¿Qué es la gramática?

Ver artículo de Sergio Zamora en

http://www.geocities.com/sergiozamorab/quesla.htm

Girón Alconchel: “Historia de la gramática española”. En: Alvar, Manuel (director): Introducción a la Lingüística española. Barcelona: Ariel, 2000, pp. 69-91.


EL ESPAÑOL y sus GRAMÁTICAS

por Ofelia Kovacci

„El siglo XV ver desarrollarse el movimiento intelectual llamado humanismo, iniciado a fines del siglo anterio en Italia, que en el campo de la reflexon lingüística se caracteriza por el interés por restablecer la pureza del latín, por el estudio del griego y del hebreo, a la vez que se valoran las lenguas nacionales. Dentro de este movimiento comienza la tradición gramatical española, con Elio Antonio de Nebrija: Introductiones Latinae (1481). En el otro centro de interés del humanismo, las lenguas vulgares, Nebrija es el autor de la Gramática de la Lengua Castellana, aparecida en Salamanca el 18 de agosto de 1492, la primer de una lengua romance, compuesta según los principios humanistas, de acuerdo con los cuales se valoraba la observación de los fenómenos de la lengua, su descripción y su ejemplificción con autores doctos.

En el siglo siguiente aparecen otras gramáticas del español en razón de la importancia política de España, de la irradiación cultural, del comercio. Juan de Valdés observaba en su Diálogo de la lengua (1535): „Ya en Italia assí entre damas como entre cavalleros se tiene por gentileza y galanía saber hablar castellano“. El licenciado Villalón anotaba en su Gramática castellana (Amberes, 1558) que esta lengua era hablada por flamencos, italianos, ingleses, franceses. En este entorno aparecen vocabularios políglotos, y antes de fines del siglo XVI había ya una docena de gramáticas para enseñar español a extranjeros. Entre ellas hay dos anónimas: Útil y breve institución para aprender los principios y fundamentos de la lengua Hespañola (Lovaina, 1555), y la Gramática de la lengua vulgar de España (Lovaina, 1559); algunas otras son las de los franceses Gabriel Meunier (1558) y César Oudin (1597), las de los italianos Giovanni Alessandri (1560) y Giovanni Miranda (1565) y las de los ingleses Richard Percyvall (1591) y John Minsheu (1599).

Varias más aparecen en las tres primeras décadas del siglo XVII. Casi un siglo después de la aparición de la gramática de Nebrija se edita Minerva, seu de causis lingae Latinae (Salamanca, 1587), de Francisco Sánchez de las Brozas, conocido también como „el Brocense“ y por su apellido latinizado, Sanctius. Esta gramática inicia una corriente doctrinaria. El Brocense se considera continuador de Nebrija en la tarea de luchar contra la barbarie en que habían caído las buenas letras. Esta gramática tuvo gran aprecio fuera de España e influyó en la Gramática general y razonada (París, 1660) del lógico Antoine Arnault y el gramático Claude Lancelot, conocida también como la Gramática de Port-Royal.

El maestro Bartolomé Jiménez Patón compuso las breves Institutiones de la Gramática Española (Baeza, 1614) para los extranjeros. El maestro Gonzalo Correas dejó en manuscrito el Arte de la lengua Española Castellana (1625), en la que no falta el encendido elogio a su lengua.

En el siglo XVIII  pueden mencionarse la Gramática de la lengua castellana (1743) de Benito Martínez Gómez Gayoso, cuya finalidad didáctica viene de Nebrija. En el Arte del Romance castellano dispuesta según sus principio generales y el uso de los mejores autores (Valencia, 1769), el padre Benito de San Pedro considera que „el fundamento para la renovación de todas las artes, letras y ciencias es el cultivo de la propia lengua“. Pero la obra de mayor transcendencia de este siglo es la Gramática de la lengua castellana publicada en 1771 por la Real Academia Española. La Gramática académica fue impuesta como texto de enseñanza por Carlos III en 1780 y sirvió de fuente a muchos autores para componer gramáticas escolares. La moda logicista y las teorías de los llamados „ideólogos“ franceses encuentran eco en varias obras ya antes de terminar el siglo XVIII, como así en los Rudimentos de la gramática general (1795) de Gaspar Melchor de Jovellanos, donde se encuentran las conocidas afirmaciones sobre los principios „comunes a todas las lenguas“ y su base natural. Siglo XIX: Juan Manuel Calleja, en sus Elementos de gramática castellana (Bilbao, 1818), adopta una teoría según la cual todos los verbos pueden reducirse al verbo ser seguido de adjetivo. El concepto, que tiene de Aristóteles, fue actualizado por la Gramática de Port-Royal. En la línea de las gramáticas filosóficas se cuentan también la obra de José Gómez Hermosilla, Principios de gramática general (1825); la de Antonio Martínez de Noboa, Nueva gramática de la lengua castellana según los principios de la filosofía gramatical (1839), y la de Jaime Balmes, Gramática general o filosofía del lenguaje (1847). El gramática valencia Vicente Salvá publicó en París su Gramática de la lengua castellana según ahora se habla (1831); en ella establece la diferencia entre una gramática general y la de una lengua particular. La obra más importante del sgilo XIX y cumbre de la tracición española es la Gramática de la lengua castellana de Andrés Bello, publicada en Santiago de Chile en 1847. Fiel a la causa de la independencia americana y a la responsabilidad de la posterior organización, Bello, con una realista vision política de las necesidades de las nuevas naciones, incluía la de mantener la unidad de la lengua como „vínculo de fraternidad“ de ambas orillas del Atlántico. En su Gramática, „destinada al uso de los americanos“, recomienda „la conservación de la lengua de nuestros padres“ españoles, admitiendo lo que es peculiar de los americanos, respaldado por el uso de la gente educada.

