© Justo Fernández López

FORO DE CONSULTAS - ARCHIVO

Cuando hablamos de gustos, el verbo encantar funciona de la misma manera que el verbo gustar.

Se puede utilizar: Me gusta, me gusta bastante, me gusta mucho, no me gusta, no me gusta nada.

Sin embargo, se aconseja utilizar me encanta (sin el adverbio mucho). ¿Por qué?

Encantar es un verbo superlativo de por sí y no admite gradación. Es un verbo que tiene un sema de mayor intensidad, expresa máxima intensificación. No se puede emplear mucho con el verbo encantar:

Me encantan las novelas de aventuras.

Pero no se puede decir

Me encantan mucho las novelas de aventuras.

Por su grado de máxima intensidad, encantar no admite comparación. Así no se puede decir que una cosa me encanta más que otra o que algo me encanta mucho, porque encantar ya implica ‘gustar mucho’.

Esto te va a gustar mucho, te va a encantar.

A los griegos les encantaba la mitología.

A ti te encanta crear complicaciones.

Lo mismo ocurre con la forma apocopada muy que se antepone a los adjetivos y adverbios para construir el grado superlativo: muy grave, muy cerca. La estructura resultante es equivalente del superlativo formado con el sufijo -ísimo: gravísimo, cerquísima, poquísimo. Sin embargo, no se admite, salvo con intención humorística o expresiva, el uso conjunto de ambos procedimientos (*muy gravísimo, *muy cerquísima, *muy poquísimo).

Es popular y solo aceptado cuando se trata de uso humorístico y expresivo, la anteposición de muy a un adjetivo o adverbio en forma superlativa:

Es muy buenísimo.

Está muy cerquísima.

El significado del adverbio mucho es cuantitativo (‘en gran cantidad’) y no cualitativo. Por tanto, no es apropiado su uso por muy bien, como aparece a veces referido a ciertos espectáculos:

*Es brasileño juega mucho (por “muy bien”).

*Este violinista toca mucho (por “muy bien”).

«muy mucho. El adverbio mucho también se apocopa ante sí mismo, dando lugar a la expresión adverbial enfática de valor superlativo muy mucho, que significa ‘muchísimo’: Emprendí el segundo viaje cuidándome muy mucho de mantener la llama del velón a una distancia precisa de mi rostro. Esta expresión se usa solo como modificador verbal y no se emplea, por tanto, antepuesta a adjetivos o adverbios: *muy mucho guapa o *muy mucho lejos no son construcciones posibles por la misma razón por la que no se dice *muchísimo guapa o *muchísimo lejos.

Únicamente en México, en la lengua oral, se emplea ante adjetivos o adverbios una construcción enfática similar, con los mismos elementos, pero en orden inverso (mucho muy): La Asamblea fue mucho muy positiva. Resulta anómalo, en esta construcción mexicana, el uso no apocopado de mucho ante el también adverbio muy, por lo que, si se desea enfatizar la estructura superlativa muy + adjetivo o adverbio, es preferible duplicar la forma apocopada: Sandra llevaba el pelo muy muy corto; El olor a rosas que su cuerpo despedía había llegado muy, muy lejos». [RAE: Diccionario panhispánico de dudas. Madrid, 2005]

La mayor parte de los adjetivos calificativos son graduables, a menos que expresen el grado extremo de alguna propiedad. Se llama comúnmente elativos léxicos a los adjetivos de grado extremo que no manifiestan esta propiedad en su estructura morfológica, es decir, a los que denotan tales significados en función de su propia naturaleza léxica. Como abominable, atroz, brutal, colosal, delicioso, espantoso, espléndido, excelente, excelso, exquisito, extraordinario, fabuloso, monstruoso, precioso, sensacional, supremo, terrible, tremendo. Estos adjetivos rechazan adverbios de grado muy, poco o bastante. Sin embargo, pueden hacerse compatibles con los adverbios comparativos.

También expresan el grado máximo de alguna propiedad ciertos adjetivos que forman solidaridades léxicas: calor sofocante, condiciones leoninas, craso error, diferencia abismal, error garrafal, fe ciega, hambre canina, ignorancia supina, miedo cerval, negativa rotunda, precio astronómico.

Los superlativos absolutos formados con los sufijos - ísimo / -ísima, -érrimo / -érrima y os prefijos de grado extremo (re-, requete-, super-, hiper-, mega- o ultra-) se comportan también como adjetivos de grado extremo y tienden a rechazar los adverbios de grado porque esa combinación daría lugar a expresiones redundantes o contradictorias. [RAE: NGLE-Manual, § 13.2.3]