ADJETIVO ADJUNTO AL SUSTANTIVO

Teorías sobre la posición del adjetivo atributivo

© Justo Fernández López


 

Advertencia preliminar

 

«Los comportamientos de los adjetivos en lo referente a su posición respecto del sustantivo no siguen una fórmula fija. En esta cuestión “no se trata de leyes, sino de tendencias”, como dice Gili Gaya (1970: 216); la inmensa mayoría de los adjetivos del español son susceptibles de ser colocados antes o después del sustantivo al que sirvan de adjunto. Las formulaciones sobre el orden SA o el orden AS, por muy genéricas que sean, sufren excepciones, porque son muchos los fasolectos, y aún más las preferencias contextualizadas, que determinan dicha colocación. Esto hace que, pese a los argumentos que fundamentan cualquier planteamiento teórico, persista la duda y se origine una inquietud por intentar un esquema “más” conveniente.

La posición de los adjetivos no está condicionada por un solo tipo de causas. Ninguna función ni clase explica por sí sola el orden SA o el AS. Lo que se da, más bien, es un entrecruzamiento de diversas clases y funciones de adjetivos, que da lugar a un conjunto variado de causas de la colocación del adjetivo antes o después del sustantivo. Sin embargo, y pese a la variedad de motivaciones, no estamos ante una casuística inordenable: hay unas pocas orientaciones claras –aunque contengan excepciones– que permiten conocer cuáles son las pautas de la colocación del adjetivo adjunto.» [Almela 2000: 293]

 

Citas y opiniones

 

«Suele preceder el adjetivo cuando significa una calidad propia o esencial del objeto:

Amarga adelga, duro hierro.

Por el contrario, se posterga comúnmente el adjetivo si denota alguna circunstancia accidental o que no es esencia de la cosa, como

Vino agrio, música instrumantal.» [Salvá (1831) 1988: 326]

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«De dos maneras puede modificar el adjetivo al sustantivo: o agregando a la significación del sustantivo algo que necesaria o naturalmente no está comprendido en ella, o desenvolviendo, sacando de su significación algo de lo que en ella se comprende, según la idea que nos hemos formado del objeto. En el primer caso, el adjetivo particulariza, especifica, en el segundo, desenvuelve, explica.» [Bello 1847: § 47]

Según Bello, los adjetivos antepuestos desenvuelven la significación del sustantivo, y los pospuestos agregan la suya a la del sustantivo.

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«La diferencia entre el adjetivo antepuesto y el adjetivo pospuesto es la siguiente: el primero encierra un atributo afectivo; el segundo, una distinción lógica. Estamos, pues, plenamente autorizados a decir que el adjetivo antepuesto representa la intervención del elemento humano, del sentimiento, en el mundo de valores objetivos representado por los sustantivos. Los adjetivos antepuestos representan nuestra manera de sentir las realidades del mundo.» [Pedro Salinas: Ensayos de literatura hispánica. Madrid: Aguilar, ³1967, p. 189 + 190]

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«Se advierte una oposición entre las lenguas germánicas, que anteponen normalmente el adjetivo, y las lenguas románicas, que tienden a posponerlo, pero permitiendo una gran libertad en esta colocación.

El francés ocupa una posición intermedia. Por una parte ha fijado en una gran mayoría de casos el lugar de los adjetivos, con clara tendencia a posponerlos; en otros varía grandemente el significado de éstos al cambiarlos de posición: neuf, nouveau, mientras que en número más restringido de ocasiones, y casi siempre con fines literarios o de expresión afectiva, permite una cierta libertad en la colocación.

En español, como en portugués y en italiano, es más libre, aunque no caprichosa, la colocación de los adjetivos, y su variación permite una cierta libertad en la colocación.

El adjetivo antepuesto  hace que se fijen el interés y la atención en la cualidad a que se refiere:

bonita casa. También es indudable que la anteposición da al adjetivo una significación más afectiva y poética: un viejo jardín indica un juicio mucho más personal y subjetivo que un jardín viejo, que nos enfrenta con una observación objetiva y realista.

