DISKURSMARKER  

Marcador del discurso

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Marker / Markiert vs Unmarkiert / Text / Textlinguistik / Partikeln / Konnektor / Inferenz / Relevanz

 

Diskursmarker [Auch: Diskurspartikel, Gesprächswörter]. Aus der angloamerikanischen Forschung übernommener Oberbegriff für sprachliche Ausdrücke, die zur Strukturierung von Diskurs verwenden werden, z.B. satzwertige Ausdrücke (wie Interjektionen, Gliederungssignale), syntaktische Konstruktionen (wie Linksversetzungen) oder auch syntaktisch unselbständige Ausdrücke (Konjunktionen, Modalpartikeln). Ihre Funktionen sind vielfältig. Sie dienen z.B. (a) dem Sprechwechsel, indem sie einen Turn einleiten (z.B. mit also), den Verzicht auf das Rederecht anzeigen (z.B. durch hm Back Channel) oder den Turn des nächsten Sprechers organisieren (z.B. durch Vergewisserungsfragen, Hörersteuerung); (b) der Themensteuerung (durch Linksversetzung oder Konjunktionen wie übrigens; (c) der Vergewisserung geteilten Wissens (angezeigt z.B. durch die Modalpartikel doch in Sie hat doch ein Fahrrad); (d) der Organisation des dargestellten Sachverhalts, indem sie z.B. einzelne Teile durch Konjunktionen zueinander in Beziehung setzen oder Beging und Ende einer Sequenz markieren, (z.B. durch die Modalpartikel eben in Männer sind eben so).“ [Bußmann, H., S. 190]

„Ya señaló Gili Gaya cómo, en ocasiones, „ciertas conjunciones relacionan a veces la oración en que se hallan con el sentido general de lo que se viene diciendo“. Tales conjunciones quedan englobadas dentro de lo que denomina „enlaces extraoracionales“.

En realidad, las piezas lingüísticas que tienen como función marcar relaciones que exceden los límites de la sintaxis oracional constituyen un conjunto bastante heterogéneo de elementos. Tal heterogeneidad se pone de manifiesto en las vacilaciones que se observan al establecer el estatuto de estas unidades. La diversidad de términos con que se las designa es suficientemente revelador: marcadores textuales o de discurso, operadores discursivos, ordenadores del discurso, operadores pragmáticos, conectores discursivos, enlaces extraoracionales, etc. Martín Zorraquino aboga por el mantenimiento del término tradicional partícula, „que tiene la ventaja de resultar apto para referirse a elementos que operan en la gramática de la oración y en la del discurso (o en el marco de la enunciación); el uso del término partícula podría favorecer, por ello, el estudio del ‘sentido’ fundamental de las unidades aludidas, que, muchas veces, (quizá no siempre), remite a un valor subyacente a ambos planos (la oración y el discurso). En cualquier caso, junto a partícula debería utilizarse especificaciones que hicieran explícito el nivel del análisis en el que opera (partículas discursivas / partículas oracionales)“ (1992: 118-119).“

[Casado Velarde, M.: Introducción a la gramática del texto del español. Madrid: Arco Libros, 1993, p. 30-31]

„Podrían rastrearse, en nuestra tradición gramatical, algunos planteamientos que, de manera más o menos explícita, apuntan a una dimensión sintáctica que se encuentra por encima de la oración:

En 1791 publica Gregorio Garcés su Fundamento del vigor y elegancia de la lengua castellana expuesto en el propio y vario uso de sus partículas. En esta obra se incluyen observaciones acerca de cómo determinadas partículas (adverbios, conjunciones, interjecciones y preposiciones) „forman y dan fuerza a aquella íntima unión que debe llevar consigo un compuesto y acabado raciocinio“.

Asimismo, el capítulo „L“ de la Gramática de Bello (1847), epígrafes 1204 a 1288, contiene múltiples y acertadas „Observaciones sobre el uso de algunos adverbios, preposiciones y conjunciones“. En la descripción de sus funciones usa Bello una terminología en la que se percibe una concepción textual avant la lettre.

