FORO DE CONSULTAS - ARCHIVO

En la Fraseología taurina de la Hispanoteca veo que se dice de un toro que tiene trapío,

es un toro de trapío; se dice también de una mujer que es de trapío.

¿Se puede aplicar también a otras cosas?

¿Y se dice también de un hombre que „tiene trapío“?

La estampa que ofrece un barco a toda vela dio pie para la aplicación en sentido metafórico tanto al toro como a la mujer. Luego, por extensión, a actividades que se acometen con brío, coraje y agallas. Significado muy afín al alemán Schneid haben / Mumm haben > tener agallas / tener coraje. Sólo que de una mujer se puede decir que tiene trapío cuando tiene „aire garboso“ (dt. Schwungvoll, flott), mientras que del hombre no se dice que tiene trapío, sino que acometió algo con mucho trapío, con brío, coraje y decisión. Ha sido considerado como criterio para que un toro tenga trapío, el que tenga buenos pitones (Hörner/Hornspitzen). Asimismo, se habla de una mujer que tiene „buenos pitones“ cuando tiene los pechos bien puestos y bien marcados. Este sería también un criterio para decir de una mujer que tiene trapío; criterio que no se podría aplicar al hombre por la carga negativa que en el hombre tiene la palabra „cuernos, cornudo“. Así que para el hombre queda, como único elemento de comparación con el toro, la bravura y el ímpetu en la acometida. Según el DRAE, la palabra es sólo aplicable a una „mujer garbosa“, un „toro de buena planta“ y al „conjunto de velas de una embarcación“.

Origen de la palabra trapío: Trapo [dt. Segel] > „a todo trapo“ [dt. mit vollen Segeln] > Velamen [dt. Segeltuch] > Trapío (fig).

En cuanto al trapío del toro, se discute si es la envergadura, los kilos, la bravura, etc. lo que hace que se diga de él que tiene trapío. Últimamente se ha visto el trapío más bien en los kilos, pero los entendido dicen que es más la estampa del toro en su totalidad y, sobre todo, el hecho de que sea un toro „hecho y derecho“, que tenga „cara de hombre“, es decir, que no sea todavía un novillo.

trapío

  1. m. coloq. Aire garboso que suelen tener algunas mujeres.

  2. m. coloq. Buena planta y gallardía del toro de lidia.

  3. m. desus. Conjunto de velas o trapos de una embarcación. [DRAE]

trapío

  1. (de mujer) Grazie, Anmut.

  2. (TAUR) Stattlichkeit.
    [Pons: Wörterbuch für die berufliche Praxis. Spanisch]

trapío

(Mar) Segel(werk). Selbstbewußtes Auftreten (bes. v. Frauen). Mujer de (buen) trapío: fesche, einnehmende Frau // pop dralle Dirne.

(Taur) gutes Aussehen eines Stiers. Tener trapío: kampflustig sein (Stier).

[Slaby-Grossmann: Wörterbuch der spanischen und deutschen Sprache]

El término trapío procede del mundo de la tauromaquia.

No se suele decir que un hombre tiene trapío, pero sí que hace alguna cosa con trapío (ver al final de esta página ejemplos del vocablo en contextos no taurinos): decidieron acometer empresas más ímprobas y de mayor trapío