El adjetivo pospuesto   especializa el objeto y lo opone a otros; caballo blanco, por oposición a caballo negro. Esta colocación es la normal en los adjetivos predicativos: el caballo es blanco, si bien no es tan rigurosa esta norma en español como en francés y en las lenguas germánicas.

Otros factores que influyen en el distinto significado y grado de libertad en la colocación del adjetivo son: si se trata de uno solo o varios: una persona alta, delgada y morena; si tradicionalmente se refieren a un sustantivo en posición fija: edad media, nuevo mundo, sentido común, o si al cambiar de colocación varía radicalmente el sentido: un santo triste y un triste santo, un hombre grande  y un gran hombre, una viuda pobre  y una pobre viuda.

Como regla general, puede decirse que la colocación habitual es neutra, mientras que la desacostumbrada es expresiva. Un caso especial, ya que sólo afecta a la colocación de muy contados adjetivos, es el de las formas apocopadas, es decir, de aquellos adjetivos que contraen su terminación al anteponerse a la palabra que califican: buen, gran, san, etc. Estas formas apocopadas sólo pueden ir antepuestas al término que acompañan: un buen soldado, un gran santo.» [Criado del Val 1972: 40]

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«La colocación del adjetivo calificativo atributivo responde básicamente a dos oposiciones que forman parte del sistema lingüístico español: una de ellas enfrenta las funciones especificativa y explicativa, haciendo que la primera esté representada por un adjetivo pospuesto al nombre, mientras el representante de la segunda tiene mayor libertad. La otra es una oposición de relevancia expresiva cuyo término marcado corresponde al adjetivo antepuesto y el no marcado al pospuesto. La índole semántica de cada adjetivo facilita o dificulta el ejercicio de cada función, y es factor importante para que pueda entrar en juego la expresividad. De aquí la existencia de normas relativamente firmes que favorecen la secuencia

buen amigo, mala señal, gran negocio, ¡feliz viaje!, laborioso empleado catalán,

admiten blanca pared, pinos altos

junto a pared blanca, altos pinos

y rechazan administrativo cargo, sindical casa, catalán empleado laborioso.

Actúan además factores contextuales importantes, sobre todo la resistencia a que el sustantivo vaya precedido por más de un elemento dependiente de él o por uno seguido de complementos propios:

la inhóspita y destartalada habitación

sólo es posible a nivel literario; pero ni siquiera en él puede admitirse

un encuadernado en pasta libro

las llenas de ilusión muchachas.»

[Lapesa, R.: "La colocación del calificativo atributivo en español". En: Homenaje a la memoria de Don Antonio Rodríguez-Moñino. Madrid, 1975, p. 345]

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«Posición del adjetivo. Cuando el adjetivo va junto al sustantivo puede ir inmediatamente antes o inmediatamente después, con matices expresivos ligeramente distintos.

Cuando va después del sustantivo, el adjetivo constituye generalmente una información nueva con respecto al sustantivo. Esto hace que en esta posición tenga un relieve mayor.

Acabo de leer una novela muy interesante.

Vive en una casa modernísima.

Por el contrario, cuando va antes del sustantivo el adjetivo ya no es nuevo con respecto al sustantivo, y juntos forman un bloque. Se presupone la relación adjetivo – sustantivo.

¿Estáis ya en la nueva casa o todavía no os habéis mudado?

El hablante usa el adjetivo nueva antes del sustantivo casa porque ya sabe que su interlocutor tiene una casa nueva, es decir que se va a mudar de casa. Al contrario, en

Acabo de leer una novela muy interesante,

Vive en una casa modernísima,

muy interesante y modernísima son informaciones nuevas que da el hablante a su interlocutor. Con frecuencia ocurre que el enunciador se salta la etapa en que presenta la información como remática (nueva) y pasa directamente a decir otra cosa actuando, con datos que para él son un presupuesto, un elemento ya adquirido en el contexto.

Cuando el adjetivo va después del sustantivo, generalmente se está hablando del sustantivo y se quiere añadir un elemento nuevo, de especificación. Por eso resulta prácticamente imposible, por ejemplo, hablar de una redonda mesa: lo normal es que se esté hablando de mesas, y que el elemento redonda venga a ser una caracterización ulterior, que sirve para distinguir entre distintos tipos de mesas.

