ABC de historia e instituciones españolas

Terminología, historia, instituciones y tratados

Justo Fernández López

H-N


hidalgo - hidalguía

El hidalgo, persona que por su sangre es de una clase noble y distinguida, pertenecía por linaje al estamento inferior de la nobleza.

El concepto de hidalgo y fidalgo tiene su origen en España y Portugal y es sinónimo de noble, aunque coloquialmente se utilice el término para referirse a la nobleza no titulada. Desde el siglo XII se encuentran en la Península Ibérica los términos fijodalgo y fidalgo, de donde llega a la Edad Moderna como hijodalgo e hidalgo. En la Corona de Aragón el término empleado es el de infanzón. La palabra es un calco semántico de frases árabes medievales que usaban ibn ("hijo") o bint ("hija") y un sustantivo descriptivo para describir a alguien. "Algo" generalmente significa "cosa", en el uso específico en "hijo de algo", la palabra quiere decir "riqueza", lo cual hace que hidalgo sea originalmente sinónimo de ricohombre, si bien con el tiempo adquirió el sentido de "nobleza sin título".

Literariamente los hidalgos han sido caracterizados fundamentalmente como nobles sin apenas bienes pero exentos, debido a la prestación militar que les confería el derecho de portar armas, de las cargas y tributos que pagaban en cambio los plebeyos (pecheros).

Es en el siglo XII cuando se les empieza a llamar "hidalgos". En sus inicios, entonces, el título surgió como un reconocimiento. Pero a lo largo de los años, su uso se fue extendiendo en forma descontrolada, y los monarcas, a cambio de algún beneficio económico personal, nombraban hidalgos a cuantos les resultaba conveniente.

Fue con la llegada de la Ilustración y los Borbones que comenzó una reforma en profundidad de la hacienda pública, una de las cuales fue la limitación de este tipo de nombramientos, ya que por entonces más de medio millón de personas gozaba de exenciones tributarias basadas en este título.

Críticas contra la inactividad aristocrática se fusionaron con actitudes igualitarias que flotaban en la atmósfera de finales del siglo XVIII. La proporción de nobles había descendido en España en el transcurso del siglo hasta el nivel del 4% entre el total de una población de diez millones y medio de habitantes en 1797. En el censo de 1768 había 722.794 hidalgos, 480.000 en 1787 y 403.000 en 1797.

«En determinadas regiones, sin embargo, el porcentaje de nobles era mucho más elevado. Los habitantes de Guipúzcoa se consideraban hidalgos en el cien por cien de los casos; en Vizcaya sucedía lo mismo en un 50 por ciento, y en Asturias en un 16 por ciento, a finales de siglo. En Andalucía, además, y a pesar de que el número de nobles per capita era bajo en esta región, abundaban los hidalgos ricos de modo especial. A lo largo de todo el territorio de la nación, tomada en su conjunto, gozaban aún los nobles de ciertos privilegios. Campomanes se esforzó en fomentar el desarrollo de los oficios, elevando su rango en la consideración social e intentando borrar la distinción entre los usuarios del título “don” que practicaban las artes liberales y el simple Juan Fernández que trabajaba en un taller de tejer, en las hormas o máquinas de modelado. Desde el mes de marzo de 1783, artes como las del curtido, sastrería, zapatería o herrería fueron declaradas “honorables”, y los que practicaban tales menesteres no perdían, por ello, su condición de hidalguía. [...] Todavía en 1784, la Real Academia de San Fernando se lamentaba de las disputas provincianas en torno a la distinción entre artistas y artesanos.» [Glendinning, Nigel: Historia de la literatura española. El siglo XVIII. Barcelona: Ariel, 32000, p. 34-35]

Con el paso del tiempo se fue transformando su régimen jurídico hasta la completa abolición de sus privilegios con el advenimiento del liberalismo en el primer tercio del siglo XIX. Esto, no obstante, no supuso la abolición de la nobleza.

«Equivale a noble, castizo y de antigüedad de linaje: y el ser hijo de algo, significa haber heredado de sus padres y mayores lo que llama algo, que es la nobleza y el que no la hereda de sus padres, sino que la adquiere por sí mismo, por su virtud o valor, es hijo de sus obras y principio de su linaje. Y también algo, absolutamente, vale cualquier cosa de valor y hacienda.

Hay algunas diferencias de hidalgos. Hidalgo de todos cuatro costados, cuando la madre es hija de padres hidalgos. Hidalgo de solar conocido. Hidalgo de ejecutoria, el que ha pleiteado su hidalguía. Hidalgo de privilegio, otorgado por el rey o comprado. Hidalgo de devengar quinientos sueldos, el que podía recibir de su adversario por condenación de juez competente, en satisfacción de su injuria quinientos sueldos, el que no era noble recibía sólo trescientos. Hidalgo como un gavilán, se atribuye a esta ave de rapiña una hidalguía muy grande.» (Covarrubias)

A los hidalgos no les era lícito trabajar y su “negra honrilla” les impedía emplearse en obras útiles para la economía del país. Hidalgo se fue así asociando a pobreza.

Himno de Granaderos

«De menor implantación que la bandera, aunque casi igual de polémico, ha sido el himno. Desde el siglo XVIII existía el Himno de Granaderos, y todo el siglo XIX lo usó en las grandes ocasiones, es decir, en presencia real, pero sin adoptar ninguna decisión sobre su rango. En las situaciones liberales, y desde luego en las dos repúblicas, se tocaba, y se terminó declarando oficial, el Himno de Riego. A mitad de camino entre aquellos dos momentos republicanos, durante la gran movilización de la Guerra de Cuba, las tropas se embarcaron al son de distintas músicas, entre las que dominaban los sones de la “Marcha” de la zarzuela Cádiz; y las calles se vieron recorridas por muchedumbres patrióticas que, sin eran de izquierdas, podían muy bien cantar La Marsellesa, composición revolucionaria francesa, para expresar su adhesión a la causa española. En 1908, al fin, la Marcha Real se elevó al rango de himno nacional, pero cuando, a principios de 1931, en los meses finales de la monarquía de Alfonso XIII, el músico mayor del cuerpo de guardias de alabarderos Bartolomé Pérez Casas hizo una adaptación de su partitura, lo registró, como creación propia, en la Sociedad General de Autores, y sus herederos han seguido percibiendo derechos por la obra, cada vez que se ha usado, hasta el final del siglo XX. Más privatización sobre un símbolo público, imposible. Pero aún era que, ni en 1908 ni cuando el régimen vencedor de la Guerra Civil ratificó su categoría de himno nacional, se incorporó una letra a aquella música. Existieron distintas versiones oficiales, con una escrita por José María Pemán que alcanzó cierta difusión bajo el franquismo (Viva España, alzad los brazos hijos del pueblo español, que vuelve a resurgir...). A finales de los años 1970, al implantarse la democracia, conscientes de la dificultad de alcanzar un consenso sobre los valores a ensalzar, se optó de nuevo por dejar el himno sin texto.» [Álvarez Junco, José: Mater dolorosa. La idea de España en el siglo XIX. Madrid: Taurus, 2001, p. 554-555]

La Marcha Real es la denominación tradicional, conjuntamente con la de Marcha Granadera, que recibe el himno nacional de España. Es uno de los himnos nacionales más antiguos de Europa. En 1770, el Rey Carlos III declaró Marcha de Honor a la Marcha de Granaderos, y con ello formalizaba la costumbre de interpretarla en actos públicos y solemnes. Es durante el reinado de Isabel II cuando se transforma en himno oficial. La denominación de Marcha Real fue una expresión acuñada popularmente, debido a que se solía interpretar en los actos públicos a los que asistía el rey o la reina.

La Marcha Real ha sido el himno de España desde el siglo XVIII, con la excepción del Trienio Liberal (1820-1823), la I República (1873-74) y la II República (1931–1939), en cuyos periodos se adoptó el Himno de Riego. El general Francisco Franco restableció su oficialidad durante la Guerra Civil, decreto de 1937, ratificado en 1942. El estatuto legal se hizo en el Real Decreto 1560/1997, del 10 de octubre de 1997, año de la adquisición plena de los derechos de autor de la armonización realizada por Bartolomé Pérez Casas, revisada por Francisco Grau, coronel director de la Banda de música de la Guardia Real, quien cedió gratuitamente sus derechos.