«El trapío: Una palabra muy utilizada que se refiere a la presencia del toro de lidia, y que también conviene precisar equilibradamente porque el término es asimismo tan vario como tantas razas hay en la ganadería brava. Conviene, por delante, insistir en que el trapío no es una condición exacta ni medible. Cada ganadería tiene su trapío, de modo que un toro alto, grande y muy pesado puede no tener trapío y otro recortado, bajo y con pocos kilos, puede tenerlo al máximo. Se dice que un toro tiene trapío cuando su presencia causa respeto independientemente de su tamaño. La buena planta no se corresponde exactamente con la alzada; se  tiene o no se tiene. Lo mismo que una mujer puede tener planta -muy bien plantá en términos castizos- independientemente de su estatura. El toro con trapío debe tener, en este sentido, buena planta: romana o peso acorde con su alzada, carnes justas y musculadas, las propias de un ser atlético; pelo brillante y limpio, fino y bien sentado; morrillo grueso, patas finas, pezuñas redondeadas y pequeñas, cornamenta bien conformada y limpia; cola larga, espesa, y ojos negros, vivaces, sin defectos. Y como la cara es el espejo del alma, al mejor trapío suele corresponder la mejor bravura. Pero ¿qué es, en definitiva, la bravura? Como acción de acometer resueltamente y con constancia, definen algunos diccionarios la bravura. En general, un ser capaz de luchar. Pero es mucho más. El concepto de bravura ha cambiado con el tiempo en función de los gustos que el público ha ido imponiendo a medida que el toreo evolucionaba y se iba practicando con mayor perfección. En principio, la bravura se consideró como un instinto de defensa provocada por la cólera del toro en el instante de ser molestado. Hay quienes lo explican como miedo o cobardía del toro ante lo desconocido y, sucesivamente, como una huida hacia adelante tratando de acabar con quien le molesta, aunque en su empeño sea castigado. Otros dicen que la bravura es una misteriosa y natural valentía del toro que ataca impulsivo a cuanto se mueve y le excita. Desde luego, una de las características de la bravura es crecerse al castigo en vez de sucumbir o huir acobardado como cualquier otro animal». (Moral, José Antonio del: Cómo ver una corrida de toros, 1994)

Trapío es el aspecto, la estampa y las proporciones externas del toro.

Los camperos lo definen diciendo que el toro „tiene cara de hombre“, es decir, que ya no es un niño. Pero el trapío lo da la edad, la cual es contraria a la economía de los ganaderos, como es natural.

Cossío manifestaba que „el término trapío derivaba del lenguaje marinero“ (trapío sinónimo de velamen o arboladura, referido particularmente a la cornamenta).

En definitiva, cuando un espectador aprecia algún sujeto que le impresiona a primera vista suele decir: „vaya trapío...“. Está claro que esta impresión y por ende el concepto siempre será subjetivo.

En los toros y en los toreros la estampa peculiar del individuo.

El escritor pinta a 'Venturoso', que le corresponde a Rafi, como toro de trapío, bravura y seriedad.

Discusión en el mundo taurino sobre lo que es el trapío

 

trapío > presencia exterior del animal, pero no son los kilos. Fuerza no es sinónimo de casta, ni de bravura ni, por supuesto, de trapío.

El trapío es la estampa y buena presencia que ofrece el toro al salir a la plaza, y esta está sujeta a la percepción subjetiva del espectador. Como los gustos cambian con el tiempo, últimamente el público califica como toro de trapío a un toro entrado en kilos, robusto, de figura espectacular. Los entendidos se han puntualizado siempre que el trapío no sólo no tiene nada que ver con los kilos, sino que más bien está reñido con el peso del toro, más bien es cuestión de edad (es decir, que el toro tenga la edad madura para ser lidiado, tenga „cara de hombre“ y no sea un novillo o parezca anovillado). Esta sería la primera condición para el trapío: un toro hecho y derecho. La otra es el equilibrio todas las características físicas: no demasiado de esto, no demasiado de aquello, etc.

Pero en su origen, la palabra trapío viene de ... velamen > cornamenta; así luego por extensión se dice de una mujer con buenos pitones, o entradita en carnes, que es una mujer de trapío.

Por extensión se dice de la forma de actuar de un hombre (normalmente en el escenario) cuando derrocha talento, le echa ganas, muestra vitalidad creadora. Es decir, cuando sale al escenario como el toro al ruedo.

Es decir, la imagen que subyace en el término trapío puede ser:

a) cornamenta del toro (velamen del barco) que le da vistosidad

b) casta, raza, temperamento

c) envergadura, kilos

Envergadura:

Distancia entre las puntas de las alas de un ave cuando están extendidas. [dt. Flügelspannweite]

Distancia entre los extremos de las alas de un avión. [dt. Flügelspannweite]

Ancho de la vela de un barco. [dt. Segelbreite]

[En sentido figurado] Importancia o dificultad de algo. [dt. Bedeutung / Umfang / Ausmaß / Größe]

ser de gran envergadura > von einschneidender Bedeutung

ser de gran envergadura > sehr bedeutend, sehr wichtig sein

envergadura espiritual > geistige Bedeutung

calibrar la envergadura de una obra > die Bedeutung eines Werkes ermessen können

Don Juan José Rueda se refirió a la definición de que trapío como la impresión que causa el toro al salir a la plaza, y que por consiguiente hay que variar el concepto de trapío en función del encaste de que se trate.

