ASPECTO

Aspekt

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Aspekt / Aktionsart / Tempus / Tempus und Zeit und Zeitformen / Verbkategorien / Statisch vs. Dynamisch / Resultativ /  Durativ vs. Nicht-Durativ / Zeit / Tempus / Vorgang vs. Handlung /  Stadium /  Statisch vs. Dynamisch /  Vorgang vs. Handlung / Zeit / Passiv / Telisch vs. Atelisch / Verbos desinentes / Verbos permanentes /  Imperfektiv vs. Perfektiv  

 

Siehe / Ver:

ASPEKT

AKTIONSART

AKTIONSART Kritik

 

«Tiempo y aspecto:

Morfológicamente es difícil separar ambos morfemas ya que normalmente aparecen unidos.

Semánticamente, en el morfema tiempo hay dos valores:

§         el tiempo explícito (presente, pasado y futuro);

§         y un tiempo implícito (acción terminada o no) al que llamamos aspecto verbal.

Comía y comí: la oposición entre ambos no es de persona (1a en los dos);

§         no es de tiempo (los dos pasados);

§         tampoco de modo (los dos indicativos);

§         es de aspecto (uno acción terminada y otro no);

§         comí = acción terminada;

§         comía = acción no terminada (sin que interese el comienzo o el fin de la misma).

En jugábamos –jug- es el lexema; -á- es la vocal temática; -ba- es tiempo pretérito y aspecto imperfecto; -mos es número y persona.

En bailé y bailaba: los dos son tiempos pasado; bailé es proceso ya terminado; bailaba es proceso no terminado; (el) estar o no terminado es el aspecto.

No sólo existe el aspecto perfecto o imperfecto: las perífrasis verbales son, de alguna manera, aspecto del verbo

[Alonso Marcos, A.: Glosario de la terminología gramatical. Unificada por el Ministerio de Educación y Ciencia. Madrid: Magisterio Español, 1986, p. 151]

aspecto léxico o Aktionsart y aspecto sintáctico

«El aspecto ‘léxico’ o Aktionsart es independiente, en principio, del aspecto sintáctico (perfectivo o imperfectivo) de la oración: i. e. la manera en la que se concibe la acción verbal (como terminada o no). También es tradicional la distinción entre verbos semánticamente imperfectivos (p. ej. saber) y verbos semánticamente perfectivos (p. ej. construir).»

[Mendikoetxea, Amaya: “Construcciones con se: medias, pasivas e impersonales”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe. 1999, vol. 2, p. 1655, Anm. 28]

«Aspecto imperfectivo. [Inglés: Incomplete, Atelic]

Aspecto verbal que expresa la acción como no terminada: escribía, estudiar (frente a escribí, disparar, que son perfectivos).»

[Lázaro Carreter, F.: Dicc. de térm. filológicos, 1967, p. 230]

Andrés Bello llama a los verbos de aspecto imperfectivo verbos permanentes (o durativos), y a los verbos de aspecto perfectivo, verbos desinentes (o no durativos).

aspecto perfectivo

Expresa la acción que acaba, una vez realizada: comer.

«Aspecto perfectivo. [Inglés: Complet o Telic aspect]

Aspecto que “expresa el estado presente del sujeto como resultado de una acción pasada. Ello significa que, si bien la atención del que habla recae especialmente en la situación presente, no obstante, flota en su espíritu el recuerdo de la acción que determinó el citado estado” (Bassols): estoy a salvo. Modalidades suyas son los aspectos terminativo o efectivo, y el perfectivo ingresivo (el cual expresa que una acción, apenas iniciada, alcanza su fin: arrojar una piedra). A veces se usan como sinónimos los términos perfectivo y perfecto. A. Bello llamó a los verbos de significación perfectiva, verbos desinentes

[Lázaro Carreter, F.: Diccionario de términos filológicos, 1967, p. 318]

 Aspecto léxico o Aktionsart y aspecto sintáctico

aspecto léxico imperfectivo:

verbos semánticamente imperfectivos

verbos permanentes (durativos)

aspecto sintáctico imperfectivo

presente e imperfecto

aspecto léxico perfectivo:

verbos semánticamente perfectivos

verbos desinentes (no durativos)

aspecto sintáctico perfectivo

tiempos del pasado (excepto el imperfecto)

 

«La clasificación de los verbos con respecto a su aspecto 'léxico' Aktionsart es independiente, en principio, del aspecto sintáctico (perfectivo o imperfectivo) de la oración: i. e. la manera en la que se concibe la acción verbal (como terminada o no). También es tradicional la distinción entre verbos semánticamente imperfectivos (p. ej. saber) y verbos semánticamente perfectivos (p. ej. construir).»

[Mendikoetxea, Amaya: “Construcciones con se: medias, pasivas e impersonales”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe. 1999, vol. 2, p. 1655, Anm. 28]

„El aspecto es un morfema verbal ligado, lógicamente, a elementos gramaticales. Es absolutamente independiente del lexema. La significación aspectual no tiene nada que ver con el significado léxico del verbo. Llama la atención, al observar el paradigma de conjugación española, la desproporción entre las formas de presente o futuro y las formas de pretérito. ¿Por qué existen tantas formas de verbo en pasado? ¿Cuál es el rasgo distintivo en el que se apoya la oposición entre cantaba / canté / he cantado / había cantado / hube cantado? Es evidente que todas estas formas verbales tienen el mismo tiempo, modo, número y persona. El rasgo diferencial es el aspecto.

Pero hay dos tipos de aspecto:

1.  Un aspecto que está ligado al cambio de las terminaciones del verbo, por lo que se le puede denominar aspecto flexional. Es el aspecto que opone las formas del copretético a las del pretérito (cantaba / canté) y las del antecopretérito a las del antepretérito (había cantado / hube cantado).

     Al aspecto propio de las formas del pretérito y de antepretérito se le suele llama aspecto perfectivo. Al aspecto de las formas de copretérito y de antecopretérito se le suele llamar aspecto imperfectivo.

2.  Un aspecto que depende de las construcción de la forma verbal, por lo que se le puede denominar aspecto sintagmático. La conjugación española tiene unas formas simples, herederas de las latinas, y unas formas compuestas, de origen románico. Es el aspecto el que opone las formas simples (Alarcos las llama no delimitadas) a las formas compuestas (o delimitadas) correspondientes: canto / he cantado; cantaba / había cantado; canté / hube cantado; cantaré / habré cantado, etc.

Desde el punto de vista de la significación, es preciso establecer una diferenciación nítida entre los conceptos de aspecto y modo de acción. El aspecto es un morfema verbal ligado, o a la flexión o a la construcción de la forma verbal, pero en todos los casos independiente del lexema del verbo. El modo de acción (algunos gramáticos lo llaman clase de acción, modalidad de acción, o prefieren el germanismo Aktionsart), en cambio, es una propiedad del lexema, absolutamente indiferente a las variaciones flexivas o sintagmáticas.

Algunos de estos modos de acción proporcionan al verbo un tipo de significado léxico que puede establecer una relación muy estrecha con los valores aspectuales que se derivan del cambio de las marcas flexivas. Son aquellos modos de acción a los que podemos llamar puntual y durativo.

1.  Tienen un modo de acción puntual aquellos verbos en los que, para que la acción se realice, es necesario que ésta llegue a su término. Son verbos que significan procesos que no admiten duración, que son puntuales, como por ejemplo, morir, matar, disparar, saltar, firmar, etc.

2.  Tienen un modo de acción durativo aquellos verbos en los que no es necesario que la acción llegue a su término para que se pueda realizar, como sucede en la mayor parte de los verbos: amar, cantar, estudiar, crecer, querer, etc. Son verbos cuyo lexema supone un proceso que requiere una duración.“

[Marcos Marín, F./Satorre Grau, F. J./Viejo Sánchez, Ma L.: Gramática española. Madrid: Síntesis, 1998, p. 210‑211]

Aspecto (fr. aspect, usado por Ph. Reiff desde 1829). Categoría descriptiva del verbo, relativa a la mayor o menor duración en el tiempo y al cumplimiento de la acción descrita. La categoría fue inicialmente señalada en el ámbito de las lenguas eslavas por los humanistas checoslovacos y por los gramáticos rusos; en ruso ha sido traducido como vid glagóla (primera documentación en 1619), el término éidos de la gramática griega, que indicaba en realidad la derivación de una categoría mayor, la „especie“, lat. species. De la gramática de las lenguas eslavas la noción ha sido adoptada en la lingüística general por los indoeuropeístas alemanes, sobre todo G. Curtius que había estado en Praga y que usaba aún el término Zeitart, opuesto a Zeitstufe (Die Bildung der Tempora und Modi im Griechischen und Lateinischen sprachvergleichend dargestellt, Berlín 1846); el término Aspekt entra en alemán sólo bajo la influencia del francés. La clasificación de los tipos de aspecto no es cerrada y los que indicamos a continuación son los más frecuentes usados en varias lenguas: habitual*, conativo, imperfectivo, incoativo, ingresivo, iterativo, perfectivo, puntual, resultativo.“ [Cardona, G. R., p. 29]

„La categoría aspecto ha sido ampliamente debatida a lo largo de toda la historia de la lingüística. No hay acuerdo sobre la definición de esta categoría, sobre cómo se expresa, sobre su relación con otras categorías, fundamentalmente con la categoría tiempo, ni sobre el lugar que ocupa en el sistema de las distintas lenguas.

Nociones relacionadas con el aspecto se pueden rastrear en Dionisio de Tracia, influido por los estoicos, pero nuestro término „aspecto“ procede de la traducción del término vid, que aparece en las gramáticas eslavas ya en el s. XVII, y que, como el término griego εδος (eídos), se emplea para establecer la oposición entre verbos simples y derivados que expresan matices aspectuales.

C. Curtius (1846) diferencia, en los tiempos del pasado del sistema verbal griego, formas momentáneas, durativas y cumplidas; y la categoría que permite establecer estas distinciones es denominada por B. Delbrück (1874) „modo de acción“ y por Brugmann (1885), Aktionsart.

La oposición entre Aspekt y Aktionsart, o aspecto y modo de acción, ha sido interpretada de muy diversas maneras a lo largo de la historia del término „aspecto“. Así S. Agrell (1908) diferencia entre „aspecto“, la oposición gramatical perfectivo-imperfectivo, que es una categoría subjetiva que se relaciona con el punto de vista del hablante en relación con la acción, y „modos de acción“, diferencias léxicas entre contenidos verbales como „inceptivo“, „terminativo“, „iterativo“, categoría objetiva, ya que afecta a la cualidad de la acción misma en relación con la realidad extralingüística.

Como señala Dietrich (1973, 183), nos parece arriesgado el traslado de la distinción entre aspecto y modo de acción, estudiado en el verbo eslavo, a las lenguas románicas, porque, aunque aceptemos, como hace Coseriu (1978), que el aspecto puede ser considerado como un universal lingüístico (es decir, una categoría que puede manifestarse en todas las lenguas, aunque no siempre sea así), los contenidos aspectuales pueden ser manifestados por las lenguas en formas diversas (según señaló ya Holt, 1943). De hecho, Holt distinguió las siguientes clases de aspecto:

aspecto

flexional (se manifiesta por medio de morfemas conjugados);

derivativo (se manifiesta por medio de sufijos y prefijos);

radical (se manifiesta a través del significado lexemático de un signo);

sintagmático (se manifiesta por medio de una construcción sintagmática: de varios elementos unidos sintagmáticamente) (Vid. también Coseriu 1978).

Centrándonos en la expresión de la categoría aspecto en las lenguas románicas, y concretamente en el caso del español, Alarcos (1949 y 1975), basándose en Jakobson (1932), Holt (1943) y Guillaume (1929), diferencia entre aspecto flexional y aspecto sintagmático. El aspecto flexional permite oponer en español el imperfecto al perfecto simple (cantaba / canté), que indican el proceso sin su término y el proceso con su término respectivamente, esto es, aspecto no terminativo / terminativo, y opone también entre sí las formas no personales del verbo –cantar (miembro neutro), cantado (aspecto perfectivo), cantando (aspecto imperfectivo)–. El aspecto sintagmático permite oponer las formas verbales simples a las compuestas como no delimitadas / delimitadas.

Otros autores, como Togeby (1953), Sánchez Ruipérez (1962) y Roca (1968), insisten en que la oposición entre el pretérito indefinido y el pretérito imperfecto refleja una diferencia de aspecto flexional (aunque no la interpreten como Alarcos). Sin embargo, no todos los lingüistas están de acuerdo en que las diferencias entre canté / cantaba, canto / he cantado sean fundamentalmente aspectuales: Bassols de Climent (1951) niega que las formas verbales expresen diferencias aspectuales. La diferencia entre canté / cantaba sería, para Bassols, una diferencia temporal y lo mismo ocurriría con he cantado, que, si en un principio expresaba matices aspectuales -haber+ pp.-, en una etapa posterior de su evolución, perdió los valores aspectuales en beneficio de los temporales. También para Cartagena (1978), los posibles valores aspectuales de las formas verbales derivan de su valor temporal.

Por otra parte, en español se pueden encontrar también ejemplos de aspecto derivativo, es decir, matices aspectuales expresados mediante prefijos, sufijos y parasíntesis: releer, rehacer, sonreír, sondormir, entreabrir, entrever, deshacer, besuquear, lloriquear, atardecer, entristecer ... aunque verbos como los citados constituyen series bastante limitadas en español.

A partir de la distinción entre verbos permanente y desinentes de Bello (1847, 220), se ha intentado diferenciar en español un aspecto radical. Sin embargo, hay que puntualizar que, en español, no existen, como en las lenguas eslavas, dos tipos de verbos –perfectivos / imperfectivos–, opuestos entre sí, sino que todos los verbos, según el contexto, pueden ser perfectivos o imperfectivos:

En un momento salta encima de la mesa (perfectivo)

María salta a la comba (imperfectivo).

Por último, dentro del aspecto sintagmático, se puede incluir el aspecto expresado por las perífrasis verbales. En español, son fundamentales para el estudio de las perífrasis aspectuales los trabajos de Keniston (1936), Coseriu (1960, 1966, 1968, 1976, 1978) y Cartagena (1978), trabajos que se relacionan porque Coseriu tiene en cuenta las observaciones de Keniston, y Cartagena, discípulo de Coseriu, aplica el sistema temporal y aspectual de su maestro al español.

En realidad, Coseriu y sus discípulos, Dietrich, Cartagena ..., más en la línea de Frei (1952) y Keniston (1936) que en la de otros autores que se han ocupado del tema, no se limitan a interpretar de nuevo la antigua categoría de aspecto, que oponía fundamentalmente lo perfectivo a lo imperfectivo, sino que establecen una serie de categorías, que, en relación con lo que tradicionalmente se entiende por aspecto, desarrollan y caracterizan en las lenguas románicas, y concretamente en español, esta categoría.

Las distintas categorías aspectuales diferenciadas por Coseriu (1976):

a) La duración: Se refiere al lapso de tiempo en el que ocurre la acción verbal. En las lenguas románicas, esta categoría está implicada en las unidades léxicas (p. ej., mirar, „durativo“; llegar, „momentáneo o puntual“; picotear, „iterativo“) y no constituye, por tanto, una categoría gramaticalmente realizada (Coseriu 1976, 96; Dietrich 1973, 206).

b) La repetición: Caracteriza explícitamente a la acción verbal como no única, como repetida. En español se expresa fundamentalmente mediante la perífrasis volver a + infinitivo y el prefijo re-.

c)  El cumplimiento: Para Coseriu, no forma en el dominio románico una categoría gramatical; es un significado secundario que aparece relacionado con categorías temporales. Según Dietrich, como sistema marginal, existe, en algunas lenguas románicas, la posibilidad de expresar el cumplimiento objetivo de una acción verbal (transitiva) dentro de la categoría de la diátesis, aunque, en parte, se realizan combinaciones con otras categorías: Diátesis pasiva: es realizado + „cumplimiento“: está realizado.

d) El resultado, que caracteriza la acción respecto a su resultado, opone lo resultativo a lo no resultativo. Lo resultativo puede ser, además, subjetivo, es decir referirse al agente („efectivo“) u objetivo, es decir, referirse al producto de la acción („productivo“). Lo efectivo no constituye, en el dominio románico, una categoría funcional independiente, sino que aparece, normalmente, al igual que el cumplimiento, como significado secundario que se relaciona con categorías temporales. En español lo productivo resultativo se expresa mediante: tener, traer, llevar + participio concertado con el objeto: tengo escritos cinco capítulos; trae, lleva muy bien pensado el plan. Traer y llevar + pp. implican, además, el significado de fase continuativa.

e) La visión: Mediante esta categoría se considera la acción verbal entre dos puntos de su desarrollo A – B, ya sea acentuando su totalidad (visión globalizadora) o partes de su transcurso (visión parcializadora). La visión globalizadora se relaciona con el unitary aspect de Keniston. La acción se considera como unitaria, es decir como expresamente no parcializadora. Se expresa en español mediante perífrasis coordinativas: coger, tomar, agarrar, ir, venir, llegar + y + verbo principal, y también mediante salir + gerundio: Cogió (tomó, agarró, fue, vino, llegó) y le dio una bofetada. Por último el muy sinvergüenza salió diciéndome que lo había hecho sin mala intención. Esta función de globalidad está ligada con diversos significados contextuales, entre los cuales los más frecuentes son los de „realmente“, „rápidamente“, „de modo inesperado“, „con decisión“, etc.

     La visión parcializadora corresponde a parte de las „phases of the fractionative attitude“ de Keniston (1936). Puede ser:

      Angular (Se contempla el transcurso ininterrumpido de una acción entre dos puntos A y B, acentuando el punto C como centro del intervalo delimitado): Juan está molestando a los invitados con sus impertinencias.

      Retrospectiva (Se orienta hacia el futuro. La acción se contempla en su transcurso desde el punto A hasta el C, es decir, hasta el momento del habla): Juan viene molestando a los invitados con sus impertinencias.

      Prospectiva (Se orienta hacia el futuro. La acción se contempla en su transcurso desde el punto A, pasando por el punto C en dirección al punto B): Juan va molestando a los invitados con sus impertinencias.

      Continuativa (Representa una combinación de la visión retrospectiva y la visión prospectiva. Señala la consideración de la acción antes y después del punto C): Juan sigue (continúa) molestando a los invitados con sus impertinencias.

      Comitativa (Se contemplan diversas partes del transcurso de la acción entre los puntos A y B): Juan anda molestando a los invitados con sus impertinencias.

     Dentro de esta Visión, Coseriu y Dietrich incluyen también andar + adjetivo o participio:

      anda enfermo / desesperado.

     Dietrich añade un nuevo tipo de visión, un caso especial de visión „angular“, en el que coinciden los puntos A y B con el comienzo y fin de la acción, la visión extensiva, que al contrario de la global señala la extensión de la acción: Él se quedó pensando.

f)  La fase o grado corresponde aproximadamente al temps objectif de Frei y a los aspectos inceptivo, perfectivo y terminativo de Keniston. La acción verbal se contempla en su desarrollo, pero poniendo de relieve no la visión del desarrollo mismo entre dos puntos, como ocurre en el caso de la visión, sino distintas fases (comienzo, medio o fin) del transcurso de la acción verbal o un punto inmediatamente anterior o posterior a este transcurso. Se distinguen, así, los siguientes tipos de Fase:

      Inminencial (se considera la acción antes de su comienzo): Estoy por (para, a punto de) irme al cine.