La Marcha Real, al igual que el Inno Nazionale della Repubblica de San Marino, no posee letra oficial. Los más antiguos versos se remontan al año 1843, compuestos por Ventura de la Vega. En 1928 y por encargo del general Miguel Primo de Rivera, el poeta gaditano José María Pemán escribió la letra que, aunque no llegó nunca a tener carácter oficial, fue la que se cantó durante el franquismo y se entonaba por las mañanas en todos los colegios españoles al compás del izado de la bandera.

¡Viva España!

Alzad los brazos,

hijos del pueblo español

que vuelve a resurgir.

Gloria a la Patria

que supo seguir

sobre el azul del mar

el caminar del sol.

¡Triunfa, España!

Los yunques y las ruedas

canten al compás

nuevos himnos de fe.

Juntos con ellos

cantemos en pie

la vida nueva y fuerte

del trabajo y paz.

El décimo verso fue adaptado por Pemán al bando ganador de la Guerra Civil, sustituyendo «los yunques y las ruedas» por «los yugos y las flechas», símbolo de la Falange.

El presidente del Gobierno, José María Aznar, encargó a un grupo de escritores y poetas componer una letra para la Marcha Real. La letra presentada al Gobierno quedó aparcada al no poder el Gobierno alcanzar un acuerdo con la oposición socialista en un tema tan delicado. En junio de 2007, el Comité Olímpico Español, propuso la composición de una nueva letra que pudiera ser interpretada en los momentos de entrega de trofeos a deportistas españoles. La letra elegida, obra de Paulino Cubero, suscitó rechazo y polémica entre buena parte de la sociedad y clase política. Entonces el COE decidió cancelar la presentación oficial y retirar la propuesta por «la controversia y el rechazo generados», sin especificar si volverá a presentar otra o renunciará a ello.

Himno de Riego

Ver: Marcha Real / Himno de Granaderos

Riego fue un símbolo de los liberales de España durante el siglo XIX y principios del siglo XX, se alzó contra el absolutismo de Fernando VII en la localidad de Las Cabezas de San Juan, provincia de Sevilla (1 de enero, 1820) para instaurar un nuevo régimen constitucional que tendría como norma básica la pionera Constitución de 1812, redactada ocho años antes por las Cortes de Cádiz.

El Himno de Riego es una marcha militar inspirada en los tradicionales himnos militares (ritmo de pasodoble) y en la Marsellesa. Fue compuesta por José Melchor Gomis y dedicada al Teniente Coronel Rafael de Riego. Fue el himno nacional durante el Trienio Liberal (1820-1823). Durante la Primera Guerra Carlista era cantado por las tropas liberales, siendo prohibido durante la Década Ominosa de Fernando VII y parte del reinado de Isabel II. Fue cooficial junto a la Marcha Granadera durante la Primera República (1873-1874). Durante la II República Española (1931-1939), llegó a ser declarado himno oficial del Estado español.

Aparte de la letra oficial durante el período republicano, el Himno de Riego tuvo muchas letras o letrillas populares, más o menos afortunadas. La letra original fue compuesta por Evaristo San Miguel en 1820, oficializada como himno nacional durante el Trienio Liberal (1820-1823) y restaurada por deseo de Azaña en la II República (1931-1936).

intrahistoria 

"El Unamuno de 1895-1898, en quien resucita el antiguo interés por le ciencia del folclore, parece creer en la existencia de unos primitivos sustratos raciales y culturales que, bajo la influencia de un determinado medio geográfico, explicarían ciertos comportamientos atávicos de las sociedades. [...] En los años 1895-98, esta visión positivista, inspirada en Spencer y en la teoría del medio natural, de la Hippolyte Taine, se va sofisticando a través del influjo de la Volkspsychologie, la Psicología de los pueblos divulgada por las obras de Wundt. En el primero de los ensayos que, en 1902, se publicaron en libro bajo el título común de En torno al casticismo, y que aparecen, en 1895, en sucesivos números de La España Moderna, desarrolla Unamuno su teoría de la intrahistoria: bajo la historia de las revoluciones y de los grandes acontecimientos políticos, vive un pueblo eterno, inmerso en la repetición cotidiana o estacional de las mismas tareas, los mismos ritos y las mismas canciones. Rara vez este pueblo interviene en la historia propiamente dicha, y cuando lo hace, como fuerza correctora de las revoluciones iniciadas por los políticos, vuelve al poco a la vida silenciosa de debajo de la historia, a sus labores abandonadas. Así lo hizo el pueblo de los campos, que se levantó en armas contra la Gloriosa (la revolución de 1868), para completar la obra de esta. El pueblo intrahistórico de Unamuno, al ser eterno, acaba confundiéndose con el Urvolk, con el pueblo de los orígenes. Toda la cultura española del fin de siglo está afectada de indenismo, de búsqueda de raíces ibéricas, célticas o celtibéricas; pero en Unamuno esta tendencia se agrava. Unamuno había sido capaz de ver en el Madrid de los primeros años ochenta una población de antiguos nómadas mal avenida con las formas de vida urbana. Siendo vasco, tenía necesariamente que identificarse con la raza ancestral, fuese esta la que fuese."[Juaristi, Jon: El Bucle Melancólico. Historias de nacionalistas vascos. Madrid: Espasa Calpe, 1997, pp. 95-96]

josefinos

Defensores de José I Bonaparte, rey de España (1808-1813): josefinos, afrancesados, juramentados, serviles, aprovechados.

La nomenclatura de afrancesado es la más común, sus acepciones, no obstante, son muchas. Por su colaboración con José I Bonaparte, se les llama también josefinos. Otros autores utilizan el término más peyorativo de serviles, denominación debida a Eugenio de Tapia que la escribía con las dos sílabas separadas por un guión: ser-vil.

Juan de Padilla (1490-1521)

Ver: Batalla de Villalar / Comunidades de Castilla / Guerra de las Comunidades de Castilla

Noble español, uno de los principales líderes de la revuelta de las Comunidades de Castilla. Natural de Toledo, fue regidor de la ciudad. En 1519, junto a Hernando Dávalos y Pedro Lasso de la Vega, organizó el movimiento comunero en Toledo. Acudió a Tordesillas, con otros comuneros, con la idea de convencer a doña Juana para que apoyase la revuelta y accediera a ser, de nuevo, reina de Castilla, pero no consiguió su propósito. En 1520, la Junta Santa, reunida en Ávila, le nombró capitán general de las tropas comuneras. En 1521, fue derrotado en Villalar, siendo ejecutado, junto con Juan Bravo y Francisco Maldonado, en la plaza de dicha localidad. Su viuda, María Pacheco, continuó la lucha en Toledo durante algunos meses.

Antes de subir al cadalso, Juan de Padilla se dirigió a su camarada Juan Bravo con unas célebres palabras: "Señor Bravo: ayer era día de pelear como caballero, hoy es día de morir como cristiano". Ante esto, Juan Bravo pidió ser ejecutado antes que Padilla, "para no ver la muerte de tan buen caballero". Horas más tarde, también fue ejecutado y decapitado el salmantino Francisco Maldonado.

judíos sefarditas o judeo-españoles

Ver bajo: sefardíes

Lex Visigothorum

Ver: Liber Iudiciorum

Liber Iudiciorum

El Liber Iudiciorum (o Lex Visigothorum) fue un cuerpo de leyes visigodo, dispuesto por Recesvinto, rey visigodo (653-672) y publicado probablemente el año 654.

Es conocido también como Código de Recesvinto, Libro de los Jueces, Liber Iudicum, Liber Gothorum, Fori Iudicum, Forum Iudicum y Forum Iudiciorum. Esta gran obra legal del reino visigodo fue traducida en 1241 del latín al castellano por orden de Fernando III el Santo (1201-1252), rey de Castilla (1217-1252) y de Castilla y León (1230-1252), primer monarca de la que se ha dado en llamar Corona de Castilla. Esta traducción sirvió como fuero a ciertas localidades de la zona meridional de la península Ibérica, siendo denominado Fuero Juzgo. Fue impreso por vez primera en lengua latina en París en 1579 bajo el título Codicis Legum Wisighotorum Libri XII.

