INTERJEKTION  

Intejección

(Recop.) Justo Fernández López

 

Interjektion

Wörter, die rein emotionalen Gehalt tragen. Ihr Ursprung ist umstritten. Nach W. Lang sind viele von ihnen als nicht mehr erkennbare Flüche, Gebete gedeutet worden (Schrumpfformen), die keine Begriffe, sondern komplexe Situationen ausdrücken.“ [Heupel, Carl, S. 105]

«Interjektion

Interjektionen sind Sprachzeichen, deren Bedeutung darin besteht, beim Hörer ein lebhaftes Interesse für die gegebene Situation zu erzeugen. Sie haben daher alle das semantische Merkmal (INTERESSE) gemeinsam, das jeweils situationsspezifisch nuanciert wird. Dabei sind situative, expresive und imitative Interjektionen zu unterscheiden. Gebildet sind sie manchmal aus lexikalischen Einheiten des sprachlichen Vokabulars, manchmal auch aus mehr oder weniger konventionalisierten Lautverbindungen, die in der Sprache sonst nicht als Bedeutungsträger dienen. Interjektionen stehen in der Regel außerhalb der Verbalklammer mit ihren drei Feldern oder schneiden in diese ein.

Der Hörerbezug ist bei allen Interjektionen stark entwickelt. Der Sprecher, der eine Interjektion äußert, erwartet, dass der Hörer darauf reagiert und sein Interesse bekundet, sei es, dass er handeln reagiert, sei es, dass er wenigstens seine innere Beteiligung zu erkennen gibt. In Grenzfällen (Überraschung, Schmerz...) kann eine Interjektion auch „einsam“ geäußert werden, sie dient dann der Triebabfuhr.»

[Weinrich, Harald: Textgrammatik der deutschen Sprache. Unter Mitarbeit von Maria Thurmair, Eva Breindl und Eva-Maria Willkop. Hildesheim: Olms, 4., revidierte Auflage 2007, § 8.1.5]

„Die Interjektionen nehmen in der Grammatikbeschreibung vielfach eine Sonderstellung ein. Zu der großen und heterogenen Gruppe der Interjektionen gehören z. B. ach, aua, wau wau, muh, na, boing, hm, pst, hurra. Der Name Interjektion (von lat. interiectio ‘das Dazwischenwerfen’) erklärt sich dadurch, dass diese Elemente entweder selbständig zwischen Sätze eingestreut oder unintegriert in Sätzen eingefügt werden können. Interjektionen haben also nicht, wie die „normalen“ Wörter einer Sprache, die Funktion, integrierte Teile eines Satzes zu sein und semantisch zu dessen Gesamtbedeutung beizutragen, sondern sie haben einen viel selbständigeren Status.

Semantisch: „Die Interjektionen unterliegen nicht der für Sprachen üblichen „doppelte Gliederung“ („double articulation“, Martinen 1964) des Sprechens. Während eine Äußerung, z. B. Ich habe mir wehgetan, auf einer ersten Ebene der Organisation aus einzelnen Lauten besteht, die selbst noch keine Bedeutung haben und auf einer zweiten (der „zweiten Gliederung“) aus einzelnen bedeutungstragenden Elementen (Ich + habe + mir uws.) bestehen, die erst zusammen eine Äußerungsbedeutung  ergeben, sind die Äußerungen, die mit Interjektionen gemacht werden, nicht in sich in bedeutungstragende Einheiten untergliedert. Interjektionen können unmittelbar pragmatische „Bedeutungen“, „Sinn“ tragen. Sie sind holophrastisch und repräsentieren den zu übermittelnden Inhalt auf der Inhaltseite ungegliedert. Der Unterschied zwischen der Interjektion Pfui! und dem vorwurfsvollen Ausruf Das tut man aber nicht! besteht darin, dass in der Interjektion die pragmatische Bedeutung ‘Tadel’ als einheitlicher Inhalt unmittelbar, nicht über einzelne Wörter und dann über eine Satzbedeutung vermittelt, ausgedrückt wird. Trabant spricht deshalb davon, dass Interjektionen keine Zeichen wie die normalen Wörter seien, bei denen eine unterschiedliche Gliederung von Inhalts- und Ausdrucksebene vorliege, sondern direkt interpretierbare Symbole.“

Syntaktisch: Die syntaktische Selbständigkeit der Interjektionen wurde bereits erwähnt; sie können vollkommen autonom auftreten. Interjektionen können im allgemeinen nicht erfragt werden; Ausnahmen bilden die onomatopoetischen Interjektionen. Interjektionen haben im allgemeinen keine Attribute bei sich.