      Inceptiva o ingresiva (señala el punto inicial de la acción): ponerse, echarse, romperse, entrar, largarse, coger, agarrar + a + infinitivo. Según Coseriu y Dietrich, en esta fase se incluye también salir + gerundio, mientras que para Cartagena se incluye en la visión globalizadora: Rompió a llorar.

      Progresiva (expresa la consideración de la acción después del comienzo, en su progreso, y aparece en las lenguas románicas como función secundaria de la visión prospectiva): Los precios van aumentando.

      Continuativa (corresponde a la consideración de la acción en el punto medio de la supuesta línea del transcurso de la acción): Llevo trabajando 6 meses en el instituto. Este significado es también implicado por todas las perífrasis de la visión parcializadora y, en parte, por las que expresan la categoría de resultado.

      Conclusiva (significa el enfoque del transcurso de la acción verbal en su término): Él dejó (cesó) de llorar.

      Egresiva (la acción verbal se enfoca inmediatamente después de su término): Acabo de ducharme.  (Coseriu 1976, 103-106); Dietrich 1973, 214-219); Cartagena 1978, 396-400).

Dietrich añade algunas distinciones al sistema de Coseriu. Consideramos el sistema aspectual propugnado por Coseriu el más exhaustivo y el más adecuado de cuantos conocemos para explicar la categoría de aspecto en español. Esta afirmación no supone que creamos que el sistema de Coseriu es perfecto. Pensamos, por ejemplo, que existen en él algunos sincretismos no deseables y una gran dosis de subjetivismo en la determinación de las distintas categorías. Aunque la subjetividad no deje nunca de estar presente en los estudios humanísticos, pensamos que la consideración conjunta de la categorización semántica del sistema verbal, el tiempo, la semántica aspectual y la categorización semántica de los modificadores verbales explicaría muchas restricciones en la realización de las categorías aspectuales de Coseriu y perfeccionaría el sistema.

Dado que el objeto de nuestro trabajo no es el estudio de la categoría de la que tratamos en este apartado, nos contentaremos con la definición de Comrie (1976, 31), quien, en un interesante trabajo sobre el aspecto, señala que „aspects are different ways of viewing the internal temporal constituency of a situation“. A nuestro juicio se trata de una definición adecuada, ya que la mayor parte de los trabajos que conocemos sobre el aspecto no sólo no la contradicen, sino que la desarrollan.“

[Porroche Ballesteros, Margarita: Aspectos de la atribución en español. (Las construcciones con un atributo adjetivo que se refiere al sujeto). Zaragoza: Libros Pórtico, 1990, p. 55 ss.]

„El término «aspecto» es traducción del ruso vid’, que designa un concepto imprescindible en el estudio de la morfología verbal de las lenguas eslavas. Éstas suelen tener para cada acción verbal dos verbos diferentes: uno imperfectivo, que presente la acción o el proceso verbal en su desarrollo («acción lineal»), y otro perfectivo, que expresa la acción o el proceso ya concluidos, fuera de toda idea de desarrollo («acción puntual»).

A mediados del siglo pasado, el lingüista alemán Georg Curtius introdujo la noción de aspecto en el estudio del verbo griego. Pero el término usado por él, Zeitart («clase de tiempo»), no era apropiado para designar el concepto en cuestión, pues el «aspecto» no implica nociones propiamente temporales. Por eso los gramáticos alemanes acabaron sustituyendo aquel término por otro más exacto, Aktionsart («clase de acción»).

Fue la lingüística grecolatina la que difundió la noción de aspecto, al estudiar la manera de expresar la acción verbal en los temas de presente, aoristo y perfecto griegos y la oposición entre las formas latinas del infectum y del perfectum. Pero los cultivadores de la lingüística grecolatina no siempre estuvieron de acuerdo en su manera de entender la noción de aspecto. Según Brugmann, «el aspecto indica cómo se desarrolla la acción» (punto de vista objetivo), mientras que, para Wackernagel, «el aspecto indica cómo se representa la acción el hablante» (punto de vista subjetivo). «La noción de aspecto recubriría así dos hechos tan diversos como los que producen en las formas repicar (manera iterativa de la acción, aneja a su significado) o han repicado (que añade a su significado iterativo, la consideración de hecho terminado, por parte del hablante)» (DTF, s. v. Aspecto).

Entre los estudiosos de las lenguas románicas y germánicas tardó en abrirse paso el concepto de aspecto, mucho menos importante en estas lenguas que en las eslavas, menos importante asimismo que en latín y griego. Inicialmente se pensaba que las lenguas germánicas y románicas no conocían más caracterizaciones del desarrollo de la acción que las de «tiempo» y «modo». Este punto de vista fue abandonado a principios del siglo XX.

Sobre el aspecto en francés escribía en 1922 F. Brunot, La pensée et la langue (cit. por GLLF, 266a) : «Sin tener la importancia que tiene en otras lenguas, la indicación del aspecto contribuye en francés, junto con la datación, a la expresión del tiempo [...]. El tiempo sólo puede indicarse completamente si se expresa, por una parte, en qué momento se realiza la acción, y, por otra, en qué punto de su desarrollo se halla en tal momento». J. Vendryes afirmaba en Le langage, 1923: «El francés no es, pues, incapaz de expresar el aspecto, puesto que halla el medio de hacerlo cuando lo considera necesario. Sólo que el aspecto no es en francés una categoría gramatical regular».

Ni Brunot ni Vendryes ni otros lingüistas franceses de aquellos años usaban aún la distinción entre aspecto y Aktionsart, establecida ya en 1908 por Agrell, al que siguieron otros muchos lingüistas. Esta distinción separaba los valores subjetivos, para los que reservaba el término de aspecto, de los valores objetivos, designados con el término Aktionsart. Los valores subjetivos se expresan en la morfología verbal y se refieren al desarrollo de la acción tal como lo considera el hablante (p. ej. la oposición lat. amabat / amaverat  = acción que está realizándose / acción concluida). Los valores objetivos radican en el significado léxico del verbo (p. ej. en picar / picotear, tirar «disparar» / tirotear = acción que puede realizarse una sola vez / acción repetida).

La terminología no está aún definitivamente fijada. No es extraño, si se tiene en cuenta que los datos son muy diferentes según se trate de las lenguas semíticas o de las indoeuropeas y, dentro de éstas, de las eslavas, del griego y del latín, o de las lenguas germánicas y románicas.

La clase de acción es «inherente al significado de cada verbo» y «su naturaleza es semántica» (Esbozo, 3.13.6). Pero no siempre «carece de morfemas propios que la expresen» (ibid.). Hay afijos que transforman la clase de acción verbal; p. ej., en lat. per-: facere «hacer» (acción durativa) / perficere «terminar» (acción desinente); al. er-: steigen «subir» (acción durativa) / ersteigen «llegar a la cima» (acción desinente); e besar (acción momentánea) / busuquear (acción iterativa), tirar «efectuar un disparo» (acción momentánea) / tirotear «repetir los disparos de fusil de una parte a otra» (acción iterativa).

Por otra parte, el significado normal de un verbo puede verse alterado por el contexto, hasta el punto de que las modificaciones contextuales, es decir, sintácticas, pueden hacer que cambie la clase de acción verbal. «Por ejemplo, saltar, cuya calidad semántica [= clase de acción] es de ordinario momentánea (Salté el foso) o iterativa (El caballo salta los obstáculos sin dificultad), puede adquirir significado permanente cuando aludimos al salto de agua de una catarata [El río salta desde 15 m. de altura]. Escribir es una acción permanente o reiterada en un escritor profesional; pero escribir una carta es una acción desinente, que comienza y acaba» (Ibid.).

En 3.13.7. el Esbozo considera aspectos verbales las modificaciones de los significados propios de los verbos, o de su clase de acción, producidas por medios gramaticales, que pueden ser morfológicos o perifrásticos. «Así, por ejemplo, enojarse (comenzar a sentir enojo) toma aspecto incoativo, que no tiene el verbo enojar, por la añadidura del pronombre reflexivo; lo mismo ocurre entre dormirse (incoativo) y dormir (durativo)». Las modificaciones perifrásticas son las que se producen mediante las perífrasis verbales, estudiadas por el Esbozo en 3.12. «Si comparamos, por ejemplo, la acción que designamos por el verbo escribir con las locuciones tener que escribir, estar escribiendo e ir a escribir, notaremos que al concepto escueto de escribir añade la primera perífrasis la obligación [o, más bien, la necesidad moral] de realizar el acto que se menciona; estar escribiendo significa la duración o continuidad del hecho, y en ir a escribir expresamos la voluntad o disposición de ánimo para ejecutarlo» (3.12.1 a). «Las perífrasis usuales en español son numerosas, y consisten en el empleo de un verbo auxiliar conjugado seguido de infinitivo, gerundio o participio» (ibid.). Dichas perífrasis verbales «denotan aspectos de la acción (progresivo, durativo, perfectivo, etc.), aplicables a cualquier verbo». Por otra parte - añade allí mismo el Esbozo -, «en el sistema de la conjugación, las diferentes formas del verbo conocidas con el nombre de tiempos añaden a la representación estrictamente temporal la expresión de los aspectos perfectivo e imperfectivo». [...] «Son imperfectos todos los tiempos simples de la conjugación española, con excepción del pretérito perfecto simple, o sea: canto, cantaba, cantaré, cantaría, cante, cantara o cantase, cantare. Son perfectos el pretérito perfecto simple, canté, y todos los tiempos compuestos: el participio pasivo que va unido al verbo auxiliar haber comunica a estos últimos su aspecto perfectivo». [...]

El GLLF [Grand Larousse de la Langue Française] establece (págs. 267 a) una distinción importante, que afecta a lo que, siguiendo a J. Brunel, llama ordre du procès, término equivalente a Aktionsart de los gramáticos alemanes y a la «clase de acción» del Esbozo. Según esta distinción, los verbos se dividen en conclusivos  y  no conclusivos, términos de O. Jespersen, A Modern English Grammar, 1931. (Tal distinción la había hecho ya con toda claridad casi un siglo antes Andrés Bello en su Gramática de la lengua castellana, 1848, al hablar de verbos desinentes y permanentes: «Nótese - escribe el insigne gramático - que en unos verbos el atributo, por el hecho de haber llegado a su perfección, expira, y en otros, sin embargo, subsiste durando: a los primeros llamo desinentes, y a los segundos permanentes. Nacer, morir, son verbos desinentes, porque luego que uno nace o muere, deja de nacer o de morir; pero ser, ver, oír, son verbos permanentes, porque si embargo de que la existencia, la visión o la audición sea desde el principio perfecta, puede seguir durando gran tiempo» (O. c., n.° 624 (a) ). Los verbos conclusivos o desinentes rechazan, en principio, todo complemento temporal que exprese duración, como «durante una hora», «durante dos días», «largo tiempo»; no se puede decir, p. ej., «nació durante una hora», «murió durante dos días», «llegó durante largo tiempo». Los no conclusivos o permanentes admiten, en cambio, tales complementos: «Fue profesor durante cuarenta años», «Todo el día vio cómo las olas se rompían contra los acantilados». Son verbos conclusivos o desinentes, entre otros, los siguientes: alcanzar, saltar, salir del huevo, abrirse (una flor), despuntar (el día), entrar, morir, nacer, salir, hallar, etc. No todos los verbos conclusivos expresan una acción instantánea: la acción de desayunar puede durar más de una hora; pero no se dice normalmente «desayunó durante largo tiempo»; la acción de abrirse una flor puede durar varias horas, pero no suele decirse «estas rosas se abrieron durante cuatro horas», aunque sí se diga «estas rosas se abrieron esta mañana», expresión en que el complemento temporal no expresa duración fija, sino un tiempo global, que incluye el momento en que se realizó la acción mentada: desayunar y abrirse son, pues, verbos conclusivos o desinentes.

Son no conclusivos o permanentes los siguientes verbos: amar, aguardar, correr, dormir, habitar, nadar, mirar, reinar, trabajar, vivir, etc. «Hay, por lo demás - aclara el GLLF -, verbos híbridos, de sentido conclusivo o no conclusivo según el contexto: lire, occuper, se taire ... Así, este último verbo es conclusivo cuando se dice: «Les sifflets obligèrent le chanteur à se taire»; no lo es en: «Je me suis tu pendant dix ans»; en la primer frase el verbo significa «faire le silence» [= e «callarse»]; en la segunda, «garder le silence» [= e «estar callado»]». [...]

Esta distinción entre verbos desinentes o conclusivos y permanentes o no conclusivos, situada por el GLLF en el «ordre du procès» y por el Esbozo entre las «clases de acción», es importante lingüísticamente, y también desde el punto de vista de la traducción: un verbo conclusivo de la LT [= lengua terminal] no puede ser equivalente de trad. de un verbo no conclusivo de la LO [= lengua original], ni un verbo conclusivo de la LO puede traducirse por otro no conclusivo de la LT. Son también interesantes desde ambos puntos de vista otras caracterizaciones de la acción verbal, algunas de las cuales constituyen asimismo oposiciones binarias, como las designada por los adjetivos durativo / momentáneo, ingresivo / terminativo, perfectivo / imperfectivo, mientras que otras se presentan aisladas como las designadas por los adjetivos aorístico, complexivo, conativo, intensivo, etc.

Pero resulta discutible la distinción general entre aspecto y clase de acción. Por eso no es extraño que ambos términos sigan usándose a veces como sinónimos. Probablemente, sería más sencillo y más conforme con la realidad lingüística hablar sólo de aspecto, pero dividiéndo esta noción en «aspecto léxico», «aspecto morfológico» y  «aspecto sintáctico». Al mismo tiempo, debe observarse que el aspecto, es decir, la apariencia con que se presenta o se ve la acción, no se da sólo en el verbo, sino en todas las categorías o clases de palabras cuyo significado implica el concepto de acción: además del verbo, ciertos sustantivos, adjetivos o adverbios.

El  «aspecto léxico» es, en el verbo, lo que se ha llamado su  «clase de acción», expresada en el significado del verbo tal como aparece, por ejemplo, en el infinitivo, que expresa la acción en sí misma, sin matices temporales.

El  «aspecto morfológico» se da, en las lenguas románicas, en la oposición entre el imperfecto y el pretérito perfecto simple, como se daba en latín entre los tiempos del tema de presente y los del tema de perfecto: los primeros expresaban la acción en su desarrollo; los segundos, la acción ya concluida. De las lenguas europeas, son las eslavas las que más claramente expresan el aspecto en su morfología verbal. [...] Algunos lingüistas asignan valor aspectual, que podría considerarse morfológico, a ciertas partículas que, en las lenguas germánicas, al unirse al verbo, cambian el matiz con que se presenta la acción significada por él. [...] Lo mismo podría decirse del alemán, en el que, antepuesta a un verbo, la partícula an puede indicar el comienzo de la acción (aspecto incoativo), p. ej. en anblicken, andrehen, anfahren, angreifen; a veces, su intensificación, p. ej. en andauern, andrücken, etc. Para aus: ausbezahlen, ausbilden, austrinken, en los que aus modifica el significado básico del verbo correspondiente dando a la acción denotada el matiz de acabamiento, como sucedía también en lat. con el preverbio ex, p. ej. en exorare, extendere, etc. Algunos ejemplos de verbos españoles, que, al anteponérseles el preverbio per, refuerzan el aspecto durativo (perdurar, perseguir, pervivir) o bien confieren a su singnificado aspecto intensivo (perjurar, en la acepción de  «jurar mucho o por vicio, o por añadir fuerza al juramento»; pernotar: «notar o advertir bien algo»; perorar: «pedir con instancia».

El  «aspecto sintáctico» se basa en el significado de un enunciado entero, es decir, en el contexto, que puede alterar el aspecto léxico o el aspecto morfológico de una forma verbal. Vimos antes que el aspecto léxico (clase de acción) de saltar es normalmente momentáneo (Salté el foso) o iterativo (El caballo salta los obstáculos sin dificultad), pero que el contexto puede convertirlo en durativo, incluso en permanente, p. ej. en el enunciado El río salta desde 15 m. de altura. Sabemos, por otra parte, que la oposición entre el pretérito perfecto simple y el imperfecto consiste en que el primero expresa la acción como terminada, sin atender a su duración, mientras que el imperfecto la expresa como acción en curso, que se realiza en un tramo preciso del pasado, sin atender a su comienzo ni a su fin: «Enrique IV reinó desde 1589 hasta 1610» y  «Enrique IV reinaba en 1604», el pretérito perfecto simple reinó expresa, gracias al contexto, una duración mayor que la del imperfecto reinaba: ésta no supera un año, mientras que aquélla se extiende a veintiuno.

F. Lázaro Carreter, en su DTF [Diccionario de términos filológicos], registra las siguientes clases de aspectos: acomodativo, aorístico, aparicional, biextensivo, comitativo, complexivo, cursivo, durativo, efectivo, extensivo, flexional, frecuentativo, imperfectivo, ingresivo, instantáneo, intensivo, iterativo, lineal, momentáneo, perfectivo, progresivo, puntual, resultativo, sintagmático, tensivo y terminativo.

Pueden mencionarse, además, los aspectos continuativo y semelfactivo, secante y no secante, reciente e inminente, estudiados junto con los aspectos tensivo, extensivo y biextensivo por el GLLF.“

[García Yebra, V.: Teoría y práctica de la traducción. 2 vols. Madrid: Gredos, ²1984, Bd. 1, pp. 238-249]

„El GLLF concluye su estudio del aspecto con la siguiente afirmación: «Entre las categorías que hallamos en la mayoría de las lenguas, el aspecto es una de las que más difieren, en cuanto a sus manifestaciones morfológicas, entre una estructura y otra». Esto no implica que en una lengua no puedan reproducirse los diversos  «aspectos» expresados por otra; implica sólo que los medios usados para reproducirlos pueden ser diferentes, de manera que, por ejemplo, un aspecto que en una lengua se expresa morfológicamente tendrá que ser reproducido en otra por medios sintácticos o léxicos.“

[García Yebra, V.: Teoría y práctica de la traducción. 2 vols. Madrid: Gredos, ²1984, Bd. 1, pp. 254]

„El alemán, en su manera de presentar el pasado, no conoce ni el aspecto puntual ni el durativo. Cuando necesita expresar estos aspectos, tiene que utilizar recursos ajenos al verbo exponente de la narración, p. ej. partículas adverbiales o conjuntivas, auxiliares de modo, perífrasis, que apoyarán a los dos tiempos de que dispone para expresar el pasado, cuya estructura semántica, sobre todo la del «pretérito», corresponde bastante mal a la de los tiempos románicos.

El pretérito es el tiempo propio de la narración. Pero expresa el acontecimiento pasado contemplántodolo exclusivamente desde el exterior, objetivamente, en su aspecto concreto. El perfecto, en cambio, adopta un punto de vista subjetivo; contempla el presente del hablante. Tiene en común con el passé composé francés una perspectiva subjetiva y el hecho de ser un tiempo compuesto con los auxiliares equivalentes a être y avoir: sein y haben; y también el pertenecer más específicamente a la lengua hablada que el «pretérito», aunque éste es en ella bastante más frecuente que el passé simple en francés. [...]

Malblanc relaciona a continuación algunas traducciones características, en primer lugar, del imperfecto francés, cuyos diversos aspectos pocas veces pueden ser reproducidos por el «pretérito» alemán solo. Nos interesan desde el punto de vista de la traducción del alemán al español, pues muestran cómo en ella puede prescindirse de los recursos usados por el alemán en apoyo de su «pretérito», sin necesidad de buscarles apoyos formales en la traducción del alemán a las lenguas románicas. Veamos algunos ejemplos concretos.

