Gobierno de Mariano Rajoy Brei

Justo Fernández López


GOBIERNO POPULAR DE MARIANO RAJOY (PP) 2011-

El error del gobierno de Zapatero fue fundamentalmente no haber “pinchado la burbuja inmobiliaria” y no haber diagnosticado o reconocido a tiempo la crisis financiera; se esperaba que la crisis no causara impacto e incluso se divisaban “brotes verdes” en la economía.

Rajoy conocía la situación económica antes de la convocatoria electoral de Rodríguez Zapatero para el 20 de noviembre de 211. «Mariano Rajoy es el presidente que más poder ha acumulado en democracia y con menos margen para ejercerlo. Esta aparente paradoja es el resultado de cinco años de crisis económica, que han convertido España en un país tutelado por la UE. El gobierno popular, electo el 20N, está obligado a cumplir las ocho condiciones impuestas por el BCE en la carta secreta enviada al anterior gobierno socialista, como condición sine qua non para seguir comprando deuda pública española y evitar el colapso financiero. Por eso, a Rajoy no le quedó más remedio que convertir esa misiva en su "hoja de ruta".» Guindal, Mariano: Los días que vivimos peligrosamente. Crónica secreta de la España intervenida. Editorial Planeta, 2012.

Ante la “herencia recibida”, el Gobierno de Rajoy optó por la política radical de austeridad (“austericidio” que exigía Bruselas y, sobre todo, la canciller alemana Merkel, que temía por sus inversiones en España si el país entraba en bancarrota). El primer objetivo de Rajoy fue evitar el rescate para España y solucionar el problema financiero de los bancos y de las cajas de ahorro. Los recortes presupuestarios del gobierno popular significaron para la oposición un “desmantelamiento del estado social de bienestar”. Los recortes no solo afectaban al ámbito económico, sino también a los derechos de los ciudadanos: reforma laboral, etc.

El gobierno de Rajoy amenazaba destruir todo lo alcanzado por los gobiernos socialistas en cuanto a derechos de los ciudadanos: se reformaba la educación, se privatizaban hospitales, se intentaba endurecer la ley del aborto, se recortaban derechos laborales, etc.

«Zarandeado por su propio partido tras su segunda derrota electoral de 2008, cuestionado por casi todos debido a su escaso tirón electoral, criticado por muchos ante su discreta autoridad y ninguneado en todas las encuestas de valoración de líderes, Mariano Rajoy ha logrado enderezar su carrera política entre silencios clamorosos y una crisis económica que eliminó a los socialistas, por su incapacidad para combatirla, muchos meses antes de que comenzara la contienda electoral. Con todo en contra, Rajoy flotó. Con todo a favor, Rajoy aterrizó sin hacer ruido en el Palacio de la Moncloa.» [Shangay Lily, en el Público – 18.11.2011]

LA “HERENCIA RECIBIDA”

«De la crisis que estamos sufriendo desde el año 2008 en España no es responsable ni el déficit público (superávit) ni la deuda pública existentes entonces (muy baja), sino la inmensa deuda privada motivada por la gigantesca burbuja especulativa en lo inmobiliario, activada por el PP con la ley del suelo del año 1998.

Recordemos una vez más los datos que Rajoy jamás menciona como causas del desastre: entre 1997 y 2007 (periodo mayoritariamente gobernado por el PP), la construcción creció a un ritmo de un 5 % anual. En esos años, el parque de viviendas aumentó en 5,7 millones de casas, casi el 30 % del total existente, y la revalorización del precio alcanzó un 191%.

En 1998, la construcción suponía casi el 14 % del empleo global en España, el doble que en Alemania y cinco puntos más que en Reino Unido. Entonces, ese año, José María Aznar aprueba una ley del suelo que multiplica la exuberancia irracional del sector de la construcción: todo el suelo se declara urbanizable, salvo que esté expresamente prohibido.

Con ese bonito principio liberal se favorece un boom inmobiliario de la construcción. Pero no en el sentido que decía el PP (aumentará el número de pisos y, por tanto, bajarán los precios de los mismos), sino en el especulativo: se adquirían viviendas endeudándose, no porque fuesen baratas, sino porque eran caras y en el futuro lo serían más, con lo que se podría especular con ellas. La especulación desencadenó la continua recalificación municipal de los terrenos y los Ayuntamientos engordaron sus arcas.

La responsabilidad de José Luis Rodríguez Zapatero fue no pinchar esa burbuja y cabalgar a lomos de la opulencia. Se debe discutir si sus planes de expansión de la demanda cuando empezaron las dificultades fueron precisamente óptimos. Pero la transformación de la deuda privada en deuda pública en una continua socialización de pérdidas llega de Aznar, no de Zapatero. Esta sí es una insoportable herencia recibida.» [Joaquín Estefanía: “Herencias recibidas”, en El País - 12 de mayo de 2013]

«Qué felices seremos los dos y qué dulces los besos serán, pasaremos la noche en la luna, viviendo en mi casita de papel: eso cantaba Jorge Sepúlveda con voz de terciopelo allá en la posguerra. En esa época gran parte del país aun estaba bajo los efectos de las bombas, pero en medio de los escombros comenzó a brotar el afán de poseer, aunque fuera en la luna, esa casita de papel donde pasar la noche, un sueño que muchos españoles no pudieron cumplir hasta 60 años después.

Por todas partes las grúas de la construcción ayudaban a tapar con ladrillos el horizonte. Por lo demás solo había que entrar en el banco de la esquina, llenar unos formularios, firmar abajo sin leer la letra pequeña y recibías un crédito junto con los parabienes del director y del notario. Ya eras el dueño de aquella casita de papel, que cantaba Sepúlveda echando caramelos por la boca. La casita no estaba en la luna, sino en una barriada de extrarradio; era un piso conseguido con mucho trabajo, con mucho sudor. Pero aquella casita era de un papel repleto de trampas de la hipoteca que habías firmado con ilusión en el banco ante un notario muy afable y un director sonriente. Un día te quedaste sin trabajo y un dogal de hierro comenzó a constreñirte la garganta. Todos los papeles de la casita que llevaban tu firma se volvieron sentencias ejecutivas. El banquero acudió al juez y el juez llamó a la policía. Te echaron de casa sin piedad para que siguieras pagando la deuda al banco desde la calle. En la crisis del 29 se arrojaban al vacío los banqueros, ahora son sus hipotecados los únicos que se tiran por la ventana. Me dijo un notario: antes era la fiesta de la compraventa, ahora es la tragedia del desahucio la que salva de la crisis mi despacho.» [Manuel Vicent: “Lágrimas”, en El País - 11 de noviembre de 2012]

La burbuja inmobiliaria , empezó mucho antes, allá por 1996-97 cuando Aznar nos decía aquello de "España va bien", ya que sus amigotes y sus no menos amigazos de las altas finanzas echaban cohetes con lo que pasaba. Luego viene Zapatero con lo del "aterrizaje suave" y "estamos en la Champions". Al final, Rajoy tiene que enfrentarse al desastre más absoluto.

«Tras superar la crisis de 1993, España vivió hasta el 2008 una bonanza histórica marcada por varios factores. La bajada de impuestos del Gobierno Aznar -con Rodrigo Rato al frente de Economía- fue el preludio de los créditos baratos con el euro (incluso por debajo de la inflación). Y las entidades financieras vieron un filón asociado al boom inmobiliario. Tan viento en popa iba que hubo economistas que llegaron a hablar del fin de los ciclos económicos.

Pero nada más equivocado. El matrimonio banca (especialmente cajas de ahorro, con el paradigmático caso de Cajamadrid «») y ladrillo se rompió de forma traumática en el 2008. De los peligros ya había advertido el exgobernador del Banco de España, Luis Ángel Rojo, pero nadie escuchó. Su sucesor, Jaime Caruana, también sabía que la economía estaba recalentada. Incluso los inspectores de la entidad se lo advirtieron, pero tampoco hubo respuesta: el crédito concedido por las entidades crecía exponencialmente.

El saliente Miguel Ángel Fernández Ordóñez tampoco se distinguió por manejar con acierto la crisis financiera: exigía reformas que no eran de su competencia mientras alababa, primero, la salud del sistema financiero nacional y, luego, cuando se constató su cáncer, forzaba fusiones de claro corte político. Tampoco Rato, al frente del Fondo Monetario Internacional (FMI), fue capaz de ver la crisis, y el episodio de Bankia merece análisis aparte.

Pero ni Zapatero, ni sus sucesivos ministros de Economía, Pedro Solbes y Elena Salgado, acertaron con la política necesaria y continuaron recetando tiritas para una hemorragia. Ahora la UE nos da quimioterapia.» ['De aquellos polvos vienen estos lodos'. Del ‘España va bien’ de Aznar al rescate financiero, en elplural.com - 10/junio/2012]

«Se está luchando contra el enemigo equivocado: el déficit y la deuda pública, cuando el principal lastre para la recuperación económica en España es la enorme deuda privada. Un proceso de acumulación de deuda privada cuyos principales responsables hay que buscarlos en nuestro país. En la mala gestión de nuestras entidades financieras, en la laxitud del Banco de España, en la voracidad crediticia de nuestros hogares y empresas y en los distintos gobiernos, que no solo no buscaron remedios, sino que incentivaron fiscalmente la compra de vivienda y el endeudamiento de las empresas.

Según los datos publicados recientemente, la deuda total española equivale a cuatro veces el PIB (la medida convencional de la riqueza generada por el país en un año), es decir, algo más de cuatro billones de euros.

Esta deuda total estaría así distribuida en octubre de 2011:

§       Deuda Pública, el 16,5 % (cerca de 700.000 millones).

§       Deuda de las familias, el 21 %, no llega al billón de euros y concentra la deuda hipotecaria de las familias.

§       Deuda de las empresas, el 30,5 % (1,3 billones).

§       Deuda de los bancos, el 32 % (1,35 billones).

§       Así, la gran masa de deuda, el 83,5 %, es deuda privada y casi dos tercios corresponden a los bancos y las empresas.

Pero el problema no es la falta de crédito sino el contrario: el exceso de deuda privada, especialmente el de deuda empresarial. Y esto es lo que hace que los mercados pongan trabas para seguir prestando dinero, ya que hay dudas de que el país, en pleno estancamiento económico, pueda devolver todo lo que debe. El falso bienestar económico que se ha vivido en España durante los últimos años se ha sustentado sobre el crédito, un crédito blando que ha permitido a las familias vivir en su mayoría por encima de sus posibilidades. Sin embargo, ningún banco ha obligado a las familias a suscribir a la fuerza ni una sola hipoteca, ni un solo crédito personal, ni una sola tarjeta de crédito. Las familias son quienes en última instancia se han sumido en un nivel de deuda tan grande que ahora la gran mayoría de ellas es incapaz de alimentar a uno de los motores más importantes de cualquier economía y que no es otro que el consumo.

El problema del fuerte endeudamiento en las empresas se basa sobre todo en una de las peculiaridades del mercado español: Las curiosas formas de pago que están arraigadas en nuestro país: pagar y cobrar a 30, 60, 90, 180 e incluso últimamente a 360 días ha provocado que las empresas dependan excesivamente de la financiación para cubrir las necesidades de su actividad diaria.» [Mónica Urgoiti Arístegui: “La verdadera culpable de la crisis en España: la deuda privada”, en http://www.diariocritico.com/ 12/09/2012]

Las causas que han instaurado este problema y agravado sus consecuencias para las familias son:

§      La política de vivienda adoptada desde los poderes públicos que han fomentado la propiedad en lugar de otras opciones, lo que ha beneficiado a bancos y cajas de ahorro, instrumento imprescindible para obtener la financiación necesaria.

§      Los bajos tipos de interés han animado aún más a los consumidores a sumergirse en el endeudamiento.

§      El concesión abusiva de crédito por parte de bancos y cajas, que han concedido crédito por encima de sus posibilidades del consumidor y excediendo incluso su capacidad real de dar crédito.

¿Qué soluciones se adoptaron cuando se intuía la explosión de la burbuja inmobiliaria? Las entidades ofrecieron a los consumidores refinanciaciones, y soluciones “tóxicas” como ampliaciones de plazos hasta 50 años, períodos de carencia, hipotecas de cuota creciente. Mientras que la necesaria reforma de Ley del Mercado Hipotecario se limitaba a crear nuevas fórmulas de hipotecas recargables y abiertas que permitían dar una vuelta de tuerca más a la ya difícil situación financiera y económica de los consumidores y sus familias.

Programa electoral del PP – elecciones generales 2011

Lo que España necesita: Confianza, empleo, reformas, educación.

«La sociedad española quiere un cambio. Quiere recuperar la concordia y el entendimiento. Quiere que la moderación y el reformismo vuelvan a ser el eje de la vida política española. Que vuelvan a ser las bases del progreso y el bienestar. Y hoy ese cambio solo puede llegar de la mano del Partido Popular. Estamos convencidos de que los problemas de España tienen solución y de que los españoles tienen futuro. Queremos lograr entre todos una España más próspera, justa y solidaria, que sea respetada y admirada. Queremos que vuelva la confianza a nuestro país. Estoy seguro de que trabajando juntos y sumando esfuerzos lograremos salir adelante. Este es nuestro compromiso.»

Propuestas del PP:

§         Apuesta por liberalizar la economía y una mínima intervención.

§         Sigue apostando por la Ley de Partidos sobre terrorismo.

§         Sustituirá Educación para la Ciudadanía.

§         No concreta nada sobre la Ley del Aborto.

§         Pedirá a los extranjeros conocer "lo que supone ser español".

