(Recop.) Justo Fernández López
Doppelte
Artikulation = zweifache Gliederung
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„Zweifache Gliederung [Auch: Doppelte Artikulation / Gliederung].
Strukturelle
Eigenschaft natürlicher Sprachen, die sie von anderen Kommunikationssystemen
unterscheidet. Nach A. Martinet [1965] lassen sich sprachliche Ausdrücke auf
zwei unterschiedlichen Ebenen zerlegen:
(a) in kleinste bedeutungstragende
Einheiten (= Morpheme bzw. in der Terminologie von Martinet Moneme)
d. h. in kleinste Segmente, die aus Form und Bedeutung bestehen, sowie
(b) in kleinste bedeutungsunterscheidende
Einheiten (= Phoneme), die nur Form, aber keine Bedeutung aufweisen. Die
zweite Strukturierung auf phonologischer Ebene gewährleistet auf de Basis von
einigen Dutzend verschiedenen Lauten bzw. Phonemen und entsprechenden
Kombinationsregeln die Unendlichkeit natürlicher Sprachen.
Während sich
Vogelrufe, Verkehrsschilder oder Stöhnlaute (als Ausdruck von Schmerz) nur
zerlegen lassen in bedeutungstragende Einheiten der ersten Gliederungsebene,
nicht aber in kleinere bedeutungsunterscheidende Segmente, unterliegen
sprachliche Äußerungen dieser doppelten Strukturierung: die Feststellung Grün/e Ampel be/deut/et „frei/e Fahrt“
besteht aus mindestens neun bedeutungstragenden Elementen; der Ausdruck grün setzt sich z. B. aus vier Phonemen
zusammen. Somit ist die zweifache Gliederung sowohl die Basis für
Ökonomie als auch für die Kreativität menschlicher Sprachen.“ [Bußmann, H., S.
871]
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„Die
Interjektionen unterliegen nicht der für Sprachen üblichen „doppelte Gliederung“ („double articulation“,
Martinen 1964) des Sprechens. Während eine Äußerung, z. B. Ich habe mir wehgetan, auf einer ersten Ebene der Organisation aus
einzelnen Lauten besteht, die selbst noch keine Bedeutung haben und auf einer
zweiten (der „zweiten Gliederung“) aus einzelnen bedeutugnstragenden Elementen
(Ich + habe + mir usw.) bestehen, die
erst zusammen eine Äußerungsbedeutung
ergeben, sind die Äußerungen, die mit Interjektionen gemacht werden,
nicht in sich in bedeutungstragende Einheiten untergliedert. Interjektionen
können unmittelbar pragmatische „Bedeutungen“, „Sinn“ tragen. Sie sind
holophrastisch und repräsentieren den zu übermittelnden Inhalt auf der
Inhaltseite ungegliedert.“ [Hentschel / Weydt, S. 296]
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„Doppelte Artikulation (Gliederung)
Nach Hjelmslev
eine Struktureigenschaft der (sprachlichen) Zeichen, deren materielle Seite
(„Ausdruck“) anders geformt ist als die Bedeutungsseite („Inhalt“). Allgemein
(z.B. bei Sebeok) wird die doppelte Artikulation auch „Dualität der Muster“
(duality of patterning) genannt. Darunter versteht man eine Art Morphogenese,
bei der aus einer relativ kleinen Zahl von Minimaleinheiten, die bedeutungslos
sind (z.B. die Buchstaben der Schrift oder die Phoneme der Rede als kleinste
bedeutungsunterscheidende [diakritische], aber nicht bedeutungstragende
sprachliche Einheiten), prinzipiell unendlich viele größere Bedeutungseinheiten
produziert werden können (z. B. Morpheme als kleinste bedeutungstragende
sprachliche Einheiten innerhalb eines sprachlichen Kodes). Die nur
diakritischen kleinsten Einheiten gelten als „zweite“ Artikulation, die
bedeutungstragenden Einheiten als „erste“ Artikulation.“ [Abraham, S. 162]
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„Las lenguas
naturales y la doble articulación:
A. Martinet ha defendido:
1.
