ARBITRARITÄT des Sprachzeichens

La arbitrariedad del signo lingüístico

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Konvention / Motivierung / Zeichen / Idioma / Idiom / Lexikalisierung / Demotivierung / Idiomatisierung

 

Arbitrarität [lat. arbitrium ‘Willkür’. -Auch: Beliebigkeit, Konventionalität, Unmotiviertheit, Willkürlichkeit].

Grundlegende Eigenschaft von sprachlichen Zeichen, die besagt, dass zwischen dem Bezeichnenden (= Lautbild, Zeichengestalt) und dem Bezeichneten eine beliebige, nicht naturnotwendige, d.h. abbildende Beziehung besteht. Je nach sprachtheoretischem Ausgangspunkt bezieht sich diese „Willkürlichkeit“ entweder auf das Verhältnis von sprachlichen Zeichen und außersprachlicher Realität oder auf das Verhältnis von sprachlichem Zeichen und seiner Bedeutung.

F. de Saussure bezieht A. auf das Verhältnis von Lautbild (= image acoustique) und Vorstellung (= concept) und belegt die Beliebigkeit dieser Verbindung durch die Tatsache, dass dasselbe Objekt der Realität von Sprache zu Sprache verschieden benannt wird. A. bedeutet nicht, dass der einzelne Sprecher nach freier Wahl bei der Konstruktion sprachlicher Ausdrücke verfahren kann: unter dem Aspekt des Spracherwerbs und der Kommunikation erfährt der Sprecher den Zusammenhang zwischen Zeichen und Bedeutung als eine gewohnheitsmäßige, obligate Verbindung. Der A. des sprachlichen Zeichens entspricht seine prinzipielle „Nichtmotiviertheit“, die allerdings in der Wortbildung, sowie in onomatopoetischen Ausdrücken relativiert ist. Man spricht in diesem Zusammenhang von „sekundärer Motiviertheit“. Zur Kritik der A. vgl. Engler, R. („Théorie et critique d’un principe saussurien: l’arbitraire du signe“, Cahiers Ferdinand de Saussure, Genf, 19, 1962), Ungeheuer, G. („Zum arbiträren Charakter des sprachlichen Zeichens“. In: H. Moser (ed.): Sprache, Gegenwart und Geschichte, Düsseldorf, 1969), Lindemann, B. („L’arbitraire du signe. Zur Neubestimmung eines Saussureschen Begriffs“. In: Orbis 21, 1972, S. 275-288).“ [Bußmann, H., S. 94-95]

Arbitrariedad del signo: Dado que la lengua recorta de varios modos el campo de los contenidos lingüísticos y los segmenta en signos, este proceso es completamente arbitrario y no está sujeto a motivos intrínsecos; no existe una relación causal entre el hecho de que en nuestra lengua se delimite un cierto conjunto vegetal respecto a otro y el hecho de que se llame uno pino y el otro abeto; el vínculo es convencional, como se ha visto con claridad desde Aristóteles (que, de hecho, lo definía como katá sunthéken ‘por convención’) hasta la lingüística moderna desde Whitney en adelante. Lo enuncia claramente Boas, por ejemplo en la introducción al Handbook de 1911: „las lenguas difieren no sólo por el carácter de los elementos fonéticos y de los nexos de sonidos que las construyen, sino también por los grupos de ideas que encuentran su expresión en determinados grupos fonéticos“ (43); „Cada lengua, si se considera desde el punto de vista de otra lengua, puede ser arbitraria en sus clasificaciones; lo que en una lengua se presenta como una única idea simple puede ser caracterizado por una serie de grupos fonéticos distintos“ (46). En uno de los pasajes más controvertidos del Curso de Saussure se lee: „El vínculo que une el significante al significado es arbitrario“ (en un principio había escrito ‘radicalmente arbitrario’), o más adelante: „dado que entendemos con signo el total resultante de la asociación de un significante a un significado podemos decir simplemente: el signo lingüístico es arbitrario. Así, la idea de ‘hermana’ no se encuentra ligada a ninguna relación interna a la secuencia de sonido s-ö-r que sirve, en francés, de significante; podría estar representada tan perfectamente por cualquier otra secuencia. Sirvan de prueba las diferencias entre las lenguas y la existencia misma de lenguas diferentes: el significado ‘buey’ tiene por significante b-ö-f a un lado de la frontera y o-k-s (ochs) al otro lado“ (Saussure 1968:100). A partir de este ejemplo, parece como si Saussure accediese a la teoría convencionalista según la cual la lengua es una nomenclatura que da, por convención, nombres diversos (que cambian de lengua a lengua: father, Vater, pater, père, otec) a conceptos iguales par todos (aquí ‘padre’).

