SYNTAKTISCHE VERB-KLASSIFIKATION

Clasificación sintáctica de los verbos

© Justo Fernández López


 

Clasificación tradicional de los verbos según su comportamiento sintáctico

 

auxiliares

 

copulativos

 

 

 

 

predicativos

transitivos

 

intransitivos

 

 

 

pronominales

Exclusivamente pronominales

Ocasionalmente pronominales

Reflexivos

Recíprocos

Con valor pasivo

Construcciones impersonales

Causativos pronominales

 

·     Verbos auxiliares: ser, haber, estar

·     Verbos copulativos: ser, estar, parecer

·     Verbos predicativos o verbos plenos [Vollverben]:

§         Verbos transitivos: con complemento directo (acusativo)

§         Verbos intransitivos: sin complemento directo (acusativo)

§         Verbos pronominales: acompañados de un pronombre reflexivo

§     Exclusivamente pronominales: arrepentirse, quejarse, jactarse

§     Ocasionalmente pronominales: llamar / llamarse

§     Reflexivos: peinarse / afeitarse / lavarse

§     Recíprocos: saludarse / tutearse

§     Con valor pasivo: se venden libros

§     Verbos causativos en forma pronominal: cortarse el pelo

§     Construcciones impersonales: se oye ruido

Los verbos auxiliares se usan para formar las formas compuestas de los verbos, la pasiva y las perífrasis verbales: He comido. Ha sido premiado. Están reunidos. Está escribiendo una carta.

Los verbos copulativos son ser, estar o parecer. Los verbos ser, estar y parecer funcionan como verbos predicativos cuando les acompaña un complemento que no es un adjetivo: Ahora estoy en Madrid. Esto parece oro. Este animal es un armadillo.

Los verbos predicativos son los que encierran la idea de un predicado y siempre expresan estado, acción o pasión del sujeto al que se refieren. Podemos decir que el verbo predicativo es todo aquel que no funciona como copulativo, es decir, todo aquel que no sea ser, estar o parecer. Los verbos predicativos pueden ser transitivos o intransitivos.

Los verbos transitivos son aquellos que dejan pasar la acción, y ésta (la acción) recae sobre una persona u objeto.  Esta persona u objeto es el complemento directo (acusativo): Le da un regalo para su cumpleaños. Vamos a tomar un café.

Los verbos intransitivos no necesitan de un complemento directo (acusativo) para completar la acción: Los secuestrados aún viven. Corre muy ligero. Muchos verbos se usan como transitivos o intransitivos según los casos: Corre los cien metros lisos en un tiempo récord. 

Los verbos pronominales son verbos que van unidos a un pronombre reflexivo de igual persona que el sujeto del verbo: marcharse, arrepentirse, avergonzarse, alegrarse, asombrarse, casarse. A este grupo pertenecen los verbos exclusivamente pronominales, los reflexivos y los recíprocos, que son los que implican a varios sujetos que realizan la misma acción y la reciben mutuamente.

Los verbos exclusivamente pronominales se conjugan obligatoriamente con un pronombre: arrepentirse, quejarse, jactarse, dignarse, etc (no se puede decir yo arrepiento, él queja). Ese pronombre no es reflexivo. Estos verbos expresan procesos que suceden en el sujeto, y poseen una voz especial, llamada voz media. No son reflexivos porque no es una acción que vuelva sobre sí misma, sino que se produce en el interior del sujeto.  En estos verbos pronominales, el pronombre es un morfema constitutivo del verbo, no un complemento como en los verbos reflexivos. Otras clases de verbos pronominales son:

Los verbos recíprocos son verbos transitivos  que tienen por sujeto a dos o más personas, animales o cosas que ejercen una acción sobre los otros, al mismo tiempo que la reciben de ellos. Por ese motivo, los verbos recíprocos sólo se conjugan en las tres personas del plural; jamás en singular: Los amigos se saludan. Nos tuteamos todos. Estos verbos se construyen como los reflexivos, y para no confundirlos con estos, a veces es necesario añadir ciertas locuciones para reforzar el matiz de reciprocidad: los unos a los otros, mutuamente, recíprocamente, los dos. Para reconocer este tipo de se recíproco, basta con añadir al final de la oración expresiones como: el uno al otro, el uno del otro, el uno con el otro; o bien, mutuamente, recíprocamente, entre sí.

Los verbos reflexivos son verbos transitivos cuya acción se refleja o recae sobre el mismo sujeto que la realiza: Yo me lavo. Ella se peina. El sujeto y el objeto son la misma cosa. Para reconocer si el se es reflexivo, basta con añadir al final de la oración "a sí mismo(s)", y si el significado de la oración no varía en absoluto, no queda duda de que el se es reflexivo.

La RAE (Esbozo 1973: § 3.5.1) define así los verbos:

«Los verbos que no llevan complemento directo se llaman intransitivos, aunque los acompañen otros complementos: Antonio murió en el hospital; El alumno estudia con ahínco. Si tienen complemento u objeto directo, se llaman transitivos. Poniéndole un complemento directo a un verbo intransitivo pasará a ser transitivo: El alumno estudia con ahínco las lecciones. [...]

Verbos como morir, vivir, quemar, dormir, etc., se prestan mal a que haya una persona muerta, vivida, quemada, dormida, distinta del sujeto. Pero en ocasiones cabe extraer de la propia significación del verbo un complemento directo: Morir una muerte gloriosa; Dormir un sueño tranquilo; Vivir una vida miserable. Hay siempre en ello cierta tautología, que a veces tiene valor estilístico. Estos verbos son intransitivos por naturaleza. [...]

