APOPHANTISCH  

Apofántico 

(Recop.) Justo Fernández López

 

Apophantisch (griech. apophansis, Aussage, Äußerung, Behauptung, Meinung)

Bei Aristoteles eine Bezeichnung für Prädikation, sowohl der Zuerkennung wie auch der Aberkennung von Prädikaten. Bei Husserl ist die Apophantik ein Teil der formalen Logik, die sich mit prädikativen Aussagen beschäftigt. Dass man mit einer Aussage etwas über etwas aussagen kann («das apophantische Als»), setzt nach Heidegger voraus, dass die Behauptung der Aussage in eine Situation eingebunden ist, in der wir uns in einem praktischen Umgang mit dem Seienden befinden, welches dadurch als etwas Bestimmtes ausgelegt wird (»das hermeneutische Als«).”

[Hügli, A. / Lübcke, P.: Philosophenlexikon. Reinbek: Rowohlt, 1991, S. 47]

“Schließlich behauptet Sandmann, dass ich «meinem» logos semántico auch eine prädizierende Funktion zuspräche, die ich mit der «expresión lógica» gleichsetzte, und daß ich für «prädizierend» apofántico sagte (letzteres versieht er mit einem sich des Erstaunens). Nein. Der semantische Logos ist nicht meiner, sonder der des Aristoteles. Das Apophantische ist nicht eigentlich eine «Funktion», sondern eine Bestimmung des semantischen Logos. Und ‘apophantisch’ bedeutet nicht genau «prädizierend» (zumindest nicht im umfassenden oder grammatikalischen Sinn), sondern «propositional», «aussagend»; wenn man aber unter «prädizierend» das versteht, «was etwas in Bezug auf etwas bestätigt oder verneint», dann ist «apophantisch» ein ausgezeichneter Terminus für «prädizierend». Der Ausdruck apophantisch, der Sandmann so erstaunt, ist in jedem griechischen Wörterbuch zu finden und hat als Fachausdruck auf einfache oder zusammengesetzte logische Aussagen angewandt, eine lange Tradition in der westlichen Philosophie, angefangen von Aristoteles. Was die Unterscheidung selbst anbetrifft, so ist sie keinesfalls selten; Sandmann hätte sie meinen bibliographischen Angaben folgend bei Aristoteles, De interpr. 17 a, finden können.”

[Coseriu, E.: „Zum Thema Logik und Grammatik“. In: Zeitschrift für Romanische Philologie. Tübingen: Niemeyer, 1961, Bd. 77,  S. 520-521]

„Es bleibt mir nur noch übrig hinzuzufügen, dass ich hätte wissen müssen, dass «apophantisch» ein Aristotelischer Terminus ist. Es tut mir leid, ihn beanstandet zu haben.”

[Sandmann, M.: „Zum Thema Logik und Grammatik“. In: Zeitschrift für Romanische Philologie. Tübingen: Niemeyer, 1961, Bd. 77,  S. 526]

Apofántica

Con este nombre, y con el de Gramática General pura, designa la lógica moderna una ciencia previa que investiga las leyes y operaciones que permiten evitar los sinsentidos lógicos.“ [Lázaro Carreter, Dicc. de térm. filol., p. 53]

Apofántica

Aristóteles llamaba apóphansis (ἀπόφανσις) o también lógos apophantikós (λόγος ἀποφαντικός) a la proposición en general, es decir, al discurso, lógos  (λόγος), de índole atributiva. Esta proposición podía ser una afirmación katáphasis (κατἀφασις) o una negación apóphasis (ἀπόφασις)  . En todo caso, la apófansis o el discurso apofántico se distinguía rigurosamente de otras formas de discurso; por eso decía Aristóteles que no todo discurso es una proposición: lo es solamente aquel tipo de discurso en el cual reside lo verdadero o lo falso. Y por eso la apófansis es, propiamente hablando, una declaración y no, por ejemplo, una petición, una exclamación o un ruego.

La doctrina de la apófansis ha sido hasta hace poco tiempo el fundamento de la lógica, y ello hasta tal punto que podría enunciarse que gran parte de la lógica „clásica“ gira en torno lógos apophantikós (λόγος ἀποφαντικός), es decir, al supuesto de que el pensamiento se basa en las distintas formas del juicio „S es P“.

La nueva lógica se ha dirigido, por lo general, contra este predominio de la apofántica, y a veces ha considerado que esta última está vinculada indisolublemente a una cierta especie de metafísica: la metafísica de la substancia-accidente, a la cual correspondería, lógicamente la relación sujeto-predicado. Algunos han estimado que la lógica basada en la apofántica ha surgido como una traducción conceptual de la metafísica substancialista; otros, en cambio, han estimado que la metafísica de la substancia-accidente no es sino la consecuencia de haber tomado como punto de partida la apófansis. [...] Es evidente, por lo menos, que una filosofía substancialista tendrá siempre a defender el pensamiento apofántico como pensamiento lógico fundamental.

Husserl ha utilizado el término ‚apofántica’ en el curso de su investigación sobre la lógica formal y la lógica trascendental.“

[Ferrater Mora, José: Diccionario de filosofía. Buenos Aires: Sudamericana, 1969, p. 119]

“La atención prestada a la modalidad por la filosofía es muy anterior al interés que ha mostrado la lingüística. Aristóteles diferenciaba ya los juicios que llamaba ‘apofánticos’ o aseverativos de los denominados ‘semánticos’, que, aunque considerados plenamente significativos, no poseen un valor de verdad determinable. Siguiendo al Estaginta, los lógicos escolásticos distinguían entre proposiciones inesse y proposiciones ‘modales’. Las primeras son las simplemente atributivas. En ellas se afirma o niega que un predicado P sea atribuido a un sujeto S. En cambio, en las proposiciones modales no se realiza simplemente la atribución de P a S, sino que se informa también de cómo tiene lugar la unión de P y S: de la misma manera que es posible establecer determinaciones del sujeto (El hombre es hermoso) o del predicado (Sócrates es un hombre hermoso), también resulta posible modificar o determinar la ‘composición’, esto, es la relación entre sujeto y predicado (Es posible que Sócrates sea un hombre). Este último ejemplo constituye una proposición modal o modalizada. Según los lógicos escolásticos en toda proposición cabe distinguir el modus y el dictum. Mientras que el dictum viene dado por la relación existente entre S y P, el modus consiste en una determinación que afecta a la cópula modificándola con respecto a la verdad o falsedad.”

[Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, vol. 2, § 49.1.1, pág, 3211]