BEDEUTUNG vs. REFERENZ

Significado vs. referencia

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Bedeutung / Bedeutung und Bezeichnung / Bedeutung und Begriff / Bedeutung  vs. Sinn / Bedeutung  und Bezug  / Bedeutung und Funktion / Metapher / Metonymie / Synekdoche / Semiotisches Dreieck / Grammatikalisierung [Kritik von M. Morera] / Denotation / Konnotation / Kategorematisch vs. Syntagmatisch / Wortsemantik / Gedanke / Begriff / Konnotation-Denotation / Semantik / Referent / Frege, Gottlob / Semiotisches Dreieck / Sinn und Bedeutung bei Gottlob Frege / Sinn und Bedeutung bei Edmund Husserl / Sinn und Bedeutung bei Ludwig Wittgenstein / Gebrauchstheorie der Bedeutung

 

Referenz

Bedeutung eines Ausdrucks, die im Bezug auf außersprachliche Realität besteht; Beziehung des Zeichen zu den Gegenständen bzw. Designaten.

Indirekte Referenz

Bedeutung eines Wortes oder einer Wortgruppe, die auf ein anderes Textelement verweist und so Gegenstände oder Vorgänge nur indirekt bezeichnet

No hay absoluta equivalencia semántica entre niño y Juanito.  Niño posee verdadero significado, mientras Juanito es un nombre propio y como tal no tiene más que referencia:  no significa, sino que designa únicamente. 

Los nombres propios no tienen más que referencia: no significan, sino que designan únicamente.

«Las metaforizaciones temporales:

Entre "lamento que sólo ha aprendido tonterías en el colegio" y "lamento que sólo haya aprendido tonterías en ese colegio" no hay diferencias ni en lo que se refiere al carácter de comentario que ambas poseen, ni en lo que se refiere al carácter no afirmativo o no aseverativo que sin duda tienen tanto haya aprendido como ha aprendido, en esos ejemplos. ¿Cuál es, entonces, la diferencia entre estos dos predicados "no aseverativos"?

Me parece que la clave de toda esta cuestión está en que aquí hemos significado un mismo y único referente (el hecho de lamentar yo tu venida) de dos maneras claramente distintas, de la misma forma que sucede cuando alguien significa como 'luna de pergamino' lo que otros significan como 'pandereta', sin que con esto haya de suponerse que sólo uno de los dos significados "se corresponde" con el referente, en tanto que entre el otro y ese referente existe un abismo semántico insalvable. El fallo de este punto de vista consiste en ignorar el hecho elemental de que una pandereta o una luna no son significados, sino cosas, que, como tales, pueden ser significadas de la manera que se quiera. Lo único que debe tenerse en cuenta, y que, por otra parte, parece también elemental, es que no es lo mismo significar algo que, en sí mismo, no sabemos lo que es, ya como luna, ya como pandereta. De este hecho indiscutible sólo puede sacarse una conclusión: que la lengua no aprehende las cosas como tales cosas, sino como significados, es decir, que siempre existirá un abismo insalvable entre los significados y sus referentes. No puede hablarse, pues, lingüísticamente, de metáfora, porque, lingüísticamente, toda atribución de una expresión a una realidad dada es por fuerza metafórica, aunque los críticos de la literatura hablen de metáforas sólo cuando se opone "relación habitual" a "relación no habitual". Pero tampoco los lingüistas llegan a darse cuenta con frecuencia de la existencia permanente del juego metafórico en el quehacer idiomático, porque, con frecuencia, tal juego entra dentro de esas "relaciones habituales" y pasa desapercibido. [...]

Para Bello, los tiempos tienen, cada uno, su significado invariable (lo que llamaríamos su significado "en lengua"): las variaciones que percibimos no lo son realmente de ese significado, sino el fruto de las relaciones que se establecen entre el significado lingüístico y sus posibles referentes extraidiomáticos. ¿Qué pasa cuando se significa un referente presente con un tiempo (significado) pasado? ¿Que cambia el significado de la forma temporal? No, porque éste es inmutable: lo que sucede es que significamos como pasado un acontecimiento que, en la experiencia de lo real, es presente, y, al significarlo así, sugerimos su inexistencia: si digo a alguien en su cara "¡fuiste mi amigo!", insinúo que ya no lo es, con lo que el pretérito sufre el efecto contextual de la negación implícita. Lo mismo sucede con cantaría, que, según nos explica Bello, se define por dos rasgos semánticos aparentemente contradictorios: 'pasado' y 'futuro'. Tal significado idiomático puede dar lugar a tres tipos de variación combinatoria, de las que dos son claramente "metafóricas", en el sentido habitual de este término, en tanto que una de ellas constituiría el sentido "recto", por no percibirse desajuste alguno entre tiempo idiomático y tiempo real. Tal sentido "recto" es el que corresponde a un referente en el que coinciden las ideas de pasado y futuro, sin contradicción: en "me dijo que vendría", el venir es pasado, pues su "origen" (no su terminación, que es algo que escapa a lo que la lengua significa con esa forma verbal) es anterior al momento de la palabra, pero su "perspectiva" es futura con relación a ese "origen pasado". Aquí, la forma semántica "coincide" con la naturaleza de la experiencia que se comunica. El tiempo lingüístico no tiene nada que ver con el tiempo real de cumplimiento del proceso. Por eso se equivocaba Bello cuando pensaba que el imperativo era futuro porque la realización de lo mandado o rogado tenía que ser por fuerza posterior al momento de la palabra.