Muchos verbos transitivos se construyen a menudo como absolutos, sin complemento directo, por ser este innecesario o hallarse sobreentendido. Decimos de un ciclista que abandonó en la segunda etapa de su carrera; un cartero puede decir, al terminar su trabajo, que ha repartido. [...]

Numerosos verbos transitivos pueden emplearse con significación causativa o factitiva. En tales casos el sujeto no realiza por sí mismo la acción del verbo, sino que ordena, encarga, dirige o costea la acción que otro ejecuta: Carlos III construyó la Puerta de Alcalá. Un verbo normalmente intransitivo como dormir, toma significado transitivo-causativo en dormir a un niño

Alcina y Blecua (1975: § 7.4.2) clasifican los verbos intransitivos en:

a)    Verbos existenciales: abundar, star, existir, morir, parecer, ser, vivir.

Algunos se construyen como transitivos con un complemento tautológico: Mi abuela murió una muerte piadosa.

b)    Verbos de movimiento: andar, bajar, caer, subir, caminar, errar.

Pueden aparecer con predicativos: Miguel salió primero en la competición, o con complementos directos: Bajó la escalera solo.

c)     Verbos de acción: crujir, debutar, estornudar, fracasar, gesticular.

Muchos pueden aparecer con predicativos: Sonrió complacido, y con complementos directos: El enfermo tosió sangre.

d)    Verbos seudo-impersonales: bastar, caber, convenir, disgustar. Con estos verbos el sujeto generalmente es inanimado y lleva complemento indirecto: A mi mujer le gustan los muebles antiguos.

 

La hipótesis de la inacusatividad de Perlmutter (1978)

Ergativitätshypothese

 

Los verbos intransitivos requieren un solo argumento, pero se distinguen en la relación semántica que se establece entre el argumento y el verbo.

Dos tipos de verbos intransitivos:

«La clase de verbos intransitivos es una clase heterogénea que incluye formas con distintas propiedades semánticas y sintácticas. Se debe a Perlmutter (1978) la distinción entre dos clases de verbos intransitivos: los inergativos y los inacusativos o ergativos. El trabajo de Perlmutter se enmarca dentro del modelo conocido como Gramática Relacional. Burzio (1981, 1986) incorpora la llamada ‘Hipótesis de la Inacusatividad’ a la Teoría de la Rección y el Ligamiento, en la gramática generativa, donde la distinción entre las dos clases de verbos intransitivos es unánimemente aceptada.

Los dos tipos de verbos tienen en común que requieren un solo participante o argumento cuya realización sintáctica es la de sujeto, pero se distinguen en la relación semántica que se establece entre el argumento y el verbo.

Los verbos inergativos (llorar, reír, saltar, toser) denotan actividades o procesos que dependen de la voluntad de un agente.

Los verbos inacusativos son verbos que denotan bien estados o bien eventos no agentivos (logros), como existir, aparecer, llegar, florecer, crecer, etc., cuyo único argumento se interpreta como el elemento que recibe la acción o en el que se produce o manifiesta la eventualiad que denota el verbo: i.e. el argumento de este verbo es tema o paciente. El término ‘tema’ se utiliza habitualmente en los trabajos de gramática generativa con referencia a los que otras gramáticas denominan ‘paciente’.

Esta diferencia en cuanto al carácter semántico del único participante en la acción verbal es crucial para distinguir entre las dos clases de verbos intransitivos. Los agentes se realizan sintácticamente y de un modo uniforme como sujetos de la oración tanto con verbos transitivos (activos) como con verbos inergativos. Los temas o pacientes se realizan como objetos de los verbos transitivos (activos) y como sujetos de algunos verbos intransitivos, los que hemos denominado ‘inacusativos’. Por tanto, los verbos inacusativos comparten propiedades de los verbos transitivos y los inergativos: como los inergativos están asociados a un solo argumento, pero ese único argumento se interpreta como el objeto lógico del verbo transitivo: es un objeto nocional, a pesar de ser un sujeto sintáctico, en contraposición con el único argumento de un verbo intransitivo inergativo que es a la vez sujeto nocional y sujeto sintáctico.

Alternancia causativa:

Prueba de que el sujeto sintáctico de un verbo inacusativo y el objeto de un verbo transitivo tienen la misma función semántica es la llama ‘alternancia causativa’:

Juan rompió el vaso

frente a

El vaso se rompió.

La primera es una construcción transitiva causativa que se construye con una agente (Juan) y que expresa un evento que denota un cambio de estado en su argumento objeto (el vaso). La segunda, es una construcción inacusativa que se construye con un solo argumento: el elemento que sufre el cambio de estado que denota la eventualidad del verbo. La relación semántica entre el verbo romper y el sintagma nominal el vaso es la misma en las dos construcciones: en ambos casos se trata del paciente o tema ‘afectado’; varía su realización sintáctica: objeto en la construcción transitiva y sujeto en la construcción inacusativa. Las gramáticas se han referido a verbos como romper en su uso inacusativo como “verbos pronominales” en cuanto que se construyen con se. Es importante señalar, sin embargo, que si bien muchos de los verbos que aparecen en construcciones inacusativas entran dentro de la clase de los verbos pronominales (romperse, secarse, agrietarse) hay muchos verbos inacusativos que no son pronominales.»