La mayoría de los adjetivos que podríamos llamar de tipo [adjetivos relacionales] (es decir que indican a qué categoría pertenece cierto elemento: político, estudiantil, comercial, editorial, etc.), o de procedencia (es decir que indican de dónde es el elemento al que se refieren: barcelonés, malagueño, romano, milanés, español, americano, francés, etc.) y todos los adjetivos de nacionalidad) tienden a estar en posición remática (nueva) con respecto al sustantivo (y, por tanto, van después), ya que, debido a su naturaleza misma, se emplean más a menudo para especificar. Los mismo ocurre con los adjetivos que se refieren a la forma, que también suelen ir después del sustantivo, por las mismas razones.» [Matte Bon 1992: 185-186]

 

Adjetivos antepuestos y pospuestos

 

El adjetivo antepuesto o pospuesto, si va solo, determina directamente al sustantivo que hace de núcleo.

Si un mismo sustantivo lleva un adjetivo antepuesto y otro pospuesto, el antepuesto determina directamente al sustantivo, y ambos son determinados ulteriormente por el adjetivo pospuesto.

El determinante determina no sólo al sustantivo, sino al sustantivo y sus adjetivos antepuestos o pospuestos.

El adjetivo explicativo determina a todo el sintagma compuesto del determinante, el sustantivo y los adjetivos restrictivos que lo acompañen.

 

Significado de las construcciones con adjetivos

calificativos antepuestos y pospuestos

 

«Las caracterización del significado de los adjetivos calificativos antepuestos y pospuestos es un tema clásico de la gramática del español, la serie de trabajos que ha suscitado es simplemente inmensa. Proporcional a ese interés es la variedad de interpretaciones propuestas, fundadas grosso modo en razones «lógicas» (semántica), psicológicas, estilísticas o rítmicas que pueden actuar conjuntamente. En efecto, los autores encuentran en el contraste entre anteposición y posposición diferencias entre:

 

adjetivos calificativos antepuestos y pospuestos

Anteposición >

< Posposición

(A. Bello) “explicación”

“especificación-particularización”

(M. Seco) “no restricción”

“restricción” 

(R. Lenz / F. Hanssen) “subjetividad”

“objetividad” 

(Gili Gaya) “orden afectivo o valorativo”

“orden analítico, descriptivo, normal”

(F. Ramírez) “orden predicativo”

“orden atributivo”

(A. Bello / G. Rojo) “señalamiento”

“adición de una nota”

(RAE) “explicativo, no definidor / actitud valorativa o afectiva”

“función determinativa, definitoria, restrictiva de la significación del nombre”

(G. Rojo) el adjetivo simplemente destaca una nota contenida en la intensión del sustantivo; la extensión del nombre no se ve reducida (la verde esmeralda)

el adjetivo restrictivo o clasificador (accidente automovilístico) añade notas nuevas al sustantivo, amplía su intensión y, de esta manera, causa una reducción en la extensión del mismo

(D. Bolinger) “adjetivos modificadores de la referencia”

“adjetivos modificadores del referente”

(R. Lapesa)  la posición es una “oposición de relavancia expresiva, cuyo término marcado corresponde al adjetivo antepuesto”

el término no marcado de la oposicón corresponde al adjetivo pospuesto

(V. Demonte) “no restrictivo / realce”

“Los adjetivos prenominales son funciones que actúan sobre la referencia o intensión sin que su aplicación afecte a la extensión del término modificado (los adjetivos prenominales son intensionales y modificadores de la referencia)”.

“El adjetivo prenominal induce a la interpretación de objeto que existe, que se presupone: alude a los individuos que son la referencia de la expresión nominal y cierra el paso a la interpreción cuantificacional de referencia a una clase o a una subclase de objetos”.

“Los adjetivos prenominales obligan a la interpretación específica de los sujetos: individuos que existen, individuos específicos”.

“El adjetivo antepuesto deja intacta la referencia y añade nuevas notas para la identificación del referente.“

Especificidad mínima que consiste en la identificación de un individuo ya mencionado.”

