GESTALT

Forma

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Schema / Form / Bild / Idee / Eidetisch / Form / Inhalt / Zeichen / Metapher / Begriff / Gedanke / Logos / Holismus / Narrativität / Scripts / Frames / Einbildungskraft / Phantasie / Symbol / Verstand – Vernunft

 

Gestalt

1.      Generell: Ganzheit, die mehr ist als die Summe ihrer Teile und deren Eigenschaften nicht auf die Eigenschaften der einzelnen Teile reduziert werden können (vgl. Holismus).

2.      In der Ästhetik oft Synonym mit Form verwendet im Gegensatz zum Inhalt (Gehalt).

3.      In der Psychologie geht der Begriff Gestalt auf C. v. Ehrenfels zurück (1859-1932). Nach Ehrenfels sind die menschlichen Perzeptionen durch sog. Gestaltqualitäten geprägt, d.h. Eigenschaften, die strukturell der wahrgenommenen Ganzheit zugehören wie die einzelnen Töne einer Melodie. Diese Gestaltqualitäten können bei einer Veränderung der Teile erhalten bleiben, was beispielsweise der Fall ist, wenn die Melodie in verschiedenen Tonarten gespielt wird. Ebenso sind die Gestaltqualitäten nur in und mit der Ganzheit gegeben, nicht in den einzelnen Teilen allein, z.B. einem einzelnen Ton. Ehrenfels’ Abhandlung Über Gestaltqualitäten (1890) gilt als Klassiker der sog. Gestaltpsychologie (Gestalttheorie), zu deren Vertretern Kurt Koffka (1886-1941), Wolgang Köhler (1887-1967), Kurt Lewin (1890-1947) und Max Wertheimer (1880 bis 1943) zählen.“

[Hügli, A. / Lübcke, P. (Hg.): Philosophielexikon. Personen und Begriffe der abendländischen Philosophie von der Antike bis zur Gegenwart. Reinbek: Rowohlt, 1991, S. 214]

·

“Voy a limitarme a la exposición concisa de algunos aspectos de la llama «psicología de la forma» (Gestaltpsychologie).

Cuando enfocamos con el objetivo de inmersión del microscopio una preparación un poco gruesa, nos encontramos con una dificultad. Aparecen en el campo visual unas estructuras bien dibujadas, pero inmediatamente a su lado hay otras más confusas, «desenfocadas». Si ahora tratamos de enfocar éstas, las primeras se vuelven borrosas. Para darnos bien cuenta de la preparación, tenemos que mover sin cesar el tornillo micrométrico y pasar constantemente de uno a otro plano. Al final, cansados, escogemos para nuestra microfotografía el que nos parece más claro, más ordenado, aun a sabiendas de que este detenernos en un solo plano de nuestra observación constituye una deformación de la realidad.

Toda verdad clara es, en efecto, una falsificación, nos recuerda Lancelot Law Whyte. La verdad siempre prospera sobre el error, ya que crece sobre una simplificación falaz.

Si nuestro microscopio no fuera tan perfecto y, a la larga, mostrase una tendencia a fijar el objetivo siempre en el mismo plano, es decir si, a fuerza de preferir nosotros una y otra vez el mismo plano de observación, desarrollara un vicio mecánico (por ejemplo, en su tornillo micrométrico) tendríamos constituido un ejemplo de hábito de ver las cosas. El mundo real se nos aparecería conforme a ese hábito y acabaría por parecernos clara tan sólo la imagen óptica correspondiente a esa zona de nuestras preferencias. Frente a un mapa de Italia con sus costas, por lo general, sólo vemos la tierra, tal como está configurada y el mar que la rodea nos parece vacío. Pero, con un esfuerzo, podemos hacer que el mar, con sus diversas cotas de profundidad, pase a ser el protagonista del mapa, es decir, deje de ser fondo y pase a ser figura. El Adriático que antes reconocíamos fácilmente, como algo que rellenaba el espacio entre la tierra, ahora se nos presentará en una forma totalmente nueva, de la que no teníamos el menor presentimiento. Este hecho sería interpretado por los «psicólogos de la forma» como demostración de que, psicológicamente, el fondo de una figura no tiene existencia visual, es decir, no es percibida.

Según Wertheimer, Gestalten, formas o configuraciones son «totalidades cuyo comportamiento no está determinado por el de sus elementos individuales, sino por la interna naturaleza de la totalidad». Forma resulta, pues, según este punto de vista, de un proceso de organización. Toda percepción de una forma está sometida a la tendencia a percibirla siempre como una estructura que sea, a la vez, lo más simple y lo más destacada posible.

Frente a un conjunto abigarrado, en desorden, confuso, que incide sobre nuestra retina o sobre nuestro órgano de Corti, o que está al alcance de nuestras manos, nuestra mente propende, como llevada por una fuerza especial, a organizar estas sensaciones, agrupándolas y ordenándolas en formas regulares, sencillas, destacando dentro del conjunto lo que nos parece importante del resto de impresiones o estímulos que, en forma gregaria, no nítida, quedan como fondo.

Esta tendencia a percibir el mundo en formas ópticas, esto es en formas que son las más regulares, las más simétricas, las más conclusas, las más unidas, las más equilibradas, las más sucintas, etc., tiene cierta relación con el principio de la mínima acción.

El principio de la mínima acción o principio de Hamilton se expresa en forma de leyes físicas, formuladas con expresiones diferentes en los dominios más dispares: la ley de Carnot-Clausius, la ley de Gibbs, simple y de las fases, el principio de Thompson-Berthelot, las leyes de Boltzmann, el principio de Curie, etc. La tendencia a las formas regulares simples – y en el terreno estético, a la «proporción áurea» o «divina» - no sería sino la expresión del principio de la máxima economía que tiende siempre a la acción mínima. Si, en la fisiología visual, las formas se destacan gracias a un mecanismo de sacanning o barrido, similar al de los aparatos de televisión – quizás en movimiento espiroideo – toda percepción de una forma implica un trabajo y, como tal, ha de estar sometido al principio de la acción mínima.

La moderna fisiología de la visión nos ofrece, a este respecto, una dualidad muy instructiva. La retina no es un único órgano terminal, perceptivo, sino que, en realidad, está constituida por dos órganos (Ruch), cada uno de ellos especializado en funciones diferentes: el sistema de conos, apropiado para la visión distinta, esto es discriminativa, que está concentrado en el centro de la retina, en la región de la mácula, y un sistema de bastones, útil para la visión en la penumbra. La retina está, pues, formada por un centro discriminativo y una vasta zona periférica captadora de señales menos precisas, de bosquejos o ademanes de cosas, entre las cuales nuestra atención puede preferir.

La fovea centralis está especializada en la percepción más diferenciada de todas, en la percepción del color y también en la discriminación de las formas. La periferia retiniana sirve, en cambio, para la visión en la oscuridad y para aprehender con rapidez contornos, sombras, ademanes, desplazamientos groseros y amenazadores, etc. Durante largo trecho las vías de ambos sistemas cursan rigurosamente separadas. [...]

Las preferencias están siempre determinadas por la situación humoral del ser vivo, por las necesidades de sus plasmas y su contenido en hormonas, así como por lo que llamamos, faltos de mejor término, «vida instintiva». Las experiencias del animal almacenadas en forma de engramas, probablemente en un sector muy diferenciado de este mismo sistema preferencial, en el lóbulo temporal (o, por lo menos, en conexión muy estrecha con sectores de este sistema preferencial), intervienen también poderosamente en la determinación de lo que el animal prefiere. [...]

La estructuración preferencial del mundo en torno crea, por consiguiente, un primer plano, en el cual la percepción es neta y la acción motora, precisa y exacta, bien medida, eficaz; y un segundo plano, en el cual tanto la percepción como la motilidad están como de reserva, sirviendo de fondo. El cual llega a casi no existir si lo que fuerza la atención del ser vivo hacia aquello que prefiere es un apetito violento o un impulso cegador e irresistible. Ahora bien, de la misma manera que en los dibujos utilizados por los psicólogos de la forma, unas veces vemos un perfil y otras, en su lugar, un hueco, si la preferencia se invierte, esto es, si, de pronto, pasa de ser, pongamos por caso, preferencia de alimento a ser preferencia de hambre, lo que antes era primer plano se convierte ahora en fondo y recíprocamente.”

[Rof Carballo, Juan: Urdimbre afectiva y enfermedad. Barcelona, Madrid, etc.: Editorial Labor, 1961, pp. 263-268]

Rubins-Vase

 Rubins-Kippbild

Ejemplo utilizado por los psicólogos configuracionales (ver David Katz: Gestaltpsychologie, Schwabe, 1943). En la figura se puede ver, o bien una copa, o dos rostros afrontándose, pero no las dos cosas a la vez. «Toda forma tiene en sentido dinámico, su centro propio, que, naturalmente, no coincide con el centro ‘geométrico’» (Katz).