[Mendikoetxea, Amaya: “Construcciones inacusativas y pasivas”. En: Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe. 1999, vol. 2, § 25.1.1.2, p. 1579-1580]

«En resumen, distinguimos entre los verbos intransitivos dos clases sintácticas: verbos inergativos y verbos inacusativos. Los verbos inacusativos son aquellos cuyo sujeto sintáctico es un objeto nocional, i. e. su función semántica es la de tema (afectado o no afectado). Dentro de los verbos inacusativos distinguimos dos grandes clases semánticas: los verbos de cambio y ubicación y los verbos de existencia y aparición; las diferencias semánticas entre estas dos clases de verbos encuentran manifestación en su sintaxis. [...]

Los verbos inacusativos son intransitivos en cuanto que están asociados a un solo argumento o participante que es el sujeto sintáctico, pero comparten con los verbos transitivos la naturaleza semántica de ese argumento, que es un objeto nocional (tema o paciente). Además de hablar de ‘verbos inacusativos’, hemos de hablar también de ‘construcciones inacusativas’ que parecen derivarse de construcciones transitivas correspondientes, como es el caso de las construcciones inacusativas con se y las construcciones de pasiva perifrástica.» [o. cit., p. 1584 y 1587]

 

 

transitivos

unitransitivos

Con objeto directo ( = dos argumentos o participantes)

ditransitivos

Con objeto directo e indirecto (= tres argumentos o participantes)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

intransitivos

(Perlmutter 1978)

 

 

inergativos

Con sujetos agentivos: expresan eventos de causa interna (jugar, bailar, llorar, reír, saltar, toser) cuando existe una propiedad inherente al único argumento del verbo que es responsable de que se realice ele vento que denota el predicado.

Con sujetos no agentivos: verbos de emisión percibida sensorialmene: brillar, chirriar, apestar, amanecer.

 

 

 

 

inacusativos

o ergativos

[alternancia causativa:

los sujetos de los verbos inacusativos se realizan como objetos de los verbos transitivos y como sujetos de algunos inacusativos]

Con sujetos no-agentivos, sujetos que designan al que padece: existir, florerer, aparecer, llegar, crecer. Su sujeto sintáctico es su objeto nocional. El argumento es un tema o paciente.

Denotan estados o eventos no agentivos (logros).

No forman una clase semántica uniforme, sino que se dividen en dos clases. Las diferencias semánticas entre estas dos clases encuentran manifestación en su sintaxis.

Verbos de cambio de estado o ubicación, que pueden tener o no variantes transitivas: romper(se), abrir(se), hundir(se), secar(se), crecer, hervir, palidecer, florecer, levantarse. El tema o paciente es afectado.

Pueden ser:

a) de causa externa,

b) de causa interna: agentivos o
no agentivos

Verbos de existencia y aparición: aparecer, llegar, existir, ocurrir, venir, emerger, suceder.

El tema o paciente es no afectado.

 

intransitivos con usos transitivos

Hay verbos intransitivos por naturaleza con usos transitivos, sin que por ello se deban clasificar como transitivos. Son verbos que se pueden construir con complementos tautológicos (‘objeto interno o cognado’): Morir una muerte gloriosa. Dormir un sueño tranquilo. Vivir una vida miserable.

 

Las construcciones pasivas como construcciones inacusativas

 

«El hecho de que el sujeto sintáctico de un verbo inacusativo sea su objeto nocional ha llevado a numerosos autores a establecer un paralelismo entre las construcciones con verbos inacusativos y las construcciones pasivas. Este paralelismo se observa de forma más clara cuando comparamos una oración transitiva activa como

Juan cerró las puertas. [transitiva activa]

con su construcción inacusativa y pasiva equivalentes

Las puertas se cerraron. [inacusativa]

Las puertas han sido cerradas. [pasiva]

Si la construcción inacusativa se puede definir como aquella en la que el objeto nocional (tema o paciente) se realiza sintácticamente como sujeto, las construcciones pasivas son entonces un ejemplo de construcciones inacusativas, incluso cuando se forman con verbos que no tienen usos inacusativos (p. ej. construir: El puente ha sido construido frente a *El puente se construyó (él solo).» [o. cit., § 25.1.3]

«Hay que diferenciar cuidadosamente las oraciones inacusativas con se de las oraciones pasivas von se. Formalmente, no hay diferencias entre estos dos tipos de oraciones. Así una oración como

La puertas se cerraron

es ambigua: (i) una interpretación inacusativa y (ii) una interpretación pasiva en la que hay implícito un agente con intencionalidad a una causa externa que no se menciona porque interesa únicamente destacar la acción verbal.

Se hundió el barco {él solo/por sí solo}  [inacusativa]

Se hundió el barco {intencionadamente/para cobrar el seguro} [pasiva]

El contraste es más claro con verbos que pueden formar pasivas con se, pero que por su significado no pueden aparecer en construcciones inacusativas, como construir o divulgar, ya que no pueden expresar eventos que se realizan de forma espontánea sin la intervención volitiva de un agente.» [o. cit., p. 1587]

 

Inacusatividad en italiano y en español

 

«Veamos qué pruebas se han dado para motivar estas diferencias de clases de verbos intransitivos.

Burzio (1986) muestra que hay una diferencia en el comportamiento de los verbos intransitivos italianos arrivare y telefonare. Cuando estas construcciones aparecen con un sujeto preverbal cuantificado, sólo los verbos como arrivare permiten ser pronominalizados por el clítico ne:

Arriveranno molti esperti.

