JOD

Yod

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Jotazismus / Waw

 

Hay dos articulaciones en castellano con doble articulación vocal / consonante. Son la yod y el wau: resultado de la pronunciación en los diptongos y triptongos.

yod: es el elemento ‘i’ de un diptongo o triptongo. Es un sonido palatal, más cerrado si cabe que la [i]. Cuando el segundo elemento del diptongo se apoya en el primero es semivocal: yod [i] en aire y wau [u] en causa.

wau: es el elemento ‘u’ de un diptongo o triptongo. Es un sonido velar, más cerrado si cabe que la [u]. Cuando el primer elemento del diptongo se apoya en el segundo es semiconsonante: yod [i] en pie y wau [u] en cuento.

La yod (A. Jod)

Se da este nombre de procedencia hebrea, a la i semiconsonante explosiva agrupada con la consonante anterior (pie) o semivocal implosiva agrupada con la vocal precedente (reino). La yod (M. Pidal antepone a este término el artículo femenino) produjo importantes inflexiones en español. Dicho maestro distingue cuatro tipos de yod:

A)    Yod primera, de los grupos latinos TK, CY, que produjeron ç o z en castellano antiguo v i t i u > vezo, a c i a r i u > acero. No produjo inflexión.

B)    Yod segunda, de los grupos latinos LY, C’L, G’L, T’L (que dieron ll > j, en español: a p i c (u) l a > abeja, NY, GN y NG (que produjeron ñ: i n s i g n i a > enseña). Inflexionó las vocales abiertas e y o, impidiendo su diptongación, salvo la yod de ñ, que no inflexionó la o; y, a la inversa; no inflexionó las vocales cerradas e y o, salvo la yod de ñ, que inflexiona la o.

C)    Yod tercera, de los grupos GY, DY (> y) VY (> y o vi): r a d i a > raya, p l u v i a  > lluvia, f o v e a > hoya. Inflexionó a e y o, impidiendo diptongación, y vacila entre e, o, inflexionándolas unas veces (e > i, o > u) y otras no.

D)    Yod cuarta, de los grupos CT, UL + consonante (>ch), KS (>j), GR (>ir) y la de RY, SY, PY, que fue atraída a la sílaba anterior: l a c t a r e > leche, m u l t u > mucho, t a x u > tejo, i n t e g r u > enteiro > entero, c a l d a r i u > caldairo > caldero. Tambiéne s yod cuarta la producida por síncopa de sonidos latinos: p r o b a v i > probai > probei > probé. Inflexiona a todas las vocales (salvo o > u) y se combina con a > e. La yod semiconsonante suele representarse en el alfabeto fonético con j y la semivocal con i.“ 

[Lázaro Carreter, F.: Diccionario. de términos filológicos. Madrid: Gredos, 1968, p. 415-416]

Inflexión

E)    Morfema que se añade a la raíz para constituir el tema: así, la i de ag-i-mus, ab en cant-áb-a-mos, etc.

F)    Inflexión vocálica [A. Umlaut; I. Mutation; F. Métaphonie]. Alteración del timbre de una vocal por influencia de una vocal, semivocal o semiconsonante siguientes : latín f e c i, por influjo de –i cambió su e en i: hice. Es frecuente la inflexión de yod; así la o tónica, que no diptonga en aragonés, lo hace bajo el influjo de una yod: p ŏ d i u > aragonés pueyo. La inflexión puede consistir en la detención o en el impedimento de un fenómeno que se produciría sin presencia de la yod. Así, en castellano, la e breve tónica diptonga, si no va seguida de yod; n e b u l a da niebla, pero l e c t u da lecho (>leito). Vid. Metafonía.

G)   A. Bello llama inflexión a la desinencia, según uso normal entre muchos lingüistas extranjeros.

H)   Cada una de las variaciones que experimenta la entonación.”

       [Lázaro Carreter, F., Diccionario de términos filológicos, p. 238]

Yod

La serie de las vocales patrimoniales –explica Menéndez Pidal– «se altera mucho cuando a cada una de ellas le sigue el sonido palatal que llamamos yod. Esta yod es análoga a la consonante y del latín majore, jejunare, o del español mayor, ayunar, etc., pero no se halla intervocálica como la y, pues no es propiamente una consonante sino una semiconsonante como la i de pié, radio, articulación explosiva agrupada con la consonante anterior, o una semivocal como la i de baile, peine, articulación implosiva agrupada a la vocal que la precede».

[Abad, Francisco: Diccionario de lingüística de la escuela española. Madrid: Gredos, 1986, p. 249]

„Alude a la inflexión vocálica Menéndez Pidal al tratar de la yod en la fonética histórica castellana, y escribe párrafos así: «La yod, como es articulación semivocálica cerrada (es más cerrada que la i vocal), suele contagiar su cerrazón a la vocal precedente, cerrándola un grado. Esta inflexión vocálica ocurre de un modo análogo en los demás romances, pero en español es más frecuente [...] La yod no sólo influye en cerrar o inflexionar la vocal, sino que palataliza además la consonante inmediata, y su influjo sobre la vocal está subordinado a su acción sobre la consonante. Cuando la yod palatalizó muy pronto la consonante, absorbiéndose en ella, no tuvo tiempo para influir sobre la vocal; y cuanto por más tiempo se conservó la yod sin ser absorbida en la consonante, tanto más influyó sobre las varias clases de vocales».

