Perfil humano y actuación política de Alfonso XII

Justo Fernández López


PERFIL HUMANO Y ACTUACIÓN POLÍTICA DE ALFONSO XII

Don Alfonso Francisco Fernando Pío Juan de María de la Concepción Gregorio Pelayo de Borbón y Borbón, Alfonso XII, tuvo una muerte prematura a solo tres días de cumplir 28 años y con apenas una década como jefe del Estado español. Fue un rey humanitario al que verdaderamente le importaban los problemas de sus súbditos. En varias ocasiones visitó a los afectados por catástrofes naturales o endémicas: inundaciones en Murcia y sur de Alicante (1879), terremoto de Andalucía (1884-1885), coléricos de Aranjuez (1885).

Fue un rey cercano al pueblo siempre que podía. Gran parte de la popularidad de Alfonso XII, rey «por la gracia de Dios», se debe a la buena propaganda gubernamental, pero en buena parte también a su carácter afable y espontáneo. Fue un hombre serio y responsable para su edad; con facilidad de expresión. Según testigos de la época, gustaba a las damas por la dulzura de sus ojos, su expresión inteligente y su elocuencia natural de hombre ocurrente. Carecía de orgullo, era bondadoso y amable.

Desde pequeño fue un príncipe enfermizo y propenso a los resfriados. De carácter dócil, sencillo y leal para con sus protectores, demostró, sin embargo, una gran entereza de espíritu, franqueza y jovialidad que le hizo ser muy querido por todo el pueblo.

Al ser destronada su madre en 1868, la Familia Real se instaló en París. De la correspondencia de Alfonso XII con su madre la Reina durante todas sus estancias en los distintos colegios y academias, se pone de manifiesto la relativa estrechez económica en que se movía la Familia Real en esos años. Desde pequeño tuvo una salud frágil y dio muestras de un carácter dócil, sencillo y leal para con los suyos.

Fue un rey querido por su jovialidad. Recibió una educación internacional en distintos colegios y academias militares extranjeros. Lo años de exilio (1868-1874) le valieron para adquirir una selecta formación lingüística, académica y militar en algunas de las mejores escuelas europeas: el Stanislas de París, la Academia Pública de Ginebra, el Theresianum de Viena, y la Royal Military Academy of Sandhurst (Inglaterra).

El 1 de diciembre de 1874, Alfonso hizo público el Manifiesto de Sandhurst, presentándose a los españoles como un príncipe católico, español, constitucionalista, liberal, deseoso de servir a la nación y con espíritu verdaderamente conciliador.

La propaganda oficial difundió la imagen de «rey soldado», pues durante su reinado se puso fin a la tercera guerra carlista y a partir de entonces Alfonso XII empezaría a ser conocido popularmente como «el Pacificador», imagen que reforzó la Paz del Zanjón (1878), que dio por concluido el único frente que quedaba abierto: la guerra de Cuba.

Su reinado consistió principalmente en consolidar la monarquía y la estabilidad institucional, reparando los daños que las luchas internas de los años del llamado Sexenio Revolucionario (1868-1874). Se aprobó la nueva Constitución de 1876 y durante ese mismo año finalizó la guerra carlista, dirigida por el pretendiente Carlos VII (el propio monarca hizo acto de presencia y acudió al campo de batalla para presenciar su final). Los fueros vascos y navarros fueron reducidos y se logró que cesaran, de forma transitoria, las hostilidades en Cuba con la firma de la Paz de Zanjón.

En 1878 y 1879 fue víctima de dos atentados perpetrados por anarquistas de los que salió ileso.

Ese mismo año se desató una epidemia de cólera en Valencia que se fue extendiendo hacia el interior del país. Cuando la enfermedad llegó a Aranjuez, el monarca expresó su deseo de visitar a los afectados, a lo que el Gobierno de Cánovas del Castillo se negó por el peligro que ello entrañaba. El rey partió entonces sin previo aviso hacia la ciudad y ordenó que se abriera el Palacio Real para alojar a las tropas de la guarnición. Una vez allí, consoló a los enfermos y les repartió ayudas. Cuando el Gobierno conoció el viaje del soberano, envió al ministro de Gracia y Justicia, al capitán general y al gobernador civil para que le llevasen de vuelta a Madrid. Cuando llegó, el pueblo, enterado del gesto del rey, le recibió con vítores y, retirando a los caballos, condujo al carruaje hasta el Palacio Real. Poco tiempo después, el 25 de noviembre, Alfonso XII murió de tuberculosis en el Palacio de El Pardo de Madrid.