“Los adjetivos antepuestos son posibles con nombres propios, expresiones máximamente referenciales que no necesitan complementos o adjetivos pospuestos que realicen una descripción conceptual del sentido (El genial Mozart).”

“Los adjetivos antepuestos tienen una lectura no restrictiva: énfasis de una cualidad intrínseca del nombre (las mansas ovejas), valoración subjetiva, singularidad-exclusividad del individuo (el maravilloso amigo). El adjetivo antepuesto en sintagmas nominales definidos sirve para hacer más claras las particularidades del individuo designado por el nombre, para identificar mejor al referente del objeto (la mejor identificación del referente se debe a la modificación de la referencia.”

“El adjetivo antepuesto obliga a la lectura específica e impide la de variable en situaciones en las que, de otro modo, las dos lecturas serían posibles. Dada su interpretación específica, los sintagmas nominales indefinidos con adjetivos antepuestos son muy frecuentes en posiciones de ‘tema’: las que contienen información compartida por el hablante o el oyente.”

“Las construcciones exclamativas traducen una reacción subjetiva, condensada y valorativa frente a algo que se caba de percibir o entender; tales expresiones no transmiten información sino que presuponen un punto de vista común que el hablante pretende acercar y hacer explícito al interlocutor, no pueden, por tanto ser focales y de ahí la exigencia de adjetivo antepuesto.”

“restrictivo / clasificación”

“Caracterizamos a los adjetivos posnominales como expresiones que se unen a extensiones (nombres comunes) para configurar nuevas extensiones (nuevos nombres comunes);

(los adjetivos posnominales son extensionales y modificadores del referente).”

“El adjetivo posnominal da paso a la interpretación cuantificacional de referencia a una clase o a una subclase de objetos”.

 

“Los adjetivos posnominales obligan a la interpretación génerica de los sujetos: la interpretación de referencia a clases de cosas”.

 

“El adjetivo pospuesto desarrolla rasgos del nombre (en esto consiste la identificación de la referencia).“

Especificidad máxima, enriquecida (catafórica), que configura una descripción definida plena.”

“Los nombres propios son expresiones máximamente referenciales que no necesitan complementos o adjetivos pospuestos que realicen una descripción conceptual del sentido (referencia del término).”

“El adjetivo pospuesto sirve para especificar la referencia del objeto (al restringir la referencia se modifica el referente)”.

 

 

 

 

 

 

 

“El contraste específico – inespecífico con sus efectos en la focalización y la tematización es que sale a la luz también en los sintagmas nominales sin determinante en los que concurren nombres y adjetivos calificativos.”

“Dos contextos con constituyentes típicamente temáticos son los titulares de los periódicos ({Ciudadanos emocionados/Emocionados ciudadanos se manifestaron ayer ...}). En el caso de los titulares están igualmente bien la anteposición y la posposición probablemente porque el medio informativo puede jugar con la posibilidad de que el lector del periódico esté enterado del acontecimiento que el titular resume.”

“La anteposición de adjetivos como pobre, bueno y simple tienen acepción relativa o no intersectiva (una propiedad relativa sólo al nombre modificado): Susana es una buena amiga, lo que no implica que pueda ser una horrorosa hija”.

“Las cualidades asignadas por los nombres se pueden aplicar a un nombre en sentido absoluto: ser una propiedad tanto de ese objeto como de las clases de entidades que él implica; en Susana es una amiga buena aplico la propiedad en sentido absoluto y significa que Susana es buena en general.”

 

Aunque adoptemos la denominación de ‘restrictivo’ y ‘no restrictivo’ para designar de una manera general a los adjetivos pospuestos y antepuestos, respectivamente, somos conscientes de que una caracterización justa de los valores de la posición del adjetivo requiere muchos más elementos que una semántica, digamos, de la clasificación o restricción frente al realce o no restricción. Una descripción novedosa de esta distinción ha de tener en cuenta dos aspectos: la semántica de la relación adjetivo-nombre, esto es, de qué manera puede relacionarse un adjetivo con el nombre al que modifica, y la naturaleza de la frase nominal en la que se sitúa la relación de modificación, más específicamente, si el sintagma nominal en que concurre el adjetivo es definido o indefinido.» [Demonte 1999, p. 190-191]

 

Ser - Estar y el adjetivo atributivo

 

El verbo estar cuando expresa estado tiene un enorme valor expresivo, además de su función copulativa.