Para acabar con las diferencias religiosas, Leovigildo, rey de los visigodos (568-586), trató de imponer el arrianismo, herejía que negaba la total divinidad de Jesucristo, como religión oficial del Estado, pero fracasó por la oposición de la Iglesia y de la aristocracia hispano-romana. En el 573, asoció al trono a su hijo primogénito Hermenegildo, encargándole del gobierno de la Bética, con residencia en Sevilla. Allí, Hermenegildo, influido por su esposa y por el obispo Leandro, se convirtió al catolicismo, lo que suponía un acto de rebeldía política al actuar contra los designios regios. Con el apoyo de importantes sectores de la aristocracia hispanorromana, se proclamó rey en el 579. Leovigildo tuvo que intervenir militarmente contra su hijo, al que hizo prisionero en el 584. Un año después, Hermenegildo fue asesinado en Tarragona por su carcelero, al negarse a recibir la comunión de manos de un obispo arriano. La Iglesia católica le canonizó en 1586, durante el reinado de Felipe II.

Ante esta situación, sólo quedaba la opción de conseguir la unidad en torno al catolicismo, cosa que lograría su hijo Recaredo, rey visigodo (586-601), que promovió la conversión al catolicismo de su pueblo al convertirse al catolicismo en el III Concilio de Toledo (589). Conseguida así la unidad religiosa, la unidad jurídica se conseguiría con la promulgación por Recesvinto del Liber Iudiciorum (654), código de validez territorial por el que debían regirse todos los jueces.

liberal

De la palabra liberal arranca la formación del vocablo liberalismo como doctrina política compartida por los liberales, en la que se defiende el principio constitucional frente al absolutismo y la soberanía nacional frente a la real, poniendo al individuo como eje de la política en cuanto que la personalidad humana es fuente de derechos y libertades inviolables.

«La voz liberal aplicada a un partido o a individuos, es de fecha moderna y española en su origen, pues empezó a ser usada en Cádiz en 1811, y después ha pasado a Francia, a Inglaterra y a otros pueblos.» [Alcalá Galiano]

«En Cádiz se pronuncia por vez primera en el mundo, y España se la da al diccionario político, la palabra liberal [...] creó la voz liberal porque era un pueblo hambriento de libertad. [Fernando de los Ríos]

Los antiguos admiradores de lo francés que optaron por el bando denominado patriota (la mayor parte amigos personales de los del bando afrancesado, y con ideas muy similares) formaron el grupo de los liberales en las Cortes de Cádiz.

Se suele considerar a estos acontecimientos y los procesos históricos y culturales en los que se inscriben como el origen del nacionalismo español.

En latín liberal correspondía a una clase de hombres libres, que fue adquiriendo la acepción de ‘desinteresado’, ‘generoso’: civiles, urbanus, humanus. Las artes libres eran las artes liberales (siete), opuestas a las artes mechanicae. Hasta entrado el siglo XVIII, liberal, tanto en inglés como en francés, no tenía ningún matiz político y significaba lo que en latín. En el siglo XIX comienza a tener significado político.

El vocablo es de estirpe hispana, así como guerrilla, pronunciamiento, etc. Aunque Vicente Llorens, citando a Juan Marichal, alude al origen francés de la expresión ideas liberales, que sería la base para la aplicación del vocablo liberal a personas, partidos o instituciones: constitución liberal, educación liberal, gobierno liberal, partido liberal, etc. Políticamente liberal era lo opuesto a servil o iliberal.

En 1803, el DRAE definía el concepto liberal como ‘magnánimo, generoso’. Hacia 1808, se debió emplear ya con el significado de ‘tolerante’ y en las Cortes de Cádiz (1810-1814) el vocablo ya era familiar. La palabra liberal fue adoptada luego en el extranjero a partir de 1816 (Southey escribe la palabra en español: the British Liberales).

Fernando VII condena el uso de esta palabra en un decreto de 26 de enero de 1816.

liberales y serviles

Ver: tradicionalismo

Varios son los testimonios de los contemporáneos que dan datos sobre el nacimiento en Cádiz de los términos liberal y servil. La división histórica en los dos bandos se remonta a la agitada sesión de las Cortes del 19 de octubre de 1810, en que fue aprobado el artículo primero del decreto sobre libertad de imprenta, y en que quedaron definidas las agrupaciones políticas de la Asamblea en reformistas o liberales y antirreformistas o serviles. Según Pío Zabala y Lera esta última denominación fue debida a Eugenio de Tapia, con la agravante de escribirla con las dos sílabas separadas por un guión: ser-vil. Los serviles consideraban esta denominación como insultante y se llamaba a sí mismo realistas (adictos a la monarquía absolutista).

Desde entonces liberales y serviles fueron los nombres con que se conocieron respectivamente todos los que se manifestaron amigos de las reformas (liberales) o contrarios, partidarios de lo antiguo (serviles), los de ¡adelante! y los partidarios del quietismo. El pueblo llamó liberales a los primeros, porque usaban con frecuencia esta calificación para determinar sus principios o ideas. Todos los adeptos del régimen de antaño, estuvieron sin mote hasta que el poeta Eugenio de Tapia se lo dio: ser-vil, epíteto insultante. La frase hizo carrera y fue popular. De ahí que serviles fueron los opuestos a la regeneración española en la patriótica obra de Cádiz; serviles los que desgobernaron con el hipócrita y taimado Fernando VII, monarca más sombrío que Felipe II; serviles los que aceptaron con júbilo la invasión francesa de Angulema y descuartizaron a Riego: serviles los más tarde apostólicos del Infante don Carlos, el primer Pretendiente; serviles los de la reacción de 1823. Los conservadores salieron de la división del liberalismo español: los conservadores son los liberales moderados o templados; los liberales exaltados se llamaron también progresistas.

Fernando VII, en un decreto de 26 de enero de 1816, prohibió las denominaciones de liberales y serviles:

«Durante mi ausencia en España se suscitaron dos partidos titulados de serviles y liberales: la división que reina entre ellos se ha propagado a una gran parte de mis reinos, y siendo una de mis primeras obligaciones la que como padre me incumbe de poner término a estas diferencias, es mi real voluntad que en lo sucesivo los Relatores se presenten a los tribunales con las cauciones de derecho; que hasta las voces liberales y serviles desaparezcan del uso común; y que en término de seis meses queden finalizadas todas las reglas prescritas por el derecho para la recta administración de justicia.»

El enfrentamiento entre absolutistas y liberales fue aún más agudo durante el Trienio Liberal (1820-1823). Tras la muerte de Fernando VII cuando los liberales moderados volvieron al poder (Partido Moderado), los absolutistas se agruparon en torno al pretendiente Don Carlos, cuya ideología era aún más intolerante que la del difunto rey.

liberalismo español

Ver: liberal / liberales y serviles / moderantismo

La Guerra de la Independencia (1808-1814) escindió y unificó a España al mismo tiempo: los liberales dudaban entre prestar ayuda a Francia para el interés general de su propio país, y facilitar así un cambio radical en la sociedad española, o bien apoyar a Fernando VII contra los franceses y procurar obtener de este monarca un sistema más democrático que el que había proporcionado la monarquía en etapas anteriores. Los liberales se hallaban escindidos entre sí. Vino el fin de la guerra y con él el empobrecimiento de la nación y la restauración de la monarquía absoluta, a pesar de la Constitución de Cádiz (1812). [Glendinning, Nigel: Historia de la literatura española. El siglo XVIII. Barcelona: Ariel, 32000, p. 22]

El panorama político tras la Primera Guerra Carlista (1833–1840) tiene una estructura en la que se encuentran la Corona, el ejército y los partidos dinásticos: moderados y progresistas. Estos dos partidos solo tienen en común su oposición al carlismo.

En teoría el liberalismo representa al pueblo y ostenta la soberanía nacional a través de instituciones: el senado, el parlamento, etc. Esta representación es elegida mediante sufragio universal masculino y está canalizada a través de dos partidos, que representan las ideas políticas de la sociedad: moderados y progresistas.