Dicho de un pájaro: Defectos más destacables son estar falto de trapío, escaso de buche o estar este descolgado o deteriorado o moverlo en forma de péndulo, basicamente al volar; ser corto de cuello o con malas posturas.

trapío en el contexto taurino

 

Se sugiere, para resarcir a la fiesta su prestigio y su emoción, que los toros para las corridas de primera tengan al entrar a la plaza cuatro años y medio garantizado en papeles legales y los novillos tres años y medio, para poder presenciar el espectáculo que debe ser la Fiesta de los Toros. Los de cuatro recién cumplidos como vimos en corridas recientes, tienen el comportamiento de novillos precisamente por la falta de madurez y cuajo qe deben tener los toros de casta. Los kilos no deben contar tanto como la edad; el subjetivo trapío debe preocuparnos menos, toda vez que hemos visto muchos toros excedidos de trapío que han dado pésimo juego y no se han dejado meter mano. 

 

TRAPÍO

[Fuente: ABC Toros]

 

El trapío es uno de los conceptos más usados y menos comprendidos de la actualidad. Por definición, es un concepto que recoge múltiples características del toro: no se puede hablar de trapío sin observar la procedencia de cada toro, la ganadería a la que pertenece, su genética incluso. El trapío es particular y no una causa común definitoria sólo en los reconocimientos. El trapío ha de resaltar la procedencia del toro, su encaste, su ganadería, observando la rusticidad del toro pero también su característica de animal bajo y fino. Trapío es armonía, nunca los kilos. Trapío no son los pitones sino la seriedad del conjunto, su lustre, sus hechuras.

TRAPÍO

[Fuente: Fiestas populares taurinas]

 

Sabio planteamiento, pues el trapío siempre debe aplicarse en función y referencia al tipo del propio encaste, al que pertenece toro. Y es que, al igual que todos los seres humanos no son iguales, tampoco lo son los toros. Vaya un pequeño ejemplo: Un nórdico se diferencia bien de un latino, y éste a su vez de un sajón. Diferencias que pueden observarse en lo físico y en lo psíquico. Siguiendo entonces con el argumento, no es posible comparar al nórdico de 1,80 de altura, rubio y con ojos azules, con el latino de 1,65, moreno y ojos oscuros. Ambos pueden tener trapío, pero cada cual dentro de las características de su grupo racial.

De esta forma, el trapío del toro puede considerarse como la armonía de hechuras del individuo, dentro de su misma raza. Que nadie asimile, por tanto, que trapío es sólo el peso, la encornadura y sus pitones, su alzada o tamaño, pues aun siéndolo, y formando todo ello parte de su agresiva armonía, no se puede olvidar la obligada referencia al tipo y el cuajo, así como a la presencia ofensiva que dé la sensación de temible que debe tener este bello animal de la naturaleza. Sólo de esta manera, y respetando el carácter subjetivo que más tarde le dé cada cual, puede definirse lo que es el trapío.

