LEÍSMO – LAÍSMO – LOÍSMO

Un enfoque sociolingüístico

 

Exposición, en líneas generales, del enfoque sociolingüístico de Inés Fernández-Ordóñez: “Leísmo, laísmo, loísmo”, en: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe. 1999, vol. I, pp. 1319-1390: § 21.1 - 21.6.


El paradigma de los pronombres personales españolas es el único ejemplo de conservación parcial del sistema pronominal latino. Los demostrativos latinos han dejado derivados en las formas tónicas y átonas del sistema pronominal español.

 

caso

lengua

masculino

femenino

neutro

nominativo

latín

ille

illa

illud

castellano

él

ella

ello

dativo

latín

illi / illis

castellano

le / les

acusativo

latín

illum / illos

illam / illas

illud

castellano

lo / los

la / las

lo

 

Al sistema pronominal español que distingue el caso entre dativo y acusativo y para ello emplea las formas heredadas del acusativo y dativo latinos para la tercera persona se le suele llamar ‘etimológico” o sistema distinguidor del caso.

 Junto a este uso etimológico, existen en español empleos de los pronombres átonos de tercera persona en los que la selección de la forma pronominal no viene determinada por la posición o función sintáctica del antecedente [Bezugswort], es decir, se confunden los casos a favor de una referencia que categoriza al antecedente en continuo o discontinuo, y si es discontinuo, atiende al género y al número. Es el confundidor del caso o sistema referencial. Los usos en este sistema han recibido tradicionalmente el nombre de ‘leísmo’, ‘laísmo’ y ‘loísmo’.

LEÍSMO

le en lugar de lo (raras veces la) para el complemento directo.

le para el singular masculino y personal = muy frecuente y extendido

a Juan no le conozco muy bien

le para el singular masculino de cosa = un difusión más reducida

¿tu coche? no le he visto apartado por ningún lado

les para el plural = menos frecuente que en singular

recogí a los niños y les llevé al cine

le/les para objeto directo femenino personal = es el más raro

a la vecina hace tiempo que no le veo

a las vecinas hace tiempo que no les veo

le referido al neutro no se documenta [ist nicht belegt]

LAÍSMO

empleo de la en vez de le para dativo femenino personal (raras veces para el de cosa), tanto singular como plural

el laísmo presenta una incidencia levemente mayor en el singular que en el plural

a mi novia la regalé un anillo de oro

la tortilla, cuando esté pasada por un lado, la das la vuelta

a las chicas de hoy las gusta fumar e ir a la discoteca

a las rosas hay que echarlas mucho abono

LOÍSMO

es la desviación de los usos pronominales menos común de todas:

lo/los en lugar de le/les para dativo masculino y neutro

se acercó a él y lo pegó una bofetada

y cuando todo esté cocido, lo echas la sal

a eso yo no lo doy muchas importancia

a los obreros los he llevado unas cervezas

Algunos emplean el término ‘loísmo’ para el uso de lo como acusativo masculino singular en oposición al leísmo, uso de le para la misma situación.

 


Los diversos sistemas de uso

 

«Desde antiguo el uso de los pronombres ha estado sujeto a valoraciones por parte de la comunidad lingüística hispanohablante que no siempre son fáciles de evaluar hoy correctamente y que pueden haber influido en los usos de la lengua culta desde antiguo. [Esto es de tener en cuenta especialmente] para los datos recogidos desde principios del siglo XIX, cuando la RAE comienza su actitud de condena progresiva de todos los empleos confundidores, hasta el momento actual, en que la Gramática académica tan sólo tolera, sin preferirlo, el leísmo aplicado a objeto personal masculino en singular.» (Fernández-Ordóñez, p. 1322)

«En el siglo XVIII, la pujanza del leísmo fue tal que en 1796 la Academia declaró que el uso de le era el único correcto para el acusativo masculino; después, rectificando este exclusivismo, fue haciendo sucesivas concesiones a la legitimitad de lo, hasta recomendarlo como preferible.» (Lapesa, Rafael: Historia de la lengua española. Madrid: Gredos, 1968, p. 303)

Sistema distinguidor del caso entre dativo y acusativo (Kasusunterscheidung).