‘Llegarán muchos expertos.’

Ne arriveranno molti.

‘NE llegarán mucho’.

Telefoneranno molti esperti.

‘Telefonearán muchos expertos.

*Ne telefoneranno molti.

‘NE telefonearán muchos.

Si ambos verbos intransitivos tuvieran la misma estructura, esta diferencia resultaría misteriosa.» [Campos, Héctor 1999: § 24.4.2]

Otros factores distintivos:

La pronominalización con ne sólo es posible con complementos directos en italiano: Gianni ne invitera molti. *Gianni ni parlerá a molti.

Los verbos intransitivos inacusativos requieren el auxiliar essere en italiano para formar los tiempos perfectivos, los inergativos seleccionan avere.

«Esto demuestra que hay dos tipos de verbos intransitivos: aquellos en los que el sujeto actúa como el sujeto de los verbos transitivos y aquellos en los que el sujeto actúa como el complemento directo. Burzio observa además que el sujeto de los verbos que permiten ne se interpretan como ‘paciente’ o ‘tema’, papel temático que generalmente llevan los complementos directos. [...] Esta diferencia entre verbos inacusativos, por una parte, e intransitivos, por otra, ha sido justificada en muchas otras lenguas, incluso en lenguas muy alejadas del italiano, como por ejemplo el japonés.» [ebd.]

¿Es posible motivar esta diferencia en español?

Según Campos (1999), en italiano se observan marcas morfosintácticas claras que caracterizan a los verbos inacusativos frente a los inergativos, mientras que en español muchas de estas diferencias están ocultas detrás de una morfología más opaca (ausencia de concordancia en el participio en voz activa, un solo auxiliar haber en tiempos compuestos, ausencia del clítico partitivo, etc.

No obstante, hay algunos factores que prueban la existencia de esta diferencia en español:

El español mantuvo hasta el siglo XVI la distinción entre ser y haber como auxiliares perfectivos. «En un estadio anterior tanto del español como del catalán, sí se manifestaba morfosintácticamente la diferencia entre los verbos inacusativos y los verbos intransitivos en sí.» (Campos)

La prueba más clara es que con los verbos transitivos e inacusativos es posible la construcción absoluta de participio:

Terminadas las labores, saldremos a beber una copa.

Una vez salido el sol, nos entraremos a la mar.

Una vez partido el autobús, ...

Comprados los terrenos, enseguida empezaron a edificar.

*Ladrados los perros ...

*Estornudada la nena ...

*Conocida a María, Juan decidió abandonar la bebida.

Otra diferencia entre los verbos intransitivos y los verbos inacusativos es que el sufijo –dor / -tor, que implica la idea de un agente, se puede usar tanto con verbos transitivos como intransitivos

escribir > escritor.

trabajar > trabajador.

correr > corredor.

Sin embargo con verbos inacusativos no es posible:

ir > *idor

venir > *venidor

morir > *moridor

En el tiempo pretérito, no hay restricciones en el uso del se impersonal con los verbos intransitivos, pero con los verbos inacusativos no resulta natural el pretérito:

Se trabajó todo el día ayer.

?Se llegó temprano a la oficina ayer.

«Estas diferencias sugieren que hay dos tipos de verbos intransitivos: los intransitivos en sí y los verbos inacusativos. Estas pruebas apoyan la existencia de los verbos inacusativos como una clase diferente de los verbos intransitivos.» [Campos, Héctor 1999: 1568]

 

Semántica y sintaxis de los verbos inacusativos

 

«Para Perlmutter (1978), la inacusatividad viene determinada por la semántica del verbo y aparece codificada en su sintaxis. Aunque forma y significado aparecen, pues, fuertemente ligados en la formulación inicial de la hipótesis de la inacusatividad, lo cierto es que los diversos estudios sobre estos verbos dentro de las gramáticas formales se han centrado bien en la semántica, bien en la sintaxis de los verbos inacusativos y sólo recientemente se ha intentado derivar el comportamiento sintáctico de estos verbos de ciertos componentes de su significado. En realidad, existen dos aproximaciones al estudios de los verbos inacusativos: (i) la aproximación sintáctica, que niega que se pueda determinar el comportamiento formal de los verbos inacusativos a partir de ciertas propiedades de su significado, y (ii) la aproximación semántica, que niega que la inacusatividad aparezca de algún modo codificada en la sintaxis.

Levin y Rappaport Hovav (1985) identifican estas dos aproximaciones en el capítulo introductorio a su estudio sobre la inacusatividad en inglés. El trabajo de Rosen (1984, 1988) dentro del marco de la Gramática Relacional es quizás el ejemplo más claro de la aproximación sintáctica, mientras que la aproximaxión semántica tiene uno de sus exponentes en Van Valin (1990), dentro del marco de la llama Role and Reference Grammar.» [Mendikoetxea 1999: § 25.1.2]

«Un análisis exhaustivo de los verbos en español ha de especificar necesariamnente para esta área de la gramática, como para muchas otras, cuál es la relación entre la semántica (léxica) de los verbos y sus propieades morfosintácticas.» [ebd.: § 25.5]

«Las nociones de 'estado' y 'evento' se refieren a la clasificación aspectual o Aktionsart de los verbos. Se distinguen tres tipos de eventualidades, siguiendo el análisis de Vendler (1967):

a)    eventos estativos o estados: saber, amar, ser inteligente,

b)    actividades o procesos que, siendo dinámicos, no hacen referencia al punto final de la eventualidad: reír, llorar, nadar, y

c)     actuaciones o transiciones (que, a su vez, se dividen en logros y realizaciones) también denominadas en sentido genérico 'eventos', que expresan el cumplimiento o finalización de la eventualidad: llegar, morir, florecer, pintar, construir, romper.