El filólogo colombiano Rufino José Cuervo en 1874 agregó a diferentes puntos de la Gramática de Bello un conjunto de notas de un interés tal que hoy es obligado leer ambos textos juntos. Cuervo es autor de otros importantes trabajos gramaticales: las Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano (1868-1872) y el Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, que dejó incocluso (I, 1886; II, 1893).

La Real Academia, en la revisión de su Gramática en 1854, alude negativamente a doctrinas de Bello, revelando que no las ha comprendido: „Las sutilezas metafísicas a que algunos se han entregado para probar que el verbo es nombre y otras teorías semejantes“. A partir de 1857, año en que por un aley se había establecido que la gramática académica fuera texto obligatorio y úno de la enseñanza pública, la Academia comenzó a publicar los Epítomes de la Gramática para la primera enseñanza elemental y un Compendio para la segunda enseñanza.

Siglo XX: En 1917, la Academia reconoce la necesidad de reformar la Gramática debido a los adelantos producidos en los estudios lingüísticos, y empieza por una revisión del método. Otros dos gramáticas importantes provienen de América en el siglo XX. Una es La oración y sus partes. Estudio de gramática general y castellana (Madrid, 1920) de Rodolfo Lenz, filólogo alemán afincado en Chile. Lenz aplica tres puntos de vista: psicológico, lógico y gramatical. Los dos primeros se basan en las teorías de Wilhelm Wundt. El libro de Lenz es aún hoy una fuente de ideas para investigadores de orientaciones diversas. La Gramática castellana (I y II; Buenos Aires, 1938-1939) de Amado Alonso y Pedro Henríquez Ureña estaba destinada a la enseñanza secundaria. Los autores coinciden en muchos puntos importantes con Bello.

En la Península hay que mencionar el ordenado y sugeridor Manual de gramática española (Madrid, 1930) de Rafael Seco, que (con las revisiones de Manuel Seco desde 1954) también es obra de consulta. En su Curso superior de sintaxis española (México, 1943), Samuel Gili Gaya advierte la dificultad de establecer límites precisos a la sintaxis en vista de su relación con la fonología, la morfología y el léxico. La inconcluso Gramática española. Los sonidos, el nombre y el pronombre (Madrid, 1951) de Salvador Fernández Ramírez es, a juicio de muchos especialistas, la obra más importante y original desde la Gramática de Bello. Ramírez reconoce sus más importantes deudas con la teoría de los campos y la noción de deixis desarrolladas por Karl Bühler en su Teoría del lenguaje, con el principio de los tres rangos de dependencia de Otto Jespersen, con el método inductivo defendido por Louis Hjemslev y con el Manual de entonación española de Tomás Navarro Tomás. La obra de Ramírez es una importantísima base de datos y fuente de ideas e inspiración. Recientemente se ha reeditado, con anotaciones de José Polo (1985-1987), y se ha publicado Gramática española. El verbo y la oración (Madrid, 1985), volumen completado por Ignacio Bosque.

Dos importantes corrientes estructuralistas europeas se difundieron en el mundo hispánico a través de valiosos trabajos de Emilio Alarcos Llorach: la Fonología española (Madrid, 1950), con la orientación de la Escuela de Praga, y la Gramática estructural (Madrid, 1951), en la que expone la teoría glosemática de la Escuela de Copenhague y su aplicación a nuestra lengua. [En 1994 Alarcos sacó a la luz su Gramática de la lengua española. Madrid: Espasa Calpe]. En el Segundo Congreso de Academias de la Lengua (1956) se encomendó a la Real Academia la reforma de la Gramática en términos que había planteado Rafael Lapesa: la obra deberá ser teórica y normativa; la doctrina no atendrá „dogmáticamente“ a una escuala o autor ni cederá a „estridencias“ terminológicas. Se confió a Salvador Fernández Ramírez (1959) y a Gili Gaya (1961) la redacción del texto. La obra se publicó en 1973 con el título de Esbozo de una nueva gramática de la lengua española. La obra representa un avance respecto a la anterior publicación académica (1931). La Fonología, basada en la fonología americana, es sin duda lo mejor de la obra. La Morfología también introduce algunos conceptos nuevos. Menos sistemática es la Sintaxis de Gili Gaya. La Academia no da carácter normativo al Esbozo y lo presenta sólo como „anticipo provisional“ de la futura Gramática.

Poco después del Esbozo apareció la Gramática española (Barcelona, 1975) de Juan Alcina Franck y José Manuel Blecua. Su carácter es descriptivo en el marco de un „moderado estructuralismo“. Este manual, que dedica considerable espacio a temas apenas tocados anteriormente, es el último publicado hasta hoy con un alcance tan amplio.

La investigación histórica surge en la Península con la obra de Ramón Menéndez Pidal: Manual de gramática histórica española (1904). También se ocuparon de la diacronía Vicente García de Diego en Elementos de gramática histórica castellana ((Burgos, 1914) y Federico Hanssen, profesor alemán radicado en Santiago de Chile, autor de otra valiosa Gramática histórica de la lengua castellana (Halle, 1913), en su mayor parte dedicada a la morfología y la sintaxis. Hayward Keniston estudió la sintaxis castellana del siglo XVI en su obra The Syntax of Castilian Prose (Chicago, 1937). Gramática de la lengua de un autor es la de Julio Cejador, La lengua de Cervantes (1547-1616), cuyo tomo I es la gramática del Quijote (Madrid, 1905). También se basa en la lengua escrita la Sintaxis hispanoamericana de Charles E. Kany (Chicago, 1945).

Teórico didácticas son las gramáticas contrastivas, como la Grammaire espagnole de Jean Bouzet (1946) o The grammatical structures of English and Spanish de R. P. Stockwell, J. D. Bowen y J. W. Martin (1965).