Ser como cópula es tan inexpresivo que casi se puede suprimir el verbo. Pero estar, expresando estado, ya no se puede suprimir sin quitar aquello que despertó el entusiasmo o la sorpresa en el hablante.

El césped es verde.

> El césped verde.

> ¡Qué verde es el césped!

El césped es muy verde.

> El césped tan verde.

> ¡Qué césped más verde!

El césped está verde.

> El verde césped.

> ¡Mira  qué verde está este césped!

Una piedra preciosa

Es una piedra que es preciosa.

¡Qué piedra preciosa más bonita!

Una preciosa piedra

Es una piedra que está preciosa.

¡Qué bonita está esa piedra!

Ser corresponde con el adjetivo en posición posnominal (objetiva/definitoria). Al convertir la frase nominal en verbal, la cópula es es eliminable por no tener fuerza semántica alguna, por estar vacía.

Estar corresponde al adjetivo en posición prenominal (subjetiva / emocional). La conversión a frase verbal no permite la eliminación de estar ya que no es mera cópula, sino que tiene un valor aspectual. [Porroche, 1990]

 

Relación sustantivo - adjetivo

 

«En español, como en todos los idiomas, los interlocutores mantienen constantemente una contabilidad precisa de los elementos que ya han aparecido en el mundo que es la comunicación entre ellos y los que aparecen por primera vez. Esto les permite entender en cada momento de qué están hablando, sin necesidad de repetir todos los elementos necesarios para la comprensión del mensaje y ahorrar una cantidad considerable de palabras y de energía.

El orden de las palabras: Es éste un problema estrechamente relacionado con los distintos mecanismos de tematización y rematización de la información.

El principio fundamental que rige el funcionamiento del orden de las palabras en español se basa en el grado de contextualización que ha alcanzado el elemento o la información de la que se trata, o el grado de contextualización que le quiere atribuir el hablante; consiste esencialmente en que los elementos más contextualizados van antes que los elementos nuevos: se parte siempre de lo más conocido, lo más asumido en el contexto dado, los elementos de los que ya se está hablando, para introducir posteriormente la información nueva o los elementos de los que todavía no se había hablado.» [Matte Bon 1992: 308-309]

«En el caso de la relación del sustantivo con el adjetivo, la base del funcionamiento del sistema es el principio fundamental enunciado arriba. Sin embargo, al tratarse de dos elementos que tienen una autonomía menor el uno con respecto al otro, no se puede hablar de uno conocido y uno nuevo, son más bien de uno más o menos integrado en el bloque único e indisoluble con el otro.

Así, pues, cuando el adjetivo va antes del sustantivo, en cierto sentido está formando bloque con él, y ya no es nuevo. Cuando va después, constituye un elemento nuevo con respecto al sustantivo, al que se viene a añadir:

        Alrededor de la casa, un campo infinitivo de blanca nieve ...

        ¿Me acercas la camisa verde, por favor?

Cuando el adjetivo viene a distinguir el elemento al que remite el sustantivo de otros elementos de su grupo, constituye un dato nuevo con respecto al sustantivo y, por lo tanto, va después del sustantivo. En estos casos, se está hablando, por lo general, de la categoría a la que remite el sustantivo, y al añadir el adjetivo se está introduciendo un representante concreto de dicha categoría.

Hay un número considerable de adjetivos que no pueden preceder al sustantivo debido a que, por su misma naturaleza, no llegan nunca a formar un bloque con un sustantivo. Otros adjetivos, a veces, cambian de sentido según la posición que ocupan con respecto al sustantivo.

El comportamiento de los demostrativos y de los posesivos con respecto al sustantivo es paralelo al del adjetivo calificativo: cuando el demostrativo o posesivo antecede al sustantivo, constituye con él un bloque saturado en el que ya no puede entrar ningún elemento más. Cuando lo siguen, constituyen un elemento nuevo que se viene a añadir al sustantivo.»  [Matte Bon 1992: 310-311]

 

Valores semánticos de los adjetivos antepuestos y pospuestos

en los sintagmas nominales definidos e indefinidos

 

«Los adjetivos prenominales son funciones que actúan sobre la referencia o intensión sin que su aplicación afecte a la extensión del término modificado (los adjetivos prenominales son intensionales y modificadores de la referencia).