Sistema basado en el caso:

 

 

masculino

femenino

masculino

femenino

singular

plural

DATIVO

le

les

ACUSATIVO

lo

la

los

las

 

Sistema del estándar: Es idéntico al sistema distinguidor del caso, pero tolera le para el acusativo personal en el masculino singular. «Es el sistema de uso que se ajusta básicamente a lo defendido al respecto por la Real Academia Española.» (ibd., § 21.6)

 

 

masculino

femenino

masculino

femenino

singular

plural

DATIVO

le

les

ACUSATIVO

lo/le

la

los

las

 

Sistema confundidor del caso entre dativo y acusativo, llamado Sistema referencial (Aufhebung de kasuellen Differenzierung Dativ-Akkusativ, fehlende Kasusunterscheidung): desatiende las distinciones de caso para establecer la referencia atendiendo a la categorización del antecedente en continuo o discontinuo, y si es discontinuo, al género y número. Es propio del habla popular y coloquial de algunas zonas peninsulares.

 

 

discontinuos

[zählbar]

continuos

[nicht zählbar]

SINGULAR

PLURAL

 

masculino

femenino

masculino

femenino

ACUSATIVO

 

le

 

la

 

les / los

 

las

 

lo

 

DATIVO

 

Ejemplos de sustantivos discontinuos / contables: niño, perro, árbol, coche, camisa.

Ejemplos de sustantivos continuos / no contables: vino, trigo, agua, carbón, barro, café, leche.

«A partir del análisis de la lengua hablada actualmente, diversos autores han ido constatando la inadecuación de la hipótesis más conocida para explicar las confusiones casuales y han elaborado diferentes interpretaciones del fenómeno relacionadas con el área geográfica investigada en cada caso. Gracias a estudios de carácter sociolingüístico, se ha comprobado asimismo la necesidad de diferenciar en todas las zonas entre el habla culta [Hochsprache], siempre bastanta próxima al sistema distinguidor del caso, del habla popular [Umgangssprache], que representa el sistema autóctono de la zona. Por todo ello, al hablar de las confusiones de caso pronominal, hoy deben distinguirse en la interpretación básicamente tres situaciones muy diversas entre sí:

a)     el leísmo de las zons que distinguen el caso pronominal,

b)     el leísmo (y eventualmente un extraño loísmo) de las zonas donde el español convive con lenguas no-indoeuropeas, y los lugares en que

c)      el leísmo se acompaña de las otras dos confusiones pronominales el laísmo y el loísmo.

En cada una de estas tres situaciones, los usos pronominales autóctonos de cada lugar conviven con el de la lengua estándar, seguido con mayor o menor fidelidad por los individuos del estrato sociocultural más elevado, tanto cuando escriben como cuando hablan. Este carácter de marcador sociolingüístico que presentan las confusiones de caso creo que es el factor que ha determinado esencialmente su tradicional incomprensión por parte de los gramáticos.» (Fernández-Ordóñez, p. 1322)


 

I. EL LEÍSMO EN LAS ZONAS QUE DISTINGUEN EL CASO

 

Zonas distinguidoras españolas:

Asturias, Navarra, Aragón, León, Extremadura, La Mancha, Murcia, Andalucía oriental.

«En las zonas en que los clíticos distinguen el caso la única confusión pronominal que tiene lugar es el leísmo, y siempre en porcentajes extremadamente minoritarios». (Fernández-Ordóñez, § 21.2.)

La variación le/lo, la se registra en varias situaciones:

1.      Alternancia de los pronombres de dativo y acusativo con algunos verbos.

2.      ‘Leísmo de cortesía’, asociado al tratamiento de respeto con usted.

3.      le para el acusativo singular y personal, propio de la lengua culta y escrita.

1. Alternancia pronominal del caso en algunos verbos

Se trata de casos de leísmo aparente y no de ejemplos de leísmo real:

a)     Verbos que presetan alternancia en su régimen pronominal: se trata de casos de leísmo aparente y no real. La elección de le/lo, la en ciertas construcciones está determinada por la estructura y significado del verbo.