Aspecto durativo:

El uso de verbos alemanes de aspecto léxico durativo, como sein, wohnen, bleiben, stehen, etc., facilitan la transposición de este aspecto. Tales verbos no necesitan recursos ajenos para reproducir con su «pretérito» el aspecto durativo del imperfecto francés o, en general, románico:

Déjà tous deux étaient dans l’escalier.

Aber die beiden waren bereits im Treppenhaus.

Norma para la traducción del alemán al español: El «pretérito» de los verbos de aspecto léxico durativo debe traducirse normalmente por nuestro imperfecto. Pero, a veces, un complemento de tiempo puede dar a este pretérito aspecto perfectivo, y en tal caso deberá traducirse por nuestro pretérito perfecto simple [indefinido]:

Charlotte wohnte drei Wochen in der Hütte gegenüber. =

Charlotte vivió tres semanas en la cabaña de enfrente.

Aspecto iterativo:

El imperfecto puede expresar la repetición habitual de una acción, cuyo aspecto es entonces iterativo:

À partir de ce premier soir Vincent s’amenait vers onze heures, causait un quart d’heure avec Robert, puis montait au premier. =

Seit diesem ersten Abend pflegte Robert Vincent aufzusuchen und eine Viertelstunde mit ihm zu plaudern.

Prescindiendo de lo inadecuado de la traducción, que invierte la atribución del sujeto y omite la última frase, es acertado el comentario de Malblanc: «El uso de pflegen + infinitivo es corriente en la traducción del imperfecto iterativo». Por consiguiente, el «pretérito» de pflegen + infinitivo puede traducirse al francés y al español por el imperfecto del verbo que en alemán va en infinitivo:

Er pflegte morgens zeitig aufzustehen.

Se levantaba temprano. / Madrugaba.

Mein Vater pflegte zu sagen, dass ...

Mi padre solía decir que ... / Mi padre decía que ...

Aspecto progresivo:

Malblanc se limita aquí a citar los dos ejemplos siguientes:

Antonio arriva le matin. Toussaint préparait sa salle des malades.

In der Früh kehrte Antonio zurück. Toussaint war damit beschäftigt, den Raum für den Besuch der Kranken zu richten.

Mme. Herpain (on lui parle), d’un mouvement machinal, savonnait son cou et ses bras.

Frau Herpain fuhr mechanisch fort, Hals und Arme einzuseifen.

Giros como er war damit beschäftigt ... zu + infinitivo pueden traducirse al español por el imperfecto del verbo correspondiente al que en alemán va en infinitivo; a veces, por el imperfecto de estar + gerundio:

Gertrud war gerade damit beschäftigt, Gardinen aufzuhängen, als ich ankam.

Gertrudis estaba colgando cortinas cuando yo llegué.

En cambio, er fuhr fort, zu + infinitivo corresponde más bien a nuestro siguió + gerundio. La trad. e de un texto alemán como Frau H. fuhr fort, Hals und Arme einzuseifen no sería propiamente «La señora H. enjabonaba ...», sino «siguió enjabonando ...». Esto hace pensar que la traducción alemana de savonnait  («enjabonaba») por fuhr fort ... einzuseifen no es adecuada.

Imperfecto evocador:

Aquí, como en los dos ejemplos anteriores, el aspecto se reproduce en alemán con la ayuda de un verbo complementario:

Olivier se tut. Un gouffre entre Bernard et lui se creusait.

Olivier verstummte. Ein Abgrund schien sich aufzutun zwischen Bernhard und ihm.

La traducción alemana, que reproduce bien el aspecto progresivo de se creusait, se aparta, en cambio, semánticamente del original: no es lo mismo «abrirse» (proceso real) que «parecer abrirse» (proceso aparente).

Malblanc caracteriza «pretérito» alemán frente al imperfecto francés con la siguiente oposición, que puede extenderse al imperfecto románico: «Encerrado en sí mismo, concreto, movible, el «pretérito» no tiene la iluminación interior del imperfecto francés. Por eso, para traducir éste lo mejor posible, el traductor alemán añade al pretérito, según los casos, un schon, un eben, so eben, gerade, dabei, jetzt, nur, oft, immer, da, dann, damals, a veces un adverbio: plötzlich, langsam, gewöhnlich, luces externas más o menos discretas, que iluminan las relaciones del pretérito con su entorno y responden al gusto alemán por los enlaces abundantes y precisos». Se trata, pues, de reproducir por medios léxicos y sintácticos un aspecto que en el imperfecto de las lenguas románicas es morfológico. Malblanc cita tres ejemplos:

Il eut une crise pendant la nuit. Sa femme était à Compiègne ...

Während der Nacht hatte er einen Anfall. Seine Frau weilte gerade in Compiègne ...

«Nótese también - advierte Malblanc - el weilte durativo». Este carácter de weilt bastaba para reproducir el aspecto durativo de était «estaba»; precisamente por que weilen «permanecer» indica una estadía de cierta duración, gerade no refuerza aquí, sino que limita la duración de weilt: «permanecía en aquel momento» = était «estaba», cuya duración se limita por un alors «entonces» implícito en el contexto: su mujer no vivía habitualmente en Compiègne, pero estaba allí cuando él tuvo la crisis:

Il devenait très jaune.

La mer montait.                             

Dabei wurde er ganz gelb.

Langsam stieg die Flut.

En el último ejemplo, el pretérito steigen, verbo durativo, reforzado por el adverbio langsam «lentamente», reproduce el aspecto progresivo del imperfecto mejor que wurde (el «devenir» puede ser casi instantáneo) apoyado por dabei «al mismo tiempo», adverbio que no expresa el avance de la acción sino su simultaneidad con otra. De la preferencia alemana por el uso de partículas como simple apoyatura aspectual de los verbos se deduce la conveniencia de omitirlas en la traducción cuando acompañan al «pretérito», poniendo el verbo románico en imperfecto:

Hans arbeitete und hörte dabei Radio.

Hans trabajaba y oía la radio.

Cerramos, pues, este apartado sobre el aspecto con la siguiente observación: desde el punto de vista de la traducción, percibir con claridad el aspecto léxico, morfológico o sintáctico de la acción (recordemos que la acción no se expresa sólo con el verbo, sino que puede expresarse también en el sustantivo, y su aspecto puede ser determinado por el adjetivo y por el adverbio) es tan necesario para reproducirlo adecuadamente como comprender el significado léxico, morfológico y sintáctico de cualquier palabra para darle un equivalente de traducción apropiado. Como advierte G. Mounin: «en no pocas lenguas, el aspecto de la acción es mucho más importante gramaticalmente que la fijación de los tiempos en que se sitúa; esto es conocido por todos los lingüistas, incluso sin salir del indoeuropeo».

Es también notorio que las distintas familias de lenguas no se corresponden en cuanto a los medios de que disponen para expresar el aspecto de la acción. Las lenguas románicas utilizan la oposición imperfecto / pretérito perfecto simple [indefinido] (o sus equivalentes) para diferenciar principalmente los aspectos imperfectivo y perfectivo. En las lenguas germánicas no hay un tiempo equivalente al imperfecto románico. Pero también es aplicable a la expresión del aspecto la afirmación general reiterada por R. Jakobson en su breve pero sustancioso artículo «On Linguistic Aspects of  Translation» (en On Translation, ed. by R. A. Brower, Cambridge, Mass., Harvard University Press, 1959): «Toda experiencia intelectual y su clasificación es transferible a cualquier lengua» (pág. 234). «Ninguna carencia de instrumento gramatical en la lengua a la que se traduce impide la traducción literal de toda la información conceptual contenido en el original» (pág. 235). «Si una lengua carece de alguna categoría gramatical, su sentido puede traducirse a esta lengua por medios léxicos» (ibid.).1

[García Yebra, V.: Teoría y práctica de la traducción. 2 vols. Madrid: Gredos, ²1984, Bd. 1, pp. 256-261]

______________

1       M. Wandruzska dedica el capítulo XX de su libro Nuestros idiomas: comparables e incomparables, págs. 510-534, a mostrar los diversos recursos utilizados por las lenguas allí comparadas para expresar diferentes aspectos de la acción. Es muy útil la lectura de todo el capítulo, sobre todo de las págs. 511 s., 518 y 527-534.   

Aspecto (alem. Aktion, Aktionsart, Aspekt; ital. y franc. Aspect).

Se trata de una de las nociones más difíciles y debatidas en la Lingüística actual. Con este término se designan matices no temporales del desarrollo de la acción verbal, que evocan las diversas formas verbales. Así, canté - cantaba son formas que explican ambas un tiempo pasado; pero canté implica el término de la acción, mientras que cantaba no lo implica. La palabra aspecto es traducción del ruso vid’; en la gramática eslava – como en el verbo indoeuropeo antiguo, en otras lenguas de este tronco y en semítico – el aspecto juega un papel primordial, dado que para cada noción verbal el eslavo posee, por lo general, dos verbos diferentes; uno imperfectivo, con el cual el hablante se representa la acción en curso de realización, y otro perfectivo, con que ve la acción en su totalidad, fuera de toda idea de desarrollo. De este modo, el aspecto, en eslavo, es de carácter subjetivo. Esta noción, desde que, en 1846, la introdujo en la lingüística greco-latina Georg Curtius, con un término poco afortunado (Zeitart ‘modo de tiempo’; pero el aspecto no alude a nociones temporales) ha conocido un gran éxito, se ha aplicado a los más diversos sistemas gramaticales, y ha recubierto nociones distintas, cuando no contradictorias. Así, Brugmann la definió de este modo: «El aspecto indica la manera como se desarrolla la acción» (punto de vista objetivo); mientras que Wackernagel asegura que «el aspecto indica la manera como el hablante se representa la acción» (punto de vista subjetivo). La noción de aspecto recubriría así dos hechos tan diversos como los que se producen en las formas repicar (manera iterativa de la acción, aneja a su significado) o han repicado (que añade a su significado iterativo, la consideración de hecho terminado, por parte del hablante). Para evitar esta duplicidad de significados, Agrell (1908), seguido por otros muchos lingüistas (Jacobsohn, Porzig, Hermann, Van Wijk, Faddegon, etc.), propuso la distinción entre aspecto y Aktionsart. El aspecto presentaría el punto de vista subjetivo del hablante, y le convendría la definición dada por J. Brunel (1946): «El aspecto es la categoría gramatical con que se expresan los puntos de vista positivos o negativos del desarrollo y el fin del proceso». La Aktionsart, por el contrario, expresaría los caracteres objetivos del proceso y tendría un carácter fundamentalmente semántico; así, la oposición canta mucho / canta una copla se basaría en la existencia de dos Aktionsarten distintas. El mismo carácter tendría la oposición entre verbos desinentes y permanentes, establecida por Bello. No obstante estos esfuerzos por separar ambas nociones, los términos Aktionsart y aspecto se emplean muchas veces como estrictamente sinónimos. En el verbo románico, como en el latino, la categoría de aspecto se da entremezclada con la de tiempo; una forma como cantaba explica tiempo pretérito e implica aspecto inacabado o imperfecto. Para la expresión de matices aspectuales o de Aktionsart, se acude a recursos morfológicos (afijos y perífrasis, sobre todo) no bien estudiados (cfr.: golpear / golpetear; iba a entrar, etcétera). Y se han señalado numerosas clases de aspectos y Aktionsarten: durativo, momentáneo, ingresivo, complexivo, perfectivo, iterativo, frecuentativo, terminativo, imperfectivo, sintagmático, aorístico, resultativo, intensivo, puntual, progresivo, cursivo, acomodativo, aparicional, comitativo, extensivo.“

[Lázaro Carreter, Fernando:  Diccionario de términos filológicos. Madrid: Gredos, ³1968, p. 63-64]

«Aspecto

Según Fernando Lázaro Carreter (Diccionario de términos filológicos), este término es la traducción de la palabra rusa VID; procede, por tanto, de las lenguas eslavas, en las que esta noción desempeña un papel primordial.

En realidad, el primero que tuvo la intuición de que las formas verbales envolvían algo más que una simple idea temporal fue Georges Curtius. En un estudio sobre los tiempos y modos del verbo griego y latino, publicado en 1846, introdujo esta noción aspectual y la idea de que el imperfecto expresaba la duración y el aoristo la simple acción verbal desprovista de todo matiz accesorio. Esta idea abría nuevas perspectivas en la interpretación de los llamados tiempos verbales y, desde entonces, los lingüistas no han dejado de plantearse dicha cuestión, sin llegar por ello a un acuerdo, como demuestra la abundantísima bibliografía que ha proliferado sobre dicho tema.»

[Andrés Suárez, Irene: El verbo español. Sistemas medievales y sistema clásico. Madrid: Gredos, 1994, p. 23 n. 2]

„Otro principio de clasificación de los tiempos completamente diferente está relacionado con el concepto de «aspecto». En general, este concepto adopta la forma de una bimembración al distinguir aspecto perfectivo y aspecto imperfectivo. Esta teoría aparece con la pretensión de corregir las imperfecciones de una doctrina de los tiempos adscrita únicamente al concepto de Tiempo. El nuevo método puede condensarse en la fórmula siguiente: Tiempo + aspecto = tiempos.

En la línea de búsqueda de una explicación a las contradicciones inevitablemente surgidas, al intentar adaptar el tiempo gramatical al tiempo físico, hay que situar la teoría de Weinrich.

Para este autor, dado que la capacidad combinatoria de las formas verbales en el contexto es limitada (como consecuencia de la «consecutio temporum»), los tiempos se distribuyen en dos grupos temporales: grupo temporal I y grupo temporal II. En cada uno de los dos grupos está comprendido todo el Tiempo del Mundo desde el pasado más remoto hasta el futuro más lejano. El grupo II predomina en la novela y en todo tipo de narración oral o escrita. El grupo I predomina en la lírica, el drama, el diálogo en general, el periodismo, el ensayo literario, la exposición científica ..., es decir, predomina en las situaciones comunicativas en las que el mundo no es relatado sino comentado.

Mundo narrado y mundo comentado:

Siempre que se emplean los tiempos del mundo narrado, toda la situación comunicativa se desplaza a otro plano. Esto no significa desplazamiento de la acción al pasado, sino a otro plano de la conciencia, situado más allá de la cotidiana temporalidad. Así el Tiempo narrado es de otra especie que el Tiempo vivido, por ello el mundo narrado con su Tiempo narrado no puede ser identificado con ninguna fracción del Tiempo del mundo comentado o Tiempo vivido y, mucho menos, con la porción de Tiempo llamado pasado.

Como conclusión podemos decir que Weinrich sustituye la igualdad tiempo verbal = Tiempo, por la ecuación tiempo verbal = comportamiento del hablante articulado en los dos grupos temporales del mundo comentado y del mundo narrado.

Ahora bien, ¿qué es lo que ocurre con la teoría del aspecto? Para este autor la doctrina del aspecto es, al menos en las lenguas románicas, falsa y engañosa, ya que no existen aspectos lingüísticos. Como ejemplo que demuestra tal afirmación cita «la Guerra de los Cien Años duró en realidad ciento dieciséis años», donde una acción duradera está expresada por un perfecto simple (tiempo al que se le caracteriza por su aspecto perfectivo, puntual ...). En «daba la una cuando entró», una acción puntual está expresada por un imperfecto (tiempo al que se le caracteriza por su aspecto durativo, iterativo, habitual ...). Ello quiere decir, según Weinrich, que a partir de los tiempos no puede determinarse el aspecto (o cualidad formal del proceso). En cambio, sin los tiempos, partiendo de la significación de las palabras y de la experiencia extralingüística, puede determinarse con la máxima exactitud esa cualidad formal.

Ya que sin los tiempos puede determinarse la cualidad formal de un proceso, y sólo con ellos no puede determinarse en absoluto, habrá que suponer, nos dice este autor, que los tiempos tienen tan poca relación con la cualidad formal de los procesos como con el Tiempo.“

[Urrutia Cárdenas, H. / Álvarez Álvarez, M.: Esquema de morfosintaxis histórica del español. Bilbao: Publicaciones de la Universidad de Deusto, ²1988, pp. 277-279]

"El aspecto

El aspecto (infectum / perfectum), que se refiere al tiempo inmanente de la acción, era una de las categorías semántico-gramaticales fundamentales, sobre la que descansaba la conjugación del verbo latino; no obstante, en romance va a ser menos pertinente. Ya en latín tardío las formas en función del aspecto van a dar valores de tiempo, tendencia que pasará a las lenguas románicas y que permanece viva todavía hoy.

En latín se expresaba a nivel desinencial o flexional, es decir, en las terminaciones de los verbos.

El infectum hace referencia a una acción cuyo tiempo no se ha concluido totalmente, mientras que el perfectum indica que tal tiempo se ha ido consumiendo.

Los tiempos del infectum (presente, imperfecto y futuro imperfecto) tenían un contenido similar a sus correspondientes románicos. Los tiempos del perfectum (pretérito perfecto, pretérito pluscuamperfecto y futuro perfecto) se parecían desde el punto de vista del contenido en el pasado, puesto que incluían en su esfera semántica la relación de anterioridad. En latín tardío el valor de anterioridad llegó a ser predominante, y a veces incluso eliminó al perfectivo. Este hecho contribuyó al acercamiento semántico de los tres tiempos del perfectum, que llegaron hasta confundirse. Así, los valores de las formas del perfectum acaban siendo temporales, puesto que significaban tiempo más que terminación o acabamiento.

Pero puesto que la categoría del aspecto no se pierde (aunque sí su forma de expresión), se crean en el mismo latín tardío nuevas formas perifrásticas, que expresarán los viejos valores perfectivo-resultativos. Se puede hablar, por tanto, de una segunda etapa de formación de perífrasis verbales. En ellas se coloca primero el verbo auxiliar y luego el participio del verbo que se conjuga."

[Urrutia Cárdenas, H. / Álvarez Álvarez, M.: Esquema de morfosintaxis histórica del español. Bilbao: Publicaciones de la Universidad de Deusto, ²1988, p. 280]

Aspecto

El ‘aspecto’ es una categoría lingüística asociada con el verbo, que abarca las diferentes perspectivas (el inicio, la continuidad, la reiteración, la conclusión) desde las que se puede enfocar el desarrollo de la acción, estado o proceso, con independencia de lo que exprese la categoría gramatical TIEMPO. Así, por ejemplo, para la mayoría de las gramáticas del español, en «Luis escribió un libro», y «Luis escribía un libro», escribía y escribió coincidirían en expresar un mismo tiempo, pasado, pero se diferenciarían por el ‘aspecto’: escribió presenta la acción como algo concluso, cerrado (aspecto perfectivo), en tanto que escribía la enfoca en su desarrollo interno (aspecto imperfectivo).

Es de advertir, no obstante, que existen notables diferencias en los estudios gramaticales en lo que concierne a los límites que asignan a esta categoría, así como en lo que atañe a la identificación de las unidades lingüísticas (morfema del verbo, perífrasis verbales, sintagma verbal, etc.) que permiten expresar en una lengua el ‘aspecto’ (cf  Fernández Pérez, 1993).

1.     En el sentido más restrictivo del término, el ‘aspecto’ abarcaría sólo las distintas perspectivas desde las que se puede enfocar la acción, estado o proceso denotado por el verbo cuando dichas perspectivas se expresan mediante la flexión verbal. Es el caso, antes comentado, de la oposición existente entre escribió y escribía.

