© Justo Fernández López

FORO DE CONSULTAS - ARCHIVO

¿Es correcto el uso del verbo enfatizar o se trata de un anglicismo? Lo encuentro continuamente en los medios de comunicación.

El verbo enfatizar está registrado en el DRAE a partir de 1970 (décimonovena edición): Poner énfasis en la expresión de algo. Expresarse con énfasis.

Poner énfasis en algo / dar énfasis a algo / hacer énfasis en algo = ‘destacarlo’, ‘realzarlo’:

El juez pronunció con énfasis el nombre del culpable.

El presidente ha puesto énfasis en la importancia de acoger a los inmigrantes.

Enfatizar es ‘destacar o resaltar poniendo énfasis en algo’, ‘resaltar la importancia de algo’:

El alcalde enfatizó los esfuerzos que estaba llevando a cabo la corporación municipal.

El condecorado enfatizó sus palabras de agradecimiento.

También ‘expresarse con énfasis’:

Los actores tiene que aprender a enfatizar cuando declaman un texto.

No le gusta nada enfatizar.

Citas

 

«Énfasis: esta palabra significa ‘fuerza de expresión o entonación con que se quiere realzar la importancia de lo que se dice o se lee” y también “afectación en la expresión, en el tono de la voz o en el gesto”. Pero no significa interés, energía, hincapié, esmero, cuidado, atención, relieve, importancia etc.:

Hay que poner más énfasis en el trabajo (dígase: “... más interés...”).

Quiero poner el énfasis en el buen comportamiento del público (dígase: “... hacer hincapié...”).

Dentro de la parte enciclopédica, se ha puesto especial énfasis en los conocimientos básicos (dígase: “... esmero...”).

El énfasis ahora es defenderse contra los misiles de corto alcance (dígase: “Lo importante ahora...”).

Deben leer con más énfasis esta frase (Bien).

Enfatizar: significa ‘expresarse con énfasis’; pero no poner de relieve (se puede poner de relieve algo sin enfatizarlo), decir, declarar.

El entrenador enfatizó que el equipo sería el mismo que el del domingo anterior (dígase: “... dijo, declaró...”).»

[Gómez Torrego, Leonardo: El léxico en el español actual: uso y norma. Madrid: Arco Libros, 1995, p. 80-81]

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«En el Diccionario se ha colado ya, por la autoridad de sus valedores, el crudo anglicismo enfatizar (inglés to emphasize); se define como “expresarse con énfasis” y “poner énfasis en la expresión de alguna cosa”. (“No enfatices” podrá decirle una chica a un chico, cuando este se le ponga volcánico elogiándole algún encanto.) Pero es que no había más remedio, pues Antonio Machado había escrito ya en 1936 que “el orador enfatiza y pedantea en mayor o menor grado”. Y es mucho don Antonio, y han sido muchos los buenos escritores de las dos orillas del español que se han encaprichado con ese verbo. EL cual, por lo demás, se limita a acompañas a otros de idéntico origen retórico o gramatical, como acentuar o apostrofar.

¿Qué énfasis se pone al enfatizar? Por supuesto, el consistente en un determinado relieve espiratorio o de tono en la pronunciación (los gramáticos hablamos, por ejemplo, de énfasis acentual), o en una cierta hinchazón en el modo de hablar o escribir contraria a la sencillez. Cuando Luis Rosales afirma, por ejemplo: “No quisiera dar énfasis a mis palabras” (1966), solo proclama su deseo de ser natural.

La expresión que puede ser matizada por el énfasis no ha de ser exclusivamente la oral o escrita: también nos expresamos por medio de gestos. Y así, son textos muy propios los siguientes: “Todo el que se conduce en la vida con ademanes de énfasis patético es un simulador” (Pérez de Ayala, 1921); “Dos voluntarios se colocaron con énfasis dos boinas rojas” (Gironella, 1961); “Uno de los jóvenes aplaudió con énfasis (Cortázar, 1965).

Como el énfasis es siempre una afectación, se mueve como esta por la fina linde que media entre lo serio y lo ridículo. Azorín lo elogiaba en 1924, barriendo para casa: “Cuando se hable del énfasis del español, asentid: pero a ese énfasis llamadle dignidad. El español es noble y digno”. Nótese, sin embargo, cómo el gran maestro de la prosa castellana percibe el matiz peyorativo que anida en el vocablo y desea sustituirlo por otro: dignidad.

Evidentemente, cuando Dámaso Alonso decía en 1950 que “hay una tendencia nacional hacia el énfasis retórico”, no manifestaba ninguna complacencia (y es que hay que ver qué grados alcanzaba por aquellas fechas; puede admirarse aún, como conservado en formol, entre varios oradores de entonces que aún hablar).

Parece claro que, en español el énfasis es actitud que se considera con recelo y hasta con hostilidad. Al énfasis se oponen, como virtudes, la gravedad, la mesura, la sencillez. De ahí que un uso de tal vocablo, calcado del inglés y hoy en franca difusión, venga bien a contrapelo de lo nuestro. En inglés, efectivamente, emphasis significa “relieve especial que se concede a algo para resaltar su importancia”. Tal acepción se refiere, pues, a una actitud emotivamente neutral de quien enfatiza: puede poner énfasis en algo que dice (con intención didáctica, por ejemplo), sin ser él mismo enfático. Nuestro énfasis, en cambio, siempre califica o descalifica a quien lo pone, como persona grandilocuente o amanerada.

Las dos acepciones, la propiamente española y la inglesa, pueden convivir en una misma frase, haciéndola ambigua. Tal acontece con esta de Álvaro de Laiglesia: “Puso énfasis en la exposición de sus propósitos literarios” (1953). Porque esto puede significar:

– que aquella persona, al referirse a tales propósitos, lo hizo con tono enfático; o

– angloparlando, que, al exponer sus proyectos, destacó especialmente los literarios.

A esta última acepción, destempladamente bárbara, se dirige el presente dardo. Leo en un historiador: “Los diversos períodos históricos no los hemos tratado con el mismo énfasis (1965); en un obispo: “Un pontífice puede dar un énfasis o fuerza obligatoria a un documento determinado” (1970); en un pedagogo: “La pedagogía de la televisión escolar hace énfasis [por hincapié, claro] en la importancia del esfuerzo de cada alumno” (1965).

¿Tan difícil es evitar la cesión de esta pequeñita pero significativa base en nuestro idioma al de los emperadores?»

[Lázaro, Carreter, Fernando: El dardo en la palabra. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2001, p. 43]