Entre las múltiples definiciones de trapío existentes, resulta destacable la del escritor taurino Bruno del Amo, «Recortes», que, por ser tan completa y exhaustiva, creo que puede considerarse de interés: «el toro -dice es un ser corpulento y de mucha presencia, bien proporcionado y fuerte. De articulaciones bien pronunciadas y flexibles; piel fina (antiguamente se posaba la piel y podía considerarse fina la que pesaba entre sesenta y ochenta libras, aproximadamente treinta o cuarenta kilos); pelo luciente, lustroso, espeso, liso, igual, sentado, fino, suave y limpio; cabeza poco voluminosa y descarnada; testuz ancho; cuernos bien colocados, fuertes, delgados, lisos, tersos, finos, puntiagudos, de regular tamaño, oscuros, negros o verdinegros; ojos grandes, de fiero mirar, salientes, vivos, brillantes, relucientes y encendidos; orejas pequeñas, vellosas y muy movibles; hocico pequeño, fino, elástico y negro o casi negro; ventanas de la nariz abiertas y dilatadas; cuello flexible, corto, redondo y grueso; morrillo grande, ancho y levantado; papada pequeña; pecho ancho y profundo; vientre deprimido, pero bien desarrollado; dorso marcado, pero llano; lomos finos y rectos; grupa ancha y musculosa; cola alta, delgada, fina y prolongada hasta pasar por los corvejones y espesa al final; ancas ligeramente elevadas; extremidades recias, robustas, nervudas, enjutas, fornidas y lo más rectas y delgadas posible; corvejones bien proporcionados; cuartillas más bien largas; pezuñas más bien pequeñas, bien redondeadas y hendidas, lisas, elásticas, lustrosas y del color de los cuernos o más oscuras y negras; aplomos buenos; órganos de la generación bien desarrollados; dentadura sana y blanca, los sentidos muy desarrollados; movimientos del cuerpo rápidos, enérgicos y desenvueltos; peso de veinticuatro arrobas en canal y edad de cinco a siete años».

¿Puede existir definición más exacta y bella del toro? Y concluye «Recortes»: «Del toro que reúna estas condiciones se dice que tiene buen trapío y será más fino el que más reúna de dichas condiciones y más basto el que reúna menos».

Trapío puede tener un toro de Miura, otro de Albaserrada u otro de Tamarón-Conde de la Corte; pero como lo puede tener igualmente uno de Santa Coloma u otro de Contreras. Y habría que insistir en que no es cuestión de peso, pues trapío puede tenerlo un toro de Miura (raza Cabrera), que aguanta más de 600 kg. que otro de Santa Coloma (raíz Vistahermosa), que presenta originariamente un menor volumen, alrededor de 450-550 kg, por poner pesos determinados.

Por eso es tan difícil que la autoridad, los profesionales taurinos y los mismos aficionados se pongan de acuerdo en este concepto. Confundir trapío con kilos, además de ser inexacto es un grave error de concepto que va contra la movilidad y ésta contra el espectáculo.

Cada toro, cada encaste, cada plaza y cada pueblo debe tener en cuenta, en la elección de sus corridas, sus gustos, pero dentro del orden que establece el concepto de trapío, es decir, las características de cada toro.

Y eso que, el que esto reflexiona considera que la discusión forma parte del aliciente, la tertulia y la discusión taurina. Pero teniendo claros algunos conceptos.

Y muchos se debieran de olvidar que el traer el toro más grande ‚para las fiestas de su pueblo, calle o barrio no es garantía de triunfo si lo que de verdad el aficionado quiere es ver un toro bravo y fiero correr tras los aficionados.

Fenotipo del toro de lidia > el trapío

[Fuente: Tauromaquia]

 

Fenotipo: Según la Academia de la Lengua, es la manifestación externa del conjunto de caracteres hereditarios controlados por los genes en los seres vivos. Dentro de ciertos límites puede estar influida a veces por los factores ambientales.

En el lenguaje taurino el fenotipo se conoce como sinónimo de trapío, belleza o proporciones armónicas. El trapío corresponde a los caracteres que se aprecian a simple vista en el toro de lidia. De esta forma el aficionado puede prejuzgar sus probables condiciones posteriores sólo contemplando su aspecto, estampa y proporciones externas.

Francisco Montes „Paquiro“, el alumno más insigne y preclaro que tuvo la Escuela de Tauromaquia de Sevilla en sus pocos años de duración, decía en su Tauromaquia, publicada en 1836, que „para que un toro fuera fino debía de tener el pelo luciente y espeso, asentado y suave al tacto, las piernas secas y nerviosas y las articulaciones bien pronunciadas y movibles, la pezuña pequeña, corta y redondeada, la cola espesa, fina y redonda, los cuernos fuertes, iguales y negros, los ojos vivos y también negros y las orejas vellosas y movibles“. Esto es lo que se conocía en tiempos de Paquiro por buen trapío.