2.     Es, sin embargo, más usual, que se incluyan también en la categoría ‘aspecto’ las diferentes perspectivas que se pueden manifestar a través de perífrasis verbales. Así, en «De repente se puso a hablar» y en «Estuvo hablando toda la tarde», la misma acción de hablar se presentaría, mediante una perífrasis verbal, con dos significaciones aspectuales distintas: en «De repente se puso a hablar» se destaca la fase inicial de la acción (aspecto incoativo); en «Estuvo hablando toda la tarde» se destaca la prolongación de su desarrollo, su duración (aspecto durativo). Cf  aspecto gramatical.

3.     En un sentido más amplio del término, se incluyen también en la categoría ‘aspecto’ los diferentes matices del desarrollo de una acción, estado o proceso que se expresan mediante la combinatoria sintagmática del verbo con sus complementos. Según esta acepción, se podría decir que «Juan leyó un libro (en dos horas)» implican clases aspectuales distintas: mientras el primer enunciado denota un evento télico, una acción que tiene asignada una meta, un término, el segundo expresa una situación atélica, una actividad sin una meta concreta.

4.     En una última extensión del término, que borra definitivamente los límites entre Aktionsart y ‘aspecto’, se consideran incluidas en esta categoría ‘aspecto’ las diferencias en el desarrollo de la acción, estado o proceso que están implicadas en el propio significado del verbo ( cf  aspecto inherente o aspecto léxico). Por ejemplo, partiendo de este sentido más amplio del término, se puede decir que saber y saltar implican ‘aspectos’ distintos. Si el primero presupone un intervalo amplio de tiempo para el desarrollo del estado a que hace referencia, la acción denotada por saltar requiere, para su realización, sólo un momento.”

[Alcaraz Varó, Enrique / Martínez Linares, María Antonia: Diccionario de lingüística moderna. Barcelona: Editorial Ariel, 1997, p. 71-72]

Aspecto gramatical

El término ‘aspecto gramatical’ (cf Comrie, 1976; Siewierska, 1991) se ha empleado para aludir a las significaciones vinculadas a la categoría aspecto, en su sentido más general (aquel en que no se distingue del modo de acción o Aktionsart), que no se expresan por medios léxicos (no se asocian al propio significado del verbo) sino mediante recursos gramaticales: la morfología verbal, o las perífrasis verbales. Suele oponerse a aspecto inherente o aspecto léxico.”

[Alcaraz Varó, Enrique / Martínez Linares, María Antonia: Diccionario de lingüística moderna. Barcelona: Editorial Ariel, 1997, p. 72]

Aspecto inherente o aspecto léxico

El término aspecto inherente o aspecto léxico (cf Comrie, 1976) se ha utilizado para hacer referencia a las significaciones vinculadas a la categoría aspecto, en su sentido más general (aquel en que no se distingue del modo de acción o Aktionsart), que vienen expresadas por el propio lexema verbal. Suele oponerse a aspecto gramatical. ‘Aspecto inherente’ es, por tanto, equivalente a modo de acción o Aktionsart.”

[Alcaraz Varó, Enrique / Martínez Linares, María Antonia: Diccionario de lingüística moderna. Barcelona: Editorial Ariel, 1997, p. 73-74]

La aspectualidad

El término ‘aspecto’ abarca un amplio conjunto de informaciones relacionadas con el modo en que tiene lugar el evento descrito por un predicado.

El aspecto informa sobre la manera en que un evento se desarrolla u ocurre: implicando un cambio (por ejemplo, en el caso de madurar) o la ausencia de cambio (por ejemplo, en el caso de estar verde); alcanzando un límite (por ejemplo, llegar) o careciendo de él (viajar); de forma única (por ejemplo, disparar) o repetida (ametrallar); de forma permanente (ser español), habitual (cortejar) o intermitente (parpadear).

El aspecto informa también sobre la extensión temporal del evento: un periodo no acotado de tiempo (como en el caso de ser inteligente), un intervalo acotado (en el caso de madurar) o un instante (en el caso de explotar); sobre cuál es la fase principal del evento descrito: el inicio (como en florecer), la fase media (como en envejecer) o la fase final (como en nacer); asimismo, el aspecto puede informar sobre la intensidad con que el evento tiene lugar: por ejemplo, peinar es un evento de intensidad neutra con respecto al intensito repeinar y al atenuativo atusar.

Teniendo en cuenta estas (y otras) informaciones, los eventos se caracterizan como dinámicos (madurar) o estáticos (estar verde), delimitados (llegar) o no delimitados (viajar), semelfactivos (hacer un disparo) o iterativos (ametrallar), permanentes (ser español), frecuentativos (cortejar), intermitentes (parpadear), durativos (ser inteligente, madurar) o puntuales (explotar), ingresivos (florecer), progresivos (envejecer) o terminativos (nacer), intensivos incrementativos (repeinar) y atenuativos (atusar), entre otras posibles clasificaciones.

Estas informaciones relativas al evento pueden manifestarse en las distintas lenguas a través de diferentes procedimientos; en español, pueden estar contenidas en la raíz verbal, como en llegar frente a viajar; en este caso, será el comportamiento sintáctico del verbo el que nos ayude a discriminar su información aspectual. Pueden venir proporcionadas por ciertos morfemas derivativos, como ocurre en repeinar frente a peinar. Y pueden también ser aportadas por los morfemas flexivos, por perífrasis y por otros elementos del contexto en que se incluye un determinado verbo. […]

Antes de presentar los datos relevantes y los fenómenos que contribuyen a establecerlos, conviene contar con una definición clara del aspecto y, más en concreto, del ‘aspecto léxico’. Para ello comenzaré por enmarcar el aspecto léxico dentro del ámbito general de la ‘aspectualidad’. Una vez hecho esto, delimitaré su contenido del correspondiente a la categoría verbal de ‘aspecto flexivo’. Y, por último, mencionaré las diferencias básicas entre el aspecto (léxico y flexivo) y el ‘tiempo’, categoría con la que se encuentra en estrecha relación. […]

El término ‘aspecto’ se ha usado normalmente para aludir a la información (o al conjunto de informaciones) que un predicado proporciona sobre la manera en que se desarrolla y distribuye un evento en el tiempo. Ahora bien, esa información puede manifestarse formalmente de muy diversas maneras en las distintas lenguas; entre otras

(a)   A través de recursos relacionados con las formas verbales: por ejemplo, usando temas distintos para un mismo verbo (el caso del árabe); mediante parejas de verbos autónomos (en las lenguas eslavas); oponiendo las formas de un mismo verbo por medio de afijos flexivos – el caso de la pareja perfecto simple/imperfecto (llegó/llegaba) en español y otras lenguas romances; mediante la oposición entre un presente simple y un presente perifrástico (por ejemplo, en el par de oraciones A menudo como potaje / Estoy comiendo potaje, cuyo primer miembro indica una acción habitual frente al segundo, que denota una acción que ocurre una vez; o a través de perífrasis verbales del tipo de empezar a y acabar de (mecanismo del que el español posee un amplio y variado conjunto).

(b)  Además, y es el caso concreto del español, la información aspectual puede venir proporcionada por las unidades léxicas cuando funcionan como predicados. En concreto, los verbos – los predicados por excelencia – son portadores, por el propio contenido semántico de su raíz, de información relacionada con el modo en que tiene lugar el evento que describen (con o sin límite, con o sin duración, de forma única o repetida, etc.). Esta noción léxico-semántica es lo que se conoce tradicionalmente con el término alemán de Aktionsart o con su traducción más frecuente, ‘modo de acción’. Aquí se utilizará el término de ‘aspecto léxico’ para hacer referencia a esta propiedad semántica inherente a los predicados.

El hecho de que la información atribuida al aspecto se manifieste en las diversas lenguas a través de mecanismos gramaticales muy diferentes ha sido causa de desacuerdo sobre la concepción y definición de la noción. Con frecuencia se han englobado bajo el término ‘aspecto’ tanto la noción básica como la categoría verbal que en algunas lenguas la manifiesta. Precisamente para evitar esta confusión, aquí se utilizará el término ‘aspectualidad’ (sugerido por paralelismo con propiedades de la predicación bien establecidas en nuestra tradición lingüística, como la temporalidad o la modalidad). El término fue propuesto por Maslov (1978) para referirse al campo semántico de los significados aspectuales. Y su adopción permite en efecto distinguir la noción semántica global de sus diversas manifestaciones en las lenguas, en forma de categorías léxicas o funcionales.

Desde esta perspectiva, la ‘aspectualidad’ se considera una noción semánticamente homogénea, una zona única de contenido. Constituye una propiedad general de los predicados que presenta en cambio muy variadas manifestaciones (a través de mecanismos morfológicos sistemáticos, diferencias léxicas y sintácticas). Las lenguas divergen a la hora de seleccionar los mecanismos por medio de los cuales van a manifestar la información sobre la aspectualidad de un predicado.”

[Elena de Miguel: “El aspecto léxico”, en: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, Vol. 2, pp. 2979-2981]

«Podríamos imaginar el aspecto como una lente o telescopio que nos permite contemplar de modo diferente una situación. El tipo de situación depende del modo de acción del predicado; lo que hace el aspecto es proporcionarnos una determinada visión de esa situación. Si la lente sólo nos permite ver una parte interna de la situación y no el principio ni el final, hablamos de aspecto Imperfecto. Si la lente, en cambio, nos permite ver toda la situación, desde su principio hasta su final, hablamos de aspecto Perfectivo o Aoristo. Si la lente lo que nos muestra son los resultados de un evento, entonces nos encontramos ante el aspecto Perfecto.

Morfológicamente el aspecto Imperfecto está representado por las formas verbales denominadas presente y pretérito imperfecto. La forma más representativa del aspecto Perfecto o Aoristo es el pretérito perfecto simple, también llamado pretérito indefinido. Las formas compuestas con haber son ambiguas y pueden expresar tanto el Perfecto como el Aoristo. Las formas simples de futuro, esto es, el futuro simple y el condicional simple, tienen un valor aspectual llamado Neutral, que, dependiendo de las ocasiones, pueden presentar tanto el comportamiento del Imperfecto como el del Perfectivo o Aoristo.  Tenemos, pues, en español cuatro distintas variedades aspectuales.

 

Aspecto

Forma verbal

Imperfecto

presente / pretérito imperfecto

Perfectivo o

Aoristo

pretérito perfecto simple

todas las formas compuestas con haber

Perfecto

todas las formas compuestas con haber

Neutral

futuro simple

condicional simple

 

Para evitar confusiones al lector entre los términos ‘Perfectivo’ y ‘Perfecto’, utilizaremos la denominación ‘Aoristo’ para referirnos al primero. […]

Si prescindimos de la metáfora de la lente y queremos definir científicamente el aspecto, podemos entenderlo como la relación temporal no deíctica entre dos intervalos de tiempo. El primer intervalo es el tiempo efectivo de la situación, el tiempo ‘real’ si queremos, el segundo intervalo es la parte de la situación que hace visible el aspecto. Solamente la parte visible es afirmada en la oración.»

[García Fernández, Luis: “Los complementos adverbiales temporales. La subordinación temporal”, en: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, Vol. 2, § 48.1.2]

La aspectualidad y sus manifestaciones: sumario

El cuadro que se incluye a continuación ilustra de forma resumida las posibilidades de expresión de las distintas informaciones contenidas en la aspectualidad. Está basado en el esquema propuesto por Maslov (1978: 21) y ha sido ligeramente adaptado a la situación específica del español. Se limita a recoger, en el caso del aspecto léxico, la información que aportan los verbos: obvia, pues, la información aspectual proporcionada por otras unidades léxicas – como nombres o adjetivos –, cuyo estudio corresponde a otros capítulos de este volumen (cf. supra, nota 15). Aunque supone una visión muy general y simplificada, espera resultar aclaratorio. En él se refleja cómo el aspecto léxico, modo de acción o Aktionsart constituye un sistema de naturaleza híbrida, compleja, en el que intervienen factores de índole léxico-semántica y léxico-sintáctica (algunos de los cuales aún no han sido mencionados aquí; por ejemplo, la negación, de la que después se comentará algún efecto en la interpretación aspectual del predicado).

 

Aspectualidad

verbal

oracional

oposición de formas de un mismo verbo

(oposición imperfecto / perfecto simple)

afijos

derivativos

(re-)

oposición

de clases

aspectuales

de verbos

(los “modos

de acción”:

viajar/llegar)

ciertas

combinaciones

de verbos

(modos de acción

analíticos: las

perífrasis

verbales)

marcas

léxicas y

funcionales

(adverbios,

negación)

características

gramaticales

de los participantes

en el evento

(función semántica

y sintáctica, número,

determinación y

cuantificación)

aspecto flexivo

aspecto léxico

aspecto léxico-sintáctico

[Elena de Miguel: “El aspecto léxico”, en: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, Vol. 2, p. 2992-2993]

El concepto de aspecto léxico o Aktionsart

Por lo general, con el nombre de ‘aspecto léxico’ se alude a la información aspectual contenida en las unidades léxicas que constituyen predicados.

Corresponde a Aristóteles el mérito de ser el primer autor conocido que observó la existencia de diferentes clases de verbos en relación con el aspecto léxico. En el libro IX de su Metafísica, Aristóteles señaló la existencia de verbos que denotan eventos que han llegado a un punto final y verbos que denotan eventos que carecen de ese punto final. Y se sirvió del perfecto griego para dejar clara la distinción entre los verbos que llamó de kinesis (como construir, llegar, nacer) (. cit., 1048a, 25) y los verbos de energeia (por ejemplo, trabajar, ver, viajar) (ibid., 1048b, 34). Tal y como él mostró, no se da simultáneamente el caso de que uno esté llegando y haya llegado, pero sí de que uno esté trabajando y haya trabajado. (Característica semántica que en la bibliografía actual se conoce con el término de ‘Paradoja Imperfectiva’). Ello indica que el evento descrito por llegar no está completo, realizado, hasta que no alcanza su final, mientras que el denotado por trabajar no implica, no menciona un fin, tiene lugar sin necesidad de acabar. En consecuencia, un evento con punto final que se interrumpe antes de alcanzar el límite no ocurre (Gerardo dejó de construir la casa > «Gerardo no construyó la casa»); en cambio, un evento que carece de punto final ocurre en cualquier momento del intervalo en el que tiene lugar: si se interrumpe, ya ha ocurrido (Gerardo dejó de trabajar > «Gerardo trabajó»).

Por otra parte, un evento delimitado que alcanza su límite interno, no puede continuar. Así, una vez que ha tenido lugar el evento que llegar describe, este no continúa teniendo lugar; constituye un todo cerrado, concluido, que no admite continuación (*El avión ya ha llegado, pero seguirá llegando un rato más); en cambio, un evento que carece de punto final está abierto, admite continuación. Por ejemplo, un verbo no delimitado como viajar, cuyo final no se menciona, presenta el evento mientras ocurre, en desarrollo, y conlleva la posibilidad de seguir ocurriendo (Juan ya ha viajado por toda Europa, pero seguirá viajando un año más).

La distinción señalada por Aristóteles entre eventos que podríamos llamar ‘delimitados’ o ‘perfectivos’ (del latín perfectum, «acabado») y eventos ‘no delimitados’ o ‘no perfectivos’ constituye en realidad la oposición aspectual básica, en la medida en que organiza o cruza la práctica totalidad de las clasificaciones aspectuales de eventos propuestas con posterioridad en los estudios teóricos del aspecto. Dentro de la tradición gramatical del español, la distinción fue recuperada por Bello, quien denominó ‘desinentes’ a los verbos que, como construir, llegar o nacer, denotan un evento cuyo término se ha alcanzado y ‘permanentes’ a aquellos que denotan un evento que «subsiste durando» (Bello 1847: § 625), como trabajar, viajar o ver.

El aspecto léxico, en fin, es la información sobre el evento (por ejemplo, sobre si es delimitado o no delimitado) que proporcionan las unidades léxicas que actúan como predicados. No sólo los verbos sino cualquier unidad léxica que actúe como predicado puede proporcionar información de tipo aspectual. En efecto, también los adjetivos y algunos nombres contienen en ocasiones información aspectual determinante para su compatibilidad con determinados contextos sintácticos.”

[Elena de Miguel: “El aspecto léxico”, en: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, Vol. 2, p. 2982-2983]

«El aspecto léxico frente al aspecto flexivo:

Para la información relativa al desarrollo del evento que viene proporcionada por los morfemas flexivos –en la conjugación española la aportada por las formas compuestas y el perfecto simple frente al resto de las formas simples (construye, construía, construiría)–, suele reservarse el término de ‘aspecto’ con distintos adjetivos. Se habla generalmente de ‘aspecto flexivo’. También se habla de ‘aspecto morfológico’ pero este término resulta menos adecuado puesto que también es morfológica la información de tipo aspectual aportada por los morfemas de tipo derivativo –como el re- iterativo de renacer o rellenar – y tal información es léxica y no flexiva. También recibe el nombre de ‘aspecto verbal’ - en alusión a que sólo los verbos se conjugan y el aspecto léxico en cambio, por cuanto relacionado con las unidades léxicas, abarca otras categorías. Recibe asimismo el nombre de ‘aspecto gramatical’ – en cuanto que supone la gramaticalización de una distinción frente a su expresión por medios léxicos -. Y, por último, también se conoce como ‘aspecto’ stricto sensu en oposición a un aspecto lato sensu, integrados de diversos factores.

Ante tal diversidad de propuestas terminológicas, que encierran divergencias básicas en la concepción, aquí se optará por usar el término ‘aspecto’ (y si es preciso aclarar, ‘flexivo’) frente al ‘aspecto léxico’ o Aktionsart. Uno y otro tienen que ver con el mismo tipo de información, englobada bajo el término ‘aspectualidad’.»

[Miguel, Elena de: “El aspecto léxico”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe. 1999, vol. 2, § 46.1.1.3]

El aspecto frente al tiempo

La estrecha relación existente entre el tiempo y el aspecto es consecuencia del hecho de que ambas nociones tienen que ver con la temporalidad de los eventos verbales, si bien otorgan a esta un tratamiento diferente. En efecto, el ‘tiempo’ es una categoría deíctica: localiza el evento verbal en un tiempo externo, orientándolo bien en relación con el momento de habla, bien en relación con el tiempo en que tiene lugar el evento. El aspecto, en cambio, se ocupa del tiempo como una propiedad inherente o interna del propio evento: muestra el evento tal y como este se desarrolla o distribuye en el tiempo, sin hacer referencias al momento del habla.

Entre los hechos que avalan el reconocimiento de la independencia de la información aspectual y la temporal se puede mencionar el que existen lenguas que carecen de sistema temporal – y expresan el tiempo mediante recursos léxicos (adverbios, complementos) y perífrasis verbales – y que cuentan, en cambio, con un aspecto gramaticalizado, expresado por medios formales. Es el caso del chino. De hecho, según Lyons, el aspecto no sólo existe como categoría universal sino que es ontogenéticamente anterior al tiempo, de manera que el niño que aprende una lengua con ambas categorías, adquiere antes el aspecto. (Según Thierhoff y Budde [1995], al menos en las lenguas europeas, no hay ninguna categoría que tenga exclusicamente propiedades temporales, mientras que sí existen categorías puramente aspectuales, hecho que habla a favor no sólo de la independencia de ambas nociones sino también de la preeminencia de las distinciones aspectuales. El lector encontrará más detalles acerca de la independencia entre tiempo y aspecto en Tenny 1987: capítulo 5.)”