§         Aboga por privatizar las televisiones públicas.

§         Protegerá los toros como "parte de nuestra cultura".

Economía: "la liberalización de la economía y la estabilidad y flexibilización del mercado de trabajo".

Terrorismo: impulsará la aplicación de la ley de partidos y de la ley electoral a las "organizaciones políticas vinculadas a ETA" mientras la banda continúe existiendo.

Educación: eliminación de la asignatura de Educación para la Ciudadanía y sustituirla" por otra cuyo contenido esté basado en el aprendizaje de los valores constitucionales y en el conocimiento de las instituciones españolas y europeas".

Tema del aborto: promoverá "una ley de protección de la maternidad con medidas de apoyo a las mujeres embarazadas", pero no aclara si derogará la actual Ley del Aborto. "Cambiaremos el modelo de la actual regulación para reforzar la protección del derecho a la vida, así como de las menores", señalaba su programa electoral.

Matrimonio homosexual: ni media palabra sobre el matrimonio homosexual, palabra que ni aparece en el documento.

Inmigración: apuesta por una "inmigración legal, ordenada y vinculada al empleo" y dice que acabará "con las regularizaciones masivas".

Ley de dependencia: apuestan por modificar la actual ley "para garantizar una cartera de servicios básica y común para todas las personas dependientes" y para "garantizar la calidad y la equidad de las prestaciones y servicios".

Ley Concursal: reformarán la Ley Concursal "para introducir mecanismos de liberación de los deudores tras la ejecución del patrimonio embargable en los procedimientos de insolvencia de las personas físicas". Eso sí, "con las debidas garantías para evitar comportamientos abusivos".

Televisión: deja la puerta abierta a la privatización parcial de las televisiones públicas y contempla la posibilidad de "redimensionar y adaptar a la coyuntura presupuestaria que estamos atravesando" el actual modelo de televisiones públicas.

Cultura: el PP aboga por fomentar "la protección de todas las manifestaciones artísticas tradicionales" que, a juicio de los conservadores son "parte de nuestra cultura". "Como la tauromaquia", aclara este punto, que no cita más ejemplos.

Impuestos: "Yo no voy a subir los impuestos, no", dijo Rajoy en una entrevista en El País el 16 de noviembre de 2011. Fue una de sus consignas en la oposición y durante toda la campaña electoral: "Subir los impuestos hoy significa mas paro y mas recesión. Subir los impuestos hoy es darle una vuelta más a las maltrechas economías de las familias y las empresas".

Pensiones: "El Partido Popular está comprometido con el mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones", rezaba el programa. "No voy a tocar las pensiones", concretó Rajoy. Rajoy cargó contra Zapatero en mayo de 2010 por congelar las pensiones y aseguró que los socialistas habían abandonado el Pacto de Toledo por tomar esa medida.

Sanidad: "Le voy a meter la tijera a todo, salvo a las pensiones públicas y, aunque sea competencia de las Comunidades Autónomas, a la sanidad y la educación, donde no quiero recortar los derechos de los ciudadanos". Rajoy, en campaña.

Copago sanitario: "No, al copago en Sanidad".

Corrupción: "La lucha contra la corrupción es uno de los objetivos principales del Partido Popular, ya que el funcionamiento del sistema democrático no debe quedar nunca en entredicho por actitudes permisivas, indolentes o exculpatorias ante la gravedad de determinados comportamientos", aseguraba el programa electoral del partido que mantuvo contratados hasta este año a varios implicados en el caso Gürtel.

Independencia judicial: El programa electoral del PP hacía un guiño a los tribunales y al Ministerio Fiscal, al que había acusado de estar al dictado del PSOE. "Propiciaremos el respeto a su independencia e imparcialidad", en referencia a los jueces y fiscales.

Reforma laboral: "No vamos a abaratar el despido, sino a abaratar el coste de la contratación", dijo el entonces portavoz económico del PP, Cristóbal Montoro. "Hicieron una reforma laboral que ha provocado más paro y ha abaratado el despido", recriminó Rajoy al candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, durante el cara a cara televisivo días antes de las elecciones.

No bajar el sueldo de los funcionarios: "El PP nunca habría bajado el sueldo a los funcionarios. Nunca hay que ajustar en la parte débil del presupuesto", dijo Esteban González Pons en octubre de 2011. El programa electoral del PP era difuso en cuanto a los salarios de los trabajadores públicos y, durante la campaña, Rajoy se limitó a decir que no bajaría un 5% los sueldos de los trabajadores públicos, sin precisar más.

Incumplimientos electorales del Gobierno del PP

Nada más llegar al poder, el Gobierno del PP no cumple la mayoría de las promesas de su programa electoral. Comienzan los recortes presupuestarios en todos los niveles y el incumplimiento se achaca a la “herencia recibida”, es decir, al error de las cifras de Zapatero en lo relativo al déficit público.

El PP incumplió sus promesas de no subir impuestos, no recortar las pensiones ni servicios públicos como la sanidad o la educación. También se ha saltado las referencias a la transparencia de los cargos públicos y al respeto a las instituciones judiciales.

El primer Consejo de Ministros presidido por Rajoy aprobó una gran subida de impuestos que afectó a las rentas de los trabajadores, del ahorro y al IBI. En meses sucesivos, el Gobierno aumentó otros impuestos, entre ellos el IVA, que por primera vez subió tres puntos de una tacada.

Rajoy incumplió otra de sus promesas al achacar al Ejecutivo de Zapatero la necesidad de esas medidas. "No me voy a quejar de la herencia que reciba", aseguró el candidato del PP en plena campaña, pero justificó sus primeros recortes y subidas impositivas en la brecha del déficit, que fue del 8,51%, mientras los socialistas lo habían situado en el 6%.

El Gobierno de Rajoy ha reformado el sistema para desligar las pensiones del IPC, lo que en la práctica va a conllevar una pérdida de poder adquisitivo: en 2014 las pensiones solo subirán un 0,25% mientras que el incremento de los precios será mayor. Además, la reforma supondrá un tajo de 33.000 millones de euros entre 2014 y 2022.

En abril de 2012, las partidas de sanidad y educación sufrían un recorte de 10.000 millones de euros. Sanidad tendrá un 35,6% menos de presupuesto en 2014 y Educación acumula un recorte del 24% en tres años. A los recortes hay que sumar la privatización que protagonizan los barones en las Comunidades Autónomas –frente a la defensa de la sanidad pública, universal y gratuita que hicieron en campaña– o la subida de las tasas universitarias.

La ministra de Sanidad ha impuesto el copago para el transporte sanitario, para medicamentos de patologías crónicas habituales, como hepatitis C o leucemia, o las prestaciones ortoprotésicas. La teleasistencia a personas dependientes ya no es gratuita. El Gobierno ha dejado sin tarjeta sanitaria a 873.000 personas, que tendrán que pagar hasta 157 euros mensuales por acceder a la cartera básica.

"La ejemplaridad y la transparencia deben presidir la actuación de quienes asumen responsabilidades públicas", dice el texto del programa electoral del PP, que utilizó en dos ocasiones su mayoría absoluta para evitar que Rajoy diera explicaciones en el Congreso sobre el presunto cobro de sobresueldos en B y la contabilidad paralela del partido.

En cuanto a la independencia de los jueces, el PP presionó para que el juez Gómez Bermúdez no interrogara a Luis Bárcenas y el caso de la presunta contabilidad B se quedara en manos de Pablo Ruz. Recientemente, el Gobierno de Rajoy ha destituido al comisario encargado de las investigaciones de Gürtel y Bárcenas.

En cuanto a la ley del aborto, el proyecto de ley de reforma del aborto  se ha aplazado hasta en cuatro ocasiones. El 22 de septiembre de 2014, el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, anuncia su dimisión, apenas cuatro horas después de que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, confirmara la retirada de la reforma de ley del aborto y aparcara así uno de los asuntos que en este momento le creaban más problemas a la hora de mantener a su electorado de centro.

La reforma laboral aprobada apenas un mes y medio después de su toma de posesión redujo la indemnización por año trabajado de 45 días a 33, con un máximo de 24 mensualidades, mientras que la del despido procedente será de 20 días por año trabajado, con un máximo de un año de salario.

En cuanto al sueldo de los funcionarios, en 2012 el Gobierno dejó sin paga extra de Navidad a los funcionarios, lo que representó una reducción en torno al 7% en sus ingresos, que llevan congelados desde 2009.

Economía

Pertenece al juego democrático que un nuevo Gobierno emborrone el legado de su antecesor, para situar el listón más bajo a la hora de medir sus logros posteriores. El gobierno de Mariano Rajoy, que en la campaña electoral había prometido crear puestos de trabajo y bajar los impuestos, se vio en la necesidad de hacer recortes presupuestarios para evitar el rescate de España. Justificó el incumplimiento de lo prometido en la campaña electoral con la “herencia recibida” de los socialistas.

Rajoy dijo que, aunque no se puede asegurar aún que "España va bien", sí se puede afirmar que "España va mejor" que hace un año. Rajoy citó algunos de los logros de su política económica al inicio de su intervención en el acto de clausura del campus de verano de la fundación FAES, donde subrayó que la economía española "ha dado la vuelta al reloj de arena" y ya está "en la cuenta atrás hacia la recuperación". "No podemos decir como en otros tiempos que España va bien, pero España va mejor y el rumbo marcado es el correcto", recalcó Rajoy aludiendo con la primera de esas frases a las declaraciones de Aznar sobre la marcha de España cuando él estaba al frente del Ejecutivo. De la corrupción, ni media palabra.

«España va bien fue el eslogan que imperó durante los ocho años de las legislaturas populares —1996-2004— cuando España crecía más que sus socios en términos reales, aumentaba la ocupación y reducía su déficit público. Si midiéramos el éxito económico por esas mismas variables, España no solo siguió bien, sino que fue aún mejor durante la siguiente legislatura socialista cuando consiguió la tasa de paro más baja de la democracia, unos niveles de inversión espectaculares, tres años de superávit presupuestario, y la proporción de deuda pública sobre el PIB más baja de los grandes países desarrollados. El Reino de España consiguió entonces la mejor calificación posible —tres triples A— por parte de las tres agencias de rating, lo que no se había conseguido antes, ni se ha conseguido después.

Fue importante entonces, cuando todo el mundo estaba eufórico, que alguien, en contra de la visión de que España iba bien, dijera que esa burbuja pincharía y caería la actividad del sector inmobiliario y que el Gobierno no había preparado al país para este cambio en la estructura de la demanda y de la oferta. No se hizo caso entonces a estas y otras advertencias similares, con lo que, durante más de una década, el crédito creció sistemáticamente por encima del PIB, se fue perdiendo competitividad dentro de una unión monetaria y la crisis estalló con las consecuencias dramáticas que hemos vivido y seguimos viviendo.

No solo fueron los ministros y demás responsables políticos de entonces los que en plena burbuja, en el año 2003, negaron que existiera una burbuja inmobiliaria, sino que así lo hicieron la mayoría de los empresarios, analistas y comentaristas, hasta que empezó a desinflarse en la segunda mitad de 2006. Fueron muy pocos los españoles que se escaparon de caer en aquel ambiente de euforia generalizada.

La propaganda de Gobierno de Rajoy se esfuerza en señalar que la prima de riesgo ha caído gracias a la difícil aunque exigua reducción de déficit público y a la importante reestructuración bancaria ejecutada a lo largo de los últimos seis años. Sin embargo, Paul de Grauwe muestra que si el coste de la deuda española ha caído no se debe a lo que haya hecho el Gobierno español, ni el griego, ni el portugués, sino a las actuaciones del BCE. La deuda pública sobre el PIB, que en 2011 estaba alrededor del 70%, ha alcanzado en dos años y medio el 100%, y esta tendencia complica su sostenibilidad.

España tiene dos graves problemas económicos por resolver. Uno, el de reembolsar un altísimo y creciente volumen de deuda pública sin tener moneda propia. El otro es el insoportable nivel de desempleo estructural. 

Si el regalo del BCE —poder financiarnos estos años a un coste menor que Noruega—, se aprovecha para acometer las reformas importantes, sin duda España irá bien. Los mercados están apostando a que el BCE seguirá manteniendo esa política bastante tiempo y España podrá ir bien cuando termine si aprovecha este tiempo para reformar. Pero si no, no.» [Miguel Á. Fernández Ordóñez, el que fuera gobernador del Banco de España]

«Lo primero a señalar es que la base del capitalismo español, desde el desarrollismo franquista, es el eje financiero, y dentro de ese eje, el resultado de dicha centralidad es el Banco Santander. A diferencia de la banca vasca orientada en origen a la industrialización o la banca mercantil orientada a la actividad comercial en las zonas portuarias como Santander, el Banco de la familia Botín fue el perfecto ejemplo del bloqueo a cualquier actividad productiva y la financiación de toda actividad de una burguesía rentista, parasitaria y netamente compradora, con perfecto encaje en la mentalidad nacionalista, atrasada y anti-modernizadora de la España autárquica y después desarrollista.

Hegemonizada la banca madrileña (Banesto, Central e Hispano Americano) por parte del Santander, llegó el momento de la globalización, de los gobiernos del PSOE, la desnacionalización de la economía española y de nuestra financiarización, objetivos a los que se entregó con empeño Emilio Botín. Compra de bancos privatizados en América Latina y en los países del Este europeo y entrada en el mercado financiero de la City, a cambio de una España sin crédito, sin inversión y sin soberanía económica. Éxito imparable hasta que llegó la crisis, y con ella, el debilitamiento del pulmón financiero español, el desplazamiento de la oligarquía española bajo el progresivo control del capital extranjero de toda realidad económica en España.

