SUSTANTIVOS

Clasificación léxica y pluralización

© Justo Fernández López


 

Clases léxicas de sustantivos, según Ignacio Bosque

 

«Una de las confusiones más antiguas de la historia de la lingüística es la del signo con el objeto: las palabras con las realidades que designan. Si queremos dilucidar si determinados sustantivos son o no colectivos, no constituiría una estrategia apropiada el pensar si los objetos designados se componen o no de partes análogas o de componentes similares. Lo cierto, sin embargo, es que los gramáticos no parecen insistir demasiado en esa importante cuestión. [...] La clase gramatical de los nombres colectivos tiene sentido en tanto podamos mostrar que la gramática es sensible a ella.» [Bosque 1999: § 1.4.2]

No clasificamos objetos, sino palabras.

Jerarquías entre las clases de sustantivos:

«Son muchos los gramáticos de nuestra tradición que establecen una jerarquía entre las clases de sustantivos, pero prácticamente ninguno la justifica frente a otras posibles. Lenz, Seco, Pérez Rioja y Marcos Marín entienden que la división básica se debe establecer entre

 

 

 

sustantivos

 

concretos

 

comunes

genéricos

individuales

colectivos

de materia

propios

abstractos

 

 

Como es evidente, esta clasificación no deja lugar para los abstractos de materia (mucha paciencia, bastante odio); tampoco da cabida a los colectivos que a la vez son continuos (familia, escolta) ni deja lugar para los abstractos discontinuos (varias cualidades, tres propiedades, dos virtudes, múltiples responsabilidades). [...] Todo parece indicar que la jerarquía se reduce en realidad a muy pocos casos, y que en los demás tenemos clasificaciones cruzadas.» [Bosque 1999: § 1.6.2]

«De entre todas las clases de nombres comunes, la clasificación que más consecuencias sintácticas tiene y la que menos atención ha recibido en la tradición, es la que diferencia los nombres comunes en ‘contables’ [= discontinuos o discretos] y ‘no contables’ [= continuos, medibles, de materia].» [Bosque 1999: § 1.2.1]

«Una de los propiedades más sobresalientes del sistema nominal español, frente a otras lenguas, es la facilidad con la que los sustantivos pasan de la clase de los continuos a la de los discontinuos, y viceversa.» [o. cit., § 1.2.3.3]

Clasificación léxica de los sustantivos según Ignacio Bosque:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

sustantivos o nombres

 

 

 

 

 

 

 

 

comunes

o

apelativos

[Gattungsnamen]

contables / discontinuos / discretos [zähbar]

La cuantificación de los discontinuos aporta cardinalidad: establece el número de entidades sobre las que se realiza la operación de cuantificar (muchas, algunas, cincuenta, todos). Admiten modificadores entero y medio.

no contables [nicht zählbar] / continuos / medibles / de materia [Stoff- und Materialnamnen]

La cuantificación de los continuos aporta cantidad, pero no número.

No admiten cuantificadores numerales (cuatro) ni multiplicativos (muchos); no admiten el adjetivo numeroso.

Admiten cuantificadores indefinidos (mucho, bastante, poco).

Muchos admiten el adjetivo abundante.

individuales

colectivos

No son propiamente cuantificadores. No admiten mucho (*mucho electorado).

Admiten el adjetivo numeroso (ejército numeroso)

enumerables

‘pluralia tantum’

concretos [Dingnamen]

abstractos [Begriffsnamen]

propios [Eigennamnen]

 

Comunes o apelativos:

El sustantivo llamado ‘común’ o ‘apelativo’ es la categoría gramatical que expresa la pertenencia de las cosas a alguna clase. El nombre común nos dice sobre un objeto o una persona “qué es”. “El nombre común o apelativo es el que conviene a todos los individuos de una clase, especie o famiia, significando su naturaleza o las cualidades de que gozan” (A. Bello). En lógica modena, el nombre propio denota un individuo, mientras que el común denota un conjunto o una clase de individuos.

Propios:

Individualizan y señalan las características distintivas, al contrario que los comunes: Juan, Pedro, Isabel. El nombre propio es la categoría que distingue o identifica una cosa entre los demás elementos de su misma clase. El nombre propio nos dice cómo se llama una cosa o una persona.

Contables / discontinuos / discretos:

También llamados ‘discontinuos’ o ‘discretos’, designan cosas que no pueden dividirse sin dejar de ser lo que son (árbol, mesa). Sustantivos que hacen pensar en entidades como nociones discontinuas o discretas (casa, árbol). Una parte de “una silla” no es “una silla”. Los nombres contables admiten cuantificadores numerales (cuatro) e indefinidos (mucho): dos libros, pocos árboles, cuántos coches, demasiados problemas, bastantes sillas, tantas veces, cuántos coches, más ciudadanos.

Se pueden contar y medir (cuaderno, tenedor, electricista). Sólo los nombres contables poseen un verdadero plural.

