uso, rechazando la concepción de que las lenguas son mecanismos independientes del hombre, proclamaron la necesidad de que la filología atienda primordialmente a la explicación rigurosa de la evolución lingüística estudiando la interacción y la influencia de factores sociales y psicológicos concurrentes, así como los datos directamente observables de las lenguas vivas. Para ello partieron del supuesto de que los cambios lingüísticos están sujetos a leyes que actúan inexorable, ciegamente, sin excepciones (W. Scherer, A. Leskien); sólo se requiere, por tanto, un método adecuado capaz de desentrañar los complejos resortes de ese funcionamiento. Con la ley de Verner (1975), que regularizó las excepciones inesplicadas de la antigua ley de Grimm (1822), los neogramáticos se afirmaron en el estudio de las leyes fonéticas, en cuya tarea acumularon cantidades ingentes de datos con un empeño proverbial y con inigualable y puntual meticulosidad. Algunos de los principios programáticos, sin embargo, no fueron luego estrictamente observados, sobre todo los que contenían implicaciones que pronto se revelarían cuando menos exageradas. Tal ocurrió, p. ej., con la concepción, arduamente combatida por la dialectología coetánea, de que las lenguas son haces de isoglosas nítidamente distribuidas por un territorio dado. Entre sus principales figuras, es indispensable destacar al menos a Berthold Delbrück (1842-1922), Hermann Paul (1846-1921), August Leskien y sobre todo Wilhelm Meyer-Lübke (1861-1936).»

[ANAYA. Diccionario de lingüística. Madrid: Anaya, 1986.]