Sólo en Hjelmslev el concepto recibe una adecuada aclaración. El signo es arbitrario precisamente en sus fundamentos en cuanto, además de serlo la relación que enlaza por ejemplo ‘padre’ a padre, es arbitrario, es decir, convencional, el proceso semiótico que ha llevado a delimitar en la lengua el plano de la expresión y el plano del contenido. Lo segmentos obtenidos de este modo se pueden llamar significantes si se sitúan en el plano de la expresión y significados si lo hacen en el plano del contenido. Los primeros y los segundos constituyen clases abstractas de hechos concretos. Se debe tener en cuenta, sin embargo, que el signo lingüístico, si es arbitrario a priori y considerado en sí mismo, singularmente, deja de serlo a posteriori o en el conjunto de la lengua a la que pertenece. Consideradas a posteriori, las palabras pierden gran parte de su arbitrariedad porque el significado que les atribuimos no es sólo función de una convención inicial (que, de todas maneras, en cuanto convención social, ha sido aceptada y, por lo tanto, no es modificable según nuestro arbitrio), sino que dependen del modo en el cual cada lengua descompone el universo en sus contenidos y de la presencia o ausencia en la lengua de otras palabras para expresar significados contiguos o análogos. Por ejemplo, en una serie de derivados de una misma raíz (como cubierta, cobertura, cubierto, cobertón, etc.) la arbitrariedad de cada uno de los derivados es mucho menos que la de la base.[Cardona, G. R., p. 22-23]

„El modelo generativo de N. Chomsky: Aspects of the Theory of Syntax (1965) y The Formal Nature of Languages (1967). Este modelo no es sino la consecuencia lógica de la construcción de una semántica interpretativa por parte de sus discípulos Katz, Fodor y Postal. Su presupuesto fundamental sigue siendo que el centro de la descripción de cualquier lenguaje natural lo constituye una serie de reglas a priori que en sí mismas son independientes y a las cuales se unen, como interpretaciones, por un lado, el significado como mera combinación de marcas semánticas de los morfemas obtenidas apriorísticamente y, por otro, el significante. De esta independencia de los componentes semántico y fonológico, postulada a priori, deduce N. Chomsky la arbitrariedad del signo en sentido saussuriano, sin darse cuenta de que el concepto de arbitrariedad, postulado por F. de Saussure y gran parte del estructuralismo europeo, no niega que las unidades formales de la lengua se ordenen de acuerdo con un significado lingüístico, constituyendo así paradigmas, sino solamente afirma y pone de relieve que el establecimiento de distintas unidades del paradigma (correspondencias entre forma y función) es un fenómeno histórico de elección libre por parte de la comunidad, sin que hubiese, antes del establecimiento de tales paradigmas, una necesidad motivada por las cosas en sí que determinara las relaciones funcionales necesariamente.“

[Báez San José, Valerio: Introducción crítica a la gramática generativa. Barcelona: Planeta, 1975, p. 315]