«Utilizados en singular y sin determinante, los nombres contables no denotan singular o plural, sino que implican una referencia a las características propias de todos los seres o cosas que reciben ese nombre:

Se busca secretaria (= persona que reúna las cualidades de una secretaria)

De ahí que ningún nombre contable pueda funcionar como sujeto sin que previamente está cuantificado. Sería incorrecto decir:

*Pasa vaca.

*Viene coche.

Pero es adecuado:

Pasa una vaca. Viene un coche, etc.»

[Sarmiento/Sánchez: Gramática básica del español, p. 33]

«La oposición entre sustantivos contables y no contables se reduce en buena medida a la que existe entre los conceptos de ‘número’ y ‘cantidad’ y en último extremo se remite a la división aristotélica entre forma y materia.» [Bosque 1999: § 1.2.1]

«De hecho, una de las propiedades más sobresalientes del sistema nominal español, frente al de otras lenguas, es la facilidad con la que los sustantivos pasan de la clase de los continuos a la de los discontinuos, y viceversa. Son muchos los sustantivos ambiguos entre una interpretación y la otra, lo que el léxico debe sin duda prever.» [o, cit., § 1.2.3.3]

No contables / continuos / medibles / de materia:

También llamados ‘continuos’, ‘medibles’ y ‘de materia’. Nombres que categorizan las entidades como “materia”, “masa” o “sustancia” (arena, aire, basura). Denotan cosas que pueden dividirse hasta el infinito conservando su naturaleza y su nombre (agua, vino, oro, plata). Una parte de “un poco de agua” es también “un poco de agua”. Los nombres no contables no admiten cuantificadores numerales (cuatro) o en general multiplicativos (muchos), pero sí admiten cuantificadores indefinidos (mucho): poco tiempo, mucho arroz, demasiado esfuerzo, bastante arena, tanta paciencia, cuánta basura, más alegría, menos agua.

Los nombres no contables son nombres de materia: oro, trigo, oscuridad. Usados en plural tienen sólo valor expresivo: Trajimos los oros de las Américas.

«Los nombres no contables forman complementos preposicionales sin determinante. Tenemos, pues, la interpretación continua en Hecho con manzana y la discontinua en Hecho con una manzana. Los sintagmas nominales formados con nombres continuos sin determinante introducidos por la preposición de constituyen los llamados ‘complementos de materia’: pastal de manzana, cenicero de plata, nubes de algodón. [...] Los sustantivos no contables admiten cuantificadores indefinidos, pero no cardinales. La única manera de construir secuencias con muchas aguas, varias arenas o diez panes es recatogorizar esos sustantivos como contables. Esto significa que no pueden seguir siendo nombres de materia y aceptar cuantificación numérica, ya que no cuantificamos sobre clases de individuos sino sobre magnitudes.» [Bosque 1999: § 1.2.2]

«Siempre que utilizamos el número en cuantificaciones incontables no podemos referirnos a unidades distintas: en tal caso nos limitamos a subdividir en áreas semánticas diferenciadas la continuidad significada por el nombre:

Me gustan los vinos dulces (referencia a diversas clases de vino dentro del concepto general abarcado por el concepto “vino”).

Esta señora abunda en delicadezas (referencia a actos puntuales de delicadeza, dentro del área semántica cubierta por este nombre).

Si el nombre no es divisible o no es considerado por el hablante como subdividido en subáreas semánticas diferenciadas, no admite plural. Así, con la palabra frío, sería incorrecto decir:

*Hace muchos fríos (no cuantificable en subáreas semánticas).

Pero sería posible decir:

Los fríos del Norte son gélidos (cuantificado en unidades concretas, conocidas incluso con su nombre, participando de la unidad de significado propia de “frío”).

Los nombres no cuantificables en su significado singular pueden adoptar cuantificación en plural porque se aproximan o convierten en nombres concretos:

Había luz en la sala (no divisible ni cuantificable).

Había luces en la sala (cuantificable porque nos referimos a los “puntos de luz” en la sala).» [Sarmiento/Sánchez: Gramática básica del español, p. 32]

«Con los nombres colectivos se relacionan los nombres que designan cosas que, por formar series de multitud de unidades prácticamente imposibles de contar, imaginamos como si fuesen una materia continua: el trigo, la sal, el azúcar, el polvo. Estos nombres, lo mismo que los verdaderos nombres de materia (como el cemento, el agua, el gas, la madera), no se pueden emplear en plural sin que cambie más o menos su significado.» [Seco, Manuel: Gramática esencial del español. Madrid: Espasa-Calpe, ²1989, p. 156]

«Relaciones entre continuos y colectivos. Límites de la distinción.