Partido moderado

La composición social de Partido Moderado es bastante heterogénea, podemos encontrar terratenientes, comerciantes ricos, intelectuales conservadores, restos de la antigua nobleza, alto clero y algunos mandos militares. Defiende los principios de la propiedad privada; soberanía compartida entre Cortes y Corona; la anulación de algunos derechos y tienen la negociación de algunos derechos individuales y colectivos y la defensa de la Iglesia como elemento configurador de mentalidades. Este partido utiliza el sufragio censitario, para evitar a personas no deseadas, lo que acarrea la creación de Cortes con diputados de dudosa legitimidad.

Partido progresista

Tiene una composición social heterogénea aunque en este caso predominan la pequeña y mediana burguesía. También se incluyen burgueses industriales y banqueros, clase media y artesanos y profesionales liberales como abogados y médicos. Entre sus principios están la soberanía nacional no compartida, el dominio de las Cortes, la reafirmación de los poderes locales y la reforma agraria, pasando por la nacionalización de los bienes de la Iglesia y la desvinculación de las tierras de los nobles. Utilizan el sufragio censitario, aunque permiten una mayor participación que los moderados, siendo el principal mecanismo de acceso al poder el alzamiento juntista, que es de carácter violento y es provocado por civiles y militares que, en la mayor parte de los casos, obligan a la jefatura de Estado a nombrar un gobierno progresista.

A partir de 1840, los progresistas se dividen entre unitarios y trinitarios. En 1854 se forma otro grupo, la Unión Liberal, una escisión de los moderados. Los trinitarios forman en 1849 el Partido Demócrata, que defiende las ideas más radicales y revolucionarias, como el sufragio universal, libertades públicas, intervencionismo estatal en Educación, etc.

Libro del Fuero de las Leyes

Ver: Código de las Siete Partidas

limpieza de sangre [Blutreinheit]

Circunstancia de no tener antepasados moros, judíos, herejes ni penitenciados, que, a partir del siglo XV, se exigía para determinados fines. Los conversos / marranos habían alcanzado gran influencia y estaban en posesión muchos cargos públicos. Los nobles los expulsaron de sus cargos y para ocupar un cargo público se exigía la prueba de la pureza de sangre. No se podía pretender sin dar pruebas patentes de que uno era cristiano viejo por los cuatro costados, o sea que no tenía ninguno de los cuatro abuelos con sangre mora o judía. Esta normativa fue instituida por los Reyes Católicos y siguió poco más o menos paralela a la Inquisición, que se ocupó de controlar a los cristianos nuevos. A partir del siglo XVI, se comenzó a distinguir estrictamente entre cristianos viejo y cristianos nuevos. Los cristianos nuevos estaban siempre bajo sospecha de haberse convertido falsamente al Cristianismo para no ser perseguidos o expulsados de España. Esta distinción perduró hasta el siglo XVIII.

Madrid de los Austrias, el

El Madrid de los Austrias, también llamado Barrio de los Austrias, comprende una amplia zona de la capital, sin entidad administrativa, correspondiente al primitivo trazado medieval de la ciudad y a la expansión urbanística iniciada por la Casa de Austria, a partir de los reinados de Carlos I (1516-1556) y, especialmente, de Felipe II (1556-1598), que, en el año 1561, estableció la Corte en Madrid, hasta Carlos II (1665-1700), con el que se extinguió la rama española de esta dinastía.

Durante la Edad Media su población no superaba los 3.000 habitantes. En el año 1268 una epidemia la dejó casi deshabitada. A partir del siglo XV Madrid pasó a ser el lugar de residencia, de manera intermitente, de muchos monarcas españoles, hasta el establecimiento de la corte en esta localidad bajo el reinado de Felipe II, en 1561, dada su situación privilegiada en el centro de la Península. Este hecho impulsó su crecimiento poblacional y, por ende, el desarrollo urbanístico, en principio desordenado; así, surgieron los arrabales fuera del recinto medieval y se construyeron numerosos palacios y edificios públicos. Pero fue Felipe III quién consolidó definitivamente la ciudad como sede del gobierno de la Corona. La población ascendía a principios del siglo XVII a más de 80.000 habitantes.

A efectos turísticos, el nombre se emplea para promocionar los conjuntos monumentales de una gran parte de los barrios administrativos de Sol y Palacio, pertenecientes al distrito del centro de la capital, que representa aproximadamente una cuarta parte de la citada zona: Plaza Mayor, conjunto urbano edificado por Felipe III (1598-1621), recinto cívico de la ciudad, centrado por una bella estatua ecuestre de Felipe III; las plazas de la Cebada, Puerta del Sol y Oriente; Palacio de Santa Cruz, la Catedral de San Isidro, la Casa de la Villa, la Plaza de las Descalzas.

Madrid de los Borbones, el

Fueron los Borbones, en especial Carlos III (1759-1788), quienes dieron a la villa y corte su mayor esplendor con la ampliación de su perímetro, la creación de paseos y numerosos monumentos, entre los que destaca el Palacio Real que había encargado construir su padre Felipe V (1700-1746).

Manifiesto de los persas (1814)

Terminada la Guerra de la Independencia y firmado el Tratado de Valençay, Fernando VII se dispuso a regresar a España para recuperar el trono que le había sido usurpado. Los absolutistas sostenían con firmeza que el rey debía recuperar la plenitud de su soberanía, y así lo manifestaron en las Cortes en febrero de 1811. Los liberales pretendían que el monarca aceptase todas las reformas que se habían aprobado en las reuniones de Cortes y, por consiguiente, que la Monarquía se rigiese por las normas emanadas de la Constitución de 1812.

En 1814, Fernando VII regresa a España desde Francia. Desde Zaragoza, el rey se dirigió a Valencia, donde entró el 16 de abril y donde le esperaba el general Elío, uno de los más firmes defensores del restablecimiento de la Monarquía absoluta. Allí, a la capital levantina, acudieron también los miembros de una delegación de las Cortes, encabezada por Bernardo Mozo Rosales e integrada por un grupo de notables absolutistas que le hicieron entrega del conocido como Manifiesto de los Persas, que instaba al rey a negar la Constitución y volver al Absolutismo.

Manifiesto: Que al Señor Don Fernando VII hacen en 12 de abril del año de 1814 los que suscriben como diputados en las actuales Cortes ordinarias de su opinión acerca de la soberana autoridad, ilegitimidad con que se ha eludido la antigua Constitución Española, mérito de esta, nulidad de la nueva, y de cuantas disposiciones dieron las llamadas Cortes generales y extraordinarias de Cádiz, violenta opresión con que los legítimos representantes de la Nación están en Madrid impedidos de manifestar y sostener su voto, defender los derechos del Monarca, y el bien de su Patria, indicando el remedio que creen oportuno.

SEÑOR: 1.- Era costumbre en los antiguos Persas pasar cinco días en anarquía después del fallecimiento de su Rey, a fin de que la experiencia de los asesinatos, robos y otras desgracias les obligase a ser más fieles a su sucesor. Para serlo España a V. M. no necesitaba igual ensayo en los seis años de su cautividad, del número de los Españoles que se complacen al ver restituido a V. M. al trono de sus mayores, son los que firman esta reverente exposición con el carácter de representantes de España; mas como en ausencia de V. M. se ha mudado el sistema que regía al momento de verificarse aquélla, y nos hallamos al frente de la Nación en un Congreso que decreta lo contrario de lo que sentimos, y de lo que nuestras Provincias desean, creemos un deber manifestar nuestros votos y circunstancias que los hacen estériles, con la concisión que permita la complicada historia de seis años de revolución.

El resto del escrito, en el que hay una sucinta narración de los sucesos acaecidos durante los seis años de guerra, parecía poner de manifiesto el deseo de los firmantes de que el rey rechazase las reformas gaditanas y de que convocase unas Cortes a la manera tradicional, es decir, por estamentos.

Artola ve en él algunos indicios de una ideología propia de la de la España del XVII y Lovett lo encuentra en cierta armonía con el pensamiento de Jovellanos. Para Suárez Verdaguer es un documento renovador en el que no hay una negativa a las reformas, siempre que esas reformas se basen en la tradición. La verdad es que en el Manifiesto no se regatean elogios a la Monarquía absoluta, por eso resulta difícil no adscribir este documento a una ideología absolutista, aunque ello no quiera decir que no se puedan encontrar en él algunas propuestas de reformas.