Llega el fin de ciclo de nuestro empresariado tradicional. Con la muerte de Botín padre y la llegada de Botín hija ya nada será igual. Es el fin del banquero clásico, que decide e impone todo, pone y quita gobiernos; a partir de ahora, también en las finanzas españolas, manda Alemania.» [Eddy Sánchez, en http://www.publico.es/ - 12.09.2014]

Tras la revisión del Instituto Nacional de Estadística (INE) de finales de septiembre de 2014, el retroceso real de la economía española entre 2008 y 2013 alcanza el 7,3 %, frente al 6,7 % estimado por el gobierno.

El año 2014 es el primero, desde que comenzó la crisis, con un crecimiento interanual positivo, por encima del europeo. Según los expertos en economía, hay varios desequilibrios aún no corregidos. Un gigantesco stock de viviendas y en infraestructuras públicas con bajísimos índices de ocupación, símbolo todo ello de una etapa de despilfarro y vehículo de corrupción. Un endeudamiento exterior. Parte del sistema financiero muy afectada por su implicación en estas operaciones. A lo que hay que añadir deficiencias estructurales: la prolongada destrucción de tejido industrial y el minifundismo empresarial limitan una recuperación vía exportaciones. El problema del mercado de trabajo malgasta recursos productivos y crea malestar social.

 

Número de desempleados

2008-2015

2008

3.206.000

2009

4.335.000

2010

4.702.000

2011

5.287.000

2012

6.021.000

2013

5.935.000

2014

5.457.000

2015 (abril)

4.333.016

El porcentaje de parados se sitúa en el 23,78 % en el primer trimestre del año 2015.

Por lo que respecta a los hogares con todos sus miembros en paro subieron en el primer trimestre de 2015 en 27.300, lo que supone un 1,55 % más que en el trimestre anterior y se sitúan ya en 1.793.600. Un drama para muchas familias que viven en el umbral de la pobreza.

El número de parados registrados se situó al finalizar abril de 2015 en 4.333.016 personas. Es el mayor descenso en un mes de abril de toda la serie histórica. El número de adscritos al sistema se sitúa en 17.008.296.

Evolución de la prima de riesgo

La prima de riesgo de España, también llamada riesgo país o riesgo soberano de España, es el sobreprecio que ésta tiene que pagar cuando acude a los mercados para financiarse, en comparación con Alemania.

En 2007, antes de la crisis, la prima de riesgo era prácticamente cero. España tenía la máxima calificación crediticia de las agencias de calificación: triple A y se financiaba en los mercados al mismo coste que Alemania.

El 15 de septiembre de 2008, el banco americano Lehman Brothers se declara en bancarrota. Se inicia así la larga crisis financiera a nivel mundial. España entra en recesión y la prima de riesgo comienza su escalada, acabando el año cerca de los 100 puntos.

En enero de 2009, motivado por el deterioro económico del país, España pierde la triple A.

El 2 de mayo de 2010, Europa aprueba el rescate de Grecia, y en noviembre el de Irlanda. La prima española llega a los 200 puntos básicos.

El 20 de noviembre de 2011, el PP gana las elecciones y anuncia un plan de medidas económicas con carácter urgente. El PIB retrocede.

En mayo de 2012, el Gobierno nacionaliza Bankia y el Gobierno tiene que pedir el rescate. La deuda pública elevada pone a España al borde de ser intervenida por la UE. La calificación crediticia baja a un paso del bono basura.

El 9 de junio de 2012, España solicita a Bruselas un plan financiero de hasta 100.000 millones de euros para salvar la banca. La prima de riesgo se dispara y alcanza los 650 puntos básicos.

El 6 de septiembre de 2012, el presidente de BCE, Mario Draghi, anuncia un programa de bonos para los países con problemas: “El BCE hará lo necesario para sostener el euro”. Los mercados se calman.

En septiembre de 2013, el PIB avanza y todo indica que está finalizando la recesión más prolongada en décadas. La prima de riesgo cae por debajo de los 300 puntos básicos.

El 14 de diciembre de 2013, finaliza el rescate de la banca española. Europa había aportado 41.400 millones de euros.

El 3 de enero de 2014, la prima de riesgo baja por debajo de la barrera psicológica de los 200 puntos.

En marzo de 2015, la prima de riesgo quedaba en los 119 puntos.

 Rescate o préstamo financiero

Desde que estalló la crisis financiera en 2008 el Banco de España ha rescatado a tres cajas de ahorros y dos bancos. Previamente, el gobierno ya se les había avalado un crédito de 100 mil millones de euros: Caja Castilla-La Mancha, Cajasur, Caja de Ahorros del Mediterráneo, Banco de Valencia, Bankia. Nacionalizó tres cajas de ahorro por valor de 4751 millones de euros, sufragado por el Fondo de reestructuración ordenada bancaria (FROB): Caixa Catalunya, Novacaixagalicia, Unnim.

El 9 de junio de 2012, el ministro de Economía anuncia que España ha solicitado y obtenido de la Unión Europea un rescate bancario de hasta 100.000 millones de euros que el Estado utilizará para sanear el sistema financiero español a través del FROB. A pesar de que el último garante del dinero concedido es el Estado y no los bancos, el ministro Guindos se negó a llamarlo rescate. "Es un préstamo en condiciones muy favorables, mejores que las del mercado", afirmó.

A diferencia de Irlanda, Grecia, Portugal y Chipre, mientras que el rescate en estos países es de la totalidad de sus economías (rescate-país), en España se rescataron únicamente determinadas entidades bancarias y financieras. En el caso de España, su economía nacional ni ha sido rescatada ni intervenida, pero sí lo han sido determinados bancos y cajas. Paradójicamente la cantidad que España ha tenido que desembolsar para el rescate-país de Irlanda, Grecia, Portugal y Chipre supera a la cantidad que la troika ha concedido a su bancos.

Rescate bancario

El 7 de mayo de 2012, Rodrigo Rato, presidente de Bankia, presenta su renuncia a presidir esta entidad, considerada como clave para la reestructuración del sistema financiero español. La decisión coincidió con los planes del Gobierno de poner en marcha de forma inminente un plan de saneamiento para Bankia que preveía la inyección de cerca de 10.000 millones de dinero público con el objetivo de cubrir su riesgo inmobiliario.

El 9 de mayo de 2012, se produjo la nacionalización del Banco Financiero y de Ahorros (BFA), matriz de Bankia. El Estado se quedó con todo el capital de BFA y, en consecuencia, se convirtió en dueño del 45% de Bankia. El 25 de mayo, la CNMV suspendió la cotización de las acciones de Bankia. El Consejo de Administración de Bankia decidió pedir una inyección de 19.000 millones de euros de dinero público para BFA, matriz de Bankia.

El 9 de junio de 2012, el ministro de Economía anunció que España había solicitado y obtenido de la Unión Europea un rescate de hasta 100.000 millones de euros que el Estado utilizaría para sanear el sistema financiero español, especialmente Bankia, a través del FROB. El presidente del Gobierno Mariano Rajoy evitó el término rescate y habló de "línea de crédito" y de éxito de su política ("hemos evitado el rescate de España").

La inyección total fue de 22.424 millones de euros: los 4.465 millones recibidos en 2010, y los 17.959 millones del rescate europeo, divididos en 4.500 de anticipo inyectados en septiembre de 2012 y 13.459 con que se completó dicho rescate a principios de 2013.

El 23 de diciembre de 2013, Bankia volvió al IBEX 35 tras permanecer un año excluida. Gracias al proceso de reestructuración, BFA logró en 2013 un beneficio neto de 818 millones de euros; de los que 509 correspondieron a Bankia.

El 28 de febrero de 2014, el FROB, que controlaba el 68,395% del capital de Bankia a través de BFA, matriz de la entidad, vendió un 7,5% de Bankia a grandes fondos de inversión recaudando 1.304 millones de euros.

«¿Cuánto ha costado realmente el rescate de la banca?

Bankia ha recibido 22.424 millones, Catalunya Banc se ha llevado 12.052 y NCG Banco (NovaGalicia), 8.981; en realidad, el FROB inyectó 9.052, pero ha recuperado 71 por la venta de acciones. En un segundo escalón aparecen Banco de Valencia, vendida a La Caixa tras inyectarle 5.498 millones y CAM, que fue a parar al Sabadell con 5.249 de dinero público. En un tercer nivel tenemos a Liberbank, que entre las ayudas por la compra de CCM y los CoCos del rescate europeo ha recibido 1.808 millones; BMN, con 1.645, que otorgan al FROB el 65% de su capital; Ceiss (Caja España-Duero), que lleva 1.129 a la espera de que Unicaja se decida o no a absorberla; Banca Cívica, que recibió 977 millones que su comprador, La Caixa, ya ha devuelto; y Unnim, con ayudas de 953 millones que aprovechó BBVA, vencedor de su subasta. Completan la lista Caja3, absorbida por Ibercaja, con 407 millones, y Banco Gallego (también comprado por Sabadell), con 245. De este dinero, se dan por perdidos 37.000 millones. En 2012, el FROB asumió una pérdida de 9.176 millones en Bankia, de 6.674 millones en Catalunya Banc, de los 5.498 millones íntegros de Banco de Valencia, de 3.091 en Novagalicia Banco, de 525 en Ceiss y de 241 en BMN. El fondo de rescate ya había asumido pérdidas por 10.557 millones en 2011 y por 314 en 2010.» [Fuente: El Confidencial - 30/03/2014]

Más de 38.000 millones de euros procedentes del erario público ya se dan por perdidos. Esta es la estimación de pérdidas que hasta ahora arroja el proceso de reestructuración del sistema financiero español tras la venta de media docena de entidades y que se puede extraer a partir de los cálculos elaborados por la Asociación Española de Banca (AEB) y tras la operación de venta de Catalunya Banc al BBVA por 1.187 millones de euros.

La revolución del sistema financiero ha costado más de 107.000 millones de euros de dinero público, según el último informe del Tribunal de Cuentas. El sistema financiero se puede dar por saneado, pero los bancos no son todavía motor de la economía real; falta la creación de empleo sostenible, faltan políticas de crecimiento.

En octubre de 2014, los sistemas bancarios de la eurozona fueron sometidos a una evaluación global concebida como paso previo a la entrada en vigor del Mecanismo Único de Supervisión (MUS). Los bancos españoles superaron con nota el test de estrés sobre la solvencia de las entidades de crédito. Pero ningún banco español resistiría con beneficios una tercera recesión como la dibujada en el escenario adverso de las pruebas de resistencia a la banca realizadas por la Autoridad Bancaria Europea (EBA) en coordinación con el Banco Central Europeo (BCE).

Como dijo Alberto Garzón, diputado de IU: "Es normal que los bancos no estén estresados, los estresados somos nosotros, los ciudadanos, tras cinco años de ayudas a la banca de todo tipo".

La evolución de la deuda de España

En las legislaturas de Felipe González la deuda comienza a crecer.

En las legislaturas de Aznar la deuda se estabiliza en el valor absoluto y disminuye el relativo.

Durante la primera legislatura de Zapatero, la deuda sigue la misma tendencia que con Aznar. Pero desde el 2007, los dos valores se han disparado. El valor absoluto está próximo a duplicarse.

Durante los dos primeros años de Rajoy la deuda de la Administración Central ha crecido en 213.936 millones de euros (un 34 %), la de las CCAA en 65.364 (un 46%) y la de las Administraciones Locales en 6.065 (un 17%). A este ritmo Rajoy va a ser el presidente de la democracia que mas ha endeudado a España

La deuda pública en España ha crecido en el segundo trimestre de 2014 en 16.763 millones de euros y se sitúa en 1.012.606 millones. Esta cifra supone que la deuda alcanzó el 96,40 % del PIB en España, mientras que en el trimestre anterior, primer trimestre de 2014, fue del 95,00 %. La deuda anual se ha incrementado en 68734 millones de euros. La bola de nieve de la deuda pública seguirá engordando en el 2015 y superará la barrera del 100 % del PIB (cerca de 1,05 billones de euros), según la previsión recogida en los Presupuestos Generales del Estado para 2015.

Uno de cada diez euros que el Estado gastará el próximo ejercicio irán destinados a pagar los intereses de la deuda, partida para la que se reservan 35.490 millones, lo que la convierte en la tercera que más recursos consume, tras las pensiones y la genérica de servicios generales.

En 2014 el coste financiero de la deuda supondrá 36.590 millones (por 29.727 el del seguro de paro) y en 2015 será de 35.490 millones (por 25.300 el coste directo del desempleo).

La corrupción

«La corrupción, de la que ya en 1994, con Gobiernos socialdemócratas, se podían elaborar certeros diagnósticos como el que escribió Javier Pradera (Corrupción y política, ahora publicado sin perder ni un ápice de actualidad), acabó por inundarlo todo con la llegada de los neoliberales al poder. Los cantos a la eficiencia de los mercados y la irresponsable convicción de que el crecimiento del capital, liberado de regulaciones estatales, sería perpetuo, se sumaron al desprecio de todo lo público en una desbocada carrera hacia la privatización de los bienes comunes. Quedaban tantas autopistas y tantos kilómetros de AVE por construir, tantos aeropuertos por inaugurar, tantas urbanizaciones por levantar al borde del mar, que los Gobiernos podían lanzarse a políticas expansivas que, además de afianzar en el poder al partido de turno, el PP primero, luego el PSOE, alimentarían sin fin las redes clientelares que hacían las veces de una especie de Administración paralela ocupada por gentes de confianza de los partidos.