Muchos sustantivos continuos son antiguos neutros latinos. Así, leña deriva de ligna, que es el neutro plural de lignum (“leño”, “madero”). La palabra leña era, pues, en su origen, equivalente a leños, pero en la actualidad no es un sustantivo colectivo, sino continuo. Designa, por tanto, una materia y no un conjunto. Lo mismo sucede con fruta, derivado de fructa (antiguo plural de fructus), que tampoco se interpreta en la actualidad como colectivo, sino como continuo. Como hace notar Morreale, herramienta ha perdido ya el significado colectivo que compartió con osamenta, vestimenta y cornamenta, y de hecho, apenas puede usarse ya como nombre de materia (mucha herramienta), frento a lo que era normal hace unos años. Esta diferencia entre las materias y los conjuntos es esencial para distinguir los continuos de los colectivos. Decimos mucha leña o poca fruta como decimos mucha arena o poco aire, pero no decimos en cambio *mucho electorado, es decir no usamos mucho para cuantificar sobre los componentes de un grupo, sino para medir una cantidad. Es frecuente que conceptos relativamente próximos se categoricen lingüísticamente unas veces como continuos y otras como colectivos. Esta es, por ejemplo, la diferencia que existe entre ganado (continuo) y rebaño (colectivo), o entre tropa (continuo) y ejército (colectivo), independientemente del número de individuos que compongan esas entidades. Es, por tanto, el comportamiento de estos sustantivos lo que justifica la existencia de estas dos clases gramaticales diferentes.

La clase de los continuos es, en unos pocos casos, compatible con la de los colectivos. Los sustantivos familia, público y escolta, junto a otros como documentación o producción, son continuos (mucha familia, poco público, demasiada escolta, mucha documentación, poca producción), pero también son colectivos: todos aceptan con naturalidad el adjetivo numeroso, frente a lo que sucede con la mayor parte de los continuos: fruta, pelo, dinero, basura. Los componentes léxicos de los sustantivos continuos y colectivos pueden concebirse gramaticalmente, por tanto, como las partículas que caracterizan a los nombres de materia, o bien como las series de individuos que caracterizan a los colectivos. La lengua permite, pues, en estos casos una doble categorización.

Los continuos rechazan el adjetivo numeroso, frente a los colectivos (*pelo numeroso, *dinero numeroso, *fruta numerosa). Es interesante que muchos de los continuos acepten en cambio el adjetivo abundante: no sólo pelo, dinero, o fruta, sino también comida, suelo, basura, lluvia, aceite, saliva, público, tierra, munición, producción, documentación, información, y otros muchos sustantivos continuos, lo que nos confirma que la lengua distingue cuidadosamente entre los grupos y las materias, y que establece clases léxicas diferentes a partir de esa distinción. [...]

Son muchos los autores que han notado que la oposición ‘continuo’ / ‘discontinuo’ es un tipo de distinción análoga a las que se establecen en la gramática de del aspecto léxico o modo de acción [Aktionsart], aplicado en este caso a los nombres en lugar de a los verbos. [...] Los nombres de materia son continuos de una forma parecida a como los estados o las actividades lo son, y los contables son discontinuos en un sentido también próximo a como los predicados de logro y consecución denotan nociones puntuales.» [Bosque 1999: § 1.6.1]

Enumerables:

Cuando pluralizamos un sustantivo también lo podemos cuantificar con un mumeral (tres libros). Los sustantivos pluralizables (libros, años) pertenecen a la misma clase que los sustantivos cuantificables, sea con indefinidos (muchos libros) o con numerales (cuatro años). Existe, sin embargo, una serie sistemática de excepciones, que se suelen recoger con el término latino pluralia tantum (literalmente “plurales sólo”).

Pluralia tantum:

Constituyen excepciones sistemáticas. Cuando tenemos celos o ganas no tenemos un número determinado de celos o de ganas.

«Así como los nombres colectivos designan en forma singular todo un conjunto de seres, hay otros nombres que designan en forma plural cosas que son singulares: las tijeras, las tenazas, las gafas, los prismáticos, los pantalones... El hecho de que el nombre sea plural, a pesar de designar un solo objeto, se debe a que este está formado por dos partes complementarias. No obstante, hoy se dice casi siempre pantalón; a veces se oye la tijera, la tenaza, y no es raro que un óptico diga una gafa muy elegante o este prismático es de primera calidad.

Al lado de estos casos hay que citar el de algunos nombres que, por designar en teneral algo esencialmente múltiple, no se usan más que en plural: añicos, víveres, ambages, entendederas. Tales nombres se llaman pluralia tantum (locución latina que literalmente significa “solamente plurales”).» [Seco, Manuel: Gramática esencial del español. Madrid: Espasa-Calpe, ²1989, p. 157]

Individuales:

Cuando las nociones se perciben como entidades simples (soldado, árbol). Expresan una sola cosa singular: perro, pie.

Las relaciones anafóricas no distinguen los sustantivos individuales de los colectivos.

Colectivos:

Cuando las nociones se perciben como entidades múltiples (ejército, arboleda). Expresan conjuntos de seres semejantes, en singular: enjambra (pero no un conjunto organizado en una entidad superio, como colmena).

Los sustantivos colectivos designan en singular conjuntos de entidades, como familia o arboleda, mientras que los individuales, que son la mayoría, designan una sola entidad, como casa o árbol. Los sustantivos colectivos no son propiamente cuantificativos.

