ADYACENTES PREPOSICIONALES DEL PARTICIPIO

(Recop.) Justo Fernández López

 

„No invalida el carácter atributivo de las llamadas oraciones pasivas el hecho de poder llevar el participio un adyacente preposicional que se refiere en la realidad al agente de la actividad designada por el signo léxico del partipicio, en tanto que el atributo en los otros casos puede ir determinado por adyacentes preposicionales que no se refieren a ningún agente. De todos modos la estructura sintáctica es idéntica, según se nota en el paralelismo de las siguientes parejas oracionales:

 

 

La noticia es divulgada por la presensa.

>

lo es

 

La noticia es confidencial por su trascendencia.

>

lo es

 

Los negocios fueron interrumpidos por la policía.

>

lo fueron

 

El edificio será derribado por los bomberos.

>

lo será

 

El edificio será suntuoso por su decoración.

>

lo será

 

En todos los ejemplos, el segmento que encabeza por forma unidad con el participio o el adjetivo que le precede, como demuestra la posibilidad de ser, ambos en conjunto, representados por lo como cualquier atributo. La diferencia entre el sentido agentivo y el sentido causativo es cuestión que no afecta a las relaciones sintácticas. Las diferencias no dependen de las relaciones sintácticas, ni del sentido de la preposición por, sino de las particularidades semánticas de la unidad que funcione como atributo. Compárese elogiado, elogiable, elogioso (unidades todas, derivadas con sufijos de valor referencial diferente, de un mismo signo léxico que manifiesta la noción „elogio“):

El discurso es elogiado por el público.

El discurso es elogiado por su claridad.

El discurso es elogiable por su precisión.

El discurso es elogioso por las circunstancias.

Son, sin duda, los sufijos ado, able y oso los responsables de que el adyacente se refiera a una u otra noción (agente o causa). Sin embargo, todas esas oraciones son estructuras atributivas. Agente y causa son sentidos no distinguidos por la estructura y las relaciones sintácticas. Su diferencia procede de las diversas referencias léxicas que evocan los signos presentes; su diversidad resultaría solo patente en la lengua sustituyéndolos por otras estructuras, por ejemplo, diciendo El público elogia el discurso, Su claridad hace elogiar el discurso.  

[Alarcos Llorach, Emilio: Gramática de la lengua española. Madrid, 1994, pp. 303-305]