[Elena de Miguel: “El aspecto léxico”, en: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, Vol. 2, p. 2989-2990]

Tiempo

Usaré el término ‘tiempo’ para referirme a la categoría gramatical que informa sobre la temporalidad del evento y que se manifiesta en español por medio de morfemas flexivos. No debe confundirse, pues, con el tiempo físico externo, al que dicha categoría señala.”

[Elena de Miguel: “El aspecto léxico”, en: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, Vol. 2, p. 2980, n. 2]

Evento

Con el término evento se alude a cualquier tipo de ‘situación’ o ‘acontecimiento’ denotado por un predicado. Se toma como término neutro, frente a situación, que parece contar un «sabor» más estático, y frente a acontecimiento, dotado de una connotación más dinámica. Evento engloba, pues, acciones (acontecimientos llevados a cabo voluntariamente por un sujeto agente), procesos (acontecimientos desencadenados espontáneamente o causados por una fuerza externa al proceso) y estados (situaciones que se mantienen a lo largo de un periodo). Aunque no es este el único sentido con que el término ha sido usado en la bibliografía lingüística, los últimos tratamientos del aspecto en el campo de la gramática formal están extendiendo el uso aquí descrito.”

[Elena de Miguel: “El aspecto léxico”, en: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, Vol. 2, p. 2979, n. 1]

Aspecto y modo de acción

«La importancia que la categoría temporalidad verbal ha adquirido en los estudios gramaticales de nuestros días ha motivado que hayan cambiado algunos de los planteamientos descriptivos del sistema verbal español. Una de las categorías que antes parecía explicar diversas oposiciones entre formas verbales de la conjugación española era el aspecto verbal, entre las que se destacaba la oposición canté/cantaba, o la oposición entre formas simples/formas compuestas.

El aspecto es una categoría gramatical que expresa la representación que se hace el hablante del proceso expresado por el verbo, es decir, la representación de su duración, su desarrollo, o su terminación. El aspecto verbal es un conjunto de categorías emparentadas por su relación con la acción verbal tomada en sí mismo, como son la categoría de repetición, la de visión, y la de fase o grado de realización.

Tradicionalmente se ha considerado que el aspecto verbal en español puede ser flexional – marcado por desinencias – o sintagmático – con verbos auxiliares, en algunas de las perífrasis verbales -. Sin embargo, creemos, al igual que algunos autores de nuestros días, que los hechos observables en las formas integrantes del sistema verbal flexivo del español no justifican la separación de temporalidad y aspecto como categorías independientes en la estructura de dicho sistema. La oposición canté/cantaba, que se presentaba como modelo de la oposición aspectual flexional, tiene manifestaciones aspectuales que son consecuencia de diferenciaciones de carácter temporal, además de otros puntos.

En español las perífrasis verbales pueden estar al servicio de la temporalidad (por ejemplo la de ir a + infinitivo, que marca un futuro inmediato), o bien pueden marcar modalidad (por ejemplo, la obligación, la conjetura, como en tener que + infinitivo, poder + infinitivo, deber de + infinitivo, respectivamente). Sin embargo, es el valor aspectual el más importante en las perífrasis verbales y por ellas son señalados diferentes aspectos como son: perfectivo, terminativo, durativo, frecuentativo, progresivo, etc.

El modo de acción o Aktionsart se diferencia del aspecto en que, mientras que éste es de índole gramatical, aquél posee un carácter semántico. El modo de acción, llamado también tiempo interno, va implícito en el propio lexema del verbo, forma parte integrante de su sustancia. Se le ha llamado también tiempo implicado, frente al tiempo explicado de las formas flexivas. Con sólo pronunciar el nombre de un verbo como pasear, aparece en nuestra mente la idea de un proceso durativo, imperfectivo, muy diferente a otro como nacer, salir, entrar, llegar, morir, etc. Son imperfectivos, los que designan un proceso que, por sí mismo, no implica término y el detener esa acción o estado marca una simple interrupción, pero no determina una acción nueva, sino que, tras la interrupción, ese estado o esa acción pueden comenzar de nuevo, como sucede en ver, llevar, reír, marchar, etc.»

[Gutiérrez Araus, María Luz: Formas temporales del pasado en indicativo. Madrid: Arco Libros, 1995, p. 16-17]

«La inexistencia de la categoría de tiempo en las más antiguas fases de las lenguas indoeuropeas sugiere primeramente un estadio más antiguo, donde el tiempo simplemente no era expresado. La lingüística indoeuropea tradicional normalmente no ha ido más allá de esta frontera, aunque, séase por la lógica de los argumentos, se imponía la verificación de un ulterior e inevitable considerando: antes de una total equiparación entre pertinentes aspectos y redundantes tiempos a la eslava, habría teóricamente muy bien podido darse una situación donde el aspecto no presentara concomitantemente tiempo alguno. Sorprendente resulta que no se siguiera, al menos de modo general, el rastro de tan inevitable pista, cuando además se contaba, al menos en lo denominativo, con una ayuda tan buena como es el término verbal griego de aoristo o ‘indefinido, ilimitado, sin límite de tiempo’, como ese arconte del que nos habla Aristóteles en su Política (3,1,6). Y siguiendo tal línea argumental no cabe sino considerar como lo más originario el aoristo, el no tiempo, el verbo sin tiempo, sin directa traducción temporal, e incluso a veces sin aspecto. En samoyédico el aoristo «may be defined as a temporally ambivalent category referring to either on–going or completed action depending on the intrinsic aspectual content of the verb» (Janhunen, The Uralic…, 472). En nénece se presentan sólo dos tiempos: el aoristo, que no presenta marca, y el pretérito, marcado por sufijación; en los verbos momentáneos el aoristo de indicativo expresa pasado inmediato y el pretérito de indicativo expresa pasado remoto, y en los verbos continuos, el aoristo de indicativo expresa presente y el pretérito de indicativo expresa simple pasado.

De modo general puede decirse que presente o pretérito han heredado, por así decir, el antiguo aoristo, es decir el antiguo verbo (y en el indicativo) sin tiempo.

Pero el aoristo, como originariamente sin tiempo, puede acabar también refiriéndose al futuro (aunque estadísticamente esto sea menos probable, dado que el tiempo suele, como veremos, escorarse hacia el pasado). Así en chagatay el denominado aoristo es un tiempo presente muy general utilizado también con significados modales o en referencia al futuro (Boeschoten-Vandamme, The Turkic…, 172). La situación era bien similar a la del antiguo turco donde al aoristo era empleado para el presente pero también «in timeless statements or for future reference» (Erdal, The Turkic…, 146), o la del quipchaque medio, donde «A general present which can also refer to foreseen events is formed with the aorist stem» (Árpád, The Turkic…, 163), o la del azerbaillano, donde «The aorist in –(y)Ar, the former present, signals disposition and may be interpreted in terms of habituality and future reference» (Schönig, The Turkic…, 254), o del tártaro, donde «The aorist […] denotes events tending or foreseen to take place» (Árpád, The Turkic…, 293), o la de las hablas quipchaques occidentales, donde «The aorist expresses tendency or willingness and is thus also used prospectively to refer to possible future events, often expressing uncertainty about their accomplishment» (Árpád, The Turkic…, 311).

Claro que si el aoristo es el no-tiempo, es también el semper et per saecula saeculorum, es también entonces la eternidad. En soto septentrional el denominado tiempo imperfecto es asimilable a nuestro occidental aoristo, como se ve en uno de los cuatro aspectos en los que suelen desglosarlo las descripciones, el denominado aspecto universal, por ejemplo, en ditau di-ja nama ‘los leones comen carne’, significándose con ello que todos los leones de todos los tiempos de todo el mundo han comido, comen y comerán carne (Lombard, Introduction…, 141). No resulta así sin parangón el modelo griego para el que podría, pues, por analogía postularse que alguna preponderancia de verbos de contenido puntual hizo que el aspecto se escorara hacia el pretérito, no hacia el presente.»

[Ballesteros, Xaverio (Universidad de Valencia): “Tiempo al tiempo de las lenguas indoeuropeas“. En: Faventia 25/1, 2003 125-153 (PDF)]

¿Es el aspecto una categoría gramatical en el sistema verbal español?

«En la historia de la lingüística española existe una serie de teorías sobre el verbo que, al lado de modo y tiempo, introducen en la descripción estructural del sistema una tercera categoría, el aspecto, de funcionalidad previamente probada tanto en los sistemas verbales eslavos como en el griego clásico, pero más discutible en el caso del latín y los romances (y nos referimos estrictamente a los núcleos de los sistemas verbales). Quizá no sea ociosa una breve revisión del problema de la presencia o ausencia del aspecto como categoría nuclear en el verbo español.

La adición de una tercera categoría a las dos cuya presencia en el paradigma del sistema verbal español es innegable supone una explicación menos económica del funcionamiento de dichos sistema y, por tanto, cualquier defensa de la nueva categoría ha de poner especial cuidado en el análisis de los hechos, así como en todas las argumentaciones. Por ejemplo, para postular la presencia del aspecto como categoría presente en el paradigma del sistema verbal español no es suficiente el reconocimiento empírico de matices de contenido aspectual en el significado de las formas, ni mucho menos la localización de este clase de matices fuera del dominio específico de las formas verbales. Como ha expuesto Coseriu (1980: § 2.1), las categorías gramaticales son clases universales realizadas en las lenguas, pero ello no implica, ni muchísimo menos, que todas las categorías dignas de consideración en una perspectiva de lingüística general tengan que estar funcionalmente presentes en todas las lenguas o en todos los puntos de la gramática de una lengua dada.

Citando de nuevo a Coseriu (§ 3.2), una categoría existe en el sistema gramatical de una lengua si funciona en él como categoría autónoma, representada como tal por oposiciones específicas no reductibles a otras categorías; restrinjamos la aplicación de esta afirmación, que se desprende del principio de funcionalidad, al terreno estricto del sistema verbal propiamente dicho y comprenderemos que para poder postular la existencia en el mismo del aspecto como categoría independiente será preciso identificar como de base aspectual al menos una oposición entre unidades que desde el punto de vista funcional resulten equivalentes tanto en cuanto al valor modal como al temporal. Si, contrariamente, se comprueba que todas las posibles distinciones de índole aspectual tienen lugar siempre entre unidades que también difieren desde el punto de vista temporal, no habrá base rigurosa para justificar la adición de una nueva categoría a la explicación estructural del sistema. [...]

Las opiniones de algunos autores no hacen sino señalar la concomitancia entre un determinado contenido aspectual y una determinada relación temporal, la de anterioridad, concomitancia que no permite considerar la significación aspectual como valor funcionalmente independiente con respecto de la referida relación temporal.

Pero es en lo referente a la oposición gramatical expresada por canté/cantaba donde más voces se han alzado proclamando la existencia de una distinción funcionalmente aspectual. De todo lo que al respecto hemos expuesto en el § 44.3.1.2 se deduce nuestra convicción de la reductibilidad a una relación temporal de simultaneidad primaria (‘copretérito’) de toda una serie de matices e interpretaciones que en la historia de la gramática española han sido esgrimidos a favor de una consideración aspectual del valor expresado por cantaba frente al expresado por canté. Por otra parte, desde el punto de vista teórico resulta claro que la defensa de un valor aspectual para dicha oposición sólo resulta metodológicamente válida en aquellas teorías que concedan a ambas formas indicativas un mismo valor temporal. [...]

A este respecto hemos de efectual dos importantes observaciones:  

A) No existe identidad de contenido temporal entre canté y cantaba, como demuestra la adecuada interpretación de los significados temporales de orientaciones relativas. La presencia en el significado de canté de un vector primario de anterioridad, ausente en el de cantaba, se comprueba observando transformaciones del tipo

Dijo: Llovió. > Dijo que había llovido

donde se pone de manifiesto la existencia de una característica común, de nuevo el vector primario, a los significados de canté y hbaía cantado.

B) No existe oposición directa en la estructura del sistema temporal entre canté y cantaba, como quieren las teorías que equiparan temporalmente dichas unidades. Una oposición directa entre unidades mínimas resulta, por definición, neutralizable sin que el resto de las oposiciones del sistema tenga que verse afectado; ahora bien, la unidad con la que cantaba establece una relación opositiva de este tipo en el indicativo español no es la expresada por canté, sino la expresada por cantaría, pues la oposición de posterioridad funcional entre cantaba/cantaría se neutraliza en el contexto sintáctico de las prótasis condicionales con si, situación en que la diferenciación respecto de canté sigue vigente:

Si tu primo estaba en casa ... / Si tu primo estuvo en casa ...,

pero

Si tu primo más tarde estaba (*estaría) en casa ...

No hay, por tanto, ni coincidencia ni oposición directa entre los significados gramaticales expresados por canté y cantaba en español, lo que no permite postular la existencia de una oposición funcional de base aspectual en este caso. Concordamos con Coseriu (1978: § 2.3.2) cuando expone que los diversos matices aspectuales señalables en las formas del tipo canté / cantaba en las lenguas romances son efectos secundarios de las distinciones temporales. Extrapolando esta reflexión a los otros puntos del sistema donde algún autor haya defendido alguna vez funcionalidad de una oposición de aspecto, concluimos que no existe una base suficientemente sólida para individualizar esta categoría gramatical respecto de la categoría temporal en el núcleo del sistema verbal español, sin perjuicio de que podamos reconocer valores aspectuales en otros puntos de la gramática o en unidades léxicas de esta lengua.»

[Rojo, Guillermo / Veiga, Alexandre: “El tiempo verbal. Los tiempos simples”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, vol. 2, § 44.4.]

«La variedad aspectual de Aoristo se caracteriza por focalizar el evento completo, desde su inicio hasta su final. Seguimos en esta definición a García Fernández (2000b: 50), quien, siguiendo a su vez a Smith (1991), corrige la definición de Aoristo propuesta por Klein (1992). Este autor presenta una definición que excluye la lectura ingresiva: “[El Tiempo del Foco incluye el fin del Tiempo de la Situación y el principio del tiempo que sigue al Tiempo de la Situación]” (pág. 537). Esta variedad aspectual focaliza el evento completo, tanto el principio como el final.

Las formas verbales que expresan esta variedad aspectual son el pretérito perfecto simple, que expresa de forma exclusiva este valor, y las formas compuestas con auxiliar haber.

Existen dos subvariedades de Aoristo: el ingresivo, que focaliza el inicio del evento, y el terminativo, que focaliza el final.»

[Martínez-Atienza, María: “La expresión de habitualidad en español”. En: García Fernández, Luis / Camus Bergareche, Bruno (eds.): El pretérito imperfecto. Madrid: Gredos, Biblioteca Románica Hispánica, 2004, p. 365]

«Comrie (1976: 3) propone que los aspectos son diferentes modos de contemplar la constitución temporal interna de una situación.

Partiendo de la propuesta de Comrie, vamos a definir el aspecto tal y como aparece en Klein (1992). Según este autor, el aspecto es la relación entre el Tiempo de la Situación y el Tiempo del Foco. El Tiempo de la Situación es el tiempo durante el que tiene lugar el evento denotado por la parte léxica del verbo. En cambio, el Tiempo del Foco es el período durante el cual es válida una determinada afirmación en una ocasión dada. Esta relación presenta, entre otras, las siguientes posibilidades:

Imperfecto: el Tiempo del Foco está incluido propiamente en el Tiempo de la Situación.

En esta variedad aspectual se focaliza una parte interna de la situación, sin hacer mención ni a su inicio ni a su final. Evidentemente, podemos presuponer que si la situación está teniendo lugar es porque ha comenzado en un momento determinado; sin embargo, lógicamente no podemos concluir que una situación acabe porque esté teniendo lugar. Por eso, cualquier suposición sobre el final de una situación en Imperfecto es una inferencia pragmática. La gramática no dice nada al respecto. Así, en el ejemplo Hace dos días Juan pintaba su casa, sólo sabemos que hace dos días Juan estaba pintando su casa, estaba implicado en esa acción, pero no sabemos si la terminó de pintar, si abandonó la tarea por alguna razón o si hoy sigue pintándola.

Perfectivo o Aoristo: el Tiempo del Foco incluye el fin del tiempo de la Situación y el principio del tiempo que sigue al Tiempo de la Situación.

Para evitar confusiones con la variedad del Perfecto, adoptaremos aquí la denominación de Aoristo siguiendo a Bertinetto (1986: 198 y sgs.); Klein denomina Perfectivo a esta variedad aspectual. En esta variedad se focaliza, es decir, se afirma, el final de la situación. En el ejemplo Hace dos días Juan pintó su casa, el aspecto focaliza el final de la situación, de modo que se afirma que Juan acabó de pintar su casa.

La definición de aspecto Aoristo o Perfectivo de Klein hace hincapié correctamente en el hecho de que en esta variedad aspectual se afirma el final de la situación. Sin embargo, algunos autores, como Smith (1991), han hecho notar que en el Aoristo el Tiempo del Foco coincide exactamente con el Tiempo de la Situación. De esta manera dan cuenta de la denominada “interpretación ingresiva del Aoristo”. Efectivamente, en un ejemplo como El presidente leyó su discurso a las ocho es fácil observar que el complemento adverbial (CA) a las ocho no sitúa en la línea temporal el momento en que el presidente termina de leer el discurso, sino el momento en que empieza a hacerlo. La definición de Klein de Aoristo excluye tal posibilidad, por lo que debe ser corregida en el sentido de Smith.

Perfecto: el Tiempo del Foco es posterior al Tiempo de la Situación.

En esta variedad aspectual se focalizan o afirman los resultados de un evento. Evidentemente, para ello es necesario, en primer lugar, que la situación haya acabado y, en segundo lugar, que haya algo después de la situación que pueda ser focalizado. Tenemos un ejemplo en la oración Hace dos días Juan ya había pintado su casa, en la que se afirma que hace dos días era relevante el resultado del evento denotado por el predicado pintar su casa, es decir, hace dos días la casa estaba ya pintada.

Prospectivo: el Tiempo del Foco es anterior al Tiempo de la Situación.

En esta variedad aspectual se focaliza una parte del período que precede al evento. En el ejemplo Hace dos días Juan iba a pintar su casa, no se afirma que hace dos días Juan estuviera implicado en el acto de pintar su casa, sino más bien se afirma que tenía la intención de hacerlo. Obsérvese que no podemos concluir que Juan pintara su casa, ni siquiera sabemos si empezó a hacerlo o si, por alguna razón, desistió de ello. Podríamos hacer explícita esta posibilidad con el ejemplo: Hace dos días Juan iba a pintar su casa, pero luego decidió no hacerlo. [...]

En lo que corresponde al Imperfecto, el Tiempo del Foco, abarca sólo una parte del Tiempo de la Situación, pero no el principio ni el final. En la representación del Aoristo, el Tiempo del Foco abarca por completo el evento desde su principio hasta el final. En el Perfecto se focaliza parte del tiempo que sigue al final del evento. En el Prospectivo, el Tiempo del Foco tampoco incluye ningún momento del Tiempo de la situación, sino que sólo incluye algunos momentos del tiempo que le precede.»

[García Fernández, Luis / Camus Bergareche, Bruno (eds.): El pretérito imperfecto. Madrid: Gredos, Biblioteca Románica Hispánica, 2004, p. 33-37]

«Categorías aspectuales de Vendler (1967)

Vendler (1967) establece una clasificación de cuatro grandes categorías aspectuales. La primera distinción que establece es la que se da entre verbos que pueden emplearse en tiempo progresivos (el “tiempo continuo” de la lengua inglesa) y aquellos que no pueden hacerlo:

a) Running (correr): es un proceso que evoluciona a lo largo del tiempo, estando constituido por fases sucesivas en el tiempo.

b) To know (conocer): alguien sabe algo en un momento dado y durante un cierto periodo de tiempo, pero no hay evolución de forma homogénea de la situación en el tiempo.