«A veces ocurre que deseamos nombrar a “varios” seres a los que vemos formando, entre otros, “una unidad”. Hacemos uso entonces de un nombre en singular que designa como una unidad ese conjunto de seres: el ejército (conjunto de soldados), la armada (conjunto de barcos de guerra), la familia (conjunto de personas unidas por parentesco), la muchedumbre (conjunto de muchas personas o cosas), la docena (conujunto de doce objetos), el par (conjunto de dos objetos), etc. Estos nombres que significan un “conjunto” que es visto como una “unidad” se llaman colectivos.» [Seco, Manuel: Gramática esencial del español. Madrid: Espasa-Calpe, ²1989, p. 156]

«Una de las confusiones más antiguas de la historia de la lingüística es la del signo con el objeto: las palabras con las realidades que designan. Si queremos dilucidar si determinados sustantivos son o no colectivos, no constituiría una estrategia apropiada el pensar si los objetos designados se componen o no de partes análogas o de componentes similares. Lo cierto, sin embargo, es que los gramáticos no parecen insistir demasiado en esa importante cuestión. [...] Dicho de otro modo, la clase gramatical de los nombres colectivos tiene sentido en tanto podamos mostrar que la gramática es sensible a ella.» [Bosque: 1999: § 1.4.2]

«El comportamiento gramatical de los nombres colectivos se asemeja al de los plurales en ciertos aspectos relativos a la selección léxica (adjetivos, verbos, adverbios y preposiciones), y también, aunque con gran variación, en lo relativo a la concordancia verbal. Por el contrario, los sustantivos colectivos no se comportan como los plurales en lo que respecta a las relaciones anafóricas y las cuantificativas, y en general a los aspectos de la sintaxis menos determinados por las relaciones léxicas.» [o. cit., § 1.4.3]

Para las relaciones entre continuos y colectivos. Límites de la distinción, ver: no contables.

Abstractos:

Nociones complejas que no se perciben como objetos físicos (verdad, belleza).

«Se dice tradicionalmente que son abstractos los nombres que designan seres que sólo se perciben por la inteligencia, y concretos, los nombres que designan objetos perceptibles por los sentidos. Ortega y Gasset propone otro criterio de distinción: son concretos los nombres de objetos independientes y abstractos, los de objetos no independientes, es decir, que necesitan apoyarse en algo para subsistir. Una mesa, un árbol, son objetos independientes; la blancura, la honradez, sólo existen abstrayéndolas de seres que las poseen. “Como los distintos grados de concreción y de abstracción corren sin interrupción de un extremo al otro, resulta que, por la misma naturaleza del asunto, es imposible trazar la división exacta entre los nombres concretos y los abstractos” (A. Alonso-P. Henríquez Ureña).» [Lázaro Carreter, F.: Diccionario de términos filológicos. Madrid: Gredos, 1981, p. 19]

«Sustantivos abstractos y concretos: una oposición conflictiva:

Pocas distinciones gramaticales resultan tan escurridizas como esta cuando se sale de los ejemplos más claros que cabe proponer para cada una de las dos clases. Existen serias dudas sobre si tiene sentido mantener propiamente la distinción, puesto que muchos indicios hacen pensar que la clasificación debe sustituirse por otras de abarque más específico. Paradójicamente, la noción de ‘nombre abstracto’ resulta poco concreta para ser aprehendida en los términos que la gramática pueda aceptar o comprender. [...] Todo parece indicar que la gramática no concede particular relevancia en sus esquemas formales a la clase específica de los sustantivos abstractos entendida como tal, es decir, como una división paralela a otros como ‘contable/no contable’ o ‘individual/colectivo’.» [Bosque 1999: § 1.5.1]

«Interpretaciones genéricas y referentes imaginarios: Se consideran a veces ‘abstractos’ los sustantivos de referente imaginario. Habrá quien sonsidere ‘concreto’ el sustantivo barco en el sintagma El barco que está atracado en el muelle, y ‘abstracto’ el uso del mismo sustantivo en El barco con el que soñé ayer nunca ha existido ni existirá, pero lo cierto es que la gramática no asigna a estas interpretaciones clases léxicas distintas. [...] Cuando decimos que El caballo es un cuadrúpedo no estamos tampoco usando caballo como “sustantivo abstracto”, sino interpretando el sintagma nominal el caballo con un valor genérico. La prueba más clara de que ni estas ni las anteriores constituyen clases léxicas de sustantivos la proporciona el simple hecho de que cualquier nombre puede recibir tales interpretaciones si se dan las condiciones sintácticas y semánticas adecuadas.» [o. cit., § 1.5.2.1]

«Es antigua la idea, a mi entender muy bien encaminada, que sugiere que la división entre contables y no contables se cruza con la división entre concretos y abstractos. [...] La división entre concretos y abstractos es mucho menos central en el sistema gramatical que la división entre contables y no contables y que, de hecho, puede remitirse en parte a ella: tanto los continuos como los discontinuos pueden aludir a clases de objetos materiales e inmateriales, sin que esta diferencia tenga una manifestación especial.» [o. cit., § 1.5.2.3]

Concretos:

Nociones que designan entidades materiales (flor, casa). Ver: abstractos.