El Manifiesto fue entregado al Rey por Bernardo Mozo de Rosales, quien obtuvo como recompensa el título de marqués de Mataflorida. Los restantes firmantes –entre los que se encontraba el propio presidente de las Cortes, Antonio Joaquín Pérez, así como 34 eclesiásticos– recibieron también varias prebendas por su alineamiento antiliberal. Su actitud contribuyó a justificar el denominado Decreto de Valencia del 4 de mayo de 1814, mediante el cual Fernando VII anulaba la obra constitucional de las Cortes de Cádiz y retornaba al más puro absolutismo monárquico. Los persas perdieron los títulos obtenidos en 1820, al comienzo del Trienio Liberal, si bien los recuperaron en 1823, tras la segunda restauración absolutista de Fernando VII.

Marcha Real / Marcha Granadera

Ver: Himno de Granaderos

marranos

Del árabe hispano muḥarrám, y este del árabe clásico muḥarram, ‘declarado anatema’, 'cosa prohibida'. Otros autores dan como etimología de esta voz la aramea maranata (anatema), que aparece en un texto de San Pablo: "Si alguien no ama a nuestro Señor Jesucristo sea anatema": Maran atha (I Cor. 16,22). De ahí se tomó para designar al falso converso o cristiano nuevo acusado de judaizar ocultamente, y luego pasó a ser designación común del cerdo. De todos modos, la palabra ha pasado al lenguaje coloquial castellano con el significado de ‘persona sucia y desaseada’, ‘persona grosera, sin modales’, ‘persona que procede o se porta de manera baja o rastrera’.

"Marrano: En la acepción 'cristiano nuevo', principios del siglo XIII, es indudablemente aplicción figurada de marrano 'cerdo', 965, vituperio aplicado, por sarcasmo, a los judíos y moros convertidos, a causa de la repugnancia que mostraban por la carne de este animal, prohibida por sus antiguas religiones. En el sentido de 'cerdo' es palabra propia del castellano y el portugués (marrão), probablemente todama del árabe maḥram 'cosa prohibida', que alude a dicha prohibición (pronunciado vulgarmente maḥrán." [Corominas, Joan: Breve diccionario etimológico de la lengua española. Madrid: Gredos, 31987, p. 383]

Quizás la explicación sea sociológica: La matanza del cerdo tenía un carácter social y abierto. A ella se invitaba a familiares, vecinos que, además de aportar ayuda, servían como fieles transmisores y testigos indiscutibles de que en aquella casa habíase sacrificado un cerdo, y sus moradores y demás concurrentes consumido su carne.

La "justificación" comenzaba con el sacrificio y chamuscado del animal en plena calle, a la vista de cuantos transeúntes desearan curiosear, y con acompañamiento generoso de licores, especialmente aguardiente, dado lo temprano que solía comenzar la función.

¿Y por qué este acto tan abierto, tan popular? Desde finales del Medioevo venía cumpliendo una importante función social la matanza del cerdo: Manifestar que se era cristiano viejo ante una sociedad tricultural donde vonvivían, ya no tan amistosamente, mahometanos, cristianos y judíos, y donde los primeros brotes de xenofobia promovida por la intolerancia de la religión „oficial“ comenzaban a surgir, por lo que cualquier nuevo converso (cristiano nuevo) era mirado con suma desconfianza, dadas las simuladas conversiones que se dieron. La matanza, pues, alejaba toda sospecha de una posible falsa consersión, ya que, como antes se dijo, los preceptos islámicos y judíos prohibían la ingestión de bebidas alcohólicas y, fundamentalmente, de carne porcina.

maulas

Cautivos cristianos convertidos y libertados. La denominación arábiga fue benigna para con los vencidos, contentándose las más de las veces con exigir tributos personales o de cosas sin más obligación de cualquier clase.

Del árabe mawlā, plural mawālī, nombre que recibía entre la población musulmana de Al-Ándalus una categoría social que se ha agrupado a los esclavos, sobre los que se ejercía un derecho de patronato conocido con el nombre de walit'.

Mesta

El Honrado Concejo de la Mesta de Pastores fue una institución creada en 1273 por el rey Alfonso X el Sabio (1252-1284) que reunía a todos los pastores de León y de Castilla en una asociación nacional y les otorgaba importantes prerrogativas y privilegios tales como eximirles del servicio militar, de testificar en los juicios, derechos de paso y pastoreo, etc. Su función era proteger la trashumancia de los ganados en los territorios de la Corona de Castilla. Dentro de la trashumancia alcanzó un protagonismo indiscutible el ganado ovino. En invierno, los rebaños iban hasta los pastizales del valle del Guadiana y en verano volvían a las zonas montañosas del norte.

Con anterioridad ya los ganaderos se reunían en asambleas o concejos llamados "mestas" (la palabra mesta proviene de mixta que significa mezclada) en diversas localidades dos o tres veces al año con el fin de tratar de los negocios concernientes a sus ganados o gobierno económico, y para distinguir y separar los mestencos (animales sin dueño conocido) que se hubiesen mezclado.

Con Alfonso X, la Mesta adquirió reconocimiento jurídico, actuó en defensa de los intereses ganaderos y recibió numerosos privilegios regios como la libertad de paso para el ganado, o la conservación de cañadas. Durante los siglos XIV y XV la Mesta convirtió a Castilla en una gran potencia exportadora de lana. La Mesta tuvo un claro componente oligárquico y fue una institución al servicio de las grandes propietarios de ganado, tales como los magnates de la nobleza, las órdenes militares y las instituciones eclesiásticas. La Mesta siempre contó con el apoyo de la monarquía de los Reyes Católicos y los Austrias. Era una importante fuente de recursos económicos.

Sin embargo, el máximo histórico de la cabaña ganadera trashumante se alcanzó en la segunda mitad del siglo XVIII (con más de cinco millones de cabezas). Precisamente cuando la Ilustración y el liberalismo económico comenzaron su fuerte campaña antimesteña que, unido al hundimiento del precio de la lana, concluiría en 1836 con su abolición.

La Mesta es considerada como una de las agrupaciones corporativas o gremio, más importantes de Europa de la Edad Media y el primer gremio ganadero, aunque existieron corporaciones locales de ganaderos anteriores en Aragón (Casa de Ganaderos de Zaragoza).

moderantismo (1844-1868)

El moderantismo es una ideología política moderada, una visión española del liberalismo del siglo XIX como representación de los intereses de una nueva clase dominante formada por la antigua aristocracia y la alta burguesía, formando ambas una nueva oligarquía. El moderantismo se una confluencia de elementos provenientes del Antiguo Régimen y del Nuevo Régimen, de doctrinarismo francés y de conservadurismo británico. Su oponente político es el liberalismo progresista, aunque ambos partidos se declaraban dinásticos y aceptaban la dinastía de Isabel II, frente a los carlistas.

El Partido Moderado o Partido Liberal Moderado era uno de los dos partidos liberales y dinásticos o isabelinos que defendían la línea dinástica representada por Isabel II, reina de España entre 1833 y 1868 y que les unía el rechazo al carlismo absolutista, de carácter antiliberal y contra-revolucionario. El Partido Moderado integraba a buena parte de los liberales moderados o doceañistas, así como a los más moderados entre los carlistas. Más adelante se organizaron otros proyectos políticos inspirados por el moderantismo, como la Unión Liberal (1858) y el Partido Liberal-Conservador (1876).

Tras la derrota de Espartero asumió el poder una coalición de progresistas y moderados, hasta que Narváez se hizo cargo de la jefatura del gobierno en mayo de 1844. Hasta julio de 1854  la idea dominante será el orden y la paz. Estos diez años son la Década Moderada por haber dominado la escena política el Partido Moderado.  El partido moderado no tenía una doctrina política sólida y era definible sólo por su doble rechazo del carlismo y del progresismo. Trata de conciliar los cambios sociales y mentales de la época, manteniendo la continuidad histórica de dos instituciones: el Rey y las Cortes.

moriscos

Diminutivo de moro. Se dice del moro bautizado que, terminada la Reconquista, se quedó en España.

En 1568-71 se rebelaron los moriscos de las Alpujarras (región sur de Granada). La rebelión fue reprimida por Juan de Austria. Ya había habido una revuelta anterior, en 1502. Los conflictos en esta zona condujeron a la expulsión de los moriscos en 1609.