Que las lenguas
naturales están doblemente articuladas,
que conocen una organización en dos niveles autónomos. Es decir, que las
unidades del primer proceso articulador son también analizables en elementos
menores, constantes y reutilizables en la formación de otros segmentos
lingüísticos complejos.
2.
Que este análisis es
funcional: la primera articulación se
fundamenta en la función significativa,
mientras que la organización de la Ksegunda articulación es la función distintiva.
3.
Que cada articulación
posee una unidad: el monema (unidad
significativa, magnitud de dos caras) para la primera articulación, y el fonema (unidad monofacial del plano del
significante) para la segunda.
4.
Que a cada
articulación le corresponde una disciplina: la Gramática y la Fonología.
5.
Que la doble
articulación es el rasgo que diferencia a nuestras lenguas del resto de los
procedimientos semiológicos. «Ningún otro sistema de comunicación lo posee» (G.
Mounin).
Se ha de notar que la Lingüística Funcional ha caído posteriormente en
cierta «articulitis», olvidando a veces que las articulaciones se apoyan en
funciones, y no a la inversa. Por lo demás, este acierto descriptivo no lo es
todo:
a)
En la lengua
existen aspectos de importancia innegable que no se someten al ordenamiento en
dos articulaciones: son las conocidas magnitudes suprasegmentales.
b)
Existen otros
sistemas de comunicación que están doblemente articulados. Nosotros hemos
descubierto que así ocurre en las representaciones de la numeración
electrónica. [...]
c)
Las lenguas
poseen más de dos articulaciones. Alarcos (1978) subrayó la existencia de una tercera articulación, de «unidades
distinguidas», es decir, de los rasgos de
significación que integran el significado de monemas. Así, en el análisis
de los monemas que integran la secuencia significativa están, el contenido del monema gramatical (-án) queda desglosado en
cuatro rasgos: «3a pers» + «sing» + «pres» + «indic».
Nosotros hemos
defendido la existencia de una cuarta
articulación, cuyas unidades son los rasgos
distintivos del significante. Los fonemas se componen de elementos menores,
también constantes y reutilizables en la constitución de otros fonemas: son los
rasgos del tipo sonoro, interrupto, agudo,
etc. Se ha de recordar siempre que las articulaciones están supeditadas a las
funciones (que son las que marcan los niveles de análisis) y no a las unidades.
En nuestro análisis elegíamos cuatro funciones que considerábamos esenciales: comunicativa, significativa, contrastiva y
distintiva.
|
FUNCIONES |
ARTICULACIONES |
||||
|
0 |
1 |
2 |
3 |
4 |
|
|
Función comunicativa |
+ |
- |
- |
- |
- |
|
Función significativa |
+ |
+ |
- |
- |
- |
|
Función contrastiva |
+ |
+ |
+ |
- |
- |
|
Función distintiva |
+ |
+ |
+ |
+ |
+ |
[Gutiérrez Ordóñez, Salvador: Introducción a la semántica funcional. Madrid:
Síntesis, 1989, pp. 23-25]
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„Las articulaciones:
El hablante tiene
conciencia de que comunica y recibe unos contenidos y que estos contenidos se
conforman en unas expresiones que les corresponden. Por ello, desde Martinet,
hablamos de una primera articulación,
la del contenido, y una segunda
articulación, la de la expresión, y decimos que hay unidades de la primera y de la segunda articulación. El
investigador, en cambio, parte generalmente de la expresión, para llegar a los
contenidos. Por esa razón, es habitual que las gramáticas comiencen por el
estudio de las unidades y clases de la segunda articulación, los sonidos y los
fonemas.
Esta perspectiva
se justifica, en parte, porque el gramático (en el campo del estructuralismo,
en su sentido más amplio) concibe la lengua como un inventario: el analista
debe clasificar perfectamente sus elementos; por eso decimos que los estructuralistas
son taxonómicos y su objetivo la taxonomía de la lengua que estudian. Sin
embargo, no se agotan ahí las posibilidades de la gramática y veremos cómo a lo
largo del siglo XX no sólo se ha desarrollado y precisado la condición de
inventario de las gramáticas, sino que se ha buscado ampliar su capacidad
mediante el estudio de las combinatorias de esos elementos inventariados,
mediante reglas.