Pero, de pronto, lo que se agazapaba tras el púdico nombre de economía social de mercado reveló su verdadero rostro: el capital, que había desaparecido de la retórica socio-política de los años de reconstrucción de la larga posguerra mundial, volvió por sus fueros de la manera que desde su origen lo ha caracterizado: con una crisis devastadora, que hizo buena una vez más la dramática predicción del utópico Robert Owen: si se deja que la economía de mercado evolucione según sus propias leyes, solo se provocarán grandes y permanentes males. Y ha sido la brutal crisis del capitalismo financiero unida a la incapacidad del Estado democrático, previamente vaciado de su sustancia representativa y administrativa, para hacerle frente, lo que ha provocado unos movimientos sociales que recuerdan a aquellas formas de autoprotección de la sociedad que Karl Polanyi teorizó como causas de la gran transformación del capitalismo salvaje del laissez-faire, cuando todo se degradó a la condición de mercancía hasta que los obreros de fábrica, con sus organizaciones de clase, y las clases medias que accedieron por la conquista del sufragio universal al poder político, frenaron la destrucción colocando las bases del Estado de bienestar.

Vivida entre nosotros como explosión de la gran burbuja, la crisis financiera global que ha sacudido por enésima vez los cimientos del capitalismo, además de suscitar esos movimientos sociales de defensa o protección de bienes comunes —sanidad, educación, pensiones—, ha tenido el efecto de volver insoportable nuestra vieja corrupción. Y no porque la corrupción haya sido la única responsable de los efectos devastadores de la crisis, sino porque la bofetada que la crisis nos ha propinado ha sido tan sonora que nos ha abierto los ojos antes cerrados, o condescendientes, al maridaje de mercado y política, causa y razón de la pérdida de legitimidad del Estado democrático en cuanto artífice y defensa del bien público: el Parlamento no ha representado a la sociedad, la Administración no ha controlado la corrupción.

¿Qué hacer? Es claro que no se puede reconstruir la democracia del Estado sin la libertad del mercado. Los proyectos de sustituir mercado y Estado por un nuevo Leviatán elevado sobre las espaldas del pueblo-todo-entero han sucumbido dejando a sus espaldas una estela de barbarie y desolación: mal consuelo es, y maldita la gracia, repetir que el comunismo ha sido históricamente una vía cruel y despiadada hacia el capitalismo y fabular con la historia de que el socialismo realmente existente no era, en verdad, el comunismo, que seguiría inédito. Quienes hemos perdido, o nunca hemos cultivado, la mística del viejo bolchevique de la que presume Slavov Zizek, no podemos ni imaginar siquiera una “hipótesis comunista” elaborada a partir de la consigna leninista de “comenzar una vez y otra desde el principio”: eso queda para los revolucionarios de cátedra, o de salón, que vienen a ser los mismos.

Estado y mercado, qué remedio, pero con una condición: impedir que el mercado —de verdadero nombre, el capital— destruya, además de la sociedad, arrasando los bienes comunes, la democracia, convirtiendo al Estado en su chico de los recados. Tarea ingente, sin duda, que en los tiempos del capitalismo global excede con mucho el poder de cualquier Estado.

Pero mientras surge un poder político interestatal capaz de meter en vereda al capitalismo financiero, rapaz y predador, de nuestro tiempo, podíamos empezar por arreglar nuestra propia casa, limpiándola de corrupción. Y para eso no se necesita ninguna regeneración, sino instituciones de Estado que en verdad representen a los ciudadanos y que vigilen, controlen y penalicen las prácticas corruptas que fatalmente germinan en los intersticios del mercado y la política.» [Santos Juliá, profesor emérito de la UNED: “Corrupción como quiebra del Estado”, en El País - 14 SEP 2014]

¿La corrupción política lacra nacional?

«En el protestantismo la relación del creyente con Dios se desarrolla de forma íntima y personal; por el contrario, en el catolicismo ese contacto se establece siempre a través de un intermediario ineludible, que es el cura. Si el protestante comete un grave pecado, la culpa y el perdón se convertirán en una neurosis instalada en su nuca como la mordedura de la serpiente hasta la muerte; en cambio un católico puede matar, robar, violar y seguir llevando tan campante una vida de crápula, porque si en plena agonía un cura le absuelve, será recibido en reino de los cielos por un coro de ángeles como si no hubiera pasado nada. Por eso el cura católico es un auténtico momio, que hay que tener siempre a mano como una garantía de salvación. Si esta situación religiosa particular se traslada a la vida pública, la actitud frente a la corrupción política también es distinta según se trate de un país católico o luterano. El control del presupuesto del Estado es el origen de la democracia, adoptada como un sistema de derechos y al mismo tiempo de una mutua sospecha de la debilidad humana. La democracia es una máquina de sacar basura a la superficie mediante la libertad de expresión. No hay que escandalizarse. Sólo hay que felicitarse si las bombas de achique funcionan. El luterano es consciente de que el ser humano tiene la mano muy larga y tarde o temprano intentará meterla en la caja, de modo que hay que organizar el presupuesto de forma que sea extremadamente difícil robar. Cualquier político en el poder tiene siempre a dos adversarios enfrente vigilando el dinero público. Si te pillan, caerás fulminado, quedarás aniquilado para siempre y después allá te las entiendas con Dios. No sucede lo mismo en un país católico, donde el ciudadano tiene la íntima convicción, nacida de mil años de confesionario, de que cualquier tropelía puede ser perdonada con una mínima penitencia. Ahora mismo en la católica España campan por la vida pública, como muertos vivientes, unos políticos abrasados por la corrupción, que esperan ser absueltos por las urnas para volver al gobierno entre aplausos, como el cura católico que en plena agonía confiesa al creyente de cualquier crimen para que pueda entrar en el cielo con un jamón en la mano.» [Manuel Vicent: “La culpa”, en El País, 25/10/2009]

«El fondo del problema es el abuso de posición dominante adquirido por los partidos en el conjunto del sistema político, que se ha transformado en una camisa de fuerza y le traba para funcionar con razonables garantías de limpieza. Es indispensable una legislación que imponga la democracia interna y la transparencia como formas de autolimitación del poder partidista, además de auditorías profesionalizadas, acabando con la ficción —en la práctica— de un Tribunal de Cuentas sometido al control del PP y del PSOE. No es posible seguir adelante con órganos reguladores y de control tan dependientes de los partidos como los que existen.» [Editorial de El País, 29 OCT 2014]

«Yo digo que para entender la corrupción hay que entender la liberalización del suelo de José María Aznar.

¿Ese es uno de los orígenes de la corrupción?

Claro, por supuesto que sí, y un modelo de desarrollo fundamental de pelotazos urbanísticos y burbujas financieras, claro que sí. Eso es lo que está detrás de las prácticas corruptas, que a los Ayuntamientos se les impidiera cobrar una serie de tasas municipales y que solamente pudieran financiarse a través del suelo, esa es la clave. Es la estructura material que está detrás de la corrupción.

Hay algo que es sistemáticamente mentira cuando se dice que la corrupción es porque gente mala o gente golfa hay en todas partes. Y que la clase política es un reflejo de la sociedad española y la sociedad española se compone de taxistas que te dan dos vueltas para cobrarte más o de un fontanero que te dice que no cobras el IVA. No, no es verdad, eso es mentira. Eso para empezar es racismo, cuando se apela a la picaresca española. Que no me digan a mí que los españoles son corruptos o que la casta política es reflejo de la ciudadanía.

¿La élite, entonces, es peor que la ciudadanía moralmente?

Sí. Ojalá fuera solamente un problema moral. Forman parte de una maquinaria, de un sistema, de un engranaje en el que incluso puede haber personas honradas que una vez que forman parte de ese engranaje se ven en una lógica de poder que es materialmente corrupta.» [Entrevista con Pablo Iglesias, http://www.20minutos.es – 04.11.2014]

«La corrupción no nos la hemos inventado nosotros, no se la han inventado Pujol o Bárcenas; existe desde que el mundo es mundo: los seres humanos somos así. El problema, por tanto, no son los corruptos: el problema es el sistema que no impide o que alienta la corrupción; hay que cambiar a las personas, pero antes hay que cambiar el sistema. Lo difícil no es cambiar a los mangantes por personas decentes, sino impedir que las personas decentes se conviertan en mangantes.» [Javier Cercas sobre su novela El impostor, Literatura Random House, 2014]

¿Tenía el Gobierno de Rajoy otra alternativa?

«Los países que no hacen sus reformas a tiempo, se ven abocados a aplicar medidas de austeridad. Alemania las hizo, los escandinavos también. Como Canadá o Australia. En el sur de Europa hicieron poco. Se han hecho en Grecia o en España, pero ya con el cuchillo en el cuello. Y eso ha tenido costes. En Alemania no esperaron al último momento. Las hicieron en 2002 y 2003.» [Jean Tirole, Nobel de Economía 2014]

La oposición reprocha al Gobierno del PP: desmantelamiento del estado de bienestar social, recorte de los derechos y libertades sociales, inmovilismo frente al desafío soberanista del gobierno de Cataluña.

El PSOE propone al PP una reforma constitucional consensuada que solucione el problema territorial convirtiendo el estado de las autonomías en un estado federal. El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ha anunciado que en el caso de llegar al Gobierno propiciará una reforma en la Carta Magna "entre el inmovilismo de la derecha madrileña y el secesionismo de Mas. Queremos un nuevo marco federal para España", ha reiterado.

España no tuvo que ser rescatada y los bancos y las cajas de ahorro fueron reestructurados y “rescatados”. Pero el problema fundamental persiste: el alto índice de paro y la escasa capacidad de la economía española para crear nuevos puestos de trabajo.

«En América Latina no hay una lucha de buenos contra malos: hay izquierdas sin política económica y derechas sin oferta social. Unos que reparten, pero no producen, y otros que producen, pero no reparten.» [Joaquín Villalobos]

En una palabra: Donde no hay no se puede repartir, lo que hay que hacer es que haya. Pero es que sí hay, dicen algunos, pero está oculta en  opacos paraísos fiscales y por la corrupción pública, fruto de la mentalidad española de que lo que es de todos no es de nadie, luego me lo puedo apropiar.

Pero para una economía sostenida se necesita un tejido empresarial consistente y capacidad de innovación. Y no se puede convertir a cada ciudadano en empresario, como parece propagar el Gobierno. El error de los gobiernos anteriores fue dar crédito a todo el mundo para convertir a todos en propietarios de una vivienda. No todos los llamados “emprendedores” son suficientemente competentes ni tienen mentalidad empresarial.

¿Volver a empezar de cero?

«Entre algunos jóvenes existe la sensación de que la experiencia política de sus mayores fue un fracaso: ni liquidaron realmente el franquismo ni establecieron una democracia real. Así que quieren empezar de cero. Como nos enseñó Walter Benjamin, las crisis económicas son, después de las guerras, las principales causantes de una clase de pobreza que no se confunde con la escasez de recursos materiales: la pobreza de experiencia. Es decir, esa peculiar miseria que padece una generación cuando se ve obligada a “comenzar desde cero”, sin poder heredar de sus ascendientes la experiencia que estos han conseguido acumular durante sus vidas, que es a menudo lo único que los más humildes pueden legar a sus hijos.

Esto es lo que está sucediendo entre nosotros con la principal experiencia política de la generación que hoy está abandonando el poder. Esa experiencia consistió en la liquidación del régimen de Franco y en la instauración de una democracia social de Derecho, gracias a la cual España se incorporó al consenso establecido por EE UU y Europa occidental tras la II Guerra Mundial, que aún conocemos con el desprestigiado título de Estado de bienestar. En el tiempo transcurrido desde el estallido de la burbuja financiera en 2008, este bienestar se ha convertido, para las generaciones que hoy toman el relevo, en malestar y descontento con ese marco heredado del pasado, que muchos de sus miembros rechazan como una rémora y una carga que no desean reconocer como suya o en la que no encuentran encaje a sus expectativas políticas.

No se ha de confundir esta actitud con ese sano rito de paso a la mayoría de edad que los freudianos llaman “matar al padre”. Bien al contrario, fue la generación de la Transición la que se vio obligada a “matar al padre” (que había combatido en alguno de los dos bandos de la guerra de 1936), y gracias a ese sacrificio simbólico pudo aprovechar la experiencia de sus mayores para no repetir la carnicería de la contienda civil. Entre las actuales generaciones jóvenes, en cambio, aumenta la sensación de que la experiencia política de sus padres fue un completo fracaso: no habrían conseguido liquidar realmente el franquismo (y por eso a menudo los escuchamos referirse a las legislaturas amparadas en la Constitución de 1978 como “el régimen”, para subrayar su paralelismo con la dictadura), ni tampoco establecer una democracia real, sino únicamente una fachada que disimulaba una trama de banqueros codiciosos, políticos corruptos y periodistas vendidos que habrían aprovechado los últimos treinta años para lucrarse personalmente a costa del pueblo engañado.

Quienes ven las cosas de este modo, por tanto, se sienten llamados a repetir la experiencia política de sus padres, desde el principio y esta vez con éxito, emprendiendo un proceso constituyente que garantice la transición definitiva a una democracia auténtica, sin banqueros egoístas, sin políticos deshonestos, sin periodistas tramposos y, sobre todo, sin recortes presupuestarios, incluso aunque para ello tengan que convertirla en una extraña democracia sin banqueros, sin partidos políticos, sin prensa libre y sin presupuestos (es decir, algo bastante parecido a un “régimen” como el del peronismo argentino o el de la Rusia de Putin), ya sea mediante la fundación de Estados independientes y soberanos liberados del sistema que les produce tanto malestar, ya mediante la aplicación de las nuevas tecnologías al servicio de una asamblea general infinita del pueblo igualmente en estado permanente de soberanía directa online.