Son de mencionar también las gramáticas de B. Pottier, Grammaire de l’espagnol (1972), con un enfoque teórico original; Ma Luz Gutiérrez Arauz, Estructuras sintácticas del español actual (1978), y El Carratalá, Morfosintaxis del castellano actual (1980). Orientadas a la gramática generativa transformacional de Chomsky: R. L. Hadlich, Gramática transformativa del español (1a edición inglesa, 1971) y la Gramática transformacional del español, de M. Pilleux y H. Urrutia (1982).

La postura estructural funcional, que pone como pivote la noción de función sintáctica, parece ser en la actualidad la más extendida en la gramática española, si bien con diferencias individuales entre los autores. Dentro de esta tendencia se cuentan, entre otros, Emilio Alarcos Llorach, César Hernández Alonso, Guillermo Rojo, Ambrosio Rabanales y Ofelia Kovacci.“

[Ofelia Kovacci: ”El español y sus gramáticas“. In: M. Seco (coord.): La lengua española, hoy. Madrid: Fundación Juan March, 1995, p. 235-249]


Ignacio Bosque y Violeta Demonte (eds.)
Gramática descriptiva de la lengua española

Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe. 1999 tres volúmenes, 5.504 páginas

En el preámbulo a esta obra, Fernando Lázaro Carreter la califica de "la mayor empresa gramatical acometida en este siglo, llamada a tener una trascendencia enorme en nuestra cultura". Sin duda alguna, habrá que remontarse a las gramáticas de Nebrija (finales del siglo XV) o Andrés Bello (mediados del XIX) para encontrar un proyecto tan necesario e influyente.


Nace la primera Gramática descriptiva y colectiva,

otro hito lingüístico del español

http://www.analitica.com/bitblioteca/rae/descriptiva.asp

Lázaro Carreter presenta en la Academia el trabajo

de Ignacio Bosque y Violeta Demonte

MIGUEL MORA [El País] Madrid

Octubre de 1999 es ya un mes histórico para el español.  Primero, el Diccionario de uso; luego, la Ortografía panhispánica; ayer, la Gramática descriptiva de la lengua española (Espasa). Otra obra ingente (tres volúmenes) y crucial por varias razones: su minucioso carácter descriptivo, que supera en mucho a anteriores trabajos; sus cuatro índices, que permiten saltar como en una rayuela en busca de las palabras de capítulo a capítulo, y, sobre todo, su carácter colectivo. Ignacio Bosque y Violeta Demonte han coordinado textos de 73 autores. Tras seis años de tajo, la hiperactiva Academia acogió ayer la presentación en sociedad de la obra.  Fernando Lázaro Carreter afirmó que ahora, en filología, estamos «casi» como Europa.

En la Fundación Ortega y Gasset fue donde Bosque y Demonte situaron el cuartel general de esta Gramática. Allí, durante seis años, los dos filólogos se encargaron de dar «congruencia y homogeneidad» a los textos, suyos y de otros 71 lingüistas y gramáticos; de cuidar la sintaxis y la semántica; de vigilar los pronombres y los complementos; de reunir las preposiciones y los géneros; de explicar la morfología; de desintegrar la estructura del discurso en oraciones, todo ello con sus reglas y sus excepciones.

El resultado es una obra de referencia llena de referencias cruzadas; es decir, de consulta. Para especialistas y usuarios de la lengua de distinto tipo: psicolingüistas y comunicólogos, pero también para profesores y alumnos llanos. No es una obra normativa, es decir, no afirma lo que está bien o mal; ni teórica, porque no da doctrina: describe lo que hay, cómo funciona la lengua, cuáles son los métodos que ayudan a formar las frases, cuándo se mueven las tripas inconscientes del idioma, por qué varían los significados según el contexto.

Es un trabajo científico exhaustivo: combina las teorías tradicionales con las últimas tendencias investigadoras (posestructuralistas), da ejemplos de textos y periódicos y está redactado de una forma accesible y homogénea.  Funciona como un hipertexto lleno de subtextos y se puede leer de varias formas: como consulta, de una forma lineal o jugando con categorías y palabras, persiguiéndolas a través de distintos capítulos gracias a las flechas y números situados estratégicamente.

Los datos de la Gramática dan muchísimo de sí: 5.503 páginas, más de 6.000 referencias cruzadas y cuatro índices (de contenidos, de materias —5.400 entradas—, de voces —6.300— y de obras citadas —4.500—) que se estructuran en 78 capítulos, divididos a su vez en cinco partes:

«Sintaxis básica de las clases de palabras» (del 1 al 23);

«Las construcciones sintácticas fundamentales» (24 a 43);

«Relaciones temporales, aspectuales y modales» (44 a 53);

«Entre la oración y el discurso» (54 a 65), y «Morfología» (del 66 al 78). El precio de venta al público es de 19.950 pesetas.

Violeta Demonte, argentina de origen y catedrática de Lengua en la Universidad Autónoma de Madrid, e Ignacio Bosque, académico de la Lengua y catedrático de la misma especialidad en la Complutense, tuvieron la idea que originó la obra en el verano de 1993. Querían seguir los ejemplos de las gramáticas colectivas italiana, inglesa y holandesa y reparar así la ausencia de gramáticas descriptivas y exhaustivas de lengua española, una disciplina cuya bibliografía había aumentado asombrosamente en los últimos años y que había sido tratada casi siempre a través de manuales hechos por una sola persona y, por tanto, incompletos.