Evidentemente, cada familia, raza o especie tiene un trapío particular y siempre será una apreciación subjetiva, de acuerdo con los cánones de belleza en cada caso. Álvaro Domecq en su obra El toro bravo dice que „el trapío es un concepto que no puede especificarse en un reglamento. Los camperos lo definen diciendo que el toro „tiene cara de hombre“, es decir, que ya no es un niño. Pero el trapío lo da la edad, la cual es contraria a la economía de los ganaderos, como es natural“. Joselito „El Gallo“ decía que „el toro de 5 y el torero de 25“ (se refería a los años), pero ahora pocos cinqueños se ven en las plazas. Sin embargo Cossío manifestaba que „el término trapío derivaba del lenguaje marinero“ (trapío sinónimo de velamen o arboladura, referido particularmente a la cornamenta).

En definitiva, cuando un espectador aprecia algún sujeto que le impresiona a primera vista suele decir: „vaya trapío...“. Está claro que esta impresión y por ende el concepto siempre será subjetivo.

 

EL TRAPÍO

[Fuente: La Cabaña Brava]

 

El trapío lo define Francisco Montes „Paquiro“, en su Tauromaquia, como la finura del toro: „Para que un toro sea fino, -dice-, ha de reunir el pelo luciente, espeso, sentado y suave al tacto, las piernas secas y nerviosas, con las articulaciones bien pronunciadas y movibles, la pezuña pequeña, corta y redonda; los cuernos fuertes, pequeños, iguales y negros; la cola larga, espesa y fina; los ojos negros y vivos; las orejas vellosas y movibles. Esto es lo que se conoce por buen trapío“. Y añade el mismo „Paquiro“: „Generalmente cada provincia, y aún, cada casta tiene un trapío particular, y hay algunos aficionados tan inteligentes que rara vez los equivocan.“.

Sabio planteamiento, pues el trapío siempre debe aplicarse en función y referencia al tipo del propio encaste, al que pertenece toro. Y es que, al igual que todos los seres humanos no son iguales, tampoco lo son los toros. Vaya un pequeño ejemplo: Un nórdico se diferencia bien de un latino, y éste a su vez de un sajón. Diferencias que pueden observarse en lo físico y en lo psíquico. Siguiendo entonces con el argumento, no es posible comparar al nórdico de 1’80 de altura, rubio y con ojos azules, con el latino de 1’65, moreno y ojos oscuros. Ambos pueden tener trapío, pero cada cual dentro de las características de su grupo racial.

De esta forma, el trapío del toro puede considerarse como la armonía de hechuras del individuo, dentro de su misma raza. Que nadie asimile, por tanto, que trapío es sólo el peso, la encornadura y sus pitones, su alzada o tamaño, pues aún siéndolo, y formando todo ello parte de su agresiva armonía, no se puede olvidar la obligada referencia al tipo y el cuajo, así como a la presencia ofensiva, - que dé la sensación de temible- que debe tener este bello animal de la naturaleza. Sólo de esta manera, y respetando el carácter subjetivo que más tarde le dé cada cual, puede definirse lo que es el trapío.