Su reinado fue un reinado inacabado. Durante su corto reinado, Alfonso XII se casó dos veces, una por amor y otra por razón de Estado. Mantuvo además relaciones extramatrimoniales con la cantante Elena Sanz, con la que tuvo dos hijos ilegítimos, sin ningún derecho en la sucesión al Trono.

Se casó en enero de 1878 con su prima María de las Mercedes de Orleans, sobrina de Isabel II y nieta del rey Luis Felipe de Francia. Cinco meses después de la boda, muere de tifus María de las Mercedes. Más tarde se casaría con María Cristina de Habsburgo-Lorena, archiduquesa de Austria, prima segunda del emperador Francisco José I de Austria.

Su muerte prematura a los 27 años y la de su primera mujer, María de las Mercedes, a los 18 años de edad, propició la proliferación de leyendas populares en torno al monarca: rey romántico, rey soldado, rey liberal. He aquí el origen de cuantiosos versos y coplillas (luego convertidas algunas en exitosas piezas teatrales llevadas también al cine) que han alimentado la leyenda de este joven y «romántico» monarca, siendo el más conocido el de: «¿Dónde vas, Alfonso Doce, dónde vas, triste de ti? Voy en busca de Mercedes, que ayer tarde no la vi». Como escribe Díaz Plaja: «Cuando un monarca entra en el folklore en vida, las circunstancias se presentan bien. Parece claro que el exilio enseña a los futuros reyes. De la misma forma perjudica el haber nacido ya rey».

Hubo en la vida de Alfonso XII circunstancias que alentaron esta faceta popular, facetas que fueron engrandecidas por el sentido romántico que se le dio: el casamiento por amor con su prima María de las Mercedes, la muerte prematura de María de las Mercedes, los diversos amores ilícitos que tuvo el rey, sobre todo con la cantante Elena Sanz, y el hecho de haber muerto de la enfermedad entonces más romántica: la tuberculosis. Todo esto dio pie para crear esa imagen de un rey cercano al pueblo con sus alegrías y sus desgracias.

Alfonso XII era joven, era amable. La gente se había olvidado ya de que era el hijo de Isabel II. Su vida se movía con impulsos románticos –utilizados sabiamente por Cánovas del Castillo, su mentor–, lo que le hacían más popular. Como monarca, quizás haya sido el rey más popular y amado por sus súbditos, sobre todo en Madrid.

Durante su reinado se consolidó la monarquía y la estabilidad institucional. Fue un momento de relativa paz institucional, sin pronunciamientos ni rápidos cambios de gobiernos. Durante su reinado se acabó la última guerra carlista, se redactó la Constitución de 1876, la más duradera, se zanjó la guerra de Cuba. Tras las turbulencias de los últimos decenios, el país gozó de cierta paz social y estabilidad política, gracias al sistema de “turnismo” político y al caciquismo electoral.

«Alfonso XII gobernó con tacto y habilidad, haciendo justicia a su doble promesa de católico y liberal. Contó con el apoyo del mejor estadista del tiempo, Cánovas, y de un ejército que, con mínimas excepciones, se había adaptado al régimen constitucional y monárquico.

La Restauración se consolidó así de tal manera, que ni siquiera la muerte de Alfonso entrando en el año catorce de su reinado, logró ponerla en peligro aunque una regencia con una princesa extranjera, María Cristina, hiciera recordar muchas páginas tristes de la historia de España, con Mariana de Neoburgo o la anterior Cristina. La prosperidad creciente podía con ella y con la creciente oleada de reivindicaciones obreras, que se llamaba Partido Socialista (1879), Unión General de Trabajadores (1888), que competían con la Federación Regional Española de la internacional anarquista (1870) para llevarse a los obreros a por nuevos caminos de mejores sociales.» [Díaz Plaja 1973: 516-517]

Actuación política de Alfonso XII

Alfonso XII fue presentado como el símbolo de la concordia y de la reconstrucción. Logrón aglutinar en torno a su persona las simpatías de todos la mayoría de las agrupaciones políticas del país, a excepción de los carlistas. No defraudó la confianza en él depositada. Durante su tranquilo reinado se logró la paz y la prosperidad relativa del país.

