INFECTUM

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Aspecto / Aspekt / Tempus

 

El aspecto

El aspecto (infectum / perfectum), que se refiere al tiempo inmanente de la acción, era una de las categorías semántico-gramaticales fundamentales, sobre la que descansaba la conjugación del verbo latino; no obstante, en romance va a ser menos pertinente. Ya en latín tardío las formas en función del aspecto van a dar valores de tiempo, tendencia que pasará a las lenguas románicas y que permanece viva todavía hoy.

En latín se expresaba a nivel desinencial o flexional, es decir, en las terminaciones de los verbos.

El infectum hace referencia a una acción cuyo tiempo no se ha concluido totalmente, mientras que el perfectum indica que tal tiempo se ha ido consumiendo.

Los tiempos del infectum (presente, imperfecto y futuro imperfecto) tenían un contenido similar a sus correspondientes románicos. Los tiempos del perfectum (pretérito perfecto, pretérito pluscuamperfecto y futuro perfecto) se parecían desde el punto de vista del contenido en el pasado, puesto que incluían en su esfera semántica la relación de anterioridad.“

[Urrutia Cárdenas, H. / Álvarez Álvarez, M.: Esquema de morfosintaxis histórica del español. Bilbao: Publicaciones de la Universidad de Deusto, ²1988, p. 280]

Aspecto y tiempo - del indoeuropeo al francés

«M. Criado del Val (1949: 14), tras realizar una revisión general del problema aspectual en el ámbito de las lenguas indoeuropeas, concluye que “parece demostrado que el aspecto pierde importancia a medida que las lenguas progresan por el camino analítico y se preocupan más por precisar el dato temporal”. En este sentido, haciéndose eco de la distinción establecida por A. Meillet (1921: 186), señala tres momentos esenciales en el proceso:

el indoeuropeo, en donde el presente, el aoristo y el perfecto expresan el aspecto y solo de una manera ambigua el tiempo; el latín, en donde el tiempo está ya bien precisado en sus tres formas de presente, pasado y futuro, mientras que el aspecto tan solo conserva dos indicaciones para señalar la acción en desarrollo –infectum– y la acción acabada –perfectum; y, por último, el francés, que, según Meillet, se olvida por completo de la noción de aspecto, mientras que la de tiempo est rendu avec tout un luxe de nuances.

Ante estas afirmaciones, M. Criado del Val (1969: 15-16) considera que la situación actual del francés no puede hacerse extensiva a todas las lenguas neolatinas, entre las que distingue dos tipos: una lengua “estática, nominal, con predominio de la noción de tiempo sobre aspecto”, como es el francés, y una “lengua dinámica o fenomenológica, verbal, con predominio de la noción de aspecto sobre la de tiempo, como el español y el portugués. En este sentido, sostiene la necesidad de reconocer, entre las formas verbales de pasado de la conjugación española, un sistema aspectual de tres miembros, en el que, junto al perfecto y al imperfecto, se incluiría también el puntual, conservado este último en el pretérito simple de indicativo, resto del aspecto momentáneo del aoristo indoeuropeo. Hemos de reconocer que su posición supone una innovación de interés por cuanto no se trata simplemente de atribuir valor aspectual puntual a la forma simple, como ya había hecho, en primer lugar, R. Lenz (1920) y, a continuación, S. Fernández Ramírez (1986) y S. Gili Gaya (1943), sino de ampliar la estructura del sistema aspectual.»

[Piñero Piñero, Gracia: Perfecto simple y perfecto compuesto en la norma culta de Las Palmas de Gran Canaria. Madrid: Iberoamericana, 2000, p. 30 n. 45]