Suele citarse el último capítulo del Curso superior de sintaxis española de Gili Gaya, titulado „Enlaces extraoracionales“, como precedente inmediato, en la tradición gramatical española, de la preocupación por el nivel textual de la lengua. Observa Gili cómo, en el nivel que nos ocupa, „las conjunciones no son ya signo de enlace dentro de un período, sino que expresan transiciones o conexiones mentales que van más allá de la oración“ (1973: 326), relacionando, por ejemplo, la oración en que se encuentran con el sentido general de lo que se viene diciendo. „En este papel sobresalen las copulativas, las adversativas, y más especialmente, las consecutivas, que a causa de la frecuencia con que lo desempeñan, son conocidas desde antiguo con los nombres de ilativas y continuativas. Tales conjunciones son el signo más visible de enlace extraoracional“ (1973: 326). Las citadas conjunciones tiene como función „la continuidad del discurso, y a la vez la transición a otro miembro del mismo“ (ibídem). Pero Gili Gaya no se ocupa solamente de la función extraoracional de las conjunciones, sino que se refiere también a otros procedimientos que sirven para establecer conexiones que van más allá de la oración, tales como la „repetición“, la „anáfora“, la „elipsis“, el „ritmo“ („acento“, „cantidad“, „entonación“ y „pausa“).“ 

[Casado Velarde, M.: Introducción a la gramática del texto del español. Madrid: Arco Libros, 1993, p. 15-16]

„Lo primero que salta a la vista es la heterogeneidad en lo que respecta a la categoría gramatical de las piezas que se incluyen en la clase „marcadores discursivos“: conjunciones, adverbios, etc. Pero, al mismo tiempo, coinciden en su carácter invariable y en su (casi) total lexicalización. Es frecuente, asimismo, la acumulación de partículas: pues bien, ni aun siquiera, o sea que, etc. Otro rasgo general de los marcadores consiste en la dificultad de establecer su valor general de lengua (invariante semántica), es decir, el significado subyacente a todos los posibles empleos discursivos. Tal dificultad se agrava por la „multifuncionalidad de muchas partículas (su aptitud para operar en un marco transoracional y para servir también de elementos relacionales de distinto tipo en la sintaxis de la oración)“, lo que „determina que no siempre quede claro, para muchas de ellas, si se usan como operadores modales en el discurso o si, simplemente, representan conexiones interoracionales“ (Martín Zorraquino, 1992: 115).“

[Casado Velarde, M.: Introducción a la gramática del texto del español. Madrid: Arco Libros, 1993, p. 31-32]

«Marcador, marcador discursivo:

1. El término ‘marcador’, acuñado por la gramática generativa, se emplea, al menos, en dos sentidos: marcador semántico y marcador sintagmático.

2. Igualmente se ha introducido el término ‘marcador’ en la mayoría de las teorías del discurso o texto, también llamado ‘orientador’ o ‘señalador’, para aludir a todos los recursos que tienden a guiar al destinatario en la interpretación textual. En este amplio sentido, los deícticos, los recursos de anáfora, los conectores, etc., son ‘marcadores’. Sin embargo, se suelen distinguir dos tipos: los micromarcadores, en los que estarían los conectores y las unidades gramaticales con valor deíctico antes citados, y los macromarcadores.
Los macromarcadores, también llamados marcadores discursivos (Gumperz, J., 1985), son enunciados que cumplen una doble función metalingüística: (1) orientar al receptor sobre el tópico o tema discursivo que se va a introducir (por ejemplo, “Les ruego escriban lo siguiente”), y (2) darle tiempo (milésimas de segundo) para que éste lo procese. De acuerdo con la función que realizan respecto de los tópicos, los macromarcadores pueden ser:

(a) De introducción, cuando sirven para presentar el tópico o tema discursivo. Por ejemplo, “¿Te acuerdas de la chica con la que bailamos en Marbella?”. Con el asentimiento del destinatario, se puede decir que el macromarcador ha servido para introducir el tópico o tema discursivo que, posiblemente, desarrollará a continuación: “Pues me la encontré con su marido y un niño pequeño, etc.”.