Wir teilen die Interjektionen nach fünf Kriterien in Klassen ein:

a) „Semantische Ungegliedertheit“: „überspring“ die Interjektion die zweite Ebene der doppelten Gliederung.

b) „Nicht-Integrierbarkeit“: Ist die Interjektion syntaktisch stets unintegriert.

c)  „Phonologische Unabhängigkeit“: Ist die Interjektion unabhängig vom phonologischen System der Sprache.

d) „Satzwertigkeit“: Kann die Interjektion allein einen unabhängigen Satz in einem fortlaufenden Text bilden.

e) „Erfragbarkeit“: Lässt sich die Interjektion erfragen.

Mit Hilfe dieser Kriterien lassen sich vier Klassen unterscheiden:

Vollinterjektionen: Sie entsprechen jedem der fünf Kriterien.

Onomatopoetische Interjektionen: Sie sind als einzige erfragbar.

Adverbiale Interjektionen: Sie entsprechen lautlich dem dt. Phonemsystem, sie sind syntaktisch integrierbar. Sie können jedoch nicht erfragt werden und nicht als eigenständige Sätze auftreten.

Lexeminterjektionen: Sie beruhen auf normalen Lexemen und nehmen somit an der doppelten Gliederung teil. Sie sind nicht erfragbar und nicht syntaktisch integrierbar, ihre Lautstruktur entspricht dem betreffenden Phonemsystem. Sie sind satzwertig.“ [Hentschel / Weydt, S. 295-301]

Interjección [A. Ausruf]

Signo que puede contradecir las leyes fonológicas de una lengua (español uf, paf), o bien poseer una estructura fonológica correcta (ay, oh), sin valor gramatical, que desempeña las funciones lingüísticas de un modo elemental. Hay, por tanto, interjecciones apelativas (eh, chist, ps), expresivas (oh, ah, ay) y representativas (zas, paf, pum). Estas últimas son, a veces, verdaderas onomatopeyas. Los gramáticos griegos clasificaron las interjecciones entre los adverbios. Los latinos las separaron, constituyendo con ellas una parte de la oración. Donato (siglo IV d. J. C.) la define «significans mentis affectum». El término latino interiectio alude a que suele ir entre dos términos del enunciado, con independencia tonal.Vossio (1635) la definió como un equivalente de frase. Esta idea, viva aún en muchos gramáticos, ha sido atacada por Karcevski (1941), el cual hace ver cómo toda frase puede ser enunciada en estilo indirecto, pero la interjección, no.”

[Lázaro Carreter, F., Dicc. de térm. filológ., p. 243]

«Interjecciones

Las palabras con las cuales expresamos, repentina e impensadamente, por lo general, la impresión que causa en nuestro ánimo lo que vemos, oímos, sentimos, recordamos, queremos o deseamos, se llaman interjecciones.

La interjección no es propiamente ninguna parte de la oración, sino que está al margen de ella.

La interjección, junto con la entonación de la frase, constituye la expresión más palpable de la afectividad en el lenguaje. Sin embargo, no se limita a expresar los sentimientos: también desempeña, de manera rudimentaria, las otras funciones lingüísticas: la de llamada (propia del imperativo y del vocativo): ¡eh!, ¡pst!, ¡chist!, y la de representación de un contenido: ¡zas!, ¡plaf!

En rigor, la interjección no equivale a una oración gramatical, pues si es cierto que ene lla podríamos rastrear un sujeto y un predicado, es dudoso que en la persona que la emite haya habido intuición alguna de tales elementos. Por esta razón se ha observado que toda frase puede ser enunciada en estilo indirecto, pero la interjección no. Podríamos decir, a lo sumo, que la interjección es el embrión de una oración gramatical.»