No existe una relación directa entre la pertenencia de un verbo a una de las tres clases aspectuales y su clasificación como transitivo o intransitivo. Así, aunque muchos de los verbos transitivos denotan eventos en sentido genérico, también los verbos transitivos denotan estados y entre los eventos encontramos verbos típicamente intransitivos como llegar, morir y florecer. Entre los verbos que denotan actividades o procesos se encuentran principalmente los verbos intransitivos. Sin embargo, hay verbos transitivos que dependiendo de la determinación de su objeto se clasifican bien como actividades (comer pizza, construir casas), bien como eventos o actuaciones (comer(se) una pizza, construir la casa). Una vez distinguidas dos clases de verbos intransitivos (inacusativos e inergativos) es posible establecer una relación más directa entre significado aspectual y clase verbal.» [Mendikoetxea 1999: § 25.1.1.1, p. 1578]

 

Clasificación de los verbos según la RAE: NGLE 2009

 

Desde la publicación de la Gramática de la lengua castellana (1847) de Andrés Bello se habla de verbos reflexivos y cuasireflexivos o pseudoreflexivos. Andrés Bello, en su Gramática (1847), introdujo el término de construcción cuasi-refleja para hacer referencia a las oraciones que, si bien no tienen un sentido inequívocamente reflexivo, se asemejan a las oraciones reflexivas (Ana se ha maquillado esta mañana) por presentar junto al verbo una forma pronominal átona de tipo reflexivo o reflejo; esto es, un pronombre átono (me, te, os, nos, etc.) que coincide en los rasgos de persona con el sujeto, cuando éste se halla presente en el esquema de la oración (Vosotros os preocupáis por nada), y que, en tercera persona, adopta la forma específicamente reflexiva o refleja se (El niño ya se ha dormido). El término abarca, a todas las construcciones pronominales de carácter no reflexivo: medias o anticausativas (La pobre mujer se emocionó al recibir el ramo), pasivo-reflejas (Se registraron todas las habitaciones), impersonales-reflejas (Se come muy bien en este restaurante), así como oraciones constituidas por un verbo inherentemente pronominal (Este chico se queja de todo).

«En la proposición refleja, según lo dicho, una misma persona es agente y paciente; pero hay varias especies de construcciones en que la reflexividad no pasa de lo material de la forma, ni ofrece al espíritu más que una sombra débil y oscura. Las llamaremos construcciones cuasi-reflejas; y entre ellas señalaremos en primer lugar aquellas con que solemos expresar diferentes emociones o estados del alma, y en que el verbo es de suyo activo, y admite acusativos oblicuos, y el sujeto significa seres animados o que nos representamos como tales, en singular o plural, y en primera, segunda o tercera persona. Cuando se dice: «La muerte nos espanta», «el peligro los acobarda», «el viento embraveció las olas», hay acción y pasión. Consideramos la muerte, el peligro, el viento como seres activos que afectan al objeto designado por el acusativo oblicuo. Mas otra cosa es cuando se dice que «nos espantamos de la muerte», que «se acobardan a vista del peligro», que «las olas azotadas por el viento se embravecieron»; gramaticalmente parece decirse que el sujeto obra en sí mismo produciendo el espanto, la cobardía, el embravecimiento; pero ésta es una imagen fugaz que desaparece al instante, un símbolo con el cual enunciamos meramente la existencia de cierta emoción o estado espiritual, verdadero o metafórico, cuya causa real se indica por alguna expresión accesoria (de la muerte, a vista del peligro, azotadas por el viento).

Son muchos los verbos activos que se prestan a esta especie de construcciones cuasi-reflejas de toda persona: «Yo me alegro», «Tú te irritas», «Ella se enfada», «Nosotros nos avergonzamos», «Vosotros os maravilláis», «Ellos se horrorizan», «se amedrentan», «se regocijan», «se asombran», «se pasman».

Pero verbos hay que sólo admiten acusativos reflejos, formando con ellos construcciones cuasi-reflejas de toda persona: «Me jacto», «Te desvergüenzas», «Se atreve», «Nos arrepentimos», «Os dignáis», «Se quejan». Estos verbos se llaman reflejos o pronominales, para distinguirlos de los verdaderos activos, que admiten acusativos de todas clases. El título que suele dárseles de recíprocos es impropio, porque jamás significan reciprocidad, y lo que figuran oscuramente en fuerza de sus elementos materiales, es una sombra de acción que el sujeto ejerce en sí mismo.» (Gramática de la lengua castellana, 1847, § 759-761).

Ya las Gramáticas de la RAE de 1771 y 1796 proponían llamar pronominales a los verbos que se conjugan con los pronombres personales átonos (clíticos) sin que el sujeto y el complemento directo sean referentes (reflexivos).

«Los verbos que nunca se usan sin pronombres personales, no debieran llamarse recíprocos, ni reflexivos, sino pronominales

La Gramática de Alcina Franch / Blecua (1975: § 5.5) ya advertía que la reflexividad no es un rasgo relevante para clasificar un verbo por su significado. Para estos autores, las construcciones pronominales incluyen las construcciones con sentido reflexivo, recíproco, expresivo, incoativo, obligadas, medio, pasivo, impersonal.