La arbitrariedad del signo

La relación que reúne en un signo lingüístico a un concepto y a una imagen acústica es arbitraria.  Si observamos un signo lingüístico, la palabra mujer, por ejemplo, la sucesión de sonidos que forma su significante no tiene ninguna relación intrínseca con el concepto que evoca; le hecho de que pudiera haberse elegido cualquier otra secuencia sonora queda de manifiesto si comprobamos que en diversos códigos lingüísticos existen significantes diferentes para ese mismo concepto:

español: mujer

catalán: dona

francés: femme

inglés: woman

Hemos de detenernos un instante a reflexionar sobre lo que entendemos por arbitrariedad. No sugiere que el hablante pueda alterar el signo lingüístico a su capricho: una vez adoptado por la comunidad, ningún miembro de ella es libre de cambiarlo. Si se dan cambios en un signo, tanto en el plano fónico como en el significado, es por obra de la evolución histórica.

Lo que significa arbitrariedad a este respecto es que, en el momento en que una comunidad asoció una secuencia sonora a un concepto, lo acordó sin que mediara una razón que motivara esa unión; ésta se acepta convencionalmente en todas las lenguas. Por ello decimos que el signo lingüístico es inmotivado o arbitrario.

Algunos lingüistas consideran las onomatopeyas como signos lingüísticos motivados por una voluntad de imitación: Los sonidos de una palabra sugieren acústicamente el objeto o la acción que significan (tic-tac, miau, etcétera). También en las familias de palabras formadas por el procedimiento de derivación señalan mayor motivación que en las palabras primitivas. (Así, parecería más motivado panadero o empanada que pan).”

[Quilis, A. / Esgueva, M. / Gutiérrez, M. L. / Ruiz-Va, P.: Lengua española. Madrid: Centro de Estudios Ramón Areces, 1991, p. 34]

“Reflexionando sobre el lazo que une el significante al significado, F. de Saussure afirma el carácter arbitrario del signo: »La idea (significado) del francés ‘soeur’ (hermana) no está unida por ninguna relación interna a la serie de sonidos /sær/ que le sirve de significante.« E. Benveniste hace ver que esta afirmación se basa en el recurso a la cosa misma: la idea de »hermana« está, por el contrario, fundamentalmente unida al significante hermana, en función de la teoría saussureana sobre el carácter básico del signo en la lengua: es entre el signo lingüístico, que asocia el significado y el significante, y la realidad extralingüística donde la relación es necesariamente arbitraria. Evidentemente, presentado bajo este aspecto, el problema se inserta en la tradicional polémica sobre el carácter natural o convencional de la palabra (physei/thesei) y ya no concierne únicamente a la lingüística.”

[Dubois, J. et alii: Diccionario de lingüística. Madrid: Alianza, 41994, p. 557-558]

“Es bien conocida la controversia de los filósofos griegos sobre la propiedad y especialmente sobre las discusiones del Cratilo de Platón. Según Cratilo, los nombres son propios, y según Hermógenes son arbitrarios. Aristóteles arguye que, puesto que los nombres no son iguales en distintas lenguas, no pueden ser naturales. El problema de si los nombres son fisis o tesis, naturalidad o arbitrariedad, se prolonga en la gramática latina, y hubiera sido problema eterno, planteado en el terreno de la Lógica, porque no es problema filosófico, sino de lingüística histórica. Sólo la filología histórica ha podido demostras que las denominaciones de los seres no expresan su naturaleza específica, pero sí una cualidad natural; no es fisis del todo, ni del todo tesis. Sin esta demostración concluyente de la filología histórica, pudo haberse caído antes en la cuenta de que la generalidad de las voces son simples, y que una voz simple no puede tener carácter definitorio. Las denominaciones no son naturales en el sentido de que sean definiciones del ser, pero son naturales en el sentido de que la cualidad elegida para la denominación es natural; no son las denominaciones arbitrarias del todo en el sentido de la significación, de que la voz no evoque cualidad alguna del ser; pero son arbitrarias en el sentido de la forma, que pudo elegirse o inventarse distinta. Novillo tiene un fundamento natural, porque significa el toro nuevo, pero es arbitrario porque novillo, esto es, nuevecito, pudo aplicarse al cordero y al brote de una planta.”