§     Verbos de afección ['Verba sentiendi': denken, wahrnehmen, fühlen]:
Verbos en los que predomina la interpretación agentiva prefieren el acusativo: aburrir, asombrar, asustar, alentar, atraer, aterrorizar, consolar, decepcionar, distraer, divertir, escandalizar, encolerizar, entretener, entusiasmar, impresionar, inquietar, irritar, mortificar, sorprender.
Verbos en que la interpretación estativa es esperable, se inclinan habitualmente al dativo: complacer, desagradar, disgustar, encantar, halagar, interesar, molestar, preocupar.

§     El sujeto de las cláusulas de infinitivo: los verbos suasivos o de influencia que pueden acompañarse de oraciones de infinitivo también presentan variación en el caso que pronominaliza el sujeto del infinitivo.
Los verbos
permitir, prohibir, impedir, proponer, mandar, ordenar pronominalizan su sujeto en dativo: No le permiten ir al cine. / A los niños les mandaron a la cama.
Verbos como
obligar a, invitar a, convencer de, incitar a, animar a, forzar a, autorizar a, en que el infinitivo va precedido necesariamente de una preposición, lo pronominalizan en acusativo: El jefe lo autorizó a marcharse. / A los niños los obligaron a irse a la cama.
«Esta asignación de caso subordinada a la estructura de la oración de infinitivo no es completamente regular en todas las zonas distinguidoras. [...] Ello es atribuible a que las perífrasis causativas muestran una evolución desde los ejemplos más antiguos, en que el dativo parece haber sido el caso generalizado para pronominalizar el sujeto del infinitivo con cualquier verbo causativo, hasta el momento actual, en que ciertas áreas y para ciertos verbos (
hacer / dejar, en menor grado mandar) están sustituyendo el dativo primitivo por el acusativo. Algo semejante podemos observar en los verbos de percepción ver y oír seguidos de una oración de infinitivo.» (Fernández-Ordóñez, p. 1327)

§     Verbos que pueden omitir u omiten regularmente su objeto directo: «En estos casos, un segundo objeto pronominalizado en dativo resulta el único objeto expreso. En realidad, el objeto pronominalizado en dativo no es directo, sino indirecto, y el cambio de caso entraña siempre un cambio de estructura (y de significado). No cabe hablar, pues, de leísmo.» (íbd., p. 1328)
Verbos:
atender o servir.
«El uso generalizado de los verbos
pagar, robar, aplaudir y silbar interpreta su objeto directo como inanimado, de modo que el pronombre de dativo se refiere necesariamente al objeto indirecto aunque el directo no esté presente. Si se ha hablado de leísmo en estos casos es porque una minoría de hablantes, fundamentalmente americanos (y del Cono Sur), pueden emplear el acusativo referido a un objeto animado. Ello supone una reinterpretación del verbo, aumentando su grado de transitividad e implicando un cambio de significado. En pagar significa “recompensar, contentar”, en robar puede ser sinónimo de “raptar” o “atracar” y en silbar denota “abuchear”.» (íbd., p. 1329)
Otro tipo está representado por
tocar o seguir. La alternancia entre dativo/acusativo en tocar también se explica por la existencia de un objeto sobreentendido que pertenece o forma parte de la entidad denotada por el objeto indirecto. Igualmente, cuando seguir se acompaña de dativo parece sobreentender un objeto directo con el significado de “los pasos, la ruta, el camino”. Con estos dos verbos el objeto indirecto puede ser animado o inanimado.
En otras ocasiones, el cambio de estructura va asociado a un significado completamente diverso para el verbo en cuestión. Dos de los ejemplos más significativos de este cambio son
pegar y tirar.
En las construcciones anteriores, las alternancias entre le/lo, la no son libres.
«Ciertos verbos pueden esconder el complemento directo en la frase; pero se sobreentiende porque siempre podemos introducirlo. El pronombre, en cualquier caso, es complemento directo.
   
*A mi hija la pegaron. (correcto: ... le pegaron)
El complemento directo sería golpes, una patada, un puñetazo, que puede aparecer en la frase cuando el hablante quiera. La frase con la es correcta cuando pegar significa ‘adherir’:
   
Ya pegué la tela .... ya la pegué.

        Ya pegué el sello ... ya lo pegué.
Por tanto, la frase “A mi hija la pegaron” significaría que “la adhirieron [a algún sitio]”.
   