«Los términos como reflexivos y recíprocos según expresan acción que se cumple en el mismo sujeto que la ejecuta o acción que se intercambia entre los varios agentes que constituyen el sujeto, se han considerado rasgos irrelevantes para una clasificación del verbo por su significado.»

El Esbozo de una nueva gramática de la lengua española (Madrid, 1977: § 3.5.4) hace notar que el DRAE califica como pronominal a todo verbo o acepción que se construya en todas sus formas con pronombres reflexivos.

«Las oraciones de verbo reflexivo son aquellas en las que el sujeto es a la vez agente y paciente porque la acción vuelve de un modo u otro sobre el sujeto que la realiza. Pero con los verbos causativos el sujeto no es propiamente agente, sino que indica únicamente que el sujeto encarga la acción, sin que él la realice por sí mismo: Se hizo un traje nuevo. En muchos verbos la reflexividad del acto se va atenuando de tal manera que los pronombres solo indiquen una participación o interés en la acción producida. Las gradaciones van borrando el carácter reflexivo primario del pronombre: desde los llamados dativos éticos y de interés (Ella se tomó el café), hasta las expresiones con verbos intransitivos, que se llaman seudorreflejas por sentirse ya muy distantes del significado propiamente dicho, como: Me voy; Mi vecino se ha muerto; Me salí del despacho. En estos ejemplos, el leve matiz de percepción o participación, que el pronombre denota, distingue con claridad estas oraciones de las activas. En ciertos casos se llega a tal distancia del sentido reflexivo, que para dar a entender que el agua sale de la bañera decimos que La bañera se sale. Hay verbos que actualmente no admiten más formas de expresión que la pronominal. Tales son arrepentirse, atreverse, quejarse, jactarse. Esto llevó al DRAE a calificar como pronominal a todo verbo o acepción que se construya en todas sus formas con pronombres reflexivos. “La calificación de reflexivos, que el mismo Diccionario aplicaba antes uniformemente a estos verbos, no era propia para todos estos matices significativos o expresivos. En cambio, la de pronominal, aunque atiende únicamente a la forma, abarca los significados reflexivos y los que no lo son.»

El Diccionario de la lengua española de la RAE, a partir de la decimonovena edición (1970), ya no califica el verbo lavarse ni alegrarse como reflexivo, sino como pronominal. Y todos los verbos que se pueden conjugar con los pronombres reflexivos (clíticos), tengan sentido reflexivo puro o no, llevan la abreviatura: U. t. c. prnl. (= usado también como pronominal. El DRAE emplea para la clasificación de los verbos las abreviaturas siguientes:

tr. (transitivo)

intr. (intransitivo)

prnl. (pronominal)

U. t. c. prnl. (usado también como pronominal)

A pesar del cambio de nomenclatura de la RAE, algunos gramáticos, como Marcos Marín (1980: § 13.8) siguieron clasificando los verbos como transitivos, intransitivos, reflexivos, reflexivos formales o gramaticales y recíprocos.

«Los reflexivos formales o gramaticales son las construcciones cuasi-reflejas de Andrés Bello (Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos, 1847). Son reflexivos formales, pues en su forma aparece un pronombre reflejo, pero no por el sentido. En todos ellos hay que considerar el pronombre reflejo como un falso Objeto Indirecto o un falso Objeto Directo: alegrarse, emocionarse, acordarse, olvidarse, imaginarse, creerse, etc.»

En el Glosario de la terminología gramatical. Unificada por el Ministerio de Educación y Ciencia. Madrid, 1986, § 153, publicada por Alonso Marcos, se define el verbo transitivo como “aquel cuya acción pasa a una persona o cosa distinta del sujeto que la ejecuta”. Para Alonso Marcos, “los verbos transitivos pueden usarse en forma reflexiva y en forma recíproca”. De modo que los así llamados verbos reflexivos son simplemente verbos transitivos en los que el objeto directo tiene el mismo referente que el sujeto.

Gómez Torrego (Manual de español correcto, Madrid, 1991, pp. 89-90) es más explícito: El verbo con valor reflexivo no es un verbo pronominal, sino un verbo transitivo con el que los pronombres átonos actúan como objeto directo o indirecto.

«Cuando el pronombre personal átono desempeña función de objeto directo o indirecto, con valor reflexivo, no debe hablarse de verbo pronominal: Juan se lavó. Juan se puso el abrigo. En estos casos se trata de los verbos lavar y poner y no de lavarse y ponerse, pues los pronombres correspondiente actúan como objeto directo en el primer caso y objeto indirecto en el segundo. Funcionalmente son estructuras equivalentes a las de Juan lavó a Juan. Juan puso el abrigo a Juan

Para Rafael Lapesa (Estudios de morfosintaxis histórica del español. Madrid, 2000, pp. 817 ss.), los así llamados “verbos reflexivos” propiamente dichos son simplemente verbos transitivos en los que el significado del verbo “reflexivo” es el mismo que cuando es transitivo o de acción, solo que su complemento directo tiene el mismo referente que el sujeto de la acción. Sin embargo, para las otras construcciones en las que no hay un objeto directo correferente con el sujeto, Lapesa cita la calificación de “cuasi-reflexivos” de Andrés Bello, y los denomina “reflexivos interiores” porque presentan en forma “reflexiva” (pronominal) un sentido distinto al que cuando son transitivos, cosa que no ocurre con los “reflejos” propiamente dichos.