Se dirá que este siniestro cuadro de la transición a la democracia en la España al final del siglo XX no es más que una ficción, tanto en su descripción del pasado reciente (que, aunque “basada en hechos reales”, compone con ellos un aquelarre rigurosamente falso) como en sus previsiones de futuro (que, aunque agradables de oír, resultan del todo quiméricas). Pero no hemos de olvidar que esta ficción no es más que la otra cara o el contrarrelato de la ficción que, quizá con la mejor de las intenciones, la generación de los padres de estos hijos descontentos construyeron durante años (con la colaboración decisiva del cine, la música o la televisión) a propósito de la Transición, una suerte de Cuéntame que presentaba una democracia idealizada, graciosamente caída del cielo y envuelta en un halo de pureza inmaculada que sólo existía en la mirada de quienes durante demasiados años sólo habían podido verla en sus sueños, desde los sombríos sótanos del franquismo.

Los “padres” que mitificaron retrospectivamente la “fiesta de la libertad” de la década de 1980, y que de paso educaron a sus hijos en los nuevos hábitos de consumo gastronómico y audiovisual y en la nueva enseñanza secundaria obligatoria, en la frecuencia de recompensas emocionales, de motivaciones suplementarias y de ketchup para combatir el aburrimiento y la monotonía de la vida cotidiana, ¿pueden extrañarse ahora de que reclamen su propia fiesta y de que se indignen cuando se les dice que en esta ocasión no hay presupuesto para festejos? Si los educaron en el mito de la “fiesta de la libertad”, ¿no es lógico que quieran sus festejos?

Lo que ha hecho la crisis económica ha sido despojar a la democracia de ese ropaje brillante con el que la había recubierto la contingencia de un crecimiento económico sostenido durante varias décadas. Quienes sólo la conocían por ese relato edulcorado y en traje de lentejuelas, y la han visto ahora en esta desdichada coyuntura, como decía el poeta, “mostrando al compadrear su cuero picoteao”, con tasas gigantescas de desempleo, cargos electos con fortunas en paraísos fiscales, cuñados abusivos, partidos políticos con contabilidad b, recortes en los servicios públicos y confabulaciones nada ejemplares entre poderes públicos y privados, sencillamente no la han reconocido. Habían creído aquella narración idílica con la que unos padres hiperprotectores quisieron resguardarlos de la mucho más cruda realidad y, al ver a la dama demacrada y maltrecha, han pensado que no era la verdadera democracia.

¿Quién los convencerá ahora de que no hay otra, de que la democracia no es incompatible con las estrecheces económicas, ni con la corrupción política, ni con la colusión entre poderes fácticos, y que todo ello, en lugar de animarnos a liquidar el sistema y a acabar con las instituciones que lo sustentan, es lo que hace que resulte tan importante que los Parlamentos, los tribunales, los Gobiernos y la prensa funcionen bien, porque constituyen la única defensa legítima y creíble contra esos males? A ver quién les dice ahora que, parafraseando a Fassbinder, la política no siempre es divertida y casi nunca es un gran espectáculo, que para acudir a votar no es imprescindible hacerlo con ilusión de cambiar “el régimen” o los fundamentos del mundo, que a menudo la democracia resulta tan pesada como una sesión parlamentaria ordinaria o un decreto ley sobre aguas residuales, como una sentencia judicial en un pleito de divorcio o una crónica periodística de la comisión de Agricultura del Congreso, o como ese ruido del ascensor a las seis de la mañana del que hablaba Churchill; y que la “gran política” es la que se hace en ese día a día grisáceo y descolorido, y no la que se anuncia en los medios a bombo y platillo “en tiempo real” o la que pone en tensión a las multitudes en la calle.

Y a ver quién les dice todo eso teniendo en cuenta que una de las grandes debilidades de nuestra democracia es la tradición de abordar las elecciones generales con el dramatismo de un comienzo absoluto, ya que el primer presidente elegido en las urnas tras la Transición dimitió cuando casi sonaban los disparos de un intento de golpe de Estado, el segundo terminó su mandato acusado de ser la “X” incógnita de una trama parapolicial, y el tercero y el cuarto tuvieron que escuchar gritos de “¡asesino!” mientras dejaban el Gobierno y aún humeaban las cenizas de sendos atentados terroristas. Porque si nadie les dice que la democracia ya está en pie (aunque nunca puede darse por acabada) y que de lo que se trata es de no destruirla, de no dilapidar esa herencia política a la cual deben ellos su libertad, si no se consigue transmitir esa experiencia que sus protagonistas ocultaron tras un cuento autocomplaciente, seguirán empeñados en construir “un nuevo régimen” y será imposible sacar el debate del pozo de la ficción en el que se halla sumido, y en el cual las quimeras de la soberanía garantizan la soberanía de las quimeras en el discurso político.» [José Luis Pardo Torío: “Padres e hijos: la Transición interminable”, en El País - 2 OCT 2014]

«Y de pronto, la política elaborada para hacer frente a la primera gran crisis del capital del siglo XXI rompe, contra los intereses de la mayoría, el pacto que sirvió de base a nuestro actual Estado social. Las listas de espera en la sanidad pública se alargan hasta el punto de sumar cientos de miles los pacientes que ven pasar meses y hasta años sin posibilidad de realizar una consulta, someterse a un análisis o sufrir una operación. Y si se mira al ámbito de la ciencia, el paisaje comienza a ser el de un territorio desertado, producto de una terapia de choque: drástica reducción de presupuestos, supresión de programas, cierre de equipos, investigadores a la calle. La majadera provocación de Miguel de Unamuno cuando de su pluma salió “que inventen ellos” no es nada comparado con el perverso designio que anima al Gobierno de esquilmar la producción científica en España. [...]

Tan recién construido como era nuestro Estado social, con apenas 30 años de vida, y ya se empeñan desde los Gobiernos en provocar su irreversible ruina, reduciendo presupuestos en sanidad, educación y ciencia, paralizando inversiones, expulsando a interinos, amortizando plazas de jubilados (10 por uno es nuestro precio), externalizando —¡qué negocio!— servicios, congelando salarios. [...]

Nunca hemos disfrutado en España de bienes públicos en tanta cantidad y de tan alta calidad como los construidos desde la Transición a la democracia hasta 2008. Pero desde que nos golpeó la crisis, todo es destrucción, acelerada a partir del retorno del Partido Popular al poder. [...] Reformar para qué, si se ahorra más y se acaba antes sacudiéndonos todo este peso de encima: esa es la política; y este el resultado: una amenazante devastación de bienes públicos que pone fin al periodo de mayor cohesión social vivido por la sociedad española desde que existe como sujeto político, o sea, desde la Constitución de Cádiz. [...] El Estado español de los años veinte del siglo pasado se había convertido en una especie de sociedad de socorros mutuos, había escrito Ortega y Gasset. Y en esas estamos, con un mercado creciente y un Estado menguante, en trance de reducirse otra vez a sociedad de socorros mutuos.» [Santos Juliá, historiador, en El País – 26 de enero de 2015]

¿Ha salido España de la crisis en 2015?

A principios de 2015, los datos macroeconómicos invitan a pensar que España ha salido o está saliendo de la crisis. Las medidas de austeridad (el “austericidio”), el desplome del precio del petróleo, junto con el rescate financiero a los bancos, pusieron las bases para el repunte macroeconómico. Ahora queda afrontar los “daños colaterales”, las consecuencias de la crisis:

 

a)

El enorme endeudamiento exterior: El país con más deuda externa del mundo es Estados Unidos (5,5 billones de dólares; 34% de su PIB) seguido de España (1,4 billones; 103,1% del PIB), según el Fondo Monetario Internacional.

 

b)

Las medidas de austeridad para superar la crisis llevaron al empobrecimiento de la población, al aumento de la desigualdad social y a una situación de verdadera emergencia:

 

 

Una de cada cuatro personas que quieren trabajar está en paro.

Uno de cada tres parados no cobra prestación alguna.

Uno de cada dos jóvenes no tiene trabajo.

526 personas perdieron su vivienda cada día en 2012, año récord de los desahucios. Ahora son unos 120 diarios.

2,3 millones de niños viven por debajo del umbral de pobreza.

13 millones de personas están en riesgo de pobreza o exclusión social y cinco millones se encuentran en situación de exclusión severa.

1,3 millones de personas recibieron en 2014 la ayuda básica de emergencia de Cáritas, tres veces más que en 2007. Y 2,5 millones de personas fueron atendidas por esta organización por distintos motivos.

España suspende, con un 4,85 sobre 10, en el índice de justicia social de la Unión Europea.

El 1% de la población española tiene el 27% de la riqueza y el 10% acapara más del 55%.

Tres comunidades autónomas tienen un 30% de su población en riesgo de pobreza, y otras dos, el 25%.

«Hemos llegado a un nivel excesivo de desigualdad que no solo es injusto, sino que pone en peligro la democracia.» [Adela Cortina, catedrática de Ética]

El desempleo sigue encabezando la lista de problemas y preocupaciones de la población.

«El desencanto de la gente con las instituciones es un desafío, pero el mayor problema es el desempleo. Con esas altas cifras de paro y de desempleo juvenil en España, aunque las cosas estén mejorando, no podemos decirle a la gente, ni a nosotros mismos, que la crisis se ha acabado. Lo honesto es decir que seguiremos con graves dificultades mientras el paro no baje a niveles normales. Estamos en medio de la crisis: esto no ha terminado.» [Jean-Claude Juncker, Presidente de la Comisión Europea, en El País – 04.03.2015]

«El Gobierno acaba de difundir un Programa de Estabilidad 2015-2018, listo para remitir a Bruselas, que presenta unas expectativas muy optimistas sobre la evolución de la economía durante estos cuatro años. En síntesis, el programa establece que la tasa de crecimiento estará en torno al 3% anual hasta 2018 (2,9% en 2015), que se crearán en torno a 1,7 millones de empleos equivalentes a tiempo completo durante el periodo, que durante esta legislatura se mejorará —aunque por poco— el nivel de ocupación registrado en el último trimestre del Gobierno anterior y que se conseguirá un equilibrio de las cuentas públicas en 2018 (el déficit estará por debajo del 3% en 2016). Como puede apreciarse, una previsión de progreso continuado que excluye cualquier obstáculo o recaída. [...]

Pero el problema que hay que analizar no es el final de la recesión ni la cuantía del crecimiento, sino la debilidad del mercado laboral. La escalada del aumento del PIB no se está traduciendo en una mejora significativa de las condiciones de ocupación, quizá porque precisamente el crecimiento se sustenta sobre un empleo precario. No es lo mismo recuperación estadística que bienestar. Lógicamente, la disminución paulatina de la prima de riesgo y la reanimación de la demanda impulsan el crecimiento, pero la recuperación de verdad sólo se producirá cuando llegue a los salarios y a crecimientos sostenidos de la ocupación estable.» [Editorial de El País: “Un plan optimista“ – 02/05/2015]

El ministro de Economía: «Lo primero fue salir de la recesión, lo segundo tiene que ser salir de la crisis».

Pregunta: Pero es un crecimiento que depende en parte de que el euro siga depreciado o el petróleo barato tres años más.

Respuesta: Lo importante es que se han corregido los desequilibrios: la economía española es hoy competitiva, el ajuste del sector inmobiliario en algunos segmentos está muy avanzado, se ha hecho el saneamiento del sector financiero, la evolución presupuestaria es distinta. En los próximos tres años, si no se comenten errores, se puede tener un crecimiento próximo al potencial.

«No son pocos los estudios que subrayan las amenazas a la estabilidad del propio crecimiento económico que genera la desigualdad excesiva. Las tensiones sociales y la desafección respecto del propio sistema económico son costes que deben tenerse en cuenta.» [Editorial de El País – 03/05/2015]

«El número de ricos crece un 40% en España desde 2008. El número de individuos con grandes patrimonios se incrementó en España un 10% el año pasado [2014], hasta alcanzar las 178.000 personas. Desde 2008, a pesar de los descensos registrados en 2010 y 2011 por la crisis internacional, el número de grandes patrimonios ha experimentado un crecimiento del 40%. Estos datos suponen que durante los años de la crisis se ha incrementado en 50.000 los ricos, desde los 128.000 de 2008. Los datos, que figuran en el último Informe Anual sobre la Riqueza en el mundo, confirman el aumento de la desigualdad en España, en línea con los últimos informes publicados.» [Íñigo de Barrón, en El País – 17 JUN 2015]

2015 y el NUEVO Escenario POLÍTICO

Los dos grandes partidos tradicionales, PP y PSOE y los emergentes, Podemos y Ciudadanos, se reparten casi el 80% de los votos, según el estudio de Metroscopia del mes de marzo de 2015.

Está el partido del Gobierno (PP) que intenta gestionar la crisis económica haciendo recortes al estado de bienestar. En contra está el principal partido de la oposición (PSOE), que proponer gestionar la crisis salvando el estado de bienestar. Los ciudadanos reprochan al PSOE no haber visto venir la crisis económica y no haber tomado las medidas convenientes a tiempo. Al PP le reprochan haber utilizado para atajarla medidas excesivamente dolorosas (“austericidio” y desmantelamiento del estado de bienestar), lo que explica la extendida renuencia a reconocer al Gobierno del PP algún mérito por su ejecutoria para salir de la crisis. En marzo de 2015, el 84% de los españoles sigue pensando que la situación económica del país es mala, el 63% cree que en los meses próximos seguirá igual o incluso peor que ahora, y el 58% da por seguro que el paro no va a disminuir en mucho tiempo.