El adjetivo prenominal induce a la interpretación de objeto que existe, que se presupone: alude a los individuos que son la referencia de la expresión nominal y cierra el paso a la interpreción cuantificacional de referencia a una clase o a una subclase de objetos.

Los adjetivos prenominales obligan a la interpretación específica de los sujetos: individuos que existen, individuos específicos.

Caracterizamos a los adjetivos posnominales como expresiones que se unen a extensiones (nombres comunes) para configurar nuevas extensiones (nuevos nombres comunes); (los adjetivos posnominales son extensionales y modificadores del referente).

El adjetivo posnominal da paso a la interpretación cuantificacional de referencia a una clase o a una subclase de objetos.

Los adjetivos posnominales obligan a la interpretación génerica de los sujetos: la interpretación de referencia a clases de cosas.

(1)  a. Los leones desdentados se alimentan siempre de hierbas.

b. *Los desdentados leones se alimentan siempre de hierbas.

(2)  a. Un hombre elocuente seduce siempre con facilidad.

b. *Un elocuente hombre seduce siempre con facilidad.

(1a) y (1b) suenan mal porque los desdentados leones y un elocuente hombre sólo pueden designar individuos que existen, individuos específicos y en estas oraciones concurren diversos factores (el tiempo verbal, el adverbio siempre) que obligan a la interpretación genérica de los sujetos: la interpretación de referencia a clases de cosas. [...]

Nótese que los adjetivos antepuestos plenamente epitéticos no impiden la interpretación genérica. La blanca nieve siempre produce vértigo o Los desdentados osos hormigueros se están extinguiendo. Esta generalización, en suma, se refiere a los adjetivos que pueden efectivamente usarse restrictivamente.

El comportamiento de los adjetivos calificativos atributivos en construcciones genéricas constituye un buen punto de partida para reelaborar la idea tradicional de que los adjetivos pospuestos son restrictivos o clasificadores y los antepuestos son no restrictivos. Tal distinción sólo se verifica en las expresiones definidas, mientras que en las indefinidas las dos posiciones dan lugar a una oposición de especificidad. Esa doble oposición se debe a la naturaleza de los determinantes y no a la relación sintáctica entre el sustantivo y los adjetivos pre y posnominales, aunque esta incida de manera decisiva en la interacción de esos determinantes con los nombres.

Anteposición y posposición en sintagmas nominales definidos

Restricción frente a no restricción (modificación de la referencia frente a modificación del referente).

Cuando en el sintagma nominal definido los nombres están modificados por adjetivos pospuestos, la cuantificación y la actualización de la referencia se realizan entonces sobre la unidad <N + A>, que pasa a designar bien un subconjunto general, bien una clase natural (Me gustan las manzanas doradas), bien un subconjunto contextualmente determinado de la clase designada por el nombre (Me comí las manzanas doradas) o, si el artículo es singular, simplemente un individuo específico, referencialmente considerado (Dame la manzana dorada), o presentado como un conjunto de atributos (Búscame la manzana más grande que haya en el cesto). El adjetivo pospuesto sirve para especificar la referencia del objeto (al restringir la referencia se modifica el referente).

Cuando el adjetivo es prenominal la lectura específica no se disipa, puesto que depende del determinante, pero sí desaparece la lectura de grupo seleccionado de individuos inducida por el adjetivo y surgen varios matices, tal vez pragmáticamente condicionados, de la llamada lectura no restrictiva: énfasis de una cualidad intrínseca (las mansas ovejas), valoración subjetiva, singularidad-exclusividad del individuo (el maravilloso amigo), etc. El adjetivo antepuesto en sintagmas nominales definidos sirve pues, en términos generales, para hacer más claras las particularidades del individuo designado por el nombre, para identificar mejor al referente del objeto (la mejor identificación del referente se debe a la modificación de la referencia).