La clases de los verbos que pueden conjugarse con tiempos progresivos pueden subdividirse en dos:

a.1.) Los verbos que tienen una culminación (“clímax”), es decir, una situación final que debe esperarse para poder decir que la acción representada por el verbo está realmente realizada. Se hablará en estos casos de verbos realización: dibujar un círculo: si se para la acción durante su desarrollo, no podemos decir que el círculo esté acabado. Este tipo de verbos son compatibles con preguntas como ¿cuánto tiempo ha empleado para dibujar un círculo?, pero la pregunta ¿desde cuándo dibuje el círculo? no parece aceptable.

a.2.) Los verbos que no tienen culminación, o verbos de actividad: empujar un carro: si se para la acción durante su desarrollo, sí podemos decir que se ha empujado el carro. Estos verbos sí posibilitan preguntas del tipo ¿desde cuándo empujas el carro?, pero ¿cuánto tiempo ha empleado para empujar el carro? parece difícilmente aceptable.

La clase de verbos que no puede conjugarse en tiempos progresivos puede subdividirse también en dos grupos:

b.1.) Los verbos que describen una situación que tiene lugar en un momento dado, breve. Se trata en estos casos de verbos de logro: llegar a la cima. La situación descrita por estos verbos se supone que se realiza en un momento muy breve, que es el momento en que el posible escalador accede a la cima de la colina. Vendler señala que estos verbos son compatibles con preguntas del tipo ¿a qué hora/en qué momento ha llegado a la cima?, es decir, preguntas sobre la situación en el eje del tiempo (breve) de realización de la situación. Pero preguntas como *¿durante cuánto tiempo ha llegado a la cima?, o *¿desde cuándo llega a la cima? no pueden ser expresadas, pues “durante” y “desde cuándo” sugieren un periodo de tiempo.

b.2.) Los verbos que describen una situación que se produce durante un cierto periodo de tiempo. Se hablará en estos casos de verbos de estado: la ama: la situación descrita por este verbo se realiza durante un periodo de tiempo más o menos largo, pero que dura un cierto tiempo. Podemos plantear preguntas como ¿desde cuándo ama?, pero *a qué hora/en qué momento la ama? no tiene sentido. A no ser que consideremos amar eufemísticamente como hacer el amor, pero entonces se trata de otro significado, y de otra configuración aspectual, progresiva, en este caso.

 

 

Situación que evoluciona de forma homogénea durante su desarrollo

No evolución homogénea de la situación

 

Terminativos

Realización

Logro

Momento breve

No terminativos

Actividad

Estado

Periodo de tiempo

 

Muchos verbos que podrían considerarse de logro, pueden entenderse también como realizaciones. Han sido propuestas diversas pruebas para diferenciar los distintos tipos de acción. Una primera permite diferenciar los estados frente a los acontecimientos no estativos, dependiendo de su compatibilidad o incompatibilidad con el predicado empezar:

Empezó a nadar (actividad).

Empezó a tocar la sinfonía (realización).

Empezamos a leer el libro (logro).

*Empezamos a pertenecer a la asamblea (estado).

Tanto las realizaciones como los logros pueden predicarse con un complemento que señale un punto definido:

*Nadó en una hora vs. nadó durante una hora (actividad).

*Perteneció a la asociación en una hora vs. perteneció a la asociación durante un cierto tiempo (estado).

Se murió en una hora vs. *se murió durante una hora (logro).

Vino a la universidad en una hora vs. *Vino a la universidad durante una hora (realización).

Las construcciones durativas pueden utilizarse para distinguir las actividades de los acontecimientos télicos (logros y realizaciones). Con las actividades la construcción durativa indica que la acción siempre se está realizando, mientras que con los logros y realizaciones lo implicado es que la acción no ha ocurrido todavía:

Está nadando (actividad).

Está viniendo (realización).

Está muriéndose (logro).»

[Cifuentes Honrubia, José Luis: Sintaxis y semántica del movimiento. Aspectos de Gramática Cognitiva. Alicante: Instituto de Cultura “Juan Gil-Albert”, 1999, p. 91-94]

«Aspecto

Información sobre el desarrollo de la situación denotada por el predicado.

Aspecto gramatical.

Propiedad de las formas verbales que proporciona información sobre el modo de entender el desarrollo temporal interno de la situación denotada por el predicado. El aspecto gramatical puede ser imperfectivo o imperfecto, si se presentan las acciones o los procesos sin enfocar sus límites temporales (Juan {trabajaba/engordaba}), perfectivo o perfecto, si la acción o el proceso se perciben como completados (Juan ha {trabajado/engordado}), incoativo o ingresivo, si se hace hincapié en el punto inicial de una acción o un proceso (Juan va a {trabajar/engordar}), y durativo, si hace referencia al desarrollo mismo del proceso o de la acción (Juan está {trabajando/engordando}). (Cf. Aspecto Léxico.)

Aspecto léxico.

Propiedades semántica inherente de los verbos y de los sintagmas verbales que establece distinciones relativas a la estructura temporal que requiere para su desarrollo la situación denotada por los predicados. Según la tipología establecida por Vendler, se distinguen fundamentalmente cuatro tipos de predicados por su aspecto léxico o ‘modo de acción’ [Aktionsart]: estados, actividades, realizaciones y logros.

Los estados son situaciones estables, no dinámicas (saber inglés, tener fiebre).

Las actividades son situaciones dinámicas que se prolongan en el tiempo pero carecen de punto final (nadar, correr).

Las realizaciones son situaciones dinámicas que se prolongan en el tiempo y llegan siempre a su punto final (pintar el cuadro, construir la casa).

Los logros marcan simplemente el fin de una situación (morir, encontrar la solución).

Nótese que, como se deduce de la definición y los ejemplos, el aspecto léxico está asociado al propio significado del verbo o del predicado y se expresa por medios léxicos; el aspecto gramatical, en cambio, se expresa mediante la morfología verbal o las perífrasis verbales. (Véase Modo de acción. Cf. Aspecto gramatical.)»

[Eguren, Luis / Fernández Soriano, Olga: La terminología gramatical. Madrid: Gredos, 2006, p. 54-55]

Aspecto y tiempo - del indoeuropeo al francés

«M. Criado del Val (1949: 14), tras realizar una revisión general del problema aspectual en el ámbito de las lenguas indoeuropeas, concluye que “parece demostrado que el aspecto pierde importancia a medida que las lenguas progresan por el camino analítico y se preocupan más por precisar el dato temporal”. En este sentido, haciéndose eco de la distinción establecida por A. Meillet (1921: 186), señala tres momentos esenciales en el proceso:

el indoeuropeo, en donde el presente, el aoristo y el perfecto expresan el aspecto y solo de una manera ambigua el tiempo; el latín, en donde el tiempo está ya bien precisado en sus tres formas de presente, pasado y futuro, mientras que el aspecto tan solo conserva dos indicaciones para señalar la acción en desarrollo –infectum– y la acción acabada –perfectum–; y, por último, el francés, que, según Meillet, se olvida por completo de la noción de aspecto, mientras que la de tiempo est rendu avec tout un luxe de nuances.

Ante estas afirmaciones, M. Criado del Val (1969: 15-16) considera que la situación actual del francés no puede hacerse extensiva a todas las lenguas neolatinas, entre las que distingue dos tipos: una lengua “estática, nominal, con predominio de la noción de tiempo sobre aspecto”, como es el francés, y una “lengua dinámica o fenomenológica, verbal, con predominio de la noción de aspecto sobre la de tiempo, como el español y el portugués. En este sentido, sostiene la necesidad de reconocer, entre las formas verbales de pasado de la conjugación española, un sistema aspectual de tres miembros, en el que, junto al perfecto y al imperfecto, se incluiría también el puntual, conservado este último en el pretérito simple de indicativo, resto del aspecto momentáneo del aoristo indoeuropeo. Hemos de reconocer que su posición supone una innovación de interés por cuanto no se trata simplemente de atribuir valor aspectual puntual a la forma simple, como ya había hecho, en primer lugar, R. Lenz (1920) y, a continuación, S. Fernández Ramírez (1986) y S. Gili Gaya (1943), sino de ampliar la estructura del sistema aspectual.»

[Piñero Piñero, Gracia: Perfecto simple y perfecto compuesto en la norma culta de Las Palmas de Gran Canaria. Madrid: Iberoamericana, 2000, p. 30 n. 45]

«Contenidos aspectuales

El tiempo gramatical no nos permite situar siempre en la línea temporal el evento en su totalidad. Unas veces, los tiempos verbales sitúan en la línea temporal todo el evento; otras, tan solo una parte; y otras, incluso, una parte del estado de cosas que sigue a la terminación del evento o una parte del estado de cosas que coincide con la intención o predisposición de llevar a cabo el evento. Todas estas situaciones dependen de la información gramatical de aspecto que contienen las formas verbales.

El aspecto nos permite hacer afirmaciones muy diferentes sobre el evento y solo aquella parte del evento que se destaca gracias a esta información gramatical es situada por los tiempos verbales en la línea temporal. Las cuatro distinciones aspectuales son las siguientes:

significado aspectual Imperfectivo, Perfectivo o Aorístico, de Perfecto y Prospectivo.

Los tiempos verbales con contenido aspectual Imperfectivo sitúan en la línea temporal solo una parte del evento. [...]

A diferencia de los tiempos Imperfectivos, los Perfectivos o Aorísticos sitúan en la línea temporal todo el evento. Este se nos presenta acotado, esto es, no puede proseguir más allá del tiempo de la afirmación. [...]

Los contenidos aspectuales de Perfecto y Prospectivo tienen en común que permiten hacer afirmaciones sobre estados de cosas. En las formas verbales que expresan aspecto Perfecto, este estado de cosas es resultado o consecuencia del evento y se concibe, por lo tanto, como posterior. En las formas verbales que expresan aspecto Prospectivo, se trata del estado en que se tiene la intención o se está en disposición de llevar a cabo el evento; el estado de cosas es, por consiguiente, anterior al evento. [...]

El aspecto Prospectivo puede expresarse por medio de la perífrasis verbal ir a + infinitivo. [...]

El aspecto Perfecto se expresa por medio de las formas compuestas con el verbo haber. También en este caso la afirmación que se hace en la oración tiene que ver con un estado de cosas. [...]

A modo de resumen, se recogen en los cuadros siguientes las formas verbales del español que expresan los contenidos aspectuales que se han diferenciado en este apartado:

FORMAS VERBALES CON SIGNIFICADO ASPECTUAL

PERFECTIVO O AORÍSTICO

Pretérito perfecto compuesto

he cantado

Futuro

cantaré

Futuro perfecto

habré cantado

Pretérito perfecto simple

canté

Pretérito pluscuamperfecto

había cantado

Condicional

cantaría

Condicional perfecto

habría cantado

 

FORMAS VERBALES CON CONTENIDO

ASPECTUAL IMPERFECTIVO

Presente

canto

Futuro

cantaré

Pretérito imperfecto

cantaba

Condicional

cantaría

 

FORMAS VERBALES CON CONTENIDO

ASPECTUAL PROSPECTIVO

Perífrasis

in a + infinitivo

 

FORMAS VERBALES CON CONTENIDO

ASPECTUAL DE PERFECTO

Pretérito perfecto compuesto

(ya) he cantado

Futuro perfecto

(ya) habré cantado

Pretérito pluscuamperfecto

(ya) había cantado

Condicional perfecto

(ya) habría cantado

 

La inclusión del adverbio ya entre paréntesis permite diferenciar el significado de Perfecto de las formas verbales compuestas del significado Perfectivo o Aorístico; este adverbio favorece la primera de las interpretaciones.»

[Carrasco Gutiérrez, Ángeles: La concordancia de tiempos. Madrid: Arco Libros, 2000, p. 20-24]

«La perfectividad de los tiempos compuestos retrospectivos: tiempo de la situación y tiempo de foco.

Además de su valor de anterioridad, todos los tiempos compuestos formados con la perífrasis <haber + participio>, en consonancia con su origen, implican la ‘perfección’, en el sentido etimológico de la palabra, de los procesos que designan, es decir, indican que estos ya se han realizado dentro del ámbito y momento temporales referidos. Las construcciones con <ir a + infinitivo> son en cambio no terminativas.

Para explicar con mayor precisión el carácter perfectivo de los tiempos compuestos indicados, García Fernández (1995) utiliza las distinciones de Klein (1992) entre tiempo de la situación (TS) y tiempo de foco (TF) y, aunque un tanto modificada, su definición de aspecto como la relación entre TS y TF. TS es el tiempo en que ocurre el proceso designado por el verbo, TF es el período de validez de dicho proceso. Así, por ejemplo, en Cuando entré en la habitación, había mal olor es posible, según la extensión del TF, que todavía persista el mal olor o que haya desaparecido; desde el punto de vista del TS es que en el momento pasado referido hedía. La posible relación entre TS y TF origina cuatro fases de aspecto, según Klein:

a)  imperfecto; TF está incluido en TS (Juan estaba cantando),

b)  aoristo: TF incluye el fin de TS y el principio del tiempo que sigue a TS (Juan llegó a las tres), o bien, coincide exactamente con TS (Juan estuvo enfermo dos meses),

c)  perfecto: TF es posterior a TS (Cuando llegaste, el ministro ya había firmado), y

d)  prospectivo: TF es anterior a TS (El ministro firmará mañana).

Lo que tradicionalmente llamamos ‘tiempo perfecto’ corresponde por tanto en el sistema referido a dos variedades aspectuales o ‘lecturas’, la aorística y la perfecta. Sobre la base de tales distinciones, García Fernández establece que todo tiempo compuesto, restrospectivo habría que precisar, permite una lectura aorística y otra perfecta. En la primera el complemento adverbial especifica el momento en que ocurre la acción verbal y en la segunda, su punto de referencia. Así en

El sospechoso se ha marchado a las 10 de la noche,

El sospechoso dijo a la policía que se había marchado a las 10 de la noche,

Según aseguró un testigo, el sospechoso se habría marchado exactamente a las diez de la noche,

a las 10 de la noche se refiere al momento mismo en que el sospechoso se marcha, mientras que en

El sospechoso dijo a la policía que a las diez de la noche ya se había marchado,

Probablemente el sospechoso ya se habrá marchado a las 10 de la noche,

Nos dijo que probablemente el sospechoso ya se habría marchado a las diez de la noche,

se refiere al punto respecto del cual se determina el momento en que se marcha, y en

En este instante se ha marchado el sospechoso

apunta al resultado de la acción ocurrida en el marco del momento del habla y no al momento de marcharse.

En consecuencia, en la lectura ‘perfecta’ el complemento temporal se refiere a un punto posterior al proceso verbal designado, que es resultado o consecuencia de este, debido a que el TF es posterior a TS.

La referida descripción corresponde en sus elementos esenciales a lo que nos ha enseñado siempre la gramática latina, que distingue dentro del perfectum los significados de ‘aoristo’ y ‘perfecto propiamente tal’, y precisa que tanto el perfecto como el pluscuamperfecto designan en dicha lengua a menudo “el estado de cosas que resulta de la terminación de la acción verbal”, lo que en griego es incluso el valor regular de ambos tiempos.»

[Cartagena, Nelson: “Los tiempos compuestos”, en: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, § 45.1.2]

«El ASPECTO

No es fácil encontrar una categoría gramatical en la que las discrepancias entre los lingüistas sean tan llamativas como las que es posible hallar en el caso de aspecto. En efecto, hay fuertes divergencias en la definición de la categoría, de sus clases y subclases e incluso en la consideración de ciertas formas verbales como, por ejemplo, perfectivas o imperfectivas. Como es lógico también existen muy distintas valoraciones del aspecto como elemento estructurador del sistema verbal. [...]

La oposición aspectual básica es, sin duda, la que se da entre aspecto perfectivo e imperfectivo. Para no complicar demasiado la situación, aceptaré aquí que el rasgo diferencial radica en la oposición entre situación terminada y situación no terminada. Aunque es evidente que se trata de una caracterización bastante superficial, deja claro cuando menos que se realiza en un eje totalmente distinto del que corresponde a la distinción entre carácter puntual y carácter durativo, con lo que queda eliminada una equiparación que ha creado bastantes confusiones en la gramática española.

Así pues, temporalidad y aspecto son dos categorías lingüísticas distintas, pero estrechamente relacionadas entre sí, ya que ambas están vinculadas al fenómeno del tiempo. La diferencia radica en que la temporalidad es una categoría deíctica que orienta (localiza en sentido débil) una situación en el eje temporal con respecto al origen (de forma directa o indirecta). El aspecto, categoría no deíctica, se refiere al desarrollo interno de la situación sin relacionarla con nada exterior a ella misma. De esta conexión general entre ambas categorías surge una vinculación especial entre ciertas subcategorías temporales y ciertas subcategorías aspectuales. Por ejemplo, anterioridad y perfectividad son significados normalmente asociados, ya que para que una situación sea anterior a otra ha de haber llegado previamente a su perfección. [...]

Llegué y llegaba

En la mayor parte de los casos es forzoso recurrir a explicar la oposición entre estas dos formas mediante el aspecto porque se ha partido de la simplista consideración de ambas como “formas del pasado”. En cambio, si partimos de una consideración enriquecida de la temporalidad verbal, se observa inmediatamente, además de cuáles son sus valores temporales, lo forzado que resulta agrupar llegaba con llegué para establecer una pareja opositiva mínima: no coinciden ni en la relación temporal que expresan ni en el punto con respecto al cual lo hacen. Llegué es una forma de anterioridad al origen y llegaba indica simultaneidad con respecto al punto anterior al origen.

Esta consideración nos permite explicar no solo los empleos que aparecen en secuencias como

Salió del portal

Vi que salía del portal

sino también todas las utilizaciones de llegaba como forma mediante la cual establecemos el trasfondo de la narración, el plano inactual y, a través del concepto de dislocación, sus valores modales de no-realidad.

La concepción de llegaba como forma que expresa primariamente simultaneidad y de llegué como forma que expresa primariamente anterioridad hace comprensibles los significados aspectuales que encontramos normalmente en estas formas. Son los valores asociados esperables a partir de la vinculación existente entre temporalidad y aspecto. Lo mismo que en el caso de las llamadas formas compuestas, no es necesario defender la existencia del aspecto como categoría funcional en el núcleo del verbo español para justificar el valor normalmente perfectivo de llegué o el valor normalmente imperfectivo de llegaba.

En otras palabras, la defensa de unas relaciones temporales complejas (sea por la vía mantenida aquí, sea por la vía de los planos de actualidad) hace superflua la presencia del aspecto en esta zona del sistema (aunque cabe, por supuesto, como valor asociado). De ahí la postura de Coseriu, que no ve oposición aspectual (primaria) entre estas formas. Postular simultáneamente niveles de actualidad y oposiciones aspectuales, como hacen Pottier y Lamíquiz, resulta más bien redundante.

Resulta posible, por tanto, mantener la existencia de una oposición exclusivamente temporal (aunque compleja) entre llegué y llegaba y explicar sus diferentes significados aspectuales como valores secundarios derivados de los primarios (anterioridad y simultaneidad, respectivamente). [...]