(b) De mantenimiento, cuando sirven para indicar que se sigue con el mismo tópico, por ejemplo, “Abundando en lo dicho ...”, “Sin perder de vista lo que acabo de manifestar...”, etc.

(c) De reparación, cuando el emisor envía un enunciado cuyo significado el destinatario no puede integrar en su circuito cognoscitivo, porque no sólo no coincide, sino que más bien choca con las expectativas por él generadas. En este caso, el receptor utiliza algún enunciado de reparación del discurso (entendido en el sentido de negociación del significado), como “No le entiendo; se refiere Vd. a ...”.

(d) De recuperación. Hay enunciados que comienzan con ‘marcadores’ que sirven para recuperar tópicos marginales o subtópicos que se han dejado en el camino, es decir, información citada anteriormente en el discurso: “Con relación a ...”, “En lo que afecta a ...”.

Marcador conversacional

Para que se lleve a cabo la alternancia de turnos, propia de la conversación, los interlocutores recurren a una serie de marcas o marcadores conversacionales que sirven para monitorizar la transición en el cambio de turnos, además de los marcadores discursivos, propios de todo discurso. Estos ‘marcadores’ pueden ser verbales o lingüísticos y no verbales o extralingüísticos (contacto ocular, kinésica, paralingüística, proxémica). Los lingüísticos (Cestero, 1994: 82-3) pueden ser: prosódicos (tonemas ascendentes o descendentes, etc.), fonéticos (alargamiento, velocidad de emisión, etc.), morfosintácticos y semánticos (cf cierre textual) implícitos o explícitos (“Esto es todo” “¿Y a ti qué te parece?”, etc.) y de superposición de habla.

Marcador de cohesión

Véase COHESIÓN / COHERENCIA

Marcador semántico

En la teoría semántica elaborada por J. J. Katz y J. A. Fodor (modelo básico del componente semántico incorporado a la gramática en Aspectos de la teoría de la sintaxis) se denominan ‘marcadores’ los rasgos semánticos que, junto con los diferenciadores, componen los sentidos de una unidad léxica. Se distinguen los ‘marcadores semánticos’ de los diferenciadores porque, mientras éstos reflejan los aspectos puramente idiosincrásicos de los sentidos de una pieza léxica, los ‘marcadores’ son los componentes del significado identificables como sistemáticos en el vocabulario de una lengua, en tanto que intervienen en la conformación de los sentidos de numerosas unidades léxicas. Por ello, según Katz y Fodor, son precisamente los ‘marcadores’ de una unidad léxica los rasgos semánticos que permiten reflejar “cuantas relaciones sistemáticas rijan entre esa unidad y el resto del vocabulario de una lengua” (1976: 47).

Son, por ejemplo, ‘marcadores’ rasgos semánticos como “humano”, “adulto”, “macho”. Componen, en parte, el significado de, pongamos por caso, la unidad léxica hombre, pero son identificables, asimismo, como componentes significativos de otras muchas unidades: mujer (humano, adulto, hembra), niño (humano, no adulto, macho), toro (animado, adulto, macho), vaca (animado, adulto, hembra). Por ello, permiten dar cuenta de, por ejemplo, las relaciones de antonimia de sexo (Katz y Fodor, 1976: 46) que vincularn a pares de piezas léxicas como hombre/mujer, toro/vaca: ambos pares se diferencian sólo por el ‘marcador semántico’ “macho/hembra”. Convencionalmente, los ‘marcadores semánticos’ se representan entre paréntesis: (humano), (adulto), (macho).

Marcador sintagmático

Especialmente en gramática generativa, un ‘marcador sintagmático’ es la representación gráfica de la estructura de una oración, que refleja tanto la agrupación de los constituyentes como la categoría – SN, SV, N, etc. – a la que pertenece cada uno de ellos.

Los tipos de marcadores sintagmáticos más utilizados en gramática generativa son los diagramas arbóreos y los corchetes etiquetados.»

