AGENS

El agente

(Recop.) Justo Fernández López

 

Vgl.:

Semantische Rolle - Papeles semánticos / Complemento agente / Transitivitätshypothese / Ergativitätshypothese / Ergativität / Diathese / Vox / Genus verbi / Medium / Kasusgrammatik / Agens-Aktio-Schema / Subjekt und Prädikat / Angabe / Ergänzung / complemento / Objekt / Komplement / Präpositionalobjekt / Ursache

 

Agens mask./neutr.; lat. agere ‘handeln’, engl. actor]

Semantische Rolle des Urhebers bzw. Verursachers einer Handlung, die in Nominativsprachen wie dem Dt. im allgemeinen durch das Subjekt des Satzes ausgedrückt wird: Er verbraucht das Geld. Im Passiv wird das Agens mit Hilfe eines Obliquen Kasus (s. z.B. im Lat. oder Russisch) oder einer Präpositionalphrase ausgedrückt, vgl. von ihm in Das Geld wurde von ihm verbraucht.“ [Bußmann, 55]

Agens ¹ Patiens

Agens ist ein aktiven Aussagesatz der Träger der Handlung; steht entsprechend den Stellungsgesetzen der Einzelsprache und der Aufmerksamkeitshierarchie des Sprechers an bestimmter Stelle. Im Deutschen herrscht in diesem Fall Spitzenstellung/ Den Hans hat der Vater geschlagen/. Bei femininen Objekten entsteht Zweideutigkeit, da Subjekt = Objekt. Ein Sonderfall: Agens = Patiens: Medium. Im Passivsatz wird das Agens oft nicht genannt /Hans wurde geschlagen/.“ [Heupel, C., S. 15-16]

Agens [agent (actor), agent, agens].

Handelnde »Person«, Urheber, Ausgangsgröße einer Handlung oder Tätigkeit, die in den indoeurop. Sprachen in Aktivsätzen durch den Nominativ, in Passivsätzen durch den Ablativ, Instrumental oder Dativ (mit oder ohne Präposition) zum Ausdruck gebracht wird; grammatische Funktion. Im Einzelfall ist es schwer, zwischen Agentivfunktion und Instrumentalfunktion zu trennen.

Im Satz Peter wurde von Karl mit einem Messer getötet hat Karl Agentivfunktion. Transformationelle Beziehungen bestehen zu Karl tötete Peter mit dem Messer. In Passivsätzen wird das Ziel und nicht der Agens grammatisches Subjekt; der Agens ist fakultative und extranukleare Konstituente, z.B. Bill was killed (by John). Syntaktisch ist by John als Agentivadjunktion vergleichbar mit with a knife in instrumentaler Funktion.

Im indoeur. Sprachbereich kann (mit gewissen Ausnahmen) das Subjekt transitiver und intransitiver Sätze als Agens betrachtet werden, dem das Objekt als Patiens oder Ziel gegenüber steht.

Dagegen wird etwa im Baskischen durch das Verbum die Handlung als solche präsentiert, ohne auf die Teilnehmer an der Handlung (die Aktanten) spezifiziert zu sein.“ [Lewandowski, Bd. 1, p. 20-21]

«La noción de agentividad

En la definición de la noción de agentividad se suelen utilizar una serie de propiedades que, a pesar de que no siempre se encuentran documentadas en todos los ejemplos, nos permiten hablar de un prototipo de agentividad y de grados de desviación con respecto al prototipo. Los rasgos que caracterizan a los agentes prototípicos y que se han utilizado repetidamente para definir la función semántica agente pueden ser los siguientes (Dowty 1991, García-Miguel 1995, Kearns 2000): intención, control consciente sobre la acción, origen, causa o iniciador del proceso y autonomía.

La posición más alta en la escala de la agentividad la constituyen los agentes que poseen los rasgos de intención y control consciente sobre la acción. Estos agentes deben ser siempre animados, pues solo tales entes pueden actuar intencionada o voluntariamente. Así, en Luis rodó colina abajo cabría la posibilidad de interpretar a Luis como un agente, siempre que se le asigne un rasgo de voluntariedad en la acción de rodad; este rasgo nunca estaría presente en el sujeto de El balón rodó por la pendiente.

Las fuerzas naturales, que normalmente actúan como causas, poseen autonomía además de constituir el origen de un proceso o estado de hechos, pero carecen de intención o control. Son fuerzas inanimadas las fuerzas de la naturaleza, así como las máquinas, objetos o herramientas que pueden dar lugar a determinado estado de hecho: El coche destrozó la valla, La piedra rompió la ventana. Debido a su falta de autonomía, algunos autores rechazan que las causas que implican la presencia de una manipulación previa se sitúen en la escala de la agentividad y prefieren tratarlas como instrumentos. Un punto de vista distinto es el que adopta Kearns (2000), al incluir los instrumentos dentro de la escala de agentividad, aduciendo que pueden entenderse como el origen de un proceso. En la medida en que un instrumento se encuentre especializado en un propósito específico, puede convertirse en el sujeto de un predicado que describa dicho propósito: Uno de estos cuchillos terminó con la vida del vagabundo.

