AGENTIV

Agentivo

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Agentividad / Kasusgrammatik / Relationale Grammatik

 

Agentivo:

En la teoría de Ch. Fillmore, el caso característico del elemento percibido como provocante de la acción indicada por el verbo, habitualmente animado.“ [Cardona, G. R., S. 9]

«Se suele llamar ESTRUCTURA ARGUMENTAL de un predicado al conjunto (ordenado o no) de sus argumentos. Así, el verbo explicar selecciona tres argumentos en el ejemplo

El maestro explicaba la lección a los alumnos.

Es una cuestión muy debatida la de dilucidar cuáles son exactamente las funciones semánticas que corresponden a los argumentos. En el ejemplo de explicar podrían ser ‘agente’, ‘contenido’ (pero también ‘tema’ para algunos autores; ‘paciente’ para otros) y ‘destinatario’. Se ha observado que algunas funciones semánticas, en particular la de ‘paciente’, son usadas de forma diversa en los estudios sobre estas materias. Estas razones y otras similares llevan a pensar a algunos autores que tales etiquetas son relativamente variables e imprecisas, y que no se distinguen con nitidez cuando se aplican a predicados menos prototípicos que explicar. En efecto, uno de los argumentos de explicar designa el agente de dicha acción, pero el término agente no es apropiado para hacer referencia a ninguno de los participantes de los verbos que designan estados (implicar, merecer, yacer, etc.) o procesos (aumentar, dormirse, secarse, etc.). En general, se suele considerar más apropiado en la gramática contemporánea identificar el número y las propiedades gramaticales de los participantes de una relación predicativa que designar unívocamente cada uno de ellos con una etiqueta semántica que lo distinga de los demás.

En el segundo sentido de predicado, los predicados no son solo verbales. También los sustantivos, los adjetivos y las preposiciones pueden tener argumentos, es decir, constituyentes exigidos por su significado léxico. Con escasas excepciones, casi todos los verbos tienen estructura argumental. En cambio, solo un pequeño conjunto de nombres, adjetivos, adverbios o preposiciones exigen semánticamente un argumento que “complete” su significado.»

[RAE: Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2009, § 1.12i-j]

«Fuera de los casos más claros, como agente o paciente, y a veces aun en estos, son sumamente escurridizos los conceptos que identifican las funciones semánticas. De hecho, muchos gramáticos han propuesto modernamente prescindir de gran parte de los términos que las solían designar, y prestar en cambio más atención a las clases sintácticas y semánticas de verbos que permiten estableces las propiedades gramaticales de los argumentos. En distintas corrientes lingüísticas se han desarrollado con desigual fortuna algunas teorías que pretendían distinguir gramaticalmente estas funciones. Así, el sujeto de las oraciones activas designaría unas veces el agente (César venció a Pompeyo), otras veces la causa desencadenante de un estado de casas (Los celos destruyen su matrimonio), la fuerza o el impulso no consciente que lleva a cabo una acción (El rayo derribó el árbol), el instrumento al que se atribuye un cambio de estado (La valeriana me tranquiliza), el experimentador de una sensación (La niña tiene sed) o una emoción (Siento rabia), el destinatario de una acción o un proceso (El reo recibió la sentencia sin inmutarse) o el participante neutro y no activo de un proceso (Llegó el verano), entre otras nociones similares. Dadas las enormes dificultades que existen para extender de manera nítida esas etiquetas u otras similares a todos los verbos del idioma, se prefiere en la actualidad profundizar en la naturaleza semántica de los verbos mismos y sus consecuencias en la sintaxis, en lugar de hacerlo en la tarea de determinar cuál es con exactitud la función semántica que ha de corresponder a cada uno de sus argumentos. Se procura, sin embargo, no aplicar los conceptos de ‘agente’ y de ‘paciente’ a los argumentos de los verbos que no designan acciones. Así, dado que la oración Este éxito merece una cena no expresa ninguna acción, se considera que no es enteramente adecuado llamar ‘agente’ a este éxito, ni tampoco –en sentido estricto– ‘paciente’ a una cena, puesto que ni este último elemento expresa la entidad que recibe la acción ni el primero designa a quien la ejerce. En estos casos se hablará de sujetos o complementos NO AGENTIVOS, pero debe hacerse notar que son varias las teorías gramaticales en las que estas unidades se clasifican en función de etiquetas semánticas más específicas.»

[RAE: Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2009, § 41.1i]