«La construcción reflexiva propiamente dicha es aquella en que el significado del verbo es el mismo que cuando el verbo es transitivo y de “acción”, y en la que el objeto directo se refiere al mismo ser o cosa que el sujeto. Así, no varía el sentido del lexema verbal entre desatarse y “desatar a otro”, matarse y “matar a otro“, lavarse y “lavar algo”, mirarse y “mirar a otro”, etc. Este reflexivo puede reforzarse con a mí mismo, a ti mismo, etc., refuerzo que nos ayudará a distinguirlo.»

Finalmente, la RAE, en la Nueva gramática de la lengua española (2009), clasifica los verbos, según sus funciones sintácticas, en transitivos, intransitivos y copulativos. Algunos transitivos y muchos intransitivos puede ser, a su vez, pronominales. Los así llamados verbos “reflexivos” no forman ninguna clase especial, son simplemente verbos transitivos cuyo objeto tiene el mismo referente que el sujeto. Desde el punto de vista semántico, los verbos se pueden agrupar en dos grandes clases semánticas: clases aspectuales y clases nocionales.

«Las funciones sintácticas adscritas a cada verbo permiten distinguir entre los TRANSITIVOS (preparar), los INTRANSITIVOS (bostezar) y los COPULATIVOS (ser). Pueden ser, a su vez, PRONOMINALES muchos del segundo grupo (enamorarse) y algunos del primero (creerse una historia). Unos pocos verbos intransitivos son o no pronominales en función de factores geográficos (enfermarse ~ enfermar).

Teniendo en cuenta su naturaleza nuclear o subsidiaria respecto de otra categoría, se distingue entre los VERBOS PLENOS y los AUXILIARES, estos últimos divididos a su vez en varios grupos, según el tipo de perífrasis a que den lugar.

Las clases semánticas de verbos se agrupan en dos grandes bloques: clases aspectuales y clases nocionales. Las CLASES ASPECTUALES de verbos se llaman también CLASES EVENTIVAS porque se establecen en función de los tipos de eventos o sucesos (acciones, estados o procesos) que designan. Así pues, tales agrupaciones, que tienen numerosas consecuencias sintácticas, se establecen a partir del modo de acción de los verbos o de los predicados verbales. Se distinguen asimismo varias CLASES NOCIONALES de verbos. Estas clases agrupan los predicados verbales de acuerdo con numerosos criterios semánticos: verbos de percepción, de voluntad, de pensamiento, de movimiento, de lengua, de reacción afectiva, etc.» (RAE: Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa Libros, 2009, § 1.9k)

«El morfema pronominal átono que caracteriza a los verbos pronominales no es argumental, por lo que no le corresponde propiamente una función sintáctica. Así, el morfema se no constituye el complemento directo de despertar en El niño se despertó, sino un segmento que forma parte de la constitución léxica del verbo despertarse. Los mismos pronombres pueden ser también reflexivos, y en tal caso se interpretan como argumentos.» (RAE: NGLE 2009, § 41.7.1c)

Extendiendo las propiedades sintácticas del verbo a las oraciones, se pueden dividir estas en transitivas, intransitivas y copulativas. Las llamadas “oraciones reflexivas” pueden ser transitivas, intransitivas y copulativas, en lo que coinciden con las recíprocas. No constituyen, pues, una clase distinta, sino clasificaciones cruzadas de los tipos anteriores.

«Es habitual en la tradición extender a las oraciones ciertas propiedades sintácticas del verbo con el que se construyen. De acuerdo con este criterio clásico, que se acepta aquí, las oraciones suelen dividirse en TRANSITIVAS (Los pájaros sobrevuelan los campos), INTRANSITIVAS (Su segundo hijo nació ayer) y COPULATIVAS (El día está fresco).

Las primeras se forman con verbos transitivos; las segundas, con intransitivos, y las terceras, con verbos copulativos. Algunos gramáticos entienden que es posible reducir las copulativas a las intransitivas, puesto que los verbos copulativos no tienen complemento directo. Se añaden a veces otras clases a este paradigma, pero suele aceptarse que esos nuevos grupos establecen en realidad subdivisiones de los anteriores, o bien que introducen clases formadas con criterios que se cruzan con los señalados. Así, las oraciones PASIVAS (El escándalo fue difundido por la prensa) se pueden asimilar a las intransitivas y, en parte –piensan algunos gramáticos–, también a las copulativas. Es importante resaltar que el análisis de los tipos de oraciones en función de la naturaleza del predicado se convierte a menudo en el estudio del predicado mismo. Así, los verbos que se construyen con complementos de régimen pueden ser intransitivos (Confío en ti) o transitivos (Te invito a cenar). La necesaria distinción entre unos y otros no afecta a la clasificación oracional, pero es pertinente para el análisis de las clases de predicados verbales que se distinguen en español.

Algunos gramáticos tradicionales añadían al paradigma de los tipos de oraciones que se distinguen en función de la naturaleza del predicado las oraciones REFLEXIVAS. No obstante, estas oraciones pueden ser transitivas (Se cuida a sí mismo), intransitivas (Solo confía en sí mismo) y copulativas (Siempre es igual a sí mismo), en lo que coinciden con las recíprocas. Así pues, no constituyen una clase distinta, sino clasificaciones cruzadas de los tipos anteriores.