Entre las múltiples definiciones de trapío existentes, resulta destacable la del escritor taurino Bruno del Amo, „Recortes“, que, por ser tan completa y exhaustiva, creo que puede considerarse de interés: „el toro“, - dice-, „es un ser corpulento y de mucha presencia, bien proporcionado y fuerte. De articulaciones bien pronunciadas y flexibles; piel fina (antiguamente se pesaba la piel y podía considerarse fina la que pesaba entre sesenta y ochenta libras, aproximadamente treinta o cuarenta kilos); pelo luciente, lustroso, espeso, liso, igual, sentado, fino, suave y limpio; cabeza poco voluminosa y descarnada; testuz ancho; cuernos bien colocados, fuertes, delgados, lisos, tersos, finos, puntiagudos, de regular tamaño, oscuros, negros o verdinegros; ojos grandes, de fiero mirar, salientes, vivos, brillantes, relucientes y encendidos; orejas pequeñas, vellosas y muy movibles; hocico pequeño, fino, elástico y negro o casi negro; ventanas de la nariz abiertas y dilatadas; cuello flexible, corto, redondo y grueso; morrillo grande, ancho y levantado; papada pequeña; pecho ancho y profundo; vientre deprimido, pero bien desarrollado; dorso marcado, pero llano; lomos finos y rectos; grupa ancha y musculosa; cola alta, delgada, fina y prolongada hasta pasar por los corvejones y espesa al final; ancas ligeramente elevadas; extremidades recias, robustas, nervudas, enjutas, fornidas y lo más rectas y delgadas posible; corvejones bien proporcionados; cuartillas más bien largas; pezuñas más bien pequeñas, bien redondeadas y hendidas, lisas, elásticas, lustrosas y del color de los cuernos o más oscuras y negras; aplomos buenos; órganos de la generación bien desarrollados; dentadura sana y blanca; los sentidos muy desarrollados; movimientos del cuerpo rápidos, enérgicos y desenvueltos; peso de veinticuatro arrobas en canal y edad de cinco a siete años“.

¿Puede existir definición más exacta y bella del toro?. Y concluye „Recortes“: „Del toro que reúna estas condiciones se dice que tiene buen trapío y será más fino el que más reúna de dichas condiciones y más basto el que reúna menos.“.

Trapío puede tener un toro de Miura, otro de Albaserrada u otro de Tamarón-Conde de la Corte; pero como lo puede tener igualmente uno de Santa Coloma u otro de Contreras. Y habría que insistir en que no es cuestión de peso, pues trapío puede tenerlo un toro de Miura (raza Cabrera) que aguanta más de 600 kgs., que otro de Santa Coloma, (raíz Vistahermosa) que presenta originariamente un menor volumen, alrededor de 450-550 kgs. por poner pesos determinados.

Por eso es tan difícil que la Autoridad, los profesionales taurinos y los mismos aficionados se pongan de acuerdo en este concepto. Confundir trapío con kilos, además de ser inexacto, es un grave error de concepto, que va contra la movilidad, y ésta contra el espectáculo.

Cada toro, cada encaste, cada plaza, debe tener en cuenta, en la elección de sus corridas, sus gustos, pero dentro del orden que establece el concepto de trapío, es decir, las características de cada toro.

Y eso que, el que esto reflexiona considera que la discusión forma parte del aliciente, la tertulia y la discusión taurina. Pero teniendo claros algunos conceptos.

El trapío en contextos no taurinos

 

«Cuando estalló el Movimiento, y dada su amistad con el poeta Roy Campbell, el mal llamado Pepe el Escocés se embarcó en un vapor de Ybarra en el puerto de Londres, dispuesto a incorporarse a los tropas nacionales como gaitero de la Banda del Tubero en el Tercio Virgen de los Reyes, donde era requeté otro poeta, Rafael Montesinos, para quien Campbell (que era más de derechas que los tirantes de Fermín Bohórquez) le había dado carta de recomendación, a fin de que los Barrau lo dejaran sentar plaza. Pero en el control de Rosal de la Frontera, por donde pretendía entrar a España tras desembarcar en Lisboa y venirse con una caravana de camiones Ford nuevos que traía para la 40 División el oficial de sastre Antonio Burgos Carmona, sargento de Automovilismo, Pepe fue rechazado por los veterinarios de la Remonta de Ecija por exceso de trapío. Volvió entonces a Edimburgo, donde continuó su brillante carrera militar, llegando al grado y empleo de Cantinero Mayor de los Reales Regimientos de Escocia, participando luego en la construcción del Puente sobre el Rio Kwait, en Objetivo Birmania, en el Desembarco de Normandía, y en otras batallas de la II Guerra Mundial tipo cartelera del cine Bécquer, porque Pepe se apuntaba a un bombardeo».