[García de Diego, V.: “La propiedad lingüística”. In: Lecciones de lingüística española. Madrid: Gredos, 1966, p. 98]

Arbitrariedad del signo lingüístico

Manifiesta Américo Castro: «No hay ninguna razón interna para que a ciertos sonidos corresponda necesariamente una significación; esto sólo acontece en la onomatopeya (voces imitativas de ruidos), que tan escaso papel desempeña en las lenguas. Nos es desconocida la causa de haberse aplicado por primera vez un nombre a las cosas; prescindiendo de la creencia mitológica de que los dioses se entretuvieron en nombrar los seres, la ciencia no sabe nada sobre ese punto. El hombre, desde que dispuso de sonidos bucales, motejaría los objetos de su alrededor con sonidos y expresaría con ellos sus estados psíquicos; desde el momento que un hombre comprendió la relación que su semejante establecía entre un sonido y un objeto o un estado de ánimo, estaba creado el lenguaje».

Por su lado sintetiza y expone Dámaso Alonso: «Creemos con Saussure que el signo es “arbitrario” (no hay nada que ligue el significante a la cosa significada; el significante puede morir y ser sustituido); pero creemos en la motivación, en el sentimiento de la motivación por el hablante: ese sentimiento será una “ilusión” (así han objetado insignes lingüistas), pero las “ilusiones” son también hechos, es decir, realidades. Así la “ilusión” del hablante (y del oyente) es un hecho realísimo del lenguaje con el que la lingüística ha de contar».”

[Abad, Francisco: Diccionario de lingüística de la escuela española. Madrid: Gredos, 1986, p. 214-215]

Arbitrariedad del signo lingüístico

La ‘arbitrariedad del signo lingüístico’, junto con la continuidad lingüística y la regularidad, es uno de los pilares sobre los que se asienta el método comparativo, ya que permitía concluir que las lenguas poseen formas semejantes a las de otras lenguas con las que están relacionadas históricamente, con lo que se ponía de relieve la no existencia de relación directa entre el signo lingüístico y su referente o realidad extralingüística.

El signo lingüístico posee dos características: la ‘arbitrariedad’ y la linearidad, es decir, el signo lingüístico es arbitrario y lineal. La ‘arbitrariedad’ (Saussure, 1945: 130) afecta tanto al significante como al significado, ya que las relaciones entre uno y otro no son lógicas ni racionales, ni poseen motivación intrínseca, y se deben a las convenciones creadas por la tradición y el uso. Así, la idea de sur no está ligada por relación alguna interior con la secuencia de sonidos s-u-r que le sirve de significante; podría estar representada tan perfectamente por cualquier otra secuencia de sonidos. Por ejemplo, para designar el mismo referente se usa el significante dog en inglés, chien en francés, perro en español, hund en alemán, etc.; e igualmente son arbitrarios los significados al no ser coincidentes, por ejemplo, la división del espectro de colores de lenguas tan próximas como el español y el inglés. El recurso de acudir a las onomatopeyas para justificar la motivación del signo lingüístico y, por tanto, su no arbitrariedad es fácilmente desmontable.”

[Alcaraz Varó, Enrique / Martínez Linares, María Antonia: Diccionario de lingüística moderna. Barcelona: Editorial Ariel, 1997, p. 64]

«Los planos fonético y significativo de una lengua están en relación arbitraria y, por tanto, no existe relación directa entre ambos; la arbitrariedad característica de las lenguas naturales hace posible la existencia de los cambios lingüísticos, pues si hubiera una relación directa entre los elementos fonéticos y los significados es evidente que las lenguas permanecerían siempre inalterables.»

[Blecua, J. M.: Revolución en la Lingüística. Barcelona: Salvat, 1973, p. 70]