Como agente político, el monarca reinó siempre ateniéndose a la Constitución y mostró exquisito tacto en su trato con los políticos, a quienes dejó obrar. Nunca dejó entrever ni simpatías ni antipatías hacia las agrupaciones políticas de diverso color político. Intentó siempre ser neutral y ser fiel al manifiesto que había firmado en Inglaterra al presentarse a los españoles como el candidato de la reconciliación. A partir de 1883 empezó a intervenir más activamente en los asuntos del Estado, pero conservó siempre su papel de árbitro.

Comandó personalmente las tropas reales en la tercera guerra carlista, lo que le adjudicó fama de buen militar, pues logró reagrupar a las tropas en torno a un ideal y así terminar con la última guerra carlista, que terminaría definitivamente en 1876.

Alfonso XII se esforzó en revalorizar la institución de la Monarquía y hacerla popular. Viajó por todo el país inaugurando hospitales, líneas férreas, visitando las zonas pobres del país y las zonas catastróficas.

En su gira por Austria, Alemania y Francia, hizo en Alemania un comentario algo favorable al Reich alemán, insinuando una alianza con el país germano, lo que en Francia, enemiga de Alemania, interpretó como una amenaza, lo que provocó una crisis entre los dos países. Pero Alfonso XII no dio a este percance mayor importancia y las relaciones diplomáticas se encargaron de sosegar los ánimos.

El objetivo de la Constitución de 1878 era lograr una especie de co-soberanía entre el rey y las Cortes, con una primacía de esta última sobre el primero. El rey encargaba formar gobierno, que debía ser sancionado por las Cortes. El nuevo primer ministro, elegido a su vez por propuesta del rey y previa aceptación del parlamento, tenía la capacidad para disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones en las que tenía asegurada la mayoría absoluta, gracias al caciquismo: red de intereses político-económicos en todo el país.

Donde realmente coincidían los dos partidos de turno era en su ideario económico: ambos defendían a ultranza la política proteccionista y la propiedad privada en los medios de producción. Se asistió al nacimiento de la burguesía propietaria, tanto financiera como industrial y a la restauración de las grandes propiedades agrarias, grupos que poco a poco se irían conformando en un núcleo homogéneo de poder, junto con el sector militar, con intereses de ideologías claramente definidas ya a principios del siglo XX.

Con la Restauración se fue formando un elite, un bloque homogéneo y oligárquico, de ejercicio del poder. Este modelo funcionó durante todo el reinado de Alfonso XII y empezó a esquebrajarse en 1898, con el desastre colonial, para terminar siendo obsoleto y anacrónico en 1909, con la represión de las revueltas con motivo de la Semana Trágica de Barcelona.

A pesar de su efímero reinado, Alfonso XII fue el primer monarca constitucional pleno. Bajo su reinado, España alcanzó cierto grado de modernidad y renovación. La muerte prematura del monarca impidió constatar el alcance real de su actuación política.

Matriomonio e hijos

Alfonso XII se casó dos veces; con su prima María de las Mercedes de Orleans, hija de los duques de Montpensier, contrajo matrimonio el 23 de enero de 1878; desgraciadamente, la reina murió de tifus cinco meses después, y en segundas nupcias el rey se casó con María Cristina de Habsburgo-Lorena (29 de noviembre de 1879), prima segunda del emperador Francisco José I de Austria.

Tuvo tres hijos fruto de su segundo matrimonio: María de las Mercedes (1880-1904), infanta de España y princesa de Asturias, casada con Carlos de Borbón-Dos Sicilias (1870-1949); María Teresa (1882-1912), infanta de España, casada con Fernando de Baviera; y Alfonso XIII (1886-1941), nacido después de la muerte de su padre Alfonso XII, rey de España desde su nacimiento y casado con Victoria Eugenia de Battenberg.

Además de sus hijos legítimos, Alfonso XII dejó al menos dos hijos ilegítimos con la contralto Elena Sanz: Alfonso (1880-1970) y Fernando (1881-1922).

La viuda de Alfonso XII, María Cristina fue regente de España hasta la mayoría de edad de su hijo Alfonso XIII, en 1902.