A mi novia, hace tiempo que no la escribo. (correcto: ... le escribo)
El complemento directo sería una carta, cartas, unas letras (la escrita no es mi novia, sino la carta).»
[Gómez Torrego, L.: Manual de español correcto. Madrid: Arco/Libros, 1991, vol. 2,  pp. 54-55]

b)     Variación dialectal en la asignación del caso en ciertos verbos y construcciones: «variación generalmente debida a la lucha entre soluciones arcaizantes y soluciones innovadoras.» (ibd., p. 1323)
«En general, se trata de verbos transitivos cuyo régimen habitual en español medieval era el dativo y que, bien desde antiguo, bien desde época más reciente, están convirtiéndolo en el acusativo.
Ayudar, aconsejar, avisar, enseñar, obedecer, picar, reñir y temer son algunos de los más notables. La transformación del régimen verbal de dativo en acusativo no se ha producido con la misma intensidad en todos estos verbos ni en las varias áreas distinguidoras. En general, las zonas que mantienen la distinción de caso en el norte y centro peninsulares suelen conservar el régimen originario, mientras que las vacilaciones pueden encontrarse ya en Andalucía y Canarias, y la generalización del acusativo en América, especialmente en el Sur (Perú, Argentina, Chile y Uruguay).
En la mayor parte de las zonas distinguidoras españolas el verbo
ayudar pronominaliza en dativo el objeto que recibe la ayuda, tanto si se acompaña o no de una oración de infinitivo introducida por a. Este régimen también se conserva en áreas canarias, México y América central, pero en Andalucía occidental, Canarias y Sudamérica también se emplea el acusativo en las mismas condiciones, incluso como solución preferente o única.» (íbd., p. 1330-1331)
Otro grupo de verbos cuyo régimen ha sido reinterpretado:
avisar, obedecer, temer y amenazar.
Todos estos grupos de verbos presentan una característica común que quizá pueda aclarar por qué se sustituyó el dativo primitivo por el acusativo: la transitividad preposicional. «Algunos como ayudar a/en exigen categóricamente la preposición; otros, como obedecer (a), temer (a), avisar (de), enseñar (a), alternan el régimen preposicional con el directo para expresar su objeto inanimado. Aunque amenazar (con/de) sólo admite hoy día el régimen preposicional, puede incluirse en este grupo ya que antiguamente también podía construirse con dos objetos. [...] Otros verbos que pueden verse afectados por el mismo fenómeno son informar (de), invitar a, acusar (de), criticar (por), felicitar (por) de los que se menciona en ocasiones un comportamiento leísta.» (íbd., p. 1333-1334)
Otros verbos cuyo régimen parece haberse reinterpretado:
reñir (y regañar), picar y aconsejar, en los que se sobreentiende un objeto directo. En su empleo más generalizado, reñir, regañar, reprender conservan el dativo primitivo. Picar exige igualmente el dativo para sus objetos, animados o no. Como en el caso de tocar o cortar parece existir un objeto sobreentendido que denota “la parte picada”.

c)      Verbos cuyo objeto directo requiere un complemento predicativo: llamar: «Todas las zonas distinguidoras del caso parecen mostrar variación en el caso asignado al objeto directo del verbo llamar cuando este se presenta aumentado por un complemento predicativo [‘prädikative Ergänzung’]. La construcción, que en latín exigía un doble acusativo, parece haberse reinterpretado desde antiguo en romance como una estructura transitiva con complemento predicativo obligatorio (una especie de unidad clausal mínima), donde el primitivo objeto directo se construye como indirecto, quizá por analogía con decir, que siempre exige dativo. Esta reinterpretación, sin embargo, no se presenta hoy uniformemente en todo el mundo hispanohablante, de modo que podemos encontrar áreas de predominio del dativo y otras de acusativo mayoritario, aunque siempre ambos coexisten.» (íbd., p. 1335).

