DEONOMASTIK  

Deonomástica

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Appelativ / Wortbildung / Eigenname / Euphemismus

 

Deonomastik: Ableitungen auf der Basis von Eigennamen. Übergang von Namen zu Appelativa.

Deonomástica (de de- y onomástica)

El estudio del léxico derivado de los nombres propios (del tipo cicerón, it. marcantonio, fr. poubelle, ingl. pullman, etc.).” [Cardona, p. 74]

„Sabiendo que una parte del léxico es de origen onomástico, nos hemos acercado al fenómeno lingüístico que en los últimos años ha suscitado el interés de algunos investigadores: el cambio del nombre propio en nombre común, y la productividad que aquél puede desarrollar, una vez integrado en un campo léxico. Dicho proceso de trasposición o lexicalización del nombre propio interesó a prestigiosos lexicógrafos de principios de siglo, período en el que algunos romanistas publicaron las primeras investigaciones sobre el vocabulario deonomástico. Medio siglo después, Bateman se extraña aún de que los hispanistas no hubiesen prestado atención a la influencia del nombre propio en el idioma español. En las últimas décadas, nuevas aportaciones de lógicos y lingüistas nos han permitido descubrir la complejidad de los procesos por los que dicha categoría puede adquirir un valor lexical codificado. [...]

En los escritos humanísticos la interpretación predicativa del nombre propio presenta menos restricciones que en los estudios científicos; tanto en aquéllos como en éstos, la creación deonomástica es tributaria de experiencias extraverbales: químicos, físicos, ingenieros, médicos, y otros muchos especialistas, han desarrollado su vocabulario profesional mediante interpretaciones metonímicas del nombre propio, principalmente las que implican una relación entre el investigador y el descubrimiento (watt > vatio),o entre el lugar y el referente que es objeto de interés científico (Baux > bauxita). En este ámbito del saber, las interpretaciones metafóricas no han resultado tan productivas como en campos humanísticos, en los que las propiedades etológicas o de otra índole (físicas, profesionales, socioculturales, etc.) de los referentes se transforman en atributos del nombre propio; indudablemente es el tópico el que propicia la fijación de determinados rasgos de significación.”

[García Gallarín, Consuelo / García Gallarín, Celeste: Deonomástica hispánica. Vocabulario científico, humanístico y jergal. Madrid: Editorial Complutense, 1997, S. XI-XII]

“No pocos hablantes españoles se sorprenden cuando encuentran el origen de la palabra mentor en el antropónimo que identifica al amigo de Ulises, o cuando advierten que dalia deriva de Dahl, porque así se llamaba el introductor de esta planta, o que el comportamiento de Charles Lunch, juez de Virginia en el siglo XVIII, originó la creación del verbo linchar.

En unos casos se remite al referente inicial y en otros casos no; por ejemplo, el uso correcto de los tecnicismos deonomásticos no requiere que el hablante posea conocimientos etimológicos y enciclopédicos, sin embargo, las denominaciones ocasionales, principalmente las que descubren un nuevo tipo social, sólo pueden interpretarse si dicho referente es identificado:

“También es maravilloso poder hablar largo y tendido con esas rogelias tan sabias y vivarachas” (Luis del Olmo, Interviú, 1993, n° 905)

Doña Rogelia representa a una anciana del medio rural, y es uno de los personajes interpretado por una famosa ventrílocua.” 

[García Gallarín, Consuelo / García Gallarín, Celeste: Deonomástica hispánica. Vocabulario científico, humanístico y jergal. Madrid: Editorial Complutense, 1997, p. 1]

Del nombre propio al nombre común

“La trasposición de nombre propio en nombre común ocurre al descubrirse que unos rasgos, inicialmente reconocidos en un ser único, existen en otro, o en una pluralidad de ellos; así el nombre transforma su funcionalidad, de la individuación a la clasificación, reduciendo la comprensión y ganando en extensión.

No podría entenderse este proceso sin advertir dos niveles de funcionamiento semántico, reconocidos ya por Martin y descritos con acierto por Gary-Prieur, al tratar del sentido y del contenido del nombre propio:

El sentido es la propiedad que nos permite caracterizarlo como unidad de lengua, y el contenido es el nivel donde se produce el conocimiento metafórico, ya que algunas propiedades reconocidas en el referente inicial pueden influir en la interpretación del nombre propio; en el uso tropológico comienza su integración en las estructuras semánticas de la lengua. El ejemplo que sigue es ilustrativo de dicho cambio:

“La realidad, como ocurre siempre, no es tan deslumbrante. Aquellos que quieran ser Supermán o sentirse pletóricos de un día para otro, deben esperar”. (ABC, 23 de enero de 1994)

Supermán: “Hombre extraordinario y de cualidades físicas increíbles”. Como Superman, personaje creado por Jerry Siegel (texto) y dibujado por Joe Shuster (Arturo del Hoyo).

Han sido los especialistas en literatura quienes con más persistencia han observado los cambios semánticos que afectan al nombre propio originario y sus posibilidades de funcionar como un nombre común. El interés por la Deonomástica se ha puesto de manifiesto en los últimos veinte años, y en la actualidad empezamos a valorar justamente el esfuerzo que otros hicieron para demostrar la frecuente vinculación entre el nombre propio y muchos nombres comunes, hoy disociados definitivamente de sus etima.”

[García Gallarín, Consuelo / García Gallarín, Celeste: Deonomástica hispánica. Vocabulario científico, humanístico y jergal. Madrid: Editorial Complutense, 1997, p. 2]

“Muchas creaciones deonomásticas se deben a hablantes con un excelente sentido del humor, predispuestos siempre a descubrir el destello humorístico en hechos o situaciones que a otros irritarían: quienes llaman marilourdes a las maquilladoras que encubren la decrepitud de los personajes públicos, están rechazando los estereotipos que los medios de comunicación quieren imponernos. Las marilourdes como la Virgen, consiguen el milagro de convertir en caricaturas del modelo publicitario a los más feos y esmirriados. [...]

Eufemismos humorísticos o ludónicos son los antropónimos que personifican objetos nefandos mediante los recursos: metáfora, metonimia, paronimia y otros factores relativos a la oralidad:

Don Pedro, Perico: el orinal.

Señor Roca: la taza del retrete.

Margarita: condón.

Calixto: calé.”

[García Gallarín, Consuelo / García Gallarín, Celeste: Deonomástica hispánica. Vocabulario científico, humanístico y jergal. Madrid: Editorial Complutense, 1997, p. 8]