En general, predomina en la actualidad la opinión de que las propiedades específicas de algunos componentes de las oraciones no determinan necesariamente TIPOS ORACIONALES: la presencia de una negación, la ausencia de un sujeto léxico o la de un complemento directo, la relación entre un pronombre y su antecedente, la presencia de un cuantificador comparativo, etc., no son sin duda rasgos sintácticos relevantes, y deben analizarse de manera exhaustiva en relación con los demás componentes de esas estructuras. Sin embargo, no constituyen características gramaticales que hayan de definir de manera obligatoria un PARADIGMA ORACIONAL.» (RAE: NGLE 2009, § 1.13j-k)

Un mismo verbo puede ser:

  1. transitivo no reflexivo: Pedro golpea a Juan.

  2. transitivo de acción refleja: Pedro se golpea (a sí mismo).

  3. transitivo de acción recíproca: Pedro y Juan se golpean el uno al otro.

  4. pronominal intransitivo no reflexivo: Pedro se golpeó en un brazo al caer.

  5. pronominal transitivo: Pedro se golpeó la cabeza contra la pared.

 

 

 

 

 

 

 

verbo

transitivo

con complemento directo: Come algo antes de salir.

transitivo con valor reflexivo

complemento y sujeto tienen el mismo referente: Me afeito.

transitivo con valor recíproco

interacción entre dos personas: Se aman y se admiran mutuamente.

transitivo pronominal

No me creo esa historia.

intransitivo

sin complemento directo: No comas tan de prisa.

intransitivo pronominal

Esas manchas solo se van con lejía.

pronominal inherente

Arrepentirse de un pecado.

pronominal con un dativo

expresivo de interés

El pulgón se ha comido el rosal.

La luz se está comiendo el color de los muebles.

 

 

 

Se tiende a pensar que todo verbo que en infinitivo lleva un se enclítico es un verbo reflexivo: morirse, asustarse, alegrarse. En realidad los verbos reflexivos propiamente dichos no existen como una clase particular de verbos. Únicamente existen verbos utilizados como tales, ya que todos los verbos pueden usarse también de forma reflexiva cuando el sujeto resulta ser al mismo tiempo el objeto o el beneficiario de la acción que realiza: Lavarse, afeitarse, peinarse, lavarse la cara, afeitarse la barba, peinarse el pelo. Cuando no es este el caso, se trata de un verbo pronominal que es inherentemente pronominal o que alterna el uso pronominal con el uso transitivo o intransitivo (cambiando la mayoría de los casos de significado).

En realidad, no existen “verbos reflexivos”, sino oraciones o construcciones reflexivas que se caracterizan por la presencia de un pronombre reflexivo (me, te, se, nos, os, se) y en las que el sujeto es al mismo tiempo el objeto o el beneficiario de la acción del verbo: La madre se lava (a sí misma). La madre se lava la cara (lava su cara). Los verbos usados en las construcciones reflexivas pueden usarse también en oraciones no reflexivas: La madre lava al niño. La madre le lava la cara al niño.

Los verbos que aparecen acompañados de un pronombre o clítico sin función de complemento del verbo, reciben el nombre de verbos pronominales. El pronombre forma parte del verbo y no puede ser sustituido por un sintagma nominal: Imaginarse algo > Me imagino algo; pero no se puede decir Me imagino algo a mí mismo. Hay verbos exclusivamente pronominales, es decir, que no se pueden emplear sin el pronombre: arrepentirse, quejarse, vanagloriarse (no existe el verbo *arrepentir, *quejar, *vanagloriar). Y hay muchos verbos que presentan una forma no pronominal y otro pronominal, con diferencia de matices en el significado: ir / irse, marchar / marcharse, dormir / dormirse, clasificar / clasificarse, etc. Los efectos peculiares de sentido de los verbos con alternancia pronominal pertenece al léxico y no a la sintaxis, al diccionario más que a la gramática.

La Nueva gramática de la RAE no habla de verbos reflexivos ni de oraciones reflexivas, sino de interpretación reflexiva de algunos pronombres o de algunos predicados o construcciones.

«Los reflexivos son pronombres personales que requieren un antecedente en su propia oración, aunque puede situarse de manera más restringida en otros entornos. Así, en Yo me conozco bien, el pronombre me es reflexivo porque hace referencia a la misma persona que el sujeto de la oración (yo), que es su antecedente. Los pronombre , se (en este uso) y consigo son inherentemente reflexivos. Los demás pueden ser o no reflexivos en función del contexto sintáctico, por lo que no están marcados morfológicamente para esa interpretación. Así, puede decirse Lo guardaste para ti (ti es aquí reflexivo), pero también Lo guardé para ti (donde ti no es reflexivo). En cambio, el contraste Lo {*guardé ~ guardó} para sí muestra que solo admite la interpretación reflexiva, y que su antecedente es aquí el sujeto de guardó. Adquieren, de manera análoga, la interpretación reflexiva los pronombres subrayados en Yo me cuido mucho o Tu hijo es un egoísta y quiere todos los juguetes para él, pero no la adquieren los marcados en Elvira te cuida mucho o Compraste varios juguetes para él. Se asimilan a los reflexivos los pronombres que aparecen con los verbos pronominales (me arrepiento, te adentras, se digna, nos referimos...), aunque no desempeñen ninguna función sintáctica.» [RAE: NGLE-Manual, § 16.2.2ª]

 

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