A mi modo de ver, en resumen, la visión adecuada de la temporalidad verbal hace innecesario mantener la existencia de categorías del estilo de los niveles o planos de actualidad y permite enfocar como valores derivados los significados aspectuales que, sin duda, poseen las formas verbales. Naturalmente, lo que acabo de decir debe ser entendido exclusivamente con relación a las llamadas “formas simples” y “formas compuestas”. El aspecto es, en cambio, la categoría que explica el lugar que ocupan en el sistema verbal español, concebido ya en sentido amplio, perífrasis como estar + gerundio, empezar a + infinitivo, acabar de + infinitivo, ir + gerundio, etc.»

[Bosque, Ignacio / Acero, Juan José / López García, Ángel / Rojo, Guillermo / Suñer, Margarita: Tiempo y aspecto en español. Madrid: Cátedra, 1990, p. 31 sigs.]

«Podríamos imaginar el aspecto como una lente o un telescopio que nos permite contemplar de modo diferente una situación. El tipo de situación depende del modo de acción del predicado; lo que hace el aspecto es proporcionarnos una determinada visión de la situación. Si la lente solo nos permite ver una parte interna de la situación y no el principio ni el final, hablamos de aspecto Imperfecto. Si la lente, en cambio, nos permite ver toda la situación, desde su principio hasta su final, hablamos de aspecto Perfectivo o Aoristo. Si la lente lo que nos muestra son los resultados de un evento, entonces nos encontramos ante el aspecto Perfecto.

Morfológicamente, el aspecto Imperfecto está representado por las formas verbales denominadas presente y pretérito imperfecto. La formas más representativa del aspecto Perfectivo o Aoristo es el pretérito perfecto simple, también llamado pretérito indefinido. Las formas compuestas con haber son ambiguas y pueden expresar tanto el Perfecto como el Aoristo. Las formas simples de futuro, esto es, el futuro simple y el condicional simple, tienen un valor aspectual llamado Neutral, que, dependiendo de las ocasiones, pueden presentar tanto el comportamiento del Imperfecto como el del Perfectivo o Aoristo.

Detengámonos un instante para aclarar la terminología. Este es un punto donde parece existir un conflicto entre la tradición y la necesidad de obtener mayor precisión. Las denominaciones de imperfecto y perfecto de las formas de la conjugación verbal son denominadas aspectuales en su origen, pero se han ido vaciando de significado para convertirse en meras etiquetas. Sin embargo, estos términos han sido introducidos en la investigación sobre el aspecto gramatical con un significado preciso. Para no confundir ambos usos, utilizaremos la mayúscula para referirse a cada una de las variedades aspectuales que podemos distinguir en español y la minúscula para hablar de las formas de la conjugación.

Tenemos, pues, en español cuatro distintas variedades aspectuales. En el cuadro siguiente las ilustramos con las formas verbales que las expresan y con un ejemplo:

 

ASPECTO

FORMA VERBAL

EJEMPLO

Imperfecto

presente

Juan estudia Biología.

pretérito imperfecto

María estaba ayer en su casa.

 

Perfectivo o aoristo

pretérito perfecto simple

Mi perrillo se murió ayer.

todas las formas compuestas con haber

El rey había entrado en la sala a las tres, como tenía previsto.

 

Perfecto

todas las formas compuestas con haber

A las tres, los diputados ya habían abandonado el hemiciclo, que se encontraba vacío.

Neutral

el futuro simple y el condicional simple

Juan estará mañana en Madrid.

 

 

 

Para evitar confusiones al lector entre los términos ‘Perfectivo’ y ‘Perfecto’, utilizaremos la denominación de ‘Aoristo’ para referirnos al primero. Esta decisión se revelará especialmente útil cuando hablemos de los tiempos compuestos, que pueden expresar tanto el Perfectivo o Aoristo como el Perfecto.

Si decimos

Ayer por la tarde Juan leyó ese artículo tan interesante de Maruja Torres,

estamos dando por supuesto que Juan leyó el artículo completamente, es decir, el aspecto nos permite ver la situación completa; a esto se le denomina aspecto Perfectivo o Aoristo. En cambio, si decimos

Ayer por la tarde Juan leía ese artículo tan interesante de Maruja Torres,

en modo alguno afirmamos que Juan acabara de leer el artículo. Es posible que abandonara su lectura por diversas razones como también es posible que, por su longitud o su dificultad, Juan no haya cesado de leer el artículo en el momento en que la oración es pronunciada. Es difícil imaginar que alguien lea toda la noche un artículo de periódico, pero probemos con otro tipo de escrito:

Ayer por la tarde Juan leía esa novela tan interesante de Jane Austen y ahí lo tienes, todavía sigue leyéndola sin haberse levantado para nada.

En este caso tenemos un ejemplo de aspecto imperfectivo.

Si prescindimos ahora de la metáfora de la lente y queremos definir científicamente el aspecto, podemos entenderlo como la relación temporal no deíctica entre dos intervalos de tiempo. En el primer intervalo es el tiempo efectivo de la situación, el tiempo ‘real’ si queremos; el segundo intervalo es la parte de la situación que hace visible el aspecto. Solamente la parte visible es afirmada en la oración. Es por ello por lo que en el caso de

Ayer por la tarde Juan leía ese artículo tan interesante de Maruja Torres,

como el aspecto solo hace visible una parte interna de la situación, no podemos concluir que Juan acabara de leer el artículo, ni siquiera que no lo haya seguido leyendo hasta ahora, aunque nuestro conocimiento del mundo hace esta posibilidad poco probable.

Deícticos son aquellos elementos lingüísticos que toman parte de su significado de la situación en que es usado el enunciado. Tomemos un ejemplo: la expresión esta ciudad solo puede interpretarse plenamente en relación con la situación en que se usa, puesto que de otro modo no podemos determinar la referencia del demostrativo esta. Por esta razón, si en una conversación telefónica alguien dice En esta ciudad se muere uno de aburrimiento, el oyente solo podrá establecer la referencia de esta si sabe desde qué ciudad llama el hablante.

Lo mismo sucede con los pronombres yo, tú, él, los adverbios aquí, ahí, etc. El tiempo gramatical es una categoría deíctica: para interpretar la referencia futura de Me prestará el dinero, tenemos que saber cuándo ha sido pronunciada la oración, es decir, tenemos que determinar el momento de la enunciación, que es el punto crucial para ordenar las relaciones deícticas temporales, del mismo modo que el lugar en que se pronuncia un enunciado es el punto crucial para determinas las relaciones deícticas espaciales. La característica deíctica del tiempo gramatical es lo que hace difícilmente interpretables esas notas en las que alguien ha escrito mensajes como Juan ha llamado hace un rato y ha dicho que te llamará dentro de dos horas; si no sabemos cuándo ha sido escrita la nota no podemos interpretarle plenamente.

El aspecto es una categoría no deíctica, es decir, no depende, como depende el tiempo, de la situación concreta comunicativa para su plena interpretación semántica. Así, en el ejemplo Ayer por la tarde Juan leía ese artículo tan interesante de Maruja Torres, el hecho de que no se nos informa de la conclusión del evento denotado por el predicado leer ese artículo, nada tiene que ver con las coordenadas del momento en que tal oración es pronunciada.

En resumen, podemos distinguir en español las siguientes variedades aspectuales:

Imperfecto: Se afirma una fase interna de la situación.

Perfectivo o Aoristo: Se afirma la situación completa.

Perfecto: Se afirma el resultado de la situación.

Neutral: Variedad que se puede interpretar como Imperfecto o como Aoristo.

Cada una de las variedades aspectuales presente diferentes realizaciones: Se reconocen habitualmente tres formas de aspecto

Imperfectivo: el progresivo, el habitual y el continuo.

Aoristo: el ingresivo y el terminativo.

Perfecto: el resultativo, el experiencial y el continuativo.

En el ‘resultativo’ hablamos del resultado de un único evento, mientras que en el experiencial del estado de cosas que supone estar en posesión de un cierto tipo de experiencia. [...]

En lo que se refiere al aspecto léxico o modo de acción, reproducimos aquí a modo de guía la conocida clasificación de Vendler (1967):

Estados: Ama a Salomé.

Actividades: Camina por el parque.

Realizaciones: Construyó la casa.

Logros: Llegó a la estación.

Dentro de los estados, cabe distinguir dos tipos de predicados, los estativos permanentes y los estativos no permanentes.»

[García Fernández, Luis: “Los complementos adverbiales temporales. La subordinación temporal”, en: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, § 48.1.2]

«Los distintos tipos de aspecto se pueden agrupar según diferentes criterios. El Aoristo y el Perfecto predican siempre la transición del Tiempo de la Situación al tiempo que le sigue, de tal modo que con los predicados resultativos, que son actividades encaminadas a un fin, este es alcanzado; así, tanto de la oración Ayer Juan escribió la carta de dimisión, con un Aoristo, como de la oración Ayer Juan ya había escrito la carta de dimisión, con un Perfecto, podemos concluir que la carta fue escrita. Esto contrasta con lo que sucede con el Imperfecto; efectivamente, de la oración Ayer Juan escribía la carta de dimisión, no podemos concluir que la carta fuera escrita.

El Imperfecto, el Prospectivo y el Perfecto focalizan partes de un período y nunca focalizan ni el inicio ni el final de un evento. Se oponen así al Aoristo, que sí focaliza el final del evento y, por tanto, la transición al período subsiguiente. Esto hace que en lo que se refiere a la consecutio temporum, por ejemplo, las tres primeras variedades tengan un comportamiento paralelo.

El Perfecto y el Prospectivo son, como señala Baar (1994), externos al evento denotado por la parte léxica del predicado, puesto que en estas dos variedades aspectuales el Tiempo del Foco no coincide en un solo punto con el Tiempo de la Situación. Esta característica ha de ser puesta en relación con el hecho de que estas dos variedades aspectuales exigen la presencia de un auxiliar; efectivamente, vemos que en los ejemplos de Perfecto tenemos el auxiliar haber y en los de Prospectivo, el auxiliar ir: A las tres, los invitados ya habían abandonado la sala. A las tres, íbamos a llamarte, pero no pudimos.

En cuanto a la consecutio temporum obsérvense los siguientes ejemplos:

a.  Juan dijo que Pedro ya había llegado.

b.  Juan dijo que Pedro estaba en la cocina.

c.  Juan dijo que Pedro iba a llevarles a la iglesia.

En estos ejemplos se puede considerar que hay o puede haber simultaneidad entre el evento principal y la parte del evento subordinado focalizada o afirmada en cada una de las oraciones subordinadas: en (a) son simultáneos el acto de decir y el hecho de haber llegado ya; en (b) son simultáneos el acto de decir y el hecho de estar en la cocina; en (c) son simultáneos el acto de decir y la intención de llevarles a la iglesia.

En el ejemplo

Juan dijo que Pedro le prestó el dinero,

por el contrario, es imposible la lectura en que hay simultaneidad entre el acto de decir y el de prestar dinero. Es la misma razón por la que el presente, en el que el evento es simultáneo con el momento del habla, puede tener interpretación de Imperfecto como en

Juan come,

de Perfecto como en

Juan ya ha llegado,

y de prospectivo como en

Voy a decírselo,

pero nunca de Aoristo.

De hecho, el Aoristo nunca es simultáneo con un momento del habla.»

[García Fernández, Luis: La gramática de los complementos temporales. Madrid: Visor Libros, 2000, p. 55-56]

«No solo puede expresarse simultaneidad en las oraciones sustantivas por medio de formas verbales Imperfectivas. También llevan a cabo esta indicación las formas verbales Prospectivas y de Perfecto. Recuérdese que con los contenidos aspectuales Prospectivo y de Perfecto nos referimos, respectivamente, al tiempo de un estado de cosas que precede o sigue al tiempo del evento. Este estado de cosas se corresponde, en el caso de las formas verbales Prospectivas, con la disposición o intención previa del sujeto de participar en el acontecimiento denotado por el verbo; en el caso de las formas verbales de Perfecto, con el resultado de dicho acontecimiento. El aspecto focaliza en ambos casos el tiempo de una parte del estado de cosas, que queda así propiamente incluido en el tiempo de su extensión real o ficticia. Es esta relación de inclusión, precisamente, la que hace que se asemejen los contenidos aspectuales Prospectivo, de Perfecto e Imperfectivo. [...]

Los contenidos Prospectivo y de Perfecto nos presentan el estado de cosas que sigue o que precede al evento como no acotado. EL tiempo de este estado de cosas ha dado comienzo con anterioridad y sigue más allá del periodo focalizado por el aspecto. Esto es lo que capacita a las formas verbales con contenido aspectual Prospectivo y de Perfecto para la indicación de simultaneidad en las oraciones sustantivas. [...]

Obsérvese que en

Juan dijo hace un mes que se iba a casar (, pero luego cambió de idea)

existe simultaneidad entre el tiempo en que Juan anuncia su boda y un tiempo previo a la misma, en concreto, el tiempo de un estado de cosas que coincide con la intención o decisión del sujeto de la oración principal de contraer matrimonio. La boda es posterior a este tiempo focalizado por el aspecto y también al tiempo del evento principal. Otros ejemplos:

a.   Es imposible que ya lo hayas hecho.

b.   Juan se enteró al día siguiente de que María ya había vendido su entrada.

c.   (Dijeron que) Juan se enteraría al día siguiente de que María ya había vendido su entrada.

En estos ejemplos, la simultaneidad se da entre el tiempo del evento principal y el de un estado de cosas posterior al tiempo del evento de la oración subordinada: en (a), este estado de cosas se corresponde con tener hecho algo en el momento del habla; en (b) y (c), con tener vendidas unas entradas en un momento del pasado. El tiempo real del evento denotado por el verbo subordinado es en los tres casos anterior al tiempo del evento principal. [...]

Los verbos de percepción en su sentido recto, como ver, se diferencian de otros verbos en la oración principal por el hecho de que la relación de simultaneidad puede expresarse en la oración subordinada por medio de formas verbales Perfectivas. La relación de simultaneidad con formas verbales Perfectivas es posible porque los límites de los eventos pueden ser objeto de percepción. En otras palabras, podemos ser testigos oculares, por ejemplo, tanto del transcurso de un acontecimiento como de su culminación o interrupción.»

[Carrasco Gutiérrez, Ángeles: “El tiempo verbal y la sintaxis oracional. La Consecutio temporum”, en: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, § 47.2.1.3]

«En los ejemplos

Ha mantenido el gesto de disgusto aunque ha disfrutado de toda la película.

Grabó el descenso desde el principio hasta el final porque lo llevaron a cabo sin ayuda de las manos.

Reconoció que le habían acompañado y le habían reído las gracias por hacerle un favor a María.

En estos ejemplos la simultaneidad se expresa por medio de formas verbales con contenido aspectual Perfectivo. Esta posibilidad está relacionada con que sea el hablante el que desde su presente ordene unas situaciones con respecto a otras. Cuando el punto de vista que prima no es el del sujeto de la oración principal sino el del hablante, es posible presentar dos situaciones pasadas como simultáneas, estén o no cerradas o acotadas.»

[Carrasco Gutiérrez, Ángeles: La concordancia de tiempos. Madrid: Arco Libros, 2000, p. 57]

«En las oraciones sustantivas subordinadas a verbos de percepción, intelectual o física es posible la expresión de simultaneidad por medio de los pretéritos perfecto simple y pluscuamperfecto Perfectivo:

Juan notó que lo dijimos completamente en serio (simultaneidad).

Habían visto cómo habían hecho el truco (simultaneidad).»

[Carrasco Gutiérrez, Ángeles: La concordancia de tiempos. Madrid: Arco Libros, 2000, p. 33]

«Para mayor simplicidad, utilizaremos el término evento independientemente del modo de acción del predicado verbal. También con el propósito de facilitar la exposición, hablaremos de tiempo del evento, pero en realidad los tiempos verbales no sitúan todo el evento en la línea temporal. Esto sólo ocurre con los tiempos con significado aspectual perfectivo. Los tiempos imperfectivos sitúan en la línea temporal tan solo una parte del evento, y los tiempos con significado aspectual de perfecto, una parte del estado de cosas que sigue al evento que denotan. Véanse Klein, W. (1992), “The Present Perfect Puzzle”, Language, 68, págs. 525-552, y (1994) Time in Languague, Londres-Nueva York, Routledge.»

[Carrasco Gutiérrez, Ángeles: “Algunas explicaciones para la simultaneidad en las oraciones subordinadas sustantivas”, en: García Fernández, Luis / Camus Bergareche, Bruno (eds.): El pretérito imperfecto. Madrid: Gredos, 2004, p. 408, n. 2]

«El PRETÉRITO PLUSCUAMPERFECTO (HABÍA CANTADO) designa una situación pasada y concluida, anterior a otra igualmente pasada, que puede mencionarse o no. En Daniel había abierto el balcón, se dice que el abrir el balcón es una acción concluida, anterior a otra que aquí no se menciona. No obstante, en cuanto que el pluscuamperfecto admite en este ejemplo la interpretación RESULTATIVA (llamada a veces DE PERFECTO), hace también referencia, indirectamente, a cierta situación pasada (‘el tener abierto el balcón’) de cuyo final no se informa.»

[RAE: Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2009, § 23.16a]

«Junto al aspecto imperfectivo y el perfectivo, distinguen algunos autores el llamado ASPECTO PERFECTO. Otros entienden, por el contrario, que debe considerarse una variedad del perfectivo. El aspecto perfecto alude a cierto estado de cosas que resulta de un proceso previo. Así, la oración El director se ha marchado (... ya se marchó en ciertas áreas geográficas) se interpreta como ‘El director ya no está aquí’. La oración se forma con el verbo marcharse, que denota cierta acción, pero da lugar a un estado resultante. Aun así, existe discrepancia entre los autores sobre si esta valor es aspectual o temporal. El llamado ASPECTO PROSPECTIVO es el característico de la perífrasis «ir a + infinitivo».»

[RAE: Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2009, § 23.2r]

«Se suele llamar PERFECTO RESULTATIVO al que permite inferir como actual el estado resultante de la acción denotada por HE CANTADO. Se han dado al menos dos interpretaciones al perfecto resultativo. En una, más estricta, este uso del perfecto da lugar a paráfrasis con estar para expresar la presencia del estado resultante (El niño ha roto el jarrón > ‘el jarrón está roto’, o bien su ausencia (Se ha ido > ‘no está’). En otra interpretación, más laxa, no son imprescindibles las paráfrasis con estar: ¿De dónde has sacado unos disparates semejantes? Aun así, estos casos coinciden con los anteriores en que acentúan la novedad o la sorpresa que produce alguna información reciente, en especial si se constata directamente, como en Me han decepcionado ustedes; ¿Viste que los precios han bajado?; Ha ocurrido un accidente. [...]

Debe tenerse en cuenta, no obstante, que se obtienen interpretaciones resultativas con otros tiempos compuestos: El jarrón se {había ~ habrá} roto > ‘El jarrón {estaba ~ estará} roto’, lo que se considera consecuencia directa del significado del verbo haber.»

[RAE: Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2009, § 23.8]

«La relación de simultaneidad está favorecida por alguna clases de verbos. Inducen la relación de simultaneidad los predicados de percepción y los de adquisición de conocimiento en función de su orientación temporal, pero no lo hacen los de voluntad o los de influencia. Así pues, estuviese expresa simultaneidad en No pensé que estuviese tan enferme, pero denota posterioridad en Le pedí que estuviese aquí hoy a las cuatro.