d)     Se impersonal seguido de pronombre átono: «Algunos autores han hablado de leísmo cuando una oración impersonal transitiva con se emplea le(s) para referirse a su objeto directo. Sin embargo, como ya señalaron Cuervo y Santiago, le(s) es la solución que originariamente exigían estas oraciones, con independencia del género del objeto. Aunque las probabilidades de pronominalización del objeto son mayores si este es animado, también es posible, aunque muchísimo menos frecuente, si es inanimado: A Juan se le apreció desde el momento que entró en la empresa. / A mis sobrinas se les conoce sólo cuando se les trata. / Los espectáculos de este año no han tenido éxito. Se les ha criticado mucho. / Las rosas son muy delicadas. Sólo florecen si se les riega bastante (íbd., pp. 1336-1337)
«Cuando el pronombre personal de 3. persona en función de complemento directo concurre con se en oraciones de sentido impersonal, hay duda entre usar le, les para masculino y femenino ("Se les castigará", 'ellos serán castigados' o 'ellas serán castigadas') o bien le o lo, los para masculino ("Se los castigará", 'ellos serán castigados') y la, las para femenino ("Se las castigará", 'ellas serán castigadas'). Aunque es cuestión mal dilucidada por los gramáticos, el hecho es que en la lengua general de hoy, en España, se prefiere la opción: masculino, se le, se les; femenino, se la, se las; en América: masculino, se lo, se los; femenino, se la, se las.» (Seco, Manuel: Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española. Madrid: Espasa-Calpe, 1998, p. 180)

Recapitulación:

«Las construcciones aquí presentadas no ofrecen leísmo, esto es, confusión entre dativo y acusativo. La selección del caso se ve condicionada por la naturaleza de la construcción y, en consecuencia, no es fortuita, arbitraria ni libre, sino que implica un cambio de estructura y significado. Por otro lado, la alternancia en la selección de caso en las construcciones analizadas pone de manifiesto un hecho no contemplado hasta ahora y es el de que en las zonas distinguidoras del caso puedan existir diferencias en el caso regido por ciertos verbos y en ciertas estructuras dependiendo de las áreas geográficas (y probablemente de diferencias sociológicas entre los hablantes). Resulta evidente que a lo largo de la historia del español ha tenido lugar una extensión del acusativo a costa del dativo en verbos y construcciones que primitivamente exigían este caso. Dentro de los territorios distinguidores los más cercanos a la situación primitiva parecen ser los peninsulares, con la salvedad de Andalucía occidental. En Canarias parecen coexistir soluciones arcaizantes, en áreas rurales y en las islas más alejadas, e innovadoras, en las islas principales y en áreas urbanas. Dentro de Hispanoamérica, Cuba, México, América central, Venezuela y Colombia se muestran más cercanas a la Península en su empleo de los pronombres que los países del Cono Sur, que constituyen con diferencia el territorio más proclive a la generalización del acusativo.» (Fernández-Ordóñez, p. 1339)

2. El leísmo asociado al tratamiento de respeto: “Leísmo de cortesía”

«Muchos de los ejemplos de leísmo que se mencionan en las áreas distinguidoras entroncan con una tendencia que es común a todo el mundo hispanohablante: la de emplear le referido al oyente en el tratamiento de respeto con usted. Lorenzo Ramos (1981) lo bautizó como ‘leísmo de cortesía’. Este leísmo, que no ha recibido toda la atención que merece, se ha explicado como un procedimiento de desambiguar la tercera persona así como de marcar formalmente la mayor prominencia comunicativa del oyente frente a una tercera persona no partícipe de la conversación:

Ayer lo vi en el parque [a él].

Ayer le vi en el parque [a usted].

En definitiva, el empleo de le referido a usted parece ser un procedimiento de destacar que la referencia de la tercera persona debe buscarse en la situación comunicativa y de señalar que no posee, en consecuencia, valor anafórico. [...]

Este leísmo debe clasificarse junto a otros usos atípicos de los pronombres personales que protagoniza usted como consecuencia de su condición de tratamiento de respeto.

Hay que señalar que este leísmo de cortesía afecta a usted maculino en una medida mucho más elevada que al usted femenino.