La Academia, siendo director Lázaro Carreter —que fue profesor de ambos catedráticos en su etapa docente—, brindó su apoyo a la obra y le abrió un hueco en su colección Nebrija y Bello, que se inauguró en 1993 con la Gramática de Emilio Alarcos. El Ministerio de Cultura y el Instituto Universitario Ortega y Gasset prestaron ayuda logística y económica, y Demonte y Bosque se adentraron entonces en la inmensa selva de la gramática, una tarea que requería habilidad y paciencia y que hacía honor a aquella otra versión de la palabra que García Hortelano inmortalizó junto al adjetivo parda en una novela memorable.

Con dos o tres colaboradoras jóvenes que ayudaron en los índices, Bosque y Demonte se comunicaron con los otros 71 autores (españoles y latinoamericanos) vía correo electrónico. La filosofía que inspiraba a todos era la de localizar y explicar el mayor número posible de problemas concretos. Explicar, por ejemplo, por qué distintos tipos de verbos requieren distintos tipos de complementos, o por qué un adjetivo cobra significados diversos dependiendo de su posición en la oración.

Lázaro Carreter, autor del preámbulo, se mostró ayer cariñoso y agudo. Recordó que Demonte y Bosque aprendieron con él hasta que dejaron de aprender y empezaron a enseñarle. Dijo que la trascendencia de la obra será enorme, incluso para la Gramática, «normativa y anónima», de la Academia, y explicó que la gran aportación de estos volúmenes que nadie le había presentado («me sorprende que sean azules») es que «registran los usos reales del español, el inventario y funcionamiento de sus categorías, estructuras y relaciones con el significado y los diversos factores de la comunicación».

Una sola y leve objeción flotaba ayer en el ambiente distendido de la Academia: la Gramática... no incluye las numerosas peculiaridades del español de América. Una carencia inobjetable, ya que, como dijo Lázaro, el español es «una larga partitura muy interpretada», dado que el texto de Bosque y Demonte sitúa un vasto territorio común y servirá de estímulo a los filólogos americanos para corregir, añadir o sugerir cosas nuevas.

«Mantiene las constantes vitales»

Alguien pidió a los presentes un diagnóstico rápido sobre la salud del español. Violeta Demonte tomó la palabra y dijo que siempre había sido bueno y que seguía bien, que era una poderosa lengua de cultura, que había entrado en los lenguajes informáticos y en las redes de comunicación, y que quizá le faltaba, para ser saludable de verdad, convertirse en una poderosa lengua de ciencia, aunque, añadió, eso no dependía de la lengua, sino de la ciencia.

Lázaro Carreter prefirió no entrar en muchas honduras, y dejó caer uno de sus dardos envenenados, al decir: «Mantiene sus constantes vitales». García de la Concha siguió el juego y manifestó que si el equipo médico habitual decía que no había novedad, había que estar tranquilos.

Luego, al acabar el acto, Ángel Martín Municio abundó en la tónica, y declaró que el parto de trillizos (por los tres volúmenes) había sido muy satisfactorio.

Más en serio, el filólogo entró a fondo en el problema de la ciencia y el idioma, y explicó que el español no será una lengua de cultura verdadera hasta que la ciencia no se escriba en español.

El académico cree que la culpa de esa carencia es un poco de todos: de la sociedad, que no cree en la ciencia como parte de la cultura; de los científicos, que no bajan lo suficiente a los medios; y de los medios, que no suben lo que deberían hacia los científicos.

Martín Municio aclaró que será un paliativo la próxima publicación del Diccionario de la Ciencia, que ultima para el mes que viene la Academia de Ciencias. La obra, «imprescindible para la sociedad culta pero no científica», incluirá 500 biografías de investigadores.

Moderna, vanguardista, oportuna y necesaria

No faltaron los adjetivos elogiosos durante la presentación.  Esta Gramática fin de siglo, se dijo, es moderna, vanguardista, oportuna y necesaria. Un buen eslogan editorial al que contribuyeron a partes iguales los presentadores y los autores al tratar de explicar la importancia de la obra.

Los epítetos moderna y vanguardista los usó Lázaro Carreter al contar que la ciencia que alienta la obra no cae en los prejuicios de la gramática estructuralista, abstracta, «sino que entra a hablar de los significados, de los usos y las condiciones del habla». El maestro de filólogos se congratuló de que Demonte y Bosque, «figuras punteras de la investigación más vanguardista», hubieran emprendido, «como chiquillos, esta obra de adolescentes».

«Violeta goza de una preparación teórica envidiable y conoce como nadie la escuela estadounidense, que cambia y cambia de punto de vista sin parar», añadió Lázaro Carreter. «Y su complemento perfecto es Bosque, que ya desde que era estudiante se caracterizó por ser el más agudo descubridor de misterios y problemas de la lengua».

Y en cuanto a lo de oportuna y necesaria, fueron los propios autores los que lo dijeron, en una intervención sobresaliente por el riguroso uso alterno de la palabra, que demostró en directo lo mucho que compenetra a las personas la gramática.

Balances

Demonte dijo que era necesaria porque hacía falta una obra de consulta que abordara la gramática desde puntos de vista semánticos, sintácticos y pragmáticos, con estructuras más ricas y variadas de lo habitual. Bosque añadió que era oportuna porque muestra cómo es y cómo funciona la lengua estándar, porque trata los usos dialectales (el queísmo y el dequeísmo, laísmos, leísmos y loísmos tienen su sitio) y porque la lengua «no debía quedar al margen de los balances de este fin de siglo tan generoso en balances de todo tipo».

Víctor García de la Concha alabó la contribución excepcional que supone el trabajo de ambos y aprovechó para lanzar un aviso taurino y un achuchón de ánimo a la comisión de gramáticos de la Real Academia Española (Bosque es ponente y Lázaro es miembro), que sigue «activa, pero lenta»: la tarea de consensuar con las academias de América y Filipinas la nueva edición, que será «panhispánica como la Ortografía».