El desapego actual con los dos principales partidos que han gobernado el país explica la irrupción fulgurante de dos partidos nuevos, que canalizan la frustración de los “indignados” por la mala gestión de los partidos mayoritarios y por la corrupción política. Son los partidos de la esperanza de un cambio político y de aquellos que no tienen nada que perder porque hasta ahora no han ganado nada con la gestión política del partidismo.

En la situación de crisis los partidos tradicionales no han logrado empatizar con el estado de ánimo de la ciudadanía, que se ha sentido desconcertada y frustrada ante la gestión de la crisis y sus consecuencias para los más desfavorecidos. Las consecuencias sociales de la crisis ha creado en los ciudadanos un deseo de cambio, que está siendo canalizado por los dos partidos emergentes Podemos y Ciudadanos. Uno canaliza el desencanto y el otro busca alternativas técnicas.

Lo que el ciudadano echa en falta son proyectos concretos e ilusionantes. Los partidos emergentes hacen un diagnóstico claro de la situación, pero los programas que proponen para salir de ella son un poco ambiguos o irrealizables. Es peligroso prometer en política lo que no se puede cumplir, porque se genera más frustración y desengaño.

Lo que está claro es que los ciudadanos ya no son indiferentes a los procesos políticos. Como recuerda García Montero «Ojo con los que os dicen que no os metáis en política, eso es que quieren hacer la política por vosotros.»

Estos cuatro partidos políticos están a poca distancia unos de otros, pero muy lejos de una mayoría que permita gobernar en solitario, y tendrán que dejar la confrontación para volver a la cultura de los pactos para poder gobernar de forma estable. Aunque para la estabilidad no tiene por qué ser necesario un gobierno de coalición o un acuerdo formal. La mayoría de los ciudadanos prefiere que gobierne en solitario la formación más votada “con apoyos puntuales de otros partidos”.

Desde la Transición, el Congreso ha tenido cinco mayorías absolutas y seis relativas, y siempre con un solo partido al frente del Gobierno. Lo característico de buena parte del periodo democrático ha sido la crispación y el enfrentamiento entre las dos fuerzas principales, lo que ha causado una gran desafección entre la ciudadanía.

A causa de un sistema electoral español en que el 40% de los diputados se elige en distritos pequeños, los partidos que terminen en primer y segundo lugar recibirán la prima de escaños que corresponde a los partidos más votados. Parece que lo más deseado es que gobierne el que logre más votos, con apoyos puntuales de otros. Así ocurrió con los Gobiernos de Adolfo Suárez, que sin tener mayorías absolutas, llegaron a acordar pactos tanto en lo económico como en lo constitucional.

No se trata de conducir a la gente a través del mar Rojo en busca de ignotas tierras prometidas, ni de forzar giros extremistas en un país donde seis de cada 10 personas se sitúan en posiciones ideológicas claramente moderadas. Asumir como positivos los principios de la transacción y del pacto es una condición indispensable para no convertir la fragmentación de la opinión pública en un peligro de inestabilidad.

Según una reciente encuesta de Metroscopia, el 75% de los españoles consideran necesarias a las formaciones políticas y casi el 70% cree que sin partidos no es posible la democracia. Pero el 70% dice estar poco o nada satisfecho con el funcionamiento de los partidos. Faltan sólidos referentes políticos.

¿Qué Podemos hacer los Ciudadanos de a pie?

Podemos y Ciudadanos son dos partidos emergentes que canalizan o dar voz a indignación y la impotencia ciudadana ante las consecuencias de la crisis. Antes de haber pasado por un proceso electoral, los partidos emergentes empiezan por definirse por lo que no son. Tras las elecciones tiene que definirse por lo que son. Es fácil diagnosticar el síntoma, más difícil es dar con la terapia adecuada a la enfermedad.

«Lo que la gente piensa y dice –opinión pública– es siempre respetable, pero casi nunca expresa con rigor sus verdaderos sentimientos. La queja del enfermo no es el nombre de su enfermedad. El cardíaco suele quejarse de todo su cuerpo menos de su víscera cordial. A lo mejor nos duele la cabeza, y lo que tienen que curarnos es el hígado.» [Ortega y Gasset, José: “España invertebrada” (1921). Obras Completas. Madrid: Revista de Occidente, vol. III, 1962, p. 68]

Podemos se debate entre la crítica a la „casta“ y la ambigüedad de sus propuestas concretas. Lo más claro es que quiere el poder (Podemos). Podemos cambia las coordenadas ideológicas de izquierda y derecha por la vertical “los de arriba” contra “los de abajo”, donde “los de abajo” formarían la amplia base de la pirámide del poder de los partidos establecidos o de la “casta”. Con Podemos el diagnóstico está claro, falta ponerse de acuerdo sobre la terapia a aplicar y aquí, por ahora (marzo de 2015), las ambigüedades y vaguedades han sido la tónica.

«El principal éxito de Podemos es que ofrece a los ciudadanos una descripción de la realidad y un diagnóstico que esos mismos ciudadanos reconocen inmediatamente como llenos de verdad. Mientras que el centro izquierda tiene enormes dificultades para asumir ese análisis y mantiene un lenguaje dubitativo sobre lo ocurrido, Podemos señala con el dedo los abusos a los que han sido sometidos esos ciudadanos, en muchos casos abusos que hubieran podido ser detectados y corregidos con una actitud menos complaciente de ese centro izquierda tradicional. [...]

Por otra parte, la principal crítica a que se somete a la agrupación de Pablo Iglesias y sus compañeros es que no ofrecen soluciones viables para los grandes problemas económicos de un país que está sometido a las reglas de la globalización y que ha cedido su soberanía en asuntos monetarios y, en términos generales, presupuestarios. Es cierto, pero es posible que los electores de Podemos no le exijan que formule esas soluciones, porque lo que buscan es situarles dentro de las instituciones por su poder de agitación, vigilancia y denuncia.

No tienen soluciones para el paro o el crecimiento económico, pero tampoco parece tenerlas el Partido Popular o el PSOE. Nadie parece confiar en una solución posible y rápida de esos problemas, pero es evidente que hay un sector amplio de la sociedad que cree posible obtener un reparto más equitativo de los costes, un mayor empeño en mantener la sanidad y la salud pública o una mayor vigilancia para impedir el aprovechamiento indebido de algunos en perjuicio de la mayoría. 

Podemos fue una sorpresa en las elecciones europeas, pero eso no quiere decir que sea una fuerza que haya salido de la nada. Sus actuales dirigentes no han ocupado hasta ahora cargos de representación o gestión, pero muchos de ellos llevan años trabajando en escenarios políticos alternativos y tienen un conocimiento muy directo y certero del estado de ánimo de grandes capas de la población.» [Soledad Gallego-Díaz: “Un diagnóstico lleno de verdades”, en El País, 28 SEP 2014]

«Las aventuras y las incertidumbres pueden esperar. Dan muy bien en las encuestas, no tanto a la hora de votar.» [Fernando Ónega]

«Es importante distinguir entre el poder que impone y el que estabiliza. El poder estabilizador adquiere hoy una forma amable, smart, y así se hace invisible e inatacable. El sujeto sometido no es ni siquiera consciente de su sometimiento. Se cree libre. Esta técnica de dominación neutraliza la resistencia de una forma muy efectiva. La dominación que somete y ataca la libertad no es estable. Por ello el régimen neoliberal es tan estable, se inmuniza contra toda resistencia porque hace uso de la libertad, en lugar de someterla. La opresión de la libertad genera de inmediato resistencia.

Hoy no hay ninguna multitud cooperante, interconectada, capaz de convertirse en una masa protestante y revolucionaria global. Por el contrario, la soledad del autoempleado aislado, separado, constituye el modo de producción presente. Antes, los empresarios competían entre sí. Sin embargo, dentro de la empresa era posible una solidaridad. Hoy compiten todos contra todos, también dentro de la empresa. La competencia total conlleva un enorme aumento de la productividad, pero destruye la solidaridad y el sentido de comunidad. No se forma una masa revolucionaria con individuos agotados, depresivos, aislados. [...]

El cambio, celebrado por Rifkin, que va de la posesión al “acceso” no nos libera del capitalismo. Quien no posee dinero, tampoco tiene acceso al sharing. También en la época del acceso seguimos viviendo en el Bannoptikum, un dispositivo de exclusión, en el que los que no tienen dinero quedan excluidos. La ideología de la comunidad o de lo común realizado en colaboración lleva a la capitalización total de la comunidad. En una sociedad de recíproca valoración también se comercializa la amabilidad. Uno se hace amable para recibir mejores valoraciones. También en la economía basada en la colaboración predomina la dura lógica del capitalismo. De forma paradójica, en este bello “compartir” nadie da nada voluntariamente. El capitalismo llega a su plenitud en el momento en que el comunismo se vende como mercancía. El comunismo como mercancía: esto es el fin de la revolución.» [Byung-Chun Han, filósofo: “¿Por qué hoy no es posible la revolución?”, en El País – 3 de octubre de 2014]

«"España va bien” fue el eslogan que imperó durante los ocho años de las legislaturas populares —1996- 2004— cuando España crecía más que sus socios en términos reales, aumentaba la ocupación y reducía su déficit público. Si midiéramos el éxito económico por esas mismas variables, España no solo siguió bien, sino que fue aún mejor durante la siguiente legislatura socialista cuando consiguió la tasa de paro más baja de la democracia, unos niveles de inversión espectaculares, tres años de superávit presupuestario, y la proporción de deuda pública sobre el PIB más baja de los grandes países desarrollados. El Reino de España consiguió entonces la mejor calificación posible —tres triples A— por parte de las tres agencias de rating, lo que no se había conseguido antes, ni se ha conseguido después.

Fue importante entonces, cuando todo el mundo estaba eufórico, que alguien, en contra de la visión de que España iba bien, dijera que esa burbuja pincharía y caería la actividad del sector inmobiliario y que el Gobierno no había preparado al país para este cambio en la estructura de la demanda y de la oferta. Muy pocas voces dijeron entonces, en contra del pensamiento oficial, que para evitar esa crisis era necesario adoptar políticas de aumento de la competitividad exterior y de la productividad, justamente lo que no hacía un Gobierno que se autodenominaba reformador. No se hizo caso entonces a estas y otras advertencias similares, con lo que, durante más de una década, el crédito creció sistemáticamente por encima del PIB, se fue perdiendo competitividad dentro de una unión monetaria y la crisis estalló con las consecuencias dramáticas que hemos vivido y seguimos viviendo.

No solo fueron los ministros y demás responsables políticos de entonces los que en plena burbuja, en el año 2003, negaron que existiera una burbuja inmobiliaria, sino que así lo hicieron la mayoría de los empresarios, analistas y comentaristas, hasta que empezó a desinflarse en la segunda mitad de 2006. En este periódico García Montalvo ha explicado cómo la gran mayoría de los yoyalodije, esa legión de comentaristas que ahora dicen que entonces ya veían ellos los problemas que se estaban acumulando, no escribieron ni una sola línea en aquel momento diciendo lo que ahora dicen que dijeron. [...]

El optimismo tiene el efecto positivo de levantar el ánimo de los agentes económicos, pero también tiene un efecto muy negativo, el de liberar a los Gobiernos de la necesidad de reformar. Como España va bien, ya no hay necesidad de acometer las reformas importantes, las difíciles. Basta con aprobar numerosos paquetes de medidas, muchas veces intrascendentes, que den la impresión de que se sigue reformando.

Los pepitos grillos de hoy coinciden en que España tiene dos graves problemas económicos por resolver. Uno, el de reembolsar un altísimo y creciente volumen de deuda pública sin tener moneda propia. El otro es el insoportable nivel de desempleo estructural, y este es un problema específicamente español ya que ningún país europeo —excepto Grecia— se acerca al nivel casi trágico alcanzado por España.» [Miguel Ángel Fernández Ordóñez: “¡España va bien!“, en El País - 4 de agosto de 2014]

«La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos.» [George Bernard Shaw]

«¿Qué es lo que podemos? ¿De qué estamos hablando? Porque el we can de Obama se refería a su programa electoral, al programa del Partido Demócrata, a su cumplimiento en caso de ganar los comicios. Sin esa referencia previa, podemos es algo que cada cual puede interpretar a su gusto, un equívoco en el que tal vez resida su éxito.» [Luis Goytisolo]

«En realidad, la raíz última de la crisis hay que buscarla en el otro punto señalado por Morlino como el más determinante: la ruptura del acuerdo de compromiso entre los miembros de la coalición dominante. Este acuerdo comienza por el pacto originario en el que los fundadores del régimen se comprometen a aceptar un determinado reparto del poder y unas precisas formas de resolver los conflictos que puedan surgir entre ellos. Y este acuerdo de compromiso es el que más ha fallado en el régimen de la Transición, por más hipócritamente que se celebre el supuesto espíritu del consenso constitucional. La primera crisis se abrió en 1980, cuando Suárez hubo de dimitir por las conspiraciones internas de UCD y la pinza que contra él formaron PSOE y PP. Superada esa crisis por la nueva hegemonía de González, la siguiente se planteó en los noventa por la segunda pinza que contra él formaron Anguita y Aznar, aunque sólo para que éste impusiera después su propia hegemonía autocrática contra todos los demás. Y desde entonces se ha agravado la división entre los miembros de la coalición dominante, que lejos de acordar sus diferencias las profundizan hasta el extremo de excluir a sus rivales. Es la cultura de la crispación que ha fracturado a la coalición dominante rompiendo sus compromisos mutuos y confiriendo a sus miembros licencia para defraudar a los demás, con la consiguiente secuela de escándalos de corrupción. Y la deriva generada por esta pulsión antagónica ha conducido al actual intento de secesión territorial, terminando por separar definitivamente a los tres firmantes del acuerdo fundacional: conservadores, socialdemócratas y nacionalistas. Hasta el punto de que hoy el régimen carece de coalición dominante, lo que es como quedarse sin centro de gravedad amenazando con desintegrarse.