De acuerdo con las mediciones de Uruburu sobre el habla de Córdoba capital, le se emplea como pronombre de objeto directo asociado a usted maculino en un 70% y les referido a ustedes masculino en un 55%, frente al escaso 10-15% de le(s) referido a usted(es) femenino. El procentaje más elevado del singular masculino debe ponerse en relación con la existencia de leísmo de persona masculino y singular como uso prestigioso en muchas áreas distinguidoras.» (íbd., § 21.2.2., p. 1340)

«El leísmo de cortesía está admitido. Se trata del empleo de la forma "le" (o "les" para el plural) en función de complemento directo cuando se refiere a un interlocutor al que se trata de usted: Le invito / Les invito; Le acompaño / Les acompaño. Aunque el "leísmo de cortesía" no está tan generalizado cuando el interlocutor es femenino, debe considerarse aceptable, especialmente en fórmulas fijas de saludo o despedida del tipo "Le saluda atentamente" y similares.» [Información del Departamento de Español al día de la RAE]

3. El leísmo como “uso prestigioso

Entre los hablantes cultos y los escritores existe un leísmo aplicado exclusivamente a referentes masculinos, personales y singulares por el deseo de aproximarse al uso de la lengua estándar peninsular, el uso más prestigioso.

«Algunos verbos son los preferidos para practicarlo, como conocer, querer, esperar, llegar, ver y de su difusión debe responsabilizarse a gramáticas que como el Esbozo (RAE 1973) lo admiten como práctica propia de la lengua culta, así como a la influencia ejercida por la norma estándar peninsular, que acepta plenamente este leísmo a través de todas sus manifestaciones.» (íbd., § 21.2.3., p. 1340-1341)

 


 

II. LEÍSMO Y OTRAS ALTERACIONES DEL USO PRONOMINAL ÁTONO

en el español hablado en contacto con otras lenguas no-indoeuropeas

 

«El contacto del español con otras lenguas puede producir alteraciones en el comportamiento de los clíticos de tercera persona que nade tienen que ver con el leísmo de las áreas distinguidoras. En todos los casos, las lenguas en contacto con el españolno pertenecen a la familia indoeuropea ni poseen la categoría gramatical de género (además de diferir del español en la expresión de las de número y caso). En todos los casos, asimismo, las modificaciones que el contacto lingüístico desencadena en el empleo de los pronombres del español son muy semejantes. Estas áreas se caracterizan por

1.      la omisión del pronombre átono en contextos en que su presencia es obligatoria en el resto de dialectos hispánicos,

2.      la extensión de la redundancia pronominal a los objetos directos, y no sólo a los indirectos como es propio de la mayor parte de las variedades del español,

3.      la simplificación del paradigma pronominal, reduciéndolo a uno o dos pronombres, le o le y lo, según las áreas

Estas tres características sólo se repiten conjuntamente en dialectos del español que están (o han estado largo tiempo) en contacto con lenguas como el quechua, el aimara [en el español andino], el guaraní [en el Paraguay] y el vasco [en Euskadi], y nunca en otras variedades.

En muchas de las situaciones que analizaremos, los rasgos que caracterizan el español hablado en esas zonas no son sólo propios de los bilingües con escaso dominio del castellano sino que han penetrado en la norma estándar regional, siendo empleados por hablantes del nivel socio-cultural medio y alto, tanto bilingües como monolingües en español desde varias o muchas generaciones atrás.» (íbd., § 221.3, p. 1341)


 

III. EL USO PRONOMINAL CASTELLANO: EL SISTEMA REFERENCIAL

 

«El empleo de los pronombres átonos de tercera persona se ajusta en el español hablado hoy en la mitad noroccidental de Castilla a principios basados exclusivamente en las propiedades inherentes del antecedente [Bezugswort], prescindiendo de la posición (a saber, función) sintáctica que este ocupe en la oración. Se viene conociendo este sistema con el nombre de ’referencial’ porque los principios que deciden la elección del pronombre desatienden las distinciones funcionales de caso para establecer la referencia atendiendo, en primer lugar, a la categorización del antecedente en continuo o discontinuo, y en segundo lugar, si es discontinuo, al género y al número.» (Fernández-Ordóñez, § 21.5.1.)

Aunque en el plural la eliminación del caso es tan general como en el singular, el pronombre escogido para referir a antecedentes masculinos y discontinuos varía según las zonas.