El director de la casa confió, ante la cara de póquer de Lázaro Carreter, en que en un par de meses quizá estarán listos los tres primeros capítulos de una obra cuyo esbozo y actualización se emprendió hacia el año 1970.


Presentación de la Gramática descriptiva de la lengua española (GDLE) por Josep M. Brucart: http://www.ucm.es/info/circulo/no3/brucart.htm


http://jamillan.com/entrevista.htm

Entrevista a Ignacio Bosque y Violeta Demonte

José Antonio Millán

Ignacio Bosque y Violeta Demonte son dos jóvenes catedráticos de Lengua que coincidieron en los años setenta en la Universidad Autónoma de Madrid, en el departamento de Fernando Lázaro Carreter. Sus trayectorias compendian muchos rasgos de estos nuevos científicos. Provienen de las dos orillas de la lengua: Demonte nació en Argentina, cuyo acento, mitigado, no ha perdido del todo, y Bosque es levantino, radicado en Madrid. Los dos combinaron la formación en la península con estancias en Estados Unidos, donde entraron en contacto con la mayor revolución en lingüística contemporánea: la gramática generativa. Mientras que Violeta Demonte es de los pocos científicos españoles citados por Noam Chomsky, Ignacio Bosque además ha prestado atención a la gramática tradicional: continuó la edición de la Gramática de Salvador Fernández Ramírez (iniciada en 1951). Bosque entró en la Real Academia, de la que es casi el miembro más joven, en 1997.

¿Es ésta una gramática para saber cómo hay que hablar?

No, en absoluto: esa es la misión de una gramática normativa, como la de la Real Academia, que señala qué es lo que se debe y no se debe decir. Nuestra gramática es descriptiva, cuenta cómo es y cómo funciona nuestra lengua, y lo hace por primera vez de una forma muy completa. La nuestra es una gramática del alcance de las que hay para otras grandes lenguas: el inglés, el francés, el italiano o el alemán, pero que faltaba en la nuestra.

¿Y por qué no había hasta ahora en español una gramática como ésta?

Faltaba la investigación de base: no existían los trabajos parciales que luego permiten una labor de síntesis. Por suerte, los últimos años han visto esa necesaria eclosión de estudios sobre el español, tanto en España e Hispanoamérica como en países no hispanohablantes.

Pero, por otra parte, había que elaborarla como un proyecto colectivo: en la situación actual de los estudios sobre el español, nadie puede abarcarlo todo. Por fortuna (porque en este sentido a la ciencia de la lengua le está ocurriendo como a las ciencias "duras"), los campos de trabajo se han ido especializando.

El resultado ha sido una obra de más de setenta autores. ¿Cómo pudo llevarse a cabo?

Sí, realmente no abundan los proyectos colectivos en nuestro país: hay una especie de fatalismo, de decir: no saldrá nunca… ¡Pero salió! Hicimos primero un plan general con división en capítulos, y unas normas para los colaboradores. Éstas incluían desde aspectos formales hasta listas de terminos que convenía evitar, y otros que debían usarse. Luego vino la recepción de los trabajos, y la lectura cuidadosa de cada uno: hubo enmiendas, propuestas de nueva redacción, nuevas entregas… Por último el trabajo de unificación, de creación de referencias cruzadas (más de 6.000), índice de materias (5.400 entradas), de palabras y expresiones estudiadas (más de 6.300)… El trabajo total fue de seis años. Pero sólo la última etapa duró dos años.

En un momento en el que no abundan proyectos editoriales de tan largo alcance, ¿qué ha hecho posible un trabajo de esta envergadura?

El primer impulso vino de la Fundación Ortega y Gasset, que puso a nuestra disposición locales, ordenadores (el correo electrónico es vital para un proyecto con tanta gente) y secretaría. Posteriormente recibimos el apoyo de la Real Academia, que propició la publicación de la obra dentro de una de sus colecciones.

La lingüística reciente se ha caracterizado por la variedad de posiciones teóricas: ¿cómo han logrado que especialistas de procedencias y formación dispares colaboren en un todo homogéneo?

Hay que decir que los coautores se han prestado muy bien a la tarea común, buscando los puntos de encuentro, y renunciando a veces a nomenclaturas especializadas para converger en un mismo terreno. A este respecto, conviene recordar que nuestra Gramática ha recogido lo más posible de los conceptos de la gramática tradicional (como "adjetivo", o "complemento directo"), introduciendo elementos nuevos sólo cuando resultaban beneficiosos o inevitables. Esto ha ocurrido sobre todo en temas que recorren distintas categorías gramaticales, por ejemplo la cuantificación (que afecta a adverbios: "mucho", o a expresiones nominales: "cada persona…").

Hay algún tema clásico, tal vez olvidado durante largo tiempo , que haya sido recuperado por la investigación actual.

Sí: precisamente la elipsis (o supresión de determinados elementos) está en esa situacion. Posiblemente desde la gramática latina que escribió el Brocense, a finales del siglo XVI, no se había tratado el tema de manera específica, hasta que reaparece en nuestra obra…

¿Para quién es esta Gramática?

Por ser una obra descriptiva, y por su parentesco con la gramática tradicional, creemos sinceramente que cualquier persona culta y con interés por el idioma puede abordarla. Pero una parte importante de su público serán los profesores que tienen que explicar cómo funciona la lengua española a sus alumnos.

También otros se beneficiarán de su existencia: los profesores y creadores de materiales para enseñanza de español a extranjeros, los que trabajan sobre trastornos del lenguaje, los que se ocupan de tratamientos automáticos de la lengua natural, es decir: los que harán posible en el futuro que los ordenadores entiendan o hablen español…

Tres tomos, más de cinco mil quinientas páginas… ¿Es necesario leerlo todo?