La versión funcional del estructuralismo europeo ha
desarrollado dos conceptos fundamentales, el de función y el de articulación.
E. Alarcos, en su Gramática Estructural
(1969: 32), entiende el primer término de modo amplio, del siguiente modo:
Es función toda dependencia
establecida entre una clase y su elemento (una cadena y su parte, o un
paradigma y su miembro) o entre los elementos (partes o miembros) entre sí. Por
ejemplo, hay una función entre una frase y los grupos fónicos que la forman;
hay función entre el paradigma causal y el acusativo, o entre los grupos
fónicos entre sí, o entre el acusativo y el ablativo. Los términos de una
función serán sus funtivos, esto es,
objetos que tienen función con otros objetos. Como puede haber función entre
funciones, éstas pueden ser también funtivos. Los funtivos que no son a su vez
funciones se llamarán magnitudes:
como ... los períodos, las frases, las palabras, las sílabas, el acusativo o el
ablativo.
El concepto de articulación se refiere a los elementos
del signo. La primera articulación
es la que existe entre expresión y contenido; en ella se basa lo que se
llama la economía de las estructuras
lingüísticas: transmitir con el menor número de significantes el mayor número
de significados, sin entorpecer o impedir la comunicación. Como abarcan al
significante y al significado (expresión y contenido), las unidades de la primera
articulación son bifaciales: los monemas
(que se corresponden, grosso modo,
con los morfemas del estructuralismo
americano). Puesto que el monema es una unidad con contenido, la primera
articulación es la del contenido: su unidad mínima es la mínima unidad del
contenido. Estas unidades se obtienen mediante un análisis en el cual son
pasivas, por ello decimos que son unidades
distinguidas, siguiendo a Alarcos: can,
melón, cant-, -ba-, etc. Se diferencian como tales unidades porque
participan en secuencias de tipos: Efrén
cantaba, frente a Astor canta (frente al cual estaría, por
ejemplo: Samuel sueña); Un perro es un can, frente a Un perro es
un animal; El melón es una planta, frente a El trigo es una planta. En las parejas
|
cantaba |
canta |
can |
melón |
|
canta |
sueña |
animal |
trigo |
somos nosotros
los que establecemos las diferencias, gracias a que estas unidades (o sumas de
unidades, como cant-a-ba-f, por ejemplo) tienen significantes asociados a significados, como -ba-, asociado a (+ pasado,
–perfectivo). Emilio Alarcos (1978: 39-40) lo enunció así: „El reemplazo de
ciertos elementos del discurso significante por otros, diferentes, arrastre el
reemplazo paralelo de ciertos contenidos por otros“.
En la segunda articulación, en cambio,
la referencia es exclusivamente al significante, a la expresión, y las unidades
que resultan lo son del significante tan sólo, carecen de contenido y no pueden
llamarse significativas. Son unidades distintivas,
porque permiten distinguir, activamente: son los fonemas. Las unidades distintivas /a/ y /o/ permiten
distinguir par de por. Aunque el contenido cambie, el
cambio no es ni previsible ni proporcional: no podemos decir que el cambio
ocurrido gracias a la conmutación de las unidades /a/ y /o/ en par y por sea proporcional al que se produce en cama, o bata, bota. En cambio, en cantaba, soñaba, frente a
canta, sueña, hay una proporcionalidad, y también la hay entre cada par de
estos ejemplos. Dicho de otro modo, los monemas,
unidades de la primera articulación, están compuestos de fonemas, unidades de la segunda, cuyo orden, en cada monema
idéntico, debe ser fijo: no es lo mismo pera
que pare, porque los mismos fonemas
/a.e.p.r/ se ordenan o distribuyen de modo diferente.