[Alcaraz Varó, Enrique / Martínez Linares, María Antonia: Diccionario de lingüística moderna. Barcelona: Editorial Ariel, 1997, p. 344-345]

«Definición de marcador de discurso

Los ‘marcadores del discurso’ son unidades lingüísticas invariables, no ejercen una función sintáctica en el marco de la predicación oracional –son, pues, elementos marginales – y poseen un cometido coincidente en el discurso: el de guiar, de acuerdo con sus distintas propiedades morfosintácticas, semánticas y pragmáticas, las inferencias que se realizan en la comunicación.

La denominación de ‘marcadores del discurso’ es habitual en la bibliografía. Ahora bien, el mismo concepto o conceptos cercanos también han recibido otros nombres en español:

‘enlaces extraoracionales’ (Gili Gaya 1943: 325-331)

‘conectores’ (Martínez 1997; Pons 1998b)

‘conectores extraoracionales’ (Cortés 1991)

‘conectores argumentativos’ (Portolés 1989)

‘conectores discursivos’ (Montolio 1992)

‘conectores pragmáticos’ (Briz 1993a, 1993b y 1994)

‘conectores enunciativos’ (Lamíquiz 1994, 183-191)

‘conectivos’ (Mederos 1988)

‘partículas discursivas’ (Martín Zorraquino 1992)

‘enlaces textuales’ (López García 1994, 107-116)

‘relacionantes supraoracionales’ (Fuentes 1996)

‘elementos de cohesión’ (Martín Zorraquino 1991)

‘operadores discursivos’ (Casado 1991 y 1993)

‘ordenadores del discurso’ (Alcina y Blecua 1975, § 7.3.6)

‘muletillas’ (Christl 1996)

Nuestra preferencia por ‘marcador del discurso’ se basa en que este término se ajusta de un modo más adecuado que las otras denominaciones al objeto que queremos describir. Sólo una parte de los marcadores conectan, no lo hacen, por ejemplo, los operadores argumentativos (§ 63.5) y muchos de los ‘marcadores conversacionales’ (§ 63.6). Ciertamente, los marcadores pueden relacionar una oración con otras unidades externas a ella, pero también es frecuente que relacionen unidades intraoracionales o unidades que pertenecen a otras categorías sintagmáticas distintas de la oración. Los marcadores, en fin, cohesionan el discurso, pero esta es sólo una de sus posibles propiedades. Hay que decir, de otro lado, que buena parte de los marcadores tienen capacidad modalizadora, pero también otros signos que no son marcadores comparten estas propiedades y, por otra parte, para muchos de los marcadores, la modalización no constituye su principal característica discursiva: por eso no hemos utilizado un término como ‘partículas modales’ o ‘palabras modales’ para designar a las unidades de que tratamos (a diferencia de lo que se sugiere, por ejemplo, en Martín Zorraquino 1992, cuyo título reza “Partículas y modalidad”). [...]

El discurso y las inferencias

Entendemos por ‘discurso’ la acción y el resultado de utilizar las distintas unidades que facilita la lengua en un acto concreto de comunicación; por ello, todo discurso se compone de una parte puramente gramatical y de otra pragmática. La oración Tengo mucho trabajo es gramaticalmente la misma en (1a) y en (1b):

 

(1)

a.

A: ¿Quieres venir al cine?

 

 

 

B: Tengo mucho trabajo.

 

 

b.

A: Tengo mucho trabajo.

 

 

 

B: Lo siento, no puedo ayudarte.

Pero desde la perspectiva pragmática son intervenciones muy distintas: en (1a) se rechaza una invitación anterior, y en (1b) se solicita ayuda.