¡No! Se trata de una obra de consulta. Precisamente la riqueza de referencias cruzadas e índices hace posible que se localicen en seguida los fenómenos o las palabras que se quieran consultar, en todos los lugares donde se estudian desde distintas perspectivas. La lengua es realmente algo muy complejo, y era necesario dar a la obra esta estructura "hipertextual" para reflejarlo.

Se dice (y es cierto) que la lengua española está de moda en el mundo. Parece que esta gramática se ha recibido con expectación internacional.

Sí: precisamente el 5 de noviembre la universidad de Ohio (Estados Unidos) organiza un congreso para presentarla y empezar a debatir sus contenidos.

Se ha denunciado más de una vez el estado de descuido de los estudios sobre nuestra lengua. Pero he aquí, en el plazo de poco tiempo, esta gran Gramática y el nuevo Diccionario de español actual, de Manuel Seco… ¿Cuáles son las carencias más urgentes que quedan?

En primer lugar, sobre todo, el Diccionario histórico, nunca concluido. Es un vergüenza que tengamos que acudir a obras sobre otras lenguas para suplirlo… No existe una Sintaxis histórica , pero es que tampoco tenemos una Sintaxis dialectal. En el estudio del léxico, quedan todavía muchos campos sin explorar... Por otra parte, no tenemos un Diccionario de conectores, ni de Clases de predicados, ni un Diccionario de construcciones. Sí: en español aún queda mucho trabajo por hacer.

Algunas de estas obras serán útiles para especialistas, de otras se podrán beneficiar los usuarios normales de la lengua, pero hay que pensar que muchas veces sólo después de las obras de investigación pura pueden surgir las síntesis utilizables por un público más amplio.

Por último, no olvidemos que las grandes lenguas, las que tienen más poder económico o científico son las más estudiadas (el inglés es la lengua que se ha descrito más completamente de todas las del mundo), y eso no es una casualidad…

He oído reflexionar alguna vez a Ignacio Bosque sobre la labor del lexicógrafo comparada con la del gramático: sería algo así como una tarea infinita frente a otra finita, acotada… ¿Es así, en realidad?

(Se ríen) Hasta cierto punto… La labor del lexicógrafo es minuciosa y acumulativa: coger una palabra, trabajarla, dejarla, coger otra, trabajarla… ¡Y constantemente aparecen nuevas palabras…! Da un poco de vértigo. El gramático, sin embargo, trabaja con un conjunto cerrado de variables: no aparece frecuentemente un nuevo modo verbal, por ejemplo, ni se encuentra uno con un demostrativo más de la noche a la mañana. Tal vez por esa razón me dedico a la gramática del español: a lo mejor un día vemos la tarea terminada, aunque… aún queda mucho…


Frage

Ist die Gramática descpriptiva de la lengua española von Demonte und Bosque die offizielle Grammatik der Real Academia Española?

Antwort

Para explicar lo que es esta gramática, sus autores insisten en lo que no es: no se trata de una gramática teórica, porque no expone ninguna teoría lingüística, sino que se sirve de todas ellas como instrumentos de análisis de la lengua. No es una gramática normativa, porque no pretende mostrar cómo se debe escribir correctamente. No es la gramática de la Academia, pero se publica bajo su auspicio, en la colección Nebrija y Bello (Espasa-Calpe).

Al contrario que otras lenguas, el español carecía de una sistematización como ésta. «Por eso la hicimos; esta obra nació porque nos daba envidia», dice Bosque, jocoso, «La idea estaba ahí pero, no entiendo bien por qué, no se acometió antes. Violeta y yo lo pensábamos: los italianos la tienen, los ingleses la tienen... Bueno, se espera que los ingleses sean los primeros porque es la lengua más estudiada, pero de los italianos no se espera. Y cuando vimos la suya, que la hicieron muy bien, nos decidimos a emprender algo parecido».

La Fundación Ortega y Gasset fue la primera que acogió el proyecto y brindó medios materiales a los directores de la obra. El Ministerio de Educación también les concedió una ayuda durante dos años. En la última etapa acudieron a la Academia que, consciente de la envergadura de la obra, quiso apoyarla e impulsarla.

En 1973, la Academia publica el Esbozo para una nueva gramática de la lengua española, libro de cabecera de los estudiantes de Filología.

En 1996 apareció la Gramática de la lengua española del académico Emilio Alarcos Llorach.

Ninguna de las obras existentes se pueden comparar con la Gramática Descriptiva de la Lengua Española de Ignacio Bosque y Violeta Demonte. No sólo porque son mucho más sucintas, sino también porque están hechas con criterios distintos.

La de Alarcos analiza la lengua desde el punto de vista de la teoría estructuralista; en el Esbozo saltan a la vista las limitaciones del análisis tradicional.

Sólo la GDLE, como la llaman sus autores, es completa, aunque Bosque sea más modesto: «Aquí no está todo, porque ninguna obra es completa, pero casi». Entre otras cosas contiene una amplísima bibliografía, de la que carecen otras.

Está concebida para que sea muy sencillo consultarla, por ejemplo, hay remisiones sobre un mismo aspecto de un capítulo a otro.

Hay otra diferencia fundamental: la mayor parte de las gramáticas realizadas hasta ahora son obras individuales, lo que aboca a los autores a abordar menos cuestiones y de forma más superficial.

La GDLE es una obra colectiva, lo que permite que cada autor de un capítulo conozca en profundidad el aspecto que analiza. Una de las mayores dificultades a que se enfrentaban los directores era la coordinación y la uniformidad de la obra. «Yo estoy contento», dice Ignacio Bosque «porque se ha logrado un tono expositivo homogéneo».