A) Área norte:

este de León, Palencia, noroccidente de Burgos, Valladolid

B) Área sur:

Salamanca, Ávila, este de Cáceres, oeste de Toledo y de Madrid

C) Área este:

este y sur de Burgos, sur de Valladolid, norte y centro de Segovia, oeste de Soria

Esta es la tabla que representa el paradigma castellano occidental de los pronombres átonos:

 

 

discontinuos

[zählbar]

continuos 

[nicht zählbar]

SINGULAR

PLURAL

 

masculino

femenino

masculino

femenino

ACUSATIVO

 

le

 

la

les [A]

los [B]

les ~ los [C]

 

las

 

lo

DATIVO

 

 

[Fuente: http://www.miradorvr.com/mapa.htm]

[Fuente: http://www.castillosnet.org/mapa.php]

 

«La renuncia paulatina a las pautas referenciales no sólo se manifiesta en las zonas transicionales, delimitadas geográficamente, sino que también se encuentra en los hablantes de cualquier área referencial según va aumentando su nivel socio-cultural. Ello se atribuye al deseo de aproximarse en el uso al sistema que distingue el caso, propio de la lengua culta. Lo curioso es que no todos los usos referenciales se ven sometidos a idéntica censura y sólo una parte de ellos se ve puesta en entredicho. [...] En definitiva, la progresiva disminución de los empleos referenciales muestra la tendencia en todas las zonas a aproximarse al empleo sancionado como correcto en la lengua culta peninsular. La existencia de esta escala de valoración y de corrección progresiva de los usos referenciales debe haber surgido ya desde tiempos pasados, lo que explicaría que siempre fuera el leísmo personal masculino y singular el único empleo abiertamente presente en la lengua escrita.» (Fernández-Ordóñez, § 21.5.2.2.)


 

IV. EL USO DE LOS PRONOMBRES ÁTONOS EN EL ESPAÑOL ESTÁNDAR

 

«Por encima de los varios sistemas de referencia pronominal, empleados en el habla popular y coloquial, existe en la lengua de nivel sociocultural elevado de todas las áreas del mundo hispanohablante la tendencia a renunciar parcialmente a las características propias de cada dialecto a favor de un sistema de uso que se ajusta básicamente a lo defendido por la Real Academia Española (RAE). Este sistema, que podríamos denominar estándar, es idéntico al sistema distinguidor del caso con la salvedad de tolerar le para objetos directos personales en el masculino singular. Es el seguido mayoritariamente por los medios de comunicación así como por muchos de los hispano-hablantes cultos de regiones no-leístas.» (íbd., p. 1386: § 21.6)

El sistema del estándar en la lengua escrita

«Desde mediados del siglo XXIX el empleo de le en la lengua literaria reduce su ámbito de aparición, pues poco a poco se reserva para antecedentes masculinos y personales, frente a su extendido uso para referir antecedentes no-personales en los siglos XVII y XVIII. En esta reducción del ámbito de aplicación del le acusativo tuvo, sin duda, un papel importante la postura de la RAE. Hasta entonces le había sido la única forma oficialmente tolerada por esa institución como acusativo masculino, con prohibición expresa de lo. En 1854 se produce un cambio radical en esta cuestión dictaminando que lo constituye el acusativo masculino, que “nunca o rarísima vez convendría el le acusativo a pronombre de cosa” y “que aun en pronombre de persona u otro ser viviente, o al menos orgánico, no debe usarse el acusativo le cuando el nombre en igual caso llevaría el artículo definido el, sino cuando le correspondería el artículo al” (Cuervo 1895: 231-232). La postura académica resultó de aceptar la propuesta que el valenciano Salvá (1830) había incluido en su gramática, refrendada después por Bello (1847) en la suya, y se ha mantenido en lo fundamental hasta hoy en el Esbozo (RAE 1973), la última gramática académica.

Ello explica que el leísmo en la literatura de escritores nacidos en áreas distinguidoras se haya ido restringiendo al ámbito de los personal. [...] En cuanto a la la lengua literaria de los escritores nacidos en el área referencial el análisis de textos muestra que ha evolucionado a lo largo del tiempo para adaptarse a los parámetros de la lengua estándar.» (íbd., § 21.6.1., p. 1387)

El sistema del estándar en la lengua hablada

«La tendencia, bien conocida, que elimina las particularidades locales de la lengua hablada por los estratos de la sociedad con mayor cultura se manifiesta, en el caso de los pronombres personales átonos de tercera persona, favoreciendo el sistema de la lengua estándar. La potenciación del sistema del estándar da lugar en cada área a comportamientos diversos según se trate de introducir empleos ajenos a la zona o de suprimir algunos de los genuinos en ese territorio. [...]