Contrariamente a la explicación más tradicional, la comunicación no constituye únicamente un proceso de codificación y descodificación de enunciados, sino también, y muy principalmente, una labor de inferencia. Cuando alguien dice: Tengo frío, en una habitación con la ventana abierta, no sólo desea que el oyente entienda el enunciado, que lo descodifique, sino que concluya que quiere que se cierre la ventana. Hechos como este no son extraños, todo lo contrario: si una niña en un cine susurra ¡Papá! Tengo sed, el padre infiere que su hija le está pidiendo agua, aunque no lo haya dicho expresamente; rechazamos la invitación a un helado contestando Me duele la garganta; y sugerimos un cambio de canal de televisión diciendo En la Primera empieza una película. Los hablantes nos comunicamos presentando lo dicho como un estímulo que permite al oyente obtener por medio de inferencias lo que pretendemos comunicar. Las ‘inferencias’ constituyen procesos de razonamiento y, para que se produzca este proceso inferencial, además de lo dicho, se ha de tener en cuenta el contexto de los participantes en la conversación. Dicho ‘contexto’ es siempre mental y está formado por creencias que residen en la memoria, pero también por aquellas que se derivan de la percepción inmediata de la situación o, simplemente, de lo que se ha dicho antes.

Dentro de esta concepción de la comunicación, considerar que los marcadores discursivos ‘guían las inferencias’ significa que los procesos inferenciales no son independientes de la forma lingüística del discurso. Supongamos que miembros de una comisión de contratación realizan el siguiente intercambio después de una entrevista:

A: Es poco hablador.

B: Además, es de Guadalajara.

Por nuestro desconocimiento del contexto que comparten estos hablantes, no sabemos si están a favor o no de contratar al entrevistado. No obstante, sí se advierte que el marcador del discurso además fuerza a la consecución de inferencias de un modo determinado. Vincula los dos enunciados y nos obliga a obtener de ellos conclusiones comunes. Quien acaba de escuchar Además, es de Guadalajara está obligado a colegir de ello alguna conclusión idéntica a alguna de las posibles a partir de “ser poco hablador”. Si reemplazamos el marcador además por eso sí, obtenemos

A.    Es poco hablador.

B.    Eso sí, es de Guadalajara.

Contrariamente a además, el marcador eso sí presente “ser de Guadalajara” como un enunciado del que se han de obtener conclusiones a las de “ser poco hablador”. Supongamos que se trata de emplear a un representante de comercio para vender cierto producto en Madrid. Si “ser poco hablador”, por lo que conocemos de los representantes, se puede considerar desfavorable para obtener el trabajo, con además se debe inferir de “ser de Guadalajara” conclusiones también contrarias a la concesión del empleo. Por ejemplo, sus comerciantes conocidos serán también guadalajareños y conseguirá pocas ventas. Por el contrario, con eso sí las inferencias son distintas; así, el segundo enunciado, si el primero se muestra contrario a la contratación, deberá comprenderse como favorable a esta: conviene que sea de Guadalajara para, por ejemplo, ampliar en un futuro las ventas en esta ciudad.

Con todo, en un análisis minucioso se comprueba que son muchas las palabras y las construcciones lingüísticas que guían las inferencias en el discurso por sus peculiares propiedades lingüísticas.

(Esta exposición del proceso comunicativo se fundamente en la Teoría de la Pertinencia o Relevancia de Sperber y Wilson (1986). Para más bibliografía sobre esta teoría y algunas precisiones, Portolés 1994a, 1994b; y para una explicación del estudio de los marcadores discursivos dentro de esta teoría, Montolío 1997 y 1998).

Gramaticalización de los marcadores discurso

Se trata de unidades lingüísticas invariables. Esta propiedad distingue nuestros marcadores de los sintagmas que conservan las capacidades de flexión y combinación de sus miembros. [...] Se ha de advertir que la mayor parte de las formas que se utilizan como marcadores discursivos pueden aparecer con distintas funciones lingüísticas, eso es, sin ser marcadores. [...]

Los marcadores del discurso proceden de la evolución de una serie de sintagmas que, de una parte, van perdiendo sus posibilidades de flexión y combinación, y, de otra, van abandonando su significado conceptual y se especializan en otro de procesamiento. Los marcadores bueno o claro nacen de adjetivos; hombre, de un nombre; entonces, bien o así, de adverbios; en cambio, por consiguiente o en fin, de sintagmas preposicionales; con ahora bien o así pues se fijan en una unidad dos adverbios contiguos; y es decir, es más o no obstante tienen su origen en sintagmas verbales.