Genéricos:

Nombres genéricos son aquellos en los que no se hace referencia a objetos individuales, sino a clases de objetos.

«Genérico: Común a los elementos de un conjunto: ‘Árboles una palabra genérica que incluye al pino, al manzano, al cerezo y a otros.» [Diccionario didáctico de español. Intermedio. Madrid: Ediciones SM, 1993]

«Genérico: Que es común a muchas especies: bajo el título genérico de ejército se agrupan distintos cuerpos militares.» [VOX: Diccionario para la enseñanza de la lengua española. Universidad de Alcalá de Henares. Barcelona: Biblograf, 1995]

Cereal es un sustantivo genérico (frente a trigo, centeno, etc, que son sustantivos específicos). Con frecuencia hacemos uso de los nombres en singular para designar, no un solo individuo, sino en general todos los que constituyen la clase entera a la que conviene ese nombre: El alemán es más laborioso que el español; El perro es el mejor amigo del hombre.

Cereales: alimento elaborado con grano de cereales. Los niños desayunan leche con cereales.

«Interpretaciones genéricas y referentes imaginarios:

Se consideran a veces ‘abstractos’ los sustantivos de referente imaginario. Habrá quien sonsidere ‘concreto’ el sustantivo barco en el sintagma El barco que está atracado en el muelle, y ‘abstracto’ el uso del mismo sustantivo en El barco con el que soñé ayer nunca ha existido ni existirá, pero lo cierto es que la gramática no asigna a estas interpretaciones clases léxicas distintas. [...] Cuando decimos que El caballo es un cuadrúpedo no estamos tampoco usando caballo como “sustantivo abstracto”, sino interpretando el sintagma nominal el caballo con un valor genérico. La prueba más clara de que ni estas ni las anteriores constituyen clases léxicas de sustantivos la proporciona el simple hecho de que cualquier nombre puede recibir tales interpretaciones si se dan las condiciones sintácticas y semánticas adecuadas.» [Bosque 1999: § 1.5.2.1]

«La genericidad no es una propiedad exclusiva de los sintagmas nominales; también puede caracterizar a las oraciones o a los enunciados que expresan estados de cosas habituales, constantes, regulares o de validez general. La relación entre la genericidad en el ámbito nominal y la genericidad oracional varía en función de cuál sea el determinante que encabece el sintagma nominal. Tradicionalmente, el término ‘genérico’ se ha aplicado a los sintagmas nominales que se refieren a una clase o especie, y no a objetos concretos o cantidades específicas. De acuerdo con esto, tienen una interpretación genérica los sintagmas subrayados en los ejemplos siguientes:

El tiranosaurio vivió durante el período cretácico.

Las ballenas realizan grandes migraciones.

En muchas dietas se desaconseja la mantequilla.

Sin embargo, se habla de expresiones nominales genéricas también en los casos en los que no se hace referencia a clases o especies, sino a individuos o parejas de individuos (pero debe tenerse en cuenta que el entorno oracional sí es típicamente genérico o nómico):

Una ballena necesita grandes cantidades de plancton para alimentarse.

Dos amigos siepre se ayudan.

De lo anterior se deduce que la genericidad en los sintagmas nominales no puede tratarse como una noción homogénea y requiere por lo menos un análisis separado de los sintagmas nominales definidos y de los genéricos indefinidos. En consecuencia, es difícil recoger de forma unitaria las condiciones que deben cumplirse para que una expresión nominal sea genérica.» [Leonetti 1999: § 12.3.3.1]

Eventivos:

«A veces se llama ‘abstractos’ a los sustantivos eventivos, pero se trata en realidad de un tipo de sustantivos individuales (por tanto, contables) que no designan objetos físicos, sino acontecimientos o sucesos. Estos sustantivos pueden ser sujetos de verbos como tener lugar. He aquí una breve relación de sustantivos eventivos:

accidente, batala, cena, cacería, concierto, conferencia, curso, eclipse, desfile, encuentro, función, llegada, muerte, nacimiento, partido, paseo, reunión, sesión, tempestad

Muchos sustantivos son ambiguos entre la interpretación eventiva y la objetual.» [Bosque 1999: § 1.5.2.4]

 

Pluralización del sustantivo

 

«Puesto que el proceso de pluralización se produce en principio con todos los nombres, la diferencia esencial entre estos estriba en los efectos semánticos del contraste de número. Estos últimos sugieren que, en términos generales, el léxico del español incluye, al lado de los nombres que tienen una única forma plural (víveres) o cuyo uso lingüístico se limita al singular (grima, salud),

a) nombres cuyas formas de plural y singular contraen una oposición cuantitativa (libro / libros),

b) nombres cuyas formas no suponen por sí solas tal oposición ni un cambio de significado (pantalón / pantalones),

c) no implican más que una diferencia de intensidad (agua / aguas),

d) nombres en que dicha oposición implica un cambio de significado (belleza / bellezas).