«Hay que puntualizar que solamente ciertos contextos sintácticos favorecen esta penetración del leísmo en la lengua estándar. Se trata fundamentalmente de las oraciones transitivas con un único objeto argumental, cuya asignación de caso puede ser dudosa (en oposición a las ditransitivas [con objeto directo e indirecto] en las que la asignación de caso resulta obvia).» (íbd., § 21.6.2., p. 1388-1389)

«No es fácil llegar a saber cómo se constituyó este sistema de la lengua estándar peninsular. En su formación deben esconderse tanto razones de carácter gramatical como motivos históricos y sociológicos.

Desde el punto de vista lingüístico, tanto García (1992) como Klein-Andreu (1981 y 1992) han sugerido que el sistema del estándar pudo nacer como un sistema de ‘compromiso’ a partir de la reunión de los rasgos comunes al sistema distinguidor del caso y al sistema referencial.» (íbd., § 21.6.3., p. 1389)

El compromiso consistiría en una reinterpretación  de los valores denotativos de le como animado y lo como inanimado. En el sistema referencial se emplea el le discontinuo para los animados masculinos, mientras que el lo continuo remite exclusivamente a inanimados.

«La prueba nos la ofrece el empleo de los pronombres en el habla autóctona de una de las zonas de transición entre los sistemas referencial y distinguidor del caso, situada al sureste de la ciudad de Madrid, que se ajusta exactamente a los parámetros del sistema estándar. Aunque no es seguro que el habla de esta zona jugase algún papel en la creación de este sistema, su ubicación geográfica, tan próxima a Madrid, parece sugerirlo, sin que haya que descartar que la desmotivación de los valores de le / lo como discontinuo / continuo y su relectura como animado / inanimado pueda haber tenido lugar en cualquier otra situación de contacto entre el sistema referencial y el distinguidor del caso. [...] Ello sugiere que la reinterpretación de le como animado y de lo como inanimado debía surgir naturalmente cuando se consideraban globalmente los datos sobre el empleo de los pronombres procedentes de los territorios castellanos referenciales y distinguidores.» (íbd., § 21.6.3., p. 1390)

 


Norma académica para el uso culto y literario

 

"Cuando el antecedente del pronombre de acusativo sea un nombre de persona masculino singular, se puede emplear indistintamente LO o LE, puesto que se trata del único caso de leísmo admitido por la norma culta de nuestro idioma:

Así, se puede decir:

VI A JUAN. LO VI o LE VI.

Pero solamente se puede decir:

VI A MARÍA. LA VI.

VI A MIS HERMANAS. LAS VI.

VI A MIS HERMANOS. LOS VI.

VI AL PERRO. LO VI.

Aunque se emplea en la práctica el leísmo de persona masculina plural (*LES vi en el cine), no está admitido por la norma culta de nuestro idioma."

[Departamento de Español al día - Real Academia Española (RAE)]

"No prospera tanto el acusativo plural les como el singular le. Incide también en algunas zonas más que en otras de León y Castilla, o como una preferencia personal, la distinción entre un acusativo le referido a personas y el acusativo etimológico lo referido a cosas. Conviven, pues, en esos territorios dos sistemas irreconciliables y ninguna acción de política lingüística parece más conveniente, en beneficio del orden y la claridad, que la de dar paso, en lo posible, a las formas etimológicas." [RAE: Esbozo ..., § 2.5.2 d, p. 205]

 

Formas átonas del pronombre

personal de 3a persona

sistema válido para todo el mundo hispano

caso

dativo

acusativo

género

masculino/femenino

masculino

femenino

singular

le

lo

la

plural

les

los

las

 

Formas átonas del pronombre

personal de 3a persona

sistema del estándar y norma culta (RAE)

caso

dativo

acusativo

género

masculino/femenino

masculino

femenino

singular

le

lo/le

la

plural

les

los

las

 

Sp.

Deutsch

le

les

lo

la

los

las

ihm

ihnen / Ihnen

es / ihn

sie [femenino/singular]

sie [masculino/plural]

sie [femenino/plural]

 

[Justo Fernández López]