© Justo Fernández López

FORO DE CONSULTAS - ARCHIVO

Hay sustantivos concretos y abstractos.

¿Dios es concreto o abstracto?

Dios es un nombre propio, como lo son todos los nombres que designas las divinidades y figuras religiosas, los seres mitológicos, legendarios o fantásticos, etc.

«Los nombres propios de persona se llaman antropónimos (Clara, Luis). Los nombres de animales (llamados zoónimos) pueden ser también propios (Babieca, Micifuz, Pegaso). Son asimismo nombres propios los que designan las divinidades y figuras religiosas (Alá, Apolo, Buda, Cristo, Dios), así como los seres mitológicos, legendarios o fantásticos (Hércules, Papá Noel, Pulgarcito).

Entre los antropónimos se suelen distinguir los nombres de pila, los apellidos y los sobrenombres. Constituyen un tipo especial de nombres de pila los hipocorísticos. Se trata de formas abreviadas que se usan en la lengua familiar como designaciones afectivas: Lola, Lupe, Nacho, Paco, Pepe, Pili, Tere. Muchos apellidos son en español nombres patronímicos, es decir, derivados morfológicos de los nombres de pila: Fernández, de Fernando; Martínez, de Martín; Pérez, de Pero.

Entre los sobrenombres están los seudónimos, nombres que emplean los autores o artistas para ocultar el propio: Azorín, el Brocense, Cantinflas; los apodos o motes, que son designaciones irónicas, descalificadoras o cariñosas: la Beba, el Bizco, la Chata, el Negro o, en plural, más propio de España, la Ojos, la Pecas, el Piernas—; y los alias, que se emplean como nombre artístico o profesional (la Chunga, el Cordobés), pero también como apodo, con intención no necesariamente descalificadora, entre individuos que viven al margen de la ley.» [RAE: Nueva gramática de la lengua española. Manual. Madrid: Espasa Libros, 2010, § 12.5.1a]

Los sustantivos denotan entidades, materiales o inmateriales, de toda naturaleza y condición: personas, animales, cosas reales o imaginarias, grupos, materias, acciones, cualidades, sucesos. Esta diversidad de nociones permite agruparlos en varias clases gramaticales.

 

 

Clasificación

de los

sustantivos

propios

 

 

comunes o apelativos

 

contables (discontinuos y discretos)

no contables (incontables, continuos)

individuales colectivos

abstractos concretos

 

Los sustantivos propios identifican un ser entre los demás sin informar de sus rasgos o sus propiedades constitutivas. Estos sustantivos no expresan qué son las personas o las cosas (como hacen los nombres comunes: mujer, montaña, país), sino cómo se llaman individualmente esas entidades (Paula, Everest, Colombia). Gozan, pues, por sí mismos de capacidad referidora. Los nombres propios no participan en relaciones léxicas (sinonimia, antonimia, etc.) y, aunque establecen correspondencia con los nombres similares de otras lenguas, no tienen propiamente traducción.

Los sustantivos comunes o apelativos se aplican a todos los individuos de una clase y clasifican o categorizan las personas, los animales o las cosas según ciertos rasgos comunes que los distinguen.

Los sustantivos contables (también llamados discontinuos y discretos) aluden a entidades que se pueden contar o enumerar (un libro, tres planetas, cuatro formas de proceder)

Los sustantivos no contables (también denominados incontables, continuos, de materia, de masa y medibles) designan magnitudes que se interpretan como sustancias o materias (un poco de café, demasiada testarudez, mucho tiempo).

Los sustantivos individuales denotan personas, animales o cosas que concebimos como entidades únicas (profesor, oveja, barco).

Los sustantivos colectivos pueden designar, construidos en singular, conjuntos de personas o cosas similares (profesorado, rebaño, flota).

Los sustantivos abstractos designan cuanto no es material, es decir, acciones, procesos y cualidades que atribuimos a los seres pensándolos como entidades independientes de ellos (belleza, maniqueísmo, reproducción, suciedad).

Los sustantivos concretos hacen referencia a esos mismos seres a los que se atribuyen tales acciones o propiedades. Las caracterizaciones clásicas que se hacen de esta clasificación no se suelen apoyar en propiedades lingüísticas, lo que las convierte en escurridizas.

[RAE: Nueva gramática de la lengua española. Manual. Madrid: Espasa Libros, 2010, § 12.1.2]