Hay construcciones de adjetivos antepuestos como las siguientes que suenan raras a menos que se explicite el complemento del nombre (entre paréntesis en (1a), o el adjetivo en cuestión se coordine con otro adjetivo (1b).

(1) a. Cómprame los ricos chocolates?? (que nos recomendó mi hermana).

-Cómprame los chocolates ricos.

b. Concedió una entrevista al tonto *(y grandilocuente) abogado.

Esto muestra que si bien la frase nominal se refiere en ambos casos a una entidad específica, a objetos individuales cuya existencia se presupone, hay una especificidad enriquecida, máxima, que configura una descripción definida plena (el adjetivo pospuesto desarrolla rasgos del nombre, y en esto consiste la identificación de la referencia), y una especificidad mínima que consiste en la identificación del individuo ya mencionado. El adjetivo antepuesto deja intacta la referencia y añade nuevas notas para la identificación del referente.

Anteposición y posposición en sintagmas nominales indefinidos

Especificidad e inespecificidad. Foco y tema.

Picallo (1994) describe varios contextos que muestran inequívocamente que los sintagmas nominales indefinidos difieren en interpretación según que el adjetivo modificador sea pre o posnominal.

(1)  a. Ana cree que una periodista importante le solicitará una entrevista.

b. Ana cree que una importante periodista le solicitará una entrevista.

Así, mientras que una oración como (1a) no presupone necesariamente la existencia del individuo denotado por la expresión nominal y es ambigua entre una interpretación específica y una inespecífica, (1b) tiene una única interpretación que es la de presuposición de existencia o especificidad de la entidad designada por el sustantivo. Como muestra Picallo, las secuencias AN son imposibles cuando se encuentran bajo el alcance de modales deónticos como tener que o deber (2a), o de verbos de actitud proposicional como creer, (2b), ya que los contextos intensionales no suscitan interpretaciones específicas.

a. *Tiene que haben un amable profesor por alguna parte.

(Tiene que haber un profesor amable por alguna parte).

b. *Creo que tienen un experto abogado en ese bufete.

(Creo que tienen un abogado experto en este bufete.)

Bosque (1996) hace ver que la preposición a de los objetos directos, preposición marcadora de la especificidad, no puede estar ausente en contextos intensionales cuando el nombre va precedido de un adjetivo calificativo. Lo que se ve aquí es que el adjetivo antepuesto obliga a la lectura específica e impide la de variable en situaciones en las que, de otro modo, las dos lecturas serían posibles. Dada su interpretación específica, los sintagmas nominales indefinidos con adjetivos antepuestos son muy frecuentes en posiciones de ‚tema’: las que contienen información compartida por el hablante o el oyente.

-¿Me comprarás esa moto?

-{Una peligrosísima moto /?Una moto peligrosísima} no te la compraré ni aunque ...

Por el contrario, los sintagmas nominales indefinidos con adjetivos antepuestos suenan extraños en las posiciones de foco que introducen información sobre tipos de cosas en vez de sobre ejemplares:

-¿Qué se necesita para esa fiesta?

–Se necesita un {??sencillo vestido/vestido sencillo}.

Dos contextos con constituyentes típicamente temáticos son los titulares de los periódicos ({Ciudadanos emocionados/Emocionados ciudadanos se manifestaron ayer ...}). En el caso de los titulares están igualmente bien la anteposición y la posposición probablemente porque el medio informativo puede jugar con la posibilidad de que el lector del periódico esté enterado del acontecimiento que el titular resume.

Conviene advertir que estos contrastes de significado y esas variaciones de aceptabilidad tienen lugar tan sólo con los adjetivos calificativos; con los adjetivos intensionales como posible y los adverbiales circunstanciales como futuro o lento, la anteposición y posposición no llevan consigo ningún cambio de interpretación. Loa adjetivos antepuestos no calificativos son posibles en oraciones genéricas o habituales como:

El largo viaje me agotó. – El viaje largo me agotó.

Saludé a mi futuro jefe. – Saludé a mi jefe futuro.

{un/El} {posible/presunto} ratero siempre provoca miedo.»

[Demonte 1999: 192-198]

 

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