Las formas singulares y plurales de a) y b) presentan los rasgos ‘concreto’ y ‘contable’, a diferencia de lo que ocurre con las de d) y, tal vez, con las de c). [...] La pluralización de los nombres contables está generalmente asociada al rasgo “más de uno”, aunque el comportamiento de muchos de ellos se asemeja a veces al de los sustantivos continuos y abstractos. En este sentido, revisten más interés aquellos casos en que la pluralización supone algo más que un contraste respecto de la cuantificación, es decir en que las formas singular y plural de un nombre difieren en su (significado y) referencia. Como ponen de manifiesto los ejemplos siguientes. Tales desajustes se producen a menudo y de manera más marcada y sistemática con sustantivos abstractos.

La pluralización de los nombres continuos [no contables] produce contrastes o cambios de significado generalmente asociados con procesos de recategorización que oponen a una materia o sustancia los tipos y las clases o medidas estándares en que puede ser acotada.

Sustancia/clase

cerveza

cervezas

queso

quesos

hierro

hierros

tela

telas

jabón

jabones

vino

vinos

 

Sustancia/medida

café

cafés

pan

panes

cerveza

cervezas

vino

vinos

 

Sustancia/objeto

algodón

algodones

paja

pajas

carbón

carbones

papel

papeles

jamón

jamones

tiza

tizas

 

Dichos nombres se prestan a la distribución que se observa en vino / un vino / vinos, por ejemplo, donde la primera forma presenta el rasgo ‘continuo’ [no contable], siendo las demás contables. También se recategorizan los nombres abstractos tomando diversas significaciones en el plural.

Abstracto/persona

belleza

bellezas

eminencia

eminencias

majestad

(Sus) Majestades

autoridad

autoridades

amistad

amistades

 

 

 

Abstracto o hecho

locura

locuras

tontería

tonterías

verdad

verdades

atención

atenciones

inquietud

inquietudes

interés

intereses

delicia

delicias

alegría

alegrías

 

Algunos nombres continuos, abstractos o colectivos igual que formas verbales como los infinitivos, admiten los llamados ‘plurales estilísticos’, que no cuantifican. Plural expresivo o estilítico:

Nombres continuos

agua

aguas

aire

aires

nieve

nieves

humo

humos

baba

babas

sopa

sopas

 

Nombres abstractos e infinitivos

pesar

pesares

parecer

pareceres

andar

andares

querer

quereres

paz

paces

esperanza

esperanzas

 

Nombres colectivos

gente

gentes

turba

turbas

público

públicos

muchedumbre

muchedumbres

 

Con tales formas la pluralización sólo aporta matices expresivos o estilísticos, puesto que no existe cierta equivalencia entre el singular y el plural, además de alguna información relativa y tipos en los plurales colectivos. [...]

En resumen, los nombres contables plurales indican cantidad o multiplicidad en los casos regulares. En los casos restantes la pluralización implica alguna modificación en la semántica del nombre singular, pareja a procesos de recategorización, metáfora o metonimia. Según el caso, puede indicar clase o aportar un matiz expresivo y, además, el nombre puede adquirir un significado o un referente nuevo. La pluralización conlleva generalmente un cambio semántico de abstracto a concreto, o a la inversa, a veces asociado con un cambio de significado. [...]

En el caso de los nombres propios de persona, la formación del plural sólo es posible cuando conlleva su recategorización como comunes (los goyas, los óscars) o cuando el nombre se refiere a la familia de un individuo (los Madrezo), a individuos que comparten un apellido, un apodo (los Osorio, los Albertos) o un rasgo co una persona (las Tatchers, los Cervantes de este siglo), o bien a ciertas obras de arte (un goya, un velázquez). Este parece ser también el caso de los nombres de marcas (las yamaha, los seat).» [Ambadiang 1999, § 74.3.2.1]

«¿Existe en la constitución misma de las cosas alguna explicación de que las percibamos como materias o como entidades individuales? Frente a lo que sería de esperar, todo parece indicar que la respuesta a esta pregunta es NO, aunque existen algunas tendencias no enteramente desdeñables. El que ciertos objetos físicos que nos rodean se muestren como sustantivos discontinuos [contables] (mesa, árbol, casa, lámpara) parece tener una base real en cuanto que su delimitabilidad se corresponde con la existencia en ellos de un contorno físico perceptible. Sin embargo, en cuanto salimos de estos ejemplos casi triviales, comprobamos que la lengua tiende a categorizar otras entidades como sustantivos continuos [no contables] o discontinuos [contables] sin que la naturaleza misma de las nociones designadas en la realidad aporta la información que parecería relevante. Así, mirada, mar, siglo, galaxia y problema son sustantivos contables, mientras que vista, agua, tiempo, espacio e interés son no contables, y trabajo e iniciativa figuran en las dos clases con igual naturalidad. Ciertamente, la lengua nos permite concebir todas estas nociones de una forma o de otra, pero no parece que el análisis de la realidad misma proporcione la información necesaria para deducir la categorización. El que el español consejo sea contable y su equivalente inglés advise sea no contable es un hecho que debe establecer el léxico de cada uno de estos idiomas. Veamos algunos ejemplos de tal variedad con sustantivos que denotan alimentos en español:

a) Contables:

dos kilos de {calamares / mejillones / alubias / pimientos / cigalas / sardinas / frijoles}.

b) No contables:

dos kilos de {sepia / merluza / repollo / caballa / jurel / bonito}.