Los sentidos metafóricos aparecen, justamente, cuando esa coincidencia entre tiempol lingüístico y tiempo real deja de existir, bien porque haya contradicción entre el significado de 'pasado' y la experiencia de presente o futuro, bien porque tal contradicción se produzca entre el rasgo de 'futuro' y una referencia incompatible con tal idea:

1.    En primer lugar, el sentido hipotético, que sirvió a Gili Gaya para la definición semántica de esta forma, es sólo una variante que se deriva del conflicto entre el pasado idiomático y el presente o futuro de referencia, ya que significar como pasado lo presente o lo futuro sugiere negación, y, en consecuencia, esos matices de hipótesis, de deseo, de posibilidad, referidos a hechos que sienten negados como plenamente reales: en "ahora me tomaría un café", sugiero que no me lo puedo tomar, y, en consecuencia, una hipótesis y un deseo; en "el mueble podría ser mejor", se sugiere que no es todo lo bueno que se hubiera deseado; en "querría hablar con Ud.", la negación implícita sugiera alguna dificultad para conseguir lo que se quiere, etc., etc.

2.    En segundo lugar, el conflicto entre la futuridad idiomática y la no futuridad real, da como consecuencia la interpretación de lo predicado como contingente, como probable. Es lo mismo que sucede cuando se significa como futuro algo que, en la experiencia, es presente, y así se dice "ahora serán las seis" (y no "son las seis"), de la misma manera que se dice "entonces serían las seis" (y no "entonces eran las seis").

No se trata nunca de tiempos o de significados temporales diferentes, sino de variantes o usos metafóricos, que siempre se podrán explicar de manera natural como inferencias "lógicas" de sus contextos. No es, pues, cantaría una forma hipotética, sino una forma de pasado, es decir, una visión de pasado con todas sus naturales consecuencias, según que la realidad "interpretada" corresponda a los diferentes tiempos extraidiomáticos posibles.»

[Trujillo, Ramón: "Sobre el uso metafórico de los modos en español". En: Wotjak (ed.): El verbo español. Aspectos morfosintácticos, sociolingüísticos y lexicogenéticos. Frankfurt am Main: Vervuert, 1996, pp. 17-20]

«Hay una manera muy común de pensar entre los lingüistas: la de separar como cosas diferentes lo que no son ni significados distintos, ni formas distintas, ni estructuras semántico-sintácticas distintas, sino sentidos distintos que resultan de las relaciones “lógicas” con los diversos elementos del contexto o de esa confrontación constante que se hace entre significado y realidad designada. Como confunden significado con designatum, no acaban de entender que una cosa es que el subjuntivo signifique el “no cumplimiento” y que otra cosa muy distinta es que designe el “cumplimiento de la acción”, porque el subjuntivo, como es natural, significa siempre cualquier realidad designada como abstracta, o, si se quiere, en forma de “no cumplimiento”, con independencia de que lo designado, en sí mismo, sea realmente abstracto o no.»

[Trujillo, Ramón: “Sobre el uso metafórico de los modos en español”. En: Wotjak (ed.): El verbo español. Aspectos morfosintácticos, sociolingüísticos y lexicogenéticos. Frankfurt am Main: Vervuert, 1996, p. 38]

«Idea, significado, referencia

O. Jespersen afirma que hay que distinguir entre categorías sintácticas –dependen de la forma– y categorías nocionales –dependen del significado–, ya que la misma idea se puede expresar de forma activa o de forma pasiva:

A precedes B = A is followed by B.

El término “idea” es aquí bastante ambiguo y, por tanto, discutible. Si lo entendemos como realidad extralingüística, la afirmación de O. Jespersen es acertada en todos los sentidos. Ahora bien, si se identifica “idea” con “significado”, las dos expresiones tienen contenidos lingüísticos distintos.

En este sentido habría que decir con E. Coseriu (1977: 131) que las relaciones entre el signo lingüístico y el referente –designativas– no entran en el plano funcional de una lengua, donde juegan su papel las relaciones significativas –entre los signos lingüísticos–, por lo cual, aunque la forma activa y la pasiva pueden expresar la misma realidad nocional, no podemos decir que la forma activa y la pasiva signifiquen lo mismo.

No estamos de acuerdo, siguiente a E. Coseriu (1977: 187-188), en que las construcciones activas tengan el mismo sentido (entiéndase que M. Seco no distingue como lo hace E. Coseriu entre significado lingüístico y sentido textual) que las pasivas, pues habría que distinguir, en principio, entre contenido lingüístico y objeto de referencia extralingüístico, distinción que hacían ya los estoicos y también los escolásticos (conceptus / res), W. von Humboldt la conoce como distinción entre “forma lingüística interior” y “objeto”. “La misma distinción la encontramos en Husserl con los célebres ejemplos

el vencedor de Jena,

el vencido de Waterloo,

en los que el mismo “objeto” se designa por medio de significados opuestos”.»

[Espinosa, Jacinto: Estructuras sintácticas transitivas e intransitivas en español. Cádiz: Universidad de Cádiz, 1997, p. 61 n. 101-102 y 104]