[Fuente: Irene Lozano en El Mundo- Cultura  20.10.1999]

 


Lo que falta en español

 

J. A. M.

 

Los usuarios y los estudiosos del español están de enhorabuena con la serie de herramientas con que les recibirá el fin de siglo: la Gramática descriptiva dirigida por Bosque y Demonte, el Diccionario del español actual, de Seco, Andrés y Ramos, el corpus sincrónico y el diacrónico de la Real Academia, el Archivo Gramatical de la Lengua Española del Instituto Cervantes

Sin embargo, estamos aún lejos de haber alcanzado la situación que tienen otras lenguas cultas. De entrada, no disponemos de un Diccionario Histórico mediante el que poder saber cuándo, quién y con qué sentido empezó a usar libertad o mesa, y toda la relación posterior de sus usos. Un Diccionario histórico no es una pieza de arqueología, sino una herramienta viva para las ciencias sociales. En el mejor de los casos, probablemente pasarán lustros antes de que el iniciado por la Academia pueda ver la luz.

En el campo de los diccionarios ideológicos, el más útil de los existentes, el de Julio Casares, está lamentablemente atrasado. El rápido trasvase de este tipo de obras hacia la plataforma electrónica (como complemento de los procesadores de textos) está provocando resultados muy dudosos: la puesta en ordenador no mejora per se obras defectuosas…

Un tipo de diccionario desconocido entre nosotros es el combinatorio. Sirve para buscar, por ejemplo, qué verbos usar con un nombre concreto como complemento (para conferencia: dar, dictar, pronunciar; para raíz cuadrada, extraer…) o construcciones especiales (¿cómo se dice una señal leve de duda?: sombra de duda). Cualquier hablante nativo puede refrescar en el diccionario combinatorio un saber que tal vez tenga, pero son absolutamente insustituibles para los extranjeros. Tampoco tenemos obras encaminadas específicamente a la producción más que a la decodificación de la lengua, como el Language Activator en el inglés, que combinan información combinatoria con la ideológica y la gramatical.

[Fuente: El PAÍS, 16 de octubre de 1999]


Proyecto de una nueva Gramática de la RAE

 

Desde que en 1973 se publicó el Esbozo de una nueva gramática de la lengua española, han sido muchos los que han echado en falta una renovación de este tratado, por no decir de la misma gramática que anunciaba en su título. En la actualidad, la Academia trabaja intensamente, en estrecha colaboración con las Academias Americanas, en la renovación de su centenario tratado.

La nueva Gramática combinará descripción y norma, como ha sido tradicional en las ediciones anteriores. Las recomendaciones normativas serán cuidadosas en la delimitación de los registros y los dialectos. La gran variedad de unos y otros demuestran que no es conveniente simplificar excesivamente la distinción entre lo correcto y lo incorrecto. Se intentará conseguir, por tanto, que las referencias necesarias a los registros lingüísticos, las variantes dialectales y las normas locales sean compatibles con la descripción de la lengua culta común del español general.

Una de las novedades de esta edición en la que se trabaja es que los borradores que prepara la Comisión de Gramática se envían a todas las Academias Americanas de las cuales recibe observaciones y comentarios.

Las recomendaciones normativas de la Gramática no se solapan con las que corresponden al futuro Diccionario panhispánico de dudas, puesto que en este diccionario solo tendrán cabidas las cuestiones gramaticales y léxicas que suscitan problemas normativos. La Gramática, por el contrario, presentará una descripción general de la estructura del idioma, y no solo de las cuestiones concretas que puedan suscitar problemas a los hablantes.

La Academia desea elaborar un texto que evite tomar partido en las polémicas de escuelas lingüísticas y que a la vez exponga con precisión los datos gramaticales y las generalizaciones que resulten apropiadas. Como norma general, no se emplearán opciones terminológicas que obliguen a elegir una determinada teoría gramatical contemporánea frente a las demás; se usará en la descripción una terminología tradicional, y se completará con términos actuales, convenientemente explicados, cuando se considere necesario hacer uso de algún concepto que no sea habitual en la tradición.

El nuevo texto partirá de una estructura de categorías y tipos de oraciones también relativamente tradicional. Se pondrá particular interés en que las descripciones sean pedagógicas, sobre todo porque esta obra se escribe pensando en los hablantes, y no tanto en los lingüistas. La Real Academia Española no pretende competir con los numerosos lingüistas que en la actualidad investigan sobre la sintaxis o la morfología del español en muy distintos marcos y modelos teóricos, sino presentar —en colaboración con las demás Academias— una descripción de los aspectos fundamentales de la estructura del idioma, recomendando determinados usos cuando se considere que forman parte de la lengua culta general. La ejemplificación es más abundante que en cualquiera de las ediciones anteriores, y también lo son los aspectos específicos que se tienen en cuenta  en la descripción y el análisis de las unidades gramaticales.

La Comisión de Gramática de la RAE trabaja con un índice (todavía provisional) de alrededor de treinta capítulos. La Comisión elabora un borrador de cada capítulo. Se incorporan al texto las modificaciones y revisiones oportunas y se obtiene así una versión que se envía a las Academias Americanas. Las Academias remiten a su vez comentarios y observaciones, que se estudian e  incorporan en su caso al texto. Como se ha señalado antes, cinco capítulos han llegado a ese último estadio y se espera pronto contar con otros cinco, con lo que se completará un tercio de la obra.

La RAE desea que la parte fundamental de los trabajos esté concluida en el plazo de tres años, pero, como se ha indicado, en la preparación de la Gramática intervienen un gran número de personas, lo que obliga a ser cautos en las previsiones.