Naturalmente, es posible decir una merluza, un bonito o dos sepias, pero existe una tendencia general a emplear como contables los sustantivos de a) y como no contables los de b), incluso si se trrata de animales que pertenecen a la misma especie. También podría decirse zumo de naranjas, como se dice puré de castañas; o tal vez helado de arándano, como helado de fresa (y no de fresas), pero lo cierto es que las formas preferibles son zumo de naranja (con singular continuo), y helado de arándanos (con discontinuo en plural). Más regular es el caso de cordero, pollo, conejo, cerdo o ternera, entre otros sustantivos que funcionan como continuos cuando se refieren a la carne de esos animales (¿Quieres pollo?, Comí tenera, Prefiero cerdo), y como discontinuos si se refieren a los animales mismos (¿Quieres un pollo?, Se compró una tenera). Frente a estos casos, carnero es muy infrecuente como sustantivo continuo, tal vez por razones pragmáticas. En la lengua existe un continuo „continuo vaivén“ entre estas alternancias. En general, la naturaleza de los objetos designados no ayuda demasiado a explicar la preferencia por la denominación que resulta más habitual en estos casos. El léxico debe pues establecer tales distinciones porque forman parte de nuestro conocimiento del idioma, no de la realidad que con él designamos.» [Bosque 1999: § 1.2.3.1]

«La interpretación por defecto de los continuos usados como discontinuos es la de clase o variedad: tres aguas significa “tres clases de agua” y varias arenas es comprensible con la interpretación “varios tipos de arena”. Esta interpretación está forzada por la sintaxis y no por el léxico: no cabe hacer una lista de sustantivos continuos que se interpretan como discontinuos con este significado, puesto que el fenómeno se extiende a todos ellos. Es importante señalar que los sustantivos abstractos continuos están sometidos a la misma interpretación. Podemos, pues, usar varios entusiasmos con el sentido de “varias clases de entusiasmo”. La recategorización sintáctica no se debe confundir, por tanto, con la léxica. La primera, qu se establece por defecto, nos permite interpretar cuatro luces como “cuatro tipos de luz”. La segunda, que debe estar estipulada, nos permite interpretar cuatro luces como “cuatro focos” o “cuatro puntos de luz”.

¿Por qué la interpretación ‘clase’ y no otra? Esta es una pregunta importante que no tiene respuesta fácil. Una interesante propiedad de sustantivos como clase o variedad es que admiten como complementos sustantivos discontinuos en plural o continuos en singular, pero tienden a rechazar los singulares discontinuos:

Las variedades de {lámparas/*lámpara/luz}.

Una clase de {??libro/libros}.

Una clase de {algodón/pan}.

Esta propiedad muestra que cuando los sustantivos clase o variedad introducen complementos plurales, se interpretan de forma cercana a sustantivos como grupo o conjunto, en el sentido en que toda clasificación supone una agrupación. Ello vincula de nuevo los discontinuos en plural con los continuos en singular. El plural impone entonces por defecto la interpretación individualizada: fuerza a los no contables a ser interpretados como entidades delimitadas, y por tanto a designar elementos agrupables. La constitución múltiple de los continuos proporciona de nuevo la agrupación de elementos necesaria. Recuérdese, no obstante, que la cuantificación sobre individuos no exige siempre plural (cabe usar una agua, en singular, con el sentido de “una clase de agua”) pero incluso en esos casos existe cardinalidad, es decir, se cuantifica sobre individuos y no sobre magnitudes.» [o. cit., § 1.2.3.2]

«De hecho, una de las propiedades más sobresalientes del sistema nominal español, frente al de otras lenguas, es la facilidad con la que los sustantivos pasan de la clase de los continuos a la de los discontinuos, y viceversa. Son muchos los sustantivos ambiguos entre una interpretación y la otra, lo que el léxico debe sin duda prever.

Veamos un ejemplo sencillo: el sustantivo jamón se usa como continuo en:

No quiero más jamón.

Es demasiado jamón.

Croquetas de jamón.

¿Hay jamón?

Huela a jamón.

Hecho de jamón.

y denota por tanto una materia, y como discontinuo en

Le regalaron un jamón.

Hay tres jamones sobre la mesa.

El jamón está entero.

Pienso comerme medio jamón.

y los sintagmas nominales correspondientes hacen referencia a objetos.