Esta es la causa de la crisis política que padecemos: la permanente confrontación entre los miembros de la coalición dominante, que en lugar de comprometerse a mantener la estabilidad del sistema pugnan por excluir a sus rivales a riesgo de desintegrarlo. Y esa imposibilidad de renegociar acuerdos todavía se agravará más cuando la ya fracturada coalición dominante tenga que abrirse para poder incluir a la nueva élite procedente de Podemos, cuya cultura política posee idéntica voluntad antagónica y excluyente dada su porfía contra la casta a la que pretende suplantar. Con lo cual la crisis del régimen se agudizará a riesgo de hacerle quebrar, confirmando precisamente aquello mismo que se pretendía demostrar.» [Enrique Gil Calvo, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, en El País – 06.02.2015]

«El hastío se generaliza cuando la izquierda no conoce otro lenguaje que la negación del de la derecha. Algunos elementos que tenían gracia, como la lucha de clases, han desaparecido, lo que hace difícil de entender qué papel juegan los “obreros”, si es que los hay, en los programas. Peor aún, la extrema izquierda o su fantasmagoría, ya sólo sabe usar el lenguaje de la Iglesia para explicar sus quimeras, las cuales consisten en acabar con quienes no superen el examen de pureza de sangre (la casta), aplastar a los ricos (aunque aún no los califican de lujuriosos y violadores) y llamar benditos a los hijos de Dios, los santos inocentes, los pobres o como quiera llamárseles. Sentimentalismo burgués pasado por la sacristía. [...]

Así pues, no hay un lenguaje inteligible en la política actual y el que se usa o bien es grotescamente demagógico o está vacío de todo contenido. Para remediarlo es frecuente que los profesionales echen mano del viejo lenguaje de la guerra fría (derecha e izquierda) o el de la carnicería republicana (fascistas y rojos), como si un ciudadano de 1930 o la sociedad de 1950 tuvieran el más mínimo rasgo en común con lo actual. En buena medida, el éxito televisivo de Podemos se debe a que usan un lenguaje arcaico, simple y reaccionario que muchos entienden porque es el viejo lenguaje religioso del Tercer Mundo (Chaves era el mejor ejemplo de caudillo episcopal) y buena parte del país aún no se ha arrancado al tercermundismo. [...] La izquierda debería tomar distancia con estos restos de feudalismo sureño, como los separatistas de la Liga Norte o los bocazas griegos. Y, en fin, aproximarse a aquellas democracias en las que la demagogia ideológica no se impone sobre el análisis crítico.» [Félix de Azúa: “El mañana es cosa del ayer”, en El País – 03.03.2015]

«La intuición central del 15-M fue que el primer problema de este país era político antes que económico: “¡Democracia real ya!” significaba que nuestra democracia era pobre e insuficiente y que amenazaba con convertirse en una partitocracia, un sistema donde los partidos habían colonizado la sociedad y se habían convertido en focos permanentes de corrupción. ¿Qué propone Podemos para resolverlo? No lo sé: nunca les he oído hablar de cambiar la ley electoral –para que los votos de todos los ciudadanos valgan lo mismo–, ni la ley de partidos –para que estos sean cauces de los desasosiegos y necesidades de los ciudadanos y no madres de todas las corrupciones–, ni nada que permita atacar a fondo el principal problema del país, el origen de los demás. Más aún. Tenemos una idea bastante clara de lo que piensan IU o el PSOE, pero apenas sabemos lo que piensa Podemos, y lo poco que sabemos es temible, contradictorio o muy inquietante. Es temible que en sólo unos meses, en cuanto avistaron el poder, hayan pasado al parecer de la izquierda radical a la socialdemocracia; más aún que, cada vez que alguien les pregunta por algo concreto –sea la independencia de Cataluña o la Semana Santa sevillana–, la respuesta sea la misma: “Nosotros, lo que diga la gente”. ¿Carecen de ideas propias? ¿O es que les da igual lo que hagan al llegar al poder porque lo único que les importa es llegar al poder?

Es contradictorio –pura verborrea de trilero– estar contra los llamados recortes (es decir, contra la destrucción del Estado de bienestar) y al mismo tiempo estar contra el llamado “régimen del 78”, que es el que en España creó el Estado de bienestar (es decir, lo que recortan los llamados recortes). Es muy inquietante que el único cambio claro que proponen consista en sustituir a una casta política corrompida por gente decente; porque, aun suponiendo que todos los de Podemos fueran decentes, eso sólo sería un cambio cosmético: el cambio real consistiría en hacer las reformas necesarias para evitar que la gente decente se corrompa; no basta con cambiar de gente: hay que cambiar de leyes. Por lo demás, escuchar debates o leer entrevistas con representantes de Podemos y de otras formaciones alternativas deja la deprimente impresión de que, aparte de su indumentaria, nada los distingue –desde su mentalidad hasta sus trampas conceptuales– de los representantes de los demás partidos. Podemos proclama también que izquierda y derecha ya no existen, lo que recuerda a Simone de Beauvoir, quien decía que el que dice que no es ni de derechas ni de izquierdas es de derechas; yo añadiría que es como quien dice que no existen el Norte y el Sur: o está desorientado o intenta desorientar.

Hay gente que tiene miedo de que Podemos lo cambie todo; yo tengo miedo de que no cambie lo que hay que cambiar, de que el suyo sea sólo un cambio lampedusiano, uno de esos cambios en los que se cambia algo para que no cambie nada.» [Javier Cercas: “El cambio sin cambio”, en El País del 15 de marzo de 2015]

En la convivencia entre lo viejo (los dos grandes partidos PP y PSOE) y lo nuevo (los partidos emergentes Podemos y Ciudadanos), los viejos tendrán que rejuvenecer; y los jóvenes, madurar. Los dos partidos nuevos tienen una presencia esencialmente urbana y una doctrina imprecisa y volátil.

Los nuevos partidos existen debido al empobrecimiento de las clases medias y a la desconfianza en la capacidad de los viejos partidos de ofrecer soluciones a ese empobrecimiento. ¿Qué solución tiene los nuevos partidos?

«Las claves del cambio político en nuestro país pasan por señalar que las políticas económicas aplicadas hasta ahora han sido un desastre y que es necesario rectificar. Sin embargo, en los últimos meses, ciertos sectores de las élites económicas saludan alborozados algunas propuestas de supuesta regeneración que resultan incapaces de poner solución a la estafa cotidiana que padecen los ciudadanos.

Frente a la injusticia fiscal de nuestro país —donde la presión fiscal sobre las grandes fortunas está a la cola de Europa al tiempo que los asalariados, los autónomos y la pequeña y mediana empresa carga con la mayor parte de los impuestos— cambio significa, como plantea el grupo Economistas Frente a la Crisis (EFC), llevar a cabo una reforma fiscal progresiva para que paguen más quienes más tienen, acercando los tipos reales a los tipos nominales. [...]

En nuestro país las PYMES y los autónomos son quienes más empleo generan. Cambio significa facilitarles el crédito (para eso debería estar el ICO), racionalizar las cuotas que pagan los autónomos y agilizar los trámites burocráticos. Plantear, como quieren los promotores del recambio, que hay que favorecer la concentración empresarial, subir las multas a los autónomos y eliminar los incentivos fiscales que favorecen a la microempresa no solo es bailar el agua a la élite de privilegiados que ha dictado la política económica a los gobiernos españoles: es también atacar a quien genera empleo en España. [...]

En los próximos meses los portavoces de las élites tratarán de convencernos de que los problemas de España se solucionan con un plan renove, con leves cambios de caras y con medidas cosméticas alineadas con el discurso de recuperación del Gobierno. Por eso hay que recordar algunas cosas evidentes, como las que señalaba Olof Palme: no se puede estar con los privilegiados y con los golpeados por la crisis al mismo tiempo.» [Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, “¿Qué es el cambio?”, en El País ­– 20/04/2015]

«El partido [Podemos], cegado por el brillo de las encuestas y embebido de una desbocada ambición de poder, está intentando travestir sus orígenes, procedentes del socialismo bolivariano, en una versión naïf de la socialdemocracia nórdica. En apenas unos meses, donde antes se citaba a Marx y a Lenin, cuando no a Hugo Chávez, ahora se menciona como referente a Olof Palme.» [Editorial de El Mundo – 01/05/2015]

«Pese a sus diferencias evidentes, el populismo de derechas y el de izquierda se escabullen por igual ante la cuestión medular de nuestro tiempo, la del capitalismo financiero, que caracteriza el que los beneficios que provienen de la especulación superen con mucho a los de la economía productiva, pero, a diferencia de ésta, crea muchísimos menos puestos de trabajo. En el capitalismo industrial el capital obtiene el mayor beneficio de la producción de bienes y servicios que exige mucha mano de obra; en cambio la especulación financiera apenas requiere gente empleada. Una inversión es tanto más atractiva cuanto menor sea su número, y los que necesita suelen ser además altamente cualificados.» [Ignacio Sotelo: “Populismos”, en El País – 14.05.2015]

«Y tan importante como salir de la crisis es repartir sus costes. En España, como en muchos otros países, los ajustes han perjudicado más a los que menos tienen. Es urgente revertir esa peligrosa dinámica.» [Editorial de El País, 27/05/2015]

«En lo que se refiere a partido Podemos hay que destacar otro equívoco, éste de carácter semántico, que reside en su propia denominación, ya que la expresión podemos puede ser entendida como una voluntad o deseo, pero no como planteamiento programático o ideológico equiparable a esas otras palabras que procuran precisar los rasgos definitorios del partido político que los ha hecho suyos: liberal, socialista, conservador… Pues, ¿qué es lo que podemos? ¿De qué estamos hablando? Porque el we can de Obama se refería a su programa electoral, al programa del Partido Demócrata, a su cumplimiento en caso de ganar los comicios. Sin esa referencia previa, podemos es algo que cada cual puede interpretar a su gusto, un equívoco en el que tal vez resida su éxito. [...]

Caso distinto es el de Ciudadanos, que al remitirnos directamente al concepto de citoyen sugiere su aspiración a representar los intereses del ciudadano, del ciudadano a secas, al margen de los trapicheos de los diversos estratos de la clase política. Un concepto curiosamente poco utilizado, tal vez por ser anterior al de lucha de clases, proletariado y demás términos popularizados por el marxismo.» [Luis Goytisolo, El País, 05/03/2015]

Los partidos políticos y la democracia

Todos los pupulismos dicen que hay que respetar la “voluntad del pueblo”. Como si “el pueblo” fuera un grupo social homogéneo y tuviera una clara voluntad compartida por todos sus miembros. Se cree que un referéndum da la oportunidad al pueblo para expresarse (“habla, pueblo, habla”). Pero normalmente solo en las dictaduras habla el pueblo con una sola voz. En las democracias, el “pueblo” está dividido y no todos opinan lo mismo. De ahí la necesidad de partidos o agrupaciones políticas que defiendan la pluralidad de voces. Donde no hay pluralidad no hay democracia, sino dictadura. Y para lograr un consenso en una sociedad plural se necesitan pactos.

En diciembre de 1966, la propaganda franquista, en carteles por toda España, hacía llamamientos a la obligación de votar el referéndum de día 14 de Diciembre de 1966 sobre la ley orgánica de Franco: “¡Vota SÍ! Votar es un deber patriótico”. No había ningún cartel que invitara a votar NO. El Referéndum, lo ganó Franco con más del 90%.

«El referéndum es un recurso legítimo, pero no la panacea de la democracia. Y menos aún lo que distingue una democracia auténtica de otra bastarda. Solo las elecciones libres son distintivo exclusivo de la democracia. La prueba es Grecia: de las siete convocatorias, tres fueron realizadas por dos dictaduras, la de los años treinta y la de la junta de los coroneles (1967-1974).» [Editorial de El País – 5 JUL 2015]

«En un referéndum, lo importante es la acción sustantiva que se somete a votación; las personas que nos gobiernan ocupan un segundo plano porque quien sea que nos gobierne hará lo que salga del referéndum. Un referéndum es una forma poco operativa de tomar decisiones colectivas complejas por la dificultad de convertir esta complejidad en una disyuntiva entendible; más que para gobernar, se utiliza para sancionar lo ya gobernado.» [Antoni Zabalza, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Valencia, en El País –  04/08/2015]

«Los partidos son fundamentales para la democracia. Si defiendes que eres un movimiento de todos no hay pluralidad. La gente tiene que saber que el día que no haya partidos políticos hay una dictadura.» [Nicolás Sartorius, cofundador de Comisiones Obreras (CCOO) y miembro del Partido Comunista de España (PCE), es actualmente el vicepresidente de la Fundación Alternativas, vinculada al PSOE]

La democracia plebiscitaria es una democracia de excepción, «porque la democracia es mediación, representación, delegación regulada de las voluntades y los intereses. No necesariamente un referéndum. O, si lo es, es solo excepcionalmente, cuando los representantes electos están contra las cuerdas, cuando han perdido la confianza de sus mandantes y los procedimientos normales han dejado de funcionar.» [Bernard-Henri Lévy, en El País – 9 JUL 2015]

¿reformar la Constitución de 1978?