[Seco, Rafael: Manual de gramática española. Madrid: Aguilar, 1980, p. 128 y 149, n. 1]

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«Podemos definir la oración exclamativa dentro de la teoría de los actos de habla como un tipo gramatical de oración que corresponde a la realización de la fuerza ilocutiva del acto de habla expresivo o fuerza exclamatoria, marcada gramaticalmente por una clase de palabras exclamativas o palabras-cu (qué, cuál, cómo, cuánto), palabras que ponderan o intensifican algo que afecta al hablante. La fuerza ilocutiva es el acto, o fuerza exclamatoria, que puede manifestarse en la sola entonación, indica el estado mental del hablante de rechazo, sorpresa, entusiasmo, admiración, confusión, perplejidad, duda, incredulidad, indignación, etc., ante un estado de cosas. La fuerza exclamatoria puede aparecer como tal en frases y oraciones, y en este caso unas y otras adquieren una interpretación exclamativa, pero no constituyen casos del tipo gramatical exclamativo. En consecuencia, estas frases y oraciones pueden ser clasificadas como ‘exclamaciones’. En unos y otros casos, la fuerza exclamatoria está vinculada a la condición de sinceridad del acto de habla, que denominamos condición de afectación.

Un acto de habla ilocutivo expresivo es la manifestación de un acto mental del hablante. En general, un acto ilocutivo consta de a) una condición preparatoria, b) una condición de sinceridad, c) un contenido proposicional, y d) una condición esencial. La condición de sinceridad puede enunciarse así: el hablante está afectado por un estado de cosas presupuesto en la condición preparatoria, la cual da como verdadero el contenido de lo exclamado.»

[Alonso-Cortés, Ángel: “Las construcciones exclamativas. La interjección y las expresiones vocativas”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe. 1999, § 62.1.1]

«Hemos argumentado que la oración exclamativa representa el acto de habla expresivo, en el que el hablante manifiesta un estado mental particular dentro de una categoría general de afectación. También la interjección puede entenderse como una manifestación del acto de habla expresivo, con importantes restricciones.

La interjección como indicador de la fuerza ilocutiva:

Para iniciar la descripción, definiremos la interjección como una palabra constituida generalmente por una sola sílaba en cuyo ataque y coda pueden aparecer fonemas que no aparecen en final de palabra en el léxico patrimonial, colocada preferentemente en posición inicial, y cuyo significado es enteramente expresivo. También puede aparecer, aunque más raramente, en posición medial o final.

Las principales interjecciones del español actual son

ay, aj, bah, eh, ah, uy, oh, ca, ea, ja, puaf, puf, bo, bu, fu, hum, pse, psche, psst, tota, uhy y uff

interjecciones a las que se ha denominado propias. Pueden usarse también nombres y verbos de modo interjectivo, que son denominadas impropias, como anda, arrea, caracoles, canastos, etc. [...]

El carácter de signo indicativo que tiene la interjección la desprovee de significación fija y constante. El entorno y la conducta del hablante dan contenido preciso a la proferencia interjectiva. Por esta razón, la interjección no tiene contenido proposicional, es decir, no constituye oración. La teoría de los actos verbales de Searle (1969) distingue entre el contenido proposicional de una proferencia o expresión y su fuerza ilocutiva. Esta corresponde muy grosso modo al tipo de acción verbal que intente el hablante con una expresión. Así, con una oración asertiva el hablante pretende representar objetivamente hechos, eventos, etc.; con una oración imperativa el hablante pretende modificar la conducta del hablante, etc., y con una proferencia expresiva, manifestar el estado mental inherente a la condición de sinceridad.

La fuerza ilocutiva puede señalarse mediante procedimientos léxico-gramaticales, como sucede con algunos verbos usados en primera persona de indicativo. Así, al proferir la oración Clasifico esta planta como un geranio, el acto que ejecuta el hablante es una aserción, cuya fuerza ilocutiva (o propósito del hablante) está señalada al decir “clasifico”. De forma parecida, al proferir una interjección el hablante no ejecuta un acto verbal completo, porque la interjección carece de contenido proposicional; la proferencia interjectiva sólo indica la fuerza ilocutiva de ese acto, y cuando acompaña a los actos expresivos es la mera manifestación del estado mental implícito en la condición de sinceridad del acto expresivo. En términos pragmáticos definimos la interjección como la expresión de un estado mental que carece de contenido proposicional, pero posee fuerza ilocutiva.»