«Cuando se buscaba presidenta del PP en Andalucía, entre una gorda como Amalia y una delgada, hética, casi anoréxica como Teófila Martínez, Arenas rechazó a Gómez por exceso de trapío y se quedó con Martínez. No hay derecho, Amalia. A una delgada como Teófila, ¿cómo la van a votar las gordas? En las elecciones funciona el espíritu de cuerpo».

«Por fin, se apagaron las luces y arrancó Kiko Veneno, en corto y por derecho, con un "Lobo López" que parecía presagio de una noche mágica de rumba-que-tumba, que diría Ragnampiza. Y así pudo haber sido. Las canciones de "Échate un cantecito" andan sobradas de trapío y de casta, la clase de material incendiario que necesita Raimundo Amador, nuestro Jimi Hendrix, para desatar su genio. Pero el genio sólo apareció de puntillas, como si no estuviera previsto en el programa».

«Cuando Bill Clinton dijo aquello tan bonito y tan romántico, oh, que quería volver a Granada para ver la puesta de sol más bella del mundo, me apresuré a decir al consejero de Turismo de la Junta de Andalucía que a este hombre había que mandarle un pavo. El mejor de las ganaderías de pavo andaluzas, un Pavo-Romero cárdeno, de cinco yerbas. Considerada ahora, tras el exitazo de la Ryder Cup y los 600-millones-de-espectadores-nos- contemplan, la propaganda de Clinton puede que tenga menos mérito. Puestos a mandar pavos, ahora, con su publicidad gratuita de la Costa del Golf, habría que mandar un pavo a Busch, otro pavo al príncipe Eduardo de Inglaterra, otro a Jacques Santer, incluso un pavo rechazado por exceso de trapío en el reconocimiento a Severiano Ballesteros. Iban a faltar pavos».

«Carlos Arniches conoció la gloria entre las gentes sencillas y su gratitud por haberse dedicado de forma especial a ellas. El Madrid popular y castizo de fin de siglo es el ambiente en que se desarrolla la acción de estas obras. Apenas cultivó el tema y ambiente burgueses. En cuanto a los personajes, también proceden del pueblo: «el albañil, el guardia, el borracho, la moza de trapío, la 'señá' sentenciosa, la vecina murmuradora, la familia cursi...». Rasgo esencial de estos sainetes es, por tanto, la presentación de tipos; junto a ello, la comicidad del lenguaje».

«No hay trampa porque en el interior de tan excelente estuche hay eso: Soneros de Verdad. Ahí no engañan. Con la música cubana sucede que, en ocasiones, le dan a uno gato por liebre y las cosas no son lo que parecen. No es que nos cuelen mala música o malos productos sino que la calidad no es tan alta como anuncian. Y con este "A Buenavista, Barrio de La Habana", lo que pasa es que hay un pequeño truco de la productora alemana Timba al dedicarlo al célebre y musicado barrio habanero. Luis Frank, el "introductor" y cantante principal, pone el anzuelo mencionando de pasada y casi subliminalmente el célebre disco de Ry Cooder. Y, aún habiendo lógicas diferencias, este álbum de trapío, casta, y sonido impactante, cuenta con músicos expertos (Pío Leyva, "Maracaibo", "Puntillita"...) y una gran selección de canciones grabadas de manera excelente».

«Jorge Camet, el titular de Economía que viajó acompañado de sus asesores y amigos Roberto Abusada y Fritz DuBois, ha sido una figura destacada, ido ya Domingo Cavallo, el argentino cuya estrella se opacó. Y no es para menos. De los ministros de Economía de la región, es el único que ha asistido por quinta vez a las asambleas anuales del BID, el cónclave que ratifica amistades y reanuda nuevos hilos. No hay duda de que Camet -como ocurría con Anteo- rejuvenece y se envalentona en los cónclaves con trapío. El año pasado, para no ir muy lejos, regresó de Buenos Aires y colaboró con la vasta poda de ministros que tuvieron la veleidad de disentir con él».

«Seis días más tarde, cuando el marinero de segunda Gervasio García de la Lastra, vestido de gala, pechisacado, muy poseído de sí, pisaba resueltamente el combés, esmerándose en adoptar un paso gallardo ante la atenta mirada del oficial de guardia, alférez de navío don Agustín Tárrega, y del instructor de marinería, don Manuel Borau, en el momento de llevarse la mano a la sien derecha, como era lo preceptivo, y volver su cabeza altiva hacia el tribunal juzgador, restalló como un latigazo la colérica desaprobación del instructor:

- ¡Ese cuello! ¡Fuera!