Una oración como Juan asustó a Luisa puede ser interpretada con un sujeto agente o causa, dependiendo del grado de voluntariedad del sujeto: si la acción es intencionada será un agente, mientras que si carece de intención o control, será una causa: Al abrir la puerta precipitadamente, Juan asustó a Luisa. [...] El único rasgo constante dentro de esta escala, compartido por todos los miembros, es el de iniciador u origen del proceso, consecuencia de la posición prominente que ocupa el agente-causa como el primer argumento o argumento externo de la predicación.

Debe advertirse que, en ocasiones, se utiliza el término de causa para referirse de manera genérica al argumento externo expresado a través de un agente, de una causa o ente inanimado, o de un instrumento, independientemente del papel temático concreto que posea dentro de la escala de la agentividad.»

[Rodríguez Ramalle, Teresa María: Manual de sintaxis del español. Madrid: Editorial Castalia, 2005, § 3.1.1]

«Fuera de los casos más claros, como agente o paciente, y a veces aun en estos, son sumamente escurridizos los conceptos que identifican las funciones semánticas. De hecho, muchos gramáticos han propuesto modernamente prescindir de gran parte de los términos que las solían designar, y prestar en cambio más atención a las clases sintácticas y semánticas de verbos que permiten estableces las propiedades gramaticales de los argumentos. En distintas corrientes lingüísticas se han desarrollado con desigual fortuna algunas teorías que pretendían distinguir gramaticalmente estas funciones. Así, el sujeto de las oraciones activas designaría unas veces el agente (César venció a Pompeyo), otras veces la causa desencadenante de un estado de casas (Los celos destruyen su matrimonio), la fuerza o el impulso no consciente que lleva a cabo una acción (El rayo derribó el árbol), el instrumento al que se atribuye un cambio de estado (La valeriana me tranquiliza), el experimentador de una sensación (La niña tiene sed) o una emoción (Siento rabia), el destinatario de una acción o un proceso (El reo recibió la sentencia sin inmutarse) o el participante neutro y no activo de un proceso (Llegó el verano), entre otras nociones similares. Dadas las enormes dificultades que existen para extender de manera nítida esas etiquetas u otras similares a todos los verbos del idioma, se prefiere en la actualidad profundizar en la naturaleza semántica de los verbos mismos y sus consecuencias en la sintaxis, en lugar de hacerlo en la tarea de determinar cuál es con exactitud la función semántica que ha de corresponder a cada uno de sus argumentos. Se procura, sin embargo, no aplicar los conceptos de ‘agente’ y de ‘paciente’ a los argumentos de los verbos que no designan acciones. Así, dado que la oración Este éxito merece una cena no expresa ninguna acción, se considera que no es enteramente adecuado llamar ‘agente’ a este éxito, ni tampoco –en sentido estricto– ‘paciente’ a una cena, puesto que ni este último elemento expresa la entidad que recibe la acción ni el primero designa a quien la ejerce. En estos casos se hablará de sujetos o complementos NO AGENTIVOS, pero debe hacerse notar que son varias las teorías gramaticales en las que estas unidades se clasifican en función de etiquetas semánticas más específicas.»

[RAE: Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2009, § 41.1i]

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Agente

«Las formas de la conjugación activa del latín (amo, amabam, amabo, etc.) se elegían sobre todo para asociar la función de agente con la de sujeto, como en Deus amat homines (‘Dios ama a los hombres’). Se trata de una interpretación amplia del concepto de ‘agente’, puesto que, en sentido estricto, el que ama a alguien no realiza exactamente una acción, sino que más bien experimenta una determinada emoción. En la gramática tradicional de las lenguas romances se mantuvo esta interpretación amplia del concepto de VOZ ACTIVA y, con él, de ORACIÓN ACTIVA, que se extendieron incluso a las secuencias en las que el sujeto designa al que sufre o experimenta acciones o emociones, como en La muchacha padecía una extraña enfermedad. Las formas de la conjugación pasiva (amor, amabar, amabor, etc.) se asociaban en latín a la estructura inversa: el paciente asume la función de sujeto, a menudo dejando tácito el agente (como en Homines amantur ‘Los hombres son amados’) o expresándolo mediante un grupo preposicional: Homines amantur a Deo (‘Los hombres son amados por Dios’).»

[RAE: NGLE - 2009, § 41.1b]