[Fuente: Real Academia Española (RAE) - http://www.rae.es/ - 28.09.02]


Un experto augura que el español superará

al inglés dentro de 10 años

El texto que se prepara tendrá carácter

normativo y descriptivo y saldrá a la luz en el 2005

 

La Voz de Galicia. Martes, 24 de junio de 2003

 

«Si no la primera lengua planetaria todavía, sí estará muy cerca de la primera (el inglés) en el plazo de unos diez años». Este es el futuro del español, según el secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española, Humberto López Morales; este puertorriqueño, director de la Academia de la Lengua de su país, hizo estas declaraciones en la residencia de La Granda, en Asturias, en un receso de la primera reunión de la comisión interacadémica creada para elaborar la nueva gramática general, que tendrá carácter normativo y descriptivo y se publicará en el año 2005.

Esta reunión, según informa la agencia Efe, se prolongará hasta el sábado en la residencia de La Granda, bajo la supervisión del director de la Real Academia Española y presidente de las 22 academias de lengua española que existen en el mundo, Víctor García de la Concha.


El reto de la unidad


López Morales dijo que la progresión futura del español está condicionada por el avance de los cursos de este idioma como lengua extranjera y, «lo más importante de todo, por el manejo de la lengua en los medios de comunicación pública, como es el caso de Estados Unidos, donde ya hay casi 40 millones de hispanohablantes y dos cadenas de televisión emiten en español las 24 horas».

García de la Concha recordó que las academias dispersas por Hispanoamérica, Norteamérica y Filipinas trabajan, con la española, «en plano de igualdad y al servicio de la unidad de la lengua, que es el gran objetivo». Esa unidad se apoya en los tres grandes códigos del léxico, la ortografía y la gramática.

En los dos primeros casos, la unidad de lengua está estructurada con la publicación de grandes obras, como la última edición del diccionario que tiene ya carácter panhispánico.

 

«No se había hecho nunca»

 

El gran reto que le quedaba a la asociación de academias era la unificación de la gramática, dado que el último trabajo editado al respecto data de 1931.

Posteriormente, hubo un esbozo de una nueva gramática en 1973, «pero hacía falta proceder a redactar una nueva con todo el material que fueron aportando las academias».

Los académicos explicaron la metodología que siguen para elaborar la nueva gramática, que constará unas 1.500 páginas distribuidas en 50 capítulos en su versión base (habrá un volumen de compendio destinado al gran público), y será publicada en el 2005, coincidiendo con el cuarto centenario de la primera edición de la primera parte de Don Quijote de La Mancha.

Los integrantes de la comisión avanzarán esta semana en un primer borrador ya redactado por el académico Ignacio Bosque, quien explicó que, «por primera vez en la historia de la gramática académica estamos trabajando en equipo, es un trabajo duro y arduo, pero los resultados son muy interesantes, porque lo que sale de este trabajo es una descripción de la lengua española en su conjunto, que no se había hecho nunca».


Reunión de trabajo de la Nueva Gramática de la Lengua Española

 

Del 13 al 17 de marzo de 2005 se ha celebrado en La Antigua, Guatemala, la tercera reunión de la Comisión interacadémica coordinadora de la nueva Gramática de la Lengua Española.

Integrada por representantes de la Real Academia Española y de todas las academias americanas agrupadas en siete áreas lingüísticas —México y Centroamérica, Antillas, Caribe continental, área andina, Río de la Plata, Chile y Estados Unidos—, la Comisión interacadémica es la encargada de discutir el texto básico preparado por el académico español Ignacio Bosque y de completarlo con las enmiendas y sugerencias presentadas por las veintidós Academias de la Lengua Española.

La Nueva Gramática tendrá por primera vez en su historia un planteamiento panhispánico, presentando no solo la norma del español peninsular sino la de todo el mundo hispanohablante. Además, el texto de la obra, de la que ya se ha redactado y revisado aproximadamente un tercio del total, se caracterizará por los siguientes rasgos:

§         Será detallada, incluso minuciosa, y atenderá a la descripción de áreas dialectales, niveles de lengua y registros. No será una gramática teórica, pero habrá de ser consciente de la naturaleza de los problemas examinados y de las soluciones propuestas por los especialistas.

§         Atenderá especialmente a la descripción de las principales variedades americanas del español.

§         Hará compatibles las recomendaciones de uso, que refuerzan la notable unidad de la lengua culta común, con la descripción de los usos particulares y de las variantes de registro.

§         Procurará definir con precisión y con claridad todos los conceptos que se introduzcan en el texto, especialmente aquellos que no sean de uso general en la tradición gramatical hispánica.

§         Contendrá una ejemplificación rica y variada, y, siempre que sea posible, proporcionará paradigmas completos o casi completos en lugar de ejemplos aislados que ilustren someramente las construcciones que se presentan.

1.    Siguiendo la pauta de las gramáticas académicas anteriores y de la mayor parte de las obras gramaticales clásicas de la tradición hispánica, la nueva Gramática combinará los ejemplos extraídos de textos y los construidos expresamente para ilustrar algún esquema sintáctico o morfológico.

2.    Los usos americanos del español tendrán una presencia muy destacada en la ejemplificación.

3.    Se procurará que los ejemplos representen en lo fundamental el estado actual de la lengua.

4.    El Departamento de Lingüística Computacional de la Real Academia Española ha preparado ya los programas de lematización que permitirán obtener ejemplos a partir de los corpus que integran el Banco de datos del español, particularmente el Corpus de referencia del español actual (CREA) y el Corpus diacrónico del español (CORDE).

La Asociación de Academias ha acordado que la nueva Gramática tenga una doble versión: la básica, que atenderá, con mucha amplitud y detalle, a cuantas cuestiones puedan interesar a los más variados usuarios, y un Compendio de la anterior, destinado al público en general, y, por tanto, simplificado, conciso y didáctico.

Está previsto terminar la obra, en sus dos versiones, a finales de 2008 o principios de 2009.» [RAE]