[Abad, Francisco: Diccionario de lingüística de la escuela española. Madrid: Gredos, 1986, p. 151]

«La yod

La a latina acentuada, cualquiera que sea su cantidad, permanece en español: matre > madre; aetate > edad. Pero si la a va seguida de i, ambas vocales tienden a aproximarse entre sí, cerrándose la primera y abriéndose la segunda. De esta aproximación mutua resulta la vocal intermedia e: laicu > lego. Puede ocurrir que la i no esté en contacto inmediato con la a, sino que se halle en la sílaba siguiente y pase atraída a la sílaba acentuada: basiu > *baisu > beso; primariu > *primairu > primero.

Las consonantes palatales, a causa de su punto de articulación, desarrollan un sonido de i que es la vocal más palatal. El movimiento de la lengua para articular una palatal es semejante en algunos momentos a la posición necesaria para la pronunciación de i. Por esta razón la a seguida de palatal se transforma en e, p. ej., axe > exe > eje; factu > hecho; mataxa > madeja.

Toda e en hiato después del acento equivale a una i: area > *aria > *aira > era; caseu > *casiu > *caisu > queso.

Llamamos yod, por consiguiente, a todo sonido i semivocal o semiconsonante; a toda e en hiato, y a la i desarrollada por la articulación de las consonantes palatales.

La influencia de yod se deja sentir, no sólo en la a, sino también en las demás vocales. Su articulación cerrada se propaga a las vocales que la preceden, y de este modo, las que debieran ser abiertas en latín vulgar, quedan cerradas y evolucionan como tales.

Por esto la e y la o, que diptongan en ie, ue (serra > sierra, morte > muerte), no pueden diptongar cuando van seguidas de yod: pectu > pecho, teneo > tengo, nocte > noche, folia > hoja. Ésta es la excepción castellana más importante a la ley de diptongación de ambas vocales.

Por la misma razón las vocales i, u del latín clásico, cuando van seguidas de yod, no son abiertas en latín vulgar, sino cerradas. Permanecen inalterables con frecuencia en romance: vitreu > vidrio, tinea > tiña (y no vedrio, teña); pugnu > puño, lucta > lucha (y no poño, locha). El influjo de yod no es, sin embargo, tan constante sobre estas vocales como lo es cuando se trata de ě, ŏ

[Gili Gaya, Samuel: Nociones de gramática histórica española. Barcelona: Bibliograf, 1983, pp. 43-44]

«La yod

La separación silábica tuvo un cambio muy importante: fi-li-u, vi-ne-a y sus similares agruparon en una sola sílaba las vocales en contacto, con lo que la escansión fue fi-liu, vi-nea > vi-nia. En casos como va-ri-o-la, mu-li-e-re, la sinéresis acarreó el tránsito del acento a la vocal más abierta (va-rió-la, mu-lié-re). Esas e, i átonas, así convertidas en semiconsonantes, originaron multitud de alteraciones fonéticas; son el elemento revolucionario que en lo sucesivo llamaremos yod. La yod fundiéndose con la consonante que precedía, la palatalizó: muliere > mulere, filiu > filu, vinia > viña. Así nacieron los sonidos palatales l (nuestra ll) y ñ, desconocidos por el latín clásico y característicos de las lenguas románicas. El grupo t + yod se asibiló en ts + yod o simplemente en ts: los dos grados se hallan descritos por gramáticos latinos, y una inscripción da Vincentζus por Vicentius. Evolución parecida siguió el grupo c + yod, con resultado, ya que no idéntico al de t + yod, sí lo bastante cercano para que hubiera grafías como Μαρσιάνος y mendatium por Marcianus, mendacium. Los grupos d + yod, g + yod se redujeron a y (adjutare > ayutare); pero d + yod se asibilaba frecuentemente, equivaliendo entonces a z, y en esta alternancia, el sufijo verbal griego  -ιζειν  dio en latín el doble resultado -idiare e izare

[Lapesa, Rafael: Historia de la lengua española. Prólogo de Ramón Menéndez Pidal. Madrid: Gredos, 1995, 9ª ed. corregida y aumentada, p. 56-57]

«Yod

Elemento palatal semivocálico o semiconsonántico muy cerrado ([i] semivocal palatal y [j] semiconsonante palatal); verbal, desinencial, flexional: la que aparece en la desinencia de ciertas formas verbales por el contacto entre la vocal temática y una vocal de la desinencia de persona y número.»

[Echenique Elizondo, María Teresa / Martínez Alcalde, María José: Diacronía y gramática histórica de la lengua española. Valencia: Tirant lo Blanch, 2003, p. 267]

«La yod

Nombre dado a la "i" en diptongo, donde, si es inicial de él, suena, al unirse a la consonante precedente, como semiconsonante explosiva ('diez'), y, en otro caso, al unirse a la vocal precedente, como semivocal implosiva ('peine'); sonido que ha merecido una consideración especialísima por la gran influencia que ha ejercido en la evolución de las palabras.

yotacización / yotización

Fenómeno de convertirse en yod un sonido consonante; por ejemplo, la "c" de "lacte" en la "i" de "laite".»

[Moliner, María: Diccionario de uso del español, vol. 2, p. 1565]

yod.

(De or. hebreo).

1. f. Fon. Sonido i semiconsonante agrupado con la consonante anterior; p. ej., en pie, o semivocal agrupado con la vocal precedente; p. ej., en reino.

2. f. Letra que, en algunas lenguas, lo representa. [DRAE]