"A partir del siglo XVI los mudéjares se vieron obligados a convertirse al cristianismo, surgiendo así la clase social de los moriscos. Los moriscos libres, procedentes de Granada, hablaban el castellano y vivían mezclados con los cristianos sin signos exteriores que los distinguieran de estos. Su conversión, impuesta por una programática de febrero de 1502 en la que se constreñía a los moros a abjurar del islamismo o a abandonar España, era una flagrante transgresión por los Reyes Católicos de las condiciones de la capitulación de Granada en la que se habían comprometido a respetar a los vencidos su religión, mezquitas, leyes y vestidos. A causa de ella los moriscos de Granada se rebelaron en 1500 y se produjeron luchas muy sangrientas en las Alpujarras y otros puntos de Andalucía.

Después de no pocas disposiciones reales para obligar a los moriscos a cristianizarse por completo, estos lograron un plazo de cuarenta años que expiró en 1566. A partir de entonces, se trató de imponerles religión, leyes, vestidos y otras limitaciones, lo que dio lugar a la pequeña guerra de las Alpujarras que duró tres años.

La presión de la Inquisición contra los moriscos originó protestas de no pocos señores cristianos, entre ellos muchos aragoneses; pero, viendo el Rey en el industrioso pueblo morisco un peligro para la unidad nacional y sobre todo religiosa, apoyó las medidas inquisitoriales; finalmente Felipe III, siguiendo los consejos del beato Juan de Ribera, firmó el decreto de expulsión en 1609, ciento diecisiete años después de las capitulaciones de la rendición de Granada.

La expulsión, iniciada en el reino de Valencia, fue lenta y difícil pues los moriscos que voluntariamente, o transportados en las galeras preparadas a tal efecto, salieron de España fueron cerda de 150 000. En el aspecto económico, la medida causó notables daños al país pues los moriscos eran magníricos artesanos, piezas fundamentales de productivas industrias en Andalucía y otras zonas." [Michel, R.-J. / López Sancho, L.: ABC de la Civilización Hispánica. París: Bordas, 1967, p. 275-276]

La Guerra de Granada (1482-1492) proporcionó la definitiva ampliación del concepto de mudéjares a todos los musulmanes peninsulares. Las condiciones de la rendición les permitía el ejercicio de la religión islámica, sin embargo, el incumplimiento de las condiciones pactadas por parte de los cristianos originó los primeros conflictos. A partir de la revuelta del Albaicín y la de los mudéjares granadinos en 1499, por el decreto de 1502 fueron obligados a convertirse al cristianismo, pasando así a denominarse moriscos. La rebelión de las Alpujarras (1568) llevó a la dispersión de los granadinos por el interior de Castilla (no así los de Levante), y la imposibilidad de integración y el recelo a su connivencia con los piratas berberiscos y el Imperio turco llevó a la decisión de la expulsión de los moriscos en 1609.

moros [Mauren]

Del latín maurus 'habitante del NE. de África'. Con el sentido de 'de color oscuro' ya aparece en los siglos XII y XIII. Actualmente significa: Natural del África septentrional frontera a España. Que profesa la religión islámica. Se dice del musulmán que habitó en España desde el siglo VIII hasta el XV. Perteneciente o relativo a la España musulmana de aquel tiempo.

moros y cristianos

Fiestas públicas, particularmente en Alicante, donde los participantes, disfrazados de moros y cristianos, fingen batallas que más se parecen a figuras de baile.

Motín de Aranjuez (1808)

Asonada, promovida por elementos de la nobleza, que provocó la abdicación de Carlos IV en favor de su hijo Fernando, futuro rey Fernando VII y la destitución de Manuel Godoy Álvarez de Faria (1767-1851), primer ministro durante de Carlos IV.

En 1788 heredaba el trono de Carlos III su hijo Carlos IV, hombre débil y bonachón, casado con María Luisa de Parma, que intervendría con frecuencia en los asuntos políticos. Sustituyó a Floridablanca, su primer ministro, por Aranda, sustituido por Manuel Godoy, duque de Alcudia y antiguo favorito de los reyes.

Aunque Aranda era partidario de la neutralidad, el ajusticiamiento de Luis XVI obligó a España a entrar en la guerra con Francia. España es derrotada y los franceses llegan hasta Miranda de Ebro. Tras la Paz de Basilea, Francia devolvía las plazas conquistadas en la península, y España entregaba la isla de Santo Domingo. Los reyes dieron por esta gestión a Godoy el título de Príncipe de la Paz.

Godoy firma con Francia el Tratado de San Ildefonso, en 1796, que ponía a disposición de Francia la excelente flota española. España colabora en las campañas napoleónicas de Italia y frente a Inglaterra, y pierde la isla de Trinidad. Sube Napoleón al poder como primer cónsul y consigue arrancar a España un segundo tratado de San Ildefonso (1800) por el que se obliga a España a declarar la guerra a Portugal. Es la Guerra de las Naranjas. España se subyuga a Napoleón, aplaude su coronación como emperador y firma una alianza ofensivo-defensiva con Francia (1805). De nuevo la flota española está a disposición de Napoleón, quien la desea para el desembarco en Inglaterra, pero es destrozada en la batalla de Trafalgar.

A estos desaciertos del omnipotente Godoy en política exterior, hay que añadir sus desgracias en política interior: se le acusa de haber logrado sus rápidos ascensos desde guardia de Corps a primer ministro gracias al favor de la propia reina María Luisa. Frente a Godoy se fue formando un partido favorable al entonces príncipe de Asturias, futuro Fernando VII.

«Los desastres bélicos, el arrinconamiento político de la nobleza y el disgusto del clero ante las medidas desamortizadoras unieron a la oposición en torno al príncipe de Asturias. Entretanto, otros españoles descontentos ponen sus esperanzas en Napoleón, cuya revolución liberal daba respuesta al deseo de cambio de una parte de la minoría ilustrada. El emperador aprovechó entonces la debilidad de la corte para arrastrar a Godoy hacia su ofensiva imperialista contra Portugal, encantonando tropas francesas en España. Ante la ocupación clandestina de la península por los ejércitos franceses, la corte despierta sobresaltada. Godoy trama la huida de la familia real a Andalucía o América, pero su propósito se malogra con el alzamiento popular en Aranjuez. Alentada por los simpatizantes del príncipe heredero, una legión de soldados, campesinos, vagabundos y sirvientes se abre paso en tromba y, descargando su ira a pedradas, asedia el palacio real. Los amotinados consiguen provocar la caída de Godoy y, lo que es más insólito aún, obligan a Carlos IV a abdicar a favor de su hijo Fernando sin que las autoridades muevan un solo dedo para evitarlo.

Había comenzado la pesadilla. El desbarajuste dinástico, nunca aceptado por el viejo soberano, coincide con la entrada en la capital del general Murat. Napoleón opta por dejar de sostener una monarquía tambaleante e invita a padre e hijo a trasladarse a Bayona. Con Carlos IV y Fernando VII en Francia, el emperador no esperó más y obligó a ambos a traspasar el cetro real a su hermano José Bonaparte. Los herederos de la Revolución francesa alcanzaban la Corona española y se disponían a enterrar el Antiguo Régimen con la ayuda de un grupo de ilustrados españoles. No durarían mucho en el poder, ya  que el pueblo siguió empeñado en actuar de protagonista. El 2 de mayo de 1808, Madrid es puro pueblo desnudo que inunda las calles y acomete a cuchillo y piedras, en montonera, a los soldados franceses.» [García de Cortázar, Fernando: Historia de España. De Atapuerca al euro. Barcelona: Planeta, 2004, p. 164-165]

Los acontecimientos de Aranjuez fueron los primeros estertores de la agonía del Antiguo Régimen en España. El pueblo había sido manipulado, pero en cualquier caso, su intervención fue decisiva. Caro fue el precio pagado: la sangre de la Guerra de la Independencia (1808-1814) y un posterior reinado de Fernando VII nefasto y que acabaría en la primera guerra carlista.

Motín de Esquilache (1766)

Motín de Esquilache, conmociones populares que tuvieron lugar en Madrid y en provincias españolas en la primavera de 1766. En la capital el motín estalló en Semana Santa, el 23 de marzo de 1766.