[Alonso-Cortés, Ángel: “Las construcciones exclamativas. La interjección y las expresiones vocativas”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe. 1999, § 62.7 y § 62.7.1]

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«La interjección

La interjección constituye un grupo de palabras que no está suficientemente delimitado. Coincide con los adverbios y con los elementos de relación en que son invariables y no tienen, por tanto, concordancia con ningún elemento de la oración. Lo característico de la interjección es que no forma parte de la oración y se separa de ella por pausas y por una entonación diferente. Expresa emociones del hablante o bien una llamada de éste a la atención de alguien, o incluso una forma de hacer más viva una acción narrada. Puede constituir por sí misma enunciados completos y también llevar algún complemento.

¡Ay de los que se rajen!

La interjección constituye un inventario abierto que puede enriquecerse con nuevas aportaciones. De hecho, en diversas épocas del español han aparecido interjecciones que luego no han perdurado; de igual modo, son preferidas unas u otras en las diversas zonas de habla española.

Se pueden distinguir dos tipos: interjecciones propias e impropias.

Las interjecciones propias son ls que, incorporadas a la lengua con cierta fijeza, no se relacionan con el léxico común y se pueden emplear con varias intenciones. Son de este tipo ¡ay!, ¡olé!, ¡bah!, ¡ah!, ¡ea!, ¡ca!, ¡ajá!, ¡hale!, ¡uy!, ¡quiá!, etc.

Las interjecciones impropias se llaman así porque están constituidas por diversos vocablos que pertenecen al léxico de la lengua, pero que por diversos motivos se emplean con igual intención que las anteriores. Los orígenes de las interjecciones impropias son varios, de los que interesa destacar los siguientes:

a)    La interjección coincide en entonación y en comportamiento expresivo con las frases exclamativas, lo que motiva que algunas de éstas se convierten a menudo en interjecciones: ¡Virgen Santísima!, ¡Ay, Dios!, ¡Dios mío!, ¡Por Dios!, ¡Jesús!, ¡Hombre! Otras frases exclamativas que encierran un mandato son el origen de ciertas interjecciones tales como: ¡Venga!, ¡Ahí va!, ¡Vaya!, ¡Anda!, ¡Arrea!, ¡Sopla!, ¡Toma!, etc.

b)    Otra fuente de interjecciones son las onomatopeyas – palabras que imitan a sonidos reales: ¡Catapúm!, ¡Plaf!, ¡Zas!, etc.

c)     Pueden considerarse cercanas a la interjección el conjunto de tacos o exclamaciones malsonantes, y de ello se deriva que ciertas interjecciones son eufemismos de esas palabras tabúes, como son: ¡Córcholis!, ¡Concho!, ¡Mecachis!, ¡Rediez!, etc.

d)    Las muletillas es otro grupo de palabras próximas en su expresividad a las interjecciones, como sucede con el adjetivo ¡Bueno!, o el demostrativo ¡Eso! Muletillas interjectivas características de ciertas zonas del español son: ¡Che! entre valencianos y en Argentina, ¡Ea!, en Andalucía y otras muchas de distintos países americanos. ¡Ea! es una interjección propia.»

[Quilis, A. / Esgueva, M. / Gutiérrez, M.-L. / Ruiz-Va, Pilar: Lengua española. Madrid: Centro de Estudios Ramón Areces, 1991, p. 310-311]

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«La interjección

La INTERJECCIÓN es una clase de palabras que se especializa en la formación de enunciados exclamativos. Con la interjección se comunican sentimientos e impresiones, se ponen de manifiesto diversas reacciones afectivas o se induce a la acción. Asimismo, algunas constituyen fórmulas que codifican verbalmente determinados comportamientos sociales convencionales, como los saludos y despedidas, las felicitaciones o los agradecimientos. Son interjecciones adiós, ay, epa, olé, uf, o vaya, entre otras. Por su elementalidad, muchas de ellas se han interpretado a veces como voces naturales. Aun así, están codificadas y poseen, como otros signos lingüísticos, propiedades fonéticas, morfológicas y sintácticas.

Las interjecciones constituyen actos de habla. Como los demás actos verbales, no se usan para describir contenidos, sino para llevar a cabo acciones, tales como saludar, brindar, jurar, manifestar sorpresa, asentimiento o rechazo, entre otras muchas. Así, el que dice ¡Ay! no describe alguna sensación de pena, dolor o resignación, sino que expresa o manifiesta esas mismas emociones. De igual manera, el que dice ¡Chitón! no describe una orden, sino que la da».

[RAE: Nueva gramática de la lengua española. Manual. Madrid, 2010, § 32.1.1a-b]