La relación de simultaneidad se entiende en muchos estudios gramaticales en un sentido amplio, de forma que abarque también la de INCLUSIÓN. Con los mismos tiempos verbales pueden obtenerse una y otra en función del modo de acción de los predicados. La situación denotada por V1 está INCLUIDA en la expresada por V2 si este último verbo denota un suceso durativo y el primero uno puntual, como en Negó que estuviese enojada, pero si V1 y V2 son predicados atélicos, lo esperable es que se produzca la coincidencia de situaciones: Yo creo que era muy supersticiosa y que estaba convencida de que la felicidad producía cáncer. Así pues, aunque los tiempos compuestos expresan anterioridad en función de su propio significado, pueden expresar también inclusión, en el sentido que se acaba de señalar. La interpretación resultativa (o de perfecto) da lugar a situaciones estativas. La forma verbal subrayada en Estaba feliz de que su se hubiera recibido como arquitecta es puntual y expresa anterioridad, ya que el recibirse alguien como arquitecta es anterior a cierto punto temporal que no se menciona. Al mismo tiempo, la interpretación resultativa del pretérito pluscuamperfecto permite entender aquí que la felicidad de la que se habla es relativa a cierta situación (‘Su hija era arquitecta’), lo que hace posible inferir que la relación de inclusión es asimismo apropiada.»

[RAE: Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2009, § 24.8g-h]

«El aspecto verbal. Sus clases. El aspecto morfológico

El aspecto verbal informa de la estructura interna de los sucesos. Nos permite saber si surgen, se terminan o se repiten, pero también si se perciben en su integridad o se muestran únicamente en un punto de su desarrollo (por tanto, inacabados). El aspecto verbal afecta, pues, al tiempo interno de la situación, y no a su vínculo (directo o indirecto) con el momento del habla. En razón de esta propiedad, se ha descrito también como un recurso gramatical que permite enfocar o focalizar ciertos componentes de las situaciones, a la vez que ocultar u omitir otros. Así, lo que diferencia a las oraciones Arturo lee el periódico y Arturo está leyendo el periódico no es el tiempo (presente en los dos casos), sino el aspecto, pues solo la primera puede presentar el acto de la lectura como un suceso repetido. Es muy controvertida la cuestión de en qué medida la categoría de ‘aspecto’ está presente en la lengua española.

En esta gramática se considerará que desempeña un papel importante, pero se postularán menos distinciones aspectuales que en otros análisis.

Atendiendo a la forma en que se manifiesta, el aspecto verbal se divide tradicionalmente en tres grupos: aspecto léxico o modo de acción, aspecto sintáctico o perifrástico y aspecto morfológico o desinencial. El aspecto léxico, también llamado modo de acción, cualidad de la acción y accionalidad, se obtiene de la significación del predicado. Así, mientras que Luis llegó a Caracas denota una situación puntual, Luis vivió en Caracas alude a una situación durativa, en tanto en cuanto ocupa cierta extensión temporal. La oposición puntual / durativo es aspectual y se deduce del significado de los verbos llegar y vivir. El aspecto sintáctico o perifrástico corresponde a las perífrasis verbales, sobre todo a las llamadas de fase o fasales, aunque también a las tempoaspectuales , las escalares y las de gerundio.

El aspecto morfológico se expresa a través de las desinencias verbales. Es el que se tiene en cuenta en la tradición gramatical para dividir los tiempos en perfectos e imperfectos, si bien en la actualidad es más frecuente hablar de tiempos perfectivos y tiempos imperfectivos. El aspecto perfectivo (también aoristo para algunos autores) focaliza las situaciones en su conjunto, de principio a fin, y las presenta como completas o acabadas, como en Vimos la película. Se exceptúa la variedad denominada incoativa o ingresiva, que focaliza solo el inicio de la situación, como en Vimos la película a las nueve (‘Empezamos a verla a esa hora’).

Expresan aspecto perfectivo canté, había cantado y habré cantado. Las formas imperfectivas canto y cantaba presentan la acción en su transcurso, sin referencia a su inicio o a su fin, como en Arturo leía una novela, por oposición a Arturo leyó una novela. Cantaré y cantaría pueden ser tiempos perfectivos en unos contextos (El próximo número de nuestra revista saldrá el 17 de julio) e imperfectivos en otros (Todos viviremos mejor). Junto al aspecto imperfectivo y el perfectivo, distinguen algunos autores el llamado aspecto perfecto, que otros consideran una variedad del perfectivo. El aspecto perfecto alude a cierto estado de cosas que resulta de un proceso previo. Así, El director ya se ha marchado (… ya se marchó en ciertas áreas) implica ‘El director ya no está aquí’, de forma que el ya no estar aquí el director es el estado resultante de la acción previa de marcharse. El llamado aspecto prospectivo es el característico de la perífrasis «ir a + infinitivo».

Suelen distinguirse tres modalidades del aspecto imperfectivo: progresiva, iterativa o cíclica y continua. La variedad progresiva enfoca un punto o un intervalo del desarrollo de la acción, como en Recuerdo que yo te miraba. Ello da lugar a las alternancias canto ~ estoy cantando, cantaba ~ estaba cantando. Con la variedad llamada iterativa o cíclica se hace referencia a una serie abierta de situaciones que se repiten a lo largo de cierto intervalo, como en Maite se {levanta ~ levantaba} muy temprano, donde se entiende ‘diariamente’, ‘a menudo’. Repárese en que se levantaba no alterna aquí con se estaba levantando. La interpretación iterativa de los sucesos se puede obtener con recursos distintos de la morfología verbal. Así, si se omite la locución adverbial de frecuencia subrayada en Revivió con frecuencia la escena del columpio, se obtiene la lectura de evento único.

La variedad del aspecto imperfectivo llamada continua se caracteriza por focalizar cierta situación que se da o persiste a lo largo de cierto intervalo, como en Cuando era pequeña, llevaba el pelo corto, No se expresa, por consiguiente, proceso alguno (ni, en consecuencia, evento en progresión), ni tampoco se repite un evento o un estado de cosas. El aspecto continuo se extiende también al pretérito perfecto compuesto, ya que Así ha sido hasta ahora se interpreta como ‘Así sigue siendo’ en la mayor parte de los países americanos.

Aunque pudiera parecer que el aspecto léxico y el morfológico codifican las mismas nociones (‘duratividad’, ‘límite’) y que, por consiguiente, no es necesario diferenciar el uno del otro, a lo largo de este capítulo y del siguiente se mostrará que gramaticalmente tiene mayor importancia la forma en que determinada noción aspectual se manifiesta que la caracterización que en términos únicamente semánticos se pueda hacer de ella. Se comprobará asimismo que el aspecto morfológico tiene capacidad para alterar las características gramaticales del aspecto léxico.»

[RAE: Nueva gramática de la lengua española. Manual. Madrid: Espasa Libros, 2010, § 23.1.3a-f]

«ASPECTO
Vamos a definir el aspecto tal y como aparece en Klein (1992). Según este autor, el aspecto es la relación entre el Tiempo de la Situación y el Tiempo del Foco. Según esta definición, la construcción (volver a + infinitivo) no es aspectual, sino de modo de acción. El Tiempo de la Situación es el tiempo durante el que tiene lugar el evento denotado por la parte léxica del verbo. En cambio, el Tiempo del Foco es el período durante el cual es válida una determinada afirmación en una ocasión dada. Esta relación presenta, entre otras, las siguientes posibilidades:

a) Imperfecto: el Tiempo del Foco está incluido propiamente en el Tiempo de la Situación.

En esta variedad aspectual se focaliza una parta interna de la situación, sin hacer mención ni a su inicio ni a su final. [...] Cualquier suposición sobre el final de una situación en Imperfecto es una inferencia pragmática. La gramática no dice nada al respecto. Así, en el ejemplo Hace dos días Juan pintaba su casa, solo sabemos que hace dos días Juan estaba pintando su casa, estaba implicado en esa acción, pero no sabemos si la terminó de pintar, si abandonó la tarea por alguna razón o si hay sigue pintándola

b) Perfectivo o Aoristo: el Tiempo del Foco incluye todo el Tiempo de la Situación, desde su inicio hasta su final.

Para evitar confusiones con la variedad de Perfecto, adoptaremos aquí la denominación de Aoristo siguiendo a Bertinetto (1986: 198 y sigs.); Klein denomina Perfectivo a esta variedad aspectual. En el ejemplo Hace dos días Juan pintó su casa, el aspecto focaliza el final de la situación, de modo que se afirma que Juan acabó de pintar su casa. [...]

c) Perfecto: el Tiempo del Foco es posterior al Tiempo de la Situación.

En esta variedad aspectual se focalizan o afirman los resultados de un evento. Evidentemente, para ello no es necesario, en primer lugar, que la situación haya acabado y, en segundo lugar, que haya algo después de la situación que pueda ser focalizado. Tenemos un ejemplo en la oración Hace dos días Juan ya había pintado su casa, en la que se afirma que hace dos días era relevante el resultado del evento denotado por el predicado pintar su casa, es decir, hace dos días la casa estaba ya pintada.

d) Prospectivo: el Tiempo del Foco es anterior al Tiempo de la Situación.

En esta variedad aspectual se focaliza una parte del período que precede al evento. En el ejemplo Hace dos días Juan iba a pintar su casa no se afirma que hace dos días Juan estuviera implicado en el acto de pintar su casa, sino más bien se afirma que tenía la intención de hacerlo. Obsérvese que no podemos concluir que Juan pintara su casa, ni siquiera sabemos si empezó a hacerlo o si, por alguna razón, desistió de ello. Podríamos haber explicitado esta posibilidad con el ejemplo: Hace dos días Juan iba a pintar su casa, pero luego decidió no hacerlo.

e) Continuativo: El Tiempo del Foco abarca desde el inicio del Tiempo de la Situación hasta un punto interno de su desarrollo.

La perífrasis (llevar + gerundio) expresa exactamente este significado aspectual: así en Juan lleva dos horas pintando la casa, el evento denotado por pintar la casa ha empezado hace dos horas y continúa en el momento de la enunciación sin que se predique su final. [...]

f) Aspecto Incoativo o Ingresivo: El Tiempo del Foco coincide con el inicio del Tiempo de la Situación.

Un ejemplo de esta variedad sería, naturalmente, el ejemplo: Juan empezó a pintar la casa.

g) Aspecto Terminativo o Egresivo: El Tiempo del Foco coincide con el final del Tiempo de la Situación.

Obsérvese que esta definición coincide con la que Klein proporcionaba para el Aoristo y que hemos modificado. Notemos que no es lo mismo Juan pintó la casa que Juan terminó de pintar la casa, ejemplo de aspecto terminativo; podemos concluir, pues, que no se debe confundir el Perfectivo o Aoristo con el Terminativo o Egresivo.

Es posible, sin embargo, que no sea necesario distinguir las variedades aspectuales de Ingresivo y Terminativo. Existen verbos que por su propio contenido léxico son inherentemente verbos aspectuales. Entre ellos figuran empezar y terminar. [...] Estos verbos podrían clasificarse como logros –empezar o terminar serían logros– de manera que no sería necesario postular dos nuevas variedades aspectuales, puesto que podríamos sostener simplemente que estos verbos se comportan canónicamente como logros cuyo significado léxico es, precisamente, denotar fases de eventos. [...]

En el caso del aspecto Imperfecto, Bertinetto (1986: 162-181) lo caracteriza por su propiedad básica de no afirmar la conclusión del predicado en cuestión y distingue tres posibles manifestaciones: el progresivo, el habitual y el continuo, que quedan ilustrados en los ejemplos siguientes:

a.    Cuando entró, María fregaba el suelo. (PROGRESIVO)

b.    En aquella época, Juan iba andando al trabajo. (HABITUAL)

c.     Durante la reunión Marta decía tonterías a todo el mundo. (CONTINUO)

Estos tres valores pueden hacerse explícitos mediante una perífrasis, como sucede en:

a.    Cuando entré, María estaba fregando el suelo. (PROGRESIVO)

b.    En aquella época, Juan solía ir andando al trabajo. (HABITUAL)

c.     Durante la reunión, iba diciendo tonterías a todo el mundo. (CONTINUO)

En el progresivo se focaliza un único instante. El Imperfecto habitual aparece con predicados que expresan situaciones cuya repetición se toma como una propiedad caracterizadora del sujeto. En el continuo lo que se focaliza es un período. [...]

Puesto que progresivo, habitual y continuo son subvariedades del Imperfecto y que esta modalidad aspectual se caracteriza por no predicar el final del evento, lo previsible es que las perífrasis que expresan estas subvariedades no posean formas perfectivas. Esta previsión se cumple con la perífrasis habitual (soler + infinitivo), pero no con la de progresivo (estar + gerundio) y la de continuo (ir + gerundio). [...]

En lo que se refiere al Perfecto, se pueden distinguir dos subvariedades, el resultativo y el experiencial:

a.    Ya ha llegado.

b.    Yo ya he comido espaguetis.

En el Perfecto resultativo de Ya ha llegado, se habla de los resultados de una acción anterior, la denotada por el participio llegado, por lo que el ejemplo en cuestión vendría a equivaler a está aquí. En el Perfecto experiencial se habla del estado de cosas que supone tener un cierto tipo de experiencia, en un sentido muy amplio; en nuestro ejemplo, haber comido espaguetis por lo menos una vez.

Resumamos lo que hemos dicho. Si aceptamos la existencia del Incoativo y del Terminativo, podemos establecer un orden en las diferentes variedades aspectuales en función del momento que focalizan. Las formas de futuro y condicional simples pueden expresar tanto Imperfecto (Cuando llegues, estaré en mi habitación), como Aoristo (Cuando llegues, escribiré la carta), por lo que se clasifican como aspectualmente neutras.

[García Fernández, Luis (dir.): Diccionario de perífrasis verbales. Madrid: Gredos, 2006, pp. 44-49]

«El aspecto verbal. Sus clases

Como categoría deíctica, el tiempo vincula los eventos con puntos temporales. El ASPECTO verbal informa, en cambio, de la estructura interna de los eventos, es decir, de la manera en que surgen, se terminan o se repiten, pero también de si se perciben en su integridad o se muestran únicamente algunos de sus segmentos. El aspecto no es, por consiguiente, una categoría deíctica. En efecto, lo que diferencia la oración Arturo lee el periódico de Arturo está leyendo el periódico no es el tiempo (presente en los dos casos), sino el aspecto. En la primera se puede hablar de cierto suceso repetido, aunque también de un evento particular que pueda verificarse en un intervalo temporal determinado. La interpretación de suceso repetido se descarta en la segunda oración. Como se ve, no cambia en este par de secuencias la localización temporal, sino la forma en que se extiende o se desarrolla en el tiempo la situación descrita.

El aspecto verbal se ha denominado TIEMPO INTERNO en algunos estudios, ya que la información que expresa es relativa a la manera en que aparecen los sucesos, no a su vínculo (directo o indirecto) con el momento del habla. El aspecto permite, en efecto, que las situaciones se muestren en su desarrollo interno, y se presentan como instantáneas, terminadas, inacabadas o repetidas, en otras opciones. Otros autores prefieren describir el aspecto (al menos el que se expresa con afijos flexivos o con perífrasis verbales) como un recurso gramatical que permiten ENFOCAR o FOCALIZAR ciertos componentes de las situaciones, a la vez que ocultar u omitir otros que el hablante no desea destacar.

Constituye una polémica tradicional no resuelta la presencia que debe otorgarse en español a la noción de ‘aspecto’. Las respuestas que se han dado en los estudios clásicos y en los modernos son sumamente variadas: desde “ninguna” o “mínima” hasta “máxima”, pasando por varios estadios intermedios. En las respuestas del primer tipo, se entiende que de los contenidos temporales –correctamente analizados– se deducen las informaciones que aportaría en nuestra lengua la noción de ‘aspecto’. En las respuestas de sentido contrario, el sistema temporal se entrecruza con un sistema aspectual que se caracteriza por un gran número de divisiones, tengan o no realización gramatical específica. En esta obra, se considerará que el aspecto desempeña un papel importante en la gramática del verbo –y, en general, de la predicación–, pero se introducirán menos distinciones aspectuales de las que se manejan en otros estudios. Atendiendo a la forma en que se manifiesta, el aspecto verbal se suele dividir en los tres grupos siguientes:

  1. Aspecto léxico o modo de acción

  2. Aspecto sintáctico o perifrástico

  3. Aspecto morfológico o desinencial.

Como puede comprobarse, cada uno de estos grupos clásicos se denomina de dos formas. En los apartados que siguen se explicará por qué estas alternativas no resultan del todo equivalentes, y también por qué conviene matizar en algunos puntos esta clasificación. Se verá asimismo que algunas variedades del aspecto corresponden a más de un grupo.»

[RAE: Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2009, § 23.2a-c]

«Se llama ASPECTO la categoría que indica la estructura interna de las situaciones. El aspecto informa de la manera en que se manifiestan o se desarrollan los acontecimientos, y también del modo en que surgen, culminan, secan o se repiten. Al igual que otras categorías, el aspecto puede expresarse SINTÁCTICAMENTE, entre otras opciones, a través de los VERBOS AUXILIARES que forman las PERÍFRASIS VERBALES (empezar a cantar, dejar de comer, seguir estudiando, estar a punto de llegar). Se realiza también LÉXICAMENTE, puesto que los verbos pueden designar situaciones puntuales (Llegó a esta ciudad) o permanentes (Residió en esta ciudad), entre otras posibilidades. El aspecto puede manifestarse asimismo MORFOLÓGICAMENTE (como en cantó frente a cantaba), aunque no todos los gramáticos del español –tradicionales y modernos– admiten esta tercera subcategoría del aspecto en nuestra lengua, que se aceptará, sin embargo, en esta obra. La relación entre tiempo y aspecto en el caso del imperfecto de indicativo (cantaba) es sumamente intrincada, por lo que se decidan cuatro secciones (§ 23.10-13) a analizarla. Baste señalar aquí que, a pesar de que esta información se expresa a través de una desinencia verbal, las interpretaciones que recibe el imperfecto están en función de la clase léxica a la que pertenezca el verbo con el que se construya, entre otros factores.

El aspecto que se expresa a través de perífrasis verbales focaliza el inicio, el término o el curso mismo de las situaciones, así como su interpretación, su reiteración o su cese. La noción fundamental en el análisis del aspecto expresado léxicamente (también llamado ASPECTO LÉXICO, MODO DE ACCIÓN, CUALIDAD DE LA ACCIÓN y ACCIONALIDAD) es, en cambio, la DELIMITABILIDAD de los predicados. Corresponde esta noción a la antigua distinción entre predicados permanentes (‘no delimitados’) y desinentes (‘delimitados’). Para aludir a esta misma propiedad es hoy mucho más frecuente el término (A)TELICIDAD (derivado del griego télos ‘fin’). Los predicados ATÉLICOS o NO DELIMITADOS designan situaciones que no concluyen o culminan, es decir, que no poseen final en función de su propia naturaleza, como trabajar, correr o empujar un carro. Los predicados TÉLICOS o DELIMITADOS (llegar, escribir una carta) se caracterizan por poseer término o límite. Sean télicos (llegar) o no (trabajar), los predicados pueden ser PERFECTIVOS (llegó, trabajó) e IMPERFECTIVOS (llegaba, trabajaba). El cruce de estas propiedades léxicas y morfológicas tiene repercusiones notables en el significado (§ 23.2j-v y 23.10 y ss.).» [RAE: NGLE, § 1.8n-ñ]