El Carlos III (1716-1788), rey de España (1759-1788), imprimió su sello al gobierno de España e hizo grandes reformas, ayudado por ministros capaces como el marqués de Esquilache y el marqués de Grimaldi. Esquilache, amigo de las decisiones tajantes, se había propuesto hacer entrar en la «modernidad europea» a la capital más sucia e insalubre del continente. Proclamó una norma municipal que regulaba la vestimenta de los madrileños: se reformaba el traje de los españoles, desterrando el chambergo (sombrero de ala ancha) y la capa larga, sustituyéndolo por el tricornio y la capa corta, de procedencia extranjera. La argumento que se aducía para esta reforma era que, embozados, los madrileños podían darse anónimamente a todo tipo de atropellos y esconder armas entre los ropajes. Esto produce un motín callejero en Madrid, movido, más que por el pueblo, por algunos aristócratas descontentos.

Pero la revuelta tuvo más bien un carácter social, pues el pueblo no estaba contra el poder real o contra los nobles. La prohibición de la «castiza vestimenta» española fue más bien la gota que colmó el vaso. La verdadera causa del descontento popular era la carestía de alimentos y la subida de los precios ocasionada por las medidas del marqués de Esquilache. Este fue el caldo de cultivo para la rebelión. Otra causa del malestar popular era la xenofobia que provocaban los ministros extranjeros traídos por Carlos III.

«En 1765 se había decretado la libertad de comercio de cereales –medida muy atinada para provocar el progreso de la agricultura, pero no para asegurar el abastecimiento de las urbes–. Al año siguiente, una cosecha corta, incidiendo sobre el precio de los cereales, levantó las masas urbanas en Madrid y varias ciudades de Castilla y Aragón. El movimiento, canalizado en la capital contra la privanza del marqués de Esquilache (1766), reveló la gravedad del problema de la tierra y motivó la primera ley de reforma agraria que conoce la historia de Andalucía y Extremadura. Pero la dificilísima peripecia de su aplicación y fracaso final (1766-1793) ha quedado oculta tras el diversionismo de los ministros ilustrados de Carlos III, quienes hicieron recaer la culpa de la agitación popular en la Compañía de Jesús. Esta fue expulsada de España y América en 1767, y suprimida luego por la Santa Sede al socaire de una campaña organizada por los gobiernos borbónicos de España, Francia e Italia. Con ello no se logró pacificar el país, pero sí terminar a favor de los intereses de la Monarquía la lucha de ésta contra el Papado en defensa de sus regalías: o sea, la sumisión de la Iglesia a los intereses del Estado. Y el primer peldaño estribaba en ganar la batalla de la instrucción pública, eliminando de Universidades y colegios a los jesuitas que detentaban la enseñanza de ellos.» [Vicens Vives, J.: Aproximación a la Historia de España. Barcelona: Vicens Vives, 142003, p. 129]

Carlos III tuvo que capitular ante los amotinados y deponer al ministro marqués de Esquilache, Secretario de Hacienda. A Esquilache le sucede el ministro Jerónimo Grimaldi. El día 25 el pueblo en armas, dueño de Madrid, se amotinaba de nuevo exigiendo la vuelta del monarca, que había huido a Aranjuez. El rey prometió el retorno. El pueblo se calmó el día 26.

Muy a disgusto del monarca, Esquilache partió al destierro. El conde de Aranda, capitán general de Valencia, que con sus tropas desplazadas en Aranjuez había tranquilizado al amedrentado monarca, se convierte en hombre fuerte del nuevo gobierno, en el que todavía figura el genovés Grimaldi.  

Con el tiempo, las capas y chambergos desaparecieron, curiosamente, reservados para la vestimenta del verdugo, a quien nadie quería recordar. El Motín de Esquilache, se produjo por una causa intrascendente, pero tuvo como consecuencias, entre otras, la ralentización de las reformas y la expulsión de los jesuitas, culpados de instigar el motín por no estar de acuerdo con la modernización.

Movimiento nacional

Ver: Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista

El Movimiento Nacional es el nombre que recibió durante el franquismo el mecanismo totalitario que pretendía ser el único cauce de participación en la vida pública española. Respondía a un concepto de sociedad corporativa en que únicamente debían expresarse las llamadas entidades naturales: Familia, municipio y sindicato.

El Movimiento Nacional se componía esencialmente del partido único llamado Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de las JONS), creado desde el comienzo de la Guerra civil española. Al mismo tiempo se produjo la disolución de todos los demás partidos políticos.

mozárabes [Mozaraber]

Del árabe hispano musta‘rabí, gentilicio del árabe clásico musta‘rab, ‘arabizado’, ‘hacerse semejante a los árabes’, infl. por árabe.

Se dice del individuo de la población hispánica que, consentida por el derecho islámico como tributaria, vivió en la España musulmana hasta fines del siglo XI conservando su religión cristiana e incluso su organización eclesiástica y judicial.

Se dice del individuo de las mismas comunidades emigrado a los reinos cristianos del norte, llevando consigo elementos culturales musulmanes.

Se dice del individuo de la comunidad toledana de ese tipo, mucho tiempo subsistente, que pudo por especial privilegio conservar la vieja liturgia visigótica frente a la romana.

Se dice de la lengua romance, hoy extinta, heredera del latín vulgar visigótico, que, contaminada de árabe, hablaban cristianos y musulmanes en la España islámica.

Rito mozárabe: Se dice especialmente de la misa, rito o liturgia que usaron los mozárabes y que aún se conservan en una capilla de la catedral de Toledo y otros lugares.

Estilo mozárabe: Estilo arquitectónico del siglo X d.C., mezcla de elementos árabes y románico temprano. Ejemplo: el convento de San Miguel de Escalada en laprovincia de León.

Los mozárabes eran cristianos que, al avanzar la invasión musulmana, vivían en los territorios dominados conservando sus iglesias (con la sola prohibición de tocar en ciertas ocaciones las campanas), sus cultos, muchos monasterios y su administración y gobierno propios, cn autorización del poder superior musulmán.

Los mozárabes dirimían sus letigios aplicando el Fuero Juzgo (lat. „Forum Judicum“)*, ante un magistrado propio, y sus conflictos con los musulmanes eran setenciados por tribunales de los invasores.

Esta admirable convivencia entre musulmanes y cristianos fue gravemente turbada en la época de Abd ar-Rahman II y muchos cristianos cordobeses se presentaron voluntariamente al martirio.

Bajo los almorávides y con los reinos de taifas, empeoró la situación de los mozárabes que se hizo muy penosa bajo la etapa almohade en que fueron demolidas las iglesias.

La liturgia empleada durante tan largo periodo se ha conservado y se celebra todavía en determinados templos españoles, particularmente en la capilla mozárabe de la catedral de Toledo.

El Fuero Juzgo es la traducción al romance ordenada por Fernando III y Alfonso X en el siglo XIII del Liber Judicorum o Código que regía entre los visigodos de España, desde que lo promultó Recesvinto a mediados del s. VII.

mudéjares

Del árabe hispano mudáǧǧan, y este del árabe clásico mudaǧǧan, ‘domado’, 'doméstico', 'domesticado'.

Según Joan Corominas, mudéjar viene del árabe mudéŷŷen 'aquel a quien se ha permitido quedarse', participio pasivo de la segunda forma de dáŷan 'permanecer'.

Se dice del musulmán a quien se permitía, a cambio de un tributo, seguir viviendo entre los vencedores cristianos sin mudar de religión.

Se dice del estilo arquitectónico que floreció en España desde el siglo XIII hasta el XVI, caracterizado por la conservación de elementos del arte cristiano y el empleo de la ornamentación árabe.

Los mudéjares eran musulmanes que habitaban en los territorios reconquistados por los cristianos y que se quedaban, sometidos, pero conservando su religión y costumbres con pactos y fueros que concedían los vencedores. Los mudéjares tenían que llevar un distintivo sobre sus ropas. Conservaban sus mezquitas y cultos pero pagaban diezmos a la Iglesia.

En Aragón se dedicaban principalmente al cultivo de los campos y pagaban cuantiosos tributos a sus señores cristianos, así como a Cataluña. Alfonso X el Sabio los protegió en Castilla.