Como vemos, los cuantificadores indefinidos y la ausencia de determinante fuerzan la interpretación de jamón como nombre de materia, mientras que los cuantificadores cardinales y los modificadores entero y medio imponen la discontinua. Los artículos y otros determinantes no deciden siempre entre una y otra. Así, No le gusta el jamón es una oración ambigua (y por tanto se refiere a un objeto o a un tipo de alimento) y Prefiero este jamón también lo es en el mismo sentido. Tampoco el cuantificador la mitad selecciona una de las dos interpretaciones frente a la otra.

Como jamón se comportan otros muchos sustantivos que permiten que los sintagmas formados con ellos denoten individuos y también materias. Pueden por tanto aparecer en construcciones como las de

No quiero más jamón.

Es demasiado jamón.

Croquetas de jamón.

¿Hay jamón?

Huela a jamón.

Hecho de jamón.

o como las de

Le regalaron un jamón.

Hay tres jamones sobre la mesa.

El jamón está entero.

Pienso comerme medio jamón.

En esa lista están las siguientes:

ajo, algodón, caramelo, cristal, corcho, hellado, hierro, huevo, madera, manzana, pan, papel, pelo, pescado, piedra, queso, tela, tiza.

Es decir, el sustantivo queso es el núcleo de sintagmas nominales que designan objetos (un queso) y también de los que designan materias (con queso, pastel de queso). Análogamente, sabemos que un corcho puede designar un tapón, pero corcho designa una amteria en suelo de corcho o en Falta más corcho. Esta relación se extiende a los demás sustantivos de la lista anterior.

Los paradigmas de este estilo son relativamente excepcionales en otros idiomas. Así, suele llamar la atención el que el inglés tenga sustantivos como cake, que designan sustancias o materias, o bien objetos (one cake frente a some cake), lo que, como vemos, resulta normal en español. La situación descrita es poco frecuente en esa lengua, que generalmente necesita de un sustantivo ‘acotador’ o ‘mediador’ para realizar el cambio de categoría: a piece of cake (lit. “un pedazo de pastel”). No se diría, pues, a cotton (lit. “un algodón”), sino a piece of cotton (lit. “un pedazo de algodón”), frente a lo que el español permite. Morreale compara asimismo esp. un papel con it. un pezzo di carta (cabe añadir el inglés a piece of paper) y el citado un algodón con it. un batuffolo di cotone. Estos sustantivos acotadores resultan, pues, esenciales en el proceso de recategorización porque nos permiten obtener individuos a partir de magnitudes.» [o. cit., § 1.2.3.3]

 

Sustantivos contables y no contables - Resumen

 

«El significado del singular y de plural no se corresponde siempre con la referencia del primero a un ejemplar único de la clase de objetos designados por el sustantivo, ni la del segundo a la denotación de varios ejemplares de esa clase. Es evidente que el plural (cuando se opone al singular) designa siempre un conjunto más o menos amplio de objetos de una misma clase. Pero el singular, además de aludir muchas veces a un solo ejemplar de la clase en cuestión, puede también referirse al conjunto total de objetos incluidos en ella, con lo cual resulta equiparable con el plural, como El hombre es mortal = Los hombres son mortales. De este modo, mientras el plural se refiere siempre a varios objetos de una clase (o a todos ellos), el singular, que puede aludir a la unidad o al conjunto unitario de objetos de la clase dad, se caracteriza por su indiferencia a la pluralidad.

El doble valor significativo del singular explica el comportamiento diverso de dos clases de sustantivos: los contables y los no contables [Alarcos Llorach, Emilio: Gramática de la lengua española. Madrid: Espasa-Calpe, 1994, § 78]

Los sustantivos contables designan realidades que se pueden contar: tres libros, cuatro ordenadores.

§     son compatibles con numerales cardinales;

§     tienen plural;

§     son combinables con cuantificadores plurales sin cambiar el significado;

§     en singular no pueden funcionar como complementos directos (*quiero caballo), ni como sujeto de pasivas reflejas o de participio (*se encontró caballo / *fue encontrado caballo).

Los sustantivos no contables son lo que no se pueden contar, a no se que nos refiramos con ellos a clases o variadades distintas. Por ejemplo, la gente es sustantivo de materia no contable. El plural las gentes se refiere a una variedad o clase: "die Leute des Norden", "die Welt", "die Völker", "die Stämme".

§     no admiten numerales cardinales;

§     no tienen plural, excepto si se convierten en contables, y entonces significan clase, modalidad, variedad: estos vinos son los mejores, las aguas termales de Atotonilco, las gentes del norte;

§     admiten cuantificadores: mucho, poco, bastante, tanto, etc., pero no con plurales: mucha arena (no *muchas arenas).

§     en singular pueden funcionar como complementos directos (quiero agua) y como sujeto de pasivas reflejas o de participio (se encontró petróleo / fue encontrado oro).

 

Bibliografía

 

Ambadiang, Théophile: “La flexión nominal. Género y número”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe. 1999, § 74.3.2.1.

Bosque, Ignacio: “El nombre común”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe. 1999, § 1.1-7.

Leonetti, Manuel: “El artículo”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe. 1999, § 12.3.3.1.