El segundo gran problema con que se enfrenta el gobierno de Rajoy es el territorial, problema que no quedó claramente solucionado con la Constitución de 1978. Y precisamente en estos momentos de crisis económica, los nacionalismos periféricos achacan el mal al gobierno central y recrudecen sus aspiraciones independentistas.

Ante el desafío soberanista de Cataluña, Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, cree que la vía socialista para "renovar el marco de convivencia común" pasa por la reforma de la Constitución de 1978 "desde una perspectiva federal, que nos permita una convivencia fructífera para todos. Hay que defender la constitución, pero su mejor defensa es su renovación. Criticar la constitución no la va a hacer más fuerte, en cambio renovarla es la mejor alternativa". Problemática de una solución bilateral para Cataluña: Es probable que otras autonomías reclamen los avances que puedan obtener los nacionalistas y se frustren los deseos de estos para distinguirse. Tal vez sólo una profunda reforma federal tendría alguna posibilidad.

«Casi ninguna de las instituciones básicas de nuestra Constitución funciona hoy con normalidad, y no solo en lo que se refiere al actual desorden territorial de la España de las autonomías. Seguimos esperando la promulgación de un estatuto de la Corona que reglamente por ley los derechos, deberes y responsabilidades de los miembros de la familia real. El Tribunal Constitucional, ya muy castigado en su credibilidad tras la famosa sentencia sobre el Estatuto catalán, está presidido por un militante del partido en el Gobierno que no tuvo la decencia intelectual de dimitir cuando eso se supo. El de Cuentas es un pozo de nepotismo y enchufes que hasta el momento, que se sepa, apenas ha sido capaz de descubrir las malversaciones, sobornos y desvíos improcedentes de dinero público que nos avergüenzan. El Parlamento es la viva expresión de la lejanía de los partidos hacia sus votantes, con un Senado inútil y un Congreso dedicado a parlamentar de todo menos de lo que más se habla en la calle: la corrupción. Mientras tanto, históricos líderes del escenario político, empresarial y sindical dan con sus huesos en la cárcel por robar y defraudar. Y los medios de comunicación, enfrentados a una verdadera crisis existencial, abonan la fanfarria nacional en medio del ruido generado por las redes sociales. [...]

La clase política del franquismo se hizo el haraquiri, lo que permitió construir la democracia en un ambiente menos violento del esperado tras la muerte del dictador, y propició la reconciliación entre los españoles a cambio de un proyecto de futuro en libertad. Me pregunto si la clase política de la democracia, y muy particularmente la derecha en el poder, tendrán la misma lucidez para refundarse en defensa de la democracia misma. Si lo hacen, el populismo seguirá existiendo como expresión de la ira y la decepción de muchos ciudadanos, y quizá también como método barato de captar audiencias para la televisión basura. Pero no someterá a nuestro país al arbitrismo, el desconcierto y la fatua verbosidad de la que ahora hace gala.» [Juan Luis Cebrián: “Las corrupciones”, en El País, 8 de noviembre de 2014]

«Hoy no es la prioridad del gobierno la reforma de la Constitución, sino el crecimiento económico y el empleo. Pero estoy dispuesto a escuchar sus propuestas. Primero debe decirse con meridiana claridad qué se quiere hacer: yo quiero que nos diga qué es lo que quieren. Y para qué. No es lo mismo hacerla para contentar a alguien que para atender a una demanda mayoritaria de los españoles. Y en tercer lugar, sería importante saber con qué grupos quieren ustedes llegar a un entendimiento. No es lo mismo llegar con quien está defendiendo el derecho de autodeterminación que con quien quiere recentralizar el Estado. [...] ¿Qué es el Estado federal y en qué se diferencia de la España de las autonomías? El Estado federal ¿significa que todas las autonomías deben tener las mismas competencias?, ¿quieren dar más autonomía o menos, qué competencias quieren que tenga el Estado, un Senado elegido por ciudadanos o por Gobierno autonómicos?» [Mariano Rajoy – 30 de septiembre de 2014]

El presidente Rajoy ha dejado muy claro que él no ve posibilidades en este momento de lograr un consenso similar al de la Constitución de 1978 y teme que los socialistas planteen esta reforma para "contentar" a los nacionalistas.

«Federalismo es hablar claro sobre marcos competenciales definidos. Habrá que repensar qué competencias, con qué limites, deben quedar en el ámbito estatal, cuales en el autonómico y cuales en el local. De la mano de esta redistribución (que no recentralización) deben definirse mecanismos financieros transparentes, estables en el tiempo y justos en el reparto.

Federalismo es lealtad. No se puede seguir sometido eternamente al chantaje de unos pocos con un eterno cuento victimista. Pero tampoco se puede tolerar el sistemático ataque a las singularidades de algunos territorios, que en muchas ocasiones parecen más tolerados que asumidos. La cultura española, a ver si nos vamos enterando de una vez todos, es la suma de la cultura catalana, la vasca, la gallega y la castellana. Todas juntas, todas, conforman la cultura española. Sólo asumiendo esa realidad evidente y obvia, decimos asumiendo y no tolerando a desgana, se podrá desmontar el discurso victimista alimentado por decenas de provocaciones de largo y pequeño calibre, en las que la derecha españolista es una verdadera maestra.

Federalismo es encontrar cauces para el diálogo y la solidaridad entre los diferentes territorios entre sí y con el Estado central. Tenemos un Senado inoperante, que debería transformarse de una vez en una auténtica cámara de las regiones.» [Manuel Arias: “Federalismo es hablar claro”, en DiarioProgresista, 29.09.2014]

«Tanto el lenguaje como el mismo concepto de pluralismo planteado por el federalismo liberal tradicional han estado poco conectados con el pluralismo de carácter cultural y nacional. Ambos elementos inducen a una reconsideración de qué significan o pueden significar los acuerdos federales en sociedades culturalmente diversas. El reto actual de las federaciones multinacionales puede conceptualizarse como un reto a la vez libera, democrático y nacional de polity-building. Un reto que debe contar con los sesgos implícitos, tanto conceptuales como institucionales, asociados al “monismo” estatalista y nacionalista presentes en las federaciones democráticas. La cuestión, en definitiva, es ver si resulta posible articular, en una misma federación, la perspectiva de una unión federal entre colectividades nacionales distintas, con la perspectiva más confederal que suele predominar en las unidades constituyentes. Esta no es una cuestión que pueda responderse en términos abstractos, si no que remite a la práctica institucional, a la política compartida y al análisis de casos concretos. La potencial acomodación “federal” de varios demoi nacionales o culturales que conviven en un mismo estado es, de hecho, uno de los retos más importantes que tiene planteado el federalismo en los inicios del siglo XXI.» [Ferrán Requejo: “A vuelta con los conceptos para mejorar la calidad democrática”. En Álvarez Junco, J. / Beramendi, J. / Requejo, F.: El nombre de la cosa. Debate sobre el térmonio nación y otros conceptos relacionados. Madrid: Centro de Estudios Políticos y Conscitucionales, 2005, p. 116-117]

«España, nación de naciones. Detrás de este nombre puede haber cosa muy diferentes según el significado de nación que se use. Si por nación en singular (que evidentemente es España) se entiende el ente “político”, único con poder decisorio en última instancia, y por naciones en plural aquellas comunidades “culturales” e históricas con derechos en lo relativo a esa especificidad pero con capacidad de autogobierno solo en la medida en que la conceda la nación en singular, estaría más o menos donde estamos. Y no creo que sirviese para mucho el cambio del nombre, cuando la cosa seguía básicamente igual.

Ahora bien, si se entiende que todas las naciones, la singular y las plurales, son sujetos de soberanía, entonces la expresión podría significar otra cosa: un pacto entre sas naciones mediante la libre voluntad mayoritaria de los individuos que las componen. Un pacto que necesariamente habría de implicar un sistema de soberanía compartida y repartida. Y entonces nación de naciones no sería sino otro modo de nombrar a un sistema auténticamente federal en el que las partes que se federasen mantendrían una capacidad de decisión “blindada” sobre determinados asuntos y cederían a la federación la capacidad de decidir en el resto. Y todo ello sobre la base del impero de la democracia y la igualdad de derechos, incluidos los políticos, de todos los ciudadanos con independencia de su lugar de residencia y de su adscripción nacional o etnolingüística.

Si todos aceptasen esta solución y se comprometiesen a respetarla en el futuro se resolvería la inestabilidad del actual sistema debida a la confrontación entre nacionalismos. Es una solución posible, pero por desgracia no la creo probable, ya que implica un conjunto de requisitos y de cambios de actitudes y valores muy arraigados, tanto en los partidarios de la nación española como en los de las otras naciones, requisitos y cambios que hay no parecen fáciles de alcanzar. Por ello me atrevo a vaticinar que el sistema actual con sus problemas, cambiando algo a trompicones cuando no haya más remedio, a base de parches que de momento salvan la situación inmediata pero retroalimentan los supuestos agravios de estos o de aquellos y reinician el ciclo de acumulación de tensiones hasta la crisis siguiente.

Y nosotros seguiremos reflexionando sobre los nombres de las cosas, o sobre las cosas que hay detrás de los nombres, con la esperanza de que sirva para algo.» [Beramendi, J.: “Las cosas tras los nombres”. En o. cit., p. 101-102]

«Es necesario desde hace 15 años la reforma de la Constitución, aunque el reformista no es el camino habitual en España, que es el país que más constituciones ha aprobado desde los liberalismos. No hay experiencia histórica de reformas, sino la de arramplar lo vigente y construir un nuevo mundo. La Constitución de 1978 es la única que fue consensuada. Desde 1808 todas habían sido imposiciones del partido en el poder, liberales o conservadores. Esto es a la vez la virtud y el inconveniente: cualquier reforma que se haga de la Constitución de 1978 tiene que ser consensuada.» [José Álvarez Junco]

elecciones municipales y autonómicas 2015

Vuelco histórico en las elecciones municipales y autonómicas que anticipa un nuevo escenario político en España del 24 de mayo de 2015: el PP sigue siendo el partido más votado pero solo con el 27,05 % y con mucho menos poder territorial, porque la izquierda está en condiciones de hacerse con la mayoría de capitales de provincia y comunidades si es capaz de pactar.

Éxito de las candidaturas apoyadas por Podemos.

Los grandes partidos se dejan 13 puntos respecto a 2011.

Elecciones Municipales 2015

Contabilizados

22.746.489

64,93 %

Abstenciones

12.287.414

35,07 %

Nulos

350.526

1,54 %

Blancos

370.766

1,66 %

PP

6.057.767

27,05 %

PSOE

5.603.823

25,02 %

C's

1.467.663

6,55 %

 

«El ataque de histeria que estamos contemplando no es una simple anécdota. Refleja las inquietantes convicciones de algunos sectores conservadores españoles, incapaces aún hoy de guardar la compostura democrática imprescindible ante una derrota electoral. La mala educación que están demostrando personas que deberían estar obligadas a dar ejemplo de moderación y tolerancia, al margen de su definición ideológica concreta, es un rasgo que no es fácil encontrar en otros países democráticos de nuestro entorno, pero que, desgraciadamente, amenaza con incrementarse en el nuestro según se acerca la fecha de las elecciones generales.

De lo que se trata ahora es, afortunadamente, de algo mucho más esperanzador: la incorporación a la vida política, a través del armazón municipal, de toda una nueva generación de ciudadanos, menores de 40 años, muchos de ellos desvinculados de las organizaciones territoriales de los partidos políticos, pero implicados en las vidas de sus ciudades y pueblos. Importa que demuestren desde el principio que quieren contribuir a la mejora de la calidad de la democracia y a un mejor funcionamiento de la Administración pública, y que no están dispuestos a caer ni en la mala educación ni en la pura frivolidad política. Están obligados a hacer un recuento razonable de los problemas, a encontrar reparación para las injusticias cometidas, y a definir y cumplir honestamente sus funciones, renunciando a sueños que sean imposibles de alcanzar, pero alcanzado todo lo que sea posible plantear. Por encima de todo, tienen la ocasión de demostrar que son demócratas sin miedo, dispuestos a ejercer la labor pedagógica a la que renunciaron sus antecesores.» [Soledad Gallego-Díaz: “La conocida histeria política”, El País, 31/05/2015]

Resultados Elecciones Generales 2015 - Congreso

 

Escaños

%

Votos

PP

123

28,72

7.215.530

PSOE

90

22,01

5.530.693

PODEMOS*

69

20,66

5.189.333

C's

40

13,93

3.500.446

ERC-CATSI

9

2,39

599.289

DL

8

2,25

565.501

EAJ-PNV

6

1,2

301.585

EH Bildu

2

0,87

218.467

IU-UPeC

2

3,67

923.105

Otros

 

 

 

* Podemos, Compromís-Podemos-És el Moment, En Marea y En Comú Podem

Datos económicos al 18 de mayo de 2016

La deuda de las administraciones públicas sigue su escalada. Y según los datos del primer trimestre de 2016 y teniendo en cuenta el ritmo actual de crecimiento del PIB, en el primer cuarto del año superó, por primera vez desde 1909, el 100% del PIB. Es decir, que el Estado debe ya más dinero que la riqueza que genera España, ya que, pese a que la economía sigue creciendo, lo hace a menor ritmo que los compromisos de pago.