No todos los marcadores que es estudian en estas páginas están igualmente gramaticalizados. [...]

Clasificación de los marcadores del discurso

 

 

estructuradores

de la información

comentadores

pues, pues bien, así las cosas, etc.

ordenadores

en primer lugar/en segundo lugar/; por una parte/por otra parte; de un lado/de otro lado, etc.

digresores

por cierto, a todo esto, a propósito, etc.

 

 

 

conectores

conectores

aditivos

además, encima, aparte, incluso, etc.

conectores

consecutivos

por tanto, por consiguiente, por ende, en consecuencia, de ahí, entonces, pues, así, así pues, etc.

conectores contraargumentativos

en cambio, por el contrario, por contra, antes bien, sin embargo, no obstante, con todo, etc.

 

 

 

 

reformuladores

reformuladores

explicativos

o sea, es decir, esto es, a saber, etc.

reformuladores

de rectificación

mejor dicho, mejor aún, más bien, etc.

reformuladores

de distanciamiento

en cualquier caso, en todo caso, de todos modos, etc.

reformuladores recapitulativos

en suma, en conclusión, en definitiva, en fin, al fin y al cabo, etc.

 

operadores argumentativos

operadores

de refuerzo argumentativo

en realidad, en el fondo, de hecho, etc.

operadores

de concreción

por ejemplo, en particular, etc.

 

 

marcadores conversacionales

de modalidad epistémica

claro, desde luego, por lo visto, etc.

de modalidad deóntica

bueno, bien, vale, etc.

enfocadores de la alteridad

hombre, mira, oye, etc.

metadiscursivos conversacionales

bueno, eh, este, etc.

 

Los estructuradores de la información sirven para señalar la organización informativa de los discursos. Se trata de marcadores que carecen de significado argumentativo:

Los conectores vinculan semántica y pragmáticamente un miembro del dircurso con otro anterior:

Los reformuladores presentan el miembro del discurso en el que se encuentran como una expresión más adecuada de lo que se pretendió decir con un miembro precedente:

Los operadores argumentativos condicional por su significado las posibilidades argumentativas del miembro en el que se incluyen sin relacionarlo con otro anterior:

Los marcadores conversacionales o las partículas discursivas que aparecen más frecuentemente en la conversación:

[Martín Zorraquino, María Antonia / Portolés Lázaro, José: “Los marcadores del discurso”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe. 1999, § 63.1.2, § 63.1.3.1 y § 63.1.6]

«Marcador discursivo o del discurso

Unidad lingüística invariable que, sin desempeñar función alguna dentro de la oración, guía las inferencias que se obtienen en la comunicación. Se suele distinguir las siguientes clases de marcadores discursivos: los

estructuradores de la información, que organizan la información que contienen los discursos (así las cosas, por una parte... por otra parte, por cierto...), los

conectores, que vinculan un miembro del discurso con otro anterior (además, por tanto, en cambio), los

reformuladores, que presentan el miembro del discurso en el que se hallan como una nueva formulación de lo que se quiso decir con un miembro anterior (o sea, mejor dicho, en suma...), los

operadores argumentativos, que condicionan las posibilidades discursivas del miembro del discurso en el que se incluyen y lo ponen en relación con otro miembro anterior, pero no por su significado intrínseco, sino a partir de consideraciones pragmáticas (en realidad, por ejemplo...) y los

marcadores de control de contacto, usados frecuentemente en las conversaciones (claro, hombre...). (Cf. Cohesión, Modificador oracional.)»

[Eguren, Luis / Fernández Soriano, Olga: La terminología gramatical. Madrid: Gredos, 2006, p. 79]

«Marcador discursivo

Unidad lingüística invariable, que no ejerce una función sintáctica, sino discursiva, al guiar las inferencias que el hablante proyecta en cada acto de comunicación.»

[Sánchez Lobato, Jesús: Saber escribir. Madrid: Santillana, 2006, p. 508]