Dos días después, el marinero de segunda Gervasio García de la Lastra, convicto de su desgaire, oportunamente asesorado por su amigo Pedro María de Vega, procuró enmendar sus imperfecciones, imprimir trapío a sus andares y elasticidad a su cuello y, con esta pretensión, inició el paseíllo ante el oficial de guardia, teniente de navío don Gaspar Hungría, y el susodicho instructor de marinería, don Manuel Borau, pero antes de llegar a la altura de éste, una voz destemplada («¡Ese cuello, fuera!»), que pareció brotar de las mismísimas entrañas de la tierra, le confirmó en su confinamiento».

«El crítico Monleón fue el que tergiversó mi vida... Yo era un mozo lleno de trapío que de primera comunión vestido soñaba con caminos, canales y puertos, pero llego el crítico jamelgo a las tierras de Albacete y con labia judía me interesó en las tablas... El y sólo él tiene la culpa de mis desgracias... Porque qué hago, yo ahora con estas veinticuatro hijas solteras si el estado me niega la paternidad del estreno... ¡Oh, maldito crítico Monleón, yo te maldigo...!».

«Al recibir este dardo, como Rosa no puede decir que la han entretenido un rato sin inspirar la sospecha de que ella ha hecho algo para procurarlo, ni rechaza ni aprueba la afrenta y el suspiro sintáctico se enreda en el vendaval; tributo de adoración para unos, escarnio mayúsculo para otros -decíasele a una mujer guapa, «negra» o «morucha»; a una fea, «furcia» o «furciales»; a una niña airosa y bonita se la llamaba «de buen trapío»; a una dama guapa y corpulenta, «buena mujer-, esta violación ruidosa del bonancible orden, elegía del solitario que desde su áspero desierto encomia las excelencias del oasis, es la convulsa y desgarrada interpelación de afecto del que desesperado la emite aun a sabiendas de que no será atendida».

«Y así vivieron tranquilos y felices durante algún tiempo. Dionisio olvidaba poco a poco todo lo que le habían enseñado en Occidente y, mientras tanto, sus dos jóvenes compinches aprendían con voracidad de esponja todo lo que a su vez tendrían que olvidar cuando abandonasen Oriente y regresaran al seno de la familia, del orden, de los horarios, de los trajes azules con la chaqueta cruzada y del taedium vitae.

Pero el crescendo siguió, se convirtió en impetuoso e incontenible allegro vivace y culminó cuando -tras dos o tres semanas de prudente espera- decidieron acometer empresas más ímprobas y de mayor trapío vendiendo o intentando vender en Bombay los tres hermosos y olorosos kilos de hachís que, a razón de uno por barba, habían comprado setenta y dos horas antes de salir de Kathmandú en el chiribitil de un mayorista».

«Pensó que la butaca de bambú era un cohete espacial, se agarró con fuerza a sus brazos, regresó momentáneamente al dormitorio del segundo piso de un bungalow alquilado a un chino de Denpasar en la playa balinesa de Lovina y se miró el ombligo.

Nunca lo hubiese hecho. ¿Por qué?

Porque una gigantesca y peluda araña de quince arrobas distribuidas sobre el precario soporte de cientos de kilométricas patas articuladas subía balanceándose pesadamente por sus rodillas y sus muslos, mientras una mosca tsetsé con trapío de toro de cinco hierbas bajaba oscura y torvamente por su esternón.

Saltaba a la vista que se habían citado -sabe Dios con qué propósitos- en el ombligo del viajero.

La fascinación de éste, convertida ya en hipnosis generalizada, subió de punto hasta tal extremo que la realidad entera se diluyó y todo, absolutamente todo, menos él mismo, desapareció de su memoria, de su entendimiento, de su voluntad, de sus sentidos e, incluso, de su desbordante y desbordada imaginación».