Sobresalieron los mudéjares en la artesanía y en arquitectura: crearon el llamado arte o estilo mudéjar. El arte mudéjar consistió en la aplicación a los edificios cristianos de influencias, elementos -el arco de herradura- o materiales de estilo hispano-musulmán o arte andalusí. Se trata de un fenómeno autóctono y exclusivamente hispánico, basado en el trabajo de albañilería de tradición andalusí con materiales específicos -ladrillo, azulejo, madera vista en artesonados. Son muestras sobresalientes del arte mudéjar: la Puerta del Sol de Toledo y el Alcázar de Sevilla.

Las revueltas mudéjares fueron numerosas a partir del siglo XIII: Valle del Guadalquivir, Norte de Alicante. En otras se mantuvieron: Levante, valle del Ebro. A finales de la Edad Media representaban el 11 por ciento de la población de la Corona de Aragón.

La Guerra de Granada (1482-1492) proporcionó la definitiva ampliación del concepto de mudéjares a todos los musulmanes peninsulares. Las condiciones de la rendición les permitía el ejercicio de la religión islámica, sin embargo, el incumplimiento de las condiciones pactadas por parte de los cristianos originó los primeros conflictos. A partir de la revuelta del Albaicín y la de los mudéjares granadinos en 1499, por el decreto de 1502 fueron obligados a convertirse al cristianismo, pasando así a denominarse moriscos. La rebelión de las Alpujarras (1568) llevó a la dispersión de los granadinos por el interior de Castilla (no así los de Levante), y la imposibilidad de integración y el recelo a su connivencia con los piratas berberiscos y el Imperio turco llevó a la decisión de la expulsión de los moriscos en 1609.

muladíes

Según el DRAE, la palabra muladí viene del árabe hispano muwalladín, pl. de *muwállad, y este del árabe clásico muwallad, ‘engendrado de madre no árabe’. Según Joan Corominas, viene del árabe muwalladín, pl. de *muwállad, que significa propiamente ‘adoptado’ (participio de la segunda forma de wálad ‘dar a luz’. Muwallad se refiere a los hijos de hombres árabes y mujeres de otros pueblos. El término muwalladin se usa todavía en el árabe moderno para designar a este tipo de hijos.

El término muladí, que también existe en portugués, se considera como uno de los posibles orígenes etimológicos de la palabra mulato, que designa a una persona con antepasados mixtos entre europeos y otras razas.

Muladí puede referirse a tres grupos sociales en la Edad Media:

Muladí era el cristiano español que, durante la dominación de los árabes en España, abrazaba el islamismo y vivía entre los musulmanes. Se diferenciaba del mozárabe en que éste último conservaba su religión cristiana en áreas de dominio musulmán. Se diferenciaba del mozárabe en que éste último conservaba su religión cristiana en áreas de dominio musulmán.

Muladí también era el cristiano que se convertía al Islam y vivía entre musulmanes. Hijo de un matrimonio mixto cristiano-musulmán y de religión musulmana.

Muladí se refería también a  la población de origen hispanorromano y visigodo que adoptó la religión, la lengua y las costumbres del Islam para disfrutar de los mismos derechos que los musulmanes tras la formación de Al-Ándalus.  

mulato / mulato

De mulo, en el sentido de híbrido, aplicado primero a cualquier mestizo. Del latín mulus.

"Mulato, 1525, propiamente 'macho joven', por comparación de la generación híbrida del mulato con la del mulo. Muleta 'cría femenina del género mular', 1495, de donde 'palo con travesaño en que se apoya el cojo', 1570: en cierto modo le lleva como la mula a su jinete." (Joan Corominas)

Dicho de una persona: Que ha nacido de negra y blanco, o al contrario.

nación

nacionalidad

nacionalidades

nacional

nacionalista

Nación, nacional. España se configura históricamente, y así se entiende en el debate constitucional, como una «nación de naciones». La expresión ‘nacional’ se aplicará principalmente a la cualidad de español: ‘la selección nacional’, ‘la contabilidad nacional’ (y no ‘la selección estatal’ ni ‘la industria estatal’, que es el INI), aunque es preferible usar directamente las palabras ‘español’ y ‘española’: ‘la selección española’, ‘la economía española’. En otros casos, conviene especificar: ‘la conciencia nacional vasca’.

Nacionalidad. Dícese de “la condición y carácter peculiar de los pueblos e individuos de una nación”, o “estado propio de la persona nacida o naturalizada en una nación”.

La Constitución española se refiere también, en otra acepción, a los derechos de “las nacionalidades y regiones”, constituidas políticamente en comunidades autónomas. Se podrá, pues, utilizar tanto ‘nacionalidad’ como ‘comunidad autónoma’, o, más útilmente, ‘país’, pero debe evitarse en la medida de lo posible, a este respecto, la expresión ‘la autonomía’ o ‘las autonomías’.” [EL PAÍS. Libro de estilo. Madrid: Ediciones El País, 1990, p. 313]

“Lo primero que conviene aclarar a este respecto, es la diferencia entre los términos nacional y nacionalista. En un Documento de trabajo publicado por  Zutik en mayo de este año, se establece una clara distinción. “El término nacional apela a un resultado de integración de la población alrededor de una determinada idea nacional, y el término nacionalista designa una voluntad explícita de intervención para lograr tal resultado”. Por lo tanto, lo nacionalista no tiene por qué coincidir con lo nacional.” [Alfonso Unceta]

Los nacionales eran durante la guerra civil (1936-1939) los partidarios del levantamiento del general Franco contra la II República. España se dividía entonces en la España republicana o roja y la España nacional.

Actualmente se usa el adjetivo nacionalista más para designar a los partidarios de algún grado de independencia o incluso de la autodeterminación de alguna de las comunidades autónomas: Los nacionalistas vascos, los nacionalistas catalanes, etc. El partido mayoritario en Euskadi: Partido Nacionalista Vasco (PNV).

novatores o novadores

Los novatores o novadores pensadores, científicos y filósofos de comienzos del siglo XVIII que, en Valencia, comenzaron a despertar un interés preilustrado por las novedades científicas en oposición al Escolasticismo tomista y neoaristotélico, mediante el empleo del Empirismo y el Racionalismo. En sus escritos dan preferencia a las lenguas modernas antes que a las clásicas. Culpaban del atraso científico de España al escolasticismo universitario y a la ignorancia de las modernas corrientes de pensamiento europeas.

Después de que Felipe II prohibiera estudiar en el extranjero, la ciencia española entró en una fase de decadencia y neoescolasticismo de la cual no saldría hasta finales del siglo XVII, con el trabajo de los novatores, que promovieron de forma más o menos clandestina  las nuevas ideas de Newton y William Harvey. Formaban el grupo, entre otros, Juan Caramuel y Lobkowitz, Juan de Cabriada y Antonio Hugo de Omerique, cuya obra Analysis Geometrica (1698) atrajo el interés de Newton. En la misma época, desde Nueva España, Diego Rodríguez comentó los hallazgos de Galileo.

Nueva Planta

Ver: Decretos de Nueva Planta

Numancia

Numancia (Sitio de): Ciudad fortaleza ibérica muy cerca de Soria que durante veinte años tuvo en jaque al poder romano. Por fin, Roma quiso acabar con ella y mandó a Escipón Emiliano, sobrino del destructor de Cartago, quien, a fuerza de disciplina y de habilidad táctica estrechando el sitio, consiguió apoderarse de la ciudad, pero de una ciudad muerta, porque sus últimos defensores la habían incendiado, matándose después, prefiriendo esta hazaña a una capitulación que consideraban deshonrosa. Ocurrió en 133. a. C.

A Escipión le valió la hazaña el apodo de «Numantino». La leyenda le confundió con su tío el «Africano».” [Michel, J.-J. / López Sancho, L.: ABC de la civilización hispánica. París: Bordas, 1967, p. 296]

numantino / numanticismo / actitud numantina 

Del latín Numantīnus.

Natural de Numancia. Perteneciente o relativo a esta antigua ciudad de la España Citerior.

Defensa numantina / actitud numantina: Resistencia y defensa con tenacidad hasta el límite, a menudo en condiciones precarias.