Las unidades de
la segunda articulación pueden analizarse objetivamente gracias a las
propiedades de la sustancia fónica: así decimos que el fonema /p/ es oclusivo y
sordo, o /y/ fricativo y sonoro; la fricación y la sonoridad son comparables y
mensurables. En cambio, no parece fácil analizar objetivamente la sustancia del
contenido y, en consecuencia, las unidades de la primera articulación. En su
estudio E. Alarcos (1978: 45) señala que „el contenido total de la expresión no
es sólo la suma de los contenidos parciales evocados por cada uno de los
significantes sucesivos, sino, además, la de los contenidos indicados por las
relaciones establecidas entre esos significantes“; además, del mismo modo que
hay una articulación para contenido y expresión, la primera, y una segunda para
la expresión, se pregunta si no habrá una tercera
articulación, que sería la articulación del contenido, de unidades
también monofaciales, como las de la segunda, pero distintuidas, como las de la primera. Esta tercera articulación no
sería sucesiva, sino simultánea, y se manifiesta en bloque: lo que hay de común
en La gata es blanca / La jarra es blanca,
frente a El gato es blanco / El jarro es
blanco (y que llamaríamos, ingenuamente, fremenino/masculino) no es fácil
de determinar: hay ‘sexo’ en gata / gato,
‘tamaño’ en jarra / jarro y ninguna
de las dos cosas en pared / muro, por
ejemplo. Del mismo modo que en el estudio de la segunda articulación no
intervienen los significados, en el de esta tercera no intervendría el de los significantes,
habría que observar „sus rasgos semánticos pertinentes y sus combinaciones en
bloques de significados“ (p. 53).
[Marcos Marín,
F./Satorre Grau, F. J./Viejo Sánchez, Ma L.: Gramática española. Madrid: Síntesis, 1998, pp. 22-24]
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„La doble articulación del signo lingüístico
El signo
lingüístico es articulado. Por articulado entendemos que está compuesto por
unidades más pequeñas y, por consiguiente, es divisible.
Decimos que es
doble la articulación del signo lingüístico porque es posible descomponerlo en
dos niveles:
En el primero, el
que se designa como primera articulación,
el signo lingüístico se puede descomponer en otros signos hasta llegar al signo
lingüístico mínimo, es decir: a la unidad lingüística mínima dotada de forma fónica
y significado. A esos signos mínimos se les llama monemas.
Monema es, pues, la unidad lingüística
mínima dotada de significado. A veces, no siempre, coincide con una
palabra. Por ejemplo: “sol” es una sola palabra compuesta por un único monema;
“tom-e” es una sola palabra compuesta por dos monemas: uno, léxico o lexema:
tom-, y otro, gramatical o morfema: -e. En el resultado “tome” vemos que cada
monema contribuye a formar el significado total del signo lingüístico complejo.
Después de esta
primera articulación o división aún podemos proceder a una segunda
descomposición de elementos integrantes del signo lingüístico: La segunda articulación.
Los monemas están
compuestos por otras unidades mínimas de expresión, carentes de significado,
pero cuya función es ayudar a establecer las distinciones significativas de los
monemas.
Estos elementos,
denominados fonemas, constan exclusivamente de imagen acústica y, por lo tanto,
no son signos. Ellos son realmente la última y menor unidad lingüística en que
podemos descomponer un signo.
Fonema es, pues, la unidad lingüística
mínima carente de significado.
Los fonemas
suponen un gran economía de medios en el código lingüístico, ya que, aun siendo
su número finito o limitado, se combinan para formar una cantidad ilimitada de
monemas. Precisemos que, dentro de la articulación de los monemas, también
existe un principio de economía, pues igualmente los monemas gramaticales o
morfemas son limitados en número, pero por su capacidad de combinarse con
monemas léxicos o lexemas (a cuyo número no se estable límite en los códigos
lingüísticos), dan origen a un número infinito de signos.
Las lenguas son
los sistemas más económicos para la comunicación, puesto que, por medio de la
doble articulación de un número limitado de elementos pertenecientes al
conjunto-código, se puede obtener (cifrar o codificar) un número limitado de
mensajes. El uso de los hablantes va eliminando del código los rasgos de escaso
rendimiento e introduce otros nuevos que le resultan necesarios.”
[Quilis, A. /
Esgueva, M. / Gutiérrez, M. L. / Ruiz-Va, P.: Lengua española. Madrid: Centro de